MUSA

CRÓNICA DE UN FRACASO

Febrero de 2019

Parado frente al espejo, Nacho observa abstraído la imagen reflejada y un cierto malestar se apodera de sus entrañas. A sus casi treinta años, sigue conservando gran parte de la estampa de sus días de gloria y sin embargo…algo se ha perdido. 

Líder indiscutido de los populares en el instituto y guaperas arrebatador en la universidad, sus cuarentonas clientas siguen bebiendo los vientos por él. Pero muy dentro suyo sabe que ya nada es igual.

Sus grandes ojos verdes siguen siendo un faro de seducción, pero han perdido el brillo del desafío. Sus espaldas anchas se han curvado por el peso de sus errores y su otrora gran estampa hoy luce levemente encorvada. 

Quizás sea una sutil referencia a la posición genuflexa tributo a su presente o quizás lo sea para ocultar la incipiente adiposidad, masa que ha ocupado el lugar de su otrora admirada musculatura abdominal.

Líder de ventas puerta a puerta de productos electrodomésticos, lejos está de sus sueños de gran empresario. Largas jornadas frente al volante recorriendo pueblo tras pueblo le proveen de un buen ingreso, pero que escasamente alcanza para cubrir las deudas de sus despropósitos.

La empresa familiar que le dio trabajo está conducida por buena gente,  honesta a carta cabal, pero de conductas conservadoras. Tal es así, que si bien le facilitan el vehículo para realizar sus recorridos, este debe ser entregado al final de cada jornada para verificar estado y kilometraje. Como consecuencia de ello, debe recorrer en autobús los ochenta kilómetros que lo separan de su casa cada jornada y se siente humillado por ello.

Debería estar agradecido por tener un buen trabajo que le permitió salir del pozo en estos tiempos de crisis, pero no puede evitar sentirlo como una bofetada a su orgullo.

A su lado está Nuria, su esposa, que recién salida de la ducha envuelta en una breve toalla luce radiante. A pesar de las dificultades y todo lo que han pasado, ha encontrado el camino. Su nuevo desafío la tiene feliz, muy feliz. A su indiscutible belleza se le ha agregado un brillo especial. El que otorga la esperanza. 

  • Como si su desbordante entusiasmo se alimentara de la luz que se apaga en mi. -Llega a pensar Nacho en su desasosiego.

Para colmo de males todo se lo deben a Él, y debería estar agradecido, como se lo enrostran sus suegros cada vez que ven su cara de fastidio, pero no puede, las dudas le corroen el alma y lo llenan de inseguridad.

La observa en silencio y la ve canturreando entre murmullos mientras acomoda su turgente pecho en la sugerente ropa interior. Como si después de un largo ostracismo, hubiera recuperado la razón para seguir, o quizás sea porque hoy es martes. 

Finalmente, mientras él se anuda la corbata, ella se viste con un sugerente vestido floreado que le calza como un guante, pareciera diseñado teniéndola a ella como modelo. Nada exótico ni provocativo, sugiere más de lo que muestra. Ni siquiera es ajustado, pero le llueve sobre el cuerpo dibujando su hermosa anatomía con precisión milimétrica.

Bajan a desayunar en silencio, en esa cómoda tregua que se han impuesto. Sumergidos en sus propios mundos como pasajeros ocasionales del metro, beben su cafè, dejan la vajilla en la máquina lavaplatos y parten para afrontar la jornada.

Caminan juntos un par de cuadras, rumbo a la parada del autobús que llevará a Nacho a su trabajo. Marchan despacio, es temprano y el sol primaveral que los cobija se siente cálido y agradable en la fresca mañana.

No hay palabras. De las viejas ya no quedan y no saben cuando encontrarán las nuevas. Sobrevivientes de un naufragio anunciado, se aferran a la balsa de su nueva vida, esperando llegar a la orilla y encontrar el camino que los lleve a un nuevo destino.

El poderoso rugido de una imponente Ram 250 los despierta de su nostalgia. Se detiene junto a ellos y mientras Nuria abre la puerta del acompañante y asciende con una amplia sonrisa, Nacho saluda al conductor con una mueca forzada, que Él le devuelve sin expresión alguna.

Vuelve a recordar que hoy es martes y su inquietud se renueva. Busca en su interior y trata de encontrar cuando perdió el rumbo. En qué momento de su camino los senderos se bifurcaron y sin darse cuenta tomó el equivocado. O quizás siempre lo fue y creyendo que subía, la pendiente era tan suave que nunca comprendió, que todo era tan fácil porque caía. Después de todo, solo es cuestión de perspectivas.

Conoció a Nuria durante la novatada con que recibieron a los de primero al inicio de su último año de universidad. Terminaba la carrera de empresariales con notas bastante aceptables en lo académico y un sobresaliente absoluto en lo sexual. Junto a Antonio y Pedro, sus laderos incondicionales, conformaron el trío de populares mas notable de esos años. Las niñas babeaban porque les dispensaran su atención. 

Los llamaban los tres mosqueteros y como tales, también tenían a David, un desgraciado D´Artagnán que los seguía como un perrito. Única forma de que el lamentable sujeto pudiera tener vida social y no ser devorado por las implacables fauces de la jauría que los rodeaba.

Alto, de espaldas anchas pero desgarbado y de eternos ojos tristes, todo lo que tenía de inteligencia David, lo doblaba de patético en lo personal. No es que fueran generosos con él, pero tenerlo incluido en su grupo de trabajo les aseguraba las mejores notas con el mínimo esfuerzo. De él era toda la tarea, su precio a pagar. 

Hasta esa noche, cuando Nacho le subió la tarifa.

Altos, atléticos y de labia fluida, disfrutaban tanto de la conquista fácil, como de arrebatarle la presa a un enamorado convencido de las virtudes intachables de su recatada novia. El placer de ver la cara del cornudo cuando se enteraba, era la presea final.

Bastó que viera a David, tratando de esconder entre sus brazos a una hermosa rubia de primero de las salvajadas de la novatada, para que se propusiera conquistarla y añadirla a su colección personal, los sentimientos de él ya no le interesaban, con el título al alcance de la mano, sus servicios ya no eran necesarios.

Se acercó a la pareja en el momento justo que abrazando a la niña, el gigantón ponía su espalda como escudo, tratando de proteger torpemente a la dama, de los impiadosos chorros de agua fría de la manguera con que los bañaban en esa fría noche de Mayo.

Bastó una seña de su parte para que la agresión cesara y ante el asombro y admiración de unos inmensos ojos azules que lo miraban agradecidos, la cubrió con su costosa campera de piel y la arrebató suavemente de los brazos protectores del sujeto, la presa estaba en el lazo y la imagen del paleto abrazando el vacío, otra muesca en la cacha de su pistola.

Cuatro horas después Nuria ronroneaba en sus brazos, con la hermosa carita descansando sobre su desnudo pecho, en la cutre habitación de su residencia. Una experiencia tan diferente a todas las que había vivido, que no la pudo sacar más de su cabeza. La presa había devenido cazador. Y el cazador gacela.

Después de humillar al paleto, la invitó a secarse en su habitación y le ofreció cambiar su ropa mojada por una de sus remeras, lo que la niña muerta de frío aceptó sin dudar.

Para su asombro, nada más entrar. Nuria se desprendió de prisa de sus empapadas ropas y se enrolló presta en la toalla que el galán le ofrecía. Apenas alcanzó a divisar sus endemoniadas formas, cuando para su asombro, maniobrando bajo la toalla también se desprendió de su ropa interior.

La conversación que siguió, la íntima confesión de sus miedos y esperanzas o como llegaron a estar en la misma cama, abrazados en busca del calor del otro sin llegar a tener sexo, nunca lo entendió. Solo supo que ya no podría vivir sin escuchar esa voz cada mañana.

Se habían encontrado. 

Nuria era la pícara, lúcida y dulce hija única de Juana, una abnegada ama de casa de la que había heredado su belleza y de José, el respetado encargado de una fábrica de muebles para cocina, del cual cogió el tesón para lograr sus propósitos. Una pareja de clase media algo mayores, trabajadores incansables de diaria jornada y valores comunitarios firmes y arraigados.

Nacho en cambio, pertenecía a un estrato social más elevado. Hijo de abogados exitosos y poco proclives a demostrar afecto, tenía hasta ese momento una concepción de la vida menos profunda. Acostumbrado a obtener siempre todo lo que se proponía sin apenas esforzarse, por primera vez en su vida tuvo miedo de no estar a la altura del desafío.

A pesar de todo su historial, tardaron un mes en intimar y no por falta de disposición de la muchacha. Verla tan suelta, tan decidida y hermosa, tan diferente a las insulsas chicas que se le regalaban, tenía sumergido a Nacho en un mar de incertidumbres.

Tuvieron que mediar un par de copas y la decisión de Nuria, para que una noche, volviendo de bailar, se encontraran cuerpo a cuerpo en el departamento de él. Entraron dando tumbos, comiéndose a besos y sacándose la ropa a tirones, cuando en el momento cumbre la muchacha percibió que su novio dudaba, se hincó de rodillas, le arrancó el boxer a los tirones y se prendió a su polla con hambre desmedida, haciéndolo explotar minutos después y comiéndose la corrida.

Se levantó sonriendo y sin darle tiempo a reaccionar, le metió un morreo compartiendo su simiente, morreo que no paró hasta que lo dejó tiritando y con la polla en ristre nuevamente. Momento en que lo empujó de espaldas sobre la cama y subiéndose sobre él, se corrió las bragas y se empaló.

Ondulando sobre su vientre lo empezó a provocar

  • ¿Me vas a demostrar lo que sabes, o tengo que hacerlo todo yo?
  • Es que yo creí que…
  • ¿Que era virgen?¿Una dulce damisela a la espera del príncipe encantado? Vamos muévete carajo ¿O me equivoque de hombre?

De pronto, Nacho comprendió que había encontrado su complemento, que desde ese momento, nada de lo que había vivido le serviría de referencia. Que esa dulce y pícara muchacha devenida en demonio erótico era todo lo que necesitaba en su vida. La dió vuelta con una sonrisa malvada en el rostro y subiéndole los talones sobre sus hombros la empezó a empotrar como un salvaje.

  • Aghh…por fin te comportas como un hom..aghh..mas…maaas.

La cópula se volvió batalla y el último disparo acabó con los heridos. Alcanzaron el orgasmo casi juntos, quedaron desmadejados y felices uno sobre el otro. Preludio de una noche que nunca olvidarían. 

Los siguientes cuatro años los recorrieron juntos. 

Abrirse  paso en el frío y competitivo mundo de las finanzas resultó para Nacho mas duro de lo que esperaba, pero la frialdad heredada de su padres, su falta de empatía con las desgracias de los demás y su innegable atractivo físico le abrían las puertas de los cada vez más exigentes desafíos. Desafíos que superaba sin importarte los que cayeran en el camino.

Los desafíos de Nuria no eran menores, la creciente complejidad de los proyectos  de su carrera de diseñadora industrial alimentaban su natural personalidad competitiva y la mantenían ocupada a tiempo completo.

El poco tiempo que pasaban juntos, después de dejar satisfechas sus pasiones más urgentes, se encimaban con entusiasmo en el afán de compartir todas sus vivencias.

El cuarto aniversario de la pareja los encontró con parte de sus objetivos cumplidos. Para orgullo de sus padres Nuria se graduó con honores y Nacho alcanzó la preciada gerencia de su sector. 

Como premio al esfuerzo de su hija, José hipotecó su casa para avalar el crédito de su nueva vivienda. Los padres de él, en cambio, le regalaron un costoso deportivo nuevo.

Un año después se casaron y comenzó el declive.

  • ¿Cuándo comenzó a empañarse el cristal? -Se preguntaba Nacho

Quizás al creer que tenía el mundo a sus pies. Que con solo un chasquido de sus dedos las puertas se abrían para él. Que la genuflexión y pleitesía que lo rodeaba se debía a sus encantos y no a su posición de poder. O quizás al convencerse, de que nunca era suficiente el tiempo que le dedicaba a su nueva actividad.

  • ¿En qué momento comenzó el desencanto? -Pensaba angustiaba Nuria

Quizás al comprobar que después de tanto esfuerzo, en un país devastado por la corrupción y vaciado de industrias por la importación masiva, no había lugar para el diseño. 

O posiblemente, al tener que tragarse su orgullo y aceptar vivir de lo que su cada vez más ausente pareja aportaba. O quizás simplemente en las solitarias cenas, rodeada del silencio de un hogar que sentía cada vez menos suyo.

  • ¿O el error fue creerse dioses y mirar al resto de los mortales desde las alturas? -Dudaban ambos

Un año después de su boda, Nacho estaba en la cumbre de su carrera, no había reunión política o empresarial que prescindiera de su presencia, ni planes de inversión que no contaran con su visto bueno. A esa altura ya había incorporado dentro de su infraestructura a sus dos laderos de juventud Antonio y Pedro.

No tardó el trío en sucumbir a los placeres del poder y de la noche, demasiadas tentaciones al alcance de la mano y excesivas exigencias corporales para soportarlas sin ayuda química.

Nuria en cambio, criada en un mundo de trabajo y esfuerzo, se fue apagando consumida por la soledad, el insustancial lujo vacío de las horas muertas y una carrera sin futuro. Solo mantener su físico en forma y sus conocimientos actualizados, impedían que la mortecina luz de su esperanza sucumbiera.

Hasta que el desastre la sacó de su apatía y apareció Él.

Una estafa piramidal gestada desde lo más profundo de su compañía financiera, dejó en el aire a todos los contactos de Nacho, provocando la pérdida masiva de los ahorros de miles de personas, incluídos sus socios, amigos y familiares.

De la noche a la mañana se encontró en la calle, sin casa ni trabajo y una importante hipoteca que saldar. Repudiado por su propia familia, debió cobijarse en la casa de sus suegros, gente a la que había menospreciado por no creer en sus promesas de dinero fácil y que le había retaceado sus ahorros para que los invirtiera.

El descenso fue cruel y vertiginoso, perdieron todo, su casa les fue embargada y la hipoteca restante reclamada. Todas las puertas se cerraron, quedaron solos y cuando buscaron cobijo en el amor que los unía…no encontraron nada.

Hasta que llegó la afrenta final, la ayuda impensada. 

Para Nacho, una migaja con que alimentar su hambre desmedida, un hierro candente sobre la herida de su orgullo herido y sin embargo para Nuria, una luz de esperanza para despertar sus sueños y volar con ellos.

Sacudiendo la cabeza, tratando de apartar sus pensamientos del agobiante presente, vio partir su dignidad a bordo de la poderosa camioneta. 

Mientras tanto, maldiciendo a su suerte, se dispuso a abordar el autobús para encarar el nuevo día y disfrutar resignado del exitoso fracaso de su nueva realidad.

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