ALMUDENITA

5

Roma es bella… en cada uno de sus rincones… pero visitarla en pleno frente frío es sin duda una idea regular… Pero cómo Alfredo y Ana habían contratado su viaje hacía ya dos meses… allí estaban, en plena calle, casi a cero grados y visitando monumentos uno detrás de otro.
Santa María la Mayor superó sin duda todo lo que habían visto hasta ese momento… Pero tras ese momento de espiritualidad, tocó volver a patear la calle. En plena Vía Torino, rumbo a su siguiente visita, vieron un local de masajes Tailandeses… Aunque no era lo más típico en Roma, decidieron entrar y darse un pequeño descanso del frío y el hielo.
Ana, cuando sintió las manos de aquella chica oriental en su espalda, se sintió descansada, inundada por una profunda sensación de descanso y por primera vez caliente y reconfortada en los dos días que llevaban en Roma.
En ese momento, embriagada por el aroma de los aceites esenciales, el incienso y la maestría de aquellas manos, le pareció escuchar gemir a su marido que estaba en la habitación de al lado… Se incorporó levemente de la camilla y ante su reacción, la chica que le hacía el masaje preguntó: “Tu marido final feliz… ¿Tú final feliz?”. Sin responder se incorporó de la camilla y se acercó a la habitación de al lado a ver ese final feliz.
Entreabrió la puerta y observó cómo su marido se encontraba boca arriba, con las manos cruzadas tras su cabeza y dejando que esa pequeña tailandesa se la chupase con un rítmico movimiento de cabeza… Por un momento, Alfredo intentó sujetar a aquella chica por la cabeza y esta le retiró la mano y siguió con su rítmica mamada… Mientras estaba de pie viendo el espectáculo, Ana sintió como la mano de su masajista pasaba por debajo de su bata y comenzó a acariciarle su sexo… Se dejó hacer, le gustó, pero estaba lo suficientemente tensa y enfadada como para no poder llegar a alcanzar el orgasmo.
Siempre habían sido una pareja abierta… pero conocía a Alfredo, sus reacciones, y sintió celos de ver cómo estaba disfrutando de ese momento.
Alfredo soltó un alarido y Amanda se dio cuenta de que se estaba corriendo como un animal. Aquella “zorra” paró su movimiento. Casi haciendo vacío con la boca fue sacando poco a poco la polla de Alfredo de su boca y lo dejó allí tumbado, con su pene aún erecto y ni una gota de semen en su polla… Se la había dejado totalmente limpia, ni babas, ni semen…
Cuando la chica se volvió la observó por un momento… “Vaya cara de zorra”, pensó. La chica pasó por su lado, sonrió y se marchó.
Durante toda la jornada Ana estuvo especialmente callada. No conseguía quitarse la imagen de aquella puta comiéndole la polla a su marido y lo peor de todo, que él parecía disfrutar más que cuando Ana se lo hacía.
Llegaron pronto a su hotel. Alfredo, preguntó: “¿Estás enfadada?”. Ana negó con la cabeza.
“No me lo creo” insistió Alfredo. “Nunca has tenido problemas con que nos acostemos con otras personas… ¿Qué ha pasado hoy?”.
Ana respondió tajante: “¿Te ha gustado más que cuando te la chupo yo?”. Alfredo, sonriendo, solo respondió: “Ni más ni menos… simplemente ha sido distinto”.
Ana guardó silencio por un momento y decidió darse una ducha… Cuando al fin terminó, se secó y salió desnuda a la habitación. Alfredo estaba frente a la ventana observando a toda la gente que se arremolinaba delante de la Fontana de Trevi intentando hacerse una foto de recuerdo.
Ana no estaba dispuesta a que el mejor recuerdo que se llevase de Roma fuese a aquella “China” chupándosela… así que sin mediar palabra se arrodilló entre Alfredo y la ventana y le bajó los pantalones hasta las rodillas y se metió el de momento flácido miembro de su marido en la boca… estuvo flácido por poco tiempo. Sentir cómo se la chupaban delante de una ventana abierta a una plaza con una multitud de gente a Alfredo le pareció de lo más excitante y lo demostró con una erección brutal.
Ana decidió emular el estilo de mamada de aquella Tailandesa… Siempre había sido de chupar con ruido, babas y haciendo distintos movimientos con su cabeza mientras Alfredo sujetaba su cabeza intentando metérsela entera hasta las pelotas… Cuando Alfredo intentó agarrarla del pelo, le retiró la mano y continuó con su rítmico movimiento de cabeza. Poco a poco empezó a crear vacío succionando todo el aire del interior de su boca. Su lengua, sus dientes, su paladar… quedaron totalmente adheridos a la polla de Alfredo. Esto hizo más lento el ritmo de su mamada. Sentía perfectamente el glande de aquella polla deslizándose por su paladar de camino a su garganta… Alfredo se aferró fuertemente a la cortina. Comenzó a apretar sus caderas acompasando los movimientos de la cabeza de Ana con sus embestidas… Ana sentía esa polla palpitando en su boca, la tensión de las piernas de su marido, podía sentir casi el relieve de las venas de aquella polla… Hasta que finalmente, con un potente alarido, incluso mayor que el que soltó en el salón de masajes, Alfredo descargó su lefa en el fondo de la boca de su mujer.
Ana repitió el proceso de aquella zorra para sacar la polla de Alfredo de su boca… continuó succionando con todas sus ganas, mientras se tragaba la leche de su marido y sacaba la polla de su boca centímetro a centímetro… Cuando sus dientes llegaron a su glande, hizo incluso más presión… esto hizo flojear las piernas de Alfredo que terminó de sacar la polla de la boca de Ana y lo único que pudo hacer fue dejarse caer en la cama.
Ana sintió el sabor del sexo de su marido en su boca y se sintió satisfecha de superar a aquella pequeña zorra del masaje. Estaba excitada, mojada, sudando… decidió darse una ducha de nuevo y dejarle a Alfredo tiempo para recuperarse…
En la ducha, mientras el agua corría, se acarició, con ganas… Introdujo un par de dedos en su sexo… saboreó sus propios jugos, intentó darse placer con la presión del chorro del agua… Pero necesitaba ser follada… Después de dos calentones en un día no se iba a conformar con darse placer ella misma…
Salió del baño y comenzó a pajear a Alfredo que seguía tumbado en la cama casi dormido… No tardó en reaccionar… Alfredo sujetó por la cabeza a Ana y le volvió a introducir la polla en la boca a Ana… “Ahora con babas…”… Ana se la sacó y le dijo que no. Ahora era su momento y así se lo hizo saber… “Quiero que me folles”. Ahora fue ella la que se acercó a la ventana y se inclinó hacia delante apoyando las manos en el interior de la ventana quedando reclinada y ahora era ella la que observaba la plaza, estaba oscureciendo, pero seguía llena de gente. La Fontana, ahora iluminada, tenía un aspecto casi mágico.
“Fóllame, ya…”. Con esta orden directa, se levantó el albornoz y dejando su culo y su sexo a plena disposición de Alfredo. SU marido, se acercó a ella pajeándose y untando su polla con lubricante. Puso su glande entre los labios del sexo de su mujer y con un seco empujón la introdujo hasta el fondo… La dos o tres primeras embestidas fueron lentas y deliberadas… después fue aumentando el ritmo de su follada… Ana se sentía plena, excitada… agarraba con fuerza el marco de la ventana y sentía sus tetas balanceándose dentro del albornoz… Sentía sus pezones rozando con el algodón blanco… Se sentía mojada, caliente y chorreante… Alfredo paró un momento y sacó su polla para intentar encular a su mujer por el culo… “Por ahí no… hoy no… tú has tenido ya hoy bastante… Ahora me toca a mi… “. Ana, con maestría pasó una mano hacia detrás, agarró la polla de su marido y volvió a introducirla en su chorreante coño… Ahora ella fue la que comenzó a empujar hacia detrás y adelante… Abrió el albornoz por delante y liberó sus pechos que acarició ella misma… Por un momento, en medio de aquél frenesí, miró a la plaza y observó como un par de japoneses por un momento habían dejado de ver aquella monumental fuente y la observaban a ella, balanceándose de atrás adelante sin ningún tipo de pudor, siendo follada como una perra… Se incorporó un poco más para hacerles más patente el balanceo de sus tetas… Comenzó a olvidarse de sus “admiradores” orientales… Se quedó por un momento con la boca abierta y los ojos casi entornados… Entre gritos y gemidos, comenzó a babear… signo de que estaba cerca de perder el control y correrse como una verdadera perra… Apretó con ganas los músculos de su vagina y con varios empujones, a punto de doblarse las piernas por el placer, se corrió como llevaba deseando hacerlo desde por la mañana en el centro de masajes… cuando se pudo recuperar dijo… “Mañana no vamos a lo de los masajes… pero volveremos prontito a la habitación”.

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