ROCÍO PRIETO VALDIVIA

Se han de deshojar algas en las veredas que llevan mis pasos.

Desprender aromas e iluminar

con anémonas mis noches.

La sílice de tu mirada se incrustó en mi arteria,

en cada hoja de flores marinas está tu nombre,

es el tatuaje y el matiz para descubrir

el fósforo de mis ojos.

Dime, pequeñito, si la sal tiene que tostar la piel.

Y cómo no mudarse entre los corales,

para descubrir la forma de ver los lunes

de otra manera.

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