MOISÉS ESTÉVEZ

  • Siento llegar tarde, pero no te lo vas a creer. Un imbécil me ha
    alcanzado por detrás mientras estaba parada en un semáforo. ¡Será gilipollas,
    si estaba en rojo! ¿Que quería que me lo saltara? El caso es que me he
    entretenido rellenando el parte de accidentes y todo el rollo ese que hay que
    hacer. Por lo menos el muy capullo lo tenía todo en regla.
  • ¡Oh, vaya! ¿Y tú estás bien? –
  • Ah, si, no te preocupes, no ha sido grave. Un poco alterada, nada más.
    Afortunadamente iba muy despacio –
  • En estos tipos de accidentes suele molestarte el cuello, al menos eso
    dicen –
  • Si, llevas razón, pero yo de momento no noto nada. Gracias Bryan.
    Bueno que me traes –
    El inspector de policía, su amigo, sonrió al ver lo impaciente de la
    investigadora, su amiga.
  • Pues no es mucho, aunque no pienso dártelo hasta que no pidamos los
    cafés –
  • Joder, lo siento. Soy una energúmena. Que poco tacto tengo. Perdona
    es que vengo un poco acelerada, y el caso es que me muero por uno largo y
    bien cargado –
  • No te preocupes. Enseguida vuelvo –
    Bryan se levantó a por las bebidas. Tardó apenas dos minutos en volver
    y darle a la detective la poca información de la que disponían en la policía
    mientras sorbo a sorbo disfrutaron del café y la compañía…

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