QWERQ

Se abre la puerta del primer piso. El sonido de una niña pequeña invade toda la escalera, por la voz, Alejandra reconoce a Raúl y Verónica. Ambos son buenos vecinos y amigos de ella y de Iván. Verónica es una mujer rubia de ojos claros. Tiene 35 años, los cuales son los que aparenta. Risueña y alegre, medirá alrededor de 168 cm. Llama la atención por lo dulce y amable que es que es, pero sobre todo físicamente, llama la atención por los grandes y apetitosos pechos que siempre intenta esconder debajo de sus desapercibidos conjuntos. Ambos forman la típica pareja de recién casados jóvenes que están formando una familia y que les quedan toda una vida por delante. La niña tiene alrededor de 3 años y se le oye hablar nítidamente como les dice a sus padres que quiere ir a ver a su abuela.

Alejandra se tapa la boca con la mano, para no hacer ningún ruido y ser descubierta. Tiesa, rígida, horrorizada. El viejo se separa un poco mientras le dice en voz baja.

—Shhh, tranquila, si no hacemos ruido no nos oirán. Ellos bajarán y nosotros estamos medio piso por encima —hasta cierto punto, parece que Don Fernando esté disfrutando, ¿cómo puede ser posible?

—Vístase por Dios…

—Shhh.. ¿Acaso quieres que nos oigan?

—No…— Responde mientras oye a los vecinos hablar.

Don Fernando aprovecha la circunstancia para volver poco a poco a tu cuello.. Llegándolo a besar, sacando su lengua, lamiéndote.

Ella no sabe qué hacer. No puede hacer movimientos bruscos, sabe que los pueden pillar. «Por favor, para, se va a enterar todo el mundo, que se van a pensar. Quizás sea mejor que grite, que piensen que me está forzando..» piensa.

—Para Don Fernando, para. Voy a gritar. Voy a gritar y le van a meter en la cárcel.

—Vamos, hazlo… —Dice sin salir de su cuello.

Se separa. Mira a mi madre. Chulo, altivo, serio, sabiendo lo que hace.

—Venga, hazlo —dice elevando un poco la voz —vamos, grita —eleva aun mas la voz, puede que con ese tono llame la atención de los vecinos.

Como un acto reflejo, Alejandra asustada, tapa la boca con su mano. Mientras hace que no con la cabeza. De fondo, se oye nítidamente con la pequeña habla con sus padres.

—Venga, hazlo —eleva la voz a través de su mano. Parece que le da todo igual.—¿No quieres que se enteren?

—No… por favor para… —Al notar que él no va a hablar, quita poco a poco la mano de su boca. —Pare… por favor… baje la voz..

—¿Me darás lo que quiero? —le contesta cuando su mano ya no está en su boca.

—Es-Esta.. está bien…— Agacha la cabeza, respondiendo en voz baja. Ella se siente humillada, avergonzada. 

—¿A qué esperas? —el viejo levanta la cabeza de Alejandra desde la barbilla. Él a su vez levanta levemente su cabeza, dejándole más zona del cuello. 

Ella lo ve, de fondo oye las voces de Raúl, Verónica y su hija. Todo es demasiado para ella…

—Bésame…

Ella llorosa, desencajada, aproxima su cara a su cuello.

Le da un beso en el cuello, otro, continua por su hombro peludo, va subiendo, dándolos muy cortos. Mientras lo hace, oye —eso es…—sin bajar mucho la voz, parece que no le importa que los pillen. Posa las manos en la cintura de ella.

Por un momento, por la cabeza de Alejandra aparece la idea de si le gusta, la dejará en paz. Ese pensamiento empieza a tener forma y se traduce en su esfuerzo en dale los besos que el viejo le pide…

Él lo nota y pasa su mano por su pelo, acariciándola. A modo de aprobación.

Ella se da cuenta, pero por su mente solo pasa «Solo quiero que me deje en paz… Solo quiero que me deje en paz…» Como una forma de excusarse a si misma. 

—Me pone un poco que me beses el cuello mientras oímos a Verónica…

«Es un cerdo» piensa. Pero sin embargo, no contesta.

—Siempre me ha parecido que es una madre joven que está muy buena, ¿No crees? Tiene que tienes unas buenas tetas.

Alejandra no para de besar el cuello, mientras le oye decir esas barbaridades. Intenta hacer como que no oye nada.

—Además, seguro que se depila todo…

«Seguro que no soy la única a quién acosa… Y todas callamos..» Se le pasa por la cabeza a Alejandra mientras sigue besándolo y oyendo las cosas que dice.

—¿Tu crees que se lo depila entero cariño?—dice intentándola humillar. 

«¿Como tiene la cara de preguntarme algo así? Cerdo..» pero ella no contesta, sigue besándolo.

—Besas muy bien cariño, ¿quién lo tiene más depilado ella o tú? ¿quién crees? —sus manos en tu cintura, mientras lo besas, notas su barriga tocando tu camisa blanca del trabajo.

El viejo al obtener un silencio por respuesta, decide estirar aún más la cuerda… —Dios.. se me está poniendo dura de pensar cómo será desnuda Verónica… —Le comenta a mi madre, parece que el viejo no quiere darle importancia a lo que está haciendo Alejandra. 

Aunque para ella suponga un mundo lo que está haciendo, él quiere menospreciarla, quiere conseguir de alguna manera que lo que está haciendo no es para tanto. Hasta tal punto que quiere aparentar que sus besos no le excitan, sino el cuerpo de Verónica.

—¿No crees que tiene un buen cuerpo?

Don Fernando recibe la mirada de Alejandra, directamente a los ojos. —Sí… —Contesta escuetamente.

—¿Sí?

—Es.. es hermosa…

—¿Sabes qué edad tiene?

—No lo sé, creo que unos 35 o 36 años. —Aún llevándose bien con Verónica y su marido, no le oculta la verdad.

—¿Si? ¿Tan joven? Podría ser mi hija…

Ese comentario hace que se separe de él, mientras piensa. «CERDO»

—Don Fernando, me voy a ir ya…

Sin embargo él continua. —Joder, si fuera mi hija la espiaría mientras se ducha…— Mientras Alejandra intenta apartarlo sin contestarle.

—Quiero que hagas una cosa más Alejandra… bésalo…

—¿Qué?— Alejandra, extrañada, lo mira.

—Quiero que lo beses.. 

—Ya le he besado el cuello Don Fernando. No.. no sé a qué se refiere..—Dice nerviosa, dudosa, sin saber a qué se refiere…

—No, quiero que beses esto…— Se coge una teta un poco y le muestra su pezón. —Solo quiero un besito,  vale cariño?

«¿Pe… pero que dice este hombre?» Ella lo mira sin saber muy bien como encajar esto.

Mientras oyen como se cierra la puerta de casa de los vecinos y esperan el ascensor. 

Sin saber muy bien por qué, Alejandra le mira el pezón al viejo. Lo que él aprovecha y con sus dedos acaricia su mejilla, mientras dice. —Vamos.. solo un beso cariño…— Sabe que la tiene contra las cuerdas. Esa indecisión la aprovecha cogiendo su mano y llevándola a su teta.

«¡DIOS MIO! ¿PERO QUE HACE?» piensa Alejandra mientras toca el pezón de aquél viejo. Pero solo consigue soltar palabras débiles por su boca…

—No… Esto no…— Pero no retira su mano de la teta del viejo.

—Solo uno.. Si seguimos así nos van a oír…

Alejandra cada vez está mas indecisa. Casi sin fuerzas. Está perturbada, todo el sometimiento del viejo junto con la presencia tan cercana de esos vecinos hace que no piense con claridad. Esto lo aprovecha Don Fernando que coge la mano de ella, se lleva un dedo a su boca, mojándolo de saliva y tocando con ese dedo la punta del pezón.

—Don… Don Fernando… No… No puedo hacer esto… —su voz suena muy débil.

—Solo uno…

Y sin decir nada mas, Alejandra acerca su cara… sus labios… hasta besar su pezón y lo besa suavemente… —Eso es cariño… así…—Le dice mientras aprovecha y pone el pelo detrás de la oreja para que lo haga mejor.

«Qué estoy haciendo… porque lo esto haciendo.. estoy perdida.. Dios…» Piensa mientras se oye como Raúl y Verónica hablan mientras entran en el ascensor. El contraste de las dos situaciones es bastante llamativo.

—Mmmm así.. lámelo…

«¿Qué estoy haciendo? ¿Acaso soy una cualquiera…? chupando su teta.. ¿hasta dónde estoy llegando?…»

—Chupa la otra también cariño… —Él quiere más, sabe que puede conseguir más.

Alejandra sin rechistar, va directa a su otro pezón y lo chupa, lo besa..

—¿Entonces crees que Verónica lo tiene depilado? 


Este viejo depravado parece que nada le sacia. Pero Alejandra no le contesta, aunque sigue jugando con sus pezones. «Están duros como si fuera una mujer..» Piensa ella, pero no contesta a su pregunta.

—Vamos, responde…

—No… no lo sé… —ella solo es capaz de contestar eso. Está confundida, aturdida, está perdiendo la cabeza…

—¿Crees que se lo depilará? Yo creo que sí. Tiene pinta de ser bastante zorra…

«Dios mío, ¿qué me está pasado? ¿Estoy húmeda…?» Y mientras piensa eso, besa su barriga, totalmente rota. Sus besos van descendiendo, recorriendo un camino hacia su abultada barriga mientras sus manos empiezan a juguetear con sus pezones. Mientras tanto, la respuesta de él es acariciar su pelo, a modo de aprobación.

—Mmmm… me gusta —dice él en voz baja , triunfante, mientras nota como Alejandra le pellizca suavemente uno de sus pezones…

—Creo que sí que se depila… Me estoy imaginando su coño y tiene que tenerlo totalmente depilado, como una buena zorra… Dime, ¿tu qué crees?

—No… no lo creo… Don Fernando…— Dice Alejandra en un fino hilo de voz, mientras piensa.—«Tengo que parar ya o me volveré loca…».

—¿No? ¿Y cómo crees que lo tiene? —dice intentando humillarla.

—No… no… no lo sé Don Fernando… Quizás… Quizás arreglado…— Dice ella dubitativa mientras piensa.—«¿por qué no para de hablarme de ella?».

Él no para de sonreír, con una mano en su cabeza. Parece que disfruta de la situación.—¿Sí? ¿tú crees? ¿y tú.. tú lo tienes todo depilado?

Esa pregunta hace que se incorpore, apoyándose en su barriga. Pero sin saberlo porqué lo hace, le contesta. —No. 

«Pero qué estoy haciendo… Qué bajo he caído…»

—¿No? ¿Y cómo lo tienes?— El viejo puede ver como está sonrojada, algo sofocada.

—Me depilo por los lados…

—¿Por los lados? ¿Cómo que por los lados?— Contesta haciéndose el ingenuo.

—Por los lados Don Fernando… Es bastante simple…

Alejandra, aun sin saber muy bien por qué, le sigue contestando a todo lo que le pregunta. Aún después de lo que ha hecho, de lo que ha sentido. En el fondo, ella sabía que si cedía, la tendría comiendo de su mano…

—Seguro que Verónica está mas buena que tú desnuda. —Una sonrisa se dibuja en su boca… 

Sin embargo, ella cada vez se nota mas sumisa… —Es mas joven… —Nadie nunca le había hablado así.

—Seguro que ella tiene un coño depilado y carnoso… —Mientras nota como una de las manos de Alejandra siguen en su pecho. —¿Te gustan mis tetas? —pero ese comentario hace que inmediatamente aparte las manos de los pezones de él.

Ella lo mira, directamente a los ojos, por un momento parece que sea hasta de manera desafiante, sin contestarle ni una sola palabra. Pero él no se amedranta, quiere tensar la cuerda, para saber hasta donde es capaz de llegar Alejandra. —¿Quién crees que tienen las tetas más grandes ella o tú?

—¿Por qué me habla de ella?

—Porque está más buena, ¿no?— Sonríe, con superioridad.

—No me gusta que hablen así de nosotras…

—¿Por qué cariño?

—No somos ganado.

Sin venir a cuento, y sin hacerle caso a lo que está diciendo, Don Fernando coge y con toda la confianza del mundo, su mano va la camisa de Alejandra, desabrochando un botón.

—Así… Quiero que los clientes te vean bien guapa…

—Por Dios Don Fernando…

—¿No quieres ser mi ganado?

—¿¿Qué?? ¡NOOOO!— Pero ella sabe que no reacciona como debería. Sabe que se ha comportado como una viciosa. Tiene vergüenza de si misma.

—¿No quieres ser mi ganado cariño? —mientras acaricia la mejilla de nuevo.

—No soy el ganado de nadie Don Fernando.

Pero él sigue, no se detiene… —¿No te imaginas Verónica y tú, chupándome cada una teta?

—Por Dios Don Fernando…

Él no para de decirle cosas obscenas, tiene que parar esto de alguna manera…

—Os imagino haciéndolo… Mientras estáis las dos en ropa interior, para mi… Las dos completamente para mi…

Y por primera vez, Alejandra se imagina como deben ser los pechos de Verónica…

Sonriendo, prosigue…—¿Qué ropa usaría ella? ¿negra? ¿blanca? —sus palabras rebosan seguridad.

—No sé Don Fernando…—Responde con la mirada baja…

Don Fernando sonríe.—¿Podría elegir tu ropa interior también?

Pero no recibe contestación, más allá del sonrojamiento de ella.

—Dime, ¿cómo es la ropa interior más cara que tienes?

A mi madre hasta le sorprende que aun tenga la capacidad de sonrojarse a pesar de todo lo que ya ha hecho. Pero no puede evitar contestar.

—Pues.. unas.. unas grabas con puntas..

—Qué más… ¿Te la ha regalado tu maridito?

—¿Qué le pasa con la ropa interior Don Fernando?

—¿Cómo que qué me pasa? Te he preguntado cuál es tu ropa interior mas cara.

—Son negras, de encaje, con sus sujetadores… —Dice ella algo más desafiante.—¿Está claro? ¿Satisfecho Don Fernando?— A ella se le nota algo molesta. Le está molestado tanta Verónica y tanta tontería de este cerdo.

—¿Sabes lo que haría? —dice el viejo 

—¿Dejarme marchar ya Don Fernando? —mi madre contesta de una forma irónica.

—Haría que le dejases a Verónica esa ropa interior tan cara que te ha regalado tu marido, y haría que ella se la pusiera para mi. —Le dice mientras le coge de nuevo la mano y la lleva a su pezón de nuevo.

Pero Alejandra no contesta esta vez. No se imaginaba que la mente de este hombre fuese tan retorcida.

—Seguramente a ella le siente mejor la tu ropa interior… —Dice intentándola humillar nuevamente mientras desabrocha otro botón de su camisa.

Pero a ella no le hace gracia que le hable así y menos de otra mujer. —Pues entonces déjeme y vaya con ella—Contesta enfadada. Parece hasta una mujer celosa. Ella misma se da cuenta después de decírselo.

El viejo sonríe.—¿Eso quieres? ¿Qué me vaya con ella? igual ella besa mejor los pezones que tú… —Dice queriendo tensa aún mas la cuerda.

Por favor… No siga Don Fernando… —Pero sin saber muy bien por qué, ella misma acerca sus labios al pezón.

—¿Quieres demostrarme que tú lo haces mejor? —le sigue hablando mientras empieza a chuparle el pezón. El acaricia su pelo mientras lo hace. Sonriendo.

Ella, sin embargo, no le contesta, y empieza a lamerlo y a chuparlo otra vez. —Eso es, demuéstrame que tú me chupas los pezones mejor que Verónica. 

Alejandra empieza a chupárselos con ganas pero con suavidad. Olvidando donde se encuentra, a quien se lo esta haciendo, olvidando casi todo y entregándose a hacer cosas que jamás había hecho.

—Aún no me has contestado a la pregunta que te he hecho; ¿Le dejarías tú ropa interior a Verónica para que se vista para mi?

Ella sin saber porque, separándose momentáneamente del pezón, responde un simple y escueto “Sí”, para volver a chupar su pezón con ganas y suavidad.

—Eso es, así me gusta… —Y le acaricia el pelo mientras sigue en su teta, en forma de premio.

¿Y tú qué ropa interior llevas ahora mismo? Quiero verlo…— Sus manos van directamente a su siguiente botón, pero justo antes de hacerlo, Alejandra pone sus manos sobre las suyas.

—¡No haga esto Don Fernando!— Dice resistiéndose. —¡¿Está loco?! ¿Quiere que nos vean así? ¿Le da igual verdad? Porque a mi no. —Parece que Alejandra vuelve un poco en si, sus pensamientos dejan de estar nublados.

—No voy a permitir que… que me desnude en la misma escalera.— Dice ella intentando mostrar seguridad en sus palabras.—No… No tiene derecho a esto… No.. No tiene derecho a nada de mi….— Dice sacando fuerzas de flaqueza. Y sin mirarle, avergonzada, empieza a abrochar los botones de la camisa. Se da cuenta de que no se oyen las voces de sus vecinos, ha estado tan absorta con el viejo que ni siquiera se ha dado cuenta de que han vuelto a estar solos en las escaleras. En ese momento aprovecha para, ahora sí, apartar al viejo y empezar a descender los escalones. Lo hace rápido. Los tacones resuenan por todo el rellano, y lo hace sin mirar atrás, mientras piensa «Dios, me he portado como una cualquiera, como si él me tuviese.. que vergüenza. Espero no volver a verlo en mi vida». 

Una vez en la calle, Alejandra mira a su alrededor. Todo es tan normal, la mismas calles, las mismas personas con sus quehaceres. Como si realmente nada hubiera ocurrido en las escaleras de su edificio, como si todo hubiera sido normal. Ella intenta demostrar normalidad, encaminándose hacia el trabajo «Voy a comprarme un perfume… No quiero llegar al despacho oliendo a él.»

Sin embargo, el viejo no dice nada, solo sonríe. Oye como el portal se abre y se cierra, mientras ella sale a la calle. Coge su camisa, tirada en el suelo, se la pone y se va a su casa. Ha conseguido mucho más de lo que se esperaba. No pensaba que se entregaría tanto como lo ha hecho. Sabe que dentro de Alejandra, se esconde algo que puede sacar a la luz. Algo que incluso ella misma desconoce, otra Alejandra, quizás otra Alejandra que puede que algún día nazca, como el nacer de un advenimiento…

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