MOISÉS ESTÉVEZ

Sentado en una apartada mesa del ahora tranquilo café, Michael
esperaba impaciente a Javier tomando un expreso. Mientras, releía un clásico,
intentando abstraerse con él de los problemas que en aquellos momentos de
su vida lo agobiaban. Miraba su reloj, las diez y media pasadas y su amigo no
aparecía, lo que le resultaba muy extraño. Éste podía adolecer de cualquier
cosa menos de ser impuntual…

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