SERGIO CANEVA

Que no me falte tu mano… cuando me halle la parca,

haciendo levar mi ancla, en viaje eterno sin fin,

llevándome por caminos nunca antes recorridos,

dejando atrás el vacío, que da una vida… al morir.

Que no me falte tu mano, esa que siempre está,

la que con amor contiene, mis miedos, mi soledad,

la que sujeta mi vida, desde la adolescencia,

firme, dócil, con paciencia… y años por sobrellevar.

Que no me falte tu mano, esposa y amada mía…

la que de noche extiendes, hasta la mía aferrar,

la que me entrega sosiego, esperanza, empatía,

¡y que sabe con amor! cómo mis labios callar.

“Que no me falten tus manos”… la finura de tus dedos,

con su piel cual terciopelo, su gracia, movilidad,

la belleza de sus uñas sutilmente engalanadas,

y la fuerza cuando toman, las mías… ¡sin vacilar!

Que no me falten tus manos, ¡porque será! duro el paso,

y partir sin tu arrumaco hará cruel mi traspasar,

sentiré el desamparo, la soledad  y el pecado…

entrarán a tallar fuerte, en lo que es… ¡mi eternidad!

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