ALMUDENITA

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-“Mi marido a mi sí me da por el culo”…
Afirmó contundente Clara en una conversación subidita de tono a la hora del café en el trabajo… La verdad es que entre maestras, resultó una afirmación muy contundente… para algunas demasiado… Algunas compañeras se echaron las manos a la cabeza. Otras afirmaron que ellas no eran capaces… Pero Elsa se quedó en un estado entre excitado y meditabundo. El imaginarse a su compañera a cuatro patas y a su marido empujando por detrás le resultó una imagen de lo más sugerente. Su estado inicial de excitación tuvo que mitigarlo en casa con una ducha fría y finalmente metiéndose los dedos hasta correrse.

Pero eso no fue suficiente. Seguía sin poder quitarse la imagen de la cabeza. Ella había fantaseado sobre que la enculase su novio, pero no se atrevía y él tampoco se había atrevido a pedirselo por pudor, o simplemente asumiendo que encontraría una negativa por respuesta.

Al día siguiente esperó a la hora de la salida para preguntar a Clara por el tema. Les unía una buena amistad, aunque nunca habían ahondado en este tipo de intimidades. Cuando pudieron quedarse solas Elsa preguntó: “¿Clara, no te molestes por la pregunta, pero eso de… de que… tu marido te de por el culo, realmente a tí te gusta?”. Clara esbozó una sonrisa y afirmó con la cabeza… “Sí, me gusta y mucho, pero creo que no es el lugar apropiado para hablar de estos temas. Pásate mañana por casa, nos tomamos un café y hablamos tranquilamente”. Así finalmente quedó la cosa mientras la curiosidad de Elsa subía enteros.

A la tarde siguiente Elsa llegó puntual a la casa de Clara. Vivía en un adosado a las afueras. Clara estaba en el porche arreglando unas plantas cuando Elsa llamó a la puerta. Se sentaron tranquilamente a tomar su café y Elsa no pudo reprimir más su curiosidad: “A mí, lo de que me den por el culo siempre me ha dado mucho reparo”. Clara respondió contundente: “No sabes lo que te estás perdiendo. Lo que no se es cómo explicártelo”. En ese momento sonó la puerta de la casa y llegó Raúl, el marido de Clara. Elsa se sintió muy cortada en ese momento. Raúl se acercó a ellas y tras besar a su mujer le dijo: “¿Ella es Elsa? Os espero arriba”.

Esa afirmación inquietó a Elsa. Clara adivinó su inquietud y le dijo: “He pensado que si de verdad quieres aprender, la mejor manera es que veas cómo lo hago”. Elsa sintió subir sus colores y un gran calor. Qué hacía ella allí. Por unos momentos se quedó sin palabras… Mientras Clara retiró el café y tras volver de la cocina sugirió: “¿Subimos?”.

Clara subió a Elsa de la mano. Al entrar en la habitación invitó a Elsa a sentarse en un sillón que había junto a la ventana. Clara se desnudó dejando sus rotundas curvas al descubierto ante la mirada atónita de su compañera. No estaba delgada, tal vez algo entradita en carnes, pero mantenía unas caderas poderosas y un pecho grande. Clara, ante el silencio de su compañera dijo: “Me dejo las bragas puestas porque a Raúl le pone mucho. Si quieres que te la meta por el culo, tiene que estar muy dura, ¿Entiendes?”. Elsa solo atinó a asentir con la cabeza mientras inconscientemente apretaba sus muslos y comenzaba a sentir húmedas sus bragas.

De repente desvió su mirada a la puerta del baño de la habitación, donde estaba Raúl mirando la escena y masturbandose lentamente. Elsa no pudo evitar mirar su miembro, grueso, rotundo. “Eso no puede entrar por el culo”, pensó. Clara destapó la cama y se puso a cuatro patas sobre esta, mirando hacia su compañera fíjamente. Le guiñó un ojo y comenzó a mover su culo de un lado a otro, llamando, incitando a su amante a comenzar a darle placer.

Raúl se sentó tras su mujer y comenzó a besar su sexo, suavemente primero, después pasó a lamerlo y finalmente metió un par de dedos mientras seguía comiéndole y lamiéndole en clítoris con ansia. Clara seguía mirando fíjamente a su compañera, excepto en los momentos en los que no podía evitar poner los ojos en blanco de placer. Comenzó a mover las caderas de forma convulsiva. Hasta que finalmente no pudo evitar bajar la cabeza y comenzar a jadear como una perra.

Raúl paró brúscamente. “Para poder dar por el culo a una mujer, es muy importante que todo esté bien húmedo. Elsa, si quieres puedes tocarte, eso me escitaría mucho”. Elsa dudó por un momento, pero levantó su falda, apartó sus húmedas braguitas y comenzó a darse placer mientras disfrutaba de la escena. Se inclinó sobre la espalda de su mujer y mirando a Elsa dijo: “Ahora me voy a follar a esta puta”. Clara levantó la cabeza, miró a su compañera, mientras Raúl se colocó tras de ella de rodillas, agarró sus caderas y metió toda su gruesa polla en su coño de una sola embestida. Tras un primer empujón seco comenzó a follarse a su mujer rítmicamente. Elsa se quedó hipnotizada con el movimiento de las gruesas tetas de su compañera, así a cuatro patas, que iban y venían de delante a atrás con cada empujón de su marido.

Raúl, paró de nuevo y dijo rotundo: “Elsa, ven, siéntate aquí”. Señalando la cama justo a su lado, entre él y su mujer. Elsa se levantó y sin dudarlo aceptó tal invitación. Cuando se sentó aún estaba la polla dentro del sexo de Clara, clavada hasta el fondo. La sacó lentamente y quedó tiesa y húmeda ante los ojos de Elsa. “¿Quieres ayudarnos?”, dijo Raúl. “Sí” exhaló Clara en un leve suspiro. “Chúpamela”. Clara comenzó a reírse “Eres un caradura. Menos mal que no soy celosa. Anda, Elsa, chúpasela, a mi no me importa”.

Raúl agarró por el pelo a Elsa y le acercó el miembro a la boca de la joven. Como no detectó resistencia, sin dudarlo se la insertó en la boca y comenzó con un leve movimiento que poco a poco se convirtió en un auténtico “Folla-boca”. Clara por su parte se sentó en la cama para contemplar como su compañera le comía la polla a su marido. A Elsa no le habían dado nunca por el culo, pero comerse una polla no le era una experiencia nueva en absoluto. Con una mano comenzó a acariciarle los huevos a su casual amante, mientras con la otra seguía dándose placer. Además le pareció divertido e irónico estar saboreando los jugosdel coño de su compañera en la polla de su marido.

Clara se volvió a colocar a cuatro patas en la cama. Su marido se mojó un dedo con salíba y se lo metió en el culo. Por unos momentos la habitación se llenó de los gemidos de Clara, Raúl y la cada vez más escandalosa follada de boca que Elsa le estaba brindando. Entre el ruido de las babas que comenzaban a deslizarse de su boca a las sábanas y algún pequeño atragantamiento, se oyó la voz de Clara ordenar: “Follame… rómpeme el culo ya”. “La chupas estupendamente”, dijo descarado Raúl “casi tan bien como Clara”. Aunque realmente sintió que aquella chica se la había chupado como nadie en su vida. Sin dudarlo demasiado, Raúl colocó la gruesa cabeza de su polla en el ojete de Clara. Empujó lentamente mientras Elsa no perdía detalle de aquella entrada. Podía ver como ese ojete se contraía por momentos, hasta que finalmente al entrar todo ese miembro en su interior Clara soltó un gemido mezcla de placer y dolor. Raúl por un momento, empujó su miembro una y otra vez dentro del culo de su mujer, sin agarrarse a ella para que Elsa no perdiese detalle. Pero pronto agarró a su mujer por los hombros y comenzó a follársela sin piedad. Elsa se deslizó a los pies de la cama y se arrodilló frente a Clara. Por un momento se quedó ensimismada viendo la cara de vicio de su compañera, totalmente entregada a la follada que le estaba brindando su marido, sobreexcitado por la mamada de Elsa. Pero decidió participar de ese momento y comenzó a besar a su compañera en la boca, la cuál se debatía entre comerle la boca a su compañera y los gemidos que le producían las rotundas embestidas de su marido. Elsa con una mano comenzó a acariciar las tetas de Clara y con la otra castigaba su húmeda raja. Sumidos en una espiral de gemidos… La primera en correrse fue Clara, que arqueando la espalda gritó como una auténtica perra… En aquella postura y con el ojete contraído por el placer hizo correrse escandalosamente a su marido, que llenó sus entrañas con su cálida leche. La tercera fue Elsa, que quedó tendida exhausta en el suelo…

Cuando Elsa llegó a su casa, cogió el teléfono y llamó a su novio antes de hacer cuálquier otra cosa: “Nene, ¿vas a tardar mucho en llegar? Hay algo que quiero hacer contigo”.

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