ALMUTAMID

Me desperté por la mañana y me fui al mando corriendo porque me meaba. Consecuencias de la cantidad de cerveza ingerida la tarde-noche anterior. Ni me preocupé de vestirme, siquiera los calzoncillos, dando por hecho que no habría nadie despierto por la casa. Eché una meada larga y cuando terminé abrí la puerta para regresar a la cama con mi bella durmiente.

Al abrir la puerta del baño me sobresaltó una presencia en el pasillo. Era Silvia que no perdió la ocasión de mirarme de arriba abajo. Yo me cubrí con la mano.

-Buenos días…-me dijo con una sonrisa.
-Perdón, me meaba y pensaba que estabais dormidos todos.-me disculpé.
-No te preocupes, a nadie le amarga un buen despertar…
-Silvia córtate que tu novio está en la habitación.
-Que venga cenada no me impide mirar los postres…
-Tú siempre igual. No cambias…
-Tranquilo, prenda. Que ya sé que Marta y tú os dais la cara otra vez.

La chica entró al baño y yo al dormitorio de Marta que efectivamente seguía dormida. Cerré la ventana pues estaba destapada y me quedé observándola de pie en el dormitorio. Estaba boca abajo con la carita apoyada en el colchón y su culillo respingón hacia arriba marcando la piel blanca de su culo con su intenso moreno hasta media nalga.

“¿Cómo un tío como tú puede tener un bombón como este?” me preguntaba mientras me metía en la cama con cuidado para no despertarla. Tenía ganas de acariciarla pero no quería despertarla. De hecho tenía ganas de abrazarla y de echar otro polvo, que leches, pero ya sabía que con su irritación no podíamos. Y es que estaba desatado. Sólo quería estar con ella, dormir con ella, sentirla, acariciarla, besarla, follarla…¿cómo podía haber resistido tanto tiempo a su lado sin ir a por ella? Yo sabía la respuesta, pero no terminaba de entenderla. La noche anterior habíamos estado charlando abiertamente. Si ella hubiese querido le habría contado el trío o el rollo con Alba pero fue ella la que empezó a chupármela seguramente porque no quiere saber. Parece como si se sintiera más feliz sólo teniéndome sin saber lo que hay por detrás.

Al final opté por pegarme a ella abrazándola hasta que se despertara. Lo curioso es que volví a dormirme pegado a su cuerpo. Fue ella más tarde la que se movió desperezándose. Me espabilé notando que estaba despierta pero haciéndome el dormido moví el brazo con el que la abrazaba hasta agarrarle un teta.

-Estás despierto, jajaja.
Abrí los ojos y me encontré con su sonrisa pero volví a cerrarlos haciéndome de nuevo el dormido sin soltar su teta.

-Jajajaja. Que tontito. Estás despierto, más despierto de la cuenta…-rio Marta haciendo alusión a mi erección matutina pegada a su cadera.
-Shhhhh…-pedí silencio para seguir durmiendo pero mi mano no soltaba le hermosa presa que agarraba.

Con el mismo buen tono Marta se dio la vuelta para quedar frente a mí y me besó. Se levantó pasando por encima de mí y poniéndose una camiseta salió corriendo diciendo: “Me meo…jajaja” Cuando regresó yo seguía tirado en la cama boca arriba aunque ya sin erección. Se sentó a mi lado en la cama acariciándome el pecho y me preguntó:

-¿Qué te apetece?
-Tú…
-Jajaja. ¿No tienes hambre?

Asentí con la cabeza.

-¿Qué te apetece comer hoy?- preguntó.
-A ti…- respondí colando mi mano por la camiseta hasta llegar al piercing de su ombligo tras comprobar que seguía sin bragas.
-Jajajaja. ¿No te cansas?

Negué con la cabeza.

-Pero tú sabes que no podemos hacer cositas…-añadió con cara de niña apenada haciendo morritos.

Me quedé pensativo y en un gesto rápido la agarré por la cintura y la volteé para que cayera en la cama a mi lado haciéndole cosquillas en la barriga. Marta reía moviendo las piernas como si pedaleara mientras me pedía que parara ya entre gritos.

-Baja, la voz, jajaja- le rogué- que estos están despiertos.
-Que se jodan, que llevo todo el curso escuchándolos follar, jajajaja.

La solté para que descansara y nos quedamos tumbados boca arriba mirando el techo cuando Marta suspiró a mi lado diciendo:

-Que idiotas somos, Luis. Cuanto tiempo perdido…

Finalmente nos levantamos y nos vestimos yéndonos a comer los dos solos sin avisar a Marcos y Silvia. Pasamos toda la tarde juntos paseando y haciendo planes. Más tarde la dejé en su casa y me fui a la residencia. Me duché y bajé a cenar. Ángela me pidió informes y yo les di todos los procedentes sin cuidarme de que estaba Víctor delante. Era mi amigo y no tenía por qué ocultarle que estaba enrollado con Marta.

Sin embargo noté a Ángela de nuevo algo triste y cuando nos quedamos solos me confesó que la cosa no iba bien con Karina. A pesar de haberse pasado casi todo el finde juntas teniendo sus momentos de intimidad y sexo, su novia saltaba con ideas peregrinas en los momentos de relax. La última ocurrencia me afectaba a mí.

-¿A mí?- pregunté sorprendido.
-Sí. Dice que eres un tío estupendo y divertido. Y que como somos tan buenos amigos y con tanta confianza eres el candidato ideal para montarnos un trío…
-Ah, no no. Yo de eso paso. Que ya he tenido bastante.
-Tranquilo, yo ya se lo he quitado de la cabeza. Le he dicho que has tenido una mala experiencia y además estabas pillado.
-¿Y por qué no le dices directamente que tú no quieres?- pregunta algo molesto.
-Joder, Luis. Es su fantasía y no quiero cortarle las alas.
-¿Te vas a montar un trío con un tío por ella?
-No. ¿Qué dices? Sólo alimento su fantasía. Pero nada más.
-Yo sería más clara…-la reprendí.
-Tranquilo, en serio. Que no te voy a meter en ningún lío y más ahora que estáis tan bien Marta y tú.
-Mira Ángela esa niña tiene gestos que no me gustan. No quiero ponerme en su contra, pero al final te terminará haciendo daño.
-Déjame que sea yo quien lo decida.
-Sólo te aconsejo. Yo he metido muchas veces la pata, que no la metas tú.

Ángela se despidió de mí airada, algo molesta por mi comentario sobre Karina. No le presté más atención de la debida. Ya se le abrirían los ojos.

Cuando entré al dormitorio tenía varios mensajes en el móvil. Entre ellos de Alba y de Claudia. Con las dos tuve una conversación amistosa pero nada más allá. Con Alba había sido así desde que la sentí incómoda hablando de nuestro rollo. Con Claudia empezaba a pensar que no tenía ya nada de que hablar. Hasta me resultaba molesto guardar las formas con ella. Pero lo que tuviéramos que decirnos sería cara a cara cuando viniera en apenas unas semanas. Hasta entonces no iba a comentarle ni siquiera que estaba con Marta para no tener que dar explicaciones.

Arrancábamos la última semana de clases. Marta en la facultad se comportaba con normalidad. Incluso cuando fui a hacerle una muestra de cariño la rechazó con la excusa de que en realidad no estábamos saliendo. No sabía cuál era su motivo para no hacer totalmente público lo que nuestros amigos ya sabían pero a mí me daba igual. De todos modos me pasaba todo el día con ella y cuando había cierta intimidad sí que me regalaba sus labios o me dejaba acariciar su piel.

Además no estábamos juntos sólo en clase. Por las tardes nos íbamos a estudiar a su casa y Marta le además le había cogido el gusto a correr conmigo. La diferencia es que ahora si podía darle algún cachete en el culo o cogerla por la cinturita cuando nos deteníamos en las máquinas del parque a hacer los ejercicios musculares. Ahí ella no ponía reparo. Parecía como si su frenazo a mis muestras de cariño en la facultad fuesen un escudo por si algo salía mal entre nosotros. Yo lo respetaba. Esa fase en la que tener novia era una etiqueta que subía tu categoría ya había pasado tras los días de instituto y a mí lo que realmente me importaba era nuestra cercanía y complicidad, bueno, y que leches, y el sexo que teníamos, que aunque tras el fin de semana no habíamos echado ningún polvo no habían faltado los momentos de comernos la boca con ganas o acariciarnos cruzando la línea de lo decoroso.

De hecho no recuerdo si había sido el martes o el miércoles mientras me sujetaba las piernas para hacer abdominales terminó sentada sobre mi paquete comiéndonos la boca mientras ella sentía crecer mi churra bajo su culotte. Era un constante no evitarnos pero sin llegar a tocar nuestros sexos. Ello demostraba que nos teníamos ganas y en cuanto saltara la chispa terminaríamos en su cama como el fin de semana anterior.

El jueves de aquella semana ocurrieron dos hechos que merece la pena comentar. Por la mañana cuando bajábamos Carlota, Miriam, Marta y yo tras la última clase nos cruzamos con Karina.

-Hola, ¿qué sorpresa? ¿qué haces por aquí?- le preguntó Marta.

Tras saludarnos nos contó que había puesto un anuncio en el blog de varias facultades buscando chicos atléticos para practicar el retrato del cuerpo desnudo y que se había ofrecido un chico de nuestra facultad e iba a conocerlo para explicarle el funcionamiento de las sesiones. Marta y yo nos miramos extrañados, pues nos chocaba que algo así lo buscase una alumna de primero cuando además era costumbre que los propios alumnos de Bellas Artes pasaran para sus compañeros.

-¿Y dónde has quedado?- pregunté.
-En la cafetería.
-¿Quieres que te acompañemos?- pregunté por cortesía.
-No te preocupes, jajaja. Gracias. Ya nos vemos.- se despidió despachándonos rápidamente.

No quisimos comentar nada delante de Miriam pero aquello me olía mal después de las conversaciones que yo había tenido con Ángela De hecho, en cuanto Marta y yo nos quedamos solos sí lo hablamos aunque dudábamos sin contárselo a nuestra miga. Por un lado si aquello le afectaba nos sentiríamos mal, pero tal y como me había despachado el domingo no quería parecer que estaba intentando levantar sospechas sobre Karina. Así que acordamos sólo comentarle que la habíamos visto sin expresar lo que nos parecía.

El otro hecho llamativo ocurrió por la tarde cuando salimos a correr. Cuando estábamos en el parque haciendo estiramientos antes de empezar los ejercicios me comentó Marta:

-¿Aquella no es tu amiguita de primero?

Miré hacia donde me indicó y vi a una chica de espaldas bastante parecida a Blanca. Iba abrazada a un tío alto y fortote como Dani pero no era él.

-Perece, pero no sé decirte.
-Vamos a verla ¿no?
-No me apetece cruzarme con ella.-me excusé.
-¿No tienes curiosidad por saber con quien va?
-Ninguna…-mentí.
-Ven…

Marta tiró de mí y me hizo seguirla corriendo por uno de los caminos asfaltados del parque que iba a dar justo al lugar por donde iba la pareja. Era ella no había duda. Esa falda ajustada sobre ese culo apretado lo reconocía desde lejos pero cuando al dar la vuelta la ví de frente con su melena castaña clara ya no había discusión sobre su identidad. Marta me hizo pasar por delante de ella pero yo creía que simplemente pasaríamos para cotillear. Sin embargo al llegar a su altura se frenó de golpe.

-!Hola¡ Mira Luis, tú amiga de la facultad…

“Tierra trágame”.

-Hola, Blanca ¿qué de tiempo?
-Hola, Luis…-respondió cortada soltando al chaval.

Me fijé en el tío. Alto, bastante fuerte de gimnasio, pero rubio aunque de ojos oscuros. Yo lo conocía pero no caía de qué.

-Luis, este es Fabio.- me presentó al chaval.
-¿Luis? Claro. El famoso Luisinho. Si tú y yo nos conocemos. Nos hemos enfrentado.- dijo el tío.
-Claro. Ya caígo. Ya sé de que te conocía. Tú eres el capitán del equipo de Educación Física. Enhorabuena por la liga.
-Gracias, tío.- me respondió apretándome la mano- Viniendo de un rival como tú se agradece más.
-Bueno. Este año habéis ganado, el año que viene intentaremos recuperar el título.- contesté altivo.
-Oye, Blanca. -interrumpió Marta el subidón de testosterona- No te vemos ni por la cafetería de la facultad, ni en las últimas reuniones de los jueves después de los partidos del equipo. Como antes te llevabas tan bien con Luis.

“Joder, Marta, córtate”- pensé mientras la chica respondía:

-Bueno, últimamente estoy más centrada en los estudios. Pero si voy por la cafetería. Será que no coincidimos.
-O que buscas a otra gente a lo mejor…

“Marta, para ya” gritaba mi cabeza en silencio.

-Bueno- siguió mi chica- ¿y cómo os habéis conocido?

“Pero para ya- seguía pensando- que no tienes tanta confianza como para eso”

-Pues Blanca empezó a venir a nuestros partidos- explicó Fabio- y claro como para no fijarme en este bombón.

La cara de culpabilidad de Blanca lo decía todo. Qué cabrona. Ni Luisinho después del trío. Ni líos con Dani que era un depravado, pero me tiro al capitán del equipo que gana la liga. Hay cosas que no cambian.

-Siempre has sido muy aficionada al fútbol sala…-dije esta vez yo con ironía.
-Es verdad, es una buena seguidora.-añadió Fabio.

Nos despedimos amablemente siendo Blanca y yo los más cortados mientras que Marta tenía cierto brillito de triunfo en la mirada. Mientras hacíamos los ejercicios Marta estaba especialmente sonriente y no entendía el motivo. De hecho cuando nos pusimos a hacer mis series de abdominales notaba su mano en mi muslo más alta de la cuenta. De hecho casi me llegaba a la entrepierna. En una de las series cuando bajaba mi tronco noté que su mano se colaba por el pernil de mi calzona hasta el paquete. No me lo esperaba y dí un respingo.

-Jajajaja- reía Marta.
-¿Qué haces?
-Te has puesto cachondo de ver a tu zorrita…
-Pero ¿qué dices?
-Te gustaba cuando te la comía en la facultad ¿verdad?
-Marta. Pasa de eso…
-Sí la tienes dura y todo…-comentó sobándome la polla por encima del calzoncillo.
-Porque me ña estás sobando tú…

Marta coló su mano por el calzoncillo agarrándome la polla.

-Estate quieta que nos van a ver…
-No me importa que reconozcas que te pone la zorrita, Luis.
-Que no me pone. Que me lie con ella porque no estaba con nadie y se me ofreció…como a Dani y ahora al Fabio ese…me buscó ella.

Marta no atendía a lo que yo le pedía y sin miramientos me sacó la polla por el pernil y empezó a masturbarme.

-Marta por favor…
-¿No te pone?
-Me pones tú…¿Quieres ser cómo ella?
-¿Quieres que sea tu zorrita?
-Quiero que seas mi chica.
-Pero te gustan las zorritas…
-¿Quieres ser cómo ella?
-Para ti sí…

Que le den por culo a todo. Y si nos ven que nos vean. Poniéndome serio le dije:

-Si quieres ser como ella ya estás tardando en comerme la polla…

No sé que avenate le había dado a Marta al ver a Blanca pero sin pensárselo y a pesar de que cualquier que fuese en ese momento a hacer ejercicios a aquel rincón del parque podría vernos empezó a comerme la polla con ansia, mamando profundo pero más rápido que de costumbre y con un buen masaje de pelotas. De forma que en apenas 3 o 4 minutos le estaba llenando la boca con mi lefa.

Cuando terminé se levantó con cara de traviesa y escupió mi semen enjuagándose la boca en una fuente cercana. Me dejó sin palabras y sin entender por qué se había comportado así. Pero era evidente que había sido una reacción tras ver a Blanca.

La mamada en el parque me había dejado satisfecho pero descolocado. ¿Qué le había pasado a Marta? ¿Celos? Ella no era así, o al menos nunca se había comportado así conmigo. Pero ¿celos de Blanca? ¿Si llevábamos sin vernos casi dos meses y yo no había hecho por encontrarla? Me había quedado tan cortado que salvo un par de besos cuando me levanté de la tabla de abdominales y un cachete en el culo de Marta no fui capaz de hablar con ella sobre lo que había pasado. La despedida en su casa se saldó con un beso y un simple hasta mañana. Quizá ella también estaba cortada por su reacción.

Como fuere a la mañana siguiente ambos aparentamos normalidad, o mejor dicho nuestra nueva normalidad en la facultad, de buenos amigos que se enrollaban en la intimidad. Pero las cosas nunca ocurren solas. Casualmente no había visto a Blanca en todo ese tiempo y ¡zas! Allí estaba buscándome en la cafetería al día siguiente y además estaba buscándome. Sólo me dijo que tenía mucha vergüenza pero que necesitaba hablar conmigo. Quedé con ella en tomar café después de comer.

-¿Qué querrá esa ahora?- me preguntó Marta cuando me despedí de Blanca.
-Querrá disculparse por algo. ¿Quieres acompañarme?
-¿Qué dices? Lo que tengáis que hablar es cosa vuestra…
-Como ayer te pusiste de esa manera…-dije con picardía.

Marta se puso colorada. Esa sí era mi Marta. Así que continué:

-…y me dijiste que ahora tú eres mi zorrita…lo mismo me dan ganas de ponerte a cuatro…
-Calla, loco…que nos van a oír…
-Vaya, ahora te da la vergüenza que no te dio ayer.
-Esto lo hablamos a solas tú y yo…- zanjó la conversación retirándose lanzándome una mirada avergonzada a la vez que pícara que me dejó descolocado.

Marta apenas me habló el resto de la mañana y en la comida se comportó con nuestra nueva normalidad de clase. Me despedí de ella quedando en que después de tomar café con Blanca me pasaba por la residencia a ponerme la ropa de deporte antes de ir a su casa para echar la tarde de estudio e irnos juntos a correr. Aunque era viernes ya estábamos en modo estudios.

Llegué a la cafetería donde había quedado con Blanca. Al poco llegó ella con una sonrisa triste.

-¿Qué tal estás?- pregunté levantándome de la silla para recibirla.
-.Muy bien, Luis. Gracias.
-Bueno cuéntame. ¿Qué te pasa?
-Me da vergüenza pedirte algo después de lo mal que me he portado contigo.
-¿Conmigo? No tengo esa sensación.- respondí quitando importancia.
-Sé que después de la encerrona que te hicimos Dani y yo nos has evitado.
-Bueno y tú a mí…

Blanca bajó la cabeza.

-…pero ya tampoco estás con Dani, sales con Fabio ¿no?

Blanca asintió con la cabeza volviendo a mirarme. Quise saber qué había pasado entre ellos y se lo pregunté:

-Luis, Dani es un cabrón. No le importamos una mierda y sólo piensa en el sexo.
-Lo sé…bueno, y tú también lo sabías y aún así te pegaste a él y le seguiste el rollo.
-Pero no te puedes imaginar cómo es en realidad.
-Perfectamente. Pero no te voy a dar detalles.-expliqué.
-Luis ¿sabes por qué montó el trío?
-Me lo puedo imaginar, pero si tú me lo cuentas mejor.
-Él sabía que tú y yo nos liábamos. Entonces una noche en su apartamento estábamos follando y me la quiso meter por detrás. Le dije que ni loca, que yo nunca había hecho eso y menos con su polla enorme. Me cerré en banda. Primero se cabreó pero después se le ocurrió un plan. Tú me abrirías el culo delante de él para que yo viera que no era tan difícil. Como tú la tienes más…
-Vale, va. Que ya lo pillo.
-Pues eso. Te utilizó para eso.
-Eso lo suponía. Pero te equivocas en una cosa.

Blanca me miró extrañada así que la saqué de dudas:

-Él me utilizó pero tú también. Te dejaste llevar por él sin importarte meterme en medio. Eres tan culpable como él. Pero no te preocupes que yo no te lo tengo en cuenta. Dani y yo hemos tenido lo nuestro y sé como es. Lo suyo es una adicción más propia de un psicólogo que de nosotros. Así que por eso no te preocupes. Aléjate de él y punto. Así que no me marees y dime realmente por qué después de cruzarnos ayer hoy has querido verme.

Blanca puso esa mirada de niña caprichosa a la que no le dan su regalo y me dijo algo contrariada:
-Bueno, había pensado que como en el primer cuatrimestre me había ido tan bien, si me querías dejar tus apuntes.
-¿Era eso? ¿tanta historia para eso?

Asintió avergonzada y yo le dije:

-Para pedirme esos apuntes no necesitabas tanto compungimiento. Podías habérmelo dicho esta mañana en la facultad.
-Ya, pero me daba vergüenza delante de tu novia y tal. ¿Ella sabe lo nuestro?
-Ella lo sabe todo. Sabe que nos liábamos. Y no somos novios.
-Pero os liáis.

La miré extrañado y me contestó:

-Luis, ninguna chica va al parque a ver como un tío hace ejercicio si no es para pillar cacho.
-No todas son así, Blanca.
-No será así pero se nota que os liais. Te vigila en la facultad.
-Ya ves como me vigila, que he quedado contigo y ella lo sabe.
-Bueno…tú verás…

Quedamos en que le daría los apuntes en la facultad y nos despedimos con cierta frialdad. Cada día me daba más cuenta de que Blanca se comería muchas pollas para conseguir sus propósitos, no tenía escrúpulos cuando quería conseguir algo. Incluso si yo le hubiese ofrecido mis apuntes a cambio de sexo. Estaba tan enferma como Dani, pero ella lo ocultaba convirtiéndolo en interés. Me daba cuenta de que su inocencia cuando vino a buscarme a principio de curso era fingida. Pero ya no me lamentaba de lo ocurrido. Yo me había dejado llevar por el afán de meterla en caliente y todo lo ocurrido con ella y con Dani en parte estaba provocado por mi propia actitud.

Pese a todo mi ángel de la guarda me cuidaba y terminaba saliendo bien parado de mis líos. Mira que la había cagado con Nieves y con Blanca y Dani, pero al final mi buena estrella me deparaba algo tan positivo como tener a Marta de nuevo conmigo. Y es que había una gran diferencia entre Blanca y yo. Ella utilizaba el sexo para conseguir otros objetivos. No era casual que ahora estuviera liada con el tal Fabio. Evidentemente buscaba la notoriedad que no tenía conmigo y que ya tampoco podría conseguir con Dani. Su cabreo con él seguramente no venía de las supuestas vejaciones a las que se pudo ver sometida, sino sobre todo a que ella las aceptó esperando conseguir algo que no tenía. Y ahora cargaba contra él.

Yo en cambio era el más tonto de los tres. De aquello no sacaba nada más que algún polvo. Yo con ellos no había tenido otro objetivo. Por eso me sentía mal después. El sexo para mí tenía mayor trascendencia de la que ellos le daban. Necesitaba sentir algo más que el puro deseo de satisfacer mis bajas necesidades. Para Dani el sexo era una necesidad permanente llevándole a situaciones comprometidas. Para Blanca era el instrumento para conseguir sus objetivos. El problema es que para mí no era nada de eso y sin embargo había acabado enredado con los dos y todavía no conseguía escabullirme del todo.

Pero Marta era quizá mi ángel de la guarda que me había salvado con un beso en un tren. El sexo con ella sí tenía trascendencia. No era follar por follar. Era compartir y disfrutarnos mutuamente. Y podíamos tener el mismo morbo pero el uno para el otro. Esa sensación de comunión con la otra persona en la cama sólo la había tenido con Claudia y con ella.

Y hablando de ella. Después de nuestra conversación por la mañana y la mirada que me lanzó tras decirle que la quería poner a cuatro me tenía caliente desde entonces. Así que tras pasar por la residencia a cambiarme cogí la mochila y me fui para la casa de Marta. Pero antes de llegar entré en una farmacia. El Luis que se avergonzaba de comprar condones meses antes y aguantó cabizbajo la reprimenda de una farmacéutica por comprar la pastilla del día después estaba explicándole ahora a otra farmacéutica los problemas del Ph del chochito de su chica para comprar una crema lubricante correctora de la acidez…

Llegué a casa de Marta aparentando normalidad. Yo iba muy valiente con la cremita lubricante, que por cierto, me había salido por un pellizco, pero al llegar a su dormitorio para empezar a estudiar no sabía como plantear el tema. Hasta empezaba a pensar que a lo mejor le molestaría que me hubiese tomado la libertad de comprarle el medicamente. Así que hasta llegué cortado.

Marta andaba ya con ropa de deporte pensando en que saliéramos más tarde a correr. Estaba monísima con unos culottes cortitos y su sujetador deportivo dejando su piercing perfectamente visible. Ya estábamos de exámenes y habíamos decidido que saldríamos sólo los sábados. A diferencia de Claudia, que se encerraba a estudiar y no había más vida que esa, Marta era de la opinión de que había que salir y descansar del estudio aunque sin abusar para estar al día siguiente concentrado.

Solté mi mochila en el suelo de su dormitorio y me senté en la silla del escritorio tras dar un pico de saludo a Marta. Era una sensación rarísima, pies estaba a la vez cortado, cohibido y excitado con la polla morcillona pensando en que le diera por ponerse como la tarde anterior.

Como yo no decía nada pues su curiosidad femenina tomó la iniciativa:

-Bueno. ¿Qué tal? ¿Qué quería la niña con tanto misterio?
-Pues básicamente decirme que Dani es un capullo…
-…algo que ya sabíamos- me interrumpió mi chica.
-…y pedirme los apuntes.
-Jajajaja. Será zorra. De tonta no tiene un pelo. ¿Y qué vas a hacer?
-Pues le he dicho que paso de ella y de Dani y que no tengo problema en dejarle los apuntes. En realidad no son míos, son mayoritariamente de María…que se los llevo a la cafetería de la facultad.
-Y no se te ha insinuado ni nada como premio por tu ayudita…
-No. Y eso que voy bastante cachondo…

Marta arqueó una ceja y se notó cierta preocupación en su rostro así que la tomé de una mano y tiré de ella hasta sentarla en mis rodillas. Ella se dejó mover quedando de lado a mí pero muy cerca nuestras caras.

-…pero voy cachondo por cierta charlita con una zorrita esta mañana…

O me da una hostia o triunfo…Entonces noté su mano apoyarse en mi paquete con mi polla morcillona.

-¿No será por la zorrita que acabas de ver?- respondió tornando su cara a pícara.
-Estaba deseando despacharla para venir contigo…-le dije ya lanzado mientras tiraba de su top para sacárselo por los brazos.

Marta colaboró dejando que la desnudara y cuando solté la prenda en la cama terminé mi frase:

-…echaba de menos a mis morenas…
-Jajajaja. ¿Y quienes son tus morenas?

Bajando mi cabeza hasta sus pechitos besé sus pezones diciendo:

-Ésta y ésta…

Marta se estremeció y yo me lancé a chupar sus pezones haciendo ostentosos gruñidos guturales de aprobación.

-¿Y qué charlita es esa?- preguntó mimosa separando mi cara de sus pechos para sacarme la camiseta que llevaba.
-La que te dije que te iba a poner a cuatro…

Entre besos y algún suspiro seguíamos hablándonos y acariciándonos. Pero mi seguridad se tambaleaba porque no respondía a mi propuesta. Por fin respondió:

-¿Y crees que me va a apetecer?
-Anoche me dijiste que ibas a ser mi zorrita…
-¿Y eso te gusta?- preguntó mordiéndome el labio inferior.
-A mí contigo me gusta todo…si quieres este juego, yo juego. Pero sea en plan zorrita o como sea lo que me apetece es ponerte a cuatro…o como tú quieras que te ponga.-balbuceé.

Marta se apretó contra mí besándome con ganas mientras mi mano se apoderaba de uno de sus pechos.

“A ver que me dice del lubricante” pensé justo antes de tomarla por las piernas para llevarla en volandas a la cama a escaso metro y medio de distancia de la silla donde habíamos empezado a enrollarnos. La deposité con cuidado en la cama mientras me miraba con los ojos brillantes. Me agaché para sacar la caja que contenía el bote de lubricante mientras Marta me observaba curiosa y se le di.

-¿Qué es esto?- preguntó.
-Es una crema para corregir el ph del flujo vaginal…- respondí dubitativo.
-¿De dónde has sacado esto? Jajaja.
-De la farmacia…
-Jajajaja, Luis, me parto contigo. ¿Y cómo se lo has pedido al farmaceútico?
-Farmaceútica…pues, he dicho que mi novia tenía acidez en el flujo vaginal y que se le irritaba después de hacer el amor.
-Que fino, jajajajaja…
-La señora me ha explicado varios productos y al final me ha dado esta crema. Se pone en el chochito antes de hacerlo y si notas alguna irritación después también. Corrige la acidez, lubrica y calma…
-Jajajaja. Que bien te lo has aprendido. Ven quítate lo que te queda de ropa y vamos a probarlo.

Obedecí con ligereza haciendo que mi nabo tieso saltara fuera del calzoncillo mientras ella se quitaba el culotte deportivo. Con mis parejas siempre he valorado estos momentos de complicidad. Su problema se había convertido en mi problema. Yo había planteado como solucionarlo y ahora los dos juntos lo íbamos a probar. Y todo con la naturalidad que tanto me gustaba. Marta flexionó las piernas abriéndolas. Yo me senté a su lado comprobando como se echaba un poco de la crema abriendo sus labios vaginales que ya estaban previamente húmedos por el lote que nos habíamos dado en la silla.

-Me estoy poniendo cardiaco viéndote…¿Notas algo?
-Está fría…me da un poquito de escalofrío.-respondió extendiéndose la crema por sus labios menores sin pudor ninguno ante mi mirada.-Uyuy…ahora lo noto más calentito, joder, jajajaja….
-¿Qué pasa?
-Que noto un calorcito que no veas, jajajaja y me estoy empapando.
-¿Estás lista entonces?

De nuevo Marta me sorprendió y se incorporó poniéndose en posición de perrito en la cama a mi lado y con voz mimosa me dijo:

-¿A qué estás esperando?

Por supuesto le comí la boca sobándole un pecho y el culo antes de ponerme de rodillas en la cama. Sin dilación acomodé mis piernas para quedar a su altura y le rocé la churra por la raja haciendo que se estremeciera. Apoyé el glande en su entrada y la colé despacio aunque se deslizó con tremenda facilidad. Estaba lubricadísima. Marta gimió soltando el aire de sus pulmones.

-Ay, ay, estoy muy sensible…
-Qué caliente estás…casi me quemas…-dije empezando un suave movimiento de caderas para rozar mi nabo por todo el interior de su coño.
-Mmmmmmm, Luis. Uff, de verdad, como te siento…

No dije nada más y agarrándola por las caderas empecé a penetrarla con algo más de ímpetu. Marta gemía y yo me sorprendía de como entraba mi polla en su chocho y la sensación de calor que desprendía.

-Mmmmm, ay Luis….

ufffff

La silenciosa Marta no podía evitar comentar. Eso hizo que me viniera arriba y empezara a bombear como loco. A ese ritmo no iba a durar nada y más con el calor que trasmitía su chocho a mi polla. Menos mal que me había vaciado los huevos la noche anterior.

Marta gemía con mis embestidas mientras apoyaba la cabeza en la almohada y sus tetitas rebotaban a cada pollazo que le daba. Madre mía, llevaba todo el día soñando con ese momento y allí estaba dándole caña a cuatro como si no hubiera un mañana. Tuve que frenar varias veces porque me iba a correr en nada pero Marta estaba como en éxtasis y me pedía entre gemidos y con la voz más alta de lo habitual que no parara.

Sin embargo, sorprendentemente fue ella la que empezó a temblar como no la había visto antes con un gemido gutural muy profundo a la vez que sentía como si se estuviera meando empapándome las pelotas y los muslos. Mi chica se estremecía y temblaba. Yo no podía ver su cara pero las contracciones de su chocho y el temblor de sus piernas me decían que estaba teniendo un orgasmo muy intenso. Tanto que se escurrió quedándose tumbada boca abajo con la respiración entrecortada. Yo estaba apunto así que me agarré la polla y empecé a sacudírmela con fuerza. En menos de un minuto estaba soltando chorros sobre el culo y la espalda morena de mi chica entre gritos y con unas contracciones que también hacía mucho que no recordaba.

Cuando me fui relajando me di cuenta que había dejado a Marta totalmente pringada así que sin pensármelo salí corriendo al baño totalmente desnudo sintiendo todavía punzadas en mi churra tiesa. Cogí el rollo de papel higiénico y cuando cruzaba por el pasillo es cuché aplausos y gritos de “Bravo…”. Era Silvia que estaba en el salón. Sin cortarme un pelo me volví hacia ella, hice una reverencia y regresé al dormitorio a limpiar a Marta.

Limpié la espalda y el culo de Marta que seguía relamiéndose del reciente orgasmo. Cuando terminé se dio la vuelta ofreciéndome su boca que tomé gustoso.

-Uffff, Luis. Ha sido increíble. La crema esa es mágica, jajaja. Me ha entrado un calor por dentro que no veas. Bueno, y la caña que me has dado…nunca había echado un polvo así.
-A mí me ha pasado igual. Te notaba supercaliente por dentro y ha sido todo, increíble…bueno y ese culito que tienes que me vuelve loco.- respondí entre caricias a la parte nombrada de su cuerpo.

Me tumbé junto a ella y ella se echó en mi pecho mientras seguíamos comentando la jugada. Mi polla no había llegado a bajarse del todo y se mantenía en un estado de expectación morcilloide lista para volver a entrar en acción cuando hiciera falta. Pero Marta en cambio estaba totalmente relajada echada en mi costado acariciando mi pecho. No me pude aguantar y se lo dije:

-Marta…
-¿Qué?
-No te lo vas a creer. Pero sigo caliente…
-Jajajaja. ¿No has tenido bastante?
-Nop, jajaja…
-Luis, verás, es que no quiero abusar. Vamos a probar con la crema que tal va y si funciona bien, pues ya lo hacemos más seguido, si te parece…

Afortunadamente no pudo ver mi cara de decepción mientras le respondía que “por supuesto…”

Para cambiar de tema le dije:

-Silvia está en el salón, me ha visto pasar en bolas y empalmado y nos ha aplaudido. Vamos que se ha enterado de todo.
-Ya me tocaba ¿no? Que no veas las noches que me han dado los dos follando como conejos…Pues nada que se alegre la vista pero que le quede claro que esta churra es mía y no suya, jajaja.
-No la nombres que se viene arriba…
-Jajajaja. Ains, me da cosita por ti, Luis. Pero es que no me atrevo a forzar. ¿Quieres que te la chupe?
-No,no. Bueno sí. Bueno, que me encanta, pero que así no. No quiero forzarte y además es que lo que me apetece en realidad es metértela otra vez…
-Bueno, si la crema va bien…te prometo que esta cosita se va a pasar mucho rato en mi chochito…
-No lo nombres…que es muy susceptible y lo va a querer buscar…
-Jajajaja. Luis, de verdad.

Nos besamos y volvimos a la postura con su cabeza en mi hombro y su mano en mi pecho. No quiero ser repetitivo, pero me encanta que me acaricien el pecho. La postura me permitía tener un brazo por debajo de su cuerpo acariciando su culo, amasando sus nalgas e incluso colando mi dedo entre ellas con cuidado de no llegar a su chocho y que interpretara que la estaba empujando a follar otra vez. Pero ello me dio una idea.

-Oye Marta…
-Dime.
-¿Esa crema servirá también para lubricar otros sitios?
-¿En qué estás pensando?

Puff. A ver como se lo digo que no piense que soy un guarro, un salido o que sólo pienso en follar, aunque en ese momento era en lo único que pensaba.

-Pues…que a lo mejor no podemos hacerlo por tu chochito, pero…

No sabía como continuar pero ella se me adelantó.

-Luis, yo nunca he hecho eso…
-¿Y no te gustaría probar?
-No sé. ¿Tú sí?
-Yo sí lo he hecho…
-No te voy a preguntar con quien aunque puedo imaginármelo. Pero, ¿no le duele a la chica?
-Si se hace bien, no. Bueno, no te voy a engañar. La primera vez que lo hice pues le dolió a la chica porque fui un poco bruto. Pero después no.
-Y la chica ¿disfruta?
-Si se hace bien sí.
-Ufff, no sé Luis. Me da miedito.
-Olvídate, era sólo una ocurrencia. Es que tenerte aquí y no….jajaja. Perdóname, no sé que me pasa hoy…
-Que estás caliente desde esta mañana, jajaja…

Nos quedamos un momento en silencio en la misma postura. Con mi mano en su culo y la suya en mi pecho, pero sin esperármelo su mano bajó agarrando mi polla morcillona y aun algo morada tras el polvo anterior y empezó a jugar con ella, amasándola y descubriendo mi glande, rozándolo con su dedo comprobando que seguía bastante sensible. Evidentemente me empalmé pero no dije nada. Ella seguía sin cambiar de postura pero ahora acariciaba mi nabo tieso. ¿Qué estaría pensando?

Yo seguía sin decir nada pero su mano ya abiertamente me pajeaba. Agarraba su culo con más gana. Me estaba masturbando. Iba a decirle que no era necesario pero había salido de ella y yo seguía caliente. Además al poco bajó su cabeza y empezó a lamerme una tetilla provocándome una sensación de bastante sensibilidad en el pezón y teniendo como efecto que yo elevara ligeramente las caderas adelantando mi polla.

Lo curioso es que yo estaba en silencio mientras que era Marta la que lanzaba gemiditos gatunos. Me moría de ganas de tocarle la raja pero no me atrevía. Me gustaba como jugaba con su lengua y labios en mis pezones como una gatita mientras me pajeaba con constancia. Joder que ganas tenía de ponerla otra vez a cuatro como hace un momento pero no iba a abusar, la chica se estaba esmerando en buscar mi placer sin pedir nada a cambio. Su mano subía y bajaba por el tronco de mi polla y de vez en cuando descansaba pasando el pulgar por mi glande provocándome punzadas de placer que yo reconocía ya con gemiditos agudos.

Nada que ver con la torpeza de Alba. ¿Cómo se me podía venir a la mente en ese momento? La manía de comparar. Qué distintas las dos. Y ambas me gustaban. Más complaciente Marta, seguramente por más experimentada. Pero Alba ya era pasado. Había sido una aventura bonita pero Marta, pese a haber estado siempre a mi lado, había dado un gran salto, y yo me concentraba en ella. De la misma forma que ella se seguía concentrando en mi placer con su paja y su boca paseándose por mi cuerpo.

Lástima de polvo perdido, porque Marta llevaba un buen rato meneándomela de diferentes maneras besando mi cuello, pecho y abdomen, y mi corrida no terminaba de llegar. Claro era la tercera en menos de 24 horas y comparada la paja con el polvo de un rato antes a mi cuerpo le parecía poco. Pero aun así me gustaba que me la meneara en silencio. Con la mamada del día anterior me había corrido en escasos 5 minutos, efecto del morbo, el polvo había sido corto, calculo que de unos 10 minutos. Evidentemente ahora iba a tardar más. Pero ella seguía a lo suyo.

Se cambió de mano varias veces lo que le permitió agarrarme las pelotas como el día anterior. Ese gesto aceleraría mi orgasmo. Pero aun así no llegaba. Yo mismo empezaba a impacientarme por si mi chica se cansaba, pero no me atrevía a decírselo para que no se sintiera forzada a chupármela, por ejemplo. De hecho, ella parecía disfrutar besando mi torso y especialmente jugando con mis pezones que reaccionaron erizándose. Yo hacía rato que había dejado de sobar su culo y prefería agarrarle una teta jugando con su pezón durito.

Ahora sí mis dedos de los pies empezaban a doblarse como preludio de que el orgasmo se acercaba. Mis caderas se agitaban más rápidamente y ella misma se dio cuenta acelerando el ritmo con que su mano subía y bajaba deslizándose fácilmente por mi polla que aun seguía lubricada por la crema. Era cara pero parecía buena. Empecé a avisarla:

-Marta, Marta…

Por fin habló:

-Estás caliente, pero tu niña te va a bajar el calentón, verdad…mmmm, me encanta tu polla Luis. ¿Me vas a dar tu lechita?
-Ay, Marta que viene…que viene…

Entonces en un impulso empujé su cabeza hacia abajo haciendo que se metiera mi glande en la boca. Eso hizo que soltara mi churra con su mano pero la bajó a mis pelotas apretándolas casi haciéndome daño. Yo presionaba su cabeza para que no la levantara dejando que entrase gran parte de mi nabo en su boca en el momento en que empecé a soltar chorros de semen hacia su garganta. Mi chica apretó la cara con gemidos agudos…

-Mmmmmmm, mmmmmm

…a la vez que no dejaba de chupar. Yo descontroladamente no dejaba de asentir:

-Sí, sí….síiiiiiiiii

Hasta que vacié mis huevos relajándome. Marta no soltaba mi polla. Se estaba tragando mi semen. Lo que más me llamó la atención fue que se quedó como en trance durante unos momentos como si ella hubiera tenido también un orgasmo. Viendo que seguía así echada en mi bajo vientre acaricié su pelo y su espalda hasta que ella quisiera levantarse. Se quedó un buen rato, ambos en silencio, hasta que Marta se incorporó y me besó con una sonrisa pícara.

-Hoy sabías raro….tiene que ser la crema. Voy al baño.

Se fue al baño y regresó a los pocos minutos. Se sentó a mi lado acariciándome como solía y poniéndose seria me dijo:

-¿Quieres salir a hacer ejercicio o nos ponemos por fin a estudiar?

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