ALMUTAMID

Me desperté con frío pues Marta y yo nos habíamos quedado dormidos totalmente desnudos. Fui a taparme pero tenía una pierna de Marta sobre mi muslo. Con cuidado para no despertarla levanté el tronco y atrapé la sábana. Conseguí tirar de ella hasta taparnos a los dos. Marta se movió ligeramente agarrándose a mi pecho inconscientemente como si incluso dormida no quisiera soltarme. De hecho cruzó más la pierna que ya tenía sobre mí alcanzando mi otra pierna. Me tenía atrapado. ¿Sería una metáfora de sus sentimientos?

Necesitaba saber qué había entre nosotros. Mi planteamiento se había derrumbado en una semana. Mi idea de retomar con Alba lo que habíamos dejado pendiente en Feria ya no era válida. Marta se había cruzado por medio de forma imprevista. Y no me disgustaba. Quizá tenía idealizado el tiempo que salí con ella el año anterior, pero en mi recuerdo era uno de los mejores momentos de mi vida. Esa personita nunca había dejado de gustarme. Yo la había tenido todo este tiempo a mi lado con mis líos en la cabeza sin darme cuenta de que ella estaba por mí pero que estaba respetando mis tiempos. Pero ¿por qué ahora se había lanzado? ¿Miedo al regreso de Claudia y perderme definitivamente? Ángela…eso es. Ángela le había contado lo mío con Alba y eso habría sido definitivo para ella, para lanzarse a por mí.

No. Me estaba yendo demasiado lejos. Fue mi beso. Eso fue lo que despertó en ella algo que creía tener dormido y no pudo resistirse. Por eso me había estado provocando con el topless o venir a correr. Y viendo que yo no daba el paso lo dio ella. Eso podría ser. Aunque lo mejor sería que ella me lo contara. Pero dudaba que fuese a ser así. Al menos me tendría que decir cuáles son sus intenciones, porque yo estaba desconcertado pero admito que a la vez entregado. ¿Revivir nuestra primera relación? ¿Por qué no? Ya no había ninguna María que la jodiera. Nos conocíamos mejor y éramos más conscientes.

Yo estaba sumido en esos pensamientos cuando Marta se movió de nuevo subiendo su muslo tanto que tropezaba con mi erección matutina que hoy no tenía miedo de que descubriera. Pareció desperezarse pero seguía con los ojos cerrados. Sin embargo, la mano que se agarraba a mi costado empezó a bajar por mi vientre y sin esperármelo me agarró la polla. Me pilló tan desprevenido que me sobresalté.

-Siempre te despiertas contento…-me dijo Marta sonriéndome al abrir sus ojos.
-Y ahora más.

Marta me soltó la polla y se agarró a mi costado de nuevo mientras yo le ofrecía mi boca que tomó en un beso breve.

-¿Qué tal has dormido?- le pregunté.
-Muy bien. No me importaría repetir…
-¿Dormir?
-Todo…

Entonces me puse serio y dije:

-Marta, ¿qué somos? ¿Qué estamos haciendo?

La chica bajó la mirada a mi pecho mientras jugaba con mis tres pelos y suspiró fuerte diciendo:

-A ver Luis. Creo que podemos ser sinceros y que no tenemos nada que esconder. Quieres saber si estamos saliendo ¿no?

Asentí.

-¿Tú quieres?-me preguntó.
-Yo ahora mismo estoy a lo que tú quieras…
-Luis. Yo lo he pasado muy mal por ti. Ya sé que no tuviste la culpa y además recibí mi merecido cuando empezaste a salir con Claudia. No me lo he perdonado, pero ya me tenía que aguantar. Te he visto salir con Claudia, enrollarte con la niña esa de primero y todo estando al lado tuya siempre y escuchándote tus líos, tus historias…
-Ya…
-Déjame seguir que ya lo suelto todo.
-Vale…
-Y cuando yo ya pensaba que tenía que olvidarme de ti, que tenía que pasar página y probar algo diferente vas y me sueltas un beso en el tren. No te voy a preguntar por qué lo hiciste, pero desde luego despertaste algo en mí. Evidentemente no era lo mismo para ti. Después no hablaste del tema, volviste a la normalidad que teníamos antes pero cada vez pasábamos más tiempo juntos. Le he dado muchas vueltas. Anoche te lo reconocí. No he estado con nadie después de ti. No me apetecía. Pero me he dado cuenta de que no puedo tenerte tan cerca y que esto no pase.
-Pero no me has respondido, Marta.
-Espera.- dijo tapándome los labios con su dedo- Luis. Te quiero mucho. Me gustas mucho. Te conozco muy bien. Te he provocado varias veces y no has dado el paso así que lo tuve que dar yo temiendo que me rechazaras y no lo has hecho. Pero estamos en mayo. Nos separamos en junio. No quiero llevarme otro disgusto y no te estoy echando la culpa. Quiero estar contigo, estudiar juntos, oye, y creo que lo de anoche no estuvo mal. Después de tanto tiempo me supo a gloria desde luego.
-Y a mí…
-Pero Luis, no quiero comprometerme. A lo mejor es un error. No sé por qué carajo me fui a enamorar de ti, pero te conozco tanto que no puedo estar demasiado lejos de ti, pero a tu lado tengo miedo. Y he decidido que no me importa, que quiero disfrutar de ti, de nosotros y que si después no sale bien que no nos echemos la culpa por no intentarlo. Si de verdad tenemos algo más que un rollo entre dos amigos el tiempo lo dirá, pero ahora no quiero comerme la cabeza. Eres mi amigo, te quiero mucho y quiero pasármelo bien contigo. ¿Sigues pensando que lo que yo quiera?
-Pues me has dejado sin palabras…-respondí pasando mi mano por su espalda para abrazarla.

En realidad es que no sabía que decir. Me había dicho algo precioso a la vez que me rechazaba. Bueno, no me rechazaba pero no se comprometía. Joder, el sueño de cualquier tío pero a mí me acababa de dejar planchado. No me juzguéis. Hace una semana estaba por Alba y ahora me planteaba retomar mi relación con Marta y me acababa de tumbar ofreciéndome dar a nuestra amistad el aliciente del sexo. Si me lo dice hace un mes lo habría descartado, hace una semana ni me lo habría imaginado. Y ahora me parecía poco. Se habían despertado todos los sentimientos que tenía hace un año como si hubiera cerrado un gran paréntesis.

-Luis, no te lo tomes tan mal. Pensé que querías lo mismo.
– Marta. Con total sinceridad no sé lo que quiero. Bueno sí. Quiero, quiero…

Marta me miraba expectante mientras yo terminaba de decidirme entre una respuesta profunda o quitarle hierro al palo que en realidad me acababa de dar. Y por fin dije:

-… quiero comerme esa barriguita!!!!

Y apretándola contra mí empecé a hacerle cosquillas en la barriga hasta que termínanos comiéndonos la boca con ansias, como si lo dicho hubiera puesto en peligro las ganas que nos teníamos.
En pocos segundos estaba mi polla otra vez en su mano y la mía en su culo. Mientras nos metíamos mano no dejaba de pensar que no tenía que lamentarme por nada. Todo lo contrario. La chica con la que me estaba dando el lote era una preciosidad de 20 años, amiga, compañera, buena estudiante y muy trabajadora, y encima me reconocía que estaba enamorada de mí desde hace un año. Su desconfianza hacía mí la había superado a fuerza de conocerme y ella misma era la que había dado el paso a… ¿no tener nada conmigo? Pues para no tenerlo bien que se había montado encima de mí cabalgándome mientras me miraba fijamente a los ojos apoyando sus manos en mi pecho.

Estuve a punto de preguntarle cuánto había echado de menos mi polla mientras se la clavaba ella misma elevando su culo para dejarlo caer, pero pese a todo lo expresado me faltaba esa confianza en ese momento. No quería hacerle creer que lo ¿nuestro? era exclusivamente sexual. Así que me limite a darle más caña. Tomé sus brazos para que se recostara en mi pecho y flexionando mis piernas empecé a taladrarla sin piedad a buen ritmo.

Mi buena forma física y lo caliente que se había despertado Marta después del primer asalto de la noche hicieron que empezara a notar que su orgasmo llegaba por lo que insistí con la percusión rítmica hasta que su aliento en mi cuello y sus uñas en mi hombro me indicaron que su orgasmo había llegado dándole descanso a mis piernas. Busqué su boca con la mía con gran intercambio de babas mientras mi polla aun se deslizaba dentro y fuera de su empapado coño hasta que Marta me rogó que parara.

Nos quedamos abrazados un buen rato con su cuerpecito sobre el mío hasta que mi polla fue perdiendo fuerza y se resbaló fuera de su chochito. Entonces mi ¿chica? me preguntó:

-No te has corrido ¿Quieres correrte?
-No importa..
-¿Cómo que no importa? No me voy a conformar con que yo lo pase bien.
-Te aseguro que no podría estar pasándolo mejor…
-Yo sé lo que tú quieres…-dijo Marta justo antes de empezar a lamerme el pezón haciendo círculos con su lengua.

Pese a haber pedido gran parte de su fuerza mi polla se hinchó de huevo pegándose a su entrepierna lo que hizo que Marta riera con expresión traviesa. Se dejó resbalar hacia abajo por mi cuerpo refregándose mi polla por el vientre y el pecho hasta que se quedó sentada sobre mi pierna con sus piernas encogidas y el culo en pompa dejado que la sábana se resbalara al suelo dejándome totalmente desnudo y expuesto con el mástil enhiesto.

-Luis quiere mamadita…jajaja.

Me sorprendió su desparpajo. Notaba a Marta cambiada. Diferente. Más traviesa y decidida que hace un año. Pero antes de llegar a plantearme qué notaba diferente en ella su lengua ya repetía los círculos que me había hecho en el pezón sobre mi glande mientras sujetaba con su mano mi nabo. Después del polvo estaba muy sensible por lo que la chica no iba a tener que esmerarse demasiado para conseguir su objetivo de ordeñarme.

De hecho, me atreví con mi mano a presionar ligeramente su cabeza y ella obediente se tragó mi churra casi entera. Ya no me acordaba de su forma de mamar que tanto me había impresionado la primera vez. ¿Cómo una cabecita tan pequeña podía tragarse una polla de esa manera y retenerla un instante en su garganta sin ahogarse? Pero allí estaba yo disfrutando de nuevo un año después de esa forma de comer polla que Marta magistralmente aplicaba. Se tragaba mi falo casi entero, lo aguantaba unos segundos en su garganta y la soltaba dejando sus labios presionados sobre el glande mientras su mano recorría el tronco.

No oculté mi placer gimiendo cada vez que mi polla tocaba fondo. Pero ya digo que tras la caña que yo le había proporcionado unos minutos antes no necesitaba mucho para empezar a soltar lefazos. Y la mamada de campeonato que me estaba regalando así lo certificaba, pues tras 4 o 5 mamadas profundas seguidas de su pajeo de descanso mi polla lucía tan hinchada, morada y brillante que anunciaba mi inminente corrida. Por supuesto, aunque Marta ya había probado mi semen avisé para que ella decidiera qué hacer. Marta dejó sus labios pegados a mi glande mientras me pajeaba con fuerza haciendo que mis pelotas rebotaran hasta que con gemidos largos empecé a correrme entre estertores de placer hasta elevando mi tronco manchando sus labios mientras Marta dejaba que resbalara por mi polla mi semen espeso.

Satisfecha de su obra se limpió mi semen de sus labios con la mano limpia para venir gateando a besarme satisfecha por su trabajo.

Estábamos los dos bastante cochinotes, sudados y pringados. Además habíamos dejado las sábanas asquerositas pues durante la noche se había ido escurriendo del chochito de Marta mi corrida mezclada en grumos con su abundante flujo. Tocaba ducha. Marta se puso la camiseta con la que “iba a dormir” y yo esperé con los calzoncillos del día anterior su regreso del baño mientras quitaba las sábanas de la cama para lavarlas.

Después ella se quedó haciendo la cama y yo me di una ducha rápida con una toalla que me había dejado. Tenía los dos calzoncillos que me habían regalado e hice el tonto poniéndome el de elefante. En realidad era bastante incómodo colar la churra por la trompa pues no era muy ancha de modo que opté por ponérmelos de forma normal dejando la trompa vacía. Pero cuando Marta me vio aparecer empezó a reírse. Ella ya se había cambiado poniéndose ropa de andar por casa pero yo estaba en calzoncillos con las dos orejas de elefante pintadas en el calzoncillo y la trompa vacía colgando.

-Pero ya que te los pones póntelos bien, jajajaja.-me dijo mirándome el paquete.
-Es que es un poco ridículo e incómodo…-me justifiqué.
-Jajaja. Si es por ver como es la trompa del bicho…

Me metí la mano en el calzoncillo para encajar mi nabo en la trompa. Una vez hecho moví las caderas a los lados para que se sacudiera. Marta no podía contener la risa y se sentó en la cama.

-Pues si le tocas la trompa al elefante se pone contento y levanta la trompa…
-Jajajajaja…me parto. No sé quién te regaló eso pero es que me parto de la risa.

Me acerqué hasta ella meneando la cadera para que mi polla se sacudiera de lado a lado dentro de la trompa del elefante y con la guasa Marta me la agarró entre risas y como era de esperar me empalmé en segundos llenando la trompa que era más corta que mi nabo tieso de modo que se estiró la cara del elefante. Marta soltó mi churra tiesa muerta de la risa mientras que yo le decía:

-¿Ves que contento se pone?
-Jajajaja

Marta estaba caída hacia atrás en la cama con la risa floja. Yo me acerqué y me puse delante suya sin dejar de hacer que se moviera la trompa. Bromeando empecé a acercarle la trompa a la cara mientras Marta no dejaba de reírse. Ya le estaba golpeando la cara cuando en un impulso me bajé de golpe el calzoncillo golpeándola con mi polla tiesa. No se molestó sino que seguía riéndose. Y yo no dejaba de darle golpecitos con la polla en la frente, la nariz o la mejilla hasta que me pidió que parara quedándome de rodillas frente a ella. Dejó de reírse bruscamente y me dijo seria:

-¿No te cansas nunca?

Pensé que se había enfadado porque me había pasado al darle golpecitos con la polla en la cara pero subiendo la mano me agarró la polla mirándome con intensidad.

-¿No has tenido bastante hace un rato?
-Contigo nunca tengo suficiente…

Me sonrió con picardía masturbándome suave.

-Es que te tengo muchas ganas guardadas…-le dije.

Me miró complacida. Yo no sabía que hacer, si buscarla, besarla. Me quedé cortado y me volví a guardar la polla en el calzoncillo de elefante. Pero de golpe me quedé cortado porque tirando de la trompa me dijo:

-¿Dónde vas?
-No sé. No quería abusar.
-Es que resulta que yo también te tengo ganas…

Me bajó el calzoncillo y empezó a chuparme la punta de la polla despacito. Apenas hacía una hora que me la había chupado y ya estaba de nuevo con mi verga entre sus labios. Pero la postura le venía incómoda así que la ayudé a recostarse pasando mis piernas por encima de su pecho para que pudiera chupar sin hacer gran esfuerzo. Metió su mano por debajo de mis piernas empujándome el culo para que yo moviera mis caderas para follarle la boca y ella no tener que hacer el esfuerzo.

-Si te cansas avísame- le dije.

Pero su respuesta fue tirar del elástico más para agarrar mis pelotas. Hice la contorsión de intentar llegar a su entrepierna para devolverle algo de placer. Intenté colar la mano en su braga pero la postura me lo impedía así que me desmonté de Marta y me tumbé a su lado. Sin preguntar tiré de su pantaloncito y su braga desnudando su trasero. Marta se giró y empezamos a besarnos con mucha lengua y mucho deseo mientras ella agarraba mi cabeza. Por fin mi mano resbaló por su entrepierna depilada llegando a su raja apretada entre sus muslos. Qué leches. Tiré más de su ropa para dejar a medio muslo su ropa interior. Y pegué mi polla a su culo desnudo buscando su coño desde atrás. Ella misma ayudó a dirigirlo abriendo ligeramente las piernas. Me colé en su coño mojado con más facilidad que la noche anterior y aquella misma mañana a pesar de sus piernas apretadas. Suspiraba sin dejar de besarme haciendo una contorsión gracias a su flexibilidad.

Pero la postura era incómoda para follar así que hice que giráramos sin salirme de ella quedando ella aplastada por mi peso. Así yo ya podía bombear chocando mi pelvis con sus nalgas y pudiendo clavarle mi polla apretada entre sus muslos cerrados. Le puse una mano en la cara y marta empezó a lamerme la mano para terminar yo metiéndole un dedo en la boca. Desde luego no era un polvo forzado pues Marta estaba muy caliente. Tanto que en cinco minutos bombeando empezó a gemir con los ojos apretados mientras yo no dejaba de penetrarla con mi peso sobre ella. Se estaba corriendo por lo que me di por satisfecho y me bajé de ella dejándome caer a su lado.

Cuando se recuperó se giró para buscar mi polla. Tumbada a mi lado empezó a pajearme para que me corriera pero le reconocí que iba a tardar.

-¿Quieres que te la chupe?
-No hace falta.
-Es que me da cosa que te quedes así.
-¿Es el último polvo que vamos a echar?

Marta me sonrió y me besó con ganas.

Por fin nos levantamos de la cama. Nos vestimos y nos fuimos a comer algo. No estaríamos saliendo pero parecíamos una pareja con muestras constantes de cariño e incluso cogidos de la mano.

Aquella tarde íbamos a ir con casi todo el grupo a la fiesta de las Cruces, por lo que después de comer me fui a la residencia para descansar un rato y ducharme de nuevo. Para salir esa noche me arreglé de fiesta con un pantalón chino gris claro, camisa blanca y una americana de primavera azul marino. Recogí a Marta que bajó con Silvia y Marcos. Al vernos yo le dije lo guapa que venía con su vestido de primavera, de esos de punto de cintura para arriba ajustados a su figurita con falda corta de vuelo. Llevaba una chaqueta en la mano por si refrescaba después. Ella se sorprendió con mi atuendo.

Al llegar a la primera cruz le compré un clavel a ella y otro a Silvia por cortesía para que se lo pusiera en el pelo. Estaba guapísima y sonreía permanentemente. ¿Era feliz conmigo?

Nos reunimos allí con Miriam, Ángela y Karina. Lo pasamos bien en las distintas cruces a las que fuimos bebiendo, comiendo algo y hasta bailando. Como yo era el único chico que sabía bailar sevillanas bailen con todas menos con Ángela, que decía que no le gustaba. Con Karina bailé algo cohibido porque se me agarraba mucho a la cintura mirándome fijamente pero con quién baile más veces fue con Marta evidentemente, aunque admito que disfrutaba mucho con ella no bailaba tan bien como Alba, algo que achaqué a que en su ciudad no se celebran Feria. Para los que no conozcan la fiesta de las cruces consiste en que asociaciones de vecinos, hermandades, peñas o clubes montan barras con mesas y tablaos con actuaciones o música enlatada, generalmente sevillanas, en un aplaza o avenida adornándola con farolillos y presidida por una gran cruz de flores.

No ocultamos nada, con más de un gesto de cariño aunque sin llegar a besarnos, pues a falta de sillas se sentó en mis rodillas más de una vez. Tanto que Miriam lanzó la pregunta:

-Pero ¿estáis o no?
-No…-dijo ella.
-Sí…respondí yo.

Nos miramos y nos sonreímos y volvimos a contestar:
-Sí…-dijo ella.
-Bueno, no…-dije yo.

Nos reímos los dos ante la cara de desconcierto de Miriam. Pero no le dimos más explicaciones. Con la excusa de que me volvía a la residencia antes del toque de queda nos separamos del grupo andando abrazados por la calle. Nuestro comportamiento era el de una pareja normal. Yo sabía que iba a dormir en su casa aunque no lo habíamos hablado, pero caminando por una plaza donde los árboles daban bastante sombra a la luz de las farolas empecé a besarla. Teníamos su casa, pero por un extraño motivo empezamos a comernos la boca con ganas en aquella plaza hasta el punto de meter mi mano bajo su falda y al subirla por su muslo me encontré su nalga. Llevaba tanga. Me apartó la mano con su risita traviesa y me dijo al oído:

-Vamos a casa que tenemos una cosita pendiente…

No sé cuantas veces nos paramos por el camina para besarnos y meternos mano hasta que llegamos a su portal.

No sé cuantas veces nos detuvimos entre arrumacos y achuchones hasta llegar a su casa. Yo cada vez que tenía oportunidad buscaba sus nalgas desnudas por el tanga bajo su falda y ella me apartaba la mano con picardía para poder avanzar unos metros.

Al llegar a su piso Marcos y Silvia ya estaba en su dormitorio aunque no se oía ruido. O ya habían echado su polvo o estaban en plan tranquilos. Me quité la chaqueta y la dejé en la silla mientras esperaba a Marta que estaba en el baño. Cuando regresó volví a abrazarla para besarnos. Ella inmediatamente me empezó a desabrochar la camisa. Y yo colaboré quitándome el pantalón. Se decepcionó en broma por que no llevaba los calzoncillos de elefante y yo siguiendo la broma le expliqué que seguía teniendo la trompa como indicaba el bulto en mi ropa interior. Yo tampoco perdí el tiempo y le saqué el vestido por los brazos. No llevaba sujetador y no me había dado cuenta en toda la noche por lo ajustado de la parte superior del vestido y lo pequeño de su pecho. Estaba preciosa sólo con un tanguita rojo y su piel morena. Levanté su brazo y la hice darse una vuelta como a una bailarina alabando su belleza. Ella la dio complacida. Tras eso me quité los calzoncillos mostrando mi erección contenida y me tiré en la cama. Marta se quedó observándome desde el centro del dormitorio mientras yo la esperaba tumbado de lado en la cama:

-Luis, hay un pequeño problema…
-¿Qué te pasa?
-¿Te acuerdas de los problemas de ph que tenía en mi chochito?-me explicó algo cortada.
-Claro…

Claro, pero no me acordaba. Efectivamente, en nuestra primera relación Marta me explicó que tenía un problema en la mucosa de su chochito que la obligaba a usar jabones especiales e incluso a usar lubricantes especiales para poder follar. No era un problema de lubricación, sino de acidez que hacía que terminara irritada tras tener relaciones. Y las habíamos tenido muy seguidas y sin tener la precaución de usar algún lubricante que corrigiera su ph. Ya nos había pasado un año antes y por eso tras nuestro fogoso inicio tuvimos que estar algunos días sin poder penetrarla.

-Pues hemos sido tan insistentes que estoy un poquito irritada y no vamos a poder…

No la dejé terminar y dije:

-Pero reina, no necesito metértela para disfrutar contigo, aunque me gusta mucho. Si no te apetece hacer nada podemos tumbarnos juntos como otras veces.
-Ya, pero me siento mal por ti, que te he provocado y ahora…

Me levanté de la cama y aprovechándome de su pequeño tamaño la cogí en brazos y la deposité al fondo de la cama tumbándome yo a su lado mirándonos de frente. Marta estaba complacida de mi comprensión y el cariño que le mostraba pero se quedó en silencio observándome mientras yo me tumbaba boca arriba.

-¿Sabes que eres muy guapo?- me dijo.
-Te lo pareceré, pero nunca me he sentido así.

Con su dedo empezó a dibujar sobre mi cara la forma de los ojos, y la nariz y el contorno de los labios.

-Pues tienes una cara muy bonita, Luis. Tus labios más gorditos el de abajo, la nariz fina, la barba marcada aunque no dura…
-Siempre me consideré normalito, nada llamativo. En el instituto no me comía una rosca.
-Sería por timidez.
-Imagíname cortadito y con gafas de pasta…
-Te he visto con gafas y no te quedan mal, se te pone cara de intelectual, de empolloncete, jajaja.
-O sea, que te gusta follarte al empollón…
-Jajajaja. A este sí…además estás más fuerte que cuando nos conocimos.
-Claro. El tiempo que estuve con las muletas.
-Pero no se te ha puesto un cuerpo feo como a los que se machacan en el gimnasio- explicó marcando con su dedo la forma de mi esternón y el contorno de mis pectorales- tienes unos brazos bonitos, y el pecho marcadito y como eres delgado te hace un cuerpo bastante bonito.
-Me estás subiendo el ego…

Marta se incorporó sentándose a mi lado observando mi cuerpo.

-Me estás cortando un poco…jajaja- reconocí.
-¿No te gusta que disfrute de tu cuerpo?
-No estoy acostumbrado a que me miren así. Y menos una niña tan preciosa.
-Me gusta admirarte. ¡Si hasta la churra la tienes bonita, jajaja!
-Eso sí que no me lo creo…porque yo he visto algunas en las duchas y tampoco ando tan sobrado.
-Pero hay churras muy feas…
-¿Y cuantas churras has visto tú?
-No creas que muchas, pero la tuya es agradable…y no porque sea tuya, que es lo principal, sino porque es rectita, y no es pellejosa, además cuando estás contento te asoma toda la punta y es muy sensible, jajaja. No sé…
-¿Pero qué has visto tú antes chiquilla?

Marta apoyó los brazos en sus rodillas y empezó a contarme mientras yo acariciaba su muslo.

-Pues verás, en el instituto salí con Gabriel, pero nada de nada. Mucho besito y paseo d ela mano. Éramos unos críos. Después salí con Ezequiel, ahí ya sí. Es el primer chico al que se la ví, jajaja. Fea, jajaja.
– ¿Fea por qué?
-Porque era toda arrugada y torcida. Pellejosa. Además imagínate con esas edad, en dos meneos me llenaba la mano. Si es que…
-¿Y quién más?
-Pues después salí con Lucas. Nos estrenamos juntos. El típico amor adolescente donde todo era bonito. Pero su churra no era tampoco como la tuya, jajaja. Era muy derechita pero más corta.
-¿Y qué pasó?
-Pues que se metió en el ejército y todo cambió. Yo seguía siendo una niña de instituto pero él se iba de entrenamiento, formación o yo que se y volvía más brusco. Y para colmo de males me enteré de que me engañaba con una compañera del cuartel y hasta se había ido de putas con compañeros antes de quedar conmigo. Lo pasé fatal…
-Vaya, ese era tu trauma conmigo…-le dije incorporándome para poder abrazarla.
-Lo pasé muy mal, la verdad porque estaba pillada por él, y lo peor es que después de cortar con él seguía buscándome diciendo que ya no estaba con esa chica ni se iba de putas ni nada, pero yo sabía que era mentira. Mal, Luis. Muy mal.

Yo la abrazaba en silencio mientras ella se aferraba a mí diciéndome:

-Yo sabía que tú no eras así, incluso cuando María me vino con el cuento yo dudaba pero no estaba dispuesta a pasar otra vez por eso.
-Pero no me escuchaste…
-Perdóname…
-No tengo nada que perdonar, mira donde te tengo.- le dije mirándola a los ojos.

Marta se abrazó fuerte a mí. Parecía haberse liberado de algo que tenía guardado. Incluso me pareció notar que resbalaba una lágrima por su cara hasta mi hombro. Pero de golpe se separó de mí y me dijo:

-Ya está. No es momento de pensar en lo que ya ha pasado y sí de disfrutar el presente.
-¿Entonces sólo dos churras?- dije yo con cara de broma- Así tampoco me vengo tan arriba con la comparación.
-Jajajaja. Que tonto eres, Luis.

Me volví a tumbar mientras estaba dejando que mi polla morcillona cayera sobre mi muslo. Marta sonrió haciendo el gesto muy gracioso de morderse el labio viendo mi desnudez y sin cambiar de postura sentada a mi lado con las piernas recogidas me contó lo siguiente:

-El verano antes de venirme a la residencia me enrollé con un tío en la playa.
-Mírala…
-Jajajaja. Era de tu ciudad.
-No lo digas en alto- dije bajito mirándome mi propia polla- ella se pensaba que era la primera de la ciudad en conocer semejante belleza.
-Jajajaja. -rio Marta dándome un golpecito en la barriga.
-Y ahora me maltratas…

Entonces se inclinó hacia adelante y tomando con delicadeza mi polla le habló:

-No eres la primera pero sí la que más me gusta…jajaja.

Sentir su mano y empalmarme fue cuestión de segundos por lo que repliqué:

-¿Ves? Si le dices cosas bonitas se pone contenta.

Marta siguió acariciándome el nabo con el dorso de los dedos de su mano mientras me preguntaba:

-Bueno, yo te he contado todo lo que hay antes de ti. ¿Y tú qué?
-Pues yo no tengo mucho que contar antes de ti…
-Eso sí que no me lo creo.
-Te lo digo en serio. En el instituto no me comía una rosca. Pasaba desapercibido con mis gafas de pasta y tan canijo. La primera chica con la que salí me dejó por paradito. La segunda no me gustaba pero por decir que salía con alguien me enrollé con ella pero acabamos cortando en nada.

-Algo más habría…-comentaba Marta sin dejar de acariciarme con una mano la polla suavemente y con otra el abdomen.
-El primer fin de semana que llegué a mi ciudad tras empezar la universidad me enrollé con una chavala con la que estuve liándome una temporada.
-¿Cómo se llamaba?
-Viqui. Y sí fue con ella.
-¿Te estrenaste meses antes de empezar a salir tú y yo?- me preguntó sorprendida.
-Pues sí.
-Pues lo disimulaste bien…-respondió con sonrisa pícara.
-Bueno ¿y con María entonces?
-Pues como estábamos juntos todo el día, cuando corté con Viqui- mentí en las fechas por razones obvias- me dejé llevar y la forcé a salir, pero con ella nada de nada.
-¿Salisteis sin enrollaros?
-Un par de pajas…
-Jajajaja, vale, vale…
-Ya te dije que es muy rara. Medio monja. No sé por qué salió con esas contigo.
-Pues por envidia supongo de que este muchachito me prefiriera a mí…

Me apoyé sobre los codos para poder besarla recibiendo gustosa mis labios.

-Pero ¿y Claudia?
-Te voy a ser sincero. Claudia me gustó desde que la conocí. Pero me dio largas todo el curso pasando de mí. Sólo mostró interés cuando tú me dejaste y me pilló muy bajo de moral.
-No sé como interpretar eso.
-Muy fácil, princesa. Si tú no me dejas seguramente nunca habría habido nada entre Claudia y yo…

Marta se quedó pensativa un rato sin dejar de acariciarme. Parecía estar madurando lo que yo le había contado. Yo la observaba acariciando su muslo y su nalga hasta que al fin preguntó:

-¿Y qué tal has quedado con Claudia?
-Pues bien. Como amigos. Yo la engañé y ella me engañó. La verdad es que no ha habido reproches. Ella se siente culpable y yo también. De modo que no tiene sentido atacarnos por hacer daño.
-Ahí habéis sido muy maduros…
-Habrá sido en lo único. Ya ves mi poca experiencia así que todo lo hago un poco a tientas…
-Todo no, jajaja.-rio.- Porque para no haber estado con tantas chicas como yo me imaginaba por tu actitud no eres malo…
-¿No soy malo?
-En la cama, jajaja.
-Y si me cuidas así mejor que voy a ser…-respondí señalando con mi mirada su mano rozando mi polla.- Oye, ¿y cuál es mi actitud?
-Luis, eres un tío superseguro. Cuando llegas a un sitio te mueves con los pies puestos en el suelo. Siempre tienes una palabra justa y una broma para crear buen ambiente. Hablas con todos y de todo. Y no te cortas con las chicas sin ser descarado. Al revés, tienes conversación entretenida y no eres empalagoso.
-¿Y no se te ha ocurrido pensar que a lo mejor todo era una careta?
-Luis, Luisinho…el gran jugador. La envidia de la facultad, siempre rodeado de niñas, bueno, aunque hay una bajita que está todo el día pegada a él. En el bar, hablando con todos, amigo de todos. Si te descuidas tiene a una nena en sus rodillas.
-Pura careta, Marta. Muchas veces haces esas cosas porque no tienes lo que quieres.
-¿Y tú qué quieres?
-Pues he estado perdido mucho tiempo, incluso estando con quien no tenía que estar.
-¿Lo dices por Claudia?
-No. No me arrepiento de haber estado con ella aunque saliera mal. Vale mucho y además te aprecia mucho. Siempre me ha dicho que tú y yo pegábamos.
-Vaya…-comentó extrañada.
-He tenido alguna mala relación en mi ciudad cuando dejé a Claudia.
-¿Ese fue tú engaño?
-Sí.
-Pensé que había sido la niña esa de primero.
-Eso fue después. Ahí caí muy bajo.
-Ya, lo sé…

¿Lo sé? ¿Qué sabía? ¿El trío? ¿Lo de Dani? No podía ser. ¿Qué sabía? Probé comentando lo siguiente:

-La niña se estaba liando con Dani y conmigo a la vez ¿lo sabías?
-Sí. Me lo habías contado, tonto, jajaja.

Me tranquilicé.

-¿Y cuándo decidiste intentarlo otra vez conmigo?- preguntó.

Ella interpretaba que la besé por eso. Evidentemente ni se imaginaba que me había liado con un tío aunque hubiese sido de forma pasiva y que la casualidad de nuestro viaje juntos me llevara al beso.

-Nunca pensé que tú volvieras a tener nada conmigo.-dije.
-¿Pero no notabas mi interés por ti?
-Marta, que soy muy torpe e inseguro aunque no te lo creas. De verdad que te besé como amigo por ese problema.
-Jajajaja. Luis. No me lo creo…

Marta dejó de acariciarme la churra cogiéndola con la mano para ponerla derecha hacia arriba y descubrió totalmente mi grande tirando del prepucio con su mano.

-…desde anoche esta cosita no deja de estar dura y gorda en cuanto me arrimo.
-Ya te dije que me curaste…
-Pero es que cuesta trabajo creerlo. Pero me alegro de que estés curado, jajaja.
-Hombre, desde que hemos llegado no dejas de rondar por ahí y ella es muy agradeciada….
-Jajajaja. ¿Ves Luis? Tienes puntos graciosos en momentos que te permiten escaparte. No sé como explicarlo, pero con una gracieta te sales siempre de una situación incómoda.
-Contigo tocándome la polla no puedo estar incómodo en la vida…
-Jaajaja ¿ves?

Marta entonces cambió de postura y se tumbó a mi lado pero dejando su cabeza apoyada en mi muslo muy cerca de mi entrepierna. Para ello puso sus piernas flexionadas junto a mi cabeza de forma que su tanga quedaba más o menos a la altura de mi cuello.

-Desde cerca parece más grande…-comentó agarrando de nuevo mi nabo.
-Pero no me gusta algo en esta postura.

Sin esperar su respuesta empecé a quitarle el tanga sin oposición por su parte colaborando incluso al alzar su culito de la cama para poder desembarazarla de la prenda y levantando su pierna para terminar de sacársela.

-Ahora mucho mejor…-comenté.

Sorprendiéndome Marta se giró para poner su cuerpo panza arriba con las piernas flexionadas y abiertas. Su raja quedaba a escasos centímetros de mi cara. Descaradamente me la estaba mostrando.

-Te noto diferente a hace un año…-le dije haciendo círculos con mi dedo en su pubis notando como se agitaba su vientre.
-Luis no me guardo ningún secreto para ti…-respondió besando mi polla.
-¿Quieres conocer todos mis secretos?

Marta no respondía sin dejar de basar mi churra hinchada.

-Yo te los cuento todos si quieres, pero alguno a lo mejor no te va a gustar…-añadí.
-Cuando te sientas en la necesidad de hacerlo…respondió justo antes de meterse mi glande en la boca.

A partir de ese momento se acabó la conversación pues yo me lancé a por su entrepierna. Fue un 69 más largo de lo habitual. Silencioso. Sin palabras, concentrados cada uno en el sexo del otro. Primero se corrió ella cerrando sus piernas sobre mi cara y regalándome una buena empapada en la barbilla pese a estar tumbados de lado. Pero en cuanto se recuperó retomó su mamada hasta exprimirme. Pese a avisarla me dejó venirme en su boca, quizá también por no manchar las sábanas limpias, levantándose corriendo a escupir al baño.

Pese a como habíamos terminado la conversación cuando regresó a la cama y apagamos la luz para tumbarnos abrazados a dormir no volvió a sacar el tema. ¿Realmente Marta quería saber todo de mí?

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