DEVA NANDINY

Silencié el móvil. Sabía que Enrique en esos momentos sería el que estaba más excitado estaría de los tres. Seguramente ya sería incapaz de concentrarse en el trabajo, su cabeza estaría aquí, en casa con nosotros. Permanecería toda la mañana con el móvil pegado a él en todo momento, deseando conocer noticias.

Sabía que estos cuernos eran más complicados para él. Estaba convencida, que a pesar del fuerte morbo que experimentaba con todo esto, en el fondo se sentiría dolido porque Ángel estuviera aquí, engañándolo en nuestra propia casa. Su primo y su amigo de toda la vida, la segunda persona en la que más confiaba, después de mí. Venía a follarse a su esposa, pensando que a sus espaldas.

Pero eso forma parte de la excitación de un cornudo consentidor, los sentimientos encontrados en dos direcciones, capaces de transformar el dolor en placer, la humillación en gozo.

Sabía que a mi marido le costaba un poco más digerir la infidelidad cuando no estaba presente. No estar aquí, viendo como me besaba, como me tocaba, como me hacía correr como una perra. No poder observar, a su puta en acción con otro hombre, como a él le gustaba llamarme, lo ponía tremendamente nervioso, deseoso de conocer cada detalle, cada palabra, cada gesto, cada gemido…

Miré por la mirilla antes de abrir la puerta, no pude resistirme en observarlo unos segundos. Sabía que cuando la abriera, Ángel se lanzaría a besarme, quería verlo un momento así, sosegado, sin saber que lo estaba analizando.

Estaba guapísimo, vestía un pantalón vaquero y una camisa azul oscura. Me fijé en sus ojos claros, del mismo color que los míos. «Hacemos buena pareja», pensé.

No aguanté más, ya no podía dilatar más el ansiado momento de entregarme por entero a ese hombre que tanto deseaba. Me sentía muy atraída por él. Tan guapo y tan varonil, esperaba y deseaba que también fuera un buen amante. A veces, me he llevado alguna decepción al respecto.

Entonces abrí la puerta, me eché a un lado para dejarlo entrar. El olor a su perfume fue lo que primero llegó hasta mí. Tal como había previsto, Ángel se tiró a por mí, incluso antes de que terminara de cerrar la puerta. Pude sentir el calor y la fuerza de sus manos. Se abalanzó hacía mi cuerpo igual que un niño se tira ansioso, a comerse una golosina.

Noté sus manos firmes y fuertes como se colaban directamente por debajo de la minifalda, agarrándome, sujetándome decididamente por mis glúteos. Entonces con un rápido y certero movimiento me arrastró hacia él, haciendo que nuestros cuerpos se juntaran.

En ese momento sus labios asaltaron los míos, su húmeda lengua penetro por fin, asaltando mi boca. Donde la mía, tan ansiosa o más que la suya, salió a su encuentro.

Aspiré profundamente, quería captar toda su esencia, toda su masculinidad envuelta en su aroma, esa mezcla de perfume y olor a hombre, que tanto me embriaga.

«Me gusta mucho», pensé totalmente entregada.

En ese momento se apartó de mis unos instantes, manteniéndome alejada a un metro de distancia, como si quisiera contemplarme, deleitarse con el cuerpo de la mujer que pensaba follarse esa mañana. Del mismo modo que yo había hecho por la mirilla, unos instantes antes.

—¡Que buena estás Olivia! —, me soltó ese piropo que tantas veces he escuchado de la boca de un hombre. Me encantó escuchárselo decir.

—Gracias —, dije girándome para mostrarme en todos los ángulos. Cuando le di la espalda, él ya no pudo aguantar más. Pegó su pelvis a mi culo, poniéndome pegada, de cara contra la puerta de la entrada

—Vamos dentro, o te la meto aquí mismo —, me amenazó con follarme en el pasillo,

Entonces escapé como pude de su fuerte abrazo. Le sonreí, lo cogí de la mano y me lo llevé como si fuera un corderito, agarrado por el pasillo hasta mi dormitorio.

Estuvimos besándonos un buen rato, frente al espejo de la puerta del vestidor de mi dormitorio. Sus decididas manos, comenzaron a desabrocharme ansiosamente los botones de la camisa. El empuje hacia afuera, que producían mis frondosos pechos, dificultaba la tarea.

Una vez liberados y totalmente libres y expuestos, trato de agarrarlos. En ese momento, con un rápido gesto, abandonó mi boca y se dedicó a chuparlos; saboreándolos y besándolos con verdadero deleite. Mis sensibles pezones no tardaron en agradecer las caricias con su lengua, y el roce de sus labios. Al instante, se mostraron orgullosos; duros y turgentes, delatando toda la excitación y el estremecimiento que mi cuerpo estaba experimentando.

—¡Qué tetazas tienes! —, dijo abandonándolas un instante, para volver a sumergirse entre ellas.

—¿Te gustan cariño? Pues disfrútalas todo lo que quieras, ahora son tuyas. Solo tuyas —dije cerrando los ojos tratando de coger aire.

En ese momento se me escapó un breve gemido, fue suave y sutil. De esa manera que tenemos a veces las mujeres de hacerlo, cuando intentamos retener ese suspiro, para mantenerlo dentro. Pero forzadas por la intensidad del momento, no puedes evitar que tu boca exprese, las placenteras sensaciones que está sintiendo tu cuerpo.

En esos momentos te sientes muy deseada, muy mujer y muy hembra. Entregada a ese hombre que tanto te gusta.

Entonces, llevé mi mano hasta su entrepierna, sintiendo al momento toda la intensidad de su potente erección bajo sus pantalones. El haber visto esa verga la noche anterior en casa de los padres de mi marido, hacía que aún la deseara más.

Recuerdo que una vez alguien me preguntó que como me gustaban las pollas. Yo le respondí que sobre todo me gustaban duras. Muy duras. Cuanto más mejor. Desde mi experiencia, de poco sirve un pene, por muy grueso que este sea, si no se pone bien firme y tieso.

Y yo era consciente, porque la había tenido unas horas antes en la palma de mi mano, como era ese miembro. Compacto y consistente; firme y rígido; Gordo y venoso…

Abrí su cremallera con cierta dificultad, debido a que su enorme bulto, que estrechaba mucho el tiro de sus ajustados pantalones vaqueros.

—Quítate los pantalones —, casi le imploré desesperada, ante mi incapacidad de meterle mano, de la forma en que yo lo deseaba.

Ángel me hizo caso, se despegó de mí y comenzó a desnudarse. Yo aproveché para sacarme la camisa y la falda, quedándome en tanga, medias y con los zapatos puestos.

Me fije directamente en su tórax, esa zona del cuerpo de un hombre que si está cuidada tanto me gusta. Me vuelve completamente loca esa parte de la anatomía masculina. Pienso que en esa zona se muestra toda la virilidad de un hombre.

Me lancé a besar sus marcados pectorales, besé sus pechos, los chupé. Respiré ansiosa, todo el olor a hombre que su cuerpo desprendía. Luego llevé una mano hasta su pene, y comencé a masturbarlo.

«Es mía», pensé deseosa sin dejar de pajearlo. El pareció leerme el pensamiento.

—¿Te gusta? —, me preguntó

—Me encanta —, le respondí ya sin poderme aguantar,

Aproveché ese instante para hincarme de rodillas. Luego, miré esa verga a pocos centímetros de mi cara, mostrándome toda su plenitud y virilidad. La acerqué a mis labios, saqué mi lengua y comencé a chupar, rodeando cada milímetro de su glande.

Luego abrí la boca todo lo que pude, y me la introduje centímetro a centímetro, hasta dejarla alojada completamente dentro. Me encanta esa sensación, de sentir mi boca llena de polla. Notar como mi saliva comienza a resbalar por la comisura de mis labios, hasta deslizarse a mis pechos.

—Joder Olivia, la de veces que me he masturbado imaginándome esto. ¡Qué bien la chupas! ¡Por Dios! — Exclamó cerrando los ojos y sujetándome la cabeza.

En ese momento clavé mis uñas en su culo, como tratando de sujetarlo. Mientras permaneciendo arrodillada, no dejaba de comerme esa verga que yo tanto deseaba. «Es mía», me repetía incesante y anhelantemente, mientras disfrutaba de ese maravillo festín.

Disfruto haciéndole una buena mamada a un hombre. Poder sentir su caliente y empalmada polla, rozándome con la punta casi la garganta. Me hubiera encantado hacerlo correr justo en esos momentos. Sentir su leche caliente resbalando por mis labios, hasta dejarla caer sobre mis pechos. Pero Ángel era un amante demasiado generoso, y no quería correrse tan pronto. Seguí mamando, hasta que él me detuvo.

—Ven reina. Ahora te toca a ti —, me dijo con tono cariñoso. Agarrándome gentilmente de la mano, para ayudar a levantarme —Túmbate —, yo obedecí, dejándome caer sobre la cama. —Enséñame el tesoro que tienes entre tus bonitas piernas —, dijo agarrándome del elástico de las bragas, y comenzando a bajármelas, dejándolas caer al suelo.

Una vez que me tuvo desnuda, yo me abrí completamente de piernas, ofreciéndole así mi rajita, poniéndosela a su entera disposición.

Él la miró con deleite, como si no hubiera visto un coño así de expuesto en toda su vida.

—Que suave lo tienes, y que húmeda estás —, dijo pasando la palma de la mano por toda mi vulva.

Entonces metió la cabeza entre mis muslos, y comenzó a besarme y lamerme por todo el chochito. Noté sus dedos abriendo los labios de mi vagina, y acto seguido el placentero roce de su lengua, acariciando e introduciendo la punta, en la entrada de mi coño.

—Ahh… ahhh — gemí sintiéndome llena de gozo.

Entonces comenzó a penetrarme con dos de sus dedos, mientras la punta de su lengua se dedicó, a estimular mi endurecido y enrojecido clítoris. Yo apoyé mis piernas en sus fuertes y erguidos hombros.

—¡Me gusta, me gusta mucho! Sigue ca-ri-ño—exclamé de forma entrecortada.

Al escuchar mis jadeos Ángel intensificó el movimiento de sus dedos, incrementando al mismo tiempo, el maravilloso trabajo que me estaba realizando con su lengua.

—Sigueeee…Ahh…sigue…Qué gusto me das… —, no podía parar de jadear.

Mis piernas, que permanecían descansando sobre sus hombros, comenzaron a tensarse; mi espalda se arqueó y mí respiración se agitó. Vi venir llegar el intenso orgasmo que se avecinaba, y mi cuerpo se preparó para acogerlo. Dejando pasar toda esa descarga que recorría todo mi cuerpo.

—Me corroooo… Me corrooooooo…. Me corro cariño, me corrooooo… —, no pude dejar de gritar.

Chillé tan fuerte, que creo que me tuvieron que escuchar los vecinos. Fue un orgasmo brutal, seguramente también incentivado por el enorme deseo y grado de excitación, que sentía hacia el primo de mi esposo.

—Estás chorreando. Qué delicia de coño tienes —, Manifestó sin sacar los dedos de mi vagina.

—¿Te gusta mi chochito? —, pregunté morbosa

—Me encanta, te lo estaría comiéndolo todo el día. Lo siento por mi primo, sabes que lo quiero, pero ahora necesito follármelo —, declaró poniéndose de pies.

—Yo también lo siento por Clara, pero estoy deseando que lo hagas —, le comenté deseosa.

—Ella no es como tú —, comenzó diciendo.

—¿Te refieres a que no es tan puta como yo? —, lo interrumpí, preguntándole de forma directa sin sentirme ofendida. Pocas cosas me gustan tanto, como sentirme puta, en esos maravillosos momentos cuando estoy tan entregada a un hombre.

—Me refiero a que mi mujer no siente demasiado deseo por el sexo. A veces pienso que no le gusto lo suficiente—, se expresó con cierto pesar.

—Ven túmbate aquí —, le sugerí, cambiando de tema.

Él se echó boca arriba en la cama, entonces yo me acerqué, agarré su polla y comencé a masturbarlo.

—Me gustas mucho Ángel, llevo días que no hago otra cosa que desear hacer esto —, le dije justo en el momento en el que me subía sobre él, y comenzaba a besarlo. Nuestras bocas, debido al sexo oral que ambos habíamos practicado, sabían a nuestros sexos, y eso incremento nuestro deseo.

Pude sentir la fricción de su torso sobre mis pechos, el roce de su glande contra mi vagina.

—¡Joder Olivia! ¡Qué cachonda eres! —, dijo dándome un fuerte azote en una de mis nalgas.

—¡No lo sabes tú bien! —, le dije sin dejar de rozarme contra su polla.

—Mi primo me comentó un día, que eras una mujer muy ardiente, pero no me imaginaba que te iba tanto la marcha. Ahora que lo he comprobado, me gustas aún más —, se atrevió a decir envalentonado por su enorme excitación.

—¿Enrique te dijo que yo era una mujer ardiente? —, le pregunté riéndome, pues sabía que él no empleaba ese tipo de palabras cuando estaba excitado.

—Bueno… en realidad me dijo que eres una cachonda. Esas fueron sus palabras exactas —, manifestó buscando el roce de mi vagina —También me dijo que te gustaba mucho esto. —, añadió, propinándome otra fuerte cachetada en la otra nalga.

—Pues no te mintió. Me vuelve loca —, dije poniéndome de cuclillas. Entonces agarré su verga, y la coloqué justo a la entrada de mi vagina —Mírame, quiero ver tus ojos cuando sienta como entra tu polla dentro de mi coño.

—¡Vamos puta! ¡Clávatela ya! Me vas hacer correr antes de probar ese coño tan delicioso y mojado que tienes —, me advirtió apresurado.

Entonces me dejé caer, lenta, pero decididamente, hasta que sentí su dura estaca insertada, totalmente dentro de mi sexo.

No dejamos de mirarnos directamente a los ojos, incluso pude notar, como su cara se contraía de placer, según él iba sintiendo el calor del interior de mi sexo.

Entonces comencé a follármelo. Empecé a moverme sobre él como una hábil amazona lo hace sobre su montura. Me fijé, en como él miraba embobado, el enorme balanceo que producían mis movimientos, en mis grandes pechos.

— ¿También te dijo mi marido que me encanta que me digan lo puta que soy? —, le pregunté al borde del éxtasis, sin poder aguantarme. Necesitaba que me lo dijera. Eso incrementa mi excitación.

—Eso no hace falta que me lo diga él. Eres una buena puta Olivia, una verdadera zorra —, se expresó cada vez más excitado.

—¿Te gusta cómo te folla esta puta? —, seguí preguntando cada vez más cachonda.

—Síiiiii —gritó —Me encanta como te mueves, Olivia.

—¡Fóllame, házmelo como a una perra! —, le rogué, casi suplicándole.

Entonces me tiré sobre el colchón, apoyando las rodillas y las palmas de las manos, mostrándome y ofreciéndome desde atrás. Necesitaba que me montara, que me empotrara. Sentir su verga con toda la intensidad, notar su deseo directamente proporcional, a la potencia de sus embestidas.

Ángel se situó detrás, cogió un cachete en cada mano y las apartó, abriendo toda la raja de mi culo, y exponiendo así, mi zona más íntima. Entonces las soltó a la vez, propinándoles sendos azotes. Las pude ver reflejadas en el gran espejo de la puerta del vestidor, estaban como a mí me gusta mostrarlas, orgullosas de estar enrojecidas.

—Que culazo tienes, zorra —, dijo apretando nuevamente mis nalgas.

—¿Te gusta cariño? ¿Te gusta el culo de putita que tengo? —, pregunté girando el cuello, para mirarlo a la cara.

—Me encantaría comértelo —, dijo más como una fantasía.

—¿Quieres comerte mi culito? —, dije casi ofreciéndoselo.

Entonces el volvió a separar mis redondas y carnosas nalgas, y pegó su boca directamente sobre mi culo.

Me encanta cuando un hombre me hace eso. Sentir sus labios y su lengua estimulando mi ano, me llevaron de forma inconsciente, a estirar una mano hasta mi coño. No pude resistir tocarme. Él notó mi fuerte grado de excitación, entonces se atrevió a comenzar a introducirme un dedo en el culo.

No tarde apenas nada en volver a sentir la llegada de un nuevo orgasmo.

—Me vas ha-cer correr… ahh…Me cooorrooo…¡Me gus-taaaaaaa mu-choo! —gemí poseída por una tremenda descarga de sensaciones placenteras. Sin dejar de estimular mi enrojecido clítoris.

Ángel no tuvo clemencia. No dejo que me recuperara. Nada más terminar de correrme, puso su verga frente a mi coño, clavándome su potente estaca de un solo movimiento de cadera. Entonces empezó a moverse lentamente, dejándome notar como entraba y salía cada centímetro de su enorme rabo.

—¿Me puedo correr dentro? —, quiso asegurarse.

—¿Te quieres correr dentro de mi chochito? ¿Me quieres dejar la rajita llena de tu leche? —, dije, intentando recuperarme del orgasmo que acaba de experimentar.

—Sí, quiero descargar dentro de tu coño —, gritó elevando la voz, totalmente fuera de sí

 —¿Quieres preñarme? — Bromeé, pues hacía mucho tiempo que tomaba la píldora anticonceptiva —Puedes correrte donde quieras, cariño —, le ofrecí.

Entones Ángel aumentó el ritmo de sus fuertes embestidas, propinándome de vez en cuando, cuando menos me lo esperaba, una fuerte cachetada, que casi me hacía enloquecer de gusto.

Cada vez que sentía su mano descargando fuertemente sobre una de mis nalgas, yo no podía menos que gemir y arquear la espalda de placer. Era como una pequeña, pero intensa descarga eléctrica, que recorría todo mi cuerpo.

—Me vuelve loco tu culo —, me repetía, una y otra vez.

Yo volví acariciar mi clítoris, para intentar acelerar la llegada de un nuevo orgasmo. Me había corrido dos veces, pero aún no tenía suficiente. Sabía que Ángel a ese ritmo, con la intensidad que me estaba follando, no iba aguantar demasiado.

—Dame, dame fuerte —, casi le suplicaba.

Mientras él incesantemente no dejaba de empotrarme.

—Me voy a correr —, anunció por fin.

Yo también estaba a punto. Entonces solté mi coño y volví apoyar las dos manos sobre el colchón, moviendo mi cadera. Saliendo rabiosamente al encuentro de sus duras acometidas.

—Lléname de leche, cabrón. Quiero notar tu corrida bien dentro. Déjame bien preñada—, le indiqué llena de morbo y lujuria.

—Me corro… Me corro… Eres una puta Olivia. Eres la más puta —, chilló fuera de sí.

Sentí como su caliente leche inundaba el interior de mi coño, entonces comencé a moverme en círculos. Ese estímulo fue suficiente para alcanzar el último orgasmo de la mañana.

—Como me gusta cariño… ahhh…síii…ahhh… ¡Qué gus-to me dasss! —, gemí sintiendo todo el placer del mundo.

Después de corrernos, nos quedamos tumbados, abrazados. Debido a la intensidad del encuentro, ambos estábamos agotados.

Sentía como de mi coño, no dejaban de asomar, saliendo al exterior, una parte de la ingente corrida que el primo de mi marido, había derramado en el interior de mi vagina.

Entonces comenzamos a besarnos otra vez. Poco a poco comencé a notar como el pene de Ángel, iba resucitando, como si quisiera volver a la vida. Sabía a mi pesar, que ese era el momento de interpretar mi papel, de esposa arrepentida

—Creo que es mejor que te vistas —, dije intentando cambiar el tono, fingiendo estar afligida.

—Sí, creo que será lo mejor ¿Estás bien Olivia? —, se interesó preocupado.

—Sí, no te preocupes. Pero la verdad, no puedo evitar sentir remordimientos por lo que acabo de hacerle a mi marido. Nunca le había sido infiel —, mentí descaradamente.

Él me miró preocupado, asintiendo con la cabeza, como si se sintiera culpable por haberse dejado llevar.

—Lo siento Olivia, sé que no hemos debido hacerlo. Son cosas que pasan, yo tampoco nunca le había sido infiel a Clara. Ella no se lo merece. Además me duele haber engañado a mi primo. Pero me gustas mucho, sé que no está bien, pero no puedo evitarlo.

Diez minutos después abandonaba la casa. Recuerdo que nos despedimos a la puerta con dos besos en las mejillas, como si nada hubiera pasado entre nosotros.

Antes de ducharme, con mi coño todavía expulsando el semen de su primo, le envíe un mensaje a mi marido.

Olivia – 12:47

—Se acaba de ir

Enrique – 12:47

—Qué tal???

—Estaba impaciente!!

—Todo bien???

Olivia – 12:47

—Todo genial

—Afila bien esos cuernos

—(Emoticono de carita sonriendo)

Enrique – 12:47

—Serás puta!!!

—(Emoticono de Carita riéndose)

Olivia – 12:48

—jijijiji

—Acaso lo dudabas?

—Eso ya le ha quedado claro a tu primito hoy

—Enrique – 12:48

—Te ha follado bien?

Olivia – 12:51

—Me ha hecho correr tres veces

—Ahora te toca a ti

—Aprovecha. Estoy muy, muy, muy cachonda

Enrique – 12:51

Estoy cerca de casa

—Dije en el trabajo que tenía que irme antes

— (Emoticono de carita sonriendo)

—Estás en la cama?

Olivia -12:51

—Noooo, estoy en el sofá

—Desnuda y tumbada.

—Por cierto,

—Me está saliendo leche de la rajita

—Ya puedo limpiar el sofá

—jijijijij

Enrique – 12:51

—Mandadme foto por fa…

—Quiero verlo!!!

Olivia – 12:51

—Quieres ver mi chochito con el semen de tu primo?

—Menuda corrida me ha metido!!!

—No dejo de expulsar leche

—jijijijijij

—Que cornudo eres, cabrón

Enrique – 12:52

—(Olivia te ha enviado una imagen)

—Bufffffffff

—Quiero comértelo

Olivia – 12:52

—Cari

Enrique – 12:52

—Dime

Olivia – 12:52

—Quiero volver a follarme a tu primo

Enrique – 12:52

—Y eso?

—Estás segura?

Olivia – 12:54

—Sí

—Ven a casa

—Te echo de menos

Enrique – 12:55

—Ahora voy, y lo hablamos

—No te preocupes

—Te quiero

Olivia – 12:57

—Yo a ti también te quiero

—No tardes, por fa

                                                           Fin

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