ALMUTAMID

El viernes me levanté tarde y me fui a desayunar con Marcos. Víctor y Lourdes habían quedado desde temprano para estudiar en la habitación de Víctor. Qué distintos iban a ser estos exámenes de los del año anterior en que los 4 estudiábamos juntos. Víctor y yo cenábamos juntos casi todos los días, pero a Lourdes la veía de higos a brevas y además la sentía algo alejada de mí. Evidentemente su amiga es Claudia y yo sólo el exnovio de ella y amigo de su novio. De hecho, habíamos salido juntos muy pocas veces, pues solían salir los dos solos.

Después del desayuno habíamos quedado Miriam, Marta y yo para estudiar en casa de Marta, comer algo allí y aprovechar la tarde. El tiempo acompañaba y mayo empezó con días soleados y calor al medio refrescando sólo por la noche por la cercanía de las montañas aun nevadas. Por eso yo ya había cambiado mi vestuario guardando los vaqueros y sustituyéndolos por bermudas y camisetas que me daban mayor comodidad para estar tirado en el suelo del dormitorio de Marta o sentado en su cama.

Yo seguía pasando apuntes a limpio, y ellas ya organizando los temas para ponerse a estudiar directamente por examen. Me llevaban ventaja pero yo me pondría pronto al día. Además iba a hacer como el curso anterior separándome aquellas asignaturas que llevaba peor preparadas a los exámenes finales de junio. Preveía terminar antes que el año anterior a mediados de junio y no ya metidos en julio. De hecho, mi plan era volver a dar clases particulares en verano visto mi éxito del año anterior aunque no sabía donde escaparme, aunque Marta ya había propuesto hacer una escapada a la playa juntos en julio.

Yo en realidad estaba a tan sólo una hora en autobús de su ciudad. Para nosotros era fácil quedar. El año anterior no lo habíamos hecho por motivos obvios, pero este año parecía que íbamos a tener más contacto favorecido además por mi ruptura con Claudia. Aunque recordar a Marta en topless me ponía nervioso. Creo que podría soportarlo.

Esa noche habíamos quedado para salir pero habíamos dicho que en plan tranquilo, porque al día siguiente queríamos aprovechar toda la tarde-noche en las Cruces. Así que después a media tarde me fui a cambiarme para salir a correr y ducharme antes de recoger a las chicas. Bueno, en realidad sólo a Marta, pues Ángela no salía y con Miriam habíamos quedado ya en un bar cerca de su casa. Marta esta vez no se apuntó para correr.

A la hora prevista ya estaba yo esperándola debajo de su casa duchado aun con el pelo mojado. La tarde estaba tibia por lo que llevaba una camisa con un par de botones desabrochados y un jersey a la cintura. Marta bajó más arreglada que de costumbre pues llevaba un vestidito corto suelto. La ropa suelta aniñaba su figura al no marcar ni las curvas de su cinturita ni sus pequeños pechos. Pero estaba muy mona con el vestido y una chaquetita vaquera.

A mitad de camino recibió un mensaje y me hizo volver a su casa con la excusa de que se le había olvidado algo. Subió un momento y bajó a los pocos minutos. Estaría con la regla y se le habrían olvidado los tampones de repuesto supuse porque no me dijo nada al regresar. Sería algo íntimo.

Por fin fuimos en busca de Miriam que imaginé cabreada por la espera. Ya me temía la bronca cuando no la vi en la terraza del sitio donde habíamos quedado a pesar de haber mesas libres.

-¿Cojo una mesa?
-No, vamos dentro- respondió Marta.
-Pero si hace una temperatura estupenda.- me quejé.
-No, vamos dentro.

Me hizo pasar a una sala al fondo de un bar de tapas y me extrañó que abrió una puerta haciéndome pasar. De golpe escuché: “¡¡¡Sorpresa!!!”. Miré a Marta extrñado y con una sonrisa de lado a lado me respondió:

-Te lo debía. Feliz cumpleaños Luis…-y me dio un abrazo.- ¿Pensabas que no íbamos a celebrar tu cumpleaños?

Estaban todos, Miriam, Ángela y Karina. Víctor y Lourdes, Marcos y Silvia, hasta Teresa y Chusa, Dani y varios compañeros del equipo y algunas de las seguidoras del equipo de los jueves. Perdí la cuenta de la gente que allí había entre felicitaciones y abrazos. Vaya subidón acababa de tener. Menudo sorpresón y sabía que era Marta la que lo había organizado todo.

Me lo pasé muy bien sintiéndome querido y arropado por tanta gente que había reservado un momento para mí. Aunque mi estima había crecido bastante desde los tiempos de instituto por mi fama en el equipo, pero sobre todo por mi éxito con las chicas, el niño tímido e inseguro seguía allí. Salvo con Blanca, que me lo puso muy fácil, mis conquistas nunca fueron tales, porque yo nunca daba el paso. Yo tensaba, pero cuando llegaba el momento siempre era la chica la que me besaba o me preguntaba o directamente me metía mano. Esa timidez mía me había hecho perder alguna oportunidad, pero también me había salvado quizá de meter la pata como el día la azotea a pesar de mi gran empalmada visible.

Yo mismo era consciente de que mi arrogancia en determinados momentos era consecuencia de la misma falta de estima. Mi incapacidad para decir no cuando una chica me buscaba no era tanto una debilidad sexual como una situación de incredulidad. ¿Qué tenía yo en realidad que las atrajera? No tengo tanta labia como Pablo, ni estoy tan bueno como Óscar o Dani a pesar de haber echado cuerpo en el último año. Soy buen estudiante, pero eso nunca había atraído a las niñas en el instituto. ¿Cuál era entonces mi atractivo? Realmente no lo sabía y aun así había estado con niñas tan dulces como Viqui, tan inteligentes como Claudia y tan sensibles como Alba y Marta. Me había follado a leonas como Nieves y Marina, y Silvia me había comido la polla pero sabía que ella no le hacía ascos a ninguna. A Blanca ni la cuento pues sabía perfectamente que me había utilizado para llegar a Dani. ¿Qué veían en mí?

Pues esa noche mi ego estaba hinchado de orgullo pues descubría que no veían al jugador, ni al estudiante, ni al guapito, veían al amigo y la persona. Y eso me tenía bastante sensible al abrazo.

Lo estaba pasando muy bien aunque me estaba costando el dinerito en invitar a alguna ronda a todos, pero ¿para qué está el dinero si no es para disfrutarlo con amigos? Además me hicieron buenos regalos, como unos cascos para el ordenador, una camiseta del equipo con mi nombre serigrafiado “Luisinho”, y algunos regalos de coña, como unos calzoncillos con una diana en el paquete y otros con orejas de elefante y una trompa para meter el nabo. Evidentemente nos reímos mucho, especialmente con los últimos regalos entre gritos de “que se lo pruebe…”. Que buenas las risas y los abrazos con amigos.

Pero llegaba el problema de siempre. A las 2 había que estar en la residencia. Ángela se fue un poco antes con Karina, seguramente para tener un rato de intimidad. Y yo avisé de que me tenía que ir, pero Marta se anticipó cuando avisé de la hora:

-Luis, no seas tonto. Te vienes a mi casa. Además tienes muda para ducharte…

Le rieron la gracia todos los que la escucharon. Por un momento me imaginé con los calzoncillos de elefante puestos y me sentí ridículo de que alguien pudiera verme así. Pero sabiendo que tenía donde dormir me relajé tomándome unas cuantas copas más y recordando anécdotas entre amigos. Charlé con todo el mundo echándome buenas risas.

Pregunté a Dani por la niña de la noche anterior y me confesó que la niña se había echado atrás cuando la invitó a su casa.

-Es lo que tiene tontear con las niñas de primero…-confesó encogiéndose de hombros.
-Bueno, Blanca es de primero y ya ves…
-Pero Blanca tiene las ideas claras. Para ella las relaciones son un trampolín.
-¿Sabes algo de ella?
-Nop. Después del trío empezó a evitarme. Y eso que yo pensaba que estaba coladita y me iba a costar deshacerme de ella después. Pero fue ella la que pasó de mí. Una pena, me gustaba esa niña, especialmente en la cama. Es el chocho más apretado que me he follado nunca.
-Y que lo digas…-asentí- y más tú con el mandado que tienes.
-Jajajaja. que me gusta un chocho apretado…Mira ¿ves a aquella?- me dijo señalándome una de las niñas de la facultad de las que solía acompañar al equipo.
-Sí, es habitual de lo jueves.
-Pues ya verás como me la calzo esta noche.
-No me apuesto nada porque te conozco cabrón…
-Jajajaja…bueno, tú no te quejes. Tu amiga Marta tiene un polvazo, seguro que te la estás follando.
-Que va, es amiga y exnovia…
-Pues yo creo que tira…la veo muy receptiva contigo.
-Tranquilo, no lo voy a intentar…

Al rato de aquella conversación Dani y la chica estaban comiéndose la boca en un rincón. Pero ya cerraban el bar y la mayoría empezamos a desfilar a nuestras casas. Bueno. Yo a la de Marta. ¿Estaría receptiva? Yo no iba a ser quien lo comprobara.

Fuimos dejando gente por el camino hasta llegar los 4 al piso de Marta. Como sólo había un baño había que hacer turno. Se lo cedimos primero a las chicas. Mientras ellas entraban Marcos se sentó en el salón y yo ordené los regalos en el dormitorio de Marta. Cuando salieron las chicas avisaron. Marcos se me adelantó y yo empezaba a mearme con todo lo que había bebido.

Menos mal que no se tardó mucho y pude pasar. Uff, no aguantaba más. Eché una buena meada y me lavé los dientes como pude. Cuando entré en el cuarto de Marta yo daba por hecho que dormiríamos juntos así que sin más me empecé a desnudar para dormir en calzoncillos. Ya hacía calor. Marta llevaba una camiseta larga, así que pensé que se habría puesto un pantaloncito corto, pero cuando se subió a la cama para pegarse a la pared me di cuenta de que estaba en bragas y que al tumbarse se veían perfectamente que eran negras.

Yo me quedé en calzoncillos y me tumbé a su lado. Hacía calor y no me tapé aunque pensándolo fui a echarme la sábana por si me empalmaba, pero ella no se había tapado.

-¿Abro la ventana?, hace calor.-pregunté.
-Prefiero dormir destapada abre un hilito si quieres.

Me levanté para abrir ligeramente la ventana y volví a acostarme pero sin taparme. Si se espabilaba algo que se espabilara. Total ya me había visto. Me puse boca arriba con los brazos bajo mi cabeza mirando al techo. Marta se giró y se me abrazó apretándose. Nada era distonto a otras ocasiones salvo sus bragas.

-¿Te esperabas la sorpresa?- me preguntó sonriéndome.
-Para nada. Ha sido un sorpresón.
-Te lo mereces, Luis. Para que veas que a pesar de tus cositas todo el mundo te valora.

“Si supieras algunas cositas” Pensé recordando a Dani.

Marta me acariciaba el pecho. No era nuevo, pero notaba algo diferente. No sabría como explicarlo pero lo percibía.

-¿Entonces te lo has pasado bien?- insistió.
-Claro. Me ha encantado. Muchas gracias.- respondí abrazándola.
-¿Te han gustado los regalos?
-Bueno alguno es muy particular, jajaja. La camiseta del equipo me encanta y tal, pero los bóxers de elefante son un poco no sé, jajaja.
-Si tienes que estar graciosísimo con ellos puestos…
-¿Me los quieres ver?
-¿Ahora?
-Claro, están ahí. Si no te importa verme el culo mientras me los pongo…

Marta se quedó pensativa con una sonrisa de niña mala mirando al techo, pero inmediatamente respondió negando.

-No, jajaja. Mañana si acaso…¿entonces te ha gustado de verdad?
-Me habéis hecho muy feliz.

Marta se acurrucó de nuevo a mí aferrándose a mi pecho, así que insistí:

-Bueno, especialmente tú, que sé que lo has organizado todo.

Mi ex me acariciaba el pecho y levantó la mirada para buscar la mía con su cabeza apoyada en mi hombro y su mano jugando con los tres pelos que me salen en el esternón. Me miraba con una sonrisa de felicidad en la que me demostraba haber disfrutado casi más ella organizándome el cumpleaños que yo. Entonces noté que bajaba la mirada de mis ojos a mis labios. ¿En serio? ¿Marta quería besarme? Yo la observaba hasta que con un leve movimiento de cabeza posó sus labios en los míos apoyando la palma de su mano en mi pecho. Se lo devolví más bien dejándome, no rechazándola. Estuvo unos segundos pegada a mis labios y se separó para ver mi expresión. Lo primero que se me ocurrió fue preguntar:

-¿Estás segura?
-Segurísima…

Marta volvió a buscar mi boca y nos unimos de nuevo en un beso más intenso. Mi mano se fue a su espalda por debajo de su cuello apretándola más a mí y su pierna se montó sobre mi muslo. Ya nuestras lenguas se habían encontrado y nuestros cuerpos se apretaban. Estaba recuperando las sensaciones del beso en el tren, pero mucho más, porque no sólo noté como algo crecía dentro de mi calzoncillo, sino que mi mente estaba viajando en el tiempo, exactamente un año antes, cuando empezamos a salir.

Pero de nuevo me llegó esa cierta parálisis de no saber si Marta quería algo más de sexo, si quería retomar la relación o simplemente le apetecía besarme acurrucándose a mi lado. Mi churra desde abajo me decía que le encantaría follar con mi exnovia como ya me lo había dicho en la azotea unas semanas antes, pero mi cabeza de arriba pensaba en las implicaciones. No os voy a negar que en ese momento ni me acordé de Alba ni de Claudia y mi cuerpo y mi mente estaban concentrados en la preciosa Marta. De ella era la iniciativa. Por eso quizá simplemente nos besaríamos un rato antes de dormir y ya hablaríamos de lo que había pasado.

Pero entonces empezó a escucharse el sonido rítmico del cabecero de la cama de Silvia. Marcos la estaba empotrando otra vez. Estaba claro que Silvia había encontrado la horma de su zapato, por no decir el empotrador que la llenaba. Dejamos de besarnos un instante y nos sonreímos mirándonos a los ojos hasta terminar riendo por la irrupción del polvo de nuestros amigos. Pensé que nos echaríamos a dormir, pero Marta me sorprendió de nuevo poniéndose de rodillas a mi lado pegada a mi costado.

Su culo quedaba a tiro de mi mano pero me limité a acariciar su muslo apretado al sentarse sobre sus propias piernas. Sin perder la sonrisa que se había instalado en su cara aquella noche me miró y con parsimonia se quitó la camiseta. Gracias a la luz que entraba por la ventana pude ver perfectamente la redondez de sus tetitas que terminaban en sus pezones puntiagudos en ese momento. Nos quedamos mirándonos un instante, pero ahora estábamos serios. Sólo los gemidos de Silvia y los golpes de la cama rompían nuestro silencio, pero en realidad ya no los escuchábamos absortos el uno en el otro. Esto era una invitación evidente.

La mano que tenía posada en su muslo la fui subiendo por su cadera y cintura y alcancé su pecho rozándolo con la mano. Marta se estremeció. Continué acariciando su teta notando lo durísimo que estaba su pezón. Tendría hasta que dolerle tanta dureza. Pero por sus gestos más que nada estaban sensibles. La boca se me hacía agua. De un movimiento rápido me incorporé atrapando su cuerpecito con mi otra mano de forma que la hice caer de lado en la cama. Marta soltó una risotadita de niña traviesa pero en cuento mi boca se apoderó de su pezón atrapándolo con mis labios la tornó en un gemido profundo y sus manos se aferraron a mi cabeza.

-Mmmmmmmm; Luiiiiiiiiisssss…

Su voz me sonó a gloria como su pezón me resultaba sabrosísimo y su olor extasiante. Siempre me había gustado Marta. Nunca había dejado de gustarme y sólo Claudia había eclipsado ese sentimiento. Estaba latente dentro de mí de tal modo que en cuanto Claudia desocupó ese espacio en mi mente Marta se introdujo en él y ahora era yo el que pensaba introducirme en ella, pero físicamente pues me daba cuenta que ella nunca había dejado de albergarme.

El corazón me latía a mil saboreando los pezones tan sensibles de Marta. Qué distintos de los grandes pechos de Alba. Alba….me había olvidado de ella.

Con los pechitos de Marta en mi boca y sus suspiros permanentes repitiendo mi nombre el flash de Alba pasó rápidamente concentrándose mi cuerpo y mi mente inmediatamente en el cuerpecito que se estremecía de placer entre mis chupadas y sorciones. Marta tiene los pezones más sabrosos que me he comido en mi vida. Duritos, puntiagudos y sensibles. Probablemente sea su punto débil. Si le comes los pezones ya no hay vuelta atrás.

Y yo la sentía encantada con mi trabajito de boca. Eso me decía su voz, sus manos en mi cabeza revolviéndome el pelo y la agitación de su respiración. Por tanto quería más y yo se lo iba a dar. Descendí hasta su ombligo jugando con mi lengua en el ombligo. Su diafragma subía y bajaba. Estaba muy excitada. Así que tiré del elástico de sus bragas para desnudarla completamente comprobando como Marta levantaba las caderas para ayudarme. Sin abandonar su ombligo mis brazos hicieron el trabajo de sacar las bragas por sus piernas que ella flexionó sacándolas por mi costado para facilitarme la operación.

Tiré su prenda interior sin mirar ni donde caía e inmediatamente coloqué su pierna derecha por debajo de mi cuerpo para que su raja se abriera para mí. De nuevo colaboración absoluta. Mis polvos con ella siempre habían sido silenciosos pero esta vez hablé:

-Marta se me hace la boca agua…

Ella no respondió con sonido alguno más que agitando su barriguita y empujando con su mano mi cabeza para dirigirla. Me estaba ofreciendo su coño y yo lo iba a aprovechar. Resbalé mi cara por su piel encontrándome su pubis rasurado y muy suave. O Marta siempre lo llevaba así o se había preparado para mí, pero ello provocó un nuevo un flash como el anterior recordando el abultado monte de venus peludo de Alba con sus labios gordos que no vi pero toqué. Ahora mi mejilla se apoyaba en el pubis durito y suave de Marta mientras mi lengua lamía su calvicie púbica.

Pero un leve olor a chocho, a hembra excitada me llegó de muy cerca y de nuevo no pude contener mi verbosidad:

-Joder, Marta te voy a comer hasta el alma…

Cuando mi boca se apoderó de su chocho Marta arqueó la espalda levantándola su pelvis del colchón pese al peso de mi cabeza, gimiendo entre grititos ahogados agarrando de nuevo mi pelo con tanta fuerza que casi me hacía daño. Ella nunca era capaz de expresar con palabras durante el sexo sus sentimientos pero sus gestos decían mucho más y me animaban a hundir mi lengua en sus entrañas multiplicando su lubricación y el olor a hembra.

Su sabor me llenaba la boca y de golpe, en apenas unos segundos noté las contracciones de su pelvis y un gritito ahogado más largo y agudo. ¿Ya se estaba corriendo??El arqueamiento de su espalda y la tensión de sus muslos eso indicaban, pero sobre todo el aumento de su flujo en mi boca y como empujaba con su mano para que me apartara de su raja.

Si hubiese sido un tío se moriría de vergüenza por la brevedad, pero el tío era yo y lo que tenía en ese momento era una satisfacción enorme, tan enorme como mi erección. Me incorporé poniéndome de rodillas en la cama a los pies de mi ¿exnovia?. Ella estaba despatarrada con las manos en la cara tragando saliva y su chocho abierto y brillante por mi comida. Dudé qué hacer aunque sabía lo que quería y era clavarle la polla. En otras circunstancias me habría colocado entre sus piernas y me la habría follado sin pensar, pero yo mismo no tenía claro lo que estaba pasando ni sus consecuencias así que dudoso pregunté:

-Marta ¿quieres sentirme dentro?

Asintió con la cabeza quitándose las manos de la cara.

-Pero no tengo condones…-me expliqué.
-¿Me puedo fiar de ti?- preguntó con voz melosa.
-Ni me acuerdo ya de la última vez….llevo una buena racha a dos velas.
-Vale, estoy tomando otra vez la píldora. Confío en ti.

Joder, como estaba Marta. Tan lanzada, tan decidida y ¡a pelo!. Sin dudar me bajé los calzoncillos hasta medio muslo colocándome entre sus piernas apoyando mis manos a cada lado de su cuerpecito. La besé con dulzura mientras pegaba mi sexo al suyo. Ella me abrazó acariciando mi espalda ofreciéndome su lengua. Una de sus manos bajó hasta mi nalga así que levanté mi pelvis para poder dirigir mi polla a la entrada de su coño. Parecía un aprendiz inexperto pues no conseguía encajar mi glande entre sus labios. Tuvo que rescatarme Marta con su mano dirigiendo mi nabo al lugar correcto. Empujé ligeramente y entró el glande pues estaba empapada, pero noté algo de resistencia.

-Con cuidado, Luis…que llevo mucho tiempo sin hacerlo…

Me quedé quieto un momento con la punta de la polla en su chochito sin moverme pero no puede evitar preguntar:

-¿Desde cuándo no…?
-Pues…digamos que después de ti…has vuelto tú…

Me quedé algo cortado pero lo enmendé besándola de nuevo. Ella me recibió con su boca y con su coño pues con ligeros movimientos cortos de cadera fui consiguiendo entrar en su coñito apretado después de casi un año sin follar con nadie. Por fin la penetré completamente sintiendo como mis pelotas llegaban a chocar con su piel y me quedé quieto otro momento sin dejar de besarla pero fue ella la que soltó mis labios para decirme al oído suspirando:

-Ay….Luiiiiiiissss

Sentía su calor y su humedad apretar mi miembro pero aun así me limitaba a sentirme dentro de ella mientras nos besábamos y sus manos se paseaban despacio por mi espalda, costados y nalgas. Pero Marta es tan pequeñita que a pesar de que no soy muy alto para poder besarla mientras la penetraba me obligaba a encorvar la espalda. Por eso estiré los brazos separando mi torso de su pecho. Al moverme se estremeció encogiendo su carita en una mueca de placer. Así que sosteniéndome sobre los brazos empecé a mover las caderas para poder rozar mi polla dentro de su chocho.

Cada vez que sacaba media polla y la volvía a clavar Marca me regalaba una nueva mueca de placer que veía desde la altura que mis brazos extendidos me proporcionaba sobre ella. Sus brazos se paseaban por mi pecho aunque uno de ellos había vuelto a mi nalga agarrándola y apretándola. Parecía pedirme que la clavara más fuerte o más rápido y obedecí. Nos mirábamos mientras mi polla entraba y salía de ella. Era indescriptible la mirada intensa con muecas de placer a cada envestida de mis caderas. Pero Marta quería más marcándome más ritmo con su mano en mi culo.

-Así no voy a durar mucho…-confesé.
-No me importa Luis, quiero sentirte…

Aumenté el ritmo cuanto pude pues temía que se me cansaran los brazos con la postura aunque el cosquilleo en mis pelotas avisaba de que yo tampoco duraría demasiado. Marta gemía y yo creo que también cuando superé el punto de no retorno, ese en el que te sube por el espinazo un escalofrío y sientes como sube por la uretra el semen justo antes de que te de el latigazo de placer del primer lefazo.

Creo que gemí muy ronco concentrado en los latigazos sucesivos que me hacían contraer las nalgas. Abrí los ojos y vi a Marta con los suyos cerrados y la boca muy abierta respirando muy rápidamente con gemiditos. No aguanté más y me desplomé sobre ella cubriendo su cara con mi hombro en el momento en que una de sus manos apretó mi culo clavándome las uñas y sus piernas intentaban cerrarse impidiéndolo mi cuerpo. Mi orgasmo había provocado el suyo. Sentía mi polla pringada con mi propia corrida dentro de su coño que se contraía. De hecho, no sólo me arañó el culo sino que me clavó los dientes en el hombro. Cuando sentí que empezaba a relajarse me salí de ella para tumbarme a su lado.

-No, no te salgas todavía…-me pidió, pero ya era tarde y yo resoplaba tendido al lado suya.
-¿Quieres que busque algo para limpiarnos?
-No, no. No te vayas…quédate aquí conmigo.

Pasé mi brazo por debajo de su cuerpecito y la abracé por la espalda pegándola a mi cuerpo sudoroso mientras ella apoyaba como al principio su cabeza en mi hombro y se abrazaba a mi pecho. Quería preguntarle muchas cosas pero no me atrevía. La besé en la frente y comprobé como su respiración era cada vez más profunda y acompasada. Tanto que en realidad se había dormido. Yo pesé a no saber todavía qué había pasado me dormí al poco con ¿mi chica? Sobre mi pecho.

Un comentario sobre “La residencia (114)

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