BEDA DOMÍNGUEZ

Nunca supe si era amor lo que sentí por Cesar. Pero sí supe que era la primera vez que sentía una cosa diferente cada que lo distinguía, a lo que sentía por mi papá, quién era hasta ese día mi galán de Novela favorito.

Cesar era el niño más bonito de mi Escuela. Me gustaba ver su cara sonrosada que parecía tan luminosa cuando sonreía y su cabello güerito y medio rizado que se me antojaba como hebras de caramelo.

Al verlo sentía bonito, y me imaginaba tardes con él platicando de cosas que ahora ni me acuerdo pero me imagino han de haber sido de alguna materia escolar, ¿de qué más?.

Mi madre compraba unas novelitas tituladas Lágrimas y Risas donde aprendí a leer más rápido que muchos de los compañeros de mi salón de clases y donde publicaban hermosas historias de amor y unas revistas de aventuras donde los personajes de Rarotonga y Kalimán, por ejemplo vivían muchas peripecias de donde siempre salían triunfantes y eran muy felices. Y así me imaginaba que iba hacer la vida de nosotros si algún día llegáramos a casarnos.

También imaginaba que viviríamos en una casita de árbol, como el cuervo del comics, o en una casita ya más convencional en un bosque rodeado de zarzamoras donde nunca nos faltaría nada, como en las aventuras de la pequeña Lulú.

Cesar era el hijo del dueño del único cine de la localidad, su casa era muy bonita. Yo vivía en una casa algo fea de un campo cercano a ese pueblo a dónde íbamos a la escuela. Y mientras él comía (imagino)en elegante mesa, yo lo hacía donde se podía ya que nuestra mesa familiar casi siempre estaba ocupada con “abonados” de mi madre(trabajadores del campo a quienes ella les vendía alimentos a todas horas a módicos precios).

El ensueño terminó aquel aciago día en que amanecí sin un diente .Por mi casa de plano no pasaba nunca ningún personaje fantástico mucho menos el Ratón de los dientes y mi padre en su representación me dio un peso que fue la envidia de mis hermanos mayores a quienes se les daba 20 centavos máximo al día para gastar. Me sentía millonaria cuando acudí a la Escuela y me di el gusto de comprar una de las tostadas de frijól con queso que tanto se me antojaban y rara vez podía degustar.

Antes de salir de casa esa mañana mi padre se encargó de hacerme sentir que me miraba muy linda, que la ventana en mi boca no se veía nada mal y que todo era un proceso natural en el crecimiento.

“Luego lucirás los dientes más hermosos y perfectos del mundo” me dijo mi Papá, convenciéndome de que nadie o casi nadie se daría cuenta de que estaba “chimuela”

Llegó a la hora del recreo y mi hermano me regalo unos chicles color morado intenso. A mi hermano no le gustaban los chicles y solo los compraba por las chicas en bikini que venían dibujadas en las envolturas. Envolturas que mojaba y se plantaba en bíceps y brazos y se le quedaban ahí por varias horas o días si no se lavaba, a manera de tatuajes.

A pesar de que tampoco me gustaban los chicles(hasta la fecha no me gustan) al ver de lejos a Cesar el nerviosismo no me dejó pensar y tomé el puñado de chicles los cuales empecé a masticar. Aún recuerdo esa goma de mascar sabor raro, como a dulce con amargo, sabor que quizá adquiría por la tinta de las calcomanías.

El chicuelo de mis sueños e inquietudes caminó sin fijarse hasta quedar enfrente de mí. Recuerdo que el intentaba reunir amigos para jugar a las canicas.

¡Yo!, le dije, ¡yo también se jugar canicas!

Él me miró como pensando “que va a saber de jugar canicas una mujer”

Al ver que me ponía atención me inundó una “verborrea” imparable.

“También sé jugar al trompo ,atrapar peces en el lodo de los canales , trepar árboles y matar ranas con la resortera….ah…y despellejarlas también “.

Él me miraba con cara de asombro( creí que porque estaba admirado de todas mis virtudes recién enumeradas) y del asombro pasó a sonreír, y luego a reír a carcajadas mientras señalaba mi cara que empezó a ponerse roja y luego llena de lágrimas.

Te ves tan rara me dijo sin parar de reír….pareces un monstruo de día de brujas.

Yo me alejé llorando y me refugie en el baño de la escuela. Y al recordar lo que dijo me miré en el espejo. Mi cara hinchada de llorar se veía cada vez más terrible sobre todo por la fosa donde había estado el diente y que con su color morado me hacía parecer salida de una revista de Archie y los Monstruos. No pude evitar seguir llorando desconsolada porque empecé a sentir mucha vergüenza.

Pase días odiando a Cesar  y a mi padre también.

¡Semejante mentiroso mi Papá!_ pensaba mientras miraba en el espejo mi cara de sonrisa chimuela que se me figuraba, se parecía a la de Hermelinda Linda, la bruja de las revistas de colores. ¡N´hombre! si nomás me faltaba la verruga. Y Cesar, que gacho el Cesar. ¡Tanto que me gustaba! Y me había resultado un canijo insensible burlón de chicas.

Duré un tiempo triste y a veces imaginaba que llegaba Kalimán le daba su merecido y dulcemente me consolaba diciéndome…”serenidad, serenidad y paciencia”.

Tiempo después emigramos a la Ciudad…y que bueno. Ya que cada que miraba a Cesar en el Escuela, mejor me escondía de la vergüenza que me daba y del coraje que le tenía.

Después de esa mi primera aventura amorosa han pasado varias más, pero es la que recuerdo con mas ternura ya que yo, solo tenía 7 años y creo que el Cesar 6.

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