ALMUTAMID

Los pájaros ya cantaban y empezaba a amanecer. Casi nos quedamos dormidos. Pero un rumor de pasos me hizo vestirme con ligereza. Hicimos los escasos 300 metros hasta la casa de Alba los dos abrazados, llevándola por la cintura. Con los tacones era más alta que yo, acentuándose su altura con la flor en la cabeza, por lo que apoyaba su cabeza en la mía. Nos despedimos con un dulce beso y un “Hasta mañana…”

Llegué a casa reventado pero satisfecho. Aunque estaba pringado por mi semen reseco, así que me duché antes de acostarme. Pude dormir perfectamente hasta el mediodía. Pero al despertarme me quedé en la cama pensativo recordando las sensaciones de los besos y su mano en mi polla. Ahí empezaron los remordimientos. Alba me gustaba mucho, cada vez más. Me había sorprendido dos veces con su iniciativa inesperada. El beso del lunes y el pajote sobre todo. Pensé que esperaría a hablar conmigo antes de dar cualquier paso sexual. Pero no había sido así y yo tenía un sentimiento de culpa que me pesaba bastante. Incluso a lo largo de la tarde me oprimía el pecho. Tenía que hablar con ella con mucho tacto. ¿Pensaría que estábamos saliendo?

El domingo era mi cumpleaños, así que mi plan era celebrarlo de madrugada para despedir la Feria y comer con mis padres antes de volver a la residencia. En realidad aquella noche quedábamos pocos, pues tras tantos días de celebración, sobre todo la gente que trabaja está cansada y los últimos días la Feria suele estar más tranquila. Especialmente las casetas particulares. Muchos se van a la playa para descansar sobre todo si el tiempo acompaña como estaba ocurriendo en que las temperaturas por la tarde se acercaban ya a los 30o. Aunque en primavera ya se sabe que pasas del calor a la tormenta en horas.

No quería que hubiera equívocos con Alba pero tampoco quería hacerle daño. En el fondo me encantaba estar con ella. Había recuperado una ilusión que había olvidado desde que me enrollé la primera vez con Claudia. Pero mi mala suerte siempre me ponía las relaciones al revés, me daba a Claudia cuando me volvía a mi ciudad y me daba a Alba cuando me tenía que ir a la universidad. Era mi sino y mi mente se rebelaba.

Habíamos quedado para ver los fuegos dentro de la feria y después yo había ofrecido ir a mi caseta hasta que la cerraran para despedir la Feria con mi cumpleaños. Eso me daría unos minutos para hablar con Alba. La recogí a las 23:15. Yo iba cortado sin tener realmente claro que le iba a decir. Llegué a su portal puntual y le mandé un mensaje pues me daba aun más palo llamar al porterillo. No había terminado de mandarlo cuando apareció por la puerta con una sonrisa que iluminaba su cara pero me dio dos besos de amiga.

Temía que buscara mi boca, pero su naturalidad me dejó descolocado aunque a la vez me tranquilizó.

-¿Qué tal has dormido?- le pregunté comenzando a andar hacia casa de Viqui para recogerla.
-Muy bien. Estaba agotada. He dormido no sé cuantas horas.

Entonces detuve la marcha poniéndome serio.

-Alba, yo…yo, lo de anoche.
-Luis, tranquilo. Surgió. Ninguno lo buscamos pero al sitio, el vino, no sé que decirte, pasó.
-El sitio no sería….jajajaja.-rei quitándole hierro al asunto.
-Verdad, jajajaj. Feo y con olor a meado, jajaja. -rió conmigo relajándome más.

Se agarró a mi brazo y seguimos andando. Pero yo necesitaba saber más.

-Alba, me gustas mucho. Pero ya sabes que…

No me dejó terminar parándonos de nuevo mientras decía:

-Luis, en serio. Lo sé. Sé que te gusto, no necesito que me lo expliques. Lo siento. Y también sé que te vas. No planifiqué nada como sé que tú tampoco. Pasó. Nos dejamos llevar por lo que sentíamos y ahora sólo tenemos que ser racionales.
-Pero es que fue muy íntimo.-insistí.
-Pero ¿te gustó?
-Me encantó.-respondí comprobando como se le encendían las mejillas con cierto rubor.- Aunque lo importante es si te gustó a ti.

Me encantaba como se le encendía el rostro cuando se sacaba el tema sexual. Al fin contestó:

-A mí también me gustó mucho…-bajando la mirada avergonzada. Pero inmediatamente cambió de conversación haciéndose la enfadada- ¿Oye por qué no me dijiste que mañana era tu cumpleaños? No te he comprado ningún regalo.
-Tú eres el mejor regalo…-respondí comprobando como volvían a encenderse sus mejillas. Qué niña tan bonita -Por cierto, vienes muy guapa.

Y era verdad, pues como dicta la costumbre ya no venía vestida de flamenca, sino con un short negro con medias oscuras que hacían parecer sus piernas aún más largas, un top de tirantas como el del sábado anterior pero ahora sin encajes y plateados, pero igualmente ajustado a sus pechos y suelto de barriga que adivinaba debajo y una rebeca negra que cubría sus hombros pero dejaba ver su escote.

Así llegamos a casa de Viqui que ya nos esperaba en la puerta pues con nuestras paradas nos habíamos retrasado. Fuimos recogiendo amigos por el camino. Pablo y Leyre se habían ido a la playa pero Nieves y Alberto nos sorprendieron apuntándose con nosotros. Compramos una botella de manzanilla con vasos de plástico para brindar por la Feria que se acababa entre los “Oooooooes” que acompañaban al castillo de fuegos artificiales. Brindamos por la buena Feria que acabábamos de terminar y por la futura con algún brillo de ojos como muestra de la lástima que daba el final de unos días tan buenos.

En cuanto terminaron los fuegos empezaron a felicitarme por mi cumpleaños. Después nos fuimos a mi caseta que estaba casi vacía para invitar por mi cumpleaños. Es una pena ver como a partir de las 12 del domingo las casetas públicas, de asociaciones, peñas y clubes están cerradas y sólo quedan abiertas algunas casetas particulares si quedan socios.

Entramos y pedí en la barra manzanilla y rebujito y algo de comer. Entre los que estábamos allí llamaba la atención Miguel. Había venido con la chica con la que se había enrollado el lunes. La chica se notaba que era un poco barriobajera, pues su forma de vestir hacía contraste con el resto de chicas y se le notaba un poco fuera de su ambiente. La niña iba vestida con unos leggins tan apretados que un sordo podía leer perfectamente sus labios, unas botas blancas y una chaqueta de plástico blanco a juego con las botas. Aun así dieron bastante juego con las bromas que les gastamos. Aprovechando que en la caseta suele haber una guitarra empezamos a cantarle una canción apropiada:

“Ay ¿qué le estará pasando al “probe” Miguel?
Que hace mucho tiempo que no sale
¿Que le estará pasando al “probe” Miguel?
Que hace mucho tiempo que no sale
La laralarála
La laralará
La laralarála
La laralará
Me dicen, me dicen que Miguelito
Entre nosotros se encuentra muy extraño
Me dicen, me dicen que Miguelito
Entre nosotros se encuentra muy extraño
Él dice que es feliz en la montaña
Que se está convirtiendo en ermitaño
Él dice que es feliz en la montaña
Que se está convirtiendo en ermitaño”

No sólo aguanto la chanza dignamente sino que se arrancó a bailar en medio del grupo para diversión de todos, convirtiendo la broma en jolgorio.

Después soplé una vela sobre una tortilla de papas que hizo las veces de tarta y me dieron varios regalos en el que estaban incluidos los ausentes. Alba también, que se había hecho antes la nueva conmigo para que no descubriera la sorpresa del regalo. Y me sorprendieron de verdad. Me habían regalado la camiseta de mi equipo de fútbol, concretamente la edición especial con la que había ganado su primer título europeo unos años antes basada en la camiseta original de principios del siglo XX. Agradecí el regalo aunque yo tenía en mi mente en ese momento otro regalo que esperaba cobrarme más tarde.

El casetero nos echó rápido por lo que nos despedimos de la Feria definitivamente tomándonos un chocolate con churros en una famosa chocolatería situada frente al Real. Después tomamos el camino de casa despidiéndonos en las esquinas, pues yo ya no volvía en dos meses. Así llegamos a casa de Viqui despidiéndome de ella con un largo abrazo y la promesa de hablarnos más a menudo por mensajería.

En cuanto Viqui se perdió en su portal Alba y yo continuamos nuestro camino. Llevábamos toda la noche disimulando pero al quedarnos solos la cogí por la cintura encontrándome con su piel bajo el top. Me sonrió al sentir mi mano sujetarla. Apenas 100 metros más adelante estaba el callejón donde nos habíamos enrollado la noche anterior. Al llegar a su altura solté su cintura y la cogí de la mano. Un suave tironcillo fue suficiente para que me siguiera a la oscuridad de nuestro rincón.

-¿Me dejas despedirme de ti?- pregunté mirándola a los ojos.

Aprovechando la oscuridad había apoyado a Alba en la pared poniéndome frente a ella muy pegado. Pese a la oscuridad sus ojos fijos en mí me iluminaban. Como no contestaba insistí:

-Llevo toda la noche esperando para quedarme a solas contigo.
-Pues ya estamos…

Su respuesta fue una invitación para empezar a besarnos. Yo me pegué aun más a ella que repitió su costumbre de apoyar sus manos en mi pecho. Yo apoyé mis manos en sus caderas pero buscando con mi dedo el roce de su piel desnuda bajo el top. Alba se estremeció pero pasó sus manos por detrás de mi cuello para seguir besándonos ya con mucha lengua. Mi erección era evidente y debía estar sintiéndola apretada a su entrepierna.

-Llevo toda la noche queriendo acariciar esta barriguita…-le dije separando mis labios d ellos suyos para besar su cuello.

Alba no respondía pero de su garganta surgía un leve ronroneo. Le gustaban mis besos en su cuello ofreciéndomelo girando la cabeza mientras sus brazos se aferraban a mi cuello. Eso me envalentonó y mis manos empezaron a dirigirse al objetivo realmente deseado, sus tetas. Me sorprendía como se agitaba su vientre con mis caricias pero cuando una de mis manos llegó al encaje de su sujetador pegó un respingo. Por un instante se quedó rígida mientras yo seguía comiéndole el cuello y acariciando la base de su pecho a través de la tela del sujetador.

Empezaba a relajarse cuando mi dedo se coló entre sus pechos rozando la piel de su canalillo sintiendo su piel tersa y estirada por el volumen de sus senos más duros de lo que me esperaba de nuevo.

Alba se puso tensa. Parecía incómoda con mi mano paseándose por dentro de su top. Yo intenté relajarla buscando sus labios de nuevo con mi boca. Pareció surtir efecto pero en cuento mi mano empezó de nuevo a subir por su vientre éste se agitó nervioso y en cuanto mi dedo se plantó rozando la piel de su teta para colarse en la copa del sujetador dio otro respingo soltando mis labios y mi cuello con sus brazos.

-Lo siento, Luis…es que aquí no puedo, me da cosa.
-No te preocupes, tus palabras son órdenes para mí…-respondí mientras retomaba mi beso.

Estaba claro que me iba a quedar sin poder disfrutar de esos pechos que llevaban tanto tiempo poniéndome nervioso y que tras retomar el contacto con Alba más de una vez habían venido a mi mente en el recuerdo de aquellos pezones oscuros en la piscina del chalé de Leyre.

A lo que no renunciaba era a su piel. Por lo que una de mis manos recorría su espalda y la otra su barriga. Algo que debió relajarla pues desabrochó un botón de mi camisa para colar su mano y tocar mi piel. Le gustaba acariciar y a mi me encantaba que le gustara. Además sentir su mano en mi pecho me demostraba que se había relajado de nuevo. Además no sólo acariciaba mi pecho también mis abdominales que yo apretaba como un tonto para que las sintiera marcadas rozando con sus dedos el elástico de mis calzoncillos. Estaba claro que se sentía más cómoda tocando que siendo tocada.

Así estuvimos un buen rato sin dejar de comernos la boca y con nuestras manos paseándose por a piel del otro. Su dedo jugando con mi elástico por dentro de la camisa me tenía como una moto con la polla a reventar. Si pudiera le bajaba el short y la empotraba contra aquella pared, pero visto el resultado de mi pesquisa por sus tetas evidentemente quedaba descartado. Por lo que empecé a imitar su juego intentando colar mi mano por su cintura, pero la cinturilla del short me lo impedía. Probé a soltar su botón, era de clip y saltó fácilmente. Con el trabajo que me ha costado siempre soltar los sujetadores. Alba se tensó de nuevo agitando su barriga pero como mi dedo se limitó a pasear por la cinturilla de sus panties de nuevo se relajó, De hecho soltó otro botón de mi camisa para poder colar las dos manos. Yo agradecí el gesto con un leve gemido de aprobación, aunque me habría gustado más que soltara mi pantalón.

No me lo pensé dos veces y en un movimiento rápido colé mi mano en el panty sujetando el elástico con la otra con tan buena suerte que se coló dentro de la braga. Alba es de esas niñas de caderas anchas que cuando se ponen bragas de cadera les queda un hueco por la forma de la pelvis. Y por ahí se coló mi mano. El salto que dio fue tremendo deshaciéndose de mi boca para casi rogarme:

-No, Luis, no….que no vengo preparada, no…

Efectivamente mi mano se topó con un tupido vello que cubría un voluminoso monte de Venus. Mis dedos jugaron con su vello púbico intentando perderse en él aunque no era tan largo mientras Alba se agitaba estremeciéndose sacando las manos de mi camisa así que intenté relajarla diciéndole:

-Anoche alguien fue mala y jugó con mi cosita…así que ahora….

Para entonces mi dedo se había colado entre sus piernas encontrándose con su humedad. Alba se agitaba y gemía de forma descontrolada siendo su invitación para buscar su placer.

-Mmmm, Luis, no, por favor…que vergüenza…

Sus palabras fueron el chispazo para que mi dedo se colara entre sus labios mojándose con su flujo. Alba recortó la cabeza contra mi hombro mientras yo retomaba su cuello y su oreja. Se retorcía como cola de lagartija con mi dedo moviéndose dentro de su braga apenas con una falange penetrando su coño empapado. No quería ni imaginarme que pasaría se algún día la penetraba de verdad con mi churra. Pero la chica seguía con la espalda arqueada hacia adelante con su culo apoyado en la pared y su respiración en mi cuello. Sus gemidos tan cercanos a mi oreja me envalentonaban más y la palma de mi mano acariciaba su vello púbico mientras mi dedo jugaba dentro de su coño empapado. Sentí que le flojeaban las piernas ahogando un gemido. No podía ser. En apenas unos minutos Alba se estaba corriendo con grititos ahogados empapándome la mano.

Dudé si de verdad ya había llegado o sólo era un estertor intermedio de placer, pero una de sus manos bajó para intentar que yo sacara la mía de su entrepierna. Obedecí acariciándole la espalda mientras recuperaba la respiración sin levantar la cabeza de mi hombro. Su barriga seguía agitada pero ya no gemía. Si Alba era siempre así follar con ella tenía que ser un espectáculo de gemidos, movimiento y orgasmos sucesivos.

-Ay Luis, que vergüenza…
-¿Vergüenza por qué?
-Yo, es que, yo…hace mucho que no, y no pensaba que tú, vamos que yo…
-Me ha encantado…me encantas…me pasaría la vida con mi mano ahí…
-Que tonto…eres un peligro…que vergüenza…dirás que vaya tía…
-Digo que vaya tía más bonita…

Entonces rozó el dorso de mi mano notando la dureza de mi paquete.

-Luis, está fatal…
-Estoy muy bien…
-¿No te molesta?
-Contigo no me molesta nada…
-Tonto…¿quieres que te ayude?
-¿Ayudar?
-Pues como ayer…a que tú también…
-Sólo quiero lo que tú quieras…a lo mejor te da vergüenza.
-Tonto…-respondió con una risita inocente.

Sin embargo empezó a desabrochar mi cinturón y el botón del pantalón. Bajó la cremallera e hice un gesto de aprobación diciendo:

-Sí que apretaba.

Alba me sonrió y con mucho cuidado como quien abre un paquete delicado levantó el elástico del calzoncillo y metió la mano acariciándome el glande. Me estremecí y Alba levantó la cabeza mirándome. Me gustaba que nos miráramos mientras me acariciaba la polla. Después bajó el calzoncillo liberando mi polla que sujetó hasta que los huevos también quedaron fuera de su escondite. Empezó a pajearme suave viendo como mi glande se cubría y se descubría con el movimiento de su mano. Lo que daría porque en ese momento se agachara a mamármela. Pero no sabía hasta donde estaba Alba dispuesta a llegar ni la iba a forzar como había hecho con Blanca. Ni siquiera se lo iba a proponer. Pero Alba se estaba agachando…

Joder, hasta nervioso me puse. Pero Alba se detuvo para terminar de desabrochar mi camisa. Quizá le molestara. Pero una vez despejado mi pecho y mi vientre posó sus labios sobre mi piel besándome con dulzura el pectoral mientras su mano meneaba mi polla primero suave y después con más brío. Su cabeza se paseaba por mi pecho y las abdominales más altas pero no se acercaba a mi polla. Evidentemente no iba a haber mamada. Alba era diferente. Pero me gustaba sentir sus labios en mi piel. Tuve que apartar la tentación de empujar su cabeza hacia mi polla como había hecho con otras chicas. Con Alba no me la iba a jugar por eso.

Yo apoyé mi mano en la pared de modo que ella estaba inclinada de lado. Nunca me habían hecho una paja así. Con la postura con ella ligeramente agachada casi perpendicularmente a mí colando su cabeza entre mi cuerpo y la pared pude comprobar que veía sus pechos desde arriba apretados dentro del sujetador de encaje. El top caía ligeramente dándome una mejor visión de sus tetas una vez que mis ojos estaban más que acostumbrados a la oscuridad del callejón.

Era una tentación tenerlos a mano y no poder tocarlos. Pero me había parado unos minutos antes. Acababa de tocarle el chocho y no había pasado nada. Además ella estaba concentrada ahora en mis pezones sin dejar de meneármela. El sexo tiene estas circunstancias tan sorprendentes. Había follado con mujeres totalmente desnudas hasta metiéndosela por el culo, había hecho tríos, me la habían comido en la calle, en un trastero, un probador y hasta en la facultad pero tener las tetas de Alba delante y no saber si podía tocarlas me ponía tan cachondo que iba a provocar mi orgasmo más rápidamente que su torpe mano meneándomela mientras me lamía el pecho.

Ya no podía más. Apoyé mi mano en su espalda, la colé bajo su top acariciando su espalda. Rodeé su cintura hasta llegar a su barriguita. Y avisé:

-Alba ya no puedo más…
-¿Ya te viene?
-No, no es eso…necesito tocarte, acariciarte como tú a mí.

Y sin decir más mi mano subió hasta su teta por encima del sujetador. De nuevo un respingo.

-Luis…para, por favor…
-Pero si me tienes medio desnudo y tocándome la churra…
-Ay, que me muero de vergüenza…
-¿Vergüenza?¿Conmigo?
-Especialmente contigo…

Estábamos frente a frente de nuevo aunque yo estaba con la camisa abierta y la churra tiesa fuera del pantalón semicaído. Un perfecto pingüino en ese momento. Cogí su cara y la miré a los ojos y le dije:

-Me gustas mucho, me encanta lo que me estás haciendo pero yo quiero compartir contigo los mismos gestos.
-Pero es que es demasiado para mí Luis, yo no soy así, me cuesta…
-¿Tú me entiendes?

Bajó la cabeza y no me miraba. La cogí por la barbilla otra vez para mirarla a los ojos.

-¿Tú me entiendes?- insistí.
-Luis, me gustas mucho y me he dejado arrastrar. Yo no soy así. Te vas mañana. Me apetece estar contigo, pero me tocas y me pongo nerviosísima. Y hoy hemos llegado muy lejos, yo no pensaba, que vergüenza, y me has tocado sin estar preparada ni nada, ¿qué estarás pensando de mí?
-Que me gustas…mucho. Y que no te fuerzo a nada, que sólo quiero que estés a gusto. Si no lo estás pues lo dejamos para cuando estés más segura.

Alba no respondía. Así que tensé más la cuerda y cogí su mano apoyándola en mi pecho. La dirigí a mi corazón para que sintiera el latido. La dejó apoyada. La miré a los ojos.

-¿Sientes cómo late?

Asintió con la cabeza.

-¿Latimos a la vez?-pregunté.

Alba dudaba, pero entonces tomó mi mano y la condujo por su vientre apoyando mis dedos en la base de su teta.

-¿Lo sientes?- preguntó.
-No…

Dirigió mi dedo mirándome a los ojos entre sus tetas y lo introdujo bajo la ballena de sujetador. Rozaba su teta con la punta de mis dedos mientras Alba respiraba hondo.

-Ya te siento…-dije.

La niña me miraba fijamente. No pude evitar empezar a besarla de nuevo. Primero suave, en los labios pero poco a poco con más intensidad y entrechocando nuestras lenguas. Su mano seguía apoyada en mi pecho pero la mía intentaba colarse por dentro del sujetador con bastante dificultad. No había estado nunca con una chica con tanto pecho, pues Silvia sólo me había comido la polla pero yo a ella no la había tocado. Pese a mis torpes intentos Alba seguía besándome sin interponerse en mi intento de agarrar su teta. Por eso continué colando mi mano dentro del sujetador hasta que conseguí colar la mano entera atrapando el pecho con mi mano sin llegar a rodearlo. Alba se sacudió como había hecho unos minutos antes cuando mi mano se había colado en su braga. Era un gesto nervioso pero su mano seguía en mi pecho señal de que no me rechazaba. Ya rodeaba su seno y había localizado el pezón duro con su gran aureola que recordaba oscura.

Yo gemí al sentir la redondez de su pecho agarrada por mi mano, grande pero más duro de lo esperado como ya había sentido cuando lo había tocado por encima de la tela. De forma inesperada Alba bajó su mano por mi abdomen, acarició levemente mi vello púbico recortado y me agarró la polla pajeándome torpemente por la postura. Me daba igual no iba a soltar mi presa, de hecho, saqué mi mano de dentro de su sujetador y tiré de la copa para liberar su pecho. Ya era definitivamente mío y podía jugar con su pezón.

Nos gemíamos mutuamente en nuestras bocas entrelazadas mientras su mano sacudía mi nabo y la mía amasaba, sobaba y acariciaba su teta. Necesitaba lamer esos pezones, pero antes tiré de la otra copa del sujetador sacando la otra teta. Ahora agarraba las dos acariciándolas. Gemí, y lo hice encantado para que Alba notase cuanto disfrutaba con sus pechos. Su paja era tan torpe que apenas me hacía efecto pero sus pechos me tenían a mil y sentía como mi polla se humedecía. Además me había corrido la noche anterior y eso aseguraba mi duración, aunque temía que la chica se aburriera de meneármela. Así que no me lo pensé más y saqué mi mano soltando una teta para subirle el top. Cuando se dio cuenta quiso tirar para abajo pero ya era tarde pues había soltado su boca y había conseguido atrapar el pezón de la teta que sujetaba con mi boca lamiendo y succionando mientras Alba casi me suplicaba:

-No, no, Luis…aquí no…
-Sigue, por favor que ya casi me corro…-contesté sin freno.

Alba pareció dudar entre apartar mi cara de su teta, empujarme o seguir pero para mi fortuna su mano retomó la masturbación mientras yo babeaba su teta con delectación. No sé si ella gemía pues mi propio ronroneo lo acallaba, pero empecé a sentir en las pelotas el cosquilleo previo a la eyaculación y como me subía por la espalda esa sensación de escalofrío que hacía tiempo que no sentía antes de un orgasmo. Solté sus pechos y avisé a Alba.

-Me corro. Alba…ya viene…

Alba se apartó a un lado poniéndose a mi costado masturbándome con velocidad. Podía ver sus pechos montados sobre el sujetador y con el top por encima arrugado. Por fin podía verlos meneándose al ritmo de la paja que me estaba haciendo con sus pezones grandes y oscuros y algo brillantes por mis babas. Fue la gota que colmó el vaso. Empecé a correrme con chorreones intensos que podía sentir atravesar mi uretra entre las contracciones de mi perineo mientras Alba se afanaba por ordeñarme. Era consciente de que la había forzado a algo que ella no tenía en mente en un principio pero aun así la chica se afanaba en darme placer hasta le último instante. Cuando dejé de soltar lefazos Alba tomó conciencia de nuestra situación y avergonzada se dio la vuelta dándome la espalda para colocarse el sujetador y bajarse el top. Yo me subí el calzoncillo y el pantalón y antes de abrocharme la giré y la besé con intensidad. Sentí como se entregaba de nuevo al beso. La abracé y apoyó la cabeza en mi hombro agarrándose a mi espalda.

Nos quedamos un buen rato abrazados en silencio. Era mi firma de decirle que lo que había pasado no era sólo sexo por sexo sino que sentía algo más por ella que la mera atracción física. Aun así Alba estuvo callada aunque aferrada a mí todo ese tiempo, pero en al camino hasta su casa a pesar de ir agarrada a mi cuerpo mientras yo la llevaba por la cintura seguíamos en silencio. En el portal tocaba despedida. Me recordó a los amores de verano de las películas. En un mes habíamos pasado momentos muy intensos durante las fiestas y ahora tocaba separarnos. Al llegar a la puerta habló ella al fin:

-Luis, yo no sé que decirte…te voy a echar de menos pero estoy un poco cortada con lo que ha pasado esta noche. Yo no suelo ser así, sólo nos hemos enrollado dos veces y creo que hoy hemos llegado muy lejos.
-Espero no haberte incomodado. Me he dejado llevar por mi deseo que me parecía que también era el tuyo…
-Luis yo no tengo mucha experiencia y no estoy acostumbrada a estas cosas y…
-Alba. Te has dejado llevar como yo. No es malo. Quítate los prejuicios…
-Pero tú ahora te vas y yo me quedo dándole vueltas a la cabeza sin saber que más y me siento rara…
-¿Es por lo que ha pasado esta noche?
-En parte sí…-me dijo bajando la cabeza.
-Perdóname. Siento haberte incomodado. Pero como me seguías insistí. Pero lo veo muy diferente. Para mí ha sido muy bonito a pesar del sitio. Bueno aunque sea feo y oscuro, es nuestro rincón. Me gustas mucho y no he podido evitarlo. Aún así te pido perdón.
-No, por favor. No te pongas tan serio. No quiero despedirme así.
-No es un adiós, Alba. Espero que sea un hasta pronto y que cuando vuelva podamos retomar.
-¿Te gustaría?- me preguntó.
-No te prometo nada. No quería que esto pasara pero ha pasado. Es imposible resistirse a ti. Pero siento que me gusta mucho estar contigo. Han sido unas semanas increíbles.

Alba bajó la cara de nuevo y la abracé pegándome muy fuerte a ella, que suspiró profundo. Para demostrarle mis intenciones la tomé por la barbilla y la besé. Fue un beso suave, dulce. Al separarnos le dije:

-Me llevo el mejor de los recuerdos.

Entonces fue ella la que buscó de nuevo mi boca y esta vez se encontraron nuestras lenguas.

-Luis, yo te esperaré. Pero no te pido promesa. Yo tampoco te la doy. Me has desmontado todo lo que yo pensaba de una relación. Me apetecía mucho besarte y te besé. Me apeteció tocarte y te toqué. Perdóname tú a mí por empujarte y después frenarte, pero no lo puedo evitar.

La abracé de nuevo. Me pareció que temblaba, pero podía ser por el fresco de la madrugada.

-Nos hablaremos por el teléfono, ¿verdad?- pregunté abrazados.
-Por supuesto…

Fue el último beso antes del adiós y de que se introdujera en el portal saludándome con la mano antes de meterse en el ascensor. Me fui pensativo. Maldecía mi mala suerte. En ese momento me importaban un rábano Claudia, Marta, la residencia y todo lo demás. Había conocido a una chica que me gustaba mucho aunque fuese un poquito parada. También era parada Viqui y fue aprendiendo conmigo. Pero me gustaba mucho Alba y sentía que era mi momento, y que si me iba a mi vuelta las cosas habrían cambiado y a lo mejor ella me miraba de otra manera, y más tras sentirse algo forzada aquella noche por mi apetito sexual.

Pese a todo pude dormir en gran medida ayudado por el agotamiento de tantos días de fiesta y acostarme tarde. Al mediodía comí con mis padres en un restaurante para celebrar mi cumpleaños donde me dieron los regalos, especialmente ropa ya de verano y algún complemento para la guitarra y ropa de deporte. Durante todo el día había estado recibiendo mensajes y llamadas para felicitarme.

Después de comer recogimos mis cosas y me dejaron en el autobús para volver a la residencia. Ahí sentí cierta angustia por irme. ¿Qué me pasaba? La residencia había sido mi liberación durante el último año y medio y ahora me molestaba tener que volver a ella. La verdad es que repasaba mi paso por allí y había tenido momentos muy buenos, pero muchos sinsabores también. Apenas tenía amigos allí, Víctor y Marcos con sus novias, los compañeros del equipo eran sólo eso y Dani mejor olvidarlo. Tenía amigas, eso sí. Ángela, Marta…¿amiga? ¿Qué éramos ella y yo? Una semana antes de la Feria cuando estaba a solas con ella tenía unas ganas irresistibles de follármela y sólo las circunstancias y mi propio freno me lo habían impedido. O eso pensaba, lo mismo me puso como una moto para después pararme los pies, aunque nunca sentí que Marta fuese una calientapollas.

Según me acercaba a la ciudad donde estudiaba el autobús iba llenándose de estudiantes que regresaban de fin de semana, por lo que la comodidad de viajar sólo en el asiento se vio turbada por la compañía de una chavala que se sentó a mi lado. No le presté mucha atención pero como mi cabeza no paraba de dar vueltas empecé a recordar el revolcón con Alba en el callejón, su chocho peludito y como mi dedo se mojó antes de colarse en su raja. Me sorprendí a mí mismo oliéndome la mano intentando aspirar su olor cuando ya me había duchado y lavado las manos varias veces. Lo peor fue que esa sensación y el recuerdo de sus pechos en mis manos o meneándose al ritmo en que me terminaba la paja me provocaron una erección que tuve que disimular intentando cruzar las piernas para que mi compañera de asiento no se diera cuenta. Qué vergüenza.

Pero mis pensamientos se nublaron de golpe. Imaginé al compañero italiano de Claudia metiendo la mano en su braga como yo había hecho con Alba. Pero ella sí tenía claro lo que iba a hacer. Se agachó a comerle la polla. No se negó en redondo o lo engañó con una pajilla. No, ella se la comió de rodillas delante de él, sumisa. Mierda. No había sido un desliz, había voluntad. Me lo contó para cabrearme, para que yo cortara con ella. Se quería deshacer de mí. Y no lo había visto hasta ahora. ¿Qué más daba lo que pasara en mayo? Ella había dejado de quererme independientemente de que yo la engañara, pues ella no lo sabía. Todo se había acabado mucho antes y era yo quien me autoengañaba.

Para rematar la sensación miré el móvil. Tenía varios mensajes de felicitación, pero también había uno de Claudia. No quería ni leerlo. Miré la hora. Era la habitual en la que hablábamos los domingos. No pensaba abrirlo, pero la curiosidad y el sentimiento de ira que tenía en ese momento me hicieron leerlo:

-Felicidades, Luis. Espero que estés pasando un cumpleaños muy agradable en tu Feria con tu familia y tus amigos. Ya falta menos para que nos veamos. Muchos besos.

Iba a borrarlo sin más, pero me pareció feo que ella pudiera verlo. Decidí una fórmula fría:

-Gracias por acordarte. Ya te contaré.
-Hey. ¿Ya estás en la residencia?
-No, en autobús volviendo.
-¿Qué tal la semana?
-Muy bien.

Se tenía que estar dando cuenta de mis respuestas cortas y secas. No sabía como cortar la conversación. No quería hablar con ella precisamente en ese momento. No sabía que hacer y lo primero que se me ocurrió fue escribirle a Alba:

-Hola guapa. ¿Qué tal tu día?

Tardó en responder, pero al final vi que escribía:

-Hola. No te esperaba hoy. ¿Ya te vas?
-Ya estoy llegando casi y me he acordado de ti.

Emoticono de vergüenza fue su respuesta. Y después escribió:

-¿Qué tal la celebración y los regalos?
-El mejor regalo lo tuve anoche.
-Luis, por favor, me da mucha vergüenza hablar eso contigo.
-Me gustaría que algún día lo pudiéramos hablar todo. Insisto, mi mejor regalo has sido tú.
-Gracias. Oye, Luis luego hablamos, que ahora estoy con mi madre.
-Venga, que no vea la conversación, jajaja.
-Noooooo, jajajaja. Muchos besos.
-Besos.

Me había cambiado el humor con la conversación con Alba, pero me di cuenta de que Claudia me había escrito más.

-Tendrás hoy muchos mensajes. Que sepas que te he comprado un detallito que ya te llevaré cuando nos veamos, espero que te guste. Ojalá hayas tenido un día muy bonito y lo hayas disfrutado. TQM.

Lo dejé en visto y no respondí. No sabía ni que decir aunque habría bastado un gracias. Entrando ya en la estación final de trayecto por fin respondí de nuevo:

-Gracias por acordarte.

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