AMIIE AGUIRRE

Estaba harta, necesitaba salir al mundo y experimentar todo lo que mi cabeza imaginaba desde esa noche cuando accidentalmente, vi por la ventana de mi cuarto a mis vecinos tener sexo. No fue como que yo hubiese estado esperando atraparlos, en realidad, me desperté a medianoche con sed, fui a la cocina, unos ruidos extraños llamaron mi atención y la curiosidad fue más poderosa que el sueño y cuando me di cuenta, observaba desde mi ventana aquella fogosa escena a 20 metros de distancia.

El edificio donde vivo es tranquilo y apartado del ruido cotidiano de la ciudad, iba a cumplir un año viviendo ahí, cuando de repente llegaron nuevos vecinos, era una pareja joven, la chica parecía de mi edad y el chico solo un poco mayor, los había topado pocas veces en la entrada o al tomar el elevador, eran amables, muy simpáticos y siempre se demostraban afecto. Se me hacía tierno y sentía envidia ya que en el amor siempre fui un desastre. Desde que ellos llegaron, le dieron un giro inesperado al edificio, muy pronto supimos que gustaban de practicar el sexo diario y de una manera, como decirlo, escandalosa, muy ruidosos. A mí no me molestaba en lo absoluto, pero los demás vecinos vivían escandalizados. Era como si hubieran olvidado el placer de hacer el amor y gritar a todo pulmón por ello.

Después de esa noche comencé a topármelos más seguido, era como si supieran que estuve entretenida observándolos. A mí me daba pena mirarlos, me sentía culpable, pero a la vez me daba mucha curiosidad. A veces pensaba en preguntarles: ¿Cuál es el secreto para llevar una vida así en pareja? Yo lo intenté y no funcionó. Estuve casada por 3 años y solo los primeros 6 meses tuvimos luchas sexuales casi a diario, pero después nos convertimos en un par de viejos aburridos. Y si lo pienso bien, ya no recuerdo la última vez que tuve un orgasmo. Entre eso y las infidelidades de mi exesposo, bueno, me daba gusto que esta pareja disfrutara al máximo y espero, por su bien, que no les pase lo que a mí.

Cierta noche, para variar, me levanté al baño y al despertar un poco más de aquel sueño nefasto, me percaté de la maniaca cogida que mis vecinos se estaban dando. Lo intenté, juro que caminé hasta mi cuarto tratando de ignorarlos, pero esos gemidos, Dios, esos gemidos tan apasionados de mi vecina y esa clase de ruido que salía de la garganta de mi vecino, un ruido ronco, sostenido y fuerte, hicieron que me desviara a la ventana que daba justo a la ventana de su habitación. Y ahí estaban, que interesante manera de encontrarlos. La chica, estaba inclinada con ambos brazos extendidos en el marco de la ventana, se veía perfectamente el arco de su espalda y su trasero levantado; el chico, detrás de ella, sosteniendo sus caderas y embistiéndola con tal fuerza que parecía que en cualquier momento ambos caerían por la ventana al vacío. La piel se me pone chinita de solo recordarlo. No perdí detalle de nada, es más, no puedo dejar de ver esa imagen: La chica ahí, con su rostro empapado de sudor, con su pelo alborotado bailando al ritmo del deseo igual que su cuerpo, con sus pechos al aire, con su cuerpo totalmente desnudo en esa noche no tan calurosa; Al chico, con ese cuerpo un poco trabajado, fuerte, viril, con esas manos grandes y toscas atrapándola, saboreando cada gota de ese cuerpo rendido y atrapado en él. Definitivamente me quede hipnotizada. No tardaron mucho en aquella posición, cuando se escuchó una voz unirse a la pareja. Había alguien más, no, espera, eran dos personas más. La luz de la luna permitía ver con claridad lo que sucedía. Pronto un hombre con barba canosa besó a mi vecina delante de su esposo. Y su esposo, besó a la otra mujer. Aquellos besos eran apasionados, tanto que mi boca estaba abierta. Ambas mujeres fueron descendiendo hasta llegar al miembro de los varones y comenzaron a practicar sexo oral. Los hombres solo cerraban los ojos y disfrutaban de lo que, a mi parecer, eran lenguas expertas. Y entonces, al cabo de unos minutos, las chicas se giraron para quedar de frente una a la otra y se besaron. No sé cuál de todos esos besos me excito más, pero ya me era imposible dar media vuelta, además, comenzada a sentir escurrir mi entrepierna. Me acerque más a la ventana, mi descaro y poca prudencia no tuvieron en cuenta que la ventana de mi casa estaba totalmente abierta y sin una cortina que pudiera ocultar mi identidad. Lo que delante de mí pasaba era una completa novedad, no es que no supiera, sin embargo, cosas así solo se leen o salen en las películas, nunca te imaginas que un día llegaras a verlo en vivo y a todo color a una distancia muy, pero muy cerca. Entonces, como si mis fantasías se hicieran realidad, ambas mujeres estaban inclinadas como antes solo estaba mi vecina, los hombres habían cambiado de lugar y cada uno estaba con la chica del otro, se besaron, y comenzaron a montarlas tan brutal y golosamente, que sin darme cuenta yo me asomaba más por la ventana para no perder detalle. Los veía con la boca abierta, con sudor en la frente, con calor en todo el cuerpo y esos ruidos, Dios, estoy segura de que en ese momento yo también quería gemir. Y cuando los 5 estábamos al borde de un colapso (ellos sexual y yo nervioso) mi vecina alzó la mirada y sus ojos fueron directo a los míos. Yo me sobresalté de inmediato, pero me quede paralizada por aquella mirada imponente. Quise correr, pero solo abrí los ojos y comencé a temblar, me había descubierto, bajé inmediatamente el vidrio de la ventana y esta hizo un ruido cuando chocó con el marco que el vidrio se rompió. Me quede ahí esperando que solo ella estuviera al tanto y aunque así fue, antes de alejarme, me dedico un guiño y una sonrisa malvada.

Pasé días haciendo hasta lo imposible por no toparme a los vecinos y aunque lo estuve logrando, una tarde entraron al elevador detrás de mí. Contesté a su saludo lo más normal posible, aparté la mirada de ellos y traté de esconder mi rostro fingiendo leer algo en mi celular. Ellos actuaban de lo más normal, era yo la que estaba histérica, ahora que lo pienso, se me notaba a kilómetros el rubor de las mejillas. Los minutos fueron eternos. Todo estaba en mi contra, el maldito elevador se había detenido repentinamente. No se cuánto tiempo paso, yo digo que mucho, pero en realidad fueron como cinco minutos, que ellos empezaron a besarse delante de mí, eso no era nuevo, ya lo habían hecho antes, pero en esta ocasión más bien parecía una provocación. Sentía que mientras se besaban, de vez en cuando me miraban para comprobar que los estaba observando, claro que yo solo me dediqué a hacerme la loca, aunque era imposible resistirme, pude contener la tentación. Cuando de pronto y en un ágil movimiento, ambos me acorralaron contra la pared trasera del elevador. Me veían como los leones ven a su carnada fácil y apetitosa. Tragué en seco y sentí como mis piernas temblaron, me dieron unas extrañas punzadas en el vientre y ganas de orinar. Juro por dios, que tenerlos así de cerca me hizo imaginar muchas cosas. Los sentía acercarse lentamente y yo solo me sumía en la fría pared de metal, mi boca se abrió en un suspiro lleno de excitación y justo cuando ambas bocas iban a tocar la mía, se abrió la puerta y salí corriendo, pasando por ellos y entrando a toda prisa a mi departamento. Cerré con llave y tomé una bocana de aire para luego recargarme en la puerta. Comenzaba a tranquilizarme cuando vi una pequeña tarjeta deslizarse por debajo de mí.

Aquella tarjeta contenía una dirección de internet, fui a mi computadora y busqué de que se trataba aquello, pues también tenía anotado con caligrafía femenina en color rojo que decía: te esperamos.

    BIENVENIDOS A CLUB SEIS
Bienvenido a CLUB SEIS, Club Swinger por excelencia. Aquí encontrarás seguridad, respeto, privacidad y un servicio de primera clase. CLUB SEIS es la opción seria y responsable que te ofrece instalaciones para ese encuentro esperado. Somos un CLUB orgullosamente mexicano, creado y pensado para su satisfacción. Cálidas veladas llenas de pasión al estilo SW. Horario: de 10:00 pm a 5:00 am viernes o sábados depende del día de reunión. NO TENIS NO MEZCLILLA LOS VIERNES (excepto sábados) NO HOMBRES SOLOS, NO EN ESTADO INCONVENIENTE, NO CELULARES CON CAMARA. Abierto un día al mes Nosotros no improvisamos ni le engañamos, tenemos 10 años de experiencia dentro de los cuales hemos recibido con agrado, las visitas de personas de diferentes estados de nuestra República y de otros Países como, Estados Unidos,

Reglas básicas:

1.- No, es NO. Por ningún motivo se puede forzar a participar en alguna actividad. Se puede proponer, cortejar, solicitar, pero en el momento en que se diga NO, ahí termina el juego.

2.- Respetaras las citas que acuerdes y avisaras con anticipación cambios.

3.- Acudirás al club con la idea swingers, no hagas perder el tiempo a tu prójimo, es por es muy importante estar seguro de lo que harás.

4.- No ejercerás presión sobre alguna persona, aplica la regla uno.

5.- No hablaras de política o religión dentro del club, se respetuoso. Además, queda prohibido hablar de los swingers con personas ajenas al club.

6.- Protegerás el anonimato de los integrantes del club.

7.- Cuidaras al máximo tu higiene y apariencia.

8.- Trata con respeto a los demás; aunque las damas sean swingers, merecen todo el respeto.

9.- Se cortés, amigable y compórtate con calidez.

10.- Siempre practica el sexo seguro.

Al final, venia un número de teléfono donde si deseas participar llamas, te dan la dirección y te preguntan quién es tu Padrino o Madrina, que dicho de paso no tenía ni idea de los nombres de mis vecinos, pero en la tarjeta venia un número de serie, lo proporcione e inmediatamente me llego un mensaje por WhatsApp con la dirección y las instrucciones:

Viernes, 8:00 pm, un automóvil pasará a su domicilio y la llevará a su destino.

Primero dude, claro, como me voy a ir con un desconocido a un club sexual… y sola. Pero después, aunque mi cabeza gritaba que en unos días me encontrarían muerta y sin órganos, cortada en pedazos en algún terreno baldío, como por arte de magia (negra) y como era viernes y el reloj marcaba las 6:00 pm, me dispuse a ponerme lo más sexy posible.

El lugar era lejos y apartado de curiosos, si, tuve miedo, pero no he de negar que mi cuerpo pedía a gritos vivir una experiencia única. Lo necesitaba. Cuando finalmente llegamos, me recibió una señorita quien tomó mis cosas y las puso en una caja fuerte. Entregándome una llave y guiándome al interior, encontré un lugar elegante en tonos negros y rojos, luz tenue, música ligera y con volumen adecuado para tener una charla. Me indicó una mesa y me ofrecieron una bebida. Ahí espere. Estuve al menos diez minutos observando a las parejas, los cuadros, los privados que se cerraban con cortinas de satín, cuando a mi mesa llevaron una invitación, la cual me pedía ir al fondo del recinto y buscar la habitación #8. Al llegar a mi destino, me detuve frente a la puerta, mi corazón latía con mucha fuerza y así, sin más, entre. Y ahí estaban, ese par ya conocido me estaba esperando con una botella de vino, bocadillos y varios utensilios sexuales, no tuve tiempo de arrepentirme, apenas había dado un paso, cuando yo misma había cerrado la puerta.

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