ISA HDEZ

Está dormida, pero sueña con el cosmos ideal,

en el que todo está en orden y no se inquieta por el aura,

ni corre tras las sombras de los monstruos de la noche

y su rostro se apacigua con las caricias de la brisa.

Está dormida, pero sonríe con dulce placidez

como si la rozara con sus labios temblorosos,

y se dejara arrullar por el eco sordo de la rompiente

tendida en la dorada arena de la playa vacía.

Está dormida y no quisiera que se acabara el sueño

como si ello fuera a durar toda la existencia,

las manos entrelazadas con suavidad erizada

y calidez de piel con piel que vibra enamorada.

Está dormida la sirena, y desea navegar de amanecida

o que la arrastre el viento con fuerza y se la lleve la marea

a ese lugar perfecto del mundo de sus quimeras,

donde no hay soledad ni lamentos, ni oscuridad.

Está dormida y en su sueño deambula mecida en las corrientes,

abrigada con la espuma blanca de las olas

cabalgando entre las crestas luminosas de estelas lunares,

y abrazada con pasión al cuerpo del jinete de los mares azules.©     

Un comentario sobre “La sirena dormida

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