SONIA ARRAZOLO

Esta mañana me siento muy emocionada, aspiro con fuerza una y otra vez, el olor a nuevo que despide mi vestido. ¿Y el peinado? admirable, incluye adornos a la última moda al igual que mis zapatillas, que no solo lucen hermosas, sino que estoy segura, serán también muy durables, apropiadas para nuestro clima.

Mi ánimo va en aumento a medida que pasan las horas, hasta mi llegan todos los aromas de mi alrededor, el perfume del pasto húmedo recién cortado, el olor especiado y frutal de los jazmines, mientras a mi espalda percibo la esencia característica del limón, y la dulzura de la naranja, y por la frescura que siento desde ahí, agradezco no solo su fragancia, sino la sombra que protege esa parte mía, de los fuertes rayos del sol.

Hoy me siento muy feliz porque, aunque me encanta escuchar los ruidos característicos de las noches, cuando ya el barullo en banquetas y calles es mínimo, cuando los murmullos cercanos a mí se apagan, y el estruendo de los vehículos, rodando hacia sus destinos se termina, de un momento a otro, mi interior será decorado como corresponde. ¡Que emoción!, mis días ya no serán tan largos y tediosos con los nuevos sonidos que complementarán mi interior.

¡Ya los instalaron! ¡Los escucho muy bien!

Me encanta el matiz que adicionaron al tono de la voz joven, siempre mesurado, no como el sonido que proviene del masculino joven, se advierte como fastidiado, aburrido incluso, y por alguna razón, quizás de ajuste durante la instalación, cuando se escucha ocasionalmente el tono del masculino mayor, oigo algo parecido a un chirrido.

¿La última señal instalada? ¡Maravillosa! Además, gracias a ella, la fragancia proveniente de mis espaldas, se percibe todavía mejor, cuando se le escucha exclamar con entonación muy feliz:

─ ¡Hoy hice agua de limón! ¡Hoy hice agua de naranja!

Confío, qué durante los años transcurridos hasta hoy, mi presencia haya sido advertida también como algo agradable, que ese instinto de protección que me caracteriza, no haya sido considerado como un exceso sofocante, que los haya hecho desear, huir de mi interior.

Durante los últimos años, me esforcé tanto en mí rol protector, que hasta hoy, y después de muchas primaveras, me percato qué por alguna razón desconocida, sigo usando la misma vestimenta, y entonces se apodera de mi un sentimiento de añoranza, recordando aquellos hermosos colores usados no hace mucho, el olor de esos vestidos nuevos, sobre todo, extraño la admiración de los vecinos, eso que me hacía sentir muy feliz.

También he empezado a notar la ausencia del tono fastidiado, y la música estridente que siempre lo acompañaba, ambos ruidos han sido remplazados por una música suave, la cual me provee mucha tranquilidad. Debido a esa conexión interrumpida, he podido volver a escuchar con claridad, los sonidos que llegan acompañando a la noche.

Mi preocupación sigue creciendo, me siento muy inquieta por el desequilibrio que percibo entre mi interior y exterior. Después de muchas primaveras, sigo usando el mismo vestido, el último que estrené era color rosa, el cual, y debido a la humedad, ahora luce de un color desvaído, incluso tiene un olor desagradable. Los vecinos ya no se detienen a mi lado, inclusive, perdí ya parte de los adornos de mi peinado, debido a la furia de la última tormenta.

Pero a pesar de cómo me vea, lo que más me angustia ahora, es que ya no alcanzo a escuchar tampoco la música suave, además, los antes fuertes sonidos en forma de gruñidos, apenas son audibles, y uno de mis tonos preferidos, por su dulzura, ahora son solo susurros casi inaudibles.

Este invierno ha sido muy difícil para mí, debido a que la parte baja de mi vestido rosa se ha rasgado, sobre todo la parte del frente, que es con la que me protegía de los fuertes vientos y la fría lluvia invernal.

Los huesos empiezan a dolerme, debido a la humedad absorbida por la falta de la vestimenta adecuada, la admiración que solía despertar en los vecinos, ha sido remplazada por expresiones de tristeza y nostalgia, y puesto que ya también perdí las grandes bolsas que adornaban la parte frontal y trasera de mi vestimenta, puedo escuchar con mayor claridad sus comentarios, cuando pasan a mi lado en forma rápida, ya sin detenerse.

─ ¿Te acuerdas de ella?, me encantaban los adornos en su parte alta.

─A mí los colores con que la vestían. ¿Y el aroma que emanaba a todo su alrededor? Llegaba hasta nuestra casa, sobre todo en los días húmedos.

─Si, pero desde que mur…

El viento gélido me hace temblar, la fuerza de la fría lluvia ha terminado de destruir mi vestimenta, dejando muchas partes de mi cuerpo al descubierto, las piernas ya no me sostienen como antes, debido a que he perdido una de mis zapatillas. Cuando intento erguirme, tratando de mantener mi dignidad, me da terror el sonido de mis huesos, temiendo terminen de quebrarse.

Mi deseo de estrenar un vestido y portar nuevos adornos, ya quedó en el olvido, lo único que me preocupa ahora es perder la segunda zapatilla, sin ella, será imposible resistir hasta la siguiente primavera.

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