ALMUTAMID

Entre la cagalera y el susto de la noche anterior, cuando llegué a mi casa preferí quedarme descansando con mis padres antes que quedar con alguien. Quería estar en plana forma para la noche del sábado. Y lo estaba. El sábado me levanté tan bien que me apunté a pachanga y cerveza con mis amigos. De paso aprovechamos para quedar por la noche.

Para los que no conozcan la Feria de mi ciudad el día de la inauguración hay dos costumbres, cenar pescaíto frito y a las 12 de la noche el alumbrado, o sea, el encendido de los miles de bombillas que iluminan la portada de más de 40 metros de altura y las calles del Real de la Feria. Pero esa cena el restringida a los socios adultos de las casetas. De modo que los jóvenes no solemos aparecer por la feria hasta el momento del alumbrado para después empezar la fiesta en las casetas.

La propuesta de mis amigos era hacer botellón para ir ya calentitos a la portada para ver el alumbrado. Después de mi episodio de diarrea descarté la idea por lo que yo les comenté que me unía a ellos en la portada. Aprovechando que estaba Pablo le pregunté por sus planes pues no me apetecía aguantar la cara de aso de Nieves toda la feria o su actitud desafiante. Pero me respondió que no habían hablado todavía pero que probablemente ella fuese la primera interesada en no cruzarse conmigo, aunque en realidad Leyre le había contado que si yo iba medio en pareja con Alba como el Jueves Santo, pues que hasta quitaba sospechas a Alberto. Buen rollo, ante todo.

Después de comer me pegué una buena siesta y cuando me desperté tenía varios mensajes para quedar por la noche. Por una parte, Pablo me dijo que Leyre y él iban al botellón pero que no sabía los planes de Nieves. Le respondí que nos veíamos en la portada. También me había escrito Viqui para preguntarme si ya estaba en la ciudad.

-Llegué ayer.-respondí.
-¿Vienes al botellón?
-No. Ando chungo del estómago. Me uno después para ver el alumbrado.
-Vaya. Mejórate. Te veo entonces allí. Besos.

Había un tercer mensaje de Alba:

-Luis, me han dicho que tú sales más tarde para la portada. ¿Me recoges?
-Claro. ¿11 y cuarto?
-Perfe. Te veo luego guapo.
-Vale. Hasta luego.

Y un cuarto, de Marta:

-¿Cómo estás de lo tuyo?
-Ya se ha cerrado el grifo.
-Qué cochino eres, jajaja. ¿Listo entonces para la feria?
-Preparado.
-Pásatelo bien.
-Gracias¡¡¡

Nos despedimos mandándonos besos.

Por la noche me vestí para la Feria. Como no iba a la cena no me puse traje pero sí unos pantalones de vestir con una camisa celeste y un jersey de pico. Como era el primer día tampoco cogí la guitarra. Salí de casa con tiempo de sobra para llegar a casa de Alba. En vez de llamar al porterillo le mandé un mensaje. La última vez me hicieron subir. Me pidió 5 minutos así que la esperé en la calle.

Por fin llegó. Como es costumbre en la ciudad la “noche del pescaíto” las mujeres no se visten de flamenca, sino si van a cenar de fiesta y si no van a cenar se arreglan de noche. Alba cumplió con la costumbre pues se puso uno de los trajes oscuros que le había visto en Semana Santa de pantalón de pitillo y chaqueta ceñida a la cintura, pero en vez de las blusas blancas que ya le conocía vestía un top beige con hilos dorados de esos que llevan el escote con encajes, pero en vez de su habitual pico de botones desabrochados hasta el arranque de sus pechotes el pico lo hacía la chaqueta abrochada sobre la que asomaba el encaje desde el punto exacto donde se iniciaba la parte superior de la redondez de sus tetas. Estaba muy guapa con un suave maquillaje en los labios y unos tacones elevados que la hacían más alta que yo.

-Pero qué guapa vienes, ¿no?
-Tú sabes, discretita la primera noche, jajaja- respondió dándome dos besos.
-Lo malo los tacones para el albero de la feria…
-Uy, Luis, no seas como mi madre. ¿No te gustan?
-Estás espectacular…

Sus mejillas ganaron color con cierto rubor justo antes de que empezáramos a andar hacia la feria. Por el camino nos pusimos al día de las dos semanas que llevábamos sin vernos aunque hubiéramos hablado por mensajes. Nos comportábamos como si el beso del Sábado Santo no hubiera ocurrido algo que me relajó bastante en mi actitud con ella perdiendo la formalidad y relajándome hasta el punto de que cuando llegamos a calles más transitadas un par de veces la cogí por el talle para cambiar de dirección.

El grupo seguía de botellón en una de las calles cercanas al Real de la Feria. Los localizamos con facilidad. Al final nos habíamos juntado bastantes, algo que dificultaría el acceso a las casetas atestadas de la noche del alumbrado. Fuimos saludando al personal, entre ellos Viqui, que me dio dos besos muy efusivos como muestra de que ya estaba chisposa, también Pablo y Leyre, y por supuesto Nieves y Alberto. Ella más afable que en la última ocasión y él tab agradable como siempre.

Una vez saludados les metimos prisa. No queríamos llegar tarde al encendido de la portada. Se llenaron los últimos vasos y dejaron las bolsas en los contenedores cercanos y nos dirigimos a la avenida que rodea la Feria desde el barrio donde se encuentra el Real. La masa humana ya era considerable pero conseguimos avanzar y acercarnos lo suficiente para ver bien como se encenderían las bombillas. Para llegar hasta el lugar donde nos detuvimos cogí de la mano a Alba como en Semana Santa.

Faltaban pocos minutos para las 12 y se notaba la impaciencia entre la gente que miraba el reloj. Por fin, a las 12 en punto se encendió primero el escudo de la ciudad que preside la portada entre la expectación de la muchedumbre que lo recibió con jolgorio, extendiéndose después el encendido a las torres y arcos de la portada continuando por las luces que adornan las calles del Real de la Feria entre aclamaciones y aplausos de la gente tanto de fuera como de dentro de las casetas. Los amigos nos abrazábamos deseándonos toda una semana de cante, baile y diversión. Cuando Alba me abrazó no pude evitar sentir como sus pechos se apretaban contra el mío.

Una vez terminado el acto de encendido las miles de personas empiezan a dirigirse a sus casetas, las de sus padres o amigos, o a las casetas públicas de acceso libre para empezar con la fiesta. Nosotros nos dirigimos a una caseta pública para descorchar la primera botella de manzanilla y brindar por la Feria que acababa de empezar. Tras caer las primeras rondas y viendo que nos apalancábamos bebiendo, teniendo en cuenta que algunos venían de hacer botellón, Nieves propuso ir a su caseta.

Era la típica caseta familiar de un módulo dividida en una zona noble adornada con encajes y espejos de marcos dorados bajo un techo de flores de papel y una trastienda donde se encuentra la barra de bar. Las mesas ya estaban apartadas después de la cena para que empezara el baile. Estaba llena de parejas de mediana edad que habrían cenado el pescaíto y ahora querían seguir la fiesta con cante y baile. El padre de Nieves salió a recibirnos a la puerta de la caseta para avisar al portero de que nos dejara pasar. Su madre también salió a nuestro encuentro mientras Nieves nos presentaba.

-Leyre, bonita, ¡qué guapa vienes!- recibió el hombre a la chica con un abrazo.
Te acuerdas de Pablo, ¿verdad papá? Es el novio de Leyre.-presentó Nieves.
-Sí sí, claro. ¿Qué tal?
-Muy bien, gracias.-respondió mi amigo estrechando la mano del señor.
-De Alba también te acuerdas ¿verdad?. Compañera en el colegio.- explicó Nieves.
-Sí, claro. ¿Cómo están tus padres?
-Muy bien, muchas gracias.- contestó mi amiga.

Yo me quedé rezagado mientras iba presentando al resto de mis amigos hasta que me tocó el turno. ¿Cómo me presentaría?

Entonces me di cuenta de que Alberto estaba a mi lado también haciéndose el remolón. ¡Claro! Era la presentación oficial del novio de la niña. Y yo en medio. No me lo quería perder. Mientras Nieves nos indicaba que pasáramos Alberto gentilmente me cedió el honor de pasar primero. Yo insistí en cederle el honor hasta que Nieves me metió prisa.

-Papá, es Luis. Un amigo de Pablo…

¿Amigo de Pablo? ¡Ja¡ Soy el tío que me he follado a tu niña en el sofá donde ves la tele, y al que tu niña le comió la polla en el taburete donde desayunas mientras nos bebíamos uno de tus vinos…

-Encantado, gracias por la invitación…-fueron en realidad mis palabras educadas.

Pasé al interior de la caseta mirando a Nieves con cara de sorna pero no pude evitar detenerme a observar la escena, aunque no oía lo que decían, en que Nieves presentaba oficialmente a su novio a sus papas. De hecho, la madre de Nieves nos preguntaba qué queríamos tomar justo cuando el padre estrechaba la mano del pálido Alberto y llamaba a la madre para que acudiera. Ésta le dio dos besos al cortado novio mientras la niña sonreía orgullosa y el padre resoplaba nervioso. Yo me estaba librando de esa.

Por fin tras las presentaciones el padre entró a la trastienda mientras la madre no soltaba al pobre Alberto al que se le notaba apurado. Aprovechando que me llegaba una botella de manzanilla le acerqué un catavino y la madre de Nieves nos dejó para ir a sacar platos de comida.

Para los que no conozcáis esta Feria tenéis que saber que las casetas mayoritariamente son privadas con un portero en la puerta. Aproximadamente hay 1100 casetas repartidas en 5 calles paralelas con sus 8 perpendiculares. Las casetas privadas son unas 150 aproximadamente, por lo que el resto pertenecen a particulares, peñas, clubes, hermandades, empresas, e incluso las hay familiares. La caseta es la casa del socio en la Feria, donde pasa el día con el resto de socios y donde invita a familiares y amigos. La tradición es no dejar pagar a ningún invitado a tu caseta. También hay gorrones profesionales que visitan a sus amigos en sus casetas sin recibir visitas en la propia. Por tanto, mientras estuviesen los padres de Nieves no podríamos pedirnos nada salvo aquello a que nos invitaran.

No nos podíamos quejar, pues al momento todos teníamos manzanilla o rebujito y pasaban platos con tortillas españolas, jamón o pimientos fritos. Para mejorar más el ambiente llegó el grupo que tenían contratado en la caseta para animar al baile. Lo curioso es que yo conocía a uno de los tres chavales que lo componían, pues habíamos coincidido unos años antes en las clases de guitarra. De hecho, nos saludamos efusivamente al vernos y quedamos en charlar y tomarnos algo cuando terminaran el primer pase.

Empezaron con una rumbita para animar y todo el mundo empezó a bailar, especialmente señoras y chicas. Yo me apunté bailando a medias entre Viqui y Alba, que se había soltado el botón de la chaqueta dejando sus pechos menos apretados pues se levantaban al subir las manos al bailar.

Tras el calentamiento ya se lanzaron por sevillanas. Se formaron las parejas perfectamente alineadas a lo largo de la caseta y la más rápida en buscarme fue Viqui. Fue en baile intenso con complicidad y viejos recuerdos. Al principio no me atrevía a cogerla por el talle en los cruces, pero ya en la segunda terminamos girando agarrado a su cintura. Nos mirábamos a los ojos, como debe ser, con la sonrisa constante de mi exnovia.

Al terminar la primera tanda de cuatro sevillanas Alba cambió de pareja poniéndose en frente de mí y Viqui pasó a bailar con el amigo con quien Alba había bailado antes. No había dado cuenta de que Alba se había quitado la chaqueta hasta que se puso en frente mía. Madre mía. Lo que llevaba debajo de la chaqueta era en realidad un top de tirantas muy finas con el encaje recorriendo escote y espalda. Era suelto de modo que se ajustaba a sus pechos pero no se pegaba a su barriga de modo que al subir los brazos al bailar sus pechos se elevaban con sus brazos dejando su barriguita al aire. Estaba espectacular y me puse bastante nervioso al verla así. Las sevillanas se bailan mirando a los ojos pero no pude evitar que en alguna vuelta los ojos se me desviaran a sus tetas haciendo el esfuerzo de buscar la intensidad de su mirada. Su sonrisa iluminaba el momento y no me cortaba en tomarle por el talle en los cruces y vueltas encontrándome con la suavidad de su piel cuando tenía los brazos levantados. Por un momento sólo estaba concentrado en el ritmo de la música y el cuerpo de Alba contoneándose en los pasos de baile.

Al terminar con ella dejé el baile pues Leyre la reclamó para bailar teniendo en cuenta que Pablo ni lo intenta. En Feria los hombres que saben bailar están muy cotizados en estos momentos. Aproveché para llenar mi catavino con manzanilla fresquita. Vi a Alberto bastante apagado y Nieves un poco seria. Me acerqué a darles conversación y agradecer el buen rato en la caseta. Pero justo en ese momento mi examante se retiró a hablar con otra amiga. El chaval estaba bastante cortado, pues no se esperaba la encerrona de que le presentaran a los padres formalmente y además me admitió que él no era muy animado en la Feria. No bailaba, no cantaba. Me dijo que Nieves estaba un poco desencantada porque él se había puesto muy nervioso con sus padres y no articulaba palabra.

Yo le dije que era normal y que quedaría bien que intentara echar un baile con ella aunque fuese patoso. Me dio la razón pero me dijo que lo intentaría más tarde apurando su copa de vino. Se la rellenó ofreciéndome pero la mía estaba llena. Entonces le dije:

-¿Te importa que baile con Nieves?
-Para nada, Luis. Me haces hasta un favor.
-Venga, y después tú me das la réplica y verás que contenta se pone.
-Hecho…-respondió dando un largo trago a su manzanilla.

Me acerqué a donde Nieves charlaba con su amiga y le pregunté si quería bailar. Me miró extrañada pero aceptó. Justo terminaba la cuarta de la tanda anterior, asi que nos metimos en la fila delante del grupo que cantaba. Alba me vio y me sonrió haciendo un gesto de aprobación dándome a entender que era una buena forma de hacer las paces.

Nieves intentaba evitar mirarme al bailar con una sonrisa forzada pero según íbamos completando la secuencia de pasos y cruces se fue relajando siendo ella la que me agarraba por la cintura en los últimos cruces mirándome fijamente a los ojos. Yo no me trevía a arrimarme como había hecho con Alba peor ella sobre todo en la tercera donde se ponen las caras juntas lo hizo a muy corta distancia. Parecía querer provocar a su novio, pero cuando terminamos el baile el grupo avisó de que tomaba un descanso antes del siguiente pase.

Los padres de Nieves se despidieron de todos dándonos vía libre para pedir nosotros en la barra mientras Nieves volvía donde Alberto y yo aprovechaba para saludar a mi amigo el guitarrista. ¿Discutían? No conseguía verlo desde la trastienda mientras me ofrecían tocar un rato con ellos.

Eran pasadas las 4 de la mañana. La caseta se había vaciado de adultos y sólo quedaba gente joven con muchas ganas de Feria. Cuando llegó el segundo pase del grupo se arrancaron con un popurrí de rumbas haciendo que el centro de la caseta se llenara de gente apretada bailando y coreando las letras más conocidas mientras las botellas de manzanilla ya pagadas con el bote que habíamos puesto en la primera caseta no dejaban de correr de un catavino a otro vaciándose.

Al terminar el popurrí mi amigo me llamó por la ventana que da a la trastienda de la caseta y me ofreció la guitarra. Iba a declinar el ofrecimiento pero al ver la cara larga de Nieves me vine arriba y salí a la zona noble cogiendo el instrumento.

-En LA por mayores…-me dijo mi amigo para que empezara a dar compás.

Las parejas ya estaban formadas pero Alba en vez de bailar se puso al lado del grupo muy contenta tocando las palmas y acompañando la conocida letra de una sevillana rociera. Busqué a Alberto con la mirada pero lo vi solo con su manzanilla mientras Nieves bailaba con otro chico. Le hice el gesto de que fuera a por ella, pero negó con la cabeza. Cuando terminé las 4 sevillanas fui a devolver la guitarra pero otro de los componentes del grupo me dijo:

-En MI por medio…

Obedientemente di la entrada y se arrancaron por 4 letras clásicas que la mayoría d ela gente conocía acompañando al grupo, entre ellas Nieves y Viqui. Alba estaba bailando con otro amigo pero a cada vuelta me buscaba con la mirada y su sonrisa de felicidad. Nieves parecía que había decidido divertirse pasando de Alberto.

Cuando devolví la guitarra a su dueño tras mi ratito de gloria la primera en acercarse fue Viqui.

-El año pasado me ponías de los nervios cuando te ponías a tocar y pasabas de mí, y ahora estoy encantada viéndote.
-¿Me quieres decir algo?- le dije envalentonado.
-Claro. Que si el que toca no es tu novio, que pasa de ti, te lo pasas mejor, jajajaja….

Reí también su ocurrencia pero pregunté:

-¿Tu novio no puede tocar?

Y con mucha picardía respondió:

-Un ratito la guitarra y un ratito a mí, jajaja. Pero si es bueno, jajajaja….

Bendita Feria y bendito vino que suelta las lenguas. En ese momento se nos acercó Nieves:

-No me habías dicho que tocabas tan bien.
-No soy de presumir.
-Luis tiene sus secretos ocultos, jajaja.-dijo Viqui con su chispa sabiendo que Nieves y yo habíamos estado liados.
-Espero que el resto de la Feria te veamos tocar más ¿no?- añadió Nieves.

¿Me estaba diciendo que íbamos a seguir quedando? ¿Enterraba el hacha de guerra? ¿O es que quería provocar a Alberto? Esta niña era una pura contradicción. Me quiere apartar para evitar problemas con su novio y ahora me utiliza como anzuelo. ¿O son interpretaciones mías?

No llegué a darle muchas vueltas porque en ese momento Alba me cogió de la mano y me dijo:

-Vamos a bailar que ya mismo termina el grupo.

La seguí al tablao comprobando que sólo estábamos dos parejas, Leyre y Pablo, seguramente arrastrado por su novia, y Alba y yo. Para colmo el grupo se arrancó con una lenta haciéndonos bailar rodeados por el corro de los que quedábamos en la caseta y mortificando a Pablo que bailaba como un maniquí, tieso y maquinal.

“Mírala cara a cara que es la primera…-“repetían los cantaores mientras Alba y yo seguíamos los pasos de baile mirándonos a los ojos.—“y la vas seduciendo a tu manera…”

“Esa gitana, esa gitana, se conquista bailando por sevillanas….”

La sonrisa de Alba iluminaba la caseta mientras tocaba las palamas esperando para arrancarnos por la segunda.

“Mírala cara a cara que es la segunda…cógela por el talla la cara junta…”

Yo obedecía fielmente las instrucciones de la letra mientras muy cerquita de la cara de Alba casi sentía su respiración girando en redondo agarrado a la piel de su cintura…

“Mírala cara a cara que es la tercera…mírala con que gracia te zapatea…”

Pero al cruzarnos de nuevo nuestros cuerpos se pegaron como marca el baile pero más de la cuenta, sin cuidado ninguno de rozarnos. Mi mano se adueñaba de su cintura sin ningún complejo incluso colándose bajo el top sintiendo su piel mientras su pecho se agitaba por el baile.

“Y en la cuarta los lances definitivos…que se sienta en su vuelo pájaro herido…esa gitana, esa gitana, se conquista bailando por sevillanas” terminó el grupo acelerando el compás en el estribillo para terminar casi enredados y abrazados entre risas.

Me encantaba esta niña…su sonrisa, su frescura, su baile, su generosidad…

El grupo se arranco por rumbas y nosotros seguimos bailando. Alba levantaba sus brazos y contoneaba su cintura. Se daba la vuelta y se cruzaba conmigo que la envolvía con mis brazos sin llegar a tocarla hasta que me agarraba de su cintura y ella se giraba bruscamente con su pelo enredándose en su cara para volver a subir sus brazos dejando su cinturita desnuda a mi vista que me arrimaba a ella que de nuevo volvía a darse la vuelta pegando su espalda a mi pecho. Nunca había bailado una rumba así con nadie. Parecía que llevábamos meses ensayando. Y la sensualidad era tremenda y más cuando el grupo entonaba aquello de…

“Pero mira como ronea delante el novio pa que la vea…”

Cuando terminaron entre aplausos, risas y agradecimiento me despedí de mi amigo que me alabó el buen gusto con un: “Menuda hembra…”

-Gracias…pero sólo somos amigos.
-Pues la niña está para…-no terminó la frase abrazándome. Si volvíamos a la caseta ya nos volveríamos a ver.

Cuando regresé al grupo me di cuenta de que entre el botellón y las botellas de manzanilla el alcohol empezaba a hacer estragos. Eran las 5 de la mañana y sólo era el primer día de Feria. Tocaba recogerse a recuperar fuerzas pues quedaban muchos días de fiesta por disfrutar.

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