QWERQ

La cara de Alejandra dibuja una gran sorpresa. Sus ojos se abren, mirando para arriba, sin creerse lo que acaba de ocurrir. El viejo a lanzado su mano a la nalga derecha de mi madre, pillando a esta desprevenida, su mano impacta en su culo retumbando el sonido en todo el cuarto de baño. Ella, impactada, aun nota la mano del viejo en su culo.

Aparta su mano de un manotazo, como acto reflejo y deja su polla libre, sin ninguna mano que la sujete. Ella se enfurece por momentos, pensaba que el viejo jamás pasaría la línea del contacto físico, pero estaba equivoca y está dispuesta a demostrarle su enfado.

—¿¡Pero qué coño haces?! ¡¿Quién te crees que eres para hacer lo que acabas de hacer?! Le… Le voy a denunciar por… Por acoso!— ella se le nota nerviosa, por primera vez parece que va a perder los papeles. Le mira enfurecida, alzando la voz. Parece está a punto de estallar.

Don Fernando, mas allá de sentirse avasallado ante tal enfado, aprovecha el momento para recriminarle que le suelte su pene en mitad de su micción. —¡¿Pero qué haces Alejandra?! —Eso la descoloca, quedándose atónita. —¡¿No ves como estoy dejando todo por tu culpa?! ¡Mira como estás dejando todo joder! —ella mira hacia la polla que no ha dejado de mear en ningún momento. Algo del chorro salpica alrededor del inodoro, ensuciando fuera de la taza.

Ella mira su polla, luego lo mira a él… Se enfada, se enfada mucho, mientras murmulla…—Cerdo… No es más que un cerdo… —y su mano se dirige de nuevo hacia esa polla oscura. Alejandra no puede evitar empezar a oler a meado, amoniaco rancio. Jamás se había encontrado en una situación parecida. 

—Te… termine ya, por favor… —por primera vez, la actitud de ella hacia él no es recriminatoria, sino de benevolencia. 

«Joder Alejandra, me ha tocado el culo y yo estoy ayudándole a mear y ¿a ti se te ocurre hablarle de esa manera tan suave? ¿Qué te está pasando?» Piensa para sus adentros.

La voz de Don Fernando la despierta.—Ya termino, pero, sacúdela bien ¿eh? Que no quede ni una gota. —El chorro poco a poco va disminuyendo.

Alejandra va levantando un poco la polla para que lo poco que cae, caiga dentro del inodoro. Terminando dándole unas pequeñas sacudidas a su polla. Despacio, para que no salpique. Ella nota que la polla palpita levemente con las sacudidas. Hasta que ya no gotea más.

—Gracias cariño, me has ayudado mucho.

—Eres un cerdo —dice retirando los dedos. Ella nota varias gotas de pis sobre la palma de su mano. Estira la mano con intención de no tocar nada. Tiene miedo de manchar su ropa o ella misma. Se da la vuelta hacia la pila del cuarto de baño, con la intención de lavársela.

Don Fernando se da cuenta de que tiene estirada la mano y justo cuando se gira, la coge del antebrazo.

—¿Qué te ocurre? ¿Donde vas?

—¡Déjeme! —Dice intentando apartarse de su mano con un movimiento brusco. —Tendré que limpiarme, ¿no?

—¿Limpiarte el qué?

—¿No lo ve? —y levanta su mano, enseñándole la mano manchada de gotas de orina.

—¿Dónde está el pis? —dice fijándose en la mano y luego levantando la mirada hacia los ojos de Alejandra. Él sigue desnudo de cintura para abajo…

Sus ojos vuelven a su mano manchada mientras dice —Dime una cosa Alejandra…

Ella atónita, guarda silencio..

—¿Alguna vez.. lo has probado?

—¡¿QUÉ?!— Dice sin creer lo que ha oído.

—Creo que no hace falta que lo repita —Levanta la mirada mirándola de nuevo. Están uno enfrente del otro.

—¿Pero qué está diciendo? ¿Está loco? ¿Como voy a hacer algo así?  —Se le nota nerviosa. Esta pregunta en cualquier otra situación habría bastado para pegarle un bofetón y salir corriendo, sin embargo..

—No me has respondido a la pregunta vecinita. —dice seguro de si mismo, como si tuviera la situación totalmente bajo control.

—No, ni lo voy a hacer. Está loco Don Fernando, ¿cómo puede pensar en cosas así?

—¿No? ¿nunca? —ella observa sus dientes amarillentos.

—Váyase a la…

Le entrecorta. —Dime Alejandra… ¿No tienes curiosidad?

—¿Qué? ¿Curiosidad? Asco es lo que tengo —gira la cabeza hacia un lado. Pero está cogida del antebrazo por él, en mitad del baño.

—¿Asco? ¿Por qué? Vamos, tranquilízate un poco, solamente estamos hablando.

—¿A usted que le parece? déjeme o le demandaré por acoso.

—¿Demandarme? —Sonríe.

—Sí, demandarle. —Saca fuerzas de flaqueza mirándole a los ojos. Desafiándolo.

—Vamos vecinita, si somos buenos vecinos… ¿No? ¿acaso no tenemos más complicidad? —esas frases no se sabe muy bien si pretenden tranquilizarla, o acaso humillarla.

—¡Déjeme marchar de una vez!

Sin embargo, la mano que estaba por la cintura de ella, la eleva hasta casi la altura del pecho, mientras dice. —Entonces vecinita, ¿nunca has cogido la polla de tu marido y le has ayudado a mear?

—Él no es un asqueroso como usted. Y no le hace falta ningún tipo de ayuda.

—¿No? ¡jaja! Entonces eso significa que soy el primero, ¿verdad?

Ella calla ante tal afirmación, lo cual aprovecha el viejo para seguir presionándola. —dime una cosa, ¿cuántas pollas has visto en tu vida?

—¿Qué le importa a usted eso?

—Vamos… ¿No estamos en confianza? —su cara es la típica de un viejo verde salido. Pero aún así, ella sigue cogida por el viejo, esa mano manchada de su pis, increíble.

—No suficiente me parece. No para estos temas. —Aún así, la respuesta de ella no es nada agresiva.

—Pero no es muy complicada la pregunta…

«Joder tengo el olor de su cuerpo y de este sitio metido en la nariz, en el cerebro» piensa.—La respuesta es simple: ¡NO-LE-IMPORTA!.— Eleva la voz.—Cuando salga de aquí le voy a poner una buena demanda. Se le van a terminar las tonterías.

Sonríe, parece que no le importa lo de la demanda, sino que le pregunta de nuevo.—Vamos, solo responde a eso vecinita.. ¿Solo le has visto la polla a tu marido?

Ella calla, no quiere responder a esa pregunta. Por lo que él continua presionando.—Bueno, y la de tu hijito también la habrás visto, ¿no?

—Ahora ya podré decir que he visto tres. ¿Está contento?

Sonríe, victorioso. Aprovecha para subir un poco más la mano. Está por encima de su pecho. 

—Entonces ya son 3 pollas…

—¿Lo suyo no es una polla?

—No sé, mírala para estar segura si quieres… —Sonríe, dando a entender que no le importa estar desnudo de cintura para abajo enfrente de ella.

—Lo siento, ya he visto suficiente. Demasiado diría yo.—Intenta que suelte su mano, hace fuerza.—¡Déjeme! —Forcejea levemente. —Sí, ¿vale? ¿Está contento? Pues déjeme ya.

La mano está bien agarrada y cada vez mas cerca de ella… Sin embargo, todos y cada uno de los movimientos, hace que oiga ruidos a través de la puerta.

—¡¿Mamá?! ¿Qué pasa? ¿Por qué tardas tanto en salir? Sal ya por favor…

—¡Ya salgo hijo! —la voz de su hijo la pone nerviosa, casi se había olvidado que seguía en la puerta…

—Mamá… ¿por qué tardas tanto en salir? —Alejandra oye la voz a través de la puerta.

Gira su cabeza hacia la puerta, como hablándome directamente—Ya terminamos hijo, de verdad, un momento… —Vuelve a girar la cabeza hacia Don Fernando.—¡DÉJEME!

—¿Pe-pero todo va bien mamá? —Me empiezo a preocupar. Pero a ella, escuchar la voz de su propio hijo en una situación así, le hace ponerse cada vez mas nerviosa, parece que poco a poco la situación supera a Alejandra. Don Fernando, en vez de ser compasivo, aprovecha la situación y eleva un poco más la mano, para casi situarla a la altura de su barbilla.

«Joder, me estoy haciendo la dura, pero estoy perdiendo el control. Los nervios me están empezando a traicionar… Joder… Qué hago… Este cerdo lo está notando, lo sé»

Pero la voz de Don Fernando resuena en su cabeza de nuevo, sacándola de sus propios pensamientos.—Tranquila vecinita, dile que estamos haciendo unos papeles, dile que ahora salimos..—Le susurra, buscando algo de complicidad…

Ella lo mira, por primera vez indecisa.. gira la cabeza hacia la puerta.. —Es-estamos concretando cosas hijo… salimos enseguida..—Dice intentando aparentar toda la entereza que puede. 

Mi madre ya no le dice nada por lo de vecinita, tiene demasiados frentes abiertos y está empezando a permitir cosas que hasta hace nada no lo hacía.

—Así me gusta. —Dice en voz baja sonriendo.

—Cerdo…

—Mamá por favor… ¡Sal ya!—digo en modo de súplica. —Sal ya y vámonos a casa por favor…

—Ya salgo cariño…

Alejandra al girarse de nuevo hacia Don Fernando ve que la mano está a la altura de su cara. Ahora puede ver nítidamente como varias gotas están esparcidas por su dorso, unas gotas amarillentas. Tanto le extraña que estén esparcidas con su mano que realmente duda que sea orina de ese viejo indeseable y no unas simples gotas de agua. Pero se ve en una encrucijada, la presión de ese viejo va haciendo mella en ella poco a poco y los gritos de su hijo a través de la puerta no ayudan nada para salir airosa de esta situación. Ella intenta reprocharle, volviendo a sugerirle que lo demandará, pero lo que no sabe es que cada vez su voz denota menos personalidad, menos carácter…

—¿No… no se cree… lo de la demanda? S-soy abogada… Ya… Ya lo sabe…

—¿Quieres que salgamos ya vecinita? —Alejandra al oír eso abre levemente los ojos.

—Sí… Suélteme… Suélteme… Por favor…—dice ella casi suplicando. 

«Espero que la súplica lo haga entrar en razón..» Piensa.

Sin embargo, él no hace caso a lo de la demanda. Callado, eleva un poco mas la mano hacia su cara.—Venga, pruébalo.

—¿QUÉ? No… Por Dios…

—Venga, solo un poco…

«Joder que asco… por Dios. ¿Pero qué hago? No va a parar hasta que no lo haga. Además Juan está en la puerta, desesperado… ¿Qué hago? ¡¿Qué hago por Dios?!» 

¿M-m-me… me dejará ir si lo hago? —Dice titubeando. Por primera vez, accede a la posibilidad de probar algo que jamás ha hecho en su vida.

El viejo en absoluto silencio, solo avanza un poco más la mano hacia la cara de Alejandra. Quedando a unos 20 centímetros de su boca.

«Joder que hago.. ya no puedo más.. tú estás fuera esperándome. No sé como salir de esta situación. Este viejo cada vez me tiene más sometida, ya no tengo fuerzas.. fuerzas morales para luchar.. Joder que asco… Yo… Yo…»

—Venga vecinita, solo será un momento. Son nuevas experiencias, tienes que abrir un poco más de mente…

No, no necesito esta experiencia Don Fernando, es superior a mi, ¿Acaso no lo ve?—

«Pienso en ti Juan, en tranquilizarte y en convencerte de que no cuentes nada a tu padre…»

¡POM POM POM!

—¡Mamá¡!Sal por favor!

Ella vuelve a mirar hacia la puerta. Nerviosa, por primera vez, se le humedecen los ojos.. empieza a no poder más… Mientras me responde. —Hijo… espera… por Dios…—

—Shhh… Tranquila cariño, dile que estamos haciendo unas fotografías a la fuga y ahora salimos…

«¿Cariño?» Piensa con sorpresa.

—¿Cariño? ¿Pero que se ha creído? Primero vecinita.. Ahora cariño… No sabe usted con quién está hablando…— intenta sacar fuerzas de flaqueza.

Y sin saber muy bien por qué, cede lo que le propone Don Fernando.

—Estamos haciendo unas fotos a todo esto Juan. Ahora salgo.

«No me queda otra opción, lo siento cariño, he perdido el control de la situación» Piensa a su pesar dentro de ella….

—To… Todo está bien hijo…

Mientras ella habla hacia la puerta, nota como dos dedos se ponen en su mejilla, con la intención de girarle hacia él. Su cara… Su mano a la altura casi de sus labios.. Don Fernando mirándola sonriente, mostrando sus dientes de viejo vicioso y sucio…

—Venga, solo un poquito…

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