ECONOMISTA

21

Me despertó un mensaje de WhatsApp de mi mujer, cuando sale de fiesta suelo dejar el móvil encendido porque me encanta recibir este tipo de mensajes. Cogí el móvil y no ponía nada, solo había mandado una foto donde estaba ella con su amiga en la barra de un bar, Mariola estaba de lado y mostraba su culazo con unos legging de cuero y Claudia se agarraba a ella riéndose. Ni qué decir tiene que se me puso dura al momento, alguien les tenía que haber hecho esa foto, posiblemente un chico.

David 2:29
Mmmmmmmmmmmmmm, que tal va la noche?, habéis ligado?, vais vestidas como dos putas.

No volví a recibir contestación de Claudia. Siempre me hacía lo mismo, me dejaba con la duda hasta que volviera a casa. Me toqué un poco la polla viendo la foto de mi mujer con su amiga, no me quería imaginar lo que estarían haciendo, con lo buenas que estaban las dos, tal y como iban vestidas y las ganas de fiesta que tenían, cualquier cosa podía suceder.

Me bajé hasta la cocina a beber un poco de agua, comprobé que las niñas estaban bien y me volví a acostar. Estaba especialmente nervioso y excitado, tenía un presentimiento que no se me iba de la cabeza.

Esta noche iba a ser especial. Y no me equivoqué.

Cuando Mariola salió fuera ya estaba el taxi esperándolas. Claudia de pie le pasó el abrigo y luego se montaron juntas en la parte de atrás.

―Gracias por venir Modou, no has tardado nada.
―Sin problema, cuando usted necesite un taxi me llama…
―Uyyy, que educadito, además que mono es, me llamo Mariola ―dijo estirando la mano para que el chico se la estrechara.

Claudia le dio un pequeño codazo a su amiga para que dejara tranquilo al taxista, pero ella no le hizo ni caso.

―Tenías razón, es muy guapo…¿oye, y a qué hora terminas de trabajar?…
―¡¡Mariola, para ya!!
―Era solo una broma, solo lo preguntaba porque si no terminabas muy tarde te invitábamos a tomar una copa…
―No, no puedo señora…trabajo hasta tarde y luego…
―No me llames señora, que no soy tan mayor…¿luego tienes algo que hacer?
―Sí, volver a casa…
―Vaya, qué aburrido…yo que te estaba proponiendo un plan con nosotras…
―Se lo agradezco…pero no puedo…
―Mariola, para ya ―le dijo Claudia en bajito.
―Vaaaleeeee, déjame un poquito más, solo estamos hablando, ¿no te molesta, verdad que no Modou?
―No, claro que no…
―¿Ves, no le molesta?
―¿Y entonces te parece guapa mi amiga?
―¡¡Mariola!!, vale ya…
―Me ha dicho antes que estabas muy bueno…
―Bueno ya hemos llegado ―dijo Modou.
―Anda sal fuera, que ya pago yo, oye disculpa a mi amiga, está borracha ―le dijo Claudia.
―No se preocupe, no pasa nada, estoy acostumbrado, es mi trabajo…
―Lo siento de verdad, quédate con el cambio otra vez ―dijo Claudia dándole un billete de diez euros.
―Muchas gracias, luego si quiere me llama para que la lleve a casa, estaré trabajando hasta tarde…
―Sí de acuerdo, luego te llamaré, además está empezando a llover y no tiene pinta de que vaya a parar y no me llames de usted…buenas noches.
―Venga vamos, deja de ligar ―dijo Mariola tirando de ella para que terminara de salir del coche, luego fue ella la que se asomó dentro―. Adiós guapo…

Legaron al Jack’s, por suerte no había cola para entrar porque llovía un poquito, no mucho, pero mojaba. En cuanto entraron Claudia se dio cuenta de que era un bar de niñatos, con la luz muy oscura, mucho Reggeaton, música alta y abarrotado de gente.

―Aquí seguro que vamos a encontrar lo que buscamos, vamos primero a dejar el abrigo al ropero y luego echamos una ojeada ―dijo Mariola.

Claudia se dejó llevar por su amiga, que parecía que conocía el sitio bastante bien, luego se acercaron como pudieron a pedir otra copa en la barra, tuvieron que estar pasando entre jóvenes que llenaban el local y Claudia pensó que algún chico de esos seguramente hubiera sido su alumno, ahora bailaban sudorosos y ella tenía que rozarse con ellos para poder avanzar y llegar hasta la barra.

―Tenías razón, tenía un polvazo el taxista senegalés, jajajajaja ―dijo Mariola en cuanto llegaron a pedir.
―Ya te lo había dicho…
―¿Te lo follarías esta noche?
―Noooooooooooo, bueno quiero decir que es muy guapo y tal, pero está casado y sabe donde vivo, nooooooo, no lo haría, jajajajajaja…
―Empiezo a ir un poco pedo tía, no pensé que iba tan borracha ―dijo Mariola.
―¿Solo un poco?, te has pasado con Modou, eres una cabrona…
―Uyyyyyyy Modou, ya le llamas por su nombre, tú tienes ganas de que te folle el negrito, jajajajaja…
―Venga para ya…
―Mmmmmmmmmmmmm mira, allí hay dos chicos que nos están mirando, vamos a hablar con ellos, no tienen mala pinta…
―No Mariola, para un poco tranquila, vamos a tomarnos la copa tranquila, relájate…

Siguieron hablando un rato más y luego se pusieron a bailar en el medio del Jack’s , estaban muy sexys y los tíos no las quitaban el ojo de encima y entonces aparecieron de repente, Lucas, Mario y su grupo de amigos. Claudia no se fijó en ellos hasta que se lo dijo Mariola.

―¡¡No te lo vas a creer, pero acaban de entrar Mario y Lucas!!, por allí van…
―¡¡Joder no, mierda!!, venga vámonos, antes de que nos vean ―dijo Claudia notando como la subía el calor por el cuerpo.
―No seas así, déjame que les salude…
―Yo paso de esto Mariola, sabes que no puedo…

Cuando se quisieron dar cuenta los chicos las habían rodeado por detrás y aparecieron por el otro lado.

―¡¡Pero qué sorpresa!!, hola chicos!!!, bueno a mi amiga ya la conocéis no?, creo que no hace falta que os la presente, jajajaja ―dijo Mariola dando dos besos a Lucas y a Mario.
―Sí, claro ―dijeron los chicos dando dos besos a su antigua profesora, que se moría de vergüenza.
―¿Soléis venir aquí? ―les preguntó Mariola empezando a hablar con ellos.

Claudia mató a su amiga con la mirada negando con la cabeza, pero ésta hizo como que no la vio. Estaba incomodísima con la situación y Mariola hablaba con Lucas, poniendo la mano sobre su hombro y pegándose a él.

―Sí, alguna vez venimos, tenemos un colega que trabaja de camarero, nos deja las copas bien de precio…vamos que os invitamos a una ―dijo Lucas.

Cuando Claudia se quiso dar cuenta Lucas había agarrado de la mano a Mariola y tiraba de ella como si fueran novios perdiéndose entre la multitud, la última vez que les pudo ver, Lucas ya le iba sobando el culazo a su amiga con total descaro, mientras se acercaban a la barra. Mariola parecía encantada dejándose meter mano delante de los amigos del jovencito, quería demostrarles lo puta que era. Claudia estuvo a punto de darse la vuelta al verse allí sola, entonces se encontró con Mario a su lado.

―Creo que han ido por allí, vamos ―le dijo a su profesora.

Claudia no sabía ni lo que estaba haciendo, siguiéndole el juego a sus alumnos, algo contra lo que siempre había luchado y se había dicho que no iba a pasar jamás. Además le daba mucha vergüenza que los chicos la hubieran visto así vestida, con esa falda tan corta y esas medias de guarra, en nada se parecía a la profesora que estuvo años vistiendo como una mojigata para no provocar a sus alumnos.

En ese momento se sintió mal, confusa, mareada, hacía demasiado calor y la música estaba muy alta, notaba como se rozaba constantemente con los jóvenes que pasaban a su lado y cada vez se iba sintiendo más y más pequeñita entre la gente. A su lado todos parecían que se lo estaban pasando muy bien, menos ella.

Con mucho esfuerzo llegó a la barra decidida a irse para casa, pero los colegas de los chicos estaban preparando una ronda de chupitos, en total siete, dos para ellas y los cinco jóvenes. Claudia abrió los ojos como platos al ver la escenita que estaba protagonizando su amiga, Lucas y Mariola habían comenzado a morrearse delante de los chicos que parecían jalear a su amigo. Le pareció que eso era muy bochornoso, Claudia no iba a quedarse allí a tomar chupitos con los que habían sido sus alumnos, como si fueran amiguitos de fiesta. Aquello era demasiado.

―¡¡Mariola!! ―dijo tocando a su amiga en el hombro mientras se comía la boca con Lucas.
―¿Qué pasa? ―contestó poniéndose a su lado.
―Yo me voy ya…pásatelo bien…
―De eso nada, tú no me dejas sola aquí con estos, un momento chicos, ahora volvemos ―dijo Mariola disculpándose con los jovencitos.

Entonces se llevó a Claudia por el brazo.

―Acompáñame tía, vamos al baño…
―Yo me voy a casa…
―Venga ven conmigo ―dijo tirando de su amiga hasta conseguir que entrara con ella.
―Ni se te ocurra irte cabrona…y dejarme aquí sola ―le dijo Mariola en cuanto cerró la puerta de los servicios.
―¡¡Mariola con ellos no, no estoy cómoda!!, te lo he dicho muchas veces…
―Relájate y disfruta…lo estamos pasando bien, no? ―dijo Mariola agarrando a su amiga por las mejillas y volviéndola a dar tres besos rápidos y sonoros en los labios.
―Para, estate quieta…no quiero…
―Shhhhhhhhhh, ven aquí…estoy cachondísima, ¿no me digas qué no te gusta ninguno de esos?, puedes elegir, no tienen por qué ser Mario o Lucas, tienes a otros para elegir, yo con el calentón que llevó me follaba a cualquiera de los cinco…

Entonces Mariola se lanzó a su boca, dando un pequeño muerdo a su amiga. Ese beso parece que le gustó a Claudia que cerró los ojos y dejó que Mariola volviera a la carga, esta vez con un beso más húmedo, más largo y más guarro. Sintió la lengua de Mariola jugueteando en su boca a la vez que volvía a meter las manos bajo su falda.

―Estoy muy cachonda tía, venga esta noche dijimos que nada de líneas rojas…y tú estás igual que yo, no me lo niegues…

Claudia se acordaba de cómo Lucas le iba sobando el culo a su amiga en medio del bar y luego cómo se habían besado en la barra, los labios de su amiga acababan de estar en contacto con los del chico y a Claudia le excitó la idea de comerle la boca a Mariola después de que lo hubiera hecho Lucas. Esta vez Claudia le correspondió el beso sacando la lengua también para meterla en la boca de su amiga. Estaba demasiado caliente con la noche que llevaba encima.

Cada visita al baño con Mariola no hacía que encenderla más y más.

Ahora los dedos de Mariola se habían colado habilidosos bajo sus braguitas y arañaba los glúteos clavándole los uñas en ellos. Claudia gimoteó y se dejó hacer.

―Solo tenemos que elegir a dos chicos y llevárnoslos a casa, los que tú quieras…
―Noooooooo Mariola…
―¿O prefieres que nos vayamos tú y yo solas? ―dijo metiendo uno de los dedos en el empapado coño de Claudia, a la vez que le daba otros dos besos rápidos en la boca.
―Ahhhhhhhhhhhhhhhhh…
―Estás mojadísima tía, ¿estás tan caliente por mí o por los chicos?, tengo muchas ganas de estar contigo, hoy voy a hacerte de todo…y tú a mi también…así que tú decides, ¿qué prefieres, los chicos o estar conmigo?
―Mariolaaaaa, por favorrrr……ahhhhhhhhhhhhhhhhhh…
―Quiero comerte entera, sobarte las tetas, chuparte los pezones, lamerte el coño, ¡¡quiero comerte el culo!!, me tienes muy cerda toda la noche con esa faldita de guarra que te has puesto, hasta Lucas me ha dicho que pareces una puta y que se la has puesto dura…
―Ahhhhhhhhhhhhhhhhhh…paraaaaaaaaaaa paraaaaaaaaaaaaaa, aquí noooooooooooo…¿Lucas te ha dicho eso?
―Pues claro, ¿qué pasa, te pone cachonda ponérsela dura a tu alumno? ―dijo Mariola subiendo sus manos para tocarle las tetas por encima de la camiseta.

Después volvió a bajar una mano y se detuvo unos segundos en sobarla el culo antes de apartar sus braguitas y pasar el dedo corazón en medio de sus labios vaginales.

―Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh…
―Estás mojada como una puta…igual que yo…¿quieres que te lo coma aquí mismo?
―Noooooooooo, nooooooooooooooo ―dijo Claudia intentando apartar las manos de su amiga y bajarse la falda.
―Vamos no te resistas, estás cachondísima, verdad? ―dijo Mariola volviéndola a arrinconar contra la pared para besar sus labios.

Cogió las manos de Claudia y la obligó a ponerlas sobre su trasero.

―Tócame el culo, sé que te encanta mi culo, ¡¡apriétamelo, vamos!!, hoy quiero que tú también me toques.

Claudia jadeando y volviendo a sentir como el dedo de su amiga jugueteaba a la entrada de su coño cerró las manos sobre los glúteos de Mariola, que gimió y se lanzó a la boca de su amiga. Se enfrascaron en un nuevo beso, más húmedo y guarro que el anterior. Las lenguas de las dos se cruzaban en sus bocas, por los labios e incluso por las mejillas de ambas caras. Luego sudorosas y con la respiración acelerada se quedaron mirando.

―Llama a tu amigo el senegalés, que venga a buscarnos, nos vamos ya para casa…¡¡no puedo aguantarme más!!, me tiemblan hasta las piernas.

Cuando Claudia sacó el móvil Mariola aprovechó para darle la vuelta y ponerla contra la pared, se puso detrás de ella acariciándola el culo con las dos manos.

―Venga llámale…

Claudia sin saber que pretendía su amiga comenzó a llamar a Modou.

―Hola Modou, ¿te puedes pasar por el Jack’s para llevarnos a casa?…mmmmmmmmmmm…vale cinco minutos…en la puerta te esperamos…

Mientras hablaba, Mariola se había agachado para apartar las braguitas y meter la cabeza entre sus glúteos. Cuando Claudia se despedía de Modou sintió una lengua caliente jugando en su ano.

―Ahhhhhhhhhhhhhhhhh Mariola…para, ¿¿qué haces???
―Deja que te lo coma, joderrrrrrrrrr, esto me va a poner más cerda, me encanta este ojete de pija que tienes…
―Ahhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhhh ―dijo Claudia sujetando por la cabeza a su amiga para apretarla contra su culo.
―Mmmmmmm, asíííííííí, mmmmmmmmmmmmmmmmm, aplástame la cara contra tu culo, eso es…mmmmmmm…

Mariola le abría los cachetes con las manos para poder meter con más facilidad la lengua en el culo de Claudia. Se lo estaba comiendo en los baños de una discoteca y no las importaba lo que estaba pasando fuera. Luego se puso de pie detrás de ella y le dijo al oído.

―Me encantaría que tuvieras una polla de esas que usas con tu marido para que me follaras…te lo digo en serio…voy a comprar una para la siguiente vez que vayamos a mi casa…

Claudia giró el cuello buscando la boca de su amiga y ofreciéndola el culo volvieron darse otro morreo, mientras Mariola le acariciaba el trasero. Fue el último antes de salir.

Por suerte Modou ya estaba en la puerta esperando con su taxi, estaba lloviendo a mares y en los veinte metros que había desde la salida del bar hasta la carretera las dos se empaparon de agua antes de montarse el coche en la parte de atrás. Mariola le dijo su dirección y después agarró de la mano a Claudia, ésta la miró con cara de deseo antes de cruzar las piernas.

―Gracias por venir tan rápido, con la que está cayendo, uffff nos hemos puesto perdidas ―dijo Claudia.
―Yo también suelo coger taxis, me puedes dar tu número, así ya le tengo? ―le dijo Mariola al taxista.

Modou le dijo su número de teléfono y Mariola le hizo una llamada perdida.

―Ese número que tienes es el mío, tú también me puedes llamar…para lo que quieras…y cuando quieras.
―Vale, luego le guardo.
―Me llamo Mariola…por cierto ahora vamos a mi casa, ¿te apetece subir con nosotras a tomar algo?
―Mariola, vale ya ―dijo Claudia.
―No puedo, tengo que trabajar ―respondió Modou.
―Va a ser un ratito, tómate un pequeño descanso…puedes elegir a la que quieras, ¿no te gustamos ninguna de las dos?, o las dos a la vez si quieres…
―¡¡¡Mariola!!!
―A mi amiga y a mí nos pones mucho, ¿has hecho antes un trío con dos mujeres? ―dijo Mariola jugando con el senegalés, que cada vez estaba más cortado.
―Modou, tú ni caso, que mi amiga está borracha.

El taxista sonrió sin contestar y luego miró hacia atrás cuando se paró en el semáforo. Las dos mujeres que llevaba detrás iban agarradas, con el pelo mojado, acariciándose la mano y se quedó mirando las piernas de Claudia. Era difícil no fijarse en esos muslos y en las medias de calienta pollas que se había puesto. Esta vez no fue una mirada cordial o educada, Claudia lo vio en sus ojos, el lado oscuro de Modou, es difícil explicar esas cosas, pero Claudia vio claramente su lado salvaje. La mirada lasciva del senegalés buscando ver algo más bajo su falda hizo que la rubia se mojara más si cabe y abrió las piernas para volver a cruzarlas en sentido contrario. Nadie hablaba, la tensión sexual se palpaba en el interior del taxi.

―¿Te gustan las piernas de mi amiga, eh? ―dijo Mariola rompiendo ese silencio.
―Vale ya, cállate…

Fueron un par de segundos antes de que Modou se girara sin contestar y volviera a ponerse en marcha, en ese momento sonó el teléfono de Mariola.

―¿Que dónde estamos?, nos hemos ido, lo siento…no hemos podido despedirnos…vamos a mi casa, ¿Claudia?…sí también claro…no, no, ni se te ocurra venir…ya otro día quedamos…venga un beso.

Colgó el teléfono.

―Era Lucas, que dónde estábamos…
―¿Por qué le has dicho que ni se te ocurra venir?
―Por nada, jajajaja, que decía que se quería venir con sus amigos a mi casa…pero tranquila que ya le he dicho que no…bueno ya lo has escuchado…

Abrió el WhatsApp y le mandó un mensaje a Lucas sin que Claudia se diera cuenta.

Mariola 3:34
Pásate por casa y no tardéis.

―Ya hemos llegado ―dijo Modou.

Las dos chicas se bajaron y Claudia le pagó otra vez con diez euros.

―¿Entonces no te animas?, estás a tiempo, ésta y yo nos vamos a montar una fiesta privada, aunque nos gustaría más estar acompañadas ―le dijo Mariola.
―Cállate ya y bájate anda, quédate el cambio, luego te volveré a llamar para que me lleves a casa…
―De acuerdo, gracias.

Echaron a correr hacia el portal bajo la lluvia. Entraron deprisa y en el ascensor ya se iban comiendo la boca, mientras se acariciaban por encima de la ropa sin dejar de besarse, como pudo Mariola abrió la puerta de su casa.

―¿Una copa? ―preguntó Mariola.
―Sí, claro ―dijo Claudia dejándose caer en el sofá de su amiga.

Al poco llegó Mariola con dos copas en la mano, se sentó al lado de Claudia y antes de alcanzarle su bebida le dio un pequeño beso dulce y tierno en los labios, como intentando retrasar la tormenta que estaba a punto de desatarse. Era extraño ese beso y más después de haberse morreado furiosamente un par de minutos antes en el portal y en el ascensor. Cuanto más tiempo dejaban pasar, más iba creciendo la tensión sexual entre ellas, una tensión que se les iba acumulando en los cuerpos.

Las dos estaban excitadas y cachondas y solo eran cuestión de minutos o segundos que empezaran a follar, apenas podían hablar, ya solo se decían tonterías, apoyadas en el sofá, muy cerca la una de la otra, parecían dos novias enamoradas.

―Lo he pasado genial ―dijo Mariola susurrando.
―Yo también.
―Me vuelves loca…
―Lo sé…jajajajaja…
―¡¡Qué zorra!!, ¿yo a ti no te gusto?
―Tú qué crees, si no, no estaría aquí…
―¡Dímelo!, quiero escucharlo de tu boca…lo mojada que te pongo ―dijo Mariola acariciándola los labios con un dedo.
―Sabes que me da vergüenza decir esas cosas ―dijo Claudia acercándose para besar a su amiga que se apartó ligeramente poniendo la mejilla.
―¡¡Dímelo zorra!!, dime que estás cachonda…
―Ya lo sabes ―dijo Claudia intentando besar de nuevo en la boca a su amiga.

Esta vez Mariola sí que la dejó y comenzaron a morrearse después de dejar los vasos sobre la mesa. Ahora se arrepentía de haber quedado con Lucas, le apetecía mucho follar a solas con Claudia, pero llevaban meses planeando que pudiera darse esa pequeña posibilidad de que el chico estuviera con su profesora y no iba a haber una mejor oportunidad que esta noche.

Era un trato que tenían desde hacía tiempo. Mariola podía follarse a Mario, pero tenía que intentar que Lucas también lo hiciera con Claudia.

Pero si tardaban mucho los chicos no iba haber vuelta atrás, Mariola lo estaba retrasando todo y Claudia cada vez estaba más extrañada del comportamiento tan sutil y tranquilo de su amiga, después de que hubiera estado toda la noche metiéndola mano. Ahora de repente se había calmado, haciéndoselo desear.

Mariola pasó una pierna sobre Claudia y se sentó encima de ella, luego se quitó la camiseta quedándose en sujetador y volvieron a besarse, esta vez más intensamente. La respiración de las dos ya estaba muy agitada y las manos de Claudia fueron sobre las tetas de su amiga apretándolas por encima del sujetador, antes de ponérselas sobre el trasero.

Mariola seguía esperando que llegaran los chicos, pero estaba demasiado cachonda y le quitó la parte de arriba a Claudia, se quedaron mirando unos segundos a los ojos y después echó las manos hacia atrás desabrochando el sujetador de Claudia, que hizo lo mismo con el de Mariola.

Estaban desnudas de cintura para arriba y cuando Mariola se inclinó sobre Claudia para volverla a besar hizo que los pechos de ambas quedaran apretados. Notaron sus tetas calientes rozándose, frotándose, sintiendo como se les endurecían más si cabe los pezones al estar en contacto. Se acariciaban el pelo, los pechos, el culo, todo esto mientras Mariola cabalgaba lentamente a su amiga.

No podían estar más cachondas.

Estaban a punto de empezar a devorarse y entonces sonó el timbre de abajo. Con la respiración agitada Mariola echó la cabeza hacia un lado.

―¡¡Joder!!
―¿Quién será a estas horas? ―preguntó Claudia sorprendida.

Mariola se levantó del regazo de su amiga, estaba desnuda de cintura para arriba y fue a contestar el telefonillo.

―¿Sí?…perooooo…¿qué hacéis aquí?…te dije que no vinierais, vale os abro…
―¿Quién es? ―preguntó Claudia pegando un bote del sofá.
―Mierda, mierda, son los chicos…son Lucas y Mario ―dijo Mariola buscando la ropa desesperadamente por el suelo
―¿¿¿Cómo???…pero qué hacen aquí…por qué les has abierto?
―Y yo que sé…¿qué hago, les digo que no suban? ―dijo Mariola colocándose el sujetador a la vez que Claudia también se ponía el suyo.

Las dos amigas se trataban de vestir rápidamente, Claudia no entendía nada de lo que estaba pasando, solo quería ponerse la camiseta cuando se fijó en Mariola, que se peinaba frente al espejo el alborotado pelo que llevaba y ella debía estar parecida, pensó para sí misma.

―¡¡Te mato, joder, te mato!!, diles que no estoy, y échales rápido ―dijo Claudia intentado huir hacia el baño.
―¿Cómo les voy a decir eso?, no seas así ―le contestó Mariola justo cuando tocaban en la puerta.

Salió a abrir a los dos chicos, que la saludaron con unos besos en la mejilla.

―¡¡Joder la que está cayendo!! ―dijo Lucas empapado en agua,
―Esperad anda, que os traigo una toalla.

Mariola se metió al baño y Claudia estaba en el espejo mirándose y arreglándose el pelo.

―Diles que se vayan…no pienso salir…
―Venga sal, no seas tonta, nos tomamos una copa con ellos y les mandamos para casa…¡que lo mismo te da!, aquí no nos va a ver nadie…
―Eran mis alumnos, no pienso tomarme una copa con ellos…y menos…menos así vestida…
―Si estás muy guapa, venga vamos, ven conmigo…si no sales ahora luego te va a dar más vergüenza…vaaaaaaaamossssssssss ―dijo Mariola tirando de su amiga mientras llevaba un par de toallas en la mano y llevándola hasta el salón donde esperaban los jovencitos de pie.

―Tomad, anda secaros…
―Hola señorita Claudia ―dijo Lucas sorprendido al ver a su antigua profesora.
―Hola…bueno chicos, yo ya me iba.
―De eso nada, tú te quedas, nos tomamos una copa, ven conmigo a prepararlas, ¿qué queréis tomar chicos? ―preguntó Mariola.

Cogió un par de botellas y se fue con Claudia a la cocina, luego abrió el congelador y se agachó para sacar unos hielos.

―Esto es de locos, no sé qué hago aquí preparando unas copas para mis alumnos, te voy a matar cabrona ―dijo Claudia echando un poco de ron en un vaso de tubo.
―Nos tomamos una copa y ya está, luego seguimos donde lo habíamos dejado ―dijo Mariola incorporándose mientras sobaba el culo de su amiga por encima de la falda.
―¿Por qué han venido?, ¿habías quedado con ellos o qué?
―No, no había quedado, les he dicho que me había venido contigo a casa….y no sé, se han presentado aquí…pero mira, así mejor…ahora tenemos a dos jovencitos para nosotras…¿a cuál de los dos prefieres?, jajajajajajaja…
―Ni de coña, me tomo esa copa, pero luego los echas…y si no me voy yo…no sé ni por qué me quedo…
―Te quedas porque estás muy cachonda, igual que yo y luego quieres follarme, ¿verdad?
―¡Eres una puta!…
―Igual que tú…jajajajajaja.
―Jajajajajaja.

Entraron en el salón con las cuatro copas en la mano, los chicos se habían sentado uno en cada sofá, por lo que no tuvieron más remedio que sentarse cada una con un chico. Mariola estaba con Mario y Claudia estaba en el mismo sofá que Lucas, que pegó un trago a la copa.

―Mmmmmmmmmmmm, está muy buena, ¿quién las ha preparado?
―Entre las dos ―contestó Mariola.

Luego empezaron a hablar, los chicos contaron sus vivencias en la universidad, pero Claudia estaba demasiado cortada, la situación para ella era muy incómoda, estando allí con sus antiguos alumnos, a parte de que no sabía cómo sentarse para intentar evitar las miradas continuas de Lucas a sus piernas. La falda era demasiado corta y se la veía el dibujo de las medias y casi casi las braguitas. Cuando volvió a cruzar las piernas, dejando a la vista del chico todo su muslo, Lucas se quedó mirando sin ningún disimulo.

―Viene usted hoy muy guapa, señorita Claudia.
―Puedes llamarla Claudia y no hace falta que la llames de usted, estamos entre amigos ―le dijo Mariola apurando su copa―. ¿Nos tomamos otra?
―Yo por mí no, creo que me voy a ir ―dijo Claudia.
―De eso nada, nos tomamos otra copa, ven conmigo Mario, ayúdame a prepararlas ―dijo Mariola cogiendo de la mano al chico.

Cuando Claudia se quedó a solas con Lucas, la situación se hizo todavía más violenta si cabe, Claudia no sabía de qué hablar con él ni como evitar que el chico dejara de mirarla las piernas de esa forma tan descarada.

―Me encantan sus medias…son muy bonitas…está usted increíble ―dijo Lucas.
―Me voy a ir, no debería estar aquí ―dijo Claudia poniéndose de pie.
―Lo siento, no quería…ehhhhhhhhhhhh…molestarla…

Entonces Claudia entró decidida en la cocina para despedirse de su amiga. Le jodía mucho terminar la noche así, estaba borracha, cachonda y con muchas ganas de sexo, especialmente después de haberse comido la boca con Mariola y haber sentido las tetas de ella contra su cuerpo. Esa noche estaba dispuesta a desinhibirse y hacer de todo con su amiga, incluso estaba convencida de que hubiera terminado comiéndose el coño de Mariola e incluso su culo si ella se lo hubiera pedido.

Pero cuando entró en la cocina se llevó una gran sorpresa, Mariola y Mario se estaban enrollando contra la mesa, el chico tenía las manos sobre el culo de su amiga y ésta movía la mano arriba abajo, no podía ver qué pasaba al taparle el cuerpo del chico, pero cuando Mario se giró Claudia pudo ver como Mariola le empuñaba la polla y ¡¡¡le estaba haciendo una paja allí de pies!!!

Se quedó tan sorprendida e impactada que no dijo nada, cogió el abrigo y se dirigió a la puerta con Lucas, que también había visto la escenita, detrás de ella.

―No se vaya, al menos deje que la acompañe, es de noche y está lloviendo mucho…
―No te preocupes, voy a llamar a un taxi ―dijo Claudia sacando el móvil.
―Al menos deje que baje con usted al portal en lo que llega el taxi…
―Como quieras…pero no hace falta.

Lucas bajó con ella en el ascensor mientras Claudia iba llamando a Modou en el móvil.

―Vale, no pasa nada, te espero…

Se quedaron en el descansillo del portal.

―Vete ya, me ha dicho que no iba a tardar mucho ―dijo Claudia.
―Insisto, por favor, deje que la acompañe…no voy a dejarla aquí sola en un portal, de madrugada.
―Vale, eres muy amable ―dijo ella.

En el fondo le gustaba que el chico la hiciera compañía, así se sentía más segura y era un gesto caballeroso. Sin embargo estaba enfadada con su amiga, a las primeras de cambio se había enrollado con Mario y había arruinado la noche de pasión que tenían pendiente. Además ahora no podía olvidarse de la escenita de los dos comiéndose la boca en la cocina mientras Mariola le meneaba la polla. Habían sido demasiadas emociones para una noche y estaba tan caliente que incluso se empezó a plantear si le iba a zorrear a Modou dentro del taxi, para que se la terminara follando en cualquier descampado oscuro bajo la lluvia.

―Puede confiar en mí, sabe?, no dije nada de lo que vi aquel día en su despacho al terminar el curso, nunca se lo he contado a nadie ―dijo Lucas.
―¿¿¿Cómo dices??? ―respondió Claudia extrañada de que el chico le hubiera dicho aquello.

Sabía perfectamente a lo que se estaba refiriendo, cuando Lucas la pilló espatarrada en la mesa de su despacho de Jefa de estudios, haciéndose un dedo, justo en el momento que llegaba al orgasmo. Todavía se acordaba de la cara que puso el chico y la intensidad con la que se corrió. Le pudo haber dicho que no sabía de lo que le estaba hablando o algo similar, pero con la frase que le contestó era como que estuviera admitiendo ante él que sí, que aquel día se estaba masturbando y que no la importaba que él la hubiera visto.

―¿Y por qué no se los has dicho a nadie?…
―Por favor, por quién me toma, ¿cómo voy a contar eso?, es una cosa muy privada de usted…además no se lo creería nadie, ¿quién se va a creer que usted se estaba…bueno que se estaba tocando en su despacho?…

Claudia bajó la cabeza ruborizada, ahora no era la profesora dura y segura de sí misma que amilanaba a sus alumnos, sin decir una palabra acababa de reconocer ante Lucas que aquel día se estaba masturbando.

―No he podido olvidarlo, me acuerdo prácticamente todos los días de aquello, uno no pilla a su profesora favorita así todos los días…
―Vale Lucas…deberíamos dejar esta conversación aquí…
―Me gusta mucho, es usted súper atractiva ―dijo el chico acercándose a ella―. Me encantó cómo aquel día se estaba acariciando las tetas, con la pierna apoyada en la silla, la cabeza hacia atrás, gimiendo en alto… reconozco que me excité muchísimo…
―¡¡Lucas, para ya!!
―Estamos solos, de lo que pase aquí no se va a enterar nadie ―dijo el chico mirándola fijamente a los ojos y poniendo sus manos sobre la cintura de Claudia.

Ella se apartó inmediatamente y cruzó los brazos sobre su cuerpo en señal de protección. Entonces recordó que hacía unos días había leído un artículo en una revista femenina sobre las cuatro cosas más irresistibles para una mujer.
―Que la agarren de la cintura.
―Que la miren directamente a los ojos.
―El perfume de un chico.
―Que la besen el cuello.

Claudia acababa de sufrir tres de ellas, el perfume del chico había inundado sus sentidos cuando se pegó a ella, no se atrevía a levantar la mirada para no ver que hacía Lucas. Lo único que sabía es que en aquel portal de madrugada y vestida como una fulana, delante de uno de sus antiguos alumnos estaba excitada como hacía tiempo que no lo estaba. Se giró para darle la espalda.

Aquello era todavía más tabú que lo que pasó con Don Pedro, más fuerte que lo que pasó con Víctor y un poco menos obsceno que lo que pasó con su cuñado Gonzalo, cuando se dejó hacer un dedo en la boda de su prima. Pero era su línea roja, la que no estaba dispuesta a cruzar. Uno de sus alumnos.

―Tranquila, aquí no puede vernos nadie…es de madrugada, nadie va a entrar en el portal…
―No hay nada que tranquilizarse, porque no va a pasar nada…
―No vamos a tener otra oportunidad como esta, yo sé que le gusto…venga estamos solos…por favor señorita Claudia ―dijo Lucas abrazando por detrás a su profesora.

Enseguida Claudia notó la polla dura del chico pegada a su culo. Cerró los ojos y el coño literalmente comenzó a palpitarle. Intentó ahogar el gemido que le salió de su boca y después de un leve forcejeo se separó del chico que inmediatamente volvió a pegarse contra ella abrazándola otra vez.

―Por favor señorita Claudia, ni se imagina como me pone, mmmmmmmm, esto no lo sabrá nadie, de verdad. ―dijo Lucas empujando a su profesora contra la pared y restregándose desde atrás.
―Lucas, nooooooooooo, paraaaaaa, paraaaaaaaaaaa…ahhhhhhhhhhh…
―Estoy excitadísimo y usted está igual no me lo niegue…
―Para, para joder, qué haces…aquí pueden vernos.
―Shhhhhhhhhhhhhh, calle, no se preocupe por eso ―dijo el chico cogiéndola de la mano y tirando de Claudia.
―¿Pero qué haces?, ¿qué estás haciendo?

Mientras Claudia protestaba, Lucas iba subiendo las escaleras hacia arriba tirando de ella, que le seguía el paso.

―No voy a subir al piso de Mariola otra vez y menos contigo…
―Cállese señorita Álvarez…shhhhhhhhhhhhhhhh….
―¿Qué haces?, ¿dónde vamos?…¿dónde me llevas?…
―Aquí ―dijo Lucas deteniéndose.
―¿Qué hacemos aquí?

Se había detenido entre la primera y la segunda planta, justo en el descansillo, debajo de una pequeña ventana por donde entraba algo de claridad, justo en el momento en el que se apagó la luz del portal.

―Aquí estamos solos, usted y yo…si entra alguien al portal no nos ve, si sube en ascensor al primero o al segundo tampoco puede vernos y si bajara alguien de más arriba encendería la luz y nos daría tiempo a…pero ahora es muy tarde, ¿quién va a bajar?

En la soledad del portal estaba todo en silencio, excepto unos gemidos que venían de más arriba, era evidente que Mariola y Mario se acababan de poner a follar. El chico se rió tapándose la boca.

―Esa es Mariola, reconozco perfectamente esos gemidos ―dijo acercándose a Claudia para volver a poner las manos sobre la cintura de ella.
―Nooo, noooooooo, valeee, estate quieto, déjame Lucas…de verdad que no…

El chico desabrochó el abrigo de su profesora y se lo quitó de un tirón rápido.

―Así mucho mejor, viene usted vestida muy, pero que muy sexy…ummmmm…

Lucas parecía muy seguro de sí mismo, al menos esa es la sensación que quería transmitir, pero en el fondo estaba nervioso como un flan y tremendamente excitado, uno no tiene delante todos los días a la profesora con la que llevas años pajeándote. Ni en sus mejores sueños se podía imaginar que una situación así se iba a dar. Y allí tenía a Claudia delante de él, vestida con esa falda tan corta, marcando sus preciosas tetas debajo de la camiseta, maquillada como nunca la había visto, negando lo evidente, pero sin irse de aquel oscuro portal, esperando que el chico siguiera insistiendo para ella poder resistirse un poco más.

No tardó en sentir las manos de Lucas apoyadas de nuevo en su pequeña cintura, el chico se pegó más a ella, no supo que decir, solo tragó saliva, la respiración de los dos cada vez estaba más acelerada y las caras se mantenían a diez centímetros escasos.

―Lucas, noooooooooooooo…
―Yo creo que sí ―dijo el chico bajando suavemente las manos para ponerlas sobre el culo de Claudia.

Estaba palpando aquel trasero con el que había fantaseado tantas y tantas veces, Claudia no pudo aguantarle la mirada, Lucas con una mano cogió el bolso que colgaba del hombro de su antigua profesora y lo dejó caer al suelo encima del abrigo, luego inmediatamente la volvió a bajar para meterla bajo la falda.

Al ser la falda tan corta no tuvo que hacer ningún esfuerzo para poner las manos sobre las braguitas de ella, ahora sí que la estaba sobando el culo, apretándoselo bien. Tan solo la fina tela de su prenda más íntima separaba los dedos del chico de los calientes y duros glúteos de la señorita Álvarez.

Entonces inesperadamente sonó el móvil de ella.

―Para, para, quita ―dijo agachándose para rebuscar su móvil en el bolso―. Sí, Modou, era en la dirección de antes, vale espera que ahora salgo…

Lucas negó con la cabeza mientras apartaba las braguitas de Claudia y tocaba directamente la suave piel de su culazo. Sacó una mano de debajo para tapar el altavoz del móvil.

―Dile que te espere, por favor…vamos Claudia…por favor…no se vaya ahora…

Claudia le dijo que no con la cabeza.

―Por favor…venga estamos solos, nadie sabrá nunca esto…
―Oye Modou…no te vayas, ahora estoy ahí…ehhhhhhhhhhhhhh, espera ―dijo mirando directamente a los ojos de Lucas.
―Por favor Claudia, por favor ―dijo el chico acariciando ya el coñito de su profesora después de pasar la mano por la raja de su culo.
―Modou, espérame ahí, da igual…dame diez minutos, ahora bajo ―dijo Claudia colgando la llamada y dejando caer el móvil sobre el bolso abierto.
―Mmmmmmmmmmmm, diez minutos ―dijo Lucas acercando la boca a los labios de ella.

Mientras se acercaba recordaba una de las muchas conversaciones que había tenido con su amigo Mario. Fantaseaban en la habitación de su casa con Claudia, en cómo iba vestida, en cómo sería en la cama, en lo que les gustaría hacer con ella y Lucas siempre decía lo mismo.

“Lo que más morbo me daría hacer con Claudia es besarla, pero no un beso normal, no, eso no, lo que me gustaría es un beso guarro, con lengua y babas por todos los lados, morrearla a lo bestia”

Y ahora tenía delante de su profesora a punto de cumplir su sueño. Se encontraban pegados, iba poco a poco acercando su cara a la de Claudia, estaba nervioso, tenso y excitado, en el descansillo de la escalera donde retumbaban por todo el portal los gemidos de la zorra de Mariola, que por lo que se ve se lo estaba pasando en grande. Se acercó más si cabe, hasta que se rozaron los labios.

No había sacado la mano de debajo de su faldita y llevaba un rato acariciándola el coño desde atrás, metiendo los dedos por la raja del culo hasta llegar a su empapado agujero.

Claudia abrió ligeramente la boca y la lengua de Lucas se coló en ella entrando con decisión. No tardó en chocar con la de Claudia que le correspondió el beso juntando con fuerza los labios con los del chico. Las lenguas de ambos comenzaron a juguetear húmedas, deseosas e impacientes. Lucas no podía creérselo.

Se estaba morreando con Claudia Álvarez.

Y como siempre había fantaseado estaba siendo un beso lascivo salvaje y guarro. Unos segundos más tarde tuvieron que separarse para poder tomar un poco de aire.

―Ahhhhhhhhhhhhhh ―gimoteó Claudia antes de que el chico volviera a la carga.

Mientras las manos de Lucas seguían bajo la falda de Claudia, con una le sobaba el culo y con la otra el coño sin llegar a meterla ningún dedo. Entonces notó como la polla le palpitó e incluso llegó a asustarse de que se le pudiera escapar involuntariamente la corrida.

Nunca había estado tan excitado y nervioso a la vez, le seguía imponiendo mucho la señorita Álvarez.

Estaba muy acelerado, solo pensaba en que tenía diez minutos y quería hacer muchas cosas en poco tiempo, sacó una de las manos para subirla y meterla bajo la camiseta de Claudia, no podía desperdiciar el momento y también quería manosear las tetas de su profe. Seguramente no iba a volver a estar con ella así en la vida.

Comprobó el tamaño y la dureza de las tetas de Claudia apretándoselas con una mano por encima del sujetador mientras que con la otra le acariciaba el coño.

―Joder que buenísima estássss, joderrrr, joderrrrrr….me vuelves loco…p

ufffff

ffffff, que tetassssss…que culooooooo, mmmmmmmmmm…

Entonces puso las dos manos por debajo de su falda, en la cadera de Claudia y tiró de las braguitas bajándoselas poco a poco. Notó como se la quedaban pegadas por la zona del coño debido a la humedad que tenía entre las piernas.

―No, eso no, para, paraaaaaaaaa…protestó Claudia.

Pero el chico ya se había puesto de rodillas y allí agachado había metido la cabeza entre sus piernas.

―Saca la cadera, voy a comérselo ―dijo Lucas poniendo las manos sobre el culo de Claudia.

Ella se inclinó hacia delante y Lucas lanzándose contra su cuerpo comenzó a chuparla el coño. Bueno lo que le hizo no se puede decir que fuera una comida, más bien se lo estaba devorando.

―Ahhhhhhhhhhhhh ―gimió Claudia aplastando la cara del chico en su entrepierna.

Estaba tan cachonda que sabía que en aquel portal oscuro no iba a tardar nada en correrse. Lo que menos podía imaginarse cuando salió de casa es que iba a terminar con la lengua de Lucas metida en su coño, pero el chico no iba a permitir que se corriera tan rápido. Lucas la volteó apoyándola contra la pared y se quedó unos segundos parado.

―Diossssssssss que culo tiene usted, señorita Claudia…es perfecto…
―Ahhhhhhhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhhh ―dijo Claudia cuando sintió la lengua del chico jugando en su culo.

Ahora el chico le abría los glúteos poniendo una mano en cada nalga y luego empezó a meter la lengua en el ojete de Claudia. Ella no decía nada, a pesar del calentón y el alcohol que llevaba encima le seguía dando vergüenza la situación, pero le dejaba hacer al chico lo que quisiera.

Ni tan siquiera se opuso cuando notó uno de los dedos de Lucas abrirse paso entre las estrechas paredes de su intestino. La estaba metiendo un dedo por el culo.

―Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, para, ¿qué haces?, ahhhhhhhhhhhhhhhhhh, gimió aliviada cuando volvió a sentir la lengua en su ano.

Lucas iba alternado el dedo con la lengua, era como si se lo estuviera trabajando, entonces Claudia sintió un dolor repentino y más presión en sus entrañas, no sabía que ahora tenía el pulgar y el índice del chico metido en su culo y además el dedo corazón se lo clavó en el coño, en una especie de doble penetración que pareció enloquecer a Claudia.

Se la estaba follando con los dedos, pero Lucas no quería eso. Lo que quería era follársela con la polla.

Se puso de pie y se desabrochó el pantalón, la polla de Lucas saltó como un resorte e impactó contra el cuerpo de Claudia, justo en la zona entre sus dos entradas. Lucas aparentaba tener el control de la situación, pero al acercarse el momento de la verdad cada vez estaba más nervioso y excitado. Se dejó caer apoyando la cara en la espalda de su profesora, intentando tomar aire y tranquilizarse un poco. Pero al mirar hacia abajo todavía se alteró más, Claudia tenía las braguitas enrolladas en un solo pie, tenía su culito para hacer con él lo que quisiera y al ver las medias de guarra que ella llevaba puestas la polla le palpitó.

―¡¡No se mueva señorita, me la voy a follar!!

Entonces Claudia se giró, el corazón le iba a mil y se quedo frente al chico que se sujetaba la polla con la mano. Los gemidos de Mariola retumbaban en el portal y se quedaron mirando frente a frente.

―¡¡Eso no!!

Lucas se volvió a lanzar contra ella morreándosela otra vez a lo bestia, le puso una mano en la cabeza acariciando el pelo de Claudia y apretando para hacer más fuerza contra su boca. Claudia le correspondió el beso, sacando la lengua, en una actitud muy guarra, no podía aguantarse más. Estaba demasiado cachonda.

Tenía las braguitas en un tobillo, la falda a medio subir y el chico había vuelto a bajar las manos sobándola el culo a dos manos. Entonces ella dudó de si hacerlo, no quería dejarse follar por Lucas, pero tenía que darle algo al chico para satisfacerle, bajó la mano derecha y con firmeza le agarró la polla.

Tenía una polla normal, pero increíblemente dura. Le dio mucho morbo cogérsela a un chico que meses atrás había sido su alumno. Cuando Lucas sintió la mano de Claudia rodeándole la verga gimió y miró hacia abajo. No podía creérselo.

―¡¡Vamos córrete!! ―dijo Claudia.

Empezó a menearle la polla, lo hacía despacio, pero muy firme, se lo estaba haciendo perfecto, Lucas no se podía estar quieto, le tocaba el culo, el coño, metía la mano por debajo de la camiseta para acariciarla las tetas, se lanzaba contra su cuello besándoselo. Luego miró hacia abajo, le encantó ver como los dedos de Claudia le rodeaban la polla y cómo ella le pajeaba.

―¡¡Quiero follarla!!, ¡¡quiero follarla señorita Álvarez!!

Se escuchó un tremendo gemido por todo el portal. Mariola se estaba corriendo, ¡¡menudo escándalo!!.

Otra vez volvieron a besarse y Claudia aceleró el ritmo al que le masturbaba al chico. Lucas pasó la mano hacia delante y comenzó a tocar el coño a Claudia rozando su clítoris arriba y abajo. Se quedaron frente a frente, mirándose. Pajeándose a la vez.

Lucas no pudo más y sintió que los huevos le iban a estallar. Intentó avisar a Claudia, pero ésta no se detuvo, más bien al contrario, aceleró todavía más la velocidad de su brazo. Le estaba haciendo una paja perfecta.

―¡¡Voy a correrme, voy a correrme!!

Claudia miró hacia abajo, la polla de Lucas le quedaba a la altura del ombligo al ser más alto que ella, le asomaba el capullo duro, morado y muy hinchado, no tuvo tiempo de reaccionar cuando un primer chorro de semen salió disparado impactando de lleno en su cara. Lucas gimió y ella instintivamente giró el cuello e inclinó la polla de Lucas hacia su propio cuerpo. No dejó de acompasar la mano a la vez que el cuerpo del chico se iba contrayendo cada vez que soltaba un lefazo.

―Ahhhhhhhhhhhhhh, joderrrrrrrr, joderrrrrrrrrr, sigue Claudia, sigueeee, sigue meneándomela, diossssss…

Lucas soltó una corrida abundante, espesa y muy caliente y el primer latigazo estaba en la cara de Claudia, cruzando en diagonal desde la barbilla hasta la frente, pasando por su ojo derecho. Aquello la encendió más. Por suerte Lucas al correrse dejó de masturbar a Claudia, aunque seguía sobando su culo mientras se recuperaba del orgasmo.

―¡¡Joder qué pasada!!, no me lo puedo creer, joder, joder, ¡¡me acaba de hacer una paja, uffff!!

Claudia le apartó las manos, se agachó para colocarse las braguitas y se bajó la falda, solo quería salir de allí cuanto antes, ni se detuvo en sacar un pañuelo del bolso, con la propio mano se quitó como pudo el semen que tenía por la cara, luego cogió el abrigo y se dirigió a la escalera.

―No se vaya así, por favor ―dijo el chico que se había quedado sin saber qué hacer ante lo que acababa de pasar.
―No se lo digas a nadie, esto no ha pasado nunca ―le dijo Claudia.
―Quiero volver a verte ―dijo Lucas todavía con la polla húmeda y semi erecta delante de ella.
―Por favor, es muy importante, a nadie, ni tan siquiera a Mariola…
―No se preocupe, de verdad, nunca le contaré esto a nadie, pero necesito volver a verla…esto tenemos que repetirlo con más calma, ¡¡ha sido la hostia!!
―Tengo que irme, me espera el taxi ―dijo Claudia comenzando a bajar las escaleras sin mirar hacia atrás.

Entonces el chico la llamó desde el descansillo mientras se colocaba el pantalón.

―¡¡¡Claudia!!!…conseguiré su número de teléfono…esto ha sido solo nuestra primera vez…lo sabe usted tan bien como yo…

Recibí una llamada de Claudia y me sorprendió que lo hiciera tan de madrugada. Mi primera reacción fue asustarme por si la había pasado algo, aunque enseguida mi mujer me dijo que estaba bien.

―Ya voy para casa.
―Ah vale, ¿qué tal ha ido la noche?
―Bien, ahora te cuento, vengo de casa de Mariola, hemos estado con unos chicos…
―¿Con unos chicos?, pero ¿habéis hecho algo?
―¿Tú que crees?
―Joder Claudia…¿te has tirado a alguno?
―Ahora hablamos…en unos minutos estoy en casa.

Me quedé con el teléfono de la mano muy nervioso y excitado. Noté que la polla me palpitaba literalmente bajo el pantalón del pijama, que te despierten así es la cosa más maravillosa del mundo. Claudia me había insinuado que se había vuelto a follar a otro, no sé si sería verdad, pero lo iba a comprobar en unos pocos minutos. Me incorporé y me quede sentado en el respaldo de la cama, deje el móvil en el mesilla, no quería moverme ni hacer nada.

Solo esperar a que llegara mi mujer.

Modou volvió a mirar por el espejo retrovisor, aquella rubia tan atractiva parecía que iba hablando con su marido.

―Hemos estado con unos chicos, ¿tú que crees?, ahora hablamos, en unos minutos estoy en casa.

Se cruzaron las miradas y Claudia volvió a sentir la sexualidad de aquel chico. Quizás la llamada a David había sido, a parte de por un tema de seguridad, también por demostrarle a Modou lo zorra que era. Un doble juego muy peligroso. Estaba muy cachonda, no había llegado a correrse con Lucas, el corazón le palpitaba a mil pulsaciones y sentía el semen caliente y pegajoso de Lucas por su cara y por su mano. Sacó una toallita húmeda del bolso y se la pasó por la cara, ni tan siquiera sabía si tenía todavía algún resto de lefa en ella.

Uno de sus alumnos acababa de correrse en su cara en el portal de su amiga. Había cruzado su línea roja, había intentado resistirse y que aquello no pasara nunca, pero ya no había vuelta atrás, al final había sucedido. No había sido capaz de aguantar aquella tentación, no esperaba que la noche fuera a terminar así, estaba muy a gusto en casa de Mariola, enrollándose con ella, dispuesta a hacer de todo con su amiga si los chicos no les hubieran interrumpido, pero de repente aparecieron.

Le había parecido muy rara aquella situación, como si hubiera sido un plan de Mariola y Lucas, seguramente había sido eso y ella había caído en la trampa. ¿Cómo había sido tan estúpida de dejarse engatusar así por un crío de 18 años? Tenía que haberse ido de casa de su amiga en cuanto llegaron, bueno en realidad fue lo que hizo, pero no contaba con que Lucas la iba a acompañar en el portal.

Llevaba demasiadas emociones acumuladas durante la noche, se había desinhibido con el alcohol, Mariola había estado constantemente metiéndola mano, se estaba morreando con ella en su casa mientras se frotaban los pechos, luego la imagen de Mariola rodeada de aquellos jovencitos en la discoteca y sobre todo la paja que le estaba haciendo a Mario en la cocina. Eso unido a la excitación que la provocaba ir vestida como una puta, le había originado tal calentón que no tuvo ninguna voluntad cuando Lucas comenzó a tocarla.

Y no era la primera vez que le pasaba, ya le había pasado con Víctor, con Don Pedro, con Mariola, incluso con Gonzalo, cuando se dejó masturbar en la barra de un bar el día de la boda de su prima. Se encendía tanto que llegaba a un punto de no retorno, donde lo único que quería era llegar al orgasmo.

Pero lo peor es que encima seguía muy cerda, Lucas se había corrido tan rápido que no le había dado tiempo a terminar. Cuando Modou volvió a mirarla por el espejo retrovisor cruzó las piernas y sintió una punzada en su coño, por un momento se le pasó por la cabeza decirle al chico cualquier cosa, para ver si terminaba la noche con la polla del senegalés en la boca.

―Oye siento lo de antes, lo de mi amiga, no le hagas caso, cuando se emborracha dice muchas tonterías…
―No pasa nada señora…
―Bueno lo del teléfono sí que es verdad, la puedes llamar si quieres quedar un día con ella…
―¿Quedar?
―Sí, ya sabes, si te quieres ver con ella…
―No, eso no, yo estoy casado, no puedo…
―Ella lo sabe, no le importa…bueno da igual, no me hagas caso, nada…olvida lo que te he dicho…
―De acuerdo señora…
―Y no me llames señora, que me haces más mayor, me llamo Claudia.
―Claudia, vale.

Mientras hablaba con Modou le sonó el teléfono, era Mariola que la estaba llamando, pero no la contestó, luego volvió a recibir otra llamada perdida de su amiga, ya habría terminado de follar con Mario y seguramente se estaría preguntando donde estaba, pero no la contestó. En el fondo estaba enfadada con ella, todo había sido culpa suya, si no le hubiera abierto la puerta a los chicos ahora estarían follando juntas y no hubiera pasado nada con Lucas.

No tardaron en llegar a su destino, Claudia se quedó unos segundos dudando de qué hacer. Cuando Modou se dio la vuelta ella volvió a cruzar las piernas en un gesto erótico, estaba claro que le quería poner caliente al taxista.

―Ya hemos llegado.
―Sí, un segundo, ahora me bajo ―dijo Claudia tocando el móvil como si estuviera mandándose mensajes con alguien, aunque lo que quería era ganar tiempo.

La excitaba mucho esa duda interna que tenía de si intentar algo o no con Modou.

Durante unos segundos se quedaron mirando, en silencio, la tensión sexual se notaba dentro del coche. Ninguno de los dos decía nada. Modou volvió a mirar las piernas de Claudia y a ésta le entraron unas ganas locas de abrirse de piernas en el asiento de atrás. Finalmente mantuvo la poca cordura que le quedaba esa noche y no lo hizo, estaba en frente de su casa, donde dormían sus hijas, donde podía verla algún vecino, donde tenía su vida familiar. Sacó el dinero para pagar a Modou.

―Te llamaré esta semana, necesitaré hacer un par de viajes, buenas noches.
―Buenas noches y gracias.

Cuando entró Claudia en casa la estaba esperando en el salón. Ella me vio y vino directa hacia mí después de dejar el abrigo sobre una de las sillas, se sentó a mi lado y puso uno de sus muslos sobre mi regazo. Yo estaba muy nervioso y casi me empalmé al instante cuando vi las medias que llevaba.

―¿Qué tal? ―me dijo.
―B

ufffff

fff, muy nervioso, ¿y tú cómo lo has pasado?

Me cogió una mano para hacer que la metiera bajo su falda y acariciara su culo.

―Por dentro de las braguitas ―me susurró.

Entonces introduje los dedos por el elástico de su ropa interior hasta llegar a rozar su firme trasero. Estaba muy caliente, húmedo y me pareció que hasta pegajoso, ella me guió la mano para que la pusiera en su zona más mojada.

―Acabo de hacerle una paja a un chico de 18 años, toma, chupa ―me dijo pasando los dedos por mi boca.

Aunque sus dedos estaban secos me vino esa gusto a salado tan típico de cuando has tenido contacto con una corrida.

―¡Joder Claudia!, ¡¡es semen!!…¿es semen, no?
―Pues claro…qué va a ser…
―¿De quién es?, ¿qué ha pasado?…cuéntamelo todo….diosssssssssss….
―Es de uno de mis alumnos, de los que tuve el último año…le he hecho una paja…
―¿De uno de tus alumnos?….joderrrrr, ¿lo dices en serio?
―Deja de preguntar cornudo…solo escucha….
―¿Le has pajeado a un alumno?
―Sí, cuántas veces te lo tengo que decir ―me dijo en un tono de voz a medias entre que estaba excitada y que llevaba alguna copa de más.

Aquella confidencia me volvió loco, de momento no quise seguir preguntando, tumbé a Claudia en el sofá y le quité las braguitas. Apenas tuve que subirle la falda de lo corta que era. Mi mujer parecía una puta con esa falda y sus medias de fulana.

Me tumbé entre sus piernas y ella misma me sacó la polla.

―¡¡Vamos métemela!!
―Espera Claudia, ya estoy a punto, cuéntame más cosas…cómo ha sido lo de tu alumno…por favor…
―Es una historia muy larga y yo necesito tu polla ahora mismo…
―Un poquito por favor, cuéntame algo…¿dónde ha sido?
―En el portal del piso de Mariola…
―¿De Mariola? Y eso…?
―Ya te he dicho que era una historia muy larga, digamos que este chico lleva meses follando con Mariola…
―¿Tú alumno lleva meses follando con Mariola?…¿pero tú sabías eso?…¿cómo se conocían?
―Es una historia muy larga, mañana te la cuento, pero ahora métemela vamos ―dijo empujando de mi trasero hacia ella.

Mi polla entró fácilmente dentro de Claudia, no sé qué es lo que pretendía, aunque me lo imaginaba, porque no iba a poder aguantar ni veinte segundos. En cuanto sintió que estaba siendo penetrada me dijo.

―¡¡Méteme un dedo en el culo!!
―Pero Claudia, estás segura…?
―¡¡¡Cállate y hazlo!!!

Yo obedecí y con cuidado comencé a introducirle el dedo índice en el recto, mientras me la follaba tímidamente, si es que eso se puede llamar follar. Digamos que la tenía dentro de ella y meneaba las caderas muy despacio.

―¡¡¡Claudia no puedo másssssssssssss, no puedo másssssssssssssssssss!!!….

Ella se revolvió debajo de mí, moviendo sus caderas al ritmo saliendo al encuentro de mis acometidas y cuando noté como su esfinter me apretaba más fuerte el dedo me dejé llevar.

―Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, me corrrrrrrrrooooooooooooo, ahhhhhhhhhhhhhhhhhh, síííííí…
―Muy bien cornudo, muy biennnnn…eso es, échamelo todo dentro, y ahora tranquilo, relájate, ya sabes lo que quiero…túmbate rápido y abre la boca…

Apenas me dio tiempo a hacerlo y cuando me puse boca arriba, ella con un rápido movimiento se levantó y se sentó en mi cara, haciendo que mi abundante corrida fuera entrando en mi boca.

―Asíííííííí, mmmmmmm, mmmmmmmmmmm, eso es, todo en la boquita lo quiero…muy bien cornudo…ahora cómeme el culo un poquito antes de correrme, quiero tu lengua en mi culo…vamos hazloooo…

Mientras notaba mi propia corrida resbalar por la garganta, Claudia me puso su ano sudado en la cara para que metiera la lengua en él, estaba fuera de sí, acariciándose las tetas y botando sobre mi cara.

―¡¡Asíííííí asííííííííí, fóllame con la lenguaaaa, ahhhhhhhhhhhhhhhh!!!

Luego se echó un poquito para atrás para plantar su clítoris en mi boca, se movía furiosa sobre mí, pellizcándose los pezones, pero quería más.

―¡¡¡¡¡Voy a corrermeeeeeeeee, voy a corrermeeeeeeeeeeeeee, ahhhhhhhhhhhh!!!!!!, ¡¡¡méteme un dedo en el culo, méteme un dedo…espera… nooooooooooooooo, nooooooooooo, méteme dos dedos, mejor dossssssssssssssss, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!!!!!!!, ¡¡¡vamos cornudo, méteme dos dedos por el culo!!!!!!!!!!!!, ahhhhhhhhhhhhhhhhh ahhhhhhhhhhhhhh ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡me corrooooooooooooooooooooo ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh me corrrooooooooooooooooooooooooooooooo!!!!!!!!!!!!!

Aquel orgasmo fue impresionante. Creo que solo la había visto correrse así con Víctor.

Al día siguiente me contó la historia de Lucas, Mariola y el otro chico, Mario. Me lo contó con todo detalle y también su salida de fiesta la noche anterior, como se había enrollado en los baños con Mariola, cómo estaban en su casa a punto de follar entre ellas cuando llegaron los chicos. No me dejó nada sin relatar. Cuando terminó, literalmente yo me había corrido en los pantalones.

Pero eso le dio igual a Claudia, después de contarme todo estaba de nuevo encendida, se puso un arnés y me folló el culo. Me lo hizo duro, aunque yo después de correrme no pude ni empalmarme, pero ella siguió reventándome el culo hasta que le dio la gana. Cuando terminó me llevó hasta la cama y sacó la polla más grande que teníamos de nuestros juguetes, me la tiró encima y se tumbó desnuda abierta de piernas.

―Fóllame con eso hasta que te pida la lengua…y ni se te ocurra tocarme con los dedos, puto cornudo…¿me has entendido?

El lunes llegó Claudia a su oficina, cuando recibió otra llamada perdida de Mariola, se había pasado el domingo intentando hablar con ella, pero Claudia no la había cogido el teléfono. Incluso le había mandado un mensaje preguntando si estaba bien, que estaba preocupada porque no tenía noticias de ella desde la noche del sábado.

“Sí, estoy bien, tranquila”, contestó Claudia bastante seca a su mensaje.

Claudia ya no la respondió más el fin de semana, pero sí lo hizo a la tercera llamada que recibió ese lunes por la mañana.

―Ya era hora maja, me tenías preocupada.
―Tranquila estoy bien…
―Me podías haber cogido el teléfono…
―No tenía ganas…
―Me lo suponía, siento lo que pasó el sábado, no sé ni lo que hice…lo siento de verdad ―dijo Mariola.
―Da igual, ya no podemos hacer nada, casi mejor así.
―Lo siento, fui tonta, solo quería que lo pasáramos bien con los chicos, nada más, no pensé que te ibas a ir así, me dijo Lucas que te acompañó abajo hasta que llegó el taxi…
―¿Y qué querías que hiciera?
―Sí, lo siento, de verdad…no tenía que haberte puesto en esa situación y además lo estábamos pasando tan bien…

Al menos parecía que Lucas estaba siendo discreto y de momento no le había contado nada a Mariola de lo que había pasado en el portal entre ellos.

―Pásate esta semana por casa, nos tomamos un café y lo olvidamos, quiero que me perdones, no sé que más decirte…
―Que está bien Mariola, no pasa nada…casi mejor así…olvídalo.
―Me quede con ganas de follar contigo…con muchas ganas…
―No puedo hablar, estoy en mi despacho…
―Y yo también estoy en el mío, pero bueno, ahora estoy sola…venga Claudia vente el miércoles por casa, Alba va a pasar la tarde con su padre…podemos terminar lo del sábado, tenías tantas ganas como yo, no me digas que no…
―No empieces con eso otra vez Mariola…
―¿No quieres seguir donde lo habíamos dejado el sábado?, yo creo que sí, quiero que hagamos de todo.
―Mariola, para…
―Puedes traerte un arnés de esos que tienes por casa y follarme con él y luego te follaré yo a ti…ayer estuve todo el día cachonda pensando en ti…
―Mariola, no seas bruta…
―¿Entonces el miércoles te pasas por casa, vale?…y nos tomamos ese café…
―Valeeeee, pesada, pero un café eh…solo eso…no intentes nada…solo el café…
―Mmmmmmmmm, perfecto. Hasta el miércoles. Un beso guapa.

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