FERNANDO

La primera semana en Madrid fue una locura. Entre instalarme, acostumbrarme de nuevo al horario de España, conocer a la gente con la que iba a trabajar, comidas, estrategias de mercado, fecha de inicio de puesta en marcha de las máquinas de envasado…al día le faltaban horas y todo era un poco locura, ordenada, pero locura.

Pero invariablemente todas las noches, Kiara y yo teníamos nuestro momento. Hablábamos, nos contábamos nuestro día y aunque lo evitábamos, siempre terminábamos hablando de lo mucho que nos echábamos de menos y que no era justo que nos hubiésemos tenido que separar.

Digamos que el primer mes fue así. Pero yo sabía, estaba seguro, y creo que ella también, que este tipo de relación a distancia se iba a terminar de una manera u otra. Incluso intentamos hacer ciber sexo, los dos desnudos frente a la pantalla de nuestro ordenador personal, pero fue incómodo y frustrante, ella alcanzó un orgasmo, que quiero creer que era real, pero a mí me hacía falta más, me hacía falta sentirla a ella, no a través de una pantalla de ordenador, con lo que perdí mi erección para desilusión de Kiara que vio que era incapaz de provocarme un orgasmo en la distancia.

Quizás eso fuese lo que empezó a distanciarnos. Sin ser nada pactado fuimos espaciando nuestros contactos, hasta casi hacerlos desaparecer. Yo me involucre mucho en mi trabajo, aunque la fábrica estaba a pleno rendimiento y se nos acumulaban los pedidos, me absorbía gran parte de mi tiempo, era como un bebé al que tenías que atender prácticamente las veinticuatro horas del día.

Una noche, ya era fin de semana, me puse a pensar que desde que me vine a Madrid no había follado. Hacía ya casi dos meses y no había ni pensado en ello. Por no haber, ni había llamado a mis amigos de toda la vida, aunque sé que la mayoría estaban ya casados y con hijos. No conocía la noche madrileña, por donde moverse, donde encontrar a chicas dispuestas a pasarlo bien y realmente quería eso, no perder tiempo y follar.

Pero cometí un error. Me acordé de Kiara y la eché mucho de menos, hacía semanas que no hablaba con ella y quise no perder el contacto. Mirando el reloj mundial para saber la hora de Nueva York, vi que era pronto y estaría en su casa, así que llamé. Fueron unos segundos, que se me hicieron eternos, pensando en que ya no me aceptaría la llamada, pero me equivoqué.

—Hola cariño, ¿Qué tal estas? —Respondió Kiara

En la pantalla aparecía Kiara bellísima, debía de haber salido de la ducha, estaba con una toalla anudada a su pecho e imaginé que debajo iba completamente desnuda con lo que mi erección se hizo más palpable.

—Bien, ¿y tú? He estado muy liado con la fábrica, pero me he acordado mucho de ti.

—Y yo de ti mi amor. ¿Ya está en funcionamiento esa fábrica?

—Bueno si, quedan algunos flecos, pero lo importante está hecho. Ya estamos exportando a Europa. Cuéntame algo de ti, anda…¿Cómo va todo?

Kiara empezó a contarme cosas de su trabajo. Ella era ingeniero de telecomunicaciones y me contaba los proyectos en los que estaba trabajando. Yo no entendía nada, solo la escuchaba con atención, oyendo su voz, en como miraba a la cámara, sus gestos, su sonrisa…Fueron solo un par de segundos, si es que llegaba a eso, vi como un hombre desnudo pasaba por la puerta y hacia amago de entrar, para seguidamente retirarse rápidamente del ángulo de la cámara.

Noté una punzada de celos, sabiendo que la mujer que amaba estaba en brazos de otro hombre, ¡¡joder, otra vez!! Exclamé para mí, para a continuación caer en la cuenta que entre Kiara y yo solo existía un cariño, pero que cada uno tenía que seguir con su vida sin contar con el otro. Kiara no tenía que pedirme permiso para nada. Con todo el dolor de mi corazón la interrumpí y ella se extrañó:

—No debería de haber llamado. Te he interrumpido. —Dije dolido.

—¡¡¿Qué?!!…No cariño, no me interrumpes.

—Si Kiara. Acabo de ver a un hombre desnudo en la puerta. Siento haberos interrumpido.

Kiara miró rápidamente a su espalda y lógicamente ya no había nadie. Volvió a mirarme a mí, asustada, vi como sus ojos se humedecían negando con la cabeza.

—Siento…siento que te hayas enterado así…yo…yo no quería…

—Kiara no debes de excusarte conmigo, es lógico, tenía que suceder, nuestras vidas siguen adelante. —Dije haciéndome el fuerte.

—Lo…lo conocí hace unas semanas y hemos empezado algo. ¿Y tú? ¿Ya hay alguien en tu vida de nuevo? —Preguntó Kiara.

—Me gustaría decirte que sí, pero te mentiría. Desde que llegué solo he hecho que trabajar y trabajar, no he tenido tiempo para nada más.

—Luis yo…yo…

—Kiara, tenía que ser así. Creo que será mejor para los dos el dejar de llamarnos.

Kiara rompió a llorar asintiendo con su cabeza, leí en sus labios como me decía «te quiero» para a continuación, terminar la llamada.

Quería enfadarme con Kiara, pero sería una estupidez por mi parte. Ambos dijimos un rotundo NO, a las relaciones a distancia. Y creo que los dos sabíamos que conoceríamos a otras personas y lo nuestro quedaría como algo muy bonito que ocurrió en algo más de tres semanas maravillosas.

Estaba algo rabioso. La gente seguía con sus vidas y yo era como un estúpido que me quedaba haciendo encaje de bolillos esperando a que alguien, una exuberante mujer, llamase a mi puerta y me sedujese. Me pasó igual cuando llegué a Nueva York, hasta que Ana no llamó a mi puerta no hice nada por salir y divertirme.

Ana, ¿qué habría sido de Ana? Me sorprendí que cuando firmó el divorcio y como dijo, al día siguiente presentara su carta de dimisión en la empresa no dijese nada. Desde ese día ni un mensaje, ni una llamada, nada, pero también es cierto, ¿para qué? Le dejé muy claro que no quería saber nada de ella, nuestros caminos se separaban para no volver a cruzarse.

Creo que mi subconsciente me traicionó, en la pantalla de mi ordenador aparecía una web de chicas de compañía y sentí curiosidad, empezando a buscar a alguna que me gustase. Me paré en una que era muy guapa, aunque su cara aparecía pixelada, tenía unas tetas impresionantes cinturita estrecha, caderas voluptuosas un culo de infarto y unas piernas largas y torneadas era una joven 10/10. Luego un texto describiéndose y algunos ejemplos de tarifas, no era barata, pero si había algo que yo sí que tenía, era mucho dinero. Se llamaba Raquel, tenía veinte años, marqué su número de teléfono y enseguida me atendió, su voz me gustó mucho:

—Hola, soy Raquel, ¿en qué puedo ayudarte?

—Hola Raquel, me llamo Luis y te llamo por tu anuncio en una web.

Iniciamos una pequeña charla y como no quería que viniese a mi casa y ella vivía con sus padres, (eso me extrañó mucho), quedamos en Madrid (yo estaba viviendo en Alcalá de Henares), frente a un restaurante en la calle López de Hoyos. Dijimos como iríamos vestidos para reconocernos y quedamos allí en una hora. Cuando me presenté no había nadie con la descripción que me había dado, así que estuve un rato esperando y pensando que me había tomado el pelo. Me dispuse a irme cuando una vocecita muy dulce pronunció mi nombre.

—¿Luis?

—¿Raquel?

Los dos esbozamos una gran sonrisa de aceptación. Raquel era bastante más exuberante que en la foto. Tenía una cara preciosa, melena castaña larga, ojitos claros y una perpetua sonrisa en su rostro. Venía con unos vaqueros blancos hiperajustados marcando cada curva y una blusa de manga corta negra dejando adivinar su sujetador también negro intentando sujetar ese par de tetas enormes que decían comeme”. No es que fuese muy alta, pero esos zapatos con taconazo le conferían más altura.

—Pensé que no vendrías, casi me iba a ir. —Dije a modo de reproche.

—Perdóname, pero realmente he estado observándote, no te enfades conmigo. Me has sorprendido mucho, estas muy bueno.

—¿Si hubiese sido un tío feo no te habrías acercado? —Pregunté con maldad.

—No, bueno…si, pero entiende que tengo mis gustos y no aguanto a babosos y ciertas personas. Seré puta, pero tengo mis preferencias y mira, tú eres una de ellas.

—Bueno, pues tú me dirás dónde vamos. —Dije agarrándola de la cintura y atrayéndola hacia mí.

—Vamos a tomar un taxi. —Me dijo con cara de putón.

En diez minutos, estábamos frente a un portal en pleno barrio de Salamanca. Raquel pulsó un botón del telefonillo y al poco la puerta sonaba para dejarnos entrar. Cuando llegamos al piso, una chica guapísima nos abrió y nos recibió con dos besos. Yo me quede a cuadros, sorprendido por el recibimiento y esa belleza nos acompañó por un gran pasillo y nos abrió la puerta de una habitación muy acogedora.

—Que lo paséis bien parejita. —Se despidió esa chica con una sonrisa picarona cerrando la puerta.

—¿Me pagas antes? Dijo Raquel.

Yo obediente saqué mi cartera y le di los trescientos euros por hora y media con ella. Menos anal, podía hacer de todo. Nos desnudamos y nos sorprendimos el uno del otro, pero no pude dejar de reírme con esa chica.

—Joder tío, que tranca tienes ¿no?…Madre mía, aquí pueden comer tres sin problema…¡¡Ostia!! Y sigue creciendo, tú eres de los que traen el desayuno a la cama a tu chica…un café en una mano, el periódico en la otra…y cuatro donuts en el rabo para mojar, ¿a que sí?

Me sentó en la cama y se puso entre mis piernas. Agarró mi cipote y lo pajeo con cariño mientras me miraba con carita de niña mala.

—¿Tengo una curiosidad? —Le dije sin pensarlo.

—¿Cuál? —Dijo pasando su lengua por mi glande.

—Uffff…Esa chica, tú amiga ¿por qué me ha dado dos besos si no me conoce? Se ha comportado como si, no sé, fuese tu rollito, tu ligue.

—Jijiji, bueno es algo extraño. Yo me dedico a esto para sacarme algo de dinero, mil o dos mil eurillos al mes, pero no lo hago muy a menudo.

—Pero tu foto en esa página web…

—Mañana ya no estará, la pongo cuando me apetece, y esa chica que has visto es mi mejor amiga que me deja su casa para traerme a mis supuestos amigos, no sabe a lo que me dedico, aunque si lo supiese me pediría un porcentaje…Jajajajajajajaja.

—¿Y si alguien te reconoce? —Pregunté excitado.

—Mi rostro no sale, solo mi cuerpo y además siempre me aseguro de observar a ese posible cliente sin que me vea a mí. Si creo conocerlo, me marcho. Y basta de hablar, quiero comerme esta delicia.

Terminó de decir esto y engulló más de la mitad de mi verga en su boca. Joder como la chupaba la niña, me iba a sacar hasta el higadillo. Agarre su cabecita y ella entendió que se la iba a follar. Puso sus manitas detrás de su espalda y durante unos minutos me follé esa boquita que me estaba matando de placer.

—Raquel, me voy a correr…Dios…no aguanto más.

Quité mis manos de su cabeza y ella enseguida sacó mi polla de su boca para pajearla con energía mientras me chupaba los huevos. No tardé nada en empezar a correrme como un salvaje, lanzando latigazos de semen que caían sobre mi tripa y pubis. Cuando terminé Raquel me miraba atónita.

—¡¡Que cabrón!! ¡¡Qué manera de echar leche!! Madre mía, me follas a pelo y me preñas seguro. ¿Siempre eres así? 

—Que va, hacía más de dos meses que no me corría…madre de Dios, que a gusto me he quedado.

—Espera que voy a por un “globito” (preservativo). —Dijo Raquel.

Trajo un preservativo y toallitas húmedas para limpiarme y limpiarse ella su mano que había recibido su parte de corrida. El problema vino cuando fue a ponerme el preservativo y este se rompió.

—¡¡Joder!! Que mala suerte, se ha roto. —Exclamó Raquel.— Espera que voy a por otro.

Vino con un nuevo preservativo, pero esta vez me lo puse yo. Esa chica tenía unas uñas postizas que daban miedo. Pero cuando logré ponerlo me quedaba tan justo que casi me cortaba la circulación. Raquel se puso en cuatro en la cama y apunté mi polla, pero estaba tan apretadita que fue meter la punta y noté como se volvía a romper el preservativo.

—Se ha vuelto a romper Raquel, —dije sacando mi polla rápidamente de su coñito,— son demasiado pequeños.

—¿Y tú? ¿No tienes ninguno de tu talla? —preguntó Raquel ofuscada

—Lo siento, pero hace tiempo que no los utilizaba.

—Espera voy a preguntar a mi amiga, por si acaso.

Raquel salió de la habitación completamente desnuda. Al poco vi cómo se asomaba una cabecita, era la de su amiga que según me vio empalmado con el rabo más duro que el acero abrió mucho los ojos, para seguidamente entrar Raquel desilusionada.

—Nada, tampoco tiene. Joder, es que quiero sentirlo dentro de mí, nunca he visto uno tan grande, salvo en películas, claro.

—Raquel, ¿Tienes alguna otra cita esta noche?

—No, ninguna…¿Por? —Preguntó con curiosidad.

—Te propongo que nos vistamos, vayamos a una farmacia de guardia, compre esos preservativos y nos vengamos aquí a terminar lo que hemos empezado.

A Raquel le gustó la idea. Al rato estábamos montados en un taxi camino de una farmacia de guardia, pero mala suerte, no tenían preservativos XL, probamos en dos más con idéntico resultado, nuestra cara era ya de no creernos lo que estaba pasando.

En la última farmacia, preguntando por qué no tenían de esos preservativos, su respuesta fue porque no se vendían, terminaban caducando y los tenían que destruir. Cuando salimos de allí Raquel me miró sin saber muy bien cómo actuar ni lo que hacer, solo había cumplido en parte su trabajo con la mamada que me hizo, pero follar no habíamos follado. Fue a sacar el dinero de su bolso y la detuve:

—¿Qué haces? —Le dije.

—Me contrataste para hacer algo y en parte no lo he cumplido. Por una mamada solo cobro cien pavos.

—No espera, te propongo otra cosa. —Dije sacando mi cartera y quinientos euros más.— Hace muy poco que he venido de vivir en Nueva York, no conozco nada de la noche de Madrid, estoy seguro que tú me la puedes enseñar y conocer los sitios de moda.

Raquel esbozó una sonrisa entre la ilusión y el agradecimiento. La noche me saldría por una “pasta” pero estoy seguro de que lo pasaríamos muy bien. Tomamos otro taxi y Raquel le dijo que nos llevase a la calle Alcalá esquina con Lagasca, también en el barrio de Salamanca. Cuando llegamos y nos bajamos había infinidad de bares a izquierda y derecha para “picotear” tomar raciones o cenar, la variedad era la clave.

Me llevó a los bares que estaban más de moda, todos llenos de gente muy joven, de entre 17 a 25 años, bueno era su ambiente ella tenía veinte añitos. Cenamos de tapas en varios de los bares en los que estuvimos acompañadas de vino blanco o cerveza. Empezamos hablar de nuestra vida; así me enteré de que estaba en segundo de medicina, había salido de una relación muy toxica, donde su pareja la maltrataba física y psicológicamente, y que lo de prostituirse, era más bien por tener dinero para sus caprichos, caros caprichos, aunque venia de una familia acomodada sin apuros económicos.

La chica era un encanto, tenía ese punto de inocencia que da la edad. Contó a un desconocido muchas cosas de su vida que no se deberían de contar a no ser que se tuviese mucha confianza, pero yo no le impedí que lo hiciese, tampoco lo iba a utilizar en su contra, ¿para qué? A su vez yo le conté cosas de la mía, pero sin entrar en detalles sobre mis penosas relaciones personales. Si le comenté que estaba divorciado, a lo que me dedicaba y sobre mi estancia en Estados Unidos:

—Ósea, que tú eres un pez gordo en tu empresa. —Afirmó Raquel.

—En estos momentos, el máximo responsable de la parte europea.

—Es bueno saberlo, como dice mi padre, se deben de tener contactos importantes, nunca se sabe cómo te podrán ayudar el día de mañana.

Cuando salimos del último bar, saciados de comer y beber nos fuimos dando un paseo hasta la calle Goya, exactamente al Club Goya, una discoteca con un ambiente muy peculiar. Había gente de muchas edades y ponían buena música. Estuvimos un rato, tomamos una copa y nos fuimos, dando otro paseo hacia la plaza de Colon a un sitio muy exclusivo llamado Bling Bling. En ese sitio sí que disfrutamos y lo pasamos muy bien. Con diferentes ambientes y géneros musicales fue donde Raquel me llevo a bailar a una pista de baile que no pisaba desde hacía no sé cuánto tiempo, pero que me fascinó.

Cuando salimos de este sitio, Raquel iba abrazada a mi cintura. Dando otro paseo nos fuimos hasta Alcalá 20 a un sitio que se llamaba Cha Cha The Club. Igual, no paramos de bailar y de beber, yo disfruté mucho de los sitios y sobre todo de la compañía. Raquel, aunque saludó a conocidos no se separó de mi en toda la noche, estuvo bailando pegada a mí, excitándome, haciendo que abrazase su cintura mientras ella pegaba su perfecto culo a mi crecido paquete y mis brazos la abrazaban con fuerza.

Estando en la pista bailando se puso frente a mí y nos besamos con ardor dejando a nuestras lenguas que jugasen entre ellas. Cerca de las seis de la mañana ya nos echaron y tuvimos que irnos. Raquel me dijo que había algunos sitios que todavía permanecían abiertos, pero realmente estábamos muy cansados, no habíamos parado en toda la noche, así que decidimos irnos a dormir.

Íbamos andando agarrados de la cintura, en silencio, intentando tomar el primer taxi libre que encontrásemos, cuando Raquel se puso frente a mí y me volvió a besar.

—Luis, hace mucho tiempo que no lo pasaba tan bien con un hombre como lo he pasado hoy contigo. No quiero que esta noche termine, quiero más, quiero despertarme mañana y que estés a mi lado…además, todavía no hemos follado. —Me dijo Raquel seductoramente.

—¿Quieres venir a mi casa a dormir? —Pregunté para asegurarme.

—Si, llévame a tu casa. —Respondió Raquel con seguridad.

Al rato entrabamos por la puerta del inmenso chalet que la empresa me había cedido. Raquel miró todo abriendo mucho los ojos, admirando el lujo y en donde vivía.

—¡¡TU SALON ES MAS GRANDE QUE MI CASA!! —Exclamó Raquel— ¿Y la televisión? ¿Dónde vas sin televisión?…¡¡Ostras, que piscina, tú!!

Raquel abrió la puerta de la terraza que daba acceso a la gran piscina, se sentó en una de las hamacas y miró todo sin perder detalle.

—Porque hace algo de fresco, si no te pediría que nos bañásemos juntos.

Era verano, pero el frescor de la mañana no invitaba al baño. Creo que si hubiésemos ido más perjudicados de alcohol, si lo hubiésemos hecho.

Preparé algo de desayunar, yo un café con leche y Raquel un cola cao. Hice unas tostadas con mermelada y subimos a mi cuarto. Nos desnudamos y nos metimos los dos en la ducha y ahí fue donde empezó a desatarse la pasión.

Raquel empezó a tratarme como a un amante en vez de como un cliente. Cariñosa, ardiente, entregándome su cuerpo sin peros. No me dejó follarla en la ducha, quiso que nos calentásemos hasta el punto de ebullición para salir de la ducha, secarnos y llevarme a la cama donde nos tumbamos e hicimos un 69 delicioso. Descubrí el sexo de Raquel, lampiño, con sus labios mayores abiertos y sus labios menores emergiendo entre ellos, su clítoris hinchado y su anito cerradito, de color marrón claro, pero precioso.

Cuando noté la boca y la lengua de esa niña haciendo diabluras con mi verga hundí mi cara en su entrepierna y me di un festín. Sabía que esta vez iba a ser diferente, ella se corrió en mi cara mientras le follaba el coño con mi lengua y metía un dedo en su culito. Me bebi toda su corrida, sabia deliciosa. Cuando le avisé de que yo también iba a correrme, metió más si cabe mi polla en su boca hasta que me corrí en ella. No dejo escapar ni una gota y cuando terminó, nos besamos intercambiando nuestros sabores, se dio la vuelta y se puso en cuatro.

—Follame cielo, necesito sentirte dentro de mí.

—Estamos locos Raquel. —Terminé de decir esto y se la clavé hasta la empuñadura.

—Jodeeer…Diooooos…que polla más ricaaaaaa.

Raquel era muy estrechita, y mi polla la abría sin problema. Empecé a follarla con fuerza, embestidas fuertes, percutiendo su coñito mientras mis manos se aferraban a esos glúteos perfectos. Ensalivé mi dedo gordo y se lo metí en el culo, ella me miró como una perra en celo y puso sus ojitos en blanco.

—Dame fuerte…más…más…así…mássssssss…rompemeeeeeeeh…me voy a correeeer…me corro…me corroooooooooh

Raquel empezó a correrse, pero yo no deje de bombear como un poseído ese coñito, hacia muchas semanas que no sentía esa sensación. Esa niña estaba enloquecida y a la vez que yo la empotraba ella echaba su culo hacia atrás clavándose la polla en el útero. Creo que sin terminar su primer orgasmo estalló en un segundo aún mayor.

—No pareees…no pareeees…rompemeeh, asiiii…asiiiiii…Diooooos que gustoooooh.

—Raquel, me voy a correr, ya no aguanto más te voy a llenar de lecheeee.

—NOOOO…córrete fueraaaa…

En el último instante la saqué de su coñito y se la puse en su anito empezando a correrme, el placer era tal que hice algo de presión y mi polla se coló en su culo sin problema mientras descargaba mi corrida en sus intestinos.

—¡¡AHHHHH!! ¡¡CABRÓN!! Me estas follando el culo…joder que gustooooo…sigueee…párteme en dos.

Raquel se corrió dos veces más y yo una tercera que me costó lo mío. Terminamos agotados, pero con una cara de felicidad imborrable. Permanecimos tumbados en la cama recuperando el resuello, estábamos sudorosos por el esfuerzo, así que nos dimos otra ducha rápida y nos metimos en la cama. Enseguida Raquel vino a hacia mí para que la abrazase, era muy mimosa y eso me gustaba.

—Aunque mañana me voy a acordar de ti, me ha encantado que me follases el culo.

—Lo siento, pero tienes un culo precioso y lo sabes, y ya sé que me dijiste que anal no, pero no he podido evitarlo. —Le dije como excusa barata.

—Eres el segundo hombre en mi vida que me folla sin condón, el primero fue el amigo de mi hermano que me desvirgó, y te aseguro que esa sensación de piel con piel es irrepetible.

—Y muy peligrosa, aunque con el calentón del momento… —Dije acordándome de Kiara, cuando nos ocurrió lo mismo.

—Tú tienes mucho peligro porque transmites mucha confianza, y eso hace que baje mis defensas. —Dijo a modo de reproche haciendo un puchero.

—Tranquila, que no me aprovecharé de ello. Anda vamos a dormir.

Nos dormimos cuando prácticamente había amanecido y nos despertamos a la hora de comer. Antes de levantarnos volvimos a follar. Raquel me cabalgó y yo me harté de comerle esas tetas tan impresionantes que tenía.

Encargamos un par de pizzas y pasamos el día en la piscina, los dos desnudos. Raquel habló unas cuantas veces por teléfono, una de ellas era de su madre que quería saber dónde andaba y la otra era de su amiga, la que nos dejó una habitación para follar, quería detalles, y vaya si se los dio. No sé qué le contaría, pero me miraba con cara de traviesa, mientras se reía.

—Luis, ¿el fin de semana que viene tienes planes?

—Bueno, no te lo puedo decir con anticipación, pero seguramente no. ¿Por?

—Porque mi amiga tiene muchas ganas de conocerte mejor. Y he pensado que nos vengamos a pasar el sábado aquí contigo, los tres solitos, ¿te apetece?

Solo de pensar que posiblemente tendría desnuda a la buenorra de su amiga, se me puso la polla más dura que el turrón de oferta y gorda como la manga de un abrigo.

—Ya veo que a tu amigo,—dijo agarrándome la polla,—le ha gustado la idea. Solo reserva fuerzas para el fin de semana, vas a tener mucho trabajo, Sofia, —por fin me enteré como se llamaba la amiga,— es muy exigente.

Volvimos a follar, aunque ya estaba sin fuelle y mis huevos más secos que la mojama, mi verga se negaba a perder su dureza y Raquel lo aprovechó bien. Me hizo una buena mamada y tumbándome ella misma se ensartó mi polla en su culo y se lo folló con cariño. Cambiamos de postura unas cuantas veces hasta que nos corrimos los dos y sin decirlo pensamos que por hoy había estado muy bien. Ya por la noche deje a Raquel en su casa, esta vez la lleve en mi coche un flamante Porche Panamera que impresionó a esa niña.

Ya en la puerta de su casa nos despedimos con un casto beso en la mejilla, eso me hizo gracia después de casi veinticuatro horas de sexo y diversión, aunque antes de bajarse me lo dijo:

—Me debes dinero. —Dijo Raquel riéndose.

—¿Yo? ¿Y eso? —Pregunté asombrado.

—Pues haber, un día completo conmigo, follándome sin condón, haciendo anal, corriéndote en mi culo y dejando que te corras en mi boca, hacen un total de… —Dijo haciendo cuentas mentalmente.

Juro por Dios que se puso tan seria que pensé que no bromeaba. Saqué mi cartera rezando para que tuviese dinero en metálico suficiente para pagarle lo que me pidiese. Tampoco quería problemas con ella, pero Raquel me miró, esbozando una sonrisa.

—¿Pero qué haces? ¿Eres bobo? Que lo decía en broma, tonto. —Dijo poniendo su mano sobre la mía y la cartera para que la guardase. — Solo quiero que entiendas lo especial que esto ha sido para mí, lo bien que me lo he pasado contigo y lo especial que eres tú, porque esto quiero repetirlo. Seguro que nos seguiremos viendo.

Ahora sí, después de haberse sincerado me dio un beso en los labios, se bajó del coche y me lo dijo antes de irse para que solo yo lo escuchase:

—No olvides lo del fin de semana que viene y no te hagas “pajas” guárdate para el sábado. —Dijo Raquel poniendo cara de traviesa.

El domingo estaba tan echo polvo que me quedé en casa descansando. La vitalidad de una chica de veinte años chocaba con mi edad de prácticamente cuarenta y me dejó fuera de juego. No niego que me fascinaba como habíamos follado, solo por poner un pero, me faltó correrme dentro de su coño, eso no me dejó hacerlo imagino porque no se cuidaría y habría riesgo de embarazo.

Durante toda la semana siguiente, mi trabajo absorbió todo mi tiempo y casi ni recordé nuestra cita del sábado. Solo por algunos mensajes de Raquel, que me decía lo bien que se lo había pasado conmigo y que no olvidase nuestra cita del sábado, porque lo íbamos a pasar muy bien, el resto de la semana fue puro y duro trabajo.

El viernes, que pensaba salir a conocer la noche de Alcalá de Henares, terminé tan tarde y tan cansado que me fui a mi casa me duché cene algo y me fui a dormir, recordando que al día siguiente posiblemente follaría con dos diosas.

Mi pensamiento es que me levantaría temprano, limpiaría la piscina de hojas y prepararía todo bien para que estuviese a punto, esa era la idea inicial. Pero me quedé dormido como un lirón, escuché el despertador pero lo apagué y me quedé profundamente dormido otra vez.

Solo el sonido de mi teléfono con una llamada entrante me despertó y vi que era Raquel. Pensé que me llamaba para decirme que se suspendía nuestra cita del sábado, pero me equivoqué cuando acepté su llamada y habló conmigo:

—¿Se puede saber dónde te metes? Llevamos media hora frente a tu casa, tocando el timbre y nadie nos abre.

—¡¡Joder!! —Exclamé,— me he dormido, lo siento. Ahora bajo a abriros. —Dije con voz somnolienta.

Cuando bajé abrí la puerta del garaje e hice que metieran el coche a lado del mío. Sofia era la conductora y el coche era suyo, Raquel se quedó fuera y según me vio se colgó de mi cuello y me comió la boca con pasión hasta que nos separamos por falta de aire.

Cuando se bajó Sofia de su coche me quede mirando a esas dos bellezas, vaya día me esperaba. Las dos con camisetas de tirantes muy ajustadas y sin sujetador marcando unas tetas perfectas. Unos minishorts tan ajustados que dejaban poco a la imaginación y les hacia un culo precioso y por calzado unas sandalias de cuña. Entre mi medio empalme mañanero y solo de verlas así vestidas ya se me puso más dura que el acero siendo más que evidente mi erección.

—Bueno, a Sofia ya la conoces de pasada, aunque hoy espero que la conozcas mejor. —Dijo Raquel echándose a reír.

Sofia vino hacia mí y me dio dos besos en las mejillas. La noté ruborizada y creo que yo también lo estaba, sin conocer de nada a una joven, sabíamos lo que iba a ocurrir gracias a la lianta de Raquel.

Pasamos a la parte trasera donde estaba la piscina. Tomamos algo de desayunar y cuando terminamos subí a ponerme el bañador. Cuando bajé la visión era turbadora. Sofia y Raquel solo con una exigua braguita del bikini puesta me mostraban sus cuerpos y sus tetas libres de telas que tapasen esas maravillas. Estaba más que empalmado, desde que llegaron con esas ropitas ya me tenían caliente y verlas así fue demoledor.

Cuando salí, y por mucho que quise disimular mi erección, fue imposible. Raquel me miro relamiéndose y Sofia levantó sus gafas de sol y me miró con deseo. Tenía sus piernas ligeramente abiertas y vi como su coñito se comía la tela de esa braguita.

—Ven aquí cielo, —me llamó Raquel.

Cuando llegué a su lado y como en las mejores películas para adultos acarició mi balano por encima del traje de baño con lascivia, mirándome a los ojos como un animal acechando a su presa.

—Esto sobra, ¿a que sí? —Dijo, para seguidamente quitarme el traje de baño.

Raquel volvió a admirar mi polla que se erguía desafiante, mientras ella con cariño me pajeaba suavemente y me daba la vuelta para que Sofia la viese bien.

—Mira Sofia, ¿así es como la querías ver? Aquí la tienes, toda para ti, yo quede saciada la semana pasada, ahora haz con Luis todo lo que contaste qué harías con él.

Miraba a Sofia que tenía sus ojos clavados entre los míos y mi polla y notaba su excitación. Su pecho subía y bajaba rápidamente pareciendo que le faltaba el aire. Sus manos en su abdomen acariciaban su tripita bajando peligrosamente hacia su pubis mientras sus piernas se frotaban furiosas la una contra la otra.

—Yo me voy a dar un baño, —dijo Raquel.—Aprovechad el tiempo.

Cuando tuvimos un poco de intimidad, relativa, Sofia se levantó y me besó suavemente mientras agarraba mi polla y la acariciaba. Desde que llegaron había hablado más bien poco pero no dejaba de mirarme con intensidad. Cuando terminó su beso me miró con esos bellos ojos color miel y me lo dijo susurrando excitada.

—Desde que te vi el otro día desnudo no he podido sacarte de mi cabeza…bueno, a ti no, a este pedazo de pollón. Se que es una locura, pero necesito hacer esto, y luego con lo que me ha contado Raquel, joder, he estado mojada toda la semana pensando en lo que iba a ocurrir hoy.

Sofia paso sus brazos por mi cuello y yo bajé mis manos a su culo magreándolo a conciencia. Mis dedos se escapaban por sus orificios y si, estaba empapada. Cuando nos separamos se quitó su tanga y se sentó en la hamaca atrayéndome hacia ella, dejando mi verga frente a su cara.

—¡¡Dios, es que es enorme!! —Exclamó Sofia.— Creo que me vas a destrozar y seguro que me va a doler.

Sofia intentó meterse mi polla en la boca. Pero ella, o tenía la boca pequeña, o mi polla había crecido más de lo normal. Lo cierto es que estaba mucho más excitado viendo a la preciosidad que me iba a follar en breve.

—No me la puedo meter en la boca, me vas a desencajar la mandíbula, nunca he visto una polla así, no estoy acostumbrada a estos calibres. —Confesaba Sofia.

Vi algo de desesperación por parte de Sofia y lo que quería es que disfrutase. La levanté de la hamaca y me tumbé yo. Mi polla estaba amoratada y pegada a mi abdomen. La invité a que se tumbase sobre mí, con su coño en mi cara y es lo que hizo. Al poco y aunque no conseguía meterse mi polla en su boca mamó mi verga y mis huevos de manera deliciosa.

Gimió como una puta cuando con mi boca le arranqué un orgasmo que regó mi cara. Sabia deliciosa y tenía un coñito y un culo preciosos, muy follábles. Cuando terminó su orgasmo se levantó y se puso a horcajadas sobre mi polla. Me miró con intensidad y me besó dejando mi balano a la entrada de su coñito.

—Despacio mi amor, hazlo despaaaci…¡¡OHHHH!! —Exclamó Sofia dejándose caer y notar como mi polla abría su coñito.— Dios, que gustooooo.

Se tumbó sobre mi dejándome sus tetas al alcance de mi boca y me di un banquete con ellas. Sofia se retorcía presa del placer, yo aguantaba a duras penas, pero pasados diez minutos follando como animales mis huevos pedían ser descargados.

—Sofiaaaa…me voy a correr…

—Aguanta un poco mi amor, solo un poquito maaas… —Rogó Sofia.

Aguanté como pude, pero fue inevitable el notar como se convulsionaba esa chica y mi polla empezó a soltar leche en su útero como si fuese una fuente. Levante mis caderas clavándosela hasta la matriz mientras mi simiente la inundaba y los dos estallábamos en un poderoso orgasmo, largo y placentero que nos dejó agotados.

—Ves como si te cabía, pánfila, —decía Raquel divertida,— ahora déjale recuperarse que yo quiero un poco de esa medicina.

Sofia se tumbó sobre mi aplastando sus tetas sobre mi pecho. Me besó con cariño y mucha pasión y cuando terminó me miro a los ojos agradecida.

—Gracias, ha sido un polvo espectacular uno de los mejores que recuerdo.

—Sofia, lo hemos hecho a pelo y me he corrido como un animal dentro de ti. —Dije con preocupación.

—No pasa nada, no hay peligro, me cuido y además como también te follaste a Raquel a pelo y te corriste dentro de su culo, se preocupó muchísimo y se ha hecho una analítica, ella esta sanísima y por ende tú también y yo hace casi seis meses que no follo, así que no temas nada.

No niego que eso me tranquilizó, pero me tenía que cuidar, yo también me haría una analítica para quedarme mucho más tranquilo. Sofia seguía encima de mí y mi polla, aun, bien clavada en su interior. Notaba los movimientos de los músculos de su vagina y me producían mucho placer, motivo por el cual mi verga no perdía dureza.

Sofia se incorporó y nos dimos un beso muy húmedo y caliente. Note sus caderas como empezaban a moverse de nuevo y empezó a gemir, ronroneando como una gatita salida.

—Te voy a follar otra vez, —dijo Sofia,— estoy cachondísima.

—No, déjame follarte, ponte en cuatro. —Le dije.

Vi la cara de disgusto de Raquel, que protestaba por que le tocaba ahora a ella. Nos estuvo viendo follar y la vi medio tumbada en una hamaca abierta de piernas haciéndose un dedo y metiéndose sus deditos en el coño. Sofia, le dijo que se pusiese abierta de piernas en el respaldo de la hamaca, ella se puso en cuatro y Raquel recibió las atenciones de la boquita de Sofia que gemía en el coño de su amiga las embestidas que le daba.

Sofia alcanzo dos orgasmos más y Raquel y yo casi nos corrimos a la vez. Volví a inundar el útero de Sofia, que temblaba como un cervatillo asustado con su último orgasmo. Los tres estábamos bañados en sudor, el sol apretaba y ya hacia un calor sofocante.

—Chicas, propongo un descanso, que nos demos un baño, nos refresquemos y sigamos. ¿Queréis algo de beber?

Raquel y Sofia estuvieron de acuerdo con mi proposición. Me fui a la cocina y saqué una neverita que preparé la noche anterior con bebidas. También busqué una pastilla que comercializábamos y que era la misma que en su momento me dio Ana cuando estábamos en el club de intercambio. La muy puta las llevaba encima por si alguno de sus amantes perdía fuelle, meterle una dosis de líbido y deseo, —que hija de puta— pensé para mí.

Me tomé la pastillita y salí con la nevera dejándola a la sombra. Las chicas ya estaban en el agua jugando y haciéndose aguadillas. Según entré en el agua las dos vinieron a mi como abejas al néctar de las flores, y me abrazaron llenándome de besos y caricias. Enseguida noté como unas manos se apoderaban de mi polla y de mis huevos, acariciándome, excitándome, hasta conseguir que mi polla estuviese otra vez más dura que el acero.

Estuvimos poco rato en la piscina, salimos del agua, nos secamos y Raquel agarró mi mano y tirando de mí, me llevó a la sombra. Se tumbó sobre una toalla y se abrió de piernas para mí. Hice un 69 con ella, le arranqué un orgasmo y poniéndome entre sus piernas, haciendo un misionero, se la clavé hasta los huevos. Miré a Sofia que excitada hacia lo mismo que su amiga cuando follé con ella, se masturbaba y se metía dos dedos en su coñito. Esa situación era morbosa hasta decir basta y empecé a follarme a Raquel con dureza arrancándole unos gemidos guturales.

—Asiiiii…follame fuerte…rómpeme…AHHHHHH…DIOOOOOS…no pares, no pareeees.

Creo que Raquel estaba tan caliente que alcanzó rápidamente su orgasmo. Yo al haberme corrido hacia poco aguantaba y gracias a esa pastillita mi rabo estaba más tieso y más duro que el asta de la bandera.

El coñito de Raquel, aunque también estrechito, estaba más entrenado que el de Sofia y mi polla bombeaba sin problema. Escuché como Sofia se corría entre jadeos, la miré y de su coñito salía una mezcla de sus babítas y mis corridas. Raquel encadenaba orgasmos sin parar abrazándome con sus piernas y elevando sus caderas para que le llegase más adentro mi verga. La noté vibrar, retorcerse, me miró desencajada y besándome se corrió como nunca antes la había visto regando mi polla y mis muslos y ya no aguanté más.

—Raquel me corroooo…Dioooos… —Gemí en su oído intentando salirme de ella, pero me lo impidió.

—No amor…dentrooo…córrete dentrooo…asiiiii…asiiiiiiii…que ricoooo…

Exploté dentro de su coño, y se la clavé con furia mientras descargaba, para mí, litros de semen, esa era la sensación. Raquel se aferró a mi besándome con fuerza, gimiendo en mi oído, volviéndome a besar. Estaba como poseída y nos costó tranquilizarnos y acompasar nuestras respiraciones, mientras las caderas de Raquel se movían con delicadeza.

—Cariño, no te haces una idea de cómo te he echado de menos, necesitaba esto. —Me confesó Raquel.

—Hoy creo que va a ser un día que no olvide, pero, ¿qué ha ocurrido para que me dejes correrme dentro de ti? —Pregunté con curiosidad.

—El lunes visité a mi ginecólogo. Aparte de la revisión pertinente le pedí que me colocara un DIU pensando en tu polla y lo que sería sentir como riega mi útero con tu corrida, y joder, que diferencia, ha sido una pasada.

Después de este polvo tan espectacular con Raquel, descansamos, yo lo necesitaba aparte del calor que hacía que empezaba a ser insoportable. Nos dimos un refrescante baño y traje las bebidas frías de la nevera a una especie de flotador con soportes al uso para dejar las latas.

El mejor momento fue después de comer. Nos subimos a mi habitación que tenía una cama de matrimonio muy grande de dos por dos metros. Puse el aire acondicionado y empezamos a ver la televisión con Raquel y Sofia escoltándome y nuestras manos haciendo travesuras. Vimos poco la televisión, nos pasamos la tarde follando. El culo de Raquel fue profanado un par de veces y Sofia miraba impresionada, de que ese culo se tragase mis veintiún centímetros sin problema. Le dije de probar, pero me confesó que nunca lo había hecho por atrás, pero sabía que, si seguíamos viéndonos, un día se lo rompería.

Llegando la noche Raquel recibió una llamada en su teléfono y supe enseguida que era un posible cliente. Se apartó para poder atenderle y cuando la vi de nuevo supe que se tenía que ir, pero como había venido en el coche de Sofia, esta también tendría que irse.

—Siento ser una aguafiestas, pero no me acordaba que había quedado con una gente para celebrar un cumpleaños y me tengo que ir. —Dijo mirando a Sofia.

—Bueno, no te preocupes, ahora te llevo. —Dijo Sofia resignada.— Vete vistiendo, ahora voy yo.

Cuando nos quedamos solos, Sofia me miró cohibida, pero me lo dijo:

—Me gustaría pasar la noche contigo, —me dijo,— ¿te parecería muy descarado que acercase a Raquel y me viniese aquí otra vez?

—No, que va, me gustaría mucho que lo hicieses. —Dije entusiasmado.

—Pues entonces llevo a Raquel, le comento lo que voy a hacer para que no haya malos rollos y en un rato estoy aquí. —Terminó diciendo y besándome ilusionada.

Nos despedimos con cariño. Raquel me dijo que nos seguiríamos viendo, que lo diese por seguro y Sofia me volvió a besar y me guiño un ojo. A las dos horas la tenia de nuevo desnuda, en mi cama y con mi polla clavada en ese coñito acogedor, gimiendo y gritando sus orgasmos.

A raíz de todo esto, se inició una gran amistad entre Raquel, Sofia y yo, aunque la que más cariño me tomó y con quien más me veía era con Sofia. Raquel tenía su “negocio” y muchas veces no podíamos quedar con ella, pero Sofia se venía a mi casa y aparte de follar hacíamos muchas más cosas, cosas normales de pareja, pero sin serlo.

Durante más de un año, estuve follando con ellas. ¿A qué hombre no le gustaría esa situación? Dos jóvenes bellísimas y dispuestas a todo por pasarlo bien. A Sofia terminé follándole el culo, era cuestión de tiempo y de prepararla muy bien y le gustó, le gustó muchísimo. También tuve el privilegio de follarme a alguna de sus más íntimas amigas…todo muy morboso, muy excitante, pero todo cansa, y yo necesitaba algo más. Tenía cuarenta años y andaba follando con niñas de veintipocos años y lo que yo quería era una mujer como Dios manda y tener una familia

Quise mantenerme con los pies en la tierra, pero Sofia terminó pillándose por mí. Notaba su malestar y su incomodidad cuando otra mujer o mejor dicho otra joven se acercaba a mi pidiendo rabo. Incluso los encuentros con Raquel desaparecieron, imagino que lo habló con ella y le dejó claro que eso ya no podía suceder, me quería en exclusividad, para ella sola, yo conocía esa sensación.

No me quedó más remedio que hablar con ella y dejarle claro que una cosa era la diversión y otra muy distinta el compromiso. Yo necesitaba a una mujer y ella solo era una niña de veintitrés años con una carrera por terminar, una vida por delante y que follaba con un tío de cuarenta años con otros intereses, intereses que ella no podía ni debía darme porque a la larga se sentiría una desgraciada.

Sofia no lo quiso entender, se enfadó mucho conmigo y eso provocó que dejásemos de vernos. No voy a mentir, la iba a echar muchísimo de menos, pero no iba a caer en esa trampa de nuevo, eran diecisiete años de diferencia que seguro me traerían complicaciones y dolores de cabeza. Raquel aprovechó eso y como buena puta me visitó más a menudo para que la follase y llenase de semen su útero, sus intestinos y su boca. De vez en cuando me cobraba, pero la mayoría de las veces pasábamos la noche juntos follando como desesperados.

Pero necesitaba un cambio. De hecho, yo me vine a Madrid para hacer un reset en mi vida, poner orden lógico y buscar una buena mujer que me quisiera a mí, solo y exclusivamente a mí. Kiara no se me iba de la cabeza, pero después de casi año y poco sin saber de ella, seguro que ya tendría una relación muy sólida con ese hombre que vi en esa última llamada que hicimos.

No sé porque me acorde de Blanca y de la última vez que estuvimos juntos en su casa cuando descubrí a Ana siendo follada por dos tíos en nuestra cama. Recordé su cariño, como me trató, lo bien que me lo hizo pasar, como entendió como me encontraba, su ayuda y la de Angela y esa última frase en la estación de tren, — Aunque sé que me dijiste que no volverías conmigo y que segundas partes nunca fueron buenas, me gustaría que pensases en mi como una alternativa.— También me acordé de que me dijo que si pasaba por Madrid que la llamase para saber de mí. Que mejor ocasión que esta para quedar con ella y comentarle que estaba de nuevo viviendo en Madrid. ¿En serio? ¿En serio estaba pensando en la mujer que más me humilló como una alternativa?

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s