ALMUTAMID

Dudé en responder, pero es que no tenía en realidad ningún motivo para no hacerlo.

-Hola guapa ¿Cómo estás?
-Por fin das señales de vida, jajaja. En Semana Santa sé que Mr Procesiones no está para nada pero pensé que el domingo pasado hablaríamos.
-Bueno, ya me conoces. Y el domingo pasado vine durmiendo en el tren y ni me acordé, la verdad.
-Vaya, que pronto te olvidas de las amigas.
-Tú sabes que no eres una simple amiga.
-Bueno, ¿qué tal todo?
-Muy bien en Semana Santa ya sabes, y aquí en la residencia ahora pues saliendo con los compañeros y tal.
-Ya me ha contado Lourdes que el viernes estuvisteis de cumpleaños.
-Pues sí. Lo pasamos bien. Hay que aprovechar ahora que en nada empiezan los exámenes. Bueno ¿Y tú qué tal?
-Pues al final vine unos días a casa. Llevaba sin ver a la familia desde Navidad y los echaba de menos.
-¿Sólo a la familia?
-Y a los amigos, claro, jajaja.
-¿Y cómo es que viniste?
-Encontré una oferta de vuelo de esos de última hora muy baratos y aunque perdí días de clase no me importó.
-Pero ¿cuándo has venido?
-Aquí las vacaciones son del Jueves Santo al Lunes de Pascua y me encontré una oferta de Lunes Santo a Jueves Santo, perdí tres días de clase, pero he estado en casa primero y después los días sola en Bolonia recopilando los apuntes de los días que falté.
-Tú siempre tan aplicada.
-No me queda otra.
-¿Y cómo no me avisaste?
-Bueno, podía haberlo hecho, porque la oferta era volando de Bolonia a tu ciudad. Pero llegué el lunes por la noche, que tú estás con tu hermandad y regresaba el jueves noche y no quise estropearte tu Madrugá.
-No seas tonta, podía haberme acercado un momento al aeropuerto a darte un abrazo.
-A lo mejor me daba miedo.
-¿Abrazarme?
-Es broma, jajaja.
-Oye, ¿sabes cuándo vuelves?
-Pues aquí los exámenes son en mayo. Si voy aprobando todo para final de mayo estoy de vuelta en España y tendré que pasar unos días por nuestra universidad para llevar los certificados y que me convaliden lo que he hecho aquí. Serán dos o tres días nada más pero podremos vernos.
-Ya tengo ganas de verte.
-Lo malo es que vas a estar de exámenes.
-Ya me busco un hueco para verte. Bueno si te quedas en la residencia cenaremos y desayunaremos juntos.
-Claro.
-Me alegro de que me hayas escrito.
-¿Tengo motivos para no hacerlo?
-A ver si se me ocurre alguno, despecho, un exnovio capullo, un tal Gianni…
-Ay que bobito eres. Que no estemos juntos no significa que te rechace. Fracasamos como pareja pero eso no significa que tengamos que evitarnos.
-¿Me estás dando esperanzas?
-¿Sólo me quieres como novia?
-Te quiero sin más. El estado civil lo dirá el tiempo y lo que sintamos.
-No te pongas tan filosófico anda, jajaja.
-No me pongo filosófico. Tú también me quieres y te gusta saber de mí. Es recíproco. Lo que pase ya se verá.
-Eso, Luis. Ya se verá.

La conversación desarmó todos mis planes. Había descartado a Claudia pero ella parecía no haberme descartado a mí. Me sentía muy a gusto con Marta pero la conversación con Claudia me alejaba de ella. Si tenía claro que no iba a hacerle daño, ahora más todavía. Me alegraba de que no hubiera pasado nada entre nosotros el fin de semana, pues si cuando volviera Claudia mis sentimientos por Marta cambiaban sería imperdonable por mi parte. No. Evitaría dar ningún paso hasta que no viera a Claudia. El destino, mi prudencia o la indecisión de Marta me habían salvado de cometer un grave error.

La reflexión me valía también para Alba, aunque con ella las cosas habían quedado más claras tras el beso. Pero esperaba no haber dado lugar a equívocos. Mi actitud con ella en Semana Santa nunca había sido interesada, sin embargo en ella había surgido algo por mí, del mismo modo que en mí por ella. Pero mi experiencia había evitado dar el paso que ella sí dio. Pero daba mi situación con ella por aclarada.

Pero con Marta era más difícil. Todo el día juntos. Me había faltado el canto de un duro para enrollarme con ella en la cama y en la azotea. Y ahí sí era yo. Pero ella entraba al trapo, disfrutaba durmiendo conmigo, era evidente y no rechazaba el contacto físico. Probablemente estaba esperando que yo hiciera algo y por eso me provocó el sábado. Pero en el fondo fui yo el que le pidió que me enseñara las tetas. Bueno, en realidad era sólo un topless, pero lo hizo. Y nos miramos mutuamente. La tensión sexual se mascaba y si no llega Miriam nos terminamos enrollando. Yo seguro. Y creo que ella también. Al final iba a tener que estar agradecido a Miriam por haberme evitado dar el paso. Si me hubiera enrollado con Marta y después hubiera tenido la conversación con Claudia me estaría arrepintiendo. Pero afortunadamente eso no había pasado. Tenía que evitar pasar tanto tiempo a solas con Marta hasta aclararme conmigo mismo.

Pero tampoco era plan de pasar de ella. Me gustaba estar con ella. Además me había “salvado” con su beso. No de que no se me levantara como le hice creer inocentemente, pero ese beso sí limpió de mi mente el mal camino que llevaba con Blanca y con Dani. Ella se pensaba que había sido una estratagema mía para sacarle un beso y algo más, pero es que en realidad me había salvado. Desde entonces tanto con Alba como con ella había pensado más en las consecuencias de mis actos no sólo en mí sino también en ellas. Es cierto, que también había decidido dar por pasada mi historia con Claudia, tanto que me autoimpuse el castigo de no hablar con ella. Pero estaba claro que ella si pensaba en mí devolviéndome la esperanza de recuperar algo más que amistad entre nosotros.

Volvía al punto de partida: solucionar mis problemas con Claudia sin dañar a Marta ni a Alba. Tendría que evitar determinadas situaciones o hacerme un nudo en el nabo, o enrollarme con una desconocida si quería aplacar la calentura. Pero mis tiempos de implicarme en relaciones difíciles se habían acabado. O Claudia, o Marta o Alba, cuando fuera pero en serio.

Todas esas reflexiones pasaron por mi mente mientras corría buscando la forma física y el cansancio. Siempre habían sido un momento de reflexión esos ratos de soledad cuando salía solo a correr y sobre todo las horas de penitencia del Lunes Santo. Ya no era el pardillo que no se comía una rosca en el instituto. Le gustaba a las niñas por mi forma de ser y por mi cambio físico, que respondía más a una actitud que a una verdadera transformación. No necesitaba provocar situaciones como las vividas con María, que realmente nunca me atrajo, ni dejarme arrastrar por Marinas, Silvias, Nieves o Blancas, para quienes follar conmigo no suponía más que un acto físico e incluso interesado. No supe ver en Viqui lo que nuestra relación adolescente me ofrecía y cegado por mi ego dejé escapar al amor de mi vida. Marta primero y Claudia después me habían enseñado lo que era tener una relación de verdad.

Se acabó. Sólo era mes y medio y por fin terminaría de aclarar mis sentimientos. Podía esperar.

La semana la inicié desde luego intentando aparentar normalidad pero evitando los momentos de demasiada intimidad con Marta. En realidad fue fácil y no se dio cuenta de que yo había puesto el freno al hecho de dejarme arrastrar por nuestra complicidad de los días anteriores. Y es que yo mismo estaba convencido de que si en la cama o la azotea hubiese dado el paso nos habríamos enrollado y unos minutos después estaba seguro de lo contrario, de que todo había sido casual y Marta no estaba esperando que yo diera el paso ni ella lo iba a dar.

Había algo que además me facilitaba mi decisión de retrasar todo hasta que Claudia volviera y yo consiguiera aclarar mis sentimientos, y es que el viernes regresaba a la ciudad para celebrar la Feria. Perdía una semana de clases pero la propia Marta se había ofrecido a pasarme los apuntes. Sabía cuanto disfrutaba de las fiestas de mi ciudad, pues ella se lamentaba de no poder ir a las de la suya porque coincidían siempre con los exámenes del primer cuatrimestre.

Cuando el lunes después de comer dije que me iba a descansar a la residencia ni siquiera Marta se extrañó, especialmente cuando le dije que iba a aprovechar las tardes para ponerme al día de todas las asignaturas y así que no se me acumulara el atraso a mi regreso de la Feria pues en apenas unas semanas empezaban los exámenes del segundo cuatrimestre. Aunque se ofreció a ayudarme yo le dije que ya la avisaba si tenía dudas y se quedó contenta. Nos veíamos todos los días en clase y comíamos juntos, por supuesto con Carlota y Miriam, así que no sospechaba mi paso atrás.

El martes en el entrenamiento avisé en el equipo que sí jugaba el siguiente partido pero no el de la otra semana, penúltimo de la temporada. Habían jugado sin mí todo el tiempo de la lesión y dudo que se resintieran por mi ausencia.

Hacía buen tiempo, Marta no sospechaba nada y todo parecía ir sobre ruedas hasta que el miércoles en la cena de la residencia debieron poner algo en mal estado, pues esa noche había cola en los baños con bastantes residentes con diarrea y retortijones. Si cagar en un baño público limita tu expresividad en el momento (llámense pedos y olores variados) no os podéis imaginar la incomodidad de escuchar como tu vecino de retrete deja escapar todos sus efluvios, truenos y relámpagos hasta sonar en ocasiones literalmente como si meara por el culo mientras tú haces lo propio intentando disimular. O cuando te levantas y por más que tiras de la cisterna dejas un olor penetrante y la taza de lunares, sabiendo que alguien va a entrar detrás de ti.

Durante la mañana siguiente las visitas al baño se fueron distanciando pero alguna vez tuve que escaparme de la clase con cierta premura y el temor de no encontrar un baño libre. Con un almuerzo a base de tortilla y arroz en blanco intentaba frenar mi ligereza de barriga para poder jugar el partido de liga de aquella tarde. Nada de café ni de zumo y mucho pan para recuperar los hidratos de carbono y la energía que se me escapaba en cada apretón.

Conseguí frenar la catarata y pude jugar el partido aunque me notaba algo flojo en algunas arrancadas, pero la debilidad del equipo contrario nos permitieron ganar el partido con facilidad pese a mi sequía goleadora que volvía a recordarme los inicios de mi presencia en el equipo el curso anterior cuando era el primer asistente de la liga pero no le metía un gol ni al arcoíris. Lo mejor es que pese a algún sustillo con retortijón tras alguna carrera y el miedo a que algún pedillo pudiera venir acompañado no hubo accidente y pude jugar el partido completo. Eso sí no estaba para quedarme después a tomar nada, por lo que avisé a las chicas que ni siquiera vinieron a ver el partido pues mi intención era volver inmediatamente a la residencia para cenar ligero y acostarme con vista a recuperarme para el viaje del viernes.

Me duché con tranquilidad pero cuando me despedía de mis compañeros, que se iban al bar, mi barriga rugió de nuevo amenazando con abrir de nuevo las puertas del infierno. Desde luego no me iba a dar tiempo a llegar a la residencia y tuve que encerrarme en uno de los baños que había junto a las duchas. Mi estancia en el trono se prolongó pues pese a varios intentos por salir para irme a la residencia no había llegado a limpiarme cuando una nueva acometida me obligaba a permanecer y dejar escapar el monstruo entre explosiones y chaparrones. Temí que cerraran el vestuario conmigo dentro por el rato que llevaba y además porque había dejado de oír las voces de los jugadores de los dos equipos.

Por fin al tercer intento pude ponerme los pantalones y volver al vestuario por mi mochila, pero me pareció oír unas voces hablando muy bajito y asomé la cabeza con precaución. Lo que vi me dejó paralizado durante un instante.

Primero vi a uno de los chavales que había entrado nuevo en el equipo este año, un chaval que me recordaba a mí mismo cuando llegué al principio, muy delgado pero rápido, aunque no había destacado con su juego como yo y solía rotar como suplente. El niño estaba de pie aun desnudo y parecía hablar con alguien pero cuando miré mejor descubrí lo que pasaba. Dani estaba sentado en un banco del vestuario con un gesto inconfundible, le estaba comiendo la polla al chaval. Aunque estaba de espaldas reconocí su cabeza y sus hombros, y por supuesto sus gemidos guturales. Me quedé de piedra. No me podía descubrir.

Volví al baño e intenté pensar que hacer. ¿Y si hacía ruido? A lo mejor se cortaban. No. No era buena idea, se darían cuenta de que los había descubierto antes. Tenía que pensar en algo mejor. Sí, esperaría un rato, el chaval duraría poco, pues aunque suene feo decirlo yo admitía que Dani la mamaba muy bien y seguramente en breve el chaval le llenaría la boca de semen como había hecho yo.

Aguardé unos 15 minutos pensando que ya habrían terminado y regresé sigilosamente al vestuario. Asomé la cabeza con cuidado por si estaban. Allí seguían pero esta vez me quedé aún más sorprendido. Ahora estaba Dani de pie y el chaval era el que sentado en el bando se tragaba el pollón del capitán del equipo seguramente con dificultad pues le oí decir:

-Cuidado con los dientes….mmmm, así, así…

Joder. No podía ser. Yo deseando llegar a la residencia para cenar y acostarme y el cabrón de Dani montándoselo con un chaval del equipo. Evidentemente eso buscaba conmigo y le salí rana. Cuestión de tendencias sexuales, está claro. Pero seguía teniendo el mismo problema. Y aun podía empeorar. Mi mochila estaba aun en el vestuario. Mi móvil estaba dentro y empezó a sonar.

Sin esperar la reacción de los dos “amantes” me retiré de nuevo al baño. Y esta vez sí, tiré fuerte de la cisterna e hice bastante ruido con la puerta para que me oyeran llegar. Cuando entré al vestuario me encontré sólo a Dani en calzoncillos mirándome con extrañeza:

-¿Dónde estabas tú?
-Joder, cagando. Estoy desde anoche con diarrea y me tiro mucho tiempo sentado.
-Estaba sonando tu móvil…
-Voy a ver quien es. Me voy corriendo porque no sé si llego a la residencia.

Con cara de pocos amigos se despidió de mí y yo cogí la mochila y saqué el móvil saliendo con prisa. No sé donde se habría escondido el chaval. Seguramente en las duchas. Espero que Dani no descubriera que lo había visto. Empezaba a temer su reacción pues la conversación que habíamos tenido a mi regreso en Semana Santa me resultó bastante amenazante. Bueno, lo admito. Iba cagado…

Ya en la calle miré el teléfono. Era Marta para preguntarme como estaba de lo mío. Le conté que me había dado otro apretón en el vestuario tras el partido y aunque sentí la tentación de contarle mi descubrimiento pensar que por algún motivo Dani se enterara, o le llegara algo que yo pudiera saber hizo que me lo pensara mejor.

Cada vez tenía más claro que tenía que alejarme lo máximo posible de ese tío con una extraña moral, una doble vida de niño bien de pueblo con novia oficial y futuro prometedor que se gastaba el dinero de papá en perder años de estudio en la capital mientras se follaba a todas las tías que podía y se comía las pollas de las que se encaprichaba. No juzgo sus gustos, juzgo sus mentiras.

En la residencia tras otra breve estancia en el baño, cené dieta blanda de nuevo acompañado de Marcos y Víctor. No vi a Ángela ni en el comedor ni en su cuarto cuando pasé a devolverle la crema hidratante que me había prestado así que supuse que había quedado con Karina.

Por la mañana ya recuperado pero sin atreverme aun a tomar café ni zumo aproveché las clases. Me despedí de las chicas en la última clase pues no comía con ellas para coger el autobús. Marta me dio dos besos y un abrazo largo como si nos despidiéramos por más tiempo. Recogí mi bolsa en la residencia, compré un bocadillo y una lata de refresco y me apresuré para llegar a la estación de autobuses. La Feria me esperaba…

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