MOISÉS ESTÉVEZ

De vuelta, en su apartamento, salió del baño con tan sólo una toalla
liada en el pelo, encendió un cigarrillo y apurando el café que empezó en la
calle, tenia por costumbre pedirlo siempre ‘take away’, se sentó en el único y
desvencijado sillón que poseía, dispuesta a tomarse un momento de paz y
tranquilidad mientras escuchaba los mensajes grabados en el contestador – ya
nadie tiene contestador en el teléfono de casa – se decía. Pulsó el botón y fue
como si se activara un resorte propio en vez del antiguo aparato.
Le vinieron pensamientos y recuerdos de los que hasta ahora le había
deparado la vida: la pérdida de sus padres siendo muy joven, algo que
interrumpió sus estudios de criminología y derecho, un aborto de un embarazo
no deseado y prematuro, la ruptura con su pareja de siempre… no había tenido
mucha suerte en su devenir pretérito, aunque la suerte no era algo en lo que
creía especialmente.
Entonces decidió ingresar en la policía, una de sus prioridades vitales
dada su vocación y herencia familiar. Su padre y su abuelo lo fueron, pero
tampoco lo tuvo fácil, era muy buena en su trabajo y despertaba terribles
envidias, sus jefes no la valoraban y además era una mujer. Sentía que perdía
el tiempo, que podía dar más de sí, con todo y harta del patriarcal ambiente
que existía en el seno del cuerpo, decidió dejarlo y trabajar por su cuenta. No le
iba del todo mal, se había ganado una fama que la convertían en una de las
mejores investigadoras privadas, una excelente reputación con un excelente
currículum y una extraordinaria cuenta de resultados, y aún así era consciente
de que podía hacerlo mejor, sólo tenía que seguir creyendo en ella misma y
dejar lo de la suerte para los débiles.
Ignoraba lo que el futuro le tenía deparado, pero de lo que si estaba
segura era que no se rendiría jamás.
Aquel caso suponía una oportunidad más para demostrarse a sí misma
su valía, sin tener en cuenta lo que pensaran los demás, sin mirar atrás, nunca,
negándose a volver a tocar fondo como le ocurrió hace ya mucho, y día a día
seguir trabajando, porque el destino seguro que le seguiría ofreciendo buenos
momentos.
Su vida, en otros años venida a menos, profesional y personalmente
hablando había ido mejorando, y estaba convencida que cada mañana cuando
se miraba al espejo no dejaría de conseguirlo. Hasta había retomado la
universidad dispuesta a graduarse, tarde o temprano.
Tuvo que volver a poner los mensajes después del ensimismamiento
sufrido de manera inconsciente. No se había enterado de ninguno. Encendió
otro cigarrillo y puso la cafetera a rular…

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