ALMUTAMID

El viernes por los pasillos de la facultad me pareció ver a Dani y Blanca discutiendo, pero evidentemente no me acerqué para ver que pasaba. Ya no era asunto mío. Salvo esa cuestión la mañana pasó bastante tranquila. Así que después de comer en los comedores universitarios Marta, Carlota y Miriam se fueron a sus respectivas casas y yo me fui a la residencia con la excusa de buscar el portátil para hacer el trabajo. El plan era terminar el trabajo y convencer a Marta para tomar algo después en el sitio donde nos esperaban los demás para dar la sorpresa y darle los regalos.

Me demoré, pues el trabajo lo tenía casi acabado para no terminar demasiado pronto. Intenté vestirme de forma que no se notara demasiado que íbamos a salir después por lo que me puse unos vaqueros con una camisa, y un jersey por si refrescaba por la noche. Llegué a casa de Marta que me esperaba impaciente. Silvia me saludó y se retiró porque tenía que arreglarse porque había quedado con Marcos. Me surgió un contratiempo. Marta estaba en ropa de andar por casa con unos leggins hasta la rodilla y una camiseta de cuello ancho de las que dejan un hombro al aire en el que se veía la tiranta de su sujetador negro. Me costaría convencerla para que se vistiera para salir. Ya os he contado que Marta tenía poco pecho por lo que usaba más el sujetador para no marcar los pezones que porque realmente su pecho cayera.

Nos metimos en su dormitorio con los portátiles y empezamos a trabajar. Aunque el trabajo era individual y sobre libros diferentes la idea era usar el mismo esquema y por eso decidimos hacerlos juntos. De vez en cuando comentábamos lo que habíamos escrito cada uno y nos ayudábamos con la expresión en inglés buscando vocabulario o corrigiendo la gramática.

Se acercaba la hora en que teníamos que llagar al bar y di por terminado mi trabajo. Marta también el suyo así que le dije que había que celebrarlo.

-Por eso te has venido tan arregladito…-me dijo con guasa-quieres salir de marcha.
-Si es sólo a tomar una cerveza y despejarnos de tanto trabajo.
-Venga, me pongo los botines y bajamos.
-¿No te arreglas un poquito?
-Para bajar a la esquina. ¿No voy bien así?
-A ver, tu vas bien de cualquier manera, pero vas muy deportiva, ¿no?
-Vaya como está el señorito de especial, jajaja. Anda espérame en el salón que me cambio en un segundo.

Uff. Creí que no la convencía. Recogí mi portátil y me fui al salón para esperarla. No tardó mucho porque se puso unos vaqueros como yo y una camiseta ajustadita. Cogió la chaqueta vaquera y nos fuimos. Una vez en la calle tampoco me puso pegas cuando empecé a andar camino del bar donde nos esperaban ya con algo de retraso. Cuando estábamos muy cerca mandé un mensaje a Miriam para avisar de que ya estábamos llegando. Al llegar se dirigió a una de las mesas que había en la calle, pero le dije que mejor dentro. Me miró extrañada y me dijo:

-Que especialito estás hoy…

Pero en cuanto cruzamos la puerta del local y giramos hacia un apartado que tenía el bar salió todo el grupo de golpe gritando ¡¡Felicidades!! Marta no se lo esperaba y se llevó una enorme sorpresa. La verdad es que habíamos juntado a bastante gente: Silvia y Marcos, Carlota, Miriam, Ángela con Karina, Víctor y Lourdes y además tres amigas más del grupito con el que salía Marta el curso anterior. Además había dos compañeras más de la clase.

Tras las felicitaciones con tirones de oreja incluido y las charlas de explicación mi amiga se volvió hacia mí y me dio un abrazo diciéndome:

-Luis, no me lo esperaba. Que sorpresa tan bonita me habéis dado. Gracias, gracias…-terminó dándome dos besos en la mejilla.

Empezamos a charlar en corros contando mi aventura para engañarla hasta el bar de la celebración mientras bebíamos cervezas. Pasamos un buen rato con charlas cruzadas hasta que con permiso del bar Ángela trajo una tarta del coche de Karina para que soplara las velas junto con los regalos que le habíamos comprado el resto de los ángeles y yo. Sopló sus 20 años mientras le cantábamos “Cumpleaños Feliz” y después vino la entrega de regalos. Algún libro, un bolso, algo de bisutería, una camiseta y nuestro regalo, un bikini con pareo, sombrero y toalla a juego. Se lo dio Ángela explicando que como le gustaba tanto la playa se le ocurrió que le vendría bien.

Marta agradeció los regalos con besos y abrazos y no dejaba de dar las gracias a todo el mundo. Se la veía feliz y yo me alegraba muchísimo de haber participado en la preparación de ese momento tan agradable. Nos comimos la tarta y descorchamos una botella de cava. Cuando llevábamos un par de horas de celebración empezaron a retirarse los invitados quedándonos al final los ángeles y yo con Karina, además de Silvia y Marcos.

Marta nos invitó a cenar a una pizzería y después quería salir a bailar. Estaba encantada con su sorpresa y no quería que se acabara la noche. Pero los de la residencia tendríamos que irnos para no quedarnos en la calle. Ángela se fue con Karina dando a entender que querían pasar un rato solas. Marcos dormía todos los fines de semana con Silvia desde que salían juntos así que yo avisé que me tenía que retirar pero Marta se opuso totalmente. Me quedaría en su casa y no se hablaba más. Esa noche teníamos que divertirnos.

Nos fuimos a un pub donde las chicas bailaron todo lo que quisieron mientras Marcos y yo nos tomábamos unas copas. Marta estaba exultante. No recordaba verla así en mucho tiempo. No dejaba de bailar y de reír. De vez en cuando venía a buscarme para que me uniera al baile y me tocó complacerla por ser su cumpleaños. Al final ya bastante tarde, acompañamos a Miriam a su casa y tras dejarla allí Marta y yo nos fuimos a la suya en la que ya debían estar Silvia y Marcos.

Era la tercera vez que me quedaba a dormir con Marta ese curso y no había pasado nada, sin embargo al llegar me ofrecí a preparar el colchón.

-No seas tonto, Luis. Ya hemos dormido juntos sin problemas otras veces.
-Vale, gracias…se duerme mejor en la cama aunque ya no haga frío. Venga voy al baño.

En el pasillo se escuchaban los golpes del cabecero de la cama de Silvia. Marcos debía estar empotrándola. Quien se lo iba a decir al chaval…y yo que llevaba más de un mes sin comerme una rosca pues el sucedido con Dani lo descartaba. Bueno, ya vendrían tiempos mejores. Meé y me enjuagué la boca con pasta de dientes frotándome con los dedos. Regresé al dormitorio llamando a la puerta. Marta me ya se había cambiado poniéndose un pijamita finito suelto de primavera, aun así se notaba que no llevaba sujetador por como se marcaban sus pezones y se movían sus pechos a pesar de ser pequeñitos.

Ella se fue al baño y yo me quité la ropa quedándome en calzoncillos. La esperé pues las veces que habíamos dormido juntos ella se metía junto a la pared dejándome a mí el lado de fuera. Era tarde pero no tenía sueño así que al verla volver le dije:

-¿Por qué no te pruebas lo que te han regalado para ver como te queda?
-¿Ahora?
-¿No te hace ilusión?

Pareció pensárselo un momento pero al final cogió las bolsas y se volvió al baño. Yo me senté en la cama. Al regresar venía con el bikini puesto tapado por el pareo anudado al cuello, el sombrero y el bolso de playa en la mano. Entró al dormitorio y se dio una vuelta mientras yo la observaba.

-¿Qué tal?
-Te queda superbién. ¿Es todo de tu talla?- pregunté.
-Yo creo que sí.- dijo quitándose el pareo quedándose en bikini delante de mí.

Con la piel tan morena, tan delgada y tan menuda el color coral del bikini la hacía lucir muchísimo. La verdad es que hacía mucho tiempo que no veía su cuerpecito casi desnudo. Marta estaba muy bien. Y cuando se dio la vuelta y comprobé que la braga del bikini era tipo tanga brasileña dejando sus nalgas prácticamente al aire me quedé embobado. Además ella se dio cuenta así que disimulé diciendo:

-Vas a tener que tomar el sol antes de ir con este bikini a la playa porque se te nota la marca del otro bañador.

Marta giró la cabeza diciéndome:

-Es verdad…es que nunca he usado un bikini tan estrecho.
-Pues te queda de lujo, niña. Vas a levantar pasiones en la playa y algo más.
-Jajajaja. Que tontín eres.

Después cogió la camiseta que le habían regalado y se la puso encima.

-¿Qué tal?
-Inmejorable también. Será la percha.- respondí.

Sonrió orgullosa y se fue al baño a quitárselo. Tardó un poco seguramente mirándose en el espejo. Cuando regresó de nuevo nos acostamos pegándose ella a la pared mientras yo apagaba la luz. Se tapó hasta arriba, pero yo me tapé sólo hasta la cintura. Hacía calor en la habitación pero preferí taparme las piernas y los calzoncillos por si algo se despertaba que quedase oculto.

-Ain, Luis. Qué buen día me habéis dado. De verdad, gracias otra vez.
-No seas tonta ¿me abrazas?

Marta se echó en mi pecho mientras yo acariciaba su pelo. Notaba su cara pegada a mi piel. Al poco empezó a acariciarme el pectoral que no tapaba su cara. Empecé a tragar saliva. Tenía unas ganas terribles de besarla…

Me moría de ganas de besarla acariciando su pelo mientras su mano acariciaba con dulzura mi pecho. Estaba en la gloria. Pero antes de dar el paso pensé en las implicaciones que podría tener enrollarnos en su cama. Pensé en Alba. No le debía nada, pero pensé en ella. Y sobre todo pensé tragando mucha saliva en si era buena idea. Yo estaba muy a gusto con ella. ¿Y ella conmigo? ¿Querría cambiar el tipo de relación que teníamos y volver a intentarlo? ¿Sería nuestro principio o en realidad nuestro final?

Demasiadas dudas en un momento crucial. ¿Realmente aquel abrazo significaba algo más o era una muestra de cariño entre dos muy buenos amigos? Y lo más importante ¿y si la cagaba? Ella no daba muestras de buscar mi boca y por la postura ni siquiera parecía esperarla. En un gesto de ternura levanté mi cabeza de la almohada y besé su frente. Marta se aferró más a mi pecho recibiéndolo con agrado. ¿Marta quiere y te está esperando? No busca mi mirada ni mi boca. Dejé su cabello y acaricié su cara. Se acurrucaba pegando su cuerpo al mío como un niño a su madre pero no buscaba mi boca. Pero su mano se soltó de mi costado y regresó a mi pecho con la palma abierta buscando el máximo contacto con mi piel. Me gustaba su caricia. ¿Era su forma de decirme que diera el paso?

No íbamos a follar. No pegaba. Iba a ser todo como nuestra primera vez, paso a paso. Había más cercanía que deseo, más cariño que pasión. No. No íbamos a follar. Quise saber cómo se sentía y le pregunté con un susurro:

-¿Qué tal estás?

Pero no me contestó. Me quedé en silencio cortado pero en realidad el problema era otro. O quizá su solución. La respiración profunda de Marta denotaba que se había quedado dormida. No le dí más vueltas al asunto y me aferré a su abrazo posando mi mano derecha en su hombro mientras ella descansaba plácidamente sobre mi pecho. Me gustaba tenerla así. Pero tenía que decírselo. Estaba tan a gusto que yo también me quedé dormido.

Me desperté despistado. No sabía donde estaba pero al sentir el cuerpo de Marta a mi lado me aclaré. Nos habíamos quedado dormidos abrazados pero al despertarme ella estaba tendida a mi lado separada. Parecía observarme pues en cuanto abrí los ojos con cara de despiste me saludó afablemente con un: “Buenos días, dormilón”.

Me estiré mientras tomaba conciencia de mi mismo respondiendo a los buenos días de Marta. Me di cuenta que me había destapado del todo mientras dormía y mi calzoncillo mostraba una buena tienda de campaña por una potente erección matutina. Tiré de la manta con velocidad tapándome pero Marta me comentó divertida:

-Ya me he dado cuenta de que estás curado…

Estaba tan cortado que no sabía ni que decir. Habíamos follado hacía tiempo y no teníamos secretos pero me dio mucha vergüenza que Marta me descubriera así. A saber cuanto tiempo llevaba mi nabo tieso. Aunque parecía más divertida que molesta. Viendo mi turbación me preguntó:

-¿Qué tal has dormido?
-Bien, bien. Gracias. ¿Y tú?
-Muy bien. Eres muy cómodo, jajaja.

Me pareció estar viviendo un deja vu pero no lo era. Esa misma respuesta me la había dado Claudia durmiendo conmigo una de nuestras primeras veces. Me impresionó el recuerdo. Viendo que me quedaba pensativo Marta dijo:

-Estás medio dormido todavía, jajaja. Mientras te despertabas he estado pensando una cosa a ver qué te parece. Pensando en el regalo que me habéis hecho y en lo blanquísimo que estás, jajaja, pues se me ha ocurrido que nos vayamos a tomar el sol.
-Pero si estás negra…
-Pero tú no, jajaja. Y como no tenemos nada que hacer se me ha ocurrido subirnos a la azotea y tomar el sol. Yo mantengo el color que he cogido en Semana Santa y tú coges algo de color que pareces enfermito.
-No traigo bañador ni nada. Es que ni siquiera tengo bañador aquí, los tengo todos en mi casa.
-Podemos ir a tu residencia por unas calzonas de deporte o en calzoncillos, vamos, que allí no nos ve nadie. El año pasado me subí varias veces.
-En calzoncillos, parece que le has cogido gusto a mi paquete…
-¿Ahora te va a dar corte? Vaya con Luis, jajaja, parece que ya no se acuerda que te lo he visto todo…

Pero ¿qué pasaba con Marta? Ella no tenía tanto descaro. O era yo el que interpretaba así la conversación.

-Bueno, ¿qué te parece la idea?- insistió.

En realidad no tenía ningún plan para ese día y tras lo ocurrido la noche anterior podía estar bien pasar el día a solas con Marta y seguir indagando en nuestra situación si es que algo había cambiado y no era sólo mi mente la que me jugaba esa partida.

-Bueno, comemos, subimos a la azotea un rato y ya me voy a la residencia a ducharme y cambiarme para salir un rato esta noche.
-Bien, jajaja. Venga pues a levantarse.

Nos levantamos, yo ya con la tranquilidad de que mi churra se había serenado, y nos turnamos en el baño. Nos vestimos y avisamos a la pareja del cuarto vecino. Bajamos a por un pollo asado y comimos los cuatro juntos en casa de Marta y de Silvia.

Después de comer Marta se puso el bikini que le habíamos regalado y ropa de deporte encima y dos toallas para tumbarnos en la azotea. Yo subí vestido como iba. Marta había cogido además el bolso de playa que le habíamos regalado y metido en él crema solar. Subimos. Efectivamente tumbados detrás del pretil nadie podía vernos así que mi amiga tendió las toallas en el lado orientado al sol por detrás del castillete para oír a alguien si subía aunque no había ropa tendida ni nada pues la casa tenía patio con tendederos. Se quitó los leggins y la camiseta quedándose en bikini mientras yo me sacaba la camisa. Sacó las cremas para untársela a la vez que yo me sentaba en la toalla.

-¿No te quitas el pantalón?- me preguntó.
-¿Y si sube alguien?
-Nunca ha subido nadie cuando yo estaba aquí.

La verdad es que pese a haber estado muchas veces en calzoncillos delante de ella me daba bastante corte desnudarme así que dudé que hacer mientras ella se repartía la pierna por las piernas y los brazos. Después se recogió el pelo y se echó crema en los hombros y la barriga. Para entonces yo ya me había decidido y me estaba sacando los pantalones por los pies. Se dio la vuelta y me quedé embobado con sus nalgas asomando a ambos lados del tanga mientras se repartía la crema por la zona.

-Hoy toca boca abajo- me decía con naturalidad mientras se sobaba sus glúteos duritos- porque hasta que no me morenee el culo no puedo ponerme este conjunto en la playa. Luis, no me llego a la espalda, porfa ayúdame.

Me acerqué a ella y le repartí por arriba y abajo del bikini y hasta el elástico del tanga.

-Venga, ten, échate tú.- me dijo pasándose el bote de crema.

Imitándola me eché en las piernas y los brazos primer y después en el pecho.

-Extiéndete bien en el pecho que estás muy blanco, Luis. Ains, qué torpes sois los tíos…-dijo levantándose para quitarme el bote y repartirme ella la crema sobándome bien el pecho y el abdomen.-Date la vuelta que te eche en la espalda.

Nos tumbamos entonces, ella boca abajo y yo boca arriba con música puesta en el móvil y charlando sobre como había ido la fiesta sorpresa, cómo la habíamos organizado y más detalles que Marta quería saber. Mis calzoncillos eran azules oscuros y se estaban recalentando bastante con el sol por lo que me di la vuelta quedando los dos boca abajo. Marta se soltó el bikini diciéndome:

-Me voy a igualar el culo y me voy a marcar la espalda que es lo que más se luce en veranito. Paso. ¿Me haces el favor de ponerme crema en la parte del bikini?
-Claro que no.-me ofrecí.

Le repartí la crema con miedo de acercarme demasiado por su costado a sus pechitos y volví a tumbarme boca abajo esta vez porque se me había puesto morcillona de tenerla así tumbada con la espalda desnuda.

Pasamos bastante rato los dos en esa postura y yo empezaba a cansarme pero con el medio empalme que tenía no me atrevía. Pero ella llevaba mucho más tiempo que yo y le pregunté si no se cansaba de estar tanto tiempo boca abajo.

-La verdad que sí, pero es que es el culo donde necesito sol. Además si me doy la vuelta se me va a marcar el bikini en el pecho ahora que lo tenía morenito.
-Pues quítatelo…-le dije con naturalidad.
-¿Me quieres ver las tetas?
-No me va a molestar desde luego, pero no entiendo que te de corte conmigo, que nos hemos visto todo y somos buenos amigos.

Marta dudó pero terminó dándose la vuelta dejando el bikini a un lado. Madre mía, esa barriguita lisa coronada en esos dos pechitos con los pezones oscuros. No pude evitar darme la vuelta para ponerme boca arriba aunque se me marcara todo. Qué buena estaba mi exnovia untándose crema en las tetas al lado mía.

-¿Quieres más crema?- me preguntó al verme boca arriba.
-No, gracias.
-Aquí la tienes si te hace falta…-me dijo mientras comprobaba como sus ojos se paseaban por mi paquete.

Creo que la tensión sexual era innegable. Una chica casi desnuda con su exnovio al lado marcando una erección en sus calzoncillos. Sin embargo, Marta cerró los ojos dando la sensación de que se evadía de lo que allí estaba ocurriendo. Yo estaba apoyado sobre mis codos observando su cuerpo aparentemente relajado a escasos centímetros del mío, con su monte de Venus marcado en el tanga de color coral, su respiración profunda haciendo que su diafragma subiera y bajara sus costillas extendiendo el movimiento a su barriguita plana y sus hermosas tetitas que parecían desafiarme todo coronado en una cara de absoluta relajación.

Evidentemente los seres humanos somos racionales y el hecho de tener a semejante hembra a mi lado, y más habiendo disfrutado ya antes de ese cuerpo, no significaba que me tenía que arrojar sobre ella. Pero la tentación era muy grande. De la ternura de la noche anterior habíamos pasado a la atracción sexual pura y dura. ¿Realmente ella era consciente de ello? ¿Era tan inocente para pensar que la situación no despertaría en mí otros instintos? Porque ella me había empujado a ello, provocando esa situación de tensión sexual. ¿Pero debía dar el paso? ¿O en realidad era todo casual y la cagaría? Llevaba 24 horas en duda permanente con esta niña.

Pero es que eran demasiados gestos de complicidad para que no pasara nada. Dormir juntos, el abrazo, programar el día conmigo, la forma de untarme la crema en el pecho. Parecíamos novios pero sin serlo. Sólo nos faltaba confirmarlo con un polvo. ¿Era eso? Me estaba provocando. Primero me quería ver en calzoncillos o eso parecía, y segundo apenas puso reparos a su topless. Pero ¿qué esperaba ella de mí? ¿Enrollarnos? Eso no pegaba con su actitud. Pero me daba miedo hablarlo. A lo mejor todo eran casualidades, o simplemente confianza entre amigos para los que el sexo era agua pasada pero seguía habiendo un enorme afecto. Sólo había una forma de comprobarlo. La besaría.

Con el corazón a 1000 la llamé.

-Marta…

Abrió los ojos y se apoyó sobre los codos provocando la gravedad que sus pechos se inclinaran levemente.

-¿Qué pasa?

Empecé a acercar lentamente mi cara a la suya como si fuera a decirle una confidencia mientras ella me observaba con curiosidad. Buscaría su boca y la besaría. Pero cuando estaba a punto de llegar a sus labios escuchamos abrirse la puerta de la azotea. Marta pegó un brinco y buscó la parte de arriba del bikini para ponérselo a toda prisa mientras que yo me quedé alelado sin saber qué pasaba.

-Chicos, ¿estáis ahí?

Era la voz de Miriam, que asomó al instante mientras Marta se abrochaba el bikini sentada en la toalla.

-Uy, jajaja. No interrumpiré nada, ¿no? Que me ha dicho Silvia que estabais aquí.
-Estábamos tomando el sol.- explicó Marta mientras yo flexionaba las piernas para ocultar mi erección.-No has avisado que venías.
-No. Es que he pasado por debajo y he llamado al porterillo pensando que lo mismo querrías un café y me ha dicho Silvia que estabas aquí con Luis.
-Pues yo creo que ya nos íbamos a ir, porque llevamos un rato, ¿verdad Luis?
-Si, si…-dije cortado.
-Entonces qué ¿nos lo tomamos?
-Bajamos un momento y ya después nos duchamos.-respondió Marta que se levantó para ponerse los leggins.

Yo me levanté de espaldas porque aun no se me había bajado del todo y me puse los pantalones. La verdad es que me daba bastante vergüenza vestirme delante de Miriam. Pero ella mientras hablaba y hablaba.

Dejamos las toallas en el piso de Marta y yo cogí la mochila con mi portátil y nos fuimos a la cafetería de la esquina que con la buena temperatura estaba llena de estudiantes ociosos. Estuvimos algo más de una hora hasta que cada uno nos fuimos a nuestra casa para ducharnos y quedar para la noche.

En la ducha me casqué una paja como hacía tiempo que no caía pues realmente después de la mamada de Dani no me había masturbado pues los recuerdos hacían que me cortara al empezar a hacerlo, pero ahora tenía otra imagen en mi mente que sustituía aquellas sensaciones. ¿Qué habría pasado si no llega Miriam? La duda me mataba. Aunque tras quedarme relajado después de la paja pude pensar con más claridad y se enfriaron mis sensaciones con Marta. Seguramente me había dejado llevar por la situación y la poca ropa y ella realmente no me estaba provocando.

Me vi en el espejo y me di cuenta de que había tomado más sol de la cuenta. Estaba colorado a pesar de la crema que me había echado. Me puse una camiseta y as calzonas y me fui a buscar a Ángela para ver si tenía crema hidratante y de paso quedar con ella para la noche.
Llegué a su dormitorio y llamé. Me abrió la puerta y pasé:

-¿Qué tal anoche? ¿Triunfaste?- me preguntó nada más verme.
-Que va…bueno, hemos dormido juntos pero no ha pasado nada.
-¿No lo has intentado?
-Es que no sé, la noto más abierta, dispuesta a tener algo conmigo pero a la vez parece que está esperando que yo de el paso. Pero a la vez tengo la sensación de que en realidad no ha cambiado nada y que simplemente somos dos muy buenos amigos con mucha confianza.
-Bueno, si no estás seguro no deberías forzar las cosas.
-Eso pienso, pero a la vez tengo la sensación de que ella si las está forzando para que yo dé el paso. Es que no sé, la verdad.
-Bueno y ¿venías a contarme eso o algo más?
-He quedado esta noche con ella y con Miriam. ¿Te vienes?
-Espera que hable con Karina y te digo.
-Tengo la sensación de que sois pareja pero que os falta culminar. ¿Me equivoco?- le pregunté.
-No. Mira estoy tan a gusto con ella, que no me importa esperar. Porque me da compañía, conversación, abrazos, pasear de la mano, mimitos. Prefiero que fluyan en ella las ganas de dar un paso conmigo pero me está aportando mucho más que Miriam, por ejemplo, con la que sí me había enrollado.
-Me alegro por ti, peor me doy cuenta de que estamos igual, jajaja. Porque estando con marta tengo esa misma sensación. No quiero meter la pata por un polvo.
-Así tiene que ser, Luis.
-Otra cosa. ¿tienes crema hidratante? He estado tomando el sol con Marta y me he quemado el pecho y la espalda.
-¿Mucho?
-Un poco pero creo que me va a molestar.
-Quítate la camiseta que te vea porque tengo dos cremas. Una hidratante y otra específica para después del sol.

Me quité la camiseta y Ángela negó con la cabeza.

-De poco nada. ¿No te has echado crema?
-Sí, pero no sé…
-Te va a doler y vas a despellejar después. Ten échate ésta.-dijo dándome un bote.- No mejor déjame que te eche bien en la espalda que no te vas a llegar bien.

Empezó e repartir la fría crema sobre mi piel caliente del sol y la ducha haciéndome recordar el momento vivido con Marta. Después me dio el bote para que yo me repartiera en el pecho. Me fui a poner la camiseta y me dijo que me esperara que terminara de absorberla. Así que para no pasearme por los pasillos sin camiseta me quedé un rato charlando con ella aunque no tocamos el tema de nuestros amores.

Se me había pegado el sol más de la cuenta y me molestaba la ropa. Más preocupado de otras cosas rechacé cuando marta me ofreció más crema y ahora sufría las consecuencias. Casi no salgo esa noche, pero me pareció mal dejar a Marta sola con Miriam y sus preguntas cotillas. Avisé que cenaba en la residencia y me pasaba a buscarlas pero que me había quemado y esa noche iría más tranquilo.

Las busqué en el bar donde habíamos quedado y me encontré a Marta de pie en una mesa alta junto a Miriam sentada en un taburete. Tras saludarlas le pregunté a Marta si no se sentaba y empezaron las dos a reírse.

-¿Qué pasa aquí?- pregunté extrañado.

Miriam me observó un instante y respondió:

-¿Te has quemado, Luis?
-Puff- me abrí la camisa un poco para que vieran el rojo intenso de mi piel- y también hombros, muslos y las mejillas.
-Pues Marta se ha quemado el culo…jajajaja.
-¿Qué crema nos hemos echado?
-No miré la protección y era nivel 10…-se explicó Marta.
-¿Y no te has quemado el resto?
-Ya lo tenía moreno. Se me ha quemado lo que tenía blanco. Es que nunca he usado un bikini de tanga…

Me fijé y Marta se había puesto un vestido suelto.

-Joder, el elástico de las bragas te estará matando.-comenté.
-Me he puesto tanga y una tonelada de crema.
-No des tantos detalles que uno no es de piedra, jajaja.- bromeé.
-Hablando de eso- terció Miriam- ¿Seguro que sólo estabais tomando el sol cuando llegué?
-¿Y qué íbamos a estar haciendo?- dijo Marta quitando importancia.
-Niña en topless, niño en calzoncillos…no sé yo.
-Ya quisiera yo…- dije como disculpa- pero nada de nada.
-Sólo dos amigos tomando el sol.- añadió Marta.
-Es que noto yo mucha complicidad vuestra últimamente.- dijo sospechando.
-La de dos amigos que han sido pareja y se llevan bien.- dijo Marta sonriéndome.
-Eso es lo raro. Discutíais a cada rato y ahora es todo rosas y hacer cosas juntitos. A mí no me engañáis. Estáis enrollados y me lo estáis ocultando.
-Si yo tuviera con esta preciosidad algo más que una buena amistad no estaba tomándome una cerveza contigo ahora.- dije mirando en realidad a Marta.
-De verdad, ¿tú has escuchado lo que ha dicho?- respondió Miriam ofendida.
-Sí, lo he oído. Y ha estado muy bien, jajaja.-contestó mi exnovia.
-Si os ponéis así me voy…vaya dos.
-Que estamos de broma, jajaja. Es para que veas que sólo estábamos tomando el sol.- se justificó Marta.

Seguimos el resto de la noche ya con otras conversaciones y con Marta de pie por lo que se cansó pronto así que siguiendo la ruta acompañamos a Miriam a su casa y después yo a Marta a la suya con tiempo de que no me cerraran la residencia. Al despedirnos le dije que hacía mucho que no la veía con vestido y que le quedaba muy bien. Y no era un cumplido. Llevaba un vestido de manga larga ajustado al pecho y con falda de vuelo hasta medio muslo. Con su tipín delgadita le hacía una figura muy bonita. Además como hacía fresco se había puesto un rebeca corta que se ajustaba a la cintura marcando aun más su cintura. No llevaba medias a pesar del fresco seguramente por haberse quemado las nalgas.

-Siempre con cumplidos, Luis, pero que sepas que me puesto vestidos hace poco, sería que no te fijaste.
-Tan bonito como éste no sería, porque todos te quedan bien y me habría fijado seguro.

Marta entonces pareció titubear. Dudaba en qué hacer o seguramente que decir. Estaba pensando en algo pero no se decidía. Miré el reloj y tenía el tiempo bastante ajustado para llegar a tiempo a la residencia así que me despedí de ella con dos besos y me fui con celeridad a la residencia. Pareció quedarse con ganas de decir algo pero ya me lo diría el lunes.

Cuando llegué a la residencia me cambié de ropa pero tenía la piel bastante irritada así que me fui al cuarto de Ángela para ver si me daba la crema y me echaba un poco antes de dormir. Me fui a su dormitorio y llamé a la puerta sin hacer mucho ruido pues ya era tarde. No me contestó pero comprobé que la puerta estaba abierta sin pestillo ni llave. Lo mismo dormía así que pensé entrar un momento a por la crema y ya se la devolvía por la mañana. Abrí la puerta con sigilo por miedo a despertarla y entré sin hacer ruido. A pesar de la tenue luz que entraba por la ventana desde la calle se veía suficiente como para darme cuenta que Ángela no dormía sola. Efectivamente vi dos cuerpos menuditos de mujer desnudos abrazados en la postura de la cuchara. Ángela detrás y Karina delante. Aunque mi amiga abrazaba a su novia por la cintura pude ver perfectamente uno de los pechos de ésta, más voluminoso que los de Ángela. Me quedé de piedra paralizado por le miedo a ser descubierto. Me di la vuelta, pero inconscientemente cogí el bote de crema de la mesa sin caer en la cuenta de que Ángela se daría cuenta por la mañana de que faltaba. Pero ya no iba a volver a devolverlo. Me alegraba por mi amiga. Ojalá le fuera bien.

Por la mañana desayuné con Víctor. Me preguntó si me iba a ir a mi ciudad en feria como el año anterior y le confirmé que sí, que me iba el viernes. Después entendí su interés más allá de la curiosidad de si cenaríamos juntos como casi todos los días entre semana. Quería que le prestara el cuarto para dormir con Lourdes. Le dije que lo hablaría con Marcos, pero que no habría problema que siempre se iba los fines de semana con Silvia dejándome el dormitorio sólo para mí.

No tuve noticias de Ángela en toda la mañana por lo que supuse que no se había dado cuenta de que faltaba la crema. Después de comer, yo solo, porque ni Marcos, ni Víctor ni la propia Ángela estaban en la residencia, me subí al dormitorio a echarme una siesta antes de salir a correr un rato por la tarde. Entonces llamaron a la puerta. Era Ángela. Venía algo cortada.

-Hola, Luis. ¿Anoche viniste a mi cuarto?
-Pues, sí…-contesté temeroso.
-¿Y qué viste?
-Dos niñas durmiendo.
-Joder Luis…
-No sabía que estabas acompañada, te lo juro. Llamé flojito porque era tarde y como no contestabas pensé que estabas dormida y me tomé la confianza de entrar a por la crema. Pero te juro que en cuanto os vi cogí el bote y me volví a mi cuarto.
-Si no es por mí. A mí me importa un rábano que me veas en bolas, Luis. Pero no quiero que Karina piense nada raro, ya me entiendes.
-Yo no se lo voy a contar a nadie. Estaba oscuro.
-Lo sé, Luis. Confío en ti, pero estoy tan insegura con ella…
-Bueno, ya habéis dado un paso ¿no? ¿Qué tal? ¿Bien?
-Muy bien…-respondió iluminándosele la cara. Por eso tengo tanto miedo.
-Te prometo que de mi boca no va a salir nada. Además que sepas que me alegro mucho por ti. Te lo mereces.
-Ain, Luis. Ahora tengo más miedo que antes…
-¿Te estás enamorando?

Ángela se puso muy colorada y cambió de tema. Para que se relajara la invité a tomar un café aprovechando que hacía buena tarde. A la vuelta fui a cambiarme para salir a correr un rato pero me llegó un mensaje que me petrificó:

-Luis, estás perdido. ¿Todo bien?

Era Claudia.

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