ANA SUR

Este es el inicio de como una pandemia se convirtió en todo un descubrimiento sobre mi sexualidad. Antes de nada procederé a hablar un poco sobre mi, a contextualizar mi situación… Me llamo Ana, tengo 24 años y soy del sur de España. En el momento en el que cuento este relato me quedan 4 asignaturas para acabar la carrera de Medicina y me encontraba de vuelta en casa de mis padres debido al estado de alarma.
Desde que empecé la carrera no vivo con ellos, ya que la Facultad está en otra ciudad. Normalmente vivo con 2 chicas que son compañeras de la carrera. Llevo con mi novio desde el verano de selectividad (Mala época para echarse novio si…). Él también estudia Medicina y como vive en la misma ciudad donde está la Facultad, siempre hemos tenido muy buena vida sexual, bueno… “buena”, para lo que yo entendía que era disfrutar del sexo… No soy ninguna mojigata, follábamos casi a diario, hacíamos sexo oral, en fin… Disfrutábamos como jóvenes que éramos… Pero poco a poco ese ímpetu del principio se fue perdiendo y actualmente lo hacíamos más por rutina que por deseo…
En estos momentos todos querréis saber cómo soy físicamente, detalles… Pues a ver, no voy a mentir. Nunca he sido la más ligona del grupo de mis amigas, siempre he sido una chica que ha pasado desapercibida, muy delgadita, castaña, con el pelo largo, liso, ojos marrones… En fin, una chica normal. Pero desde que empecé a darle caña al Crossfit, he de decir que donde antes había una chica delgada sin gracia, cada vez me veía más atlética, mejores muslos, mejores nalgas y aunque mis tetas seguías siendo igual de pequeñas, ahora me atrevía a lucir escotes vertiginosos sin sujetador, para lucir un abdomen definido y musculado.
Acabada lo que me parece una buena composición de lugar sobre mí, pasaré a relatar la primera parte de mi historia. Llevaba ya más de un mes de confinamiento, a finales de abril, cuando decidí salir a la terraza a tomar el sol. Aquí en el sur por estas fechas si hace bueno ya se puede aprovechar para ir cogiendo buen color para el verano. Tengo que decir que me daba un poco de vergüenza, puesto que desde que salí de casa para ir a la Universidad no conozco demasiado a los vecinos de alrededor. Mis padres viven en una urbanización cerrada que es como una pequeña familia, así que bueno, tampoco tenía que ser dramática…
Me coloqué un bikini azul marino de hacía varias temporadas, uno de esos que no tiras por pena, total, solo quería coger un poco de color. Hacía un tiempo perfecto, ya que podía notar como el sol calentaba mi piel al tiempo que una brisa fresca suavizaba el impacto de los rayos… En esas no pude evitar pensar en mi novio. Hacía ya más de un mes que no sentía sus manos recorrer mi cuerpo, su lengua acariciando mi entrepierna… Estaba tumbada boca arriba en una silla plegable, así que cerré los ojos y dejé mi mente volar…
Me imaginé en mi azotea, cabalgando la polla de mi chico, tenía tantas ganas de sentir su pene atravesándome que empecé a sentir como la parte inferior del bikini se humedecía. Crucé un poco las piernas, apretando con mis muslos los labios de mi sexo. Y noté la tela de mi bikini rozando mis labios vaginales, hinchándose por momentos. Sentí placer. Quería más…
No pensé, directamente me llevé una mano al interior de mis muslos y comencé a apretarme los muslos con mis dedos. Imaginaba que era la lengua de mi novio subiendo por mis piernas, lamiéndome cada poro de mi piel… En esas mis tetas estaban ya muy duras. Tengo unos pezones pequeños, morenos pero de bastante grosor… Sentía como mis pezones querían agujerear la tela, salirse de ellos. El roce era tremendo, y cuando más presión sentía, más me empapaba la entrepierna.
No pude evitarlo, y subí mi mano izquierda hasta una de los tetas. Primero la izquierda. Metí mi pezón entre las falanges de mis dedos índice y corazón, y lo apreté… Joder, sentía como si un rayo me rompiera el pezón por dos… Apreté más y sí… Gemí… Gemí como si fuera una gatita en celo y supe que no podía parar.
Dirigí mi mano derecha a mi coño, ya por esas chorreando y empecé surfeando mis labios con mis dedos, los rozaba por encima de la tela… Cada paso que cada sentía como la tela dejaba de poder absorber todo el flujo que salía de mí y mis muslos empezaban a manar ese liquido transparente y espeso que salía de mis entrañas… Apreté más, hasta que presioné con mi pulgar el botón del placer, mi clítoris, lo hundí con tantas fuerzas que la tela penetró dentro de mi… Me iba a correr, allí mismo. No había remedio, no había vuelta atrás…
Y lo hice, agarré a la misma vez con ambas manos, uno de mis pezones y mi clítoris por encima del bikini con mis dedos índice y corazón… Los apretaba tanto que tuve que abrir la boca ahogando un grito… Abrí las piernas alrededor de la tumbona, completamente expuesta y en esas me corrí… Mi vagina se contrajo, mis tetas se endurecieron y sentí como mi cuerpo se desquebrajaba por el placer…. Suspiré, dejé salir todo lo que llevaba dentro. La tensión de los días de incertidumbre, la falta de sexo… todo. Y abrí los ojos…
Allí estaba él. Alto, moreno, con una barba ya canosa, ojos negros, penetrantes, media sonrisa burlona, fornido, con una cerveza en la mano. Disfrutó del espectáculo… Nuestras miradas se cruzaron y me sentí desnuda. Veía como pasaba sus ojos desde mis piernas hasta los mis ojos. Me quedé paralizada. Algo dentro de mi quería huir… Pero esa mirada, esa boca, esa sonrisa…
Me coloqué el bikini, como una niña que juega en la arena… subí las piernas a la tumbona. Lo miré, estaba diciendo algo… “Z…o…r…r…a”. Y así, cerré los ojos y caí en el sueño más placentero que recuerdo en mi vida…

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