FERNANDO

—Ummmm, buenos días cariño mío, susurró Blanca en mi oído, ¿Estas más tranquilo? ¿Has descansado bien?

—Si, me he despertado hace un rato…esto, Blanca ¿Por qué estamos desnudos? Hemos…tú y yo hemos…

—¿Follado?, no cielo ni mucho menos, solo que deseaba sentirte como cuando estábamos juntos. Ayer no estabas para juegos, estabas tan nervioso tan furioso que tuve que darte un tranquilizante y echarte a dormir.

—Joder, desde que recibí el maldito wasap de esa zorra tengo muchas lagunas.

—Tuviste creo una reacción lógica, creo que tu cabeza, tu cuerpo, tus sentimientos no pudieron soportar todo lo que viviste ayer y explotaste. No consigo imaginarme por lo que tienes que estar pasando.

Me puse de lado y en la penumbra mire a Blanca. Nos abrazamos con fuerza y enredamos nuestras piernas rozando nuestros sexos. Mi pene se quedó ente nuestros cuerpos y vi el brillo de deseo en sus ojos, mi boca buscó la suya y nos besamos con cariño, pero comiéndonos la boca y juntando nuestras lenguas con fogosidad. Empezaba a estar muy excitado y mi cuerpo reclamaba follarse a ese bellezón aunque mi cabeza solo hacía que pensar en Ana.

Blanca se separó algo de mí y metió una mano entre nuestros cuerpos agarrando mi verga, dura como el acero, empezándola a masturbar delicadamente. Un escalofrió de placer recorrió mi espalda y me hizo gemir.

—Ven mi amor, túmbate boca arriba. Dijo Blanca con cariño.

Todavía me acordaba de que es lo que le gustaba a Blanca en el sexo, de acuerdo que en estos años podía haber cambiado, pero empezar con un 69 para quedarnos los dos a punto y luego cabalgarme, era lo que más le gustaba. Cuando me tumbé, apartó el edredón y mi polla se mostró ante ella en su máximo esplendor.

—¡¡JODER!! ¿Te ha crecido? No la recordaba tan grande…ummmm…¡¡que delicia!! Exclamó Blanca.

Como imaginaba según empezó la mamada, se arrodilló dejando mi cara entre sus piernas e invitándome con un sensual movimiento de caderas a que me comiese ese manjar. Su olor enseguida lleno mis fosas nasales, ese olor a hembra ardiendo no se me había olvidado, y acariciando ese precioso par de nalgas hundí mi cara en ese paraíso y me dediqué a lamer y chupar todo lo que me ofrecía.

Después de unos cuantos minutos me tenía a punto. Las caderas de Blanca eran un baile continuo unido a sus gemidos con mi polla en su garganta hasta que se lo dije, como siguiese así me iba a correr.

—Blanca…como sigas…ufff…como sigas me corro.

Volví a hundir mi cara entre sus piernas y mi lengua se dedicó a follarla mientras un dedo se metía en su culito. Blanca se dejó caer sobre mi cara mientras gritaba presa de su orgasmo que empecé a beber con gusto. Eso hizo que ya no aguantase más y exploté en su boca.

—Blancaaa…me corrooooooo…ummmffff…diooooos…tomaaaaa.

Mis caderas se elevaron follandome la boca de esa mujer que se tragó mi corrida sin rechistar. No sé a qué pudo ser debido, pero no recordaba un orgasmo tan intenso y brutal como ese. Nos quedamos los dos recuperándonos, Blanca besaba mi polla con mimo, y yo besaba sus ingles con cariño. Aun en penumbra se adivinaba su perfecto culo y ese coñito pequeño y cerradito que poseía esa mujer. Se incorporó y se tumbó sobre mi besándome con ternura, la abracé contra mí, me encantaba sentir su cuerpo.

—¿Cómo te encuentras cielo? ¿Estás bien? Preguntó Blanca con cariño.

—Me encuentro perfectamente, dios ha sido increíble Blanca.

En esos momentos me hubiese gustado que Ana me viese con otra mujer, sé que eso la mataría porque me lo dijo en su momento. Como un flash en mi cabeza saltó la idea, iba a follar con Blanca delante de Ana, no iba a ser complicado, pero ¿Y Blanca? ¿Querría hacer eso por mí? Y luego había algo que me preocupaba. Blanca se comportaba de manera muy amorosa conmigo, estaba claro que íbamos a follar pero lo que no quería es que se crease falsas esperanzas de que podría volver con ella, tenía que aclararlo antes de que fuese tarde.

—Blanca, te estoy muy agradecido por todo lo que estás haciendo por mí, no me lo esperaba de veras, pero antes de que lleguemos a más, quiero dejar algo muy claro, esto que está ocurriendo no va a hacer que vuelva contigo.

Blanca reaccionó con tranquilidad, no hizo ninguna escena de decepción ni nada de eso, solo se limitó a mirarme con cariño, acariciar mi cara y besarme con ternura.

—Soy de las que piensan que un clavo no saca otro clavo y menos con un clavo que te hizo mucho daño en su momento. No pretendo que vuelvas conmigo, solo quiero ayudarte, pero…pero ahora eres mío, déjame disfrutar de ti, te he echado muchísimo de menos.

Aunque hacia relativamente poco que ambos nos habíamos corrido, mi verga estaba lista para follar a esa mujer que desnuda como estaba encima de mi frotaba su cuerpo contra mi polla haciendo que estuviese a punto. Se incorporó y miró entre nuestros cuerpos para seguidamente mirarme con picardía, entonces hizo algo que no esperaba de ella, que no era su estilo. Se tumbó boca arriba, abrió mucho sus piernas y me pidió que la follase a lo misionero.

—Fóllame mi amor, párteme en dos con tu pollón.

No me hice de rogar, me puse entre sus piernas y lamí un par de veces ese coñito. Apunte mi polla y me dejé caer, entró sin problema, mientras Blanca echaba su cabeza hacia atrás y ponía sus ojos en blanco.

—Diooooos que ricoooo…asiiiiii mi amoooor…rómpeme…follame con fuerza…asiiiiiiii…asiiiiiiii.

Empecé a follarla con rabia, dejando que la ira, la cólera que tenía en mi interior se disipase a través de la follada que estaba dando a Blanca. Ella al notar mis embestidas se aferró a mí con brazos y piernas mientras emitía gemiditos de placer en cada pollazo que le daba. Estaba fuera de mi cuando noté como Blanca entre convulsiones me aprisionaba contra su cuerpo casi sin dejar que me moviese y exprimía mi balano con los músculos de su vagina.

—Me corrooooo…me corroooooooooo…no pareeeeees…¡¡AAHHHHHHHH!!

Tuvo un orgasmo larguísimo, disfruté viendo su cara de placer. Cuando empezó a relajarse empezó a besarme, besos húmedos, lascivos, juntando nuestras lenguas. Me miraba con un cariño que me desarmaba, mientras mi polla seguía en su interior, dura, esperando que relajase su coñito para poder moverme. Cuando pude hacerlo me salí de su interior con suavidad y me senté a su lado apoyando mi espalda en el cabecero.

—Ven cariño, cabálgame. Le dije dándole la mano.

Blanca se puso a horcajadas y ella sola se empaló hasta que no había más polla que meter, mis manos se fueron a sus nalgas aprisionándolas con mis manos y haciendo que sus caderas bailasen sobre mi verga. Mis dedos jugaban con su anito, que boqueaba pidiendo algo para sí. Mi boca se apoderó de esas perfectas tetas, chupando sus pezones, mordisqueándolos. Me encontraba como hacía tiempo que no me sentía. Blanca sabia moverse como una serpiente, cimbreaba sus caderas y con los músculos de su vagina hacía que mi polla estuviese continuamente exprimida y mimada, mi orgasmo no iba a tardar..

—Cari…ño…diooooos no pareees, decía Blanca, me…me voy a correeeer o…otra veeez.

—Y yooooo…Blanca, me corrooooooo.

Los dos explotamos como volcanes y mi polla empezó a llenar de semen el útero de Blanca, que gritaba su orgasmo en mi boca mientras se la metía hasta los mismísimos huevos y me abrazaba a ella. Blanca pasó sus brazos por mi cuello y ese beso lo hizo eterno, éramos como dos animales sedientos de sexo, sedientos de ambos.

—Mi vida, siempre has sido increíble, pero esto ha sido asombroso. Le dije jadeando.

—No quiero que te vayas, hoy no. Dijo Blanca besándome con ternura por la cara.

Era cierto, se supone que en un par de horas debería montarme en el AVE e irme a Málaga con mi “abnegada mujercita” pero la verdad es que no quería verla, ni deseaba hablar con ella. Si por mi fuera haría como con Carlos, mandaría a alguien y que se fuese de mi casa, pero no, tendría que ser más frio con ella y llevar a cabo mi venganza si es que Blanca quería ayudarme.

Blanca se incorporó y con cuidado saco mi polla de su cálido interior. Una pequeña catarata de semen y fluidos de ella cayó sobre mi pubis, Blanca me miró mordiéndose el labio con deseo.

—Anda mi amor, vamos a ducharnos y a desayunar. Me dijo tirando de mí.

Ya en la ducha fue inevitable volver a follar con esa preciosidad de mujer. Hacia posible que en mi humillación y mi desgracia fuese capaz de hacerme olvidar por completo a Ana y me centrase en ella y en su placer que me devolvía multiplicado por mil. Aunque me encontraba muy a gusto con Blanca sabía que esto no era una solución y debería centrarme en lo que quería hacer con mi vida y en esos momentos ni Ana ni Blanca formaban parte de ella.

Al llegar a la cocina vi mi teléfono móvil que Blanca amablemente me había puesto en carga. Pero cuando lo fui a coger ella se adelantó y me lo escondió tras su cuerpo.

—Luis, antes de que mires tu teléfono he de advertirte que cuando estabas dormido llegó otro mensaje de la tal Bea. Se que es difícil, pero mentalízate que vas a ver algo que de seguro no te gustará.

En efecto otro mensaje de esa zorra vino a amargarme la mañana esa mañana que había empezado muy bien. El mensaje venia acompañado de algunas fotos de Carlos follando con Ana y otros haciendo un trio Ana, Bea y Carlos y luego otro mensaje de texto «Como ves, Carlos ya se ha follado a Ana y no solo una vez, muchas veces y yo también he disfrutado de ella. Estaba anunciado que iba a pasar, pero tú no quisiste aceptarlo. Ahora ya sabes la clase de puta que vive contigo. Hasta nunca, cornudo»

Luego me fijé que tenía cinco wasap de Ana y dos llamadas perdidas, todo ello desde las 7.30 de la mañana hasta casi las once que eran en esos momentos. La última llamada era cuando me follaba a Blanca en la ducha y eso de alguna manera me alegró. Pero del jueves desde que me fui hasta ese primer wasap el viernes por la mañana, Ana no había dado señales de vida. Quise llamarla en ese momento, pero Blanca me detuvo y me quitó el teléfono con delicadeza.

—No cariño, ahora no es el mejor momento, estas dolido y puede ser que digas algo o te enciendas y termines gritándola. Tienes que mantener la sangre fría, guardar tu rencor y tus sentimientos y luego hablar con ella.

—¿Y por qué debo de hacer eso? ¿Qué gano yo?

—Te conozco Luis, dijo Blanca abrazándome, sé que quieres algo más, quieres que sufra, que pase por lo que estas pasando tú, quieres verla llorar de impotencia y que sienta que te ha perdido para siempre.

—Blanca sé que lo que te voy a pedir es muy fuerte, pero me gustaría saber si puedo contar contigo.

—¿Que…que me vas a pedir?

—Quiero que Ana me vea follando contigo, en mi casa y en mi cama.

—¡¡¿ESTAS LOCO?!! VAMOS NI DE COÑA, NO CUENTES CONMIGO PARA ESO.

—Blanca me lo debes por lo que me hiciste, dije muy serio, además, sé que esto te excita, te da morbo, acuérdate que te follaste a otro tío delante de mí en nuestra casa y en nuestro comedor.

—Joder Luis, no seas cabrón, no me hagas esto.

Sabía que lo haría, esa voz de desesperación me lo anunciaba, sabía que no se podía negar.

—Te aseguro que lo vas a disfrutar, además serian unas pequeñas vacaciones con todos los gastos pagados.

—¿Y si a Ana le da por ponerse violenta? Preguntó Blanca con preocupación.

—Te aseguro que su carácter no es violento. No hará nada. Además como bien dijiste es muy sumisa.

—¿Y cuando quieres hacerlo? Me tengo que preparar, no es fácil.

—La semana que viene, más tarde no creo que aguante sin lanzarme a su cuello, además quiero pasar el menor tiempo posible con ella. ¿Tienes posibilidad de pedir unos días de vacaciones?

—Luis me lo estas poniendo muy difícil, es muy poco tiempo…aunque, ya sé lo que vamos a hacer, dijo Blanca iluminándose su rostro. ¿Tu mujer no se lo montó con dos? Pues hagámosle lo mismo, que te pille con dos mujeres en vuestra cama.

—¿Ah sí? Y dime Blanca, ¿Qué mujer va a ser la segunda en discordia?

—Eso déjamelo a mí, ya tengo a la candidata y seguro que te va a encantar.

En ese momento entraba otro wasap de Ana haciéndome ver lo preocupadísima que estaba ya que no contestaba ni a sus mensajes ni sus llamadas. Lo ignoré y le dije a Blanca que llamase a su empresa y me dijese si podía venirse conmigo el domingo por la tarde a Málaga. No tuvo ningún problema en pillarse unos días y estar conmigo. Luego sé que hizo otra llamada y habló con esa amiga suya. Estuvieron un buen rato hablando mientras yo desayunaba y ella tomaba un café. Al final vino con una gran sonrisa y me besó de forma lubrica.

—Arreglado, el sábado por la noche viene Angela a cenar a casa y así os conocéis, ya que vais a follar es lo menos que puedo hacer por ella. Sabes, esto cada vez se pone más interesante, me gusta. Dijo con picardía.

No me quedó más remedio que llamar a Ana y comunicarle que no podría ir hasta el domingo. Fue una conversación carente de afecto por mi parte y muy áspera. Aunque Blanca me decía por lo bajo que fuese más amable, lo siento, la rabia me podía hasta que casi terminando Ana se echó a llorar.

—La verdad, decía entre hipidos, te noto muy distante, muy frio, como si yo tuviese la culpa de algo. Yo solo quiero estar contigo y ahora encima me dices que no vienes hasta el domingo. Rompió a llorar Ana de nuevo.

—Sabes Ana, lo que me pregunto yo como es que desde ayer que me marché de casa por la mañana temprano, hasta hoy a las 7.30 de la mañana, ni hay ningún mensaje tuyo y ni una llamada. ¿Tan ocupada estuviste ayer, que ni te acordaste de mí? Esa, no es tu manera de ser.

Se que esa última pregunta la dejó más preocupada aun, tardó unos segundos en responder y soltó creo la respuesta más lógica y más estúpida.

—Bueno, tú también podías haber llamado, ¿No?

—Por supuesto, pero la Ana que yo conocía y de la que estaba enamorado según me subía al tren ya estaba llamándome. Nos veremos el domingo por la noche. Adiós Ana.

Y di por terminada la llamada, la rabia, la ira y los celos me estaban consumiendo. Mire el wasap y vi que Ana estaba en línea, imagino que chateando con la zorra de Bea, que de seguro estaría disfrutando mientras le contaba que yo estaba muy raro y que había sido muy borde con ella. Blanca me saco de mis pensamientos.

—Desde luego eres muy borde Luis, me reprendió Blanca, podías haber sido un poco más diplomático y amable.

—Lo siento, según estaba hablando con ella acudían a mi cabeza las imágenes de lo que vi y las fotos que me mandó esa puta, es imposible, no puedo fingir.

Blanca me miro y entendió mi forma de actuar. Para mí no era fácil hablar con Ana sabiendo por mi parte que todo había acabado entre ella y yo. Llamé a mi empresa y les dije que por un asunto personal no podría conectarme hasta el lunes por la mañana y estaría ilocalizable. No me pusieron ninguna pega y me dispuse a pasar tres días de sexo en Madrid, de Ana, ni me quise acordar.

Esa mañana Blanca se encargó y muy bien de que me olvidase de la puta de mi mujer. Tuvimos todo el sexo que pudimos y quisimos. Por la tarde nos fuimos a dar una vuelta, luego estuvimos en el cine y por último la invité a cenar. Me estuvo hablando de su amiga Angela la que nos iba a acompañar en el trio, me la describió y solo me quede con tres cosas, morenaza guapísima, ojos verdes y tetas impresionantes.

No sería sincero con vosotros si dijese que en ningún momento no me acordé de Ana, hubo muchos momentos y siempre me preguntaba que si estaría follando con esos maromos o follandose a otros, porque ya me esperaba todo de esa mujer.

El viernes por la noche solo recibí un mensaje de Ana «Estoy muy preocupada y no dejo de llorar. Se que ocurre algo, pero no logro adivinar qué. Necesito hablar contigo. Te quiero.» Quizás me comportase egoístamente pero por nada del mundo esa zorra me iba a fastidiar mis días con Blanca. Quise ser diplomático y no escupirla que deseaba destrozarla así que le mandé un mensaje escueto y sin sentimiento. «Estoy muy presionado por el trabajo. Cuando llegue hablaremos»

El sábado por la noche por fin conocí a la que iba a ser mi segunda “partenaire” en la cama. Blanca me mandó a recibirla y cuando abrí la puerta todo lo que me había contado de ella era poco. Era un mujerón, casi algo prohibido, era como una actriz porno que me sonrió y entrando me miró divertida. Podría entrar en todos los detalles de esa cena, conversaciones picantes, divertidas hasta que al final terminamos los tres desnudos en la cama. Ver a esa mujer sin ropa era de lo más afrodisiaco y unido a Blanca creo afirmar que fue una de las mejores noches de mi vida, nunca había hecho un trio con dos mujeres y fue algo impresionante.

El domingo a las 19.30 estábamos en la estación Puerta de Atocha preparados para irnos a Málaga. El viaje fue tranquilo, tanto Blanca como Angela, estuvieron entreteniéndome para no recordar que dentro de unas horas tendría que entrar en mi casa y poner buena cara ante Ana. Sobre las 22.30 entrábamos en la estación de Málaga, nos montamos en un taxi y las llevé a uno de los mejores hoteles que además se encontraba cerca de mi casa. No me quedó más remedio que llamar a Ana para decirle que ya había llegado y que dentro de un rato estaría en casa. Quedamos en que al día siguiente hablaríamos y veríamos como y cuando hacerlo, de momento ellas se iban a arreglar e iban a tomarse algo por los alrededores del puerto y a tantear el ambiente.

A mí no me quedó más remedio que irme a mi casa. Si por mi hubiese sido creo que me habría ido con esas dos golfas que de seguro irían a pescar a algún o algunos infelices que les invitasen y si se daba el caso follárselos. Camino de casa me tuve que mentalizar, iba a ser duro, lo que vi el jueves por la mañana en mi casa no se me quitaría de la cabeza en la vida, pero pensé en que ella vería lo mismo y eso me mantuvo firme, pero cuando entre de nuevo en esa casa el mundo se me vino encima y más cuando Ana vino corriendo y se abrazó con fuerza a mi llorando.

—Cariño no sé qué pasa pero estoy asustada. Pareces un extraño que no me conoce y creo que algo malo va a ocurrir…¿Qué es lo que está pasando?

Me tuve que inventar una historia sobre una adquisición de una empresa farmacéutica y que nos habían hecho una OPA hostil y por eso estaba en ese estado de nervios. No dejó de abrazarme, de intentar besarme, pero a mi cabeza acudían las imágenes de su traición una y otra vez y era imposible, no podía. Al final me excusé, me fui a la ducha y luego me metí en la cama.

Sinceramente pensé que sería más sencillo, que mis ganas de venganza superarían todos mis miedos. El martes por la mañana fue el día perfecto, Ana se fue a su clase de pilates y me dijo que estaría en casa a la hora de comer. Con una tranquilidad pasmosa vacié su armario e hice sus maletas con toda su ropa y todas sus pertenencias. No quería que después de que nos “pillase” se quedase en casa más de lo necesario.

Cuando llegaron Blanca y Angela y nos sentamos en el sofá nos confesamos que estábamos muy nerviosos. No es lo mismo saber lo que vas a hacer y entender que te van a pillar haciéndolo, a hacerlo sabiendo que estas en el más puro secreto y solo vas a disfrutar. Eso de alguna manera me condicionó. Tanto Angela como Blanca venían vestidas de una manera que se la pondría dura a un muerto, pero yo estaba en tal estado de nervios que ni tuve la más mínima erección. Intentamos tranquilizarnos, Angela era la que parecía más tranquila y sugirió que nos desnudásemos y empezásemos.

Se que no tuve imaginación, pero les dije que quería la ropa esparcida por el salón, como cuando yo entré y me encontré la misma escena, quería que ella sintiese lo mismo. Cuando nos encontramos desnudos, se supone que mi polla debería estar en todo su esplendor, solamente ver a esos dos bellezones sin nada de ropa ya era uno de los mayores alicientes, eso y saber que me las iba a follar…pero nada, aquello no se ponía duro ni a tiros. Angela se arrodilló delante de mí y se metió mi flácido pene en su boca empezando una mamada, pero sin resultado alguno.

—¡¡Tenemos un problema!! Dijo Angela con preocupación.

—Bueno, vamos a tranquilizarnos todos, dijo Blanca. Vamos a hacernos un café y nos vamos a calmar. Veréis como todo sale bien.

Era algo cómico, que hasta me hizo sonreír, dos mujeres y un hombre desnudos en una cocina haciéndose un café cuando deberían de estar en la cama dándolo todo. Angela salió de la cocina y me dio una pastilla.

—Tómate esto cielo. Es una pastilla de Cialis, veras como dentro de un rato tienes la polla como un bate de beisbol.

Al final me di cuenta que era tan estúpido que el sentimiento de culpa que tenía me impedía ser natural, pero ¿Culpa? ¿Culpa de qué? Yo no había hecho nada malo, de acuerdo que iba a hacerlo, pero siempre había sido sincero y fiel a Ana, era ella la que me había engañado y era ella la que había decidido arriesgar nuestra relación y llevarla a un punto sin retorno. Yo no debería de tener ningún cargo de conciencia.

No sé, esos pensamientos, unido a la pastillita de marras y a que tenía el culito de Blanca en primer plano, tentador y moviéndose con deseo hizo que mi verga alcanzase una erección dolorosa. Angela fue la que felinamente se agachó y me dio un par de soberbias mamadas, que me hicieron gemir como un primerizo, se levantó y agarrándome por la parte más protuberante de mi cuerpo en ese momento me arrastró a mi habitación.

—Vamos a follar, tenemos algo que hacer y se nos echa el tiempo encima. Dijo con sensualidad.

Para cuando Ana llego a casa y nos “pilló” en la cama, yo estaba follandome el culo de Angela. Yo escuche la puerta de entrada y el corazón se me aceleró, pero debido a los gritos de placer que daba Angela mientras le comía el coño a Blanca, doy por sentado que ellas no escucharon ni el ruido de la puerta, ni la tímida y llorosa pregunta de Ana al vernos así.

—¿Qué…que haces Luis?

Yo solo la miré y vis sus ojos inundados y sus manos en la boca intentando apagar el grito que iba a meter. Eso me dio mucho morbo y cuando Angela se estaba corriendo empecé a correrme yo también llenando su culito de semen calentito. Eso sé que a Ana le dolió, le dolió como a mi verla corriéndose con esas pollas en su interior.

—¡¡ERES UN HIJO DE PUTA MALNACIDO!! Gritó Ana a pleno pulmón.

Desapareció de la puerta del dormitorio y la escuche llorar con desesperación en la cocina. Mi polla seguía dura como el acero y la saqué del interior del culo de Angela, me levanté, agarre mi móvil, me puse una camiseta, unos pantalones cortos y me fui en busca de Ana. No sé por qué tanto Angela como Blanca se metieron en el cuarto de baño asustadas, a ellas no les iba a ocurrir nada.

La encontré en la cocina con sus brazos apoyados en la mesa y su cara entre ellos. Cuando notó mi presencia levantó su cara y me miró con odio.

—Como…como me has podido hacer esto, afirmó, después de lo que he hecho por ti. Eres un cerdo, un asqueroso, no entiendo cómo me he podido enamorar de ti, degenerado…con dos mujeres a la vez. Lloraba con amargura.

—El jueves pasado, empecé diciendo, antes de subirme al tren que me llevaría a Madrid, me llamó el director comunicándome que la reunión se aplazaba hasta otra ocasión.

En ese momento capté toda la atención de Ana que dejó de llorar y me miró con miedo.

—Tomé un taxi y vine a casa a dejar mi maleta, pero cuando entre lo primero que escuché es tu grito anunciando que te corrías. Vi toda la ropa tirada por el salón y cuando vi lo que ocurría en nuestro dormitorio me eche a llorar por tu traición.

Ana volvió a llorar mientras le mostraba mi móvil y el video que había grabado, donde se escuchaban sus gemidos y sus orgasmos mientras esos animales la follaban. Sus ojos miraban el teléfono y me miraban a mi negando con la cabeza.

—Cariño esto no…esta no…no soy yo.

—Si, seguro, dije con ironía, seguro que es tu hermana gemela. Pero para cerciorarnos y no llamarnos a engaño, tu querida amiga Bea se aseguró que, por si acaso no me había enterado, con estas fotos y este video me enterase bien de tu infidelidad. Y ahora dime que no eres tú. Seguro que tu “amiga” no te informó que me había enviado un documento gráfico de tu traición y además un texto muy explícito.

Ana ya no sabía dónde meterse ni que cara poner. Solo miraba mi teléfono móvil una y otra vez viendo lo que era más que evidente.

—Mi amor por favor vamos a hablar, no me dejes te lo ruego, me moriría sin ti. Lloraba Ana viendo eso.

—Solo dime cuantas veces me has engañado. Pregunté con malicia.

—Solo lo que has visto, no ha habido ninguna más.

—¿Y te parece poco? Ana, me has engañado, humillado y despreciado y yo solo me he limitado a amarte. Pero lo que no aguanto es que me mientan y sabes que ahora mismo lo estás haciendo.

—TE JURO QUE NO CARIÑO…YO…

—¡¡CALLATE PUTA!! CADA VEZ QUE ABRES LA BOCA MIENTES. Grité furioso. MIRA LO QUE ME MANDÓ TU AMIGA DEL ALMA.

Le enseñé las fotos de Carlos follando con ella y con Bea y el mensaje de texto que le acompañaba y ahí fue cuando Ana terminó de derrumbarse. No sabía que decir, solo lloraba y lloraba, pero no fui clemente con ella.

—No quiero volver a verte, quiero que salgas de mi vida, ahora mismo. Dame las llaves y las tarjetas de crédito que tienes asociadas a mi cuenta corriente. Tienes las maletas hechas, así que vete ahora mismo de mi casa. Necesito olvidarme de ti cuanto antes.

Ana lloró, rogó, me suplicó, se arrodilló delante de mí abrazándome las piernas…era hasta grotesco, Ana arrodillada delante de mí sabiendo que nuestra relación se había desintegrado, llorando como creo que nunca la había visto llorar y yo delante de ella y con una erección imposible de bajar debido creo a la puñetera pastillita.

No, no fue fácil ni sencillo romper una relación idílica de casi cinco años con una de las mujeres más maravillosas que había conocido. Cuando cerré la puerta supe que todo había acabado, que ahora tendría que rehacer mi vida pero estando solo. En esos momentos no quería a ninguna mujer en mi vida. Mi corazón había saltado en mil pedazos y me costaría una eternidad, volver a juntar y pegar todos y cada uno de los cachitos.

Cuando entré de nuevo en mi dormitorio vi a Blanca y a Angela vestidas y sentadas en la cama. Me miraban disgustadas y para ser sinceros mi erección se había bajado y mi líbido se había ido al infierno. No creo que seguir follando en esas circunstancias hubiese sido buena idea.

—¿Cuándo os habéis vestido?

—Cuando estabais discutiendo en la cocina, hemos ido a por nuestras ropas. Dijo Blanca con tristeza.

—Si, creo que esto no ha sido muy “excitante” mejor vamos a vestirnos. Dije con tristeza.

—Ehhh…Luis, nosotras nos vamos al hotel, creo que tú debes de ir a tu oficina y creo que también debes de pensar en todo lo que ha pasado y hacerte una pregunta. Si Ana te quería tanto, ¿Por qué ha ocurrido esto? Piénsalo.

No me hizo gracia quedarme solo. Justamente en esos momentos me hacía falta más compañía que nunca, mi casa se me vino encima en los minutos en que me quede callado y ya no se escuchaba ni la voz de Ana ni sus risas. Creo que la tristeza y la soledad que me invadió en esos momentos fue igual de amarga y desesperante que descubrir que la mujer que amaba era una golfa.

Me duché rápidamente y salí de esa casa corriendo. Lo primero que hice fue ir al banco y anular todas las tarjetas que eran de Ana y allí mismo cambié mi contraseña de operaciones a través de internet. Se que Ana tenía su propia cuenta corriente y además un fondo de inversiones con una generosa cantidad de dinero, no le iba a faltar liquidez, pero desde luego no quería que gastase mi dinero, nuestra ruptura ya imponía ciertas restricciones. Cuando llegué a mi oficina, aparte de las preguntas de rigor preguntándome que me había ocurrido, me puse al día con papeleos e informes, pero al poco apareció el director y se sentó frente a mí en mi despacho.

—Para haber estado sin venir desde el jueves tienes mala cara, ¿A ocurrido algo? ¿Tienes algún problema? Preguntó el director.

De siempre separé mi vida privada de mi trabajo. En mi empresa nadie sabía de mi relación con Ana y nunca apareció por allí, así que no tenía que dar ninguna explicación.

—Nada importante, cosas relacionadas con la familia, mis padres empiezan a estar mayores. Inventé sobre la marcha.

—Entiendo, dijo el director por compromiso. Luis no me voy a andar con rodeos. Los peces gordos de Estados Unidos me están presionando mucho y te quieren con ellos. Mi consejo es que te vayas allí, no te vas a arrepentir y vas a vivir muy, muy bien te lo aseguro.

Casi estuve a punto de decirle que si en ese momento, pero quise pensarlo en frio. Todavía tenía el bajón de la ruptura con Ana y no quería tomar una decisión que a la larga hiciese que me arrepintiese. Aunque lo que estaba haciendo, lo podía hacer desde casa perfectamente, no deseaba irme allí, aunque sé que tarde o temprano tendría que hacer frente a estar de nuevo en esa casa solo y con un montón de recuerdos.

Mi teléfono sonó en esos momentos y vi que me llamaba Blanca, charlamos un rato y se interesó por mi estado de ánimo. Quedamos esa misma tarde para vernos ya que Angela se marchaba a Madrid y la iríamos a despedir a la estación, que menos después de lo que había hecho por mí. Blanca se quedó un par de días más, hasta que se aseguró que estaría bien, en esos días me dio cariño pero no follamos y he de reconocer que se portó como nunca creí que lo hiciera. Ya en la estación a punto de subir al tren se abrazó a mí con fuerza y me besó.

—Luis, me ha encantado volver a verte y a sentirte, dijo riéndose. Aunque sé que me dijiste que no volverías conmigo y que segundas partes nunca fueron buenas, me gustaría que pensases en mi como una alternativa.

No me lo podía creer, Blanca arrastrándose, pidiendo amor, eso me sonaba a que la edad empezaba a decirle que se espabilase o se quedaría sola. Ya no era una joven de 25 años alocada que hacía putadas a los hombres sin importarle si sufrían por ella o no.

—Blanca, nunca te estaré lo suficientemente agradecido por todo lo que has hecho por mí en estos días. Pero tú y yo llevamos vidas separadas, no creo que sea buena idea volver a juntarlas, además, tú tienes tu vida en Madrid y yo en breve me marcho a Estados Unidos a trabajar en la central de mi empresa.

—Bueno, fue bonito mientras duró. Dijo Blanca con tristeza. Si vienes alguna vez por Madrid llámame aunque solo sea para saber de ti.

Me besó por última vez y subió al tren. A las dos semanas tomaba un avión rumbo a Nueva York, donde empezaría una nueva vida e intentaría olvidar a Ana y su traición.

**********

Ya llevaba cinco meses en Nueva York. El cambio de vida, de horario, de ambiente fue brutal. Tengo que reconocer que mi empresa se portó conmigo de una manera que me impresionó desde el momento que me bajé del avión. Tenían todo programado para mí y no dejaron nada al azar. Primero me llevaron a la que sería mi casa a partir de ese momento, una mansión impresionante con todos los lujos imaginables en una zona residencial de lujo. Luego me enseñaron el cochazo de empresa que tenía para mis desplazamientos, y por último la limusina de la empresa me llevó al que sería mi nuevo puesto de trabajo, un impresionante rascacielos en la zona de Manhattan.

Ese día almorcé con dos de los máximos responsables de la empresa farmacéutica para la que trabajaba en esos momentos y me pusieron al día, aunque me dijeron que tendría un mes para familiarizarme con mi nuevo destino, horarios, y gente a mi cargo, iba a ser el director de investigación de nuevos medicamentos y tendría bajo mi mando a más de 50 personas. Se que este cargo a Ana le habría encantado, era su especialidad.

El primer mes pasó rápidamente, tenía tantas cosas en la cabeza que me olvidé completamente de Ana. Pero según fueron pasando las semanas y me fui haciendo con los mandos de mi nuevo puesto empecé a echarla de menos de una manera brutal, más aun cuando llegaba por la tarde a mi flamante mansión y me encontraba solo, con un silencio que me consumía poco a poco.

Quise llevarme el trabajo a casa también y así estar entretenido, pero era quedarme solo y enseguida en mi cabeza se dibujaba el rostro de Ana. En un ataque de furia había borrado todo,  todo lo referente a ella, fotos, videos, mensajes de voz…todo, de ella solo me quedaba el recuerdo, un doloroso recuerdo. Antes de venirme a Nueva York, Ana intento ponerse en contacto conmigo, me pedía por favor que nos sentásemos a hablar, que lo nuestro no podía terminar así, que nos habíamos hecho mucho daño, pero que ella me amaba y no podía estar sin mi…ignoré todas sus súplicas y borré todos y cada uno de sus mensajes hasta que se dio por vencida no se si por aburrimiento o porque había encontrado a otra persona que llenase mi “vacío”

Eso terminó desembocando en una depresión que me estaba llevando a un pozo de locura. Todo se alió, estar en otro país, otra cultura, solo, lejos de mi tierra y de mi gente…me puse en manos de un psicólogo porque no podía seguir así. No sé si fue peor el remedio o la enfermedad, después de algunas sesiones no es que me encontrase mejor, de hecho ahondó mucho en mi personalidad y me dijo algo que me dejó preocupado. Quizás mi manera de ser cuadriculada, controladora y posesiva fuese uno de los detonantes de mis fracasos en las relaciones con mis parejas «Antes de descubrir la solución a tus problemas, debemos encontrar que los producen» me dijo mi psicólogo. Y después de muchas sesiones y de hablarle de mis idilios, mis traumas y mi última relación con Ana me hizo una pregunta que me fue muy familiar:

—Luis has preguntado a esas mujeres que te hicieron daño ¿Por qué lo hicieron? ¿Qué les llevó a actuar de esa manera?

Al igual que Blanca, esa pregunta me hizo replantearme mis amoríos, ¿Acaso yo era tan controlador, tan asfixiante que mataba las relaciones?

—Luis, ¿Has llegado a pensar que en tu mundo 1+1 quizás no sea igual a dos?

Madre mía, esta terapia iba a ser muy larga, yo buscando la fidelidad de una mujer y este psicólogo insinuando que quizás fuese mejor meter a una tercera persona en una relación, de locos. Aun así me proporcionó una nueva perspectiva y diferentes puntos de vista ante una relación y una crisis de pareja.

Ese día cuando llegué a mi flamante mansión, me puse a pensar en mi relación con Ana. En los tres años que estuvimos juntos y sin problemas, todo lo hacíamos juntos, hasta ducharnos, no había interferencias externas de terceras o cuartas personas hasta que ella tuvo más tiempo libre y ante ella se abrieron como un abanico más posibilidades de diversión, lo único malo de ese descubrimiento por parte de ella es que por mi manera de ser no lo quiso compartir conmigo por miedo a defraudarme y al final terminó la relación por una infidelidad.

Pero ¿Realmente era yo el culpable? Es que me negaba a creerlo, estaba hecho un lio y no sé si había sido buena idea la solución del psicólogo. Me iba a quitar el traje y ducharme cuando llamaron a la puerta. Seria algún vecino que me llamaría la atención por dejar el coche mal colocado a la entrada o el cubo de basura no estaba en su sitio. En esa urbanización de super lujo, aparte de vecinos ricachones estaban los pesados que no pasaban ni una y menos siendo español, pero cuando abrí la puerta casi me da un infarto, allí de pie, más guapa que nunca estaba Ana con cara asustada y mirándome con una tímida sonrisa.

—No te haces una idea de lo que me ha costado encontrarte. Comentó Ana contenta.

No me creía que Ana estuviese frente a mí en Nueva York a miles y miles de kilómetros de su casa. Debía de tener cara de alucinado, no sabía lo que decir, estaba bloqueado mirándola embobado. A su lado una gran maleta ya conocida por mí y mirándome intentando que dijese algo.

—¿No me invitas a pasar? Preguntó preocupada.

—Si, por dios, claro, pasa. Es…es que no me creo que estés aquí…pensé…pensé que ya no nos veríamos más.

—Yo también lo creí, más aun cuando no respondiste a ninguna de mis llamadas ni mis mensajes. Pero no me voy a dar por vencida, te amo demasiado para tirar la toalla y no luchar por lo nuestro. He removido cielo y tierra para localizarte y me he cruzado medio mundo para venir a verte, creo que eso te da una ligera idea de lo que me importas.

Bien, había sido directa y concisa, venía a ver si podía solucionar una traición que no se me quitaba de la cabeza, pero mentiría si no confesase que tenerla allí conmigo era de lo mejor que me había pasado desde que llegué a Nueva York y no deseaba que se fuera. Hablaríamos e intentaríamos llegar a una posible solución.

—¿Cómo…como me has encontrado? Mi destino solo lo sabía mi empresa y sé que ellos no dirían donde vivo a no ser una cuestión importante.

—Bueno, como te he dicho me ha costado encontrarte, al principio no sabía ni por donde buscar, cuando fui a la que fue nuestra casa me dijeron que ya no vivías allí, te habías marchado hacia un mes. A partir de ahí todo fue una búsqueda infructuosa hasta que un conocido de una amiga que era detective te localizó, ¿Cómo? Solo lo sabe él, el hecho es que gracias a ese detective estoy aquí contigo.

Se hizo un silencio entre nosotros, no dejamos de mirarnos intentando adivinar nuestros pensamientos. Miré de nuevo su maleta, eso significaba que no tenía hotel donde hospedarse, si no sería una tontería venir cargada con ella.

—¿Tienes algún sitio donde quedarte?

—Pensaba, si no te incomoda, quedarme contigo. Si queremos solucionar esto creo que es lo mejor. Dijo Ana con seguridad.

—Si claro, no hay problema, dije alegre, esta casa es demasiado grande para mí solo, hay sitio de sobra.

Ya era tarde. El tener a Ana en casa me había descolocado un poco. En otras circunstancias no hubiese dudado en llevarla a mi dormitorio y meterla en mi cama, me podéis llamar puritano, obtuso o estúpido, pero después de todo lo vivido no estaba seguro de querer compartir mi lecho con ella, no de momento.

Se que Ana se sintió incómoda cuando la acompañé a una habitación, me miró disgustada, pero lo siento no iba a llegar y que todo volviese a ser como antes porque eso ya era imposible, ya nada sería como antaño. Nos cambiamos de ropa y nos duchamos por separado, y después de todo eso nos encontramos en la cocina, cenamos algo ligero y nos sentamos en el salón a charlar como viejos amigos.

Ana escogió un vestuario muy discreto y para nada excitante. Acostumbrado a sus “modelitos” que no me dejaban pensar y solo imaginaba como iba a follármela, esta vez llevaba un chándal holgado y para nada provocativo. Estuvimos hasta la madrugada hablando, pero vi que Ana bostezaba mucho y se le entornaban los ojos

—Anda, vamos a dormir, te estas cayendo de sueño y yo mañana tengo un día muy complicado.

—¿Te voy a ver a medio día? Preguntó Ana.

—No creo, aquí las comidas son etéreas, algo que te quite el hambre y a seguir trabajando, sobre las cinco de la tarde estaré por aquí.

—Bueno, me daré una vuelta para conocer donde vives, aunque por lo poco que he visto esta urbanización es de pijos insufribles.

Esa noche no pude dormir bien. Esperaba que Ana entrase en cualquier momento a mi habitación y se metiese en mi cama, eso lo deseaba y me asustaba a partes iguales, desde la última vez estando en mi casa con Angela y Blanca no había vuelto a follar y estaba que me subía por las paredes.

Entre las conversaciones que mantuvimos Ana y yo y mis visitas al psicólogo pude entender que no toda la culpa era de mis parejas. Sin yo saberlo era un controlador obsesivo y eso también me lo confirmó Blanca en una llamada que la hice. Tenía que abrir más mi mente ante una relación y comunicarme bastante más con mi pareja si quería que todo fuese bien.

—Lo que tienes que entender Luis es que si la relación que mantienes con tu pareja o esposa es abierta, ella contará contigo para que sepas con quien va a mantener relaciones, lo mismo que deberías de hacer tu. Eso no significa que sea una infidelidad, infidelidad es lo que habéis vivido los dos os habéis engañado mutuamente y os habéis hecho mucho daño, tú Ana por un deseo oculto y tu Luis por una venganza ante Ana, si eso lo hubieseis hablado sin verlo como una traición creo que ahora no estaríais aquí. Comentó el psicólogo.

Cuando nos encontramos a solas Ana y yo lo hablamos. Nos comportábamos como una pareja pero ni dormíamos juntos ni teníamos sexo entre nosotros aunque nuestras miradas lo decían todo.

—¿Te atreverías a mantener una relación abierta conmigo? Comentó Ana.

—No lo sé, estoy confundido, sigo pensando que verte follando con otro creo que no lo superaría, de hecho todavía no lo he superado y aunque te dijese que lo hagas me estaría engañando a mí mismo.

—PERO…¿PERO POR QUÉ? ¿DE QUE TIENES TANTO MIEDO? Preguntó Ana elevando la voz.

—JODER ANA, DE NO SER LO SUFICIENTE PARA TI, TENGO MIEDO DE QUE TE ENAMORES DE OTRO HOMBRE MIENTRAS TE FOLLA Y ME DEJES POR EL…DE ESO TENGO TANTO MIEDO. Le grité enfadado.

—Eres un idiota, parece mentira que no sepas lo que siento por ti después de tantos años. ¿Te acuerdas de cómo empezamos? ¿La primera vez que follamos? En ese momento supe que no me quería separar de ti en la vida, lo eras todo, todo lo que había buscado en un hombre. El día que me viste follando con esos dos, no te niego que disfruté, pero me sobraba uno y me faltabas tú, no dejé de pensar en ti ni un solo momento.

—¿Te puedo preguntar algo? Dije mirando a Ana a los ojos.

—Claro, puedes preguntarme lo que sea.

—¿Qué hiciste cuando te fuiste de casa, cuando todo terminó?

—Cariño, yo no me fui, tú me echaste de tu lado, es algo que quiero que tengas en cuenta.

—De acuerdo Ana lo tendré en cuenta, pero ¿Qué hiciste?

Ana puso cara de resignación, estaba casi seguro que había ido a ver a su “amiga del alma” a Bea para llorarla en el hombro y de paso follarse a unos cuantos sevillanos.

—Me monté en el primer autobús y me llevó a Sevilla. Quería ver a Bea y decirla lo hija de puta que había sido, primero por dejarme engañar para follar con esos dos y segundo para abofetearla al haberte mandado fotos y el video de mi encuentro y haber terminado con nuestra relación. Encima me exigió que le diese las gracias por haberme librado de ti. Estuve muy ciega.

Nos quedamos callados durante unos interminables minutos, como si me leyese el pensamiento me lo soltó tal cual.

—Seguro que estás pensando que desde que no estamos juntos, ¿con cuántos me habré acostado? Desde hace casi un mes que estoy viviendo contigo lo veo en tu cara cuando te quedas mirándome, ¿Me equivoco?

—No, no te equivocas. Dije avergonzado.

—Dime que quieres que te diga, ¿la verdad o lo que tu mente quiere oír?

—Dime la verdad por favor.

—Me gustaría decirte que me he mantenido casta y pura en todos estos meses pero te mentiría. En Madrid quedé un fin de semana con Nuria y su marido e hicimos un trio, esa ha sido toda mi actividad sexual en esos cinco meses sin vernos.

—¿Nuria? ¿La conozco?

—Deberías de acordarte de ella. Ella fue la que te dijo donde me encontraba cuando tu volviste con Blanca y yo quise desaparecer de tu vida. Por cierto hablamos mucho de lo que nos pasó y de como ellos habían aceptado ese cambio de rol en su relación y les va muy bien, entre ellos no hay secretos y lo hablan todo Luis, TODO.

—Ya se quién es, esa chica rubia que trabajaba en recursos humanos…si, me acuerdo de ella.

Nos volvimos a quedar callados pero Ana hizo algo que no me esperaba, se vino a sentar donde estaba yo y junto su cuerpo al mío, me besó en la mejilla y apoyó su cabeza en mi pecho. Durante casi el mes que llevaba viviendo conmigo no habíamos tenido contacto físico, ni besos ni abrazos ni muestras de cariño.

—¿Y tú? ¿Cuántas mujeres han pasado por tu cama?

—Yo he sido patético, desde el día de nuestro incidente no he vuelto a estar con una mujer.

—Luis yo no busco una relación abierta contigo, pero si quiero que de vez en cuando si vemos algo que nos gusta no dejemos pasar la ocasión de poder disfrutar los dos.

Desde ese día Ana subió su provocación con ropas más ajustadas y escasas. Sus muestras de cariño, sus besos y sus abrazos se hicieron más evidentes, pero estaba como bloqueado, no era capaz de llevarla a la cama y follármela como estaba deseando. Creo que ninguna mujer aguantaría lo que aguantó Ana conmigo, la de veces que la dejé con un calentón impresionante lo mismo que yo y nos despedíamos en el pasillo yéndonos cada uno a nuestra habitación a matarnos a pajas. La de horas y horas de absurdas y vacías conversaciones por mi parte intentando que entendiera lo que hice e intentando entender por qué lo hizo ella llegando siempre al mismo punto.

Me costó casi tres meses el poner en orden mi cabeza y aceptar lo que hizo Ana, ¿Se puede llegar a perdonar una infidelidad? Rotundamente si, cuesta, cuesta lo que no os podéis imaginar, pero el amor, la paciencia y el que Ana me demostrase que lo que ocurrió no pasaría de nuevo, no sin que estuviésemos de acuerdo, nos llevó a estar de nuevo juntos.

Ocurrió en diciembre, en plena ola de frio polar. Las noticias anunciaban intensas nevadas y una bajada drástica de las temperaturas. Ana y yo nos fuimos a hacer acopio de provisiones, los vecinos nos dijeron que esas olas de frio eran muy duras incluso de no poder salir de las casas por lo drástico de las nevadas y el frio, hasta el punto de quedarnos incomunicados.

Esa misma noche empezó a nevar, cuando nos fuimos a dormir afuera ya hacia un frio de mil demonios aunque el interior de esa mansión era muy cálido, tenía una muy buena calefacción y nos mantenía calientes. Me desperté de madrugada y fui a beber agua a la cocina, cuando bajé y pasé por el salón vi a Ana frente a un ventanal viendo como nevaba abundantemente. Estaba totalmente en penumbra, solo iluminada por la luz de las farolas del exterior y el poco resplandor de la nieve que hacía que todo pareciese inmaculado.

Llevaba un baby doll casi transparente que no le llegaba a tapar su perfecto culo, debajo iba totalmente desnuda, hacia muchos meses que no la veía así, la claridad del exterior dibujaba su figura perfectamente y me atrajo como las polillas a la luz, me acerqué por detrás con una erección más que dolorosa al ver semejante imagen y la abracé dejándola sentir mi excitación en su perfecto culo. Se sobresaltó, pero la abracé aún más contra mi mientras besaba su cuello.

—Me has asustado. ¿Qué haces levantado?

—Tenía sed e iba a la cocina a beber algo ¿Te apetece un vaso de agua?

—Si, por favor.

Me costó separarme de su cuerpo cálido y lascivo, fui a la cocina y rápidamente volví a su lado con un vaso de agua para ella. Lo bebió rápidamente y volvió a mirar hacia el ventanal.

—Abrázame como antes, ¿Quieres?

Volví a abrazarla y mi polla se alojó entre los cachetes de su culo. Hice presión con mis caderas y ella saco más su culito para sentirme mejor, mis labios recorrían su cuello y mordía delicadamente el lóbulo de su orejita. Sus manos agarraron las mías y las llevaron a sus tetas para que me deleitase de su dureza y de sus pezones excitados esperando recibir mis caricias.

—Ummmm…mi amor…no te haces una idea de lo que deseaba sentirte así de nuevo.

Me limité a excitarla y a excitarme yo mismo, deseaba follarla, necesitaba sentir su calor, su sexo abrazando el mío con su húmeda calidez, notar como todo mi balano la abría sin compasión alojándose en lo más hondo de su interior para depositar mi simiente en su útero. Mi mano bajó hacia su sexo lampiño, empapado en esos momentos y me limité a jugar con mis dedos en él,  haciéndola gemir profundamente. Las manos de Ana se metieron entre nuestros cuerpos y acarició mi verga sobre el pantalón del pijama mientras apoyaba su cabeza en mi hombro y me susurraba que nos fuésemos a la cama.

—Ven mi amor, la dije con cariño.

Cuando llegamos a la cama ella se quitó la única prenda que tenía quedándose desnuda y yo me quite la camiseta y el pantalón del pijama. Según nos acostamos nos pusimos de frente y ella pasó su pierna izquierda por encima de mi cadera. Mi verga quedó tocando la entrada de su vagina con lo que por parte de ambos adelantamos nuestras caderas y mi polla entró en el coñito de Ana de forma suave y delicada. Nos abrazamos como dos amantes desesperados y juntamos nuestras lenguas buscándonos con pasión, sabía que no iba a durar mucho y se lo hice saber a Ana.

—Cariño…no…no aguanto mucho más…ha…hace mucho tiempo que no siento esto.

—Shhhh…mi amor, solo quiero sentirte muy dentro de mí. Me dijo Ana abrazándome con fuerza.

Di dos golpes de cadera más y me corrí con violencia llenando el útero de la mujer que más amaba. Se que ella disfrutó pero no alcanzó ningún orgasmo, no dejó de besarme y acariciarme cuando me estaba corriendo en su interior. Cuando fui a salirme de ella me lo impidió.

—No mi amor, quédate más tiempo dentro de mí, déjame sentirte, no tengas prisa por salir.

Fue algo puro y perfecto el vínculo que alcanzamos Ana y yo en esos momentos. Me sentí más unido a ella que nunca y la deseé con cada molécula de mi cuerpo. No sé en qué momento me salí de su interior, pero nos dormimos muy abrazados dándonos calor, mientras afuera la nevada cubría todo con un manto blanco y virginal.

Nuestra vida volvió a ser como antaño, pero con nuevas normas y más libertad por parte de ambos. Cuando Ana consideró que estaba preparado me lo comentó de la forma más natural.

—Cariño, este fin de semana tú y yo vamos a ir a un club liberal, quiero cumplir mi deseo de estar con dos hombres a la vez y que uno de esos hombres seas tú.

—Pero tú ya estuviste con dos hombres. Dije intentando evitar ese encuentro.

—Eso fue una equivocación, dijo tajante Ana, lo que quiero hacer contigo es mi mayor deseo.

Esa fue mi prueba de fuego y aunque me cuesta reconocerlo, no fue tan malo como pensaba, al contrario, disfruté viendo a Ana tan entregada y gozando como una puta ninfómana. Para nuestra suerte, estando en la barra tomando algo y con tan solo una toalla cubriendo nuestro cuerpo, vino un hombre de unos 35 años muy educado y simpático, nos gustó a Ana y a mí y nos invitó a uno de los salones privados donde entre los dos nos follamos a Ana hasta dejarla rota por el placer. Otra vez vi como otro hombre se follaba a la mujer que más amaba, pero en esta ocasión había un consentimiento tácito de los dos y fue…fue…excitante, doloroso, morboso, intenso. Cuando Ana se recuperó de sus orgasmos me besó con mucho amor.

—Gracias, gracias mi amor por esto, ahora sí que he cumplido con mi sueño, te amo.

Volvimos más veces a ese local y nos juntamos con parejas, mujeres o hombres solos. Empecé a tomarle gustillo a eso de ser más liberal, La relación con Ana era increíble y el sexo entre nosotros espectacular, aunque si me empecé a fijar que ella buscaba más a las mujeres que a los hombres. Se lo pregunté y me confesó que desde sus encuentros con Bea, había descubierto un nuevo mundo para ella, el sexo lésbico.

—No tenía ni idea de esa faceta mía, pero creo que ahora me considero bisexual, prefiero, si me dan a elegir, a una mujer antes que a un hombre.

Eso de alguna manera condicionó nuestros encuentros con terceras personas. Yo dejé a Ana que eligiese, no le pondría peros a nada, no después de haber vivido los dos lo que habíamos experimentado.

Logré que Ana ocupase un puesto de responsabilidad dentro de la empresa donde trabajaba, con lo que nuestra vida en común mejoró sustancialmente. Aunque nos costó o más bien me costó superar esa infidelidad ya era un vago recuerdo desagradable del que hablábamos de vez en cuando. Al año de estar viviendo juntos de nuevo Ana me pidió matrimonio, así como suena. Fue ella la que rodilla en tierra y abriendo un estuchito me dijo la famosa frase.

—Luis ¿Te quieres casar conmigo?

Acepté, por supuesto que acepté, siempre supe que Ana era la mujer de mi vida, aun cuando ese incidente nos separó unos cuantos meses.

Como regalo de boda yo compre a Ana un deportivo que sabía que le gustaba, bueno, estaba como loca por tener uno y cuando fuimos al concesionario a recogerlo lloró de emoción, solo había que ver su cara de felicidad cuando fuimos a hacer un viaje de fin de semana para “rodarlo” pero el regalo que me hizo a mí, ni me lo esperaba.

Ana sabia, porque se lo había confesado, que uno de mis deseos era follarme a una niña joven de entre 18 o 20 años, universitaria y viciosa y ese fue mi regalo de bodas por su parte.

Era principios de verano, íbamos a hacer una barbacoa en la piscina, ella y yo solos, desnudos y con un día de sexo increíble. Sobre las doce del mediodía llamaron a la puerta, Ana sonrió con malicia y me besó.

—Ve a abrir la puerta mi amor, es tu regalo de boda.

Cuando abrí la puerta me encontré a la típica joven americana que vemos en las películas de adolescentes. Rubia nórdica de inmensos ojos azules con una cara preciosa y un cuerpazo que te dejaba sin habla, tendría 20 o 22 años y seguro que era la capitana del grupo de animadoras de cualquier equipo de futbol o baloncesto de la universidad.

—Hola Luis, mi nombre es Darci, dijo pasando al interior de la casa y dándome un tierno beso en la mejilla.

Enseguida apareció Ana y las dos se abrazaron con cariño mientras charlaban y me miraban con picardía. La niña estaba de muerte e iba a ser muy difícil mantenerme tranquilo con dos bellezones en la piscina. Ana la acompañó hasta una habitación para que se cambiase y ya aprovechó y me lo contó.

—Darci es una vecina de esta urbanización, vive en nuestra misma calle. La conocí hace algo más de un mes y conectamos enseguida. Nos hemos visto a menudo y al final nos hemos confesado nuestra atracción. Sabía de tu deseo y enseguida se me ocurrió la idea. A Darcy le encantó la proposición que le hice, le he enseñado muchas fotos tuyas, algunas más que sugerentes y está deseando probarte.

Ana dejó que me fuese hacia la piscina, Darci ya estaba desnuda y me llamó a su lado, su joven cuerpo era una tentación difícil de rechazar, pero ¿Quién la iba a rechazar? Yo no, desde luego.

—Me ha dicho Ana que soy su regalo de bodas para ti, dijo Darci de manera sensual, ¿A qué esperas para tomarlo?

Follar con esa niña fue algo increíble, pero poder ver como se amaban Ana y ella fue lo mejor. Mi vida, nuestra vida a dado un giro radical y la vivimos de diferente manera. Alguna vez nos hemos vuelto a pasar por ese club liberal, pero realmente preferimos que Darci venga a casa y pasemos unos días juntos. Ana me ha enseñado de alguna manera a vivir nuestra sexualidad de otro modo, sin miedos ni reproches ni traiciones, la amo con locura y sé que entre nosotros ya no existen los secretos ni los deseos ocultos, disfrutamos de la vida y de las oportunidades que nos ofrece.

FIN

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