ALMUTAMID

A la mañana siguiente no reunimos con Miriam en clase. Nada más ver a Marta le soltó un simpático:

-Cabrona…¿Cómo puedes estar tan morena?
-Pues tomando el sol en la playa, jajaja.
-Y en bolas…-dije yo de coña.
-Que noooo, jajajaja, que tengo el culo blanco…-rio Marta.
-Pero no las tetis…-dije yo con sorna.
-Jajajaja. No las tetis no…esas están morenitas.-reconoció Marta.
-Ten cuidado que ésta se pone nerviosa…-dije yo picando a Miriam.
-Y tú, imbécil…-me respondió la aludida dándome un manotazo.
-Yo me pongo nervioso hasta viéndola vestida de monja…-dije yo con cortesía.
-Pues no os pongáis tan nerviosos que no hay para tanto…
-Eso lo dirás tú- respondí- porque Miriam no se si las ha visto pero yo sí y mejor me callo, jajaja, que me vengo arriba…
-Anda zalamero, que tienes más peligro…-me respondió Marta.- Nada, que hemos ido casi todos los días a la playa- explicó a Miriam- sólo chicas, en plan confidencia todo el tiempo y poniendo verdes a los ex y los actuales, jajaja.
-Cómo sois- añadí- así me pitaban los oídos. Cuando os gusta uno es divino, ideal. En cuanto empezáis con él empezáis a ver defectos. Y cuando termináis somos unos monstruos.
-No te hagas el importante, Luis, jajaja.
-Entonces no les hablaste de mí…
-Ya te conocen de sobra, jajajaja.
-Pero ¿bien o mal?- pregunté.
-Bueno, has sido durante y ex, así que…jajaja.
-No te oigo con el pitido de mis oídos….
-Jajaja. Que tontín eres…
-Oye, ¿qué pasa aquí?- preguntó Miriam extrañada por nuestra actitud.- ¿Me he perdido algo?

Marta y yo nos miramos y con cara divertida negamos a dúo ante la desconfianza de nuestra cotilla amiga. Desde luego sería la última en enterarse de nuestro beso en el tren.

Por otra parte yo sí tenía la intranquilidad de encontrarme cara a cara con Blanca y Dani. A éste no podía evitarlo aunque me resultaría más fácil explicarle que no me iba ese rollo. Pero no sabía como afrontar a Blanca tras el trío. No la había visto y sabía que tarde o temprano me la encontraría. No quería quedar mal con ella evitándola. Sin embargo, ella misma me facilitó el tema pues cuando volvía con mis dos amigas de la cafetería la vi al fondo del pasillo y al darse cuenta se detuvo y se dio la vuelta. Bueno, mejor para mí.

Por la tarde vi a Ángela a la que no había visto la noche anterior. Quedamos en vernos para contarnos las vacaciones. Yo mientras intentaba retomar mi rutina y tras una semana de buenas caminatas pero sin entrenar me fui a correr. Con el cambio de hora era de día y se notaba más gente en la calle. Regresé y me duché y bajé a cenar con Marcos, Ángela y Víctor. Nos contamos la semana y al subir puse una excusa y me fui con Ángela. Aprovechamos que Vanessa estaba cenando y nos metimos en su dormitorio a hablar con tranquilidad.

-Bueno, ¿qué tal? – me preguntó.
-Mal y bien.
-Uy, qué miedo me das.
-Empieza tú. No me contaste nada de la chica con la que habías quedado. ¿Qué tal eso? Y ya pues me cuentas las vacaciones.
-Pues a ver…se llama Karina…y, pues nos gustamos, jajaja.
-Bien, ¿no? Vamos que os enrollasteis.
-No, sólo besos para despedirnos. Queremos volver a quedar para ver si hay atracción de verdad.
-Bieeeeen. Me alegro mucho por ti. Ya me la presentarás.- le dije abrazándola.
-No corras tanto. Venga ahora tú, empieza por lo malo y así terminamos con lo bueno, jajaja.
-Sí, si ese es el orden además.
-Bueno, pues a ver…
-Pues a ver como te digo esto. Me he liado con un tío.

A Ángela se le iban a salir los ojos de las órbitas.

-Espera, repíteme eso…-me pidió.
-Bueno, yo no me he enrollado. Bueno, que no sé.
-Necesito ponerme cómoda para esto.

Ángela se quitó los vaqueros que llevaba y se sentó en la cama con su típica postura de las piernas cruzadas apoyando sus manos en sus rodillas poniendo todo su interés en escucharme.

-Se te ven las bragas…-dije.
-Joder si tuya eres de la otra acera…jajajaja.
-Que nooooo.
-Venga explícame eso que no salgo del asombro.
-No me he enrollado con un tío, pero Dani me ha comido la polla.

La cara de incredulidad de Ángela delataba su pensamiento.

-¿Ese machito creído?
-Pues le da a todos los palos. La noche del último partido me ofreció dormir en su casa para poder aprovechar la fiesta y cuando nos acostamos se abalanzó sobre mí y pues eso, que me comió la polla.
-Será bisexual. ¿Te lo pasaste bien?
-Me quedé paralizado, tía. Tan cortado que no sabía que hacer. Me reconoció que era algo normal para él pero a mí me dejó tocado.
-¿Lo habéis hablado?

Negué con la cabeza.

-¿Y qué piensas hacer?- me preguntó.
-Explicarle que no me va ese rollo.
-Bien. ¿Y lo bueno?
-He besado a Marta.
-Oyeeeeee. ¿qué bien no?
-Bueno, no sé. Es que fue una cosa rara. Como no me atrevía a contarle lo que me había pasado con Dani pues le dije que estaba preocupado porque no se me levantaba.
-¿No? ¿Eso le dijiste?

Asentí y seguí contando:

-Le pedí que me diera un beso a ver si se me arreglaba el problema. Se pesaba que estaba de coña pero cuando le expliqué que lo decía totalmente en serio me besó. Primero dulce pero después nos dimos un buen morreo.
-Me alegro por vosotros. Entonces ¿estáis?
-No. Verás la cagué haciendo que comprobara que me había curado…
-Pero qué cerdos sois los tíos, de verdad.
-…se cabreó pero conseguí que me perdonara. No hemos hablado prácticamente en toda la semana, y ahora pues ha vuelto como siempre, muy buena amiga, pero la noto más suelta, más alegre, más divertida.
-¿Y por qué no das el paso?
-Porque en Semana Santa he conocido, bueno, conocido no, pero he pasado mucho tiempo con otra persona y ahora estoy hecho un lío…

-Pero ¿has tenido algo con esa chica?- preguntó curiosa Ángela.
-Me besó pero con tacto creo la rechacé.
-¿No te gusta?
-Ese es el problema. Es una niña estupenda pero no me planteo nada a distancia después del chasco con Claudia.
-¿Y entonces qué pasa con Marta?
-Eso es lo que no sé. El beso despertó en mí sentimientos que tenía guardados desde que ella me dejó. Había aprendido a verla sólo cono una buena amiga pero ahora vuelvo a verla de forma diferente. Y creo que ella a mí también.
-Pero mira que eres bobo, criatura.- me soltó Ángela.- Marta está coladita por ti, pero no quiere nada contigo porque vas a volver a generar en ella las dudas de siempre. Tiene pánico a llevarse un palo tras dar el paso. ¿Tú ves normal que una niña tan guapa no se haya comido una rosca desde que te dejó?

Me quedé cortado sin saber que decir y Ángela siguió:

-¿Tú crees que ella no tiene ganas de sexo como tú? Pues claro que los tiene, pero no le vale una Blanca o un Dani cualquiera, ella quiere a su chico especial, y resulta que su chico especial anda metido en líos por no poder tener quieta la churra…
-Pero si hemos dormido juntos, tú lo has visto, y no ha pasado nada…-me justifiqué.
-¿Tú tenías ganas con ella?
-Claro que sí, ya sabes que me encanta Marta. Por algo salí con ella.
-¿Y no pensaste que ella pudiera tener ganas contigo?
-No lo parecía…
-Tampoco se iba a tirar encima de ti, melón. Pero era feliz teniéndote con ella y poder acariciarte.

Me estaba quedando en blanco. No sabía qué decir pero al fin repliqué:

-¿Y tú cómo lo sabes? ¿Te lo ha dicho ella?
-No me ha hecho falta, capullito. Se ve a leguas. Si fueses capaz a veces de ver más allá de tu propia sombra te iría mucho mejor.
-Joder. ¿Entonces la cagué mucho con el beso?
-Ella te lo dio porque quiso. No es tonta. La pregunta no es ella. Eres tú. ¿Qué vas a hacer ahora?

Me eché las manos a la cabeza. Estaba más liado que antes de empezar a hablar con Ángela. No quería empezar nada con Marta si tenía dudas, pero esta vez no había sido ella como Alba la que daba el paso, había sido yo, y aunque ella le había quitado importancia seguramente debía estar esperando un siguiente paso por mi parte. Mi respuesta fue sencilla:

-No voy a hacer nada.

Ángela se quedó observándome sin saber que decir y me expliqué:

-Cuando di ese beso yo no sabía lo que me estás contando ni lo que me iba a pasar en Semana Santa. Si intento algo con ella sin estar del todo seguro voy a hacer más daño que si me quedo quieto. Si ella de verdad siente que ahora tiene que venir por mí que venga ella. Pero yo voy a intentar seguir siendo su mejor amigo. La quiero mucho más de lo que mi comportamiento pueda parecer.

Ángela me apoyó con un abrazo y nos despedimos para ir a dormir. Otra noche con dificultad para dormir. Ahora no era por mis meteduras de pata sexuales con Blanca y Dani. Ahora era por algo más serio. Ya hice daño una vez a Marta sin tener la culpa. No quería hacérselo ahora consciente de ello. Desde luego no es tan fuerte como Claudia.

Pero tenía más dudas. ¿Cómo se habría tomado Alba mi rechazo? Antes de acostarme lo había comprobado. Había mandado un mensaje de buenas noches preguntándole como había sido el regreso a clase. Pero no me había contestado. Seguramente la chavala estaría dándole vueltas al beso que nos dimos y mi respuesta. Habría llegado a la conclusión de que se había precipitado y ahora estaría avergonzada y cortada de hablar conmigo.

Pero me equivoqué. Al levantarme por la mañana comprobé que me había respondido, sólo que yo no había vuelto a mirar el teléfono. Se disculpaba por tardar en contestar pues la había pillado en la ducha. También me decía que el día había ido bien, pero con pocas ganas de volver y que ya estaba pensando en la feria. Le respuesta mía fue disculparme también por haberme quedado dormido pese a haber estado un buen rato dándole vueltas a la cabeza.

En clase me comporté con la mayor naturalidad posible con Marta y ella aparentaba hacer lo propio. Ello me tranquilizó, pues no era el único reto de aquella semana de regreso de las vacaciones. El martes por la tarde teníamos entrenamiento y me tocaba enfrentarme a Dani. Algo nervioso me fui corriendo hasta la pista donde solíamos entrenar y nada más llegar me lo encontré de frente. Estaba tan normal, como siempre, así que lo saludé apretando las manos mientras nos dábamos golpecitos en la espalda. Tras los saludos y preguntas típicas de rigor tras las vacaciones. Pero entonces me dijo:

-Oye, te fuiste de mi casa sin decir ni adiós.

Empecé a ponerme nervioso y algo titubeante respondí:

-Dani, es que verás, a mi esos rollos como que no me van…

Entonces se puso serio. Miró a los lados comprobando que nadie le pudiera oír y me dijo en tono amenazante:

-Tío, las cosas de machos se quedan entre machos. ¿Me entiendes?
-Tranquilo que no voy contándolo por ahí.
-Más te vale, porque tengo una reputación.
-Pero si tú mismo me dijiste que era algo normal entre tíos…-me defendí.
-Pero en privado. ¿Te queda claro? Tu y yo dormimos en mi casa y punto.
-Entendido.

Me sorprendió su actitud y me tuvo desconcertado un buen rato, pero pensándolo mientras hacía estiramientos me venía bien. Era la excusa perfecta para quitarme de en medio. Blanca me evitaba y Dani me amenazaba tras dejarle claro que no se iba a repetir nada de lo nuestro. Ellos mismos me liberaban y me dejaban ocuparme de mis otros asuntos. ¿Alba? Le había dejado claro que no quería relaciones a distancia y parecía encajarlo bien. ¿Marta? Aparentaba quitarle importancia al beso y se mostraba como antes. Quizá era yo el que ponía los problemas dándole demasiadas vueltas. Si yo no estaba a su altura y ella no iba a dar el paso ¿de qué tenía que preocuparme? Quizá ella veía el beso en realidad como yo lo había planteado, como una terapia entre amigos. De todos modos, no iba a dar un paso para implicarme en una relación que corría el riesgo de acabarse por un mal pálpito de ella sin explicaciones. Joder, me gustaba mucho, la quería mucho, pero una relación entre nosotros estaba condenada a la desconfianza.

Visto de esa forma quizá no tenía que darle tantas vueltas a la cabeza o simplemente esperar que hacían ambas. La tercera en cuestión parecía haber dejado de serlo, pues con Claudia llevaba días sin hablar. Yo no le había escrito, pero ella a mí tampoco. Estaba claro que yo ponía todo el interés. Si no me movía ella no hacía nada. Creo que el mensaje era bastante claro y yo no soy idiota. Me estaba dando largas a la vez que yo había decidido que esa relación ya no llegaría a ninguna parte. Podía decidir libremente salir con Marta o con Alba porque Claudia empezaba a ser sólo un deseo del pasado. Seguramente para cuando regresara en mayo nuestro fuego ya estaría totalmente apagado.

El miércoles caí en la cuenta de que era el cumpleaños de Marta el siguiente sábado. 20 años iba a cumplir apenas unos días antes que yo. Ella en su día me había propuesto celebrarlo juntos pero me pareció mejor hacerle una fiesta sorpresa, algo que le pareció bien al resto de los ángeles de Luis. Para hacerla más completa a través de Silvia avisamos al grupito con el que salía el año anterior. Había que utilizar un gancho y me tocó a mí.

Lo del gancho fue fácil pues esa semana teníamos que entregar una reseña en inglés sobre un libro elegido por nosotros y Marta y yo habíamos quedado para hacerlo juntos como solíamos. El miércoles estuvimos toda la tarde después de comer trabajando y con la excusa del calor primaveral la saqué a tomar café a una terraza y así me daba tiempo de irme a correr antes de cenar. Todo correcto y sin ninguna conversación ni gesto que denotara ningún cambio en su actitud respecto a mí.

El jueves yo tenía partido así que tras comer me fui a la residencia a por la mochila pues la intención era irme directamente a jugar desde su casa. Además con esa excusa convencí a Miriam y Ángela de que vinieran a ver el partido o al menos me buscaran después para la cerveza. Me sentía más seguro con ellas que quedándome solo en el pub y tener otro encontronazo con Dani.

La verdad es que mis temores parecían infundados pues la actitud de Dani fue la normal como capitán del equipo e incluso celebró conmigo alguna jugada. Sospechaba que era una persona capaz de llevar tres vidas paralelas, la de novio formal en su pueblo, la de mujeriego incansable con un atractivo superior hacia las seguidoras del equipo por su prestancia, su cuerpazo de gimnasio y su trato exquisito con las chicas, pero también la de depredador sexual al que le iba igual la carne que el pescado a la hora de llevarse un bocado. Evitando esas tres caras yo me quedaba con la de capitán del equipo, que es la única que en realidad yo debía haber conocido de él.

Ganamos fácilmente, lo que nos permitía seguir a la cabeza de la clasificación empatados a puntos con Educación Física. Ya quedaban pocos partidos aunque yo ya había avisado que me perdería el penúltimo por irme a la feria de mi ciudad. En el pub Marta me metió prisa para aprovechar la noche antes de que me cerraran la residencia y rematar el trabajo, pero ese era mi gancho para tenerla engañada de cara a la fiesta sorpresa. Lo retrasaríamos al viernes y así la tendría entretenida toda la tarde.

De hecho, para que no se fuera un par de veces tiré de ella terminando sentada en mis rodillas. Pensé que se levantaría de un salto pero se quedó con sus nalgas apoyadas en mi muslo mientras claudicaba en su intención de irnos a terminar el trabajo. Miriam y Ángela se miraron con complicidad mientras yo no sabía qué hacer con las manos como me había ocurrido una semana antes con Alba. No me atrevía a ponerla en su culo ni en su pierna y opté por su hombro mientras con la otra sujetaba mi cerveza.

Qué tontería. Apenas un año antes nos habíamos conocido así y yo no me cortaba y ahora después de haber estado saliendo unas semanas y conocernos tanto me cortaba tocarla. Temía hacer algo que la molestara o que interpretara de otra forma por lo que al final me quedé callado mientras las tres hablaban bebiendo a largos sorbos mi birra.

Afortunadamente hubo sorpresa. Ángela salió fuera del pub un momento y regresó con una chica que era un calco de ella misma. Bajita, delgada, morena pero con unas mechas de color en su melena suelta. Ojos muy grandes y vivos sobre una sonrisa de cortesía. Además venía vestida con vaquero y camiseta negras como Ángela haciéndolas parecer más gemelas aún.

-Bueno, os presento a Karina.- dijo algo nerviosa al llegar a nuestra altura.

Marta y yo nos levantamos del taburete para darle dos besos a la chica mientras Ángela nos presentaba. Miriam también la observó mientras yo educadamente pregunté que tomaban y pedí bebidas para todos mientras las chicas charlaban. No cabía de asombro en mí: ¿Ángela presentaba a su novia? Mientras me servían las bebidas miré a Miriam. Estaba cortada. Pero mantenía la compostura dentro de la charla.

Repartí la bebida y al ver que el taburete seguía vacío me senté en él uniéndome a la conversación. Marta sin que yo le dijera nada se apoyó en mi muslo colocándose de lado entre mis piernas. Esta vez opté por apoyar mi mano en mi propia rodilla. ¿Estaba queriendo decirme algo o sólo era una muestra de nuestra confianza?

Pese a todo seguí la conversación enterándome de que Karina estudiaba Bellas Artes, que era de la misma ciudad por lo que vivía con sus padres porque tenía aún 18 años como Ángela y estaba en su primer año de carrera. Entonces Miriam hizo una pregunta:

-Bueno, ¿y cómo os habéis conocido?

Las dos chicas se miraron pero fue Ángela la contestó:

-Pues en una app de contactos.
-Nunca pensé que esos sitios funcionaran.-dijo Marta.
-Bueno, nosotras hemos estado hablando un tiempo hasta que decidimos conocernos.-contestó Karina.
-Pero…¿estáis saliendo?- insistió Miriam.

Mata y yo nos miramos cortados. El primer día que Ángela venía con su nueva amiga Miriam tenía pinta de ponerse impertinente. Pero la propia Karina salió al paso mirando a los ojos a Ángela con una sonrisa:

-Bueno, aún no estamos conociendo.

Quisa salir al quite y añadí:

-Ángela me ha hablado muy bien de ti.

La chica sonrió de nuevo con sus grandes ojos y me respondió:

-Ella me ha hablado muy bien de ti también. Debéis ser muy buenos amigos.

Al final Miriam no soltó ninguna impertinencia más y seguimos charlando animadamente hasta que llegó la hora de irnos. Quedé con Marta en que terminaríamos el trabajo el viernes por la tarde después de clase. Había picado el anzuelo para la fiesta sorpresa.

Nos separamos pues Marta y Miriam tomaban un camino y Karina, Ángela y yo el de la residencia. Karina tenía coche. La acompañamos y las chicas se despidieron con un pico. De vuelta a la residencia me pudo la curiosidad:

-No es por meterme, pero despedida fría, ¿no?
-Verás, Luis. Ya te lo he dicho. Nos estamos conociendo.
-Ya, pero la has traído al grupo dando entender que tenéis algo y ahora os despedías así…no sé.
-Ains, no sé que decirte. Me gusta mucho, pero hay un problema.
-Vaya, no me lo habías contado. ¿Puedo saberlo?
-Karina es bisex. Sabe que le gustan las chicas pero todavía no ha estado con ninguna. Pero nos gustamos y, bueno, vamos a intentar empezar algo.
-Pero ¿estáis saliendo?
-Bueno. Nos hemos besado, pero nada más…
-Ni meteros mano ni nada…
-¡Luis! Jajaja. No te voy a contar eso, jajaja. Pero que quedamos, salimos juntas, charlamos y cuando ella lo crea conveniente pues daremos el paso.
-¿Tú tienes ganas?
-Me muero de ganas, jajaja. Pero no quiero estropearlo por precipitarme.
-Haces bien. Yo debería hacer siempre lo mismo.
-Bueno, hoy te he visto muy a gusto con Marta.
-No he sido yo…
-Pero tampoco te ha molestado, jajaja.

Así llegamos a la residencia despidiéndonos para irnos a dormir.

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