FALDON

Como siempre me levante de la siesta antes que Ana y baje a la piscina un rato. Según iba bajando pude ver como estaba Nuria bañándose cosa que me alegró bastante. Sin ser espectacular me daba morbo esa mujer. Esta vez lo malo es que debajo de la sombrilla estaba Raúl, su marido, leyendo su libro. Ni levantó la cabeza cuando aparecí yo. Me quité la camiseta y me fui al agua con Nuria
En seguida Nuria vino hacia mí. Estuvimos charlando un rato en la zona de las escaleras de entrada. La verdad es que a sus aproximados cincuenta años estaba impresionante. Lo que más me llamaba la atención eran esas dos tetas caídas. Sinceramente me daban ganas de tirarme a por ellas. Finalmente Nuria salió de la piscina y dijo q se iba a descansar un rato. Fue hacia Raúl, cogió su toalla se envolvió en ella, le dijo algo a su marido y se fue para casa aún empapada envuelta en su toalla. Por mi parte me quede nadando un poco. Al poco tiempo Raúl se metió al agua

  • ¿Qué tal hoy la playa?, ¿mucha gente? – me preguntó intentando empezar una conversación
  • No, la verdad es q estaba bastante bien. Siendo un día de diario tampoco hay mucha gente – le respondí educadamente como le había prometido a Ana
  • Tampoco el fin de semana hay mucha más gente por aquí. Las playas son muy grandes y siempre tienes hueco.
  • Es bueno saberlo, aunque la verdad es que tenemos pensado movernos por un montón de calas preciosas que he estado viendo.

Raúl conocía bastante bien la zona y todas las calas de las que le hablaba. Estuvimos un rato charlando y aconsejándome sitios donde podía llevar a Ana. La verdad es que era bastante más majo de lo que yo había pensado en un primer momento. Finalmente salimos del agua y nos quedamos secándonos fuera

  • La verdad es que me dais mucha envidia Ana y tú. Cuando os veo recuerdo las primeras veces que venía con Nuria aquí. También me encantaba llevarla a calas con poca gente y aprovechaba cualquier ocasión para meterla mano – me decía riéndose – Pero vamos que te voy a contar a ti con la pedazo de novia que tienes – Lejos de molestarme me hizo sentir halagado su comentario.
  • Si bueno, la verdad es que no puedo decir lo contrario, Ana es espectacular – le dije siguiendo la conversación, no porque se lo hubiese prometido a Ana, si no que me sentía cómodo hablando con él – Y entiendo lo que te pasaba con Nuria. También es una mujer espectacular
  • Si, ya te he visto como le mirabas las tetas cuando hablabas con ella – me dijo de repente y haciendo que me pusiera completamente nervioso –
  • No… yo no… – balbuceaba sin saber muy bien que decir
  • Jaja tranquilo hombre, es normal. La verdad es que las tiene enormes – me decía en bajito – Además según vas cumpliendo años cada vez eres menos celoso e incluso te gusta que miren a tu mujer – me explicaba tranquilamente
  • No, si yo no soy celoso – decía intentando parecer calmado
  • Mejor, porque con una novia como la que tienes es inevitable que todos la miren. Y le pasará como a Nuria, que no la miraran precisamente a la cara – me dijo guiñándome un ojo
  • Si bueno, ya te digo que no soy celoso para nada. Hoy incluso la he convencido para que hiciera topless en la playa – le conté sin pensar en lo que decía
  • Buf, ¿en serio? – decía incrédulo – Mira que le he dicho a Nuria que fuésemos hoy a la playa jeje
  • Si bueno era la primera vez que lo hacía. Pero ha estado muy natural. Parecía que lo llevase haciendo toda la vida. Yo al principio estaba un poco nervioso pero luego me he ido relajando y la verdad es q hasta tenía su morbo
  • Te comprendo perfectamente chaval – me decía en tono paternalista – Te contaré una cosa Nuria y yo vamos de vez en cuando al atardecer a alguna cala de las que te he contado y se pone en topless. Te aseguro que no lo hace por tomar el sol ni nada, es más el morbo de exhibirse – Me confesó
  • ¿A ti no te importa? – le pregunté curioso
  • Que va, todo lo contrario. Para mi resulta muy morboso. Ya verás cuando llegues a mi edad. Lo verás con los mismo ojos

Nos quedamos unos segundos callados después de lo que me había contado y entonces Raúl se dirigió a la bolsa que tenía junto a las toallas y sacó su móvil. Se puso a buscar algo en él y me dijo – Te enseñaré una cosa en confianza, pero ni una palabra a nadie ¿de acuerdo? – Yo le aseguré que no diría nada, entonces, me acercó su móvil y en el aparecía un primer plano de Nuria, semitumbada en una toalla en la playa con sus enormes tetas al aire. Me quede turbado viendo semejantes tetas. De mi boca solamente salió – Joder que tetas – Haciendo que Raúl se riese por el comentario.

  • Es un fin de semana el mes pasado que estuvimos por aquí. Para que veas que no te miento. Pero no le digas a nadie que la has visto
  • Te aseguro que no – le prometí devolviéndole el móvil
  • Tranquilo hombre, no te preocupes. Puedes echar un vistazo hay unas cuantas más

No sé porque pero le hice caso y empecé a pasar fotos. Había un montón de fotos de Nuria posando con las tetas al aire. En una incluso estaba con uno de los negritos que vendían fotos. Raúl me vio viéndola y me dijo

  • Estos cabrones siempre se acercan a las tetonas – como si no pasase nada
  • Sí, hoy a Ana le ha pasado igual. Chica guapa de la playa la llamaba el cabrón – le contaba yo
  • Ten cuidado que se las saben todas – me advertía.

Finalmente y un poco alterado por la visión de las tetas de Nuria le devolví su móvil y solo acerté a decir que era espectacular Nuria. Raúl cogió el móvil cerrando la galería y guardándolo de nuevo.

  • Por favor ni una palabra que me mata Nuria.
  • De verdad que no – le respondí sinceramente
  • Bueno me retiro ya que tenemos que salir Nuria y yo – me dijo despidiéndose
  • ¿A las calas? – le pregunté de cachondeo
  • Estaría bien pero hoy no. Aprovechad e id vosotros y le haces unas fotos a Ana. Yo estaría encantado de verlas – Me dijo guiñándome un ojo y marchándose hacia su casa.

Finalmente me quedé solo. De verdad que me había dicho que quería que le enseñase yo una foto de Ana en topless. Lo pensé unos segundos y la verdad es que reconozco que lo de enseñarme él las fotos de Nuria había sido un morbazo. Tenía ganas de pelármela allí mismo. Sin embargo enseñarle yo fotos de Ana era otra cosa distinta. No es que sintiese celos, al contrario, me daría morbo, pero por otro lado me daba miedo. Si Ana se enteraba me mataba. Por suerte para mí no disponía de ninguna foto así por lo que no le di más importancia. Cogí mi toalla y me subí yo también a nuestra casa. Ana ya se había levantado y estaba tomándose su café.

  • Qué buena siesta me he echado cariño – me dijo sonriente mientras la daba un piquito – Esta noche salimos – me advertía
  • Lo que tú quieras mi amor. Podemos ir a cenar y a tomarnos una copa – Le decía yo animado.
  • Por cierto que cuando me he levantado estabas hablando con Raúl. Parecíais muy amiguitos. Ni siquiera os habéis dado cuenta de que me he asomado
  • Ah, no. No te hemos visto – le dije un poco nervioso – si hemos estado charlando un rato y la verdad es que ha sido una tontería lo de esta mañana. Es bastante majo. Además me ha recomendado unos cuanto sitios donde ir
  • Lo ves tonto. Al final os hacéis amigos – me decía cariñosa

Me puse a jugar con el móvil. Al rato apareció Ana con el bikini y me dijo que se iba a dar un baño a la piscina. Le dije que me quedaba allí. Aproveche cuando se fue y me metí en el baño y cerré la puerta. Necesitaba un momento a solas para pensar en las tetas de Nuria. ¡Joder, estaba tremenda!. Esas tetas caídas por su enorme peso me ponían malo. Además ver esos pezones grandes y oscuritos había sido algo que no hubiese imaginado. Sin darme cuenta me encontraba sentado en el váter con la polla dura en la mano y pajeándome. Algo que me había llamado la atención era como posaba Nuria. Claramente, como me había explicado Raúl, se notaba que se estaba exhibiendo. Recordaba sobre todo una sentada en una silla tomando el sol. Era la viva imagen de Ana esa misma mañana en la playa. ¿También se estaba exhibiendo ella ante el chaval ese?. Sería una coincidencia pero en mi mente se parecía y eso hacía que cada vez me excitase más. Finalmente decidí parar la paja puesto que estaba a punto de correrme y ya había dejado a medias a Ana por la mañana. Esta noche debía cumplir.
Salí del baño y volví al jardín. Me asomé y Ana hablaba en el agua con Luis y Bea. Al otro lado de Ana también estaban Javier y Rosa. Volví a la mesa del jardín y me concentré en el móvil. Hice una reserva en uno de los restaurantes que me indicó Raúl y estuve buscando los mejores sitios de la zona para tomar una copa.
Por fin subió Ana. Eran ya las 20.30.

  • Me fumo un cigarro cari y me ducho y nos vamos, ¿vale? – me dijo sin esperar respuesta y continuó hablando – Por cierto me han dicho los de la piscina que mañana van a irse de cena y que si queremos ir con ella. Les he dicho que sí ¿te importa?
  • No, para nada. Si a ti te apetece por mi encantado.
  • Ah perfecto. Vamos todos me han dicho. Luis y Bea, Javier y Rosa, Carlos y Eva y según me han dicho los que se conocen los mejores sitios que son Raúl y Nuria.
  • Si bueno, me lo creo. Antes le hablaba a Raúl de todos los sitios secretos que había encontrado en internet y los conocía todos. Para nada son tan secreto jeje.
  • Jaja para mí si lo son cari – me dijo – me ducho y nos vamos.

Nos duchamos ambos y finalmente, como era habitual acabé yo esperando a Ana. La espera valió la pena. Cuando apareció con aquel vestido azul oscuro con estampado de flores, largo, suelto, de tirantes, con una abertura enorme en el muslo y que dejaba ver su pierna cuando daba un paso. Solo se la puede describir con una palabra. Increíble. – Venga que estás embobado – me apremió. Cogí las llaves del coche y nos fuimos al restaurante.
La verdad es que el sitió que nos recomendó Raúl era precioso. Una terraza en lo alto del pueblo con vistas a toda la costa. Una mesa muy íntima. Iluminada con una pequeña vela en el centro y con tenues luces colgadas que daban la perfecta iluminación.

  • Es precioso, cari – me dijo Ana entusiasmada – ¿Ves cómo si que sabes encontrar sitios secretos?
  • Jeje, bueno la verdad es que fue Raúl el que me habló de este sitio – le reconocía
  • Jaja, no importa. Lo que vale es que me sorprendas a mí.

Nos encantó el sitio. La comida estaba buenísima, el vino exquisito, todo perfecto. Tendría que felicitar a Raúl por la recomendación. Cogimos el coche y nos dirigimos a uno de los locales que había visto en internet. Estaba bastante cerca de casa así que era perfecto por si bebía podía dejar el coche allí y recogerlo a la mañana siguiente.
El sito no estaba muy lleno. Aún era pronto para los horarios de playa. Solamente eran las 0:15. Entramos y nos sentamos en una mesa alta de la terraza y pedimos un par de copas.

  • Me están encantando las vacaciones – le confesé a Ana – Hubiese sido una pena que te fueses con Lucía
  • Jaja tonto. Sabes que nunca me iría con ella y esos dos
  • Bueno, yo la verdad es que era por darle un poco de morbo al tema. Sin ti aquí esto no tendría gracia
  • No hace falta meter a Lu y a esos dos para que le des morbo. Que llevamos dos días aquí y no hemos parado de darle y de hacer “cosas morbosas” – me dijo dando un trago a su copa y sacando el paquete de tabaco.
  • Si bueno, queja desde luego no tengo – dije yo cogiendo el cigarro que me ofrecía – La verdad es que me está encantando todo lo que has hecho.
  • ¿El que hecho yo? Si he sido muy buena – me dijo poniendo carita de no haber roto nunca un plato. Sin embargo sus piernas cruzadas con medio muslo al aire por la abertura del vestido me hacían ver en ella un diablillo. Y mirando alrededor pude ver como había un grupo de 5 chicos mirándola y haciendo comentarios entre ellos.
  • Tanto como nada… el chaval de la playa a estas horas debe andar que no puede ni moverse de tanta paja que se habrá hecho con “chica guapa” – le dije con el acento del negrito haciéndola reír.
  • ¿Me dices en serio que de verdad te da morbo que un tío se pajee pensando en mis tetas? – me pregunto en bajito y seria.
  • Ya te he dicho varias veces que sí
  • Ya pero me lo has dicho mientras follábamos y eso no vale
  • Bueno en ese momento se dice la verdad – le aseguraba yo – Otra cosa es que luego en frio nos de vergüenza lo que decimos.
  • Es verdad – me confesó – ahora pienso en las cosas que hemos dicho y me muro de la vergüenza de pensarlo
  • A ver son cosas de pareja. No pasa nada por confesarnos estas cosas. Además yo quiero que siga así la cosa. No tenemos que avergonzarnos de nada.
  • Está bien cari, si a ti no te importa yo estoy encantada con nuestros juegos – me dijo acercándose a mí y besándome en los labios.
  • Además recuerda que tienes que enseñarles las tetas a los de la piscina. Estan deseando vértelas – le dije yo besándola a ella y metiendo un poquito mi lengua en su boca y que ella recogió juguetona
  • Eso no te lo puedo prometer pero seguro que alguna otra cosa hacemos –me dijo con cara morbosa

Acabamos la copa y nos fuimos a la parte de dentro. Pedimos un par de copas más en la barra y nos la tomamos allí de pie mientras Ana se movía con la música. Yo simplemente la observaba. Ana me dijo q fuésemos a bailar pero sabiendo que es algo que odiaba. La dije que fuese ella sola que yo me quedaba cuidando las copas. Ana me miro juguetona y me dijo que si de verdad quería que fuese ella sola. Que ya había visto mucho tío suelto mirándola. Le dije que sí, que se lo pasara bien, que sería excitante observarla desde allí.
Ana se envalentonó y se dirigió a la pista. Se puso en uno de los lados ella sola a bailar. Ya cuando bajaba las escaleras vi como varios grupitos de tíos la miraba. En seguida uno se acercó a ella y se puso a hablarla al oído mientras ella bailaba. Era un crio de veintepocos años. En seguida ella negó con la cabeza y el chaval se fui cabizbajo.
No habían pasado ni dos minutos más cuando se acercaron dos chavales de nuestra edad. Se pusieron a hablar con ella. Esta vez ella les respondió algo. Se presentaron y vi como daba dos besos a cada uno. Un nerviosismo recorrió mi estomago a la vez que la excitación recorría mi entrepierna. Estuvieron un par de minutos hablando pero finalmente Ana se despidió y vino hacia mí. Cogió su copa y le dio un trago grande

  • Anda que no hay babosos aquí – me dijo con cara de asco
  • Bueno, ya sabes el ambiente playero y esta música. – le dije sabiendo que ella odiaba ese rollo de gimnasios y gente pija – De todas formas les das poco juego
  • No es mi ambiente ya lo sabes. Además ¿qué es lo que quieres que haga con ellos? – me preguntó
  • No bueno, pensaba que me ibas a dar un poco de juego – le dije tímidamente
  • ¿Darte juego?, ¿para qué? – me miraba duramente
  • No… para nada… da igual
  • Solo te tomaba el pelo – me dijo riéndose – ¿de verdad quieres que les dé coba a algunos de esos babosos?
  • Bueno solo si tu quieres. La verdad es que cuando te vi hablando con ellos me dio algo de morbo.

Ana dio otro trago grande a su copa y se marchó de nuevo a la pista con un “tu lo has querido”. Se puso otra vez en el mismo sitio que antes. Empezó a bailar sin mirar hacia mí. Yo la observaba tranquilamente desde la barra. No pasaron ni dos minutos cuando ya tenía otra vez a un tío hablando con ella. Esta vez era de un tipo de entre 30 y 35 años. Bien vestido. Con camisa blanca remangada, algo de barba bien cuidada y muy sonriente. Vi a Ana darle dos besos y hablar con él. Estaba más participativa que antes. Poco a poco la pista se iba llenando y cada vez me costaba más verla. Además necesitaba ir al baño por lo que me fui dejándola allí sola con ese chico.
No tarde ni 5 minutos pero al volver a mi sitio no vi a Ana por ninguna parte. Empecé a buscarla con la mirada pero no la veía. Me moví mirando otras zonas de la pista pero ni rastro de ella. Decidí salir a la terraza a ver si estaban por allí pero tampoco. De repente noté mi móvil vibrar en mi pierna. Tenía un mensaje de Ana
“Hemos ido a follar al aparcamiento”. Pero qué demonios pasaba. El corazón casi se me para al leer aquella frase. ¿Se ha ido al coche de él a follarse a un tio que acaba de conocer? No podía ni creerlo. Decidí ir al aparcamiento y justo en ese momento me llego otro mensaje “jaja es broma cari. Estoy en la barra del fondo. Justo detrás de la pista. Te he visto que mirabas buscándome y he decidido hacerte sufrir un poco”. “Eres una cabrona” le respondí. Ella me ponía caritas con risas. Al final me puso “o vienes a rescatarme o este tío se me tira encima. Va en serio”
Aun nervioso por el primer mensaje me dirigí a la zona que me había dicho Ana. Estaban tomando una copa. El tío cada vez la hablaba más cerca. Ana le seguía la conversación sin apartarse pero sin darle pie a que la atacara. Me quedé a lo lejos observando y Ana me vio pero no dijo nada. El tío, ajeno totalmente a nuestro juego, la hablaba al oído con la esperanza de acabar sacando algo de ese pedazo de hembra que acababa de conocer. En un momento dado pude ver como la besaba el cuello y Ana se apartó al notarlo. Pero el tío siguió insistiendo y volvió a intentar otra vez besar su cuello. Ella volvió a apartarse al sentirlo. Finalmente saco su móvil y me escribió “por favor ven ya que no sé cómo pararle”. Llegue a pensar en dejarla a su suerte pero finalmente me acerqué hacia ellos y la saludé. Me dio dos besos como si fuésemos dos amigos. Mira Fran, este es David – dijo presentándome y obligándome a darle la mano al tío que estaba intentando ligar con mi novia. Ana empezó a hablar como si no nos viésemos hace tiempo y el tío dijo que volvía en 2 minutos que iba al baño. En ese momento Ana me cogió de la mano y tirando de mi hacía la puerta me dijo venga vámonos.
Salimos de aquel sitio de forma rápida. Aquella imagen de Ana rechazando los besos de ese chico me había puesto cachondo y en cuanto giramos para entrar en el aparcamiento la cogí, la puse contra la pared y empezamos a morrearnos. Solamente fue un morreo pero se notaba a Ana cachonda y que me entregaba su lengua con pasión. Vamos a casa me dijo apartándome.
La miré andar deprisa, su muslo asomando por el vestido, su siempre perfecto pelo moviéndose al andar. Según llegamos al coche no pude mas y la volví a poner contra el coche y a besarla. Esta vez, además de besarla, empecé a acariciar su muslo por la raja del vestido. No me costó nada ir subiendo la mano hasta su braguita. Su tanguita se notaba caliente y húmedo por fuera. Ana estaba muy cachonda. Me comía la boca con ganas mientras mis dedos se colaban ya por denro de su tanguita.

  • Estas empapada – la dije
  • Vámonos a casa a follar – me decía sin dejar de besarme
  • Ufff, no puedo aguantar tanto – y la comía yo la boca con más ganas aún

Ana echaba mano a mi polla y me la apretaba por encima del pantalón. Yo me desabroche sin dejar de besarnos y sobarla. Me empezó a tocar la polla. Estaba empalmadísimo. Ana comenzaba a pajearme

  • David, aquí no podemos. Vamos a casa por favor – me suplicaba sin soltar mi polla
  • Ana no puedo te tengo que follar ya
  • Vamos dentro del coche por favor – me pidió como última opción

Llevaba razón y ahí podía haber cámaras y vernos cualquiera. Las plazas traseras del coche eran lunas tintadas y ahí sería más discreto. Abrí el coche y la hice pasar metiéndome detrás de ella. Ella se quito el sujetador sin tirantes que llevaba y lo dejó en el asiento. Le saque las tetas por el escote del vestido y empecé a sobárselas.

  • Necesito follarte – la dije sentándome a su lado e indicándola q se subiera encima
  • Espera – y empezó a quitarse el tanga sin quitarse el vestido. Lo sujeto en su mano y se subió directamente en mi polla. Fue ella misma la que se la clavo
  • Joooooder – dijo al notarla dentro y empezando a cabalgarme

Notaba su coño ardiendo y empapado en mi polla. Ella cabalgaba a un ritmo como nunca lo había hecho. Echó los brazos por detrás de mi cuello y me morreaba

  • ¿Así estabas con tu amigo en el aparcamiento?
  • Jaja, te …. Ufff te has asustado, eh.. –
  • Sii.. mmm.. pero.. me ha puesto cachondo pensarlo – Le decía yo empujando hacia arriba mi polla cada vez que el coñito de Ana bajaba

Ana paró sus movimientos. Dejó mi polla dentro de ella. Yo apretaba mi polla hacia arriba mientras ella su coño hacia abajo pero quieta, sin cabalgar. Me miró a los ojos. Con deseo. Sacó su lengua y yo la mía y simplemente se juntaron lamiéndose mutuamente.

  • Júrame que te hubiese gustado que me fuese a su coche – me pidió cachonda pero seria
  • Te juro que sí – la respondí volviendo a hacer movimientos de cadera y haciendo que Ana comenzase a cabalgarme
  • Ese tío me quería follar, cari – me decía ella. Lo hacía de forma clara pero morbosa.
  • No me extraña. Todos te quieren follar.
  • ¿De verdad que no te importa?
  • No… mmmm… te juro que no me importa – Estaba a punto de correrme
  • Ufff a mi no me gustaba el tio…mmm… -me decía Ana también bastante salida – pero… ufff.. me daba morbo la idea de que supieses que me lo había follado – confesó mirándome a los ojos.

Joder, mi novia me acababa de confesar que le habría dado morbo follarse a otro solo porque a mí me gustaba eso. Era demasiado para mí. Iba a correrme y se lo hice saber a Ana. –No aguanto más Ana. Ella se salió de mí y se puso a un lado. – David aquí no puedes correrte encima de mí – Me advertía – Ana me agarraba la polla. Totalmente dura a punto de soltarlo todo. Llena del flujo suyo. Entonces cogió su tanga lo puso alrededor de mi polla y empezó a pajearme.

  • Venga, córrete – me ordeno mientras me pajeaba con sus bragas
  • Mmmm… voy… – le decía yo a punto
  • Me ha dado su teléfono el tío. ¿quieres que le llame y me lo folle? – me dijo acelerando la paja

Escucharla decir eso fue demasiado para mí. Simplemente estallé a la vez que le decía que lo llamase. Empezando a llenar todo su tanga con mí leche. No paraba de soltar. Por suerte su tanga recogía todo lo que soltaba mi polla. Finalmente Ana fue bajando la intensidad de sus movimientos y mi cuerpo se fue relajando.

  • Dioooos, que corrida – dije cuando pude recuperar el habla
  • Ya veo ya- me dijo Ana mostrando como había quedado su tanga. Dame una bolsa de las que hay ahí para guardar esto.

Cuando lo dejo dentro intente echar mano a su coño para masturbarla pero ella me paró. Mejor vamos a casa. Aquí me cuesta más correrme dijo abriendo la puerta y colocándose el vestido para pasarse al asiento delantero. Guardé mi polla ya flácida y también Salí para abrocharme y sentarme en mi sitio.
AL arrancar Ana me besó y me dijo – Te quiero – La dije que yo también a ella y arranqué para irnos a casa. Aunque el trayecto eran apenas 10 minutos Ana se quedó adormilada. Al llegar a casa dijo que estaba cansada y que prefería acostarse .

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