ALMUTAMID

Alrededor de las 3 de la tarde me despertó mi madre para almorzar el tradicional bacalao del Viernes Santo. Mi padre me contó durante la comida que las cofradías de la Madrugada habían tenido que volverse rápidamente a sus templos porque había empezado a llover. Y es que se cumplía una de las tradiciones de la ciudad que consistía en que casi siempre llovía en las primeras horas de la tarde del Viernes Santo para que cierta hermandad de mi barrio no pudiera salir.

Efectivamente llovía aunque el pronóstico era que a media tarde saldría el sol. Escribí a los otros cuatro con los que había salido aquellos días para coordinarnos. Mis dos amigos que habían salido de nazarenos esa noche no contestaban pues debían estar dormidos. Pero las chicas tampoco, así que me senté calentito en la sala de estar a ver una película de romanos y de paso dar alguna cabezadita.

Alrededor de las 6 me escribió Alba proponiéndome que nos fuéramos al centro a tomar café por si el tiempo mejoraba y salía alguna de las cofradías de la tarde. Me pareció excelente idea y quedamos a la espera de que los demás se pronunciaran. Al poco escribió Viqui. Que no contáramos con ella que si salía alguna cofradía se acercaba a buscarnos donde estuviéramos. Por último mis dos amigos terminaron avisando que estaban muy cansados y se quedaban en sus casa. Así que en principio me iba solo con Alba. Dudé si decirle que esperáramos pero me dio vergüenza de que pensara que estaba evitándola cuando en realidad no era así.

Siguiendo la tradición me puse un traje oscuro con corbata negra, un traje gris que me habían comprado hace años mis padres para una boda y que aunque aun me servía de talla mi cuerpo había ensanchado ajustándoseme la chaqueta especialmente en el pecho y la espalda que las había desarrollado con el ejercicio, especialmente cuando tuve que usar muletas. La verdad es que me vi guapo en el espejo con mi pelo engominado y la chaqueta del traje ajustada sin apretar.

Me fui a buscar a Alba que tampoco me había dicho nada de no quedar a pesar del mensaje de Viqui. Esta niña siempre tenía el modelo perfecto para cada circunstancia. Se había puesto un traje dos piezas de pantalón y chaqueta negros con una blusa beige debajo, muy de su estilo con la chaqueta corta y ajustada a la barriga y el pecho recogido dentro con su escote sugerente.

Tras los saludos de rigor le hice el cumplido de lo guapa que estaba y ella me lo devolvió recordándome lo guapo que estamos los chicos con traje o americana y qué poco la usamos. Salimos paseando hacia el centro. No llovía pero el ambiente en el barrio estaba bastante desangelado teniendo en cuenta que ese día tenían que haber salido dos cofradías allí y ninguna había podido hacerlo.

Por fin llegamos a una cafetería y nos pedimos un café cada uno, aunque yo lo acompañé con una torrija. Cuando llevábamos unos minutos allí sentados le dije a Alba:

-Es curioso que hace casi un año que nos conocemos y apenas hemos tenido relación y en una semana nos hemos visto todos los días.
-Es verdad, y además con amigos comunes y no hemos coincidido salvo en aquellas barbacoas y en el puente de la comunidad.-me respondió.
-Bueno, yo a Pablo suelo verlo siempre que vengo, lo raro es que tú con las niñas no te veas tanto viviendo en la misma ciudad.
-Bueno, nos conocemos desde pequeñas y quedamos eso de vez en cuando para salir o en barbacoas, cumpleaños y esas cosas pero en realidad siempre hemos sido muy independientes.
-Entonces ¿tú normalmente con quien sales?
-La verdad es que salgo poco. Últimamente más con compañeras de la facultad, pero son de fuera y en los puentes y fiestas no están.
-¿Y con Nieves y Leyre entonces que relación tienes?-quise saber.
-A ver…-tomó aire inflando el pecho de forma que se me desvió la mirada hacia su escote- Nosotras nos conocemos desde el colegio. Hemos sido íntimas. Pero cuando llegamos a la ESO la cosa cambió. Leyre siempre ha sido de novios. Desde segundo de la Eso ha ido sustituyendo a un novio por otro sin solución de continuidad. Casi siempre niños grandotes tipo Pablo. Pero no le duraban más de un par de meses o tres.
-¿Y Nieves?
-Ella y yo éramos más tranquilas. Más cortadas. Más pavas, jajaja. Perdíamos de vista a Leyre un fin de semana y aparecía con otro novio. Verás, nuestro colegio era de monjas y había muy pocos niños, casi todo niñas. Yo creo que Leyre salió con todos los niños del colegio menos con los más parados. Y cuando en bachillerato nos fuimos al instituto pues abrió todavía más el territorio. Nieves y yo en la ESO casi nada. Éramos muy pavas.
-Yo ni te cuento. ¿Entonces ese noviete que tuviste cuando fue?
-En 4º. Pero no llegué a saber si estábamos saliendo.
-¿Y eso?
-Porque nos enrollamos en una fiesta…
-¿Tú primer beso?
-No, no. En 3º en una fiesta de fin de año me enrollé con Álvaro, pero nada sólo eso.
-Entonces ¿qué pasó en esa relación?
-Pues nada, Enrique y yo nos enrollamos en una fiesta del colegio pero no me pidió salir ni nada.
-¿Y te gustaba?
-Claro, por eso me enrollé con él, pero no hablamos nada. A la semana siguiente nos volvimos a enrollar, pero no me pedía salir. No quedábamos pero como salíamos por la misma zona nos encontrábamos y terminábamos enrollándonos. Así todo el resto de 4º de la ESO. En verano nos fuimos a sitios diferentes y en 1º de bachillerato fuimos a institutos distintos y pasó de mí.
-¿Te dolió?
-Me lo esperaba. El encanto ese del enamoramiento del niño que ves tan guapo, tan bueno, tan listo…ya se me había pasado.
-¿Y Nieves?
-Ella se enrolló con algún chico que yo supiera pero siempre era muy reservada con esos temas. Sé que tuvo algo más con algún tío pero nunca me los presentaba ni salía con él los fines de semana porque solía estar conmigo. Alberto es el primer novio que le he conocido.

No me cuadraba esa Nieves aparentemente asexual con la que yo había conocido, decidida cuando quería algo, sumisa cuando quería ganarte y directa cuando tenía confianza. Además no encajaba la visión de Nieves como alguien que apenas había tenido unos rollos de instituto con algún chaval mientras conmigo se comportó como una experta en artes sexuales: la mamaba que daba gusto y la enculé con mayor facilidad que a nadie. Evidentemente había una historia oculta por detrás, nunca mejor dicho. Algo ajeno al conocimiento de sus amigas o al menos de Alba. Del mismo modo que mantuvo una relación paralela conmigo a escondidas estaba claro que las había tenido antes. Salvo aquel fin de semana orquestado con Leyre siempre había quedado sólo conmigo o directamente en su casa para follarme. Yo pensaba que era porque yo tenía novia pero en realidad era ella. Y por eso me quería eliminar. No quería que Alberto supiera nada de sus aventuras anteriores y se quería vender como la novia perfecta. Qué tontería. ¿Qué más da lo que hubiera hecho antes? E problema conmigo es lo que Alba sospechaba: que había sido durante.

-Bueno ¿y tú? Después de aquel medio novio, ¿qué?- pregunté.
-Poco más. Ya te he dicho que algún rollete y poco más.
-¿Y ahora te gusta alguien?
-Eso me da vergüenza decirlo…-dijo bajando la mirada.
-Niña tampoco es algo tan íntimo.
-Pero me da corte decírtelo. Nos conocemos hace poco y no sé si somos tan íntimos todavía.
-Bueno, te respeto tu discreción.
-Bueno, Luis. ¿Y tú qué?
-Puff, yo en el instituto no me comía una rosca.
-No te creo…jajaja.
-En serio. Cortado, parado…con gafas de pasta…nada. Medio salí con una chavala en bachillerato y poco más.
-¿Viqui fue tu primera novia?
-Sí. Aprendimos muchas cosas juntos.
-Ya…¿Y después?
-Salí con una compañera de residencia pero ella se fue a Italia con una beca y yo la cagué enrollándome con Nieves.
-Lo dices con lástima.
-Es que la cagué. Tenía una relación bonita y la estropeé por dejarme llevar.
-¿Por Nieves?
-Puede ser muy persuasiva.
-¿En qué sentido?

Le hice un gesto de obviedad y respondió:

-Ahn, vale…¿Pero os enrollásteis muchas veces?
-No. Ten en cuenta que yo estudio fuera. Aunque tengo una curiosidad. ¿Qué cuenta ella de Alberto?
-Es la primera vez que nos presenta a un chico y parece ilusionada.
-Mira, si hablas con ella dile una cosa de mi parte.
-A ver…
-Dile de mi parte que no tengo intención de perjudicarle en su relación. Que ella no me interesa y que no gano nada perjudicándola, pero…

Alba me miró intrigada y rematé:

-Que no me toque los cojones.
-No te preocupes. Creo que el mensaje es claro, jajaja.

Eran las 9 de la noche y no había salido ninguna cofradía así que teníamos que decidir si volver a casa o cambiar de sitio. Al final Alba me dijo que estaba tan a gusto que no le apetecía meterse en casa así que decidimos ir a cenar a un restaurante italiano.

Quien nos viera en la cena pensaría que éramos pareja compartiendo una pizza, una ensalada y una botella de lambrusco. Pero no había gestos de cariño aunque sí muchas complicidades. Cuando la dejé en su casa no pude más que reconocer una vez más mi suerte:

-Si me dicen hace una semana que voy a pasar una Semana Santa tan buena ni me lo creo. Aunque hoy se haya truncado con la lluvia, pero mira al final la tarde que hemos echado.
-Verdad. Qué suerte que nos guste tanto a los dos y hayamos podido salir juntos.- añadió dándose cuenta del doble sentido de su comentario y continuando algo nerviosa- Bueno, salir a ver cofradías, claro…
-Sí, sí, que te he entendido. Pero bueno todavía nos queda mañana. Tú te apuntas ¿no?
-Bueno, suelo ir a la Vigilia Pascual por la noche pero por la tarde saldremos juntos ¿no?
-Claro. Pero después de la Vigilia ¿qué haces?
-Pues normalmente irme a casa.
-¿Por qué no salimos de marcha?-le propuse.

Titubeó un momento porque no entendía que le estaba proponiendo, así que me expliqué:

-Normalmente yo suelo quedar el Sábado Santo por la noche para salir de copas con mis amigos y así no tener nostalgia de la Semana Santa.
-Ahn, jajaja. Vale. Pues me decís donde estáis y me acerco.
-Perfecto. Pues mañana por la tarde nos vemos.

Nos dimos dos besos y me fui para casa encantado de la buena tarde y cena que habíamos echado. De hecho, me costó dormirme por lo tarde que me había levantado y pude pensar y analizar todo lo ocurrido en las últimas semanas. Tenía claro que debía apartarme del ambiente sórdido en el que me había dejado arrastrar por Blanca y Dani, especialmente él. Por otro lado, empecé a ser consciente de que mis amigas tenían razón. Viqui ahora me veía como un buen amigo y así se lo había dicho a Alba. La misma visión de mí que Marta presentaba.

¡Marta! La besé y no había vuelto a hablar con ella. Pero es que vaya lío volvía a tener en mi cabeza. Por más que hubiera decidido que no lo iba a intentar con Claudia ni yo mismo tenía esa seguridad de qué pasaría cuando la tuviera delante. Igual me pasaba con Marta. Me había gustado mucho besarla, aunque ella se asustó. Pero ¿y Alba?. Me lo había pasado tan bien con ella mostrándose tan cercana, en ocasiones demasiado cercana por las bullas, jajaja. Me recordaba en cierto sentido a Marta, aunque físicamente fuesen tan distintas. Una alta y pechugona y la otra bajita y menuda, pero muy guapas las dos. Pero eran dos personas que te hacían sentir a gusto en su compañía.

Me alegraba de haber descubierto a Alba y poder disfrutar de su amistad. Aunque reconozco que al despedirme de ella aquella noche a punto estuve de darle un beso. Pero habría sido un error por mi parte estropear la amistad con ella por un impulso cuando en dos días regresaría a la residencia. Eso sí, seguro que habría sido un beso muy dulce. Como el de Marta. Joder, me gustó mucho el beso de Marta, aunque la cagué después. Cogí el móvil y le escribí:

-Buenas noches princesa, ¿cómo llevas las vacaciones? El domingo cojo el tren de las 5. ¿Te busco dentro?

Era muy tarde y pensé que estaría dormida, pero era viernes y al cuarto de hora respondió:

-Hombre, el niño de la procesión dio señales de vida, jajaja. Aquí de copas con unas amigas. ¿Qué tal tu semana?
-Muy bien. Cansado de tanto andar, pero ya sabes que sarna con gusto no pica. Pero vamos, ya estoy metido en la cama desde hace un rato.
-Que tierno, jajaja. ¿Me haces un hueco?
-Tú estás borrachuza, jajaja. Ya sabes que me encanta dormir contigo.
-Sólo un poquito, pero no se lo cuentes a nadie. Venga te dejo que estoy con amigas de fiesta guapetón. El domingo búscame en el tren. ¡!!Muacs¡¡¡

Me sorprendió la conversación con Marta, pero se le notaba que había bebido un poco. Me tranquilizó su forma de tratarme después del beso y mi reacción después en el tren poniendo su mano encima de mi polla.
A la mañana siguiente me levanté descansado. Mis amigos me habían avisado para jugar una pachanga y echar unas cervezas. Echaba de menos esos ratos con mis amigos. Durante la cerveza pude hablar con Pablo:

-Capullo, ya podías haberme avisado de la encerrona de tu novia y su amiguita.
-Ehn, que no tenía ni idea de que tú fueses la parejita de Alba. No lo sabíamos ninguno. Ella sólo dijo que se vestía de mantilla y venía acompañada. Además después me cayó la reprimenda de Leyre.
-A mí me da igual pero yo no he hecho nada para que me traten así.
-Lo mismo le he dicho a mi novia. Pero tú sabes como son las tías. Por proteger a su amiguita ya sabes. Yo ya le he dicho que eres mi amigo y tendré que verte.- me confesó con tranquilidad.
-Pues menuda lagarta la amiga de tu novia…
-Y mi novia, jajaja. Las tías son así, mientras nosotros no peleemos por su culpa todo bien. Ellas tienen unos líos que a nosotros nos la sudan. ¿Qué más le dará a Nieves que Alberto sepa que antes se te follaba a ti? Pero ellas enredan.
-Creo que hay un matiz importante.

Pablo me miró extrañado y continué:

-Antes no. Creo que durante.
-¿Te has follado a Nieves estando con Alberto?
-Creo que sí. En Navidad.
-¿No me jodas que estaba jugando a dos bandas?
-Tal y como te digo.
-Jajajajajaja. Me parto, tío…No sé cuál es más zorra de las dos, si mi novia o su amiga, jajajaja.

Me sorprendió su reacción y se dio cuenta.

-Mira, Luis, Leyre me dejó después del verano, ¿te acuerdas? Tenía remordimientos por la mamada que te hizo y tal. Nada, tonterías. A las dos semanas me estaba comiendo la polla otra vez diciéndome que no podía estar sin mí pero que nos dejáramos de líos raros. La tengo loquita y no es por mí, es por la caña que le doy que es lo que le va a la muy zorra. Y Nieves es como ella pero va de puritana.
-Bueno, no tanto. No se cortó en buscarme sabiendo que tenía novia.
-Ya, bueno, pero eso no es su problema. Ella es tan zorra como Leyre, pero quiere un novio que enseñar y Alberto es estupendo para eso. Siempre atento, se lleva bien con todo el mundo. No dice que no a nada. Y no se cosca de lo puta que es su novia, que lo mismo ni se la chupa para parecer más pura…una hipócrita, Luis. No le des más vueltas. Si te lo pasaste bien follándotela mejor para ti, pero no le des más vueltas.

La conversación me dejó tocado. No por la descripción de Nieves, que burdamente Pablo había clavado, sino por mi error. Por dejarme llevar por ella y terminar mi relación con Claudia pensando en alguien que se había entretenido conmigo mientras buscaba a su novio ideal. Ahora Nieves era historia y desgraciadamente Claudia también.

Pero si algo había aprendido durante aquella Semana Santa era a no lamentarme, a seguir. Así que aquella tarde volvimos a quedar los mismos 5 del Domingo de Ramos y nos fuimos a ver las cofradías del Sábado Santo, que son menos en número y también menos multitudinarias en cuanto a público. Así que salimos a media tarde tranquilamente. De nuevo las niñas muy guapas. Viqui con los vestiditos que tanto le gustaban y que la tarde primaveral le permitía lucir, y Alba me sorprendió con una falda, pues ella es más de pantalón, pero se arregló para la misa de la noche con una falda negra por encima de las rodillas pero con apertura lateral haciendo que asomara el inicio de su muslo al andar. Por arriba una de sus invariables blusas en color crema desabrochada a la manera habitual bajo la que se adivinaba un sujetador de encaje negro y una chaqueta roja.

A las 9 y media de la noche Alba se separó del grupo y los otros 4 nos fuimos a cenar algo. Tras la cena nos fuimos a nuestro barrio a un local de música flamenca para ir cambiando los aires serios de la Semana Santa por la alegría de la Pascua que en nuestra ciudad viene además acompañada de su feria.

En torno a la 1 de la mañana llamó Alba y en poco más de 15 minutos estaba con nosotros. Aunque s e notaba que llevábamos alguna copa más que ella brindamos. Estábamos pasándolo bien los 5 y yo especialmente cuando me bailé una sevillana con Alba, que lo hacía bastante bien, siendo de esas niñas que no dejan de mirarte mientras bailas clavando sus ojos en los tuyos. Yo me arrimaba en los cruces apoyando mi mano en su cintura de modo que nuestras caras pasaban cerca. Incluso veía como su falda se abría dejando escapar su muslo al estirar la pierna en los pasos de baile. Parecía una Alba mucho más fresca, más alegre y divertida.

Cuando Viqui, que también bailó conmigo, pues al final las chicas terminaron bailando conmigo y mis dos amigos, admitió que ya estaba cansada. Desde aquel local cogíamos caminos diferentes y Alba y yo nos fuimos solos.

En su portal cuando le estaba diciendo lo bien que me lo había pasado sin esperármelo me dio un beso. Me quedé cortado sin saber que hacer, pero antes de que reaccionara ella volvió a buscar mis labios esta vez intentando encontrar mi lengua hasta que yo se la ofrecí. Nos estábamos comiendo la boca con dulzura sin tocarnos cara a cara en la puerta de su casa…

Mi mente reaccionó rápido. Me encantaba aquel beso. Me encantaba aquella niña. Pero no podía ser. Yo me iba al día siguiente y tenía muchas cosas que soluciona. No me podía embarcar de nuevo en una relación a distancia con una niña que no se merecía ni un solo error mío.

Separé mis labios de los suyos. Alba se había quedado con los ojos cerrados saboreando el regusto de mi boca. Estaba preciosa. Pero no podía ser.

-Alba, lo siento.

Me miró angustiada.

-No debería haberte dado pie.-añadí.
-No, no. Perdona he sido yo, creo que he sido muy atrevida.
-Para nada. Me ha encantado el beso. El problema no eres tú. Eres un sol, un ángel. La culpa es mía.
-De verdad Luis- dijo mirándome al fin a los ojos- que entiendo que no te guste.
-Ahí es donde está el problema, Alba. Que me gustas demasiado. Y yo me voy mañana. No quiero una relación a distancia. Ya tuve una con una niña maravillosa y la eché a perder. Y lo peor, es que le hice daño. Tú no te mereces eso. No me lo perdonaría.
-¿Te ha gustado besarme?
-Muchísimo.

Alba bajó de nuevo la mirada con una mezcla de ternura y orgullo. Me acerqué a ella y la abracé. Notaba su respiración profunda y sus pechos apretarse al mío. Fue un abrazo largo y silencioso pues todos sabemos que hay silencios más elocuentes que algunas palabras. Al tener ambos casi la misma altura nuestras caras se tocaban en el abrazo. Al fin me separé y le dije sonriendo:

-Me debes una sevillana en feria…
-¿Sólo una?
-Por mí, todas las que quieras.
-Hecho…

Alba me besó la mejilla para meterse en el portal. A punto estuve de retenerla para volver a besarla en la boca, pero me contuve. Tenía el pulso acelerado y la emoción me afloraba en los ojos. Yo no habría dado nunca el paso, pero ahora que ella había puesto las cartas sobre la mesa estaba halagado pero a la vez tremendamente confundido. La Semana Santa me había liberado del peso que había supuesto los últimos y extravagantes líos con Dani y Blanca. Me había centrado dejándome claro por donde tenía que ir por mi bien y el de las personas que me rodeaban. Me había autoconvencido de que se había acabado ya todo con Claudia y me había abierto la puerta de Marta, con aquel beso, aunque con ella nunca se sabía. Y ahora Alba…

Si no estudiara fuera sería mi chica ideal. Los mismos gustos y aficiones, en mi barrio. Tan guapa, y bueno, curiosidad no me faltaba por descubrir mejor su cuerpo aunque en mi memoria quedaba una imagen de unos pezones grandes y oscuros.

Pero mi situación era la que era. Vivía paralelamente en dos ciudades separando amistades e incluso costumbres. Y no terminaba nunca de asentarme en ninguna de las dos pues cuando estaba en una me oba a la otra y ocurría algo que afectaba a mi vida en la primera. Mi gran error desde el principio había sido separar las dos vidas como diferentes cuando yo era el mismo. Sólo se habían cruzado mis dos vidas cuando Viqui vino a la ciudad donde estudio y Claudia se convirtió en mi novia oficial hasta para mis amigos, algo que tuvo poco efecto en cuanto me enrollé con Nieves.

No quería hacer planes ni veía capaz de cumplirlos. Descartado volver con Claudia no iba a dar ningún paso más ni con Marta ni con Alba cuando volviera a mi ciudad. Aunque me lamentaba de mi dicotomía no me iba a hundir en ella. Tan en serio me tomé mi plan de huida que decidí hacer como Claudia pero sin dejar el lastre de un novio colgado detrás. En mi carrera de convalidaban bastantes créditos si los hacías con una estancia en el extranjero de modo que me planteé solicitar una beca Erasmus de un cuatrimestre para el siguiente curso creyendo que me serviría estar alejado una temporada. El mismo Domingo de Resurrección por la mañana empecé a informarme para ver cuales eran los requisitos y plazos para solicitarlo. Al primer cuatrimestre no llegaba ya, pero sí al segundo. Si conseguía una estancia de 4 meses en una ciudad bien comunicada podía pasar allí desde febrero a mayo del siguiente curso. Faltaba mucho, pero confiaba en no cagarla más en ese casi año entero que me faltaba si me la concedían.

Después de comer hice la maleta ya cargada con ropa de primavera-verano y mi padre me llevó a la estación de ferrocarril. Era más lento pero más cómodo. Además había quedado con Marta para volver juntos. Me despedí de mi padre en el vestíbulo de la estación y me dirigí al andén donde llegaba el tren en el que Marta venía. Subí al tren y la busqué. Casi en el último vagón me esperaba sentada con una amplia sonrisa cuando me vio. Se levantó para abrazarme y darme dos besos. Estaba guapísima, muy morena y con el pelo recogido. Se lo hizo saber explicándome que había ido a la playa todos los días menos el viernes porque llovió que se había ido toda la tarde de copas con sus amigas. Por eso estaba tan contentilla cuando le escribí.

-Ya ves, yo de procesiones y tú de copas…-le dije de coña.
-No me creo que no hayas salido de copas ni un día.
-Anoche mismo estaba bailando ya de feria, jajaja.-le dije mientras pensaba “Y algo más…”
-Pues no crea que yo mucho más. Mucha playa pero de copas sólo el viernes con la lluvia.
-Y borrachuza. Que vamos que si te quieres meter conmigo en la cama no me lo tienes que decir dos veces…
-Qué tonto eres, jajaja. Estaba de broma.-respondió con una mirada zalamera.

La notaba diferente. Me recordaba a la Marta divertida que había conocido sentándose en mis rodillas en las noches tras los partidos del equipo. Pero acercándose para hablarme en confidencia me dijo:

-No soy yo la que se inventó una argucia para que le dieran dos besos y le tocaran la churra…
-Noooooo, no fue eso…
-Shhhh, calla, jajaja. Que nos van a oír. Luis que te conozco, y te gusta provocar las situaciones. Te pasaste un poco con lo de la manita, pero el beso te lo di yo.
-En serio, que no me lo inventé. Estaba preocupado por eso.
-Ains, tan maduro algunas veces y tan infantil otras. Si no fuera porque te queremos no te perdonaríamos esas tonterías tuyas.
-Si no quieres creerme no me creas. Pero estaba muy preocupado y abusé de tu confianza. ¿Tan malo es darme un beso?
-Que tonto eres. Para nada. Pero te sobró lo de la manita.
-Perdóname. No quería molestarte. Y ya te lo dije. Gracias, porque estoy curado.
-Jajajaja. Si es que eres para quererte…

Por fin cambiamos de tema contándonos con más detalle nuestra semana. Teníamos pendiente esa conversación y no había salido mal. Marta no se había tomado mal del todo mi ocurrencia sin tener que darle mayores explicaciones que me negaba a dar. Desde luego ella había curado mis malos pensamientos y Alba había confirmado que lo ocurrido con Dani sólo había sido un desliz.

Mi viaje se hizo más placentero con su compañía y mi tranquilidad. Y sobre todo con mi convencimiento de que no iba a meter más la pata.

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