ECONOMISTA

18

Salió de la ducha y se afeitó la poca barba que tenía, había quedado con Mariola a las 19:00 de la tarde en su casa y luego con los colegas a las 23:00 para salir de fiesta. Todavía no podía creerse que fuera a hacerlo. Al principio se lo había tomado como una broma de su amigo Lucas, pero había insistido tanto con el tema, diciéndole que era en serio, que al final terminó aceptando.

Aun así seguía desconfiando, pensaba que era un juego que habían orquestado entre Lucas y Mariola y que le habían metido en medio a él y que seguramente no iba a pasar nada. Al fin y al cabo Mariola era “la chica” de su amigo, la que se estaba follando desde hacía meses, se le hacía muy rara la situación y que a Lucas le diera igual que él también se acostara con ella, pero es que se lo había puesto tan fácil. El propio Lucas había cerrado la cita el jueves por la noche y le mandó un WhatsApp para recordárselo.

Lucas 22:34
Me ha dicho que si te viene bien el sábado quedar en su casa a las 19:00.

Y es que como Mario no se decidía, Lucas preparó un partido de pádel con Mariola y otra chica el jueves por la tarde.

―El jueves echamos un partido, juegas con ella y así la ves un poco y rompéis el hielo.

Efectivamente así lo hicieron, jugaron un partido y Mario hizo pareja con Mariola. Estaba muy nervioso con la posibilidad de follarse a aquella MILF. La “novia” de Lucas estaba muy buena para tener cerca de 40 años, guapa, pija, unas piernas bonitas, un cuerpo firme y un culazo de impresión, que marcaba descaradamente, con unas mallitas puestas para lucirlo bien frente al chico. Era una mujer de las que dan mucho morbo.

Cuando terminaron de jugar Mario y Mariola se despidieron tímidamente y Lucas le dijo en el vestuario a su amigo.

―¿Qué te ha parecido, está buena, eh?
―Mmmmmmmmmmmmm, sí, está muy buena.

Lucas le enseñó el móvil a su amigo.

―Mira qué mensaje me acaba de mandar.

Mariola 20:35
Me encanta tu amigo, ¿estaría dispuesto a quedar el sábado?

―Joder, no me creo que te haya mandado ese mensaje, venga vale, lo que tú digas, dime una hora y quedo con ella ―dijo Mario.
―Muy bien, ese es mi colega ―dijo Lucas dándole una palmada en la espalda―. Luego concreto la hora con ella y te mando un mensaje, prepárate a follar con una mujer de verdad…

La hora y el día habían llegado, Mario se vistió y fue andando hasta la dirección que le había dado Lucas. En la cazadora llevaba una caja de preservativos que había comprado en la farmacia por la mañana. Llegó puntual al portal y llamó al timbre. Hasta última hora esperaba que fuera una broma de Lucas, entonces escuchó la voz de Mariola por el interfono.

―Sube.

Cuando llegó tenía la puerta abierta y ella le esperaba allí.

―Hola ¿qué tal?, pasa ―le dijo dulcemente dándole dos besos.

Ella le guió hasta el salón y Mario estaba muy cortado, no sabía muy bien que tenía que hacer o decir. Nunca había tenido una cita así.

―¿Me dejas la cazadora?
―Sí, claro.

Al poco volvió Mariola, llevaba unos pantalones vaqueros súper ajustados por encima de los tobillos y en los pies unos calcetines tobilleros, en la parte de arriba llevaba como un jersey algo amplio de color negro y tal y como se le marcaban los pechos parecía que no llevaba nada debajo.

―¿Qué quieres de beber?
―Una Coca cola zero, por favor.
―Siéntate que ahora vengo.

Al poco apareció Mariola con una bandeja donde llevaba un par de bebidas y unos cuencos con patatas y algún fruto seco para picar. Le había preparado la Coca cola en un vaso ancho con una rodaja de limón.

―Gracias.

Luego ella se sentó a su lado.

―Bueno, estuvo genial el partido del otro día, juegas una pasada, ya me ha dicho Lucas que eres casi profesional.
―Tanto no diría, pero sí, juego torneos en primera y alguna pre previa del World Pádel Tour, pero ser profesional y poder vivir de ello hay que entrenar mucho y no es fácil llegar arriba, yo quiero centrarme en los estudios…
―Me parece muy bien que tengas las ideas tan claras…
―Gracias.
―Guapo, buen estudiante, deportista y encima educado, tu madre estará contenta contigo.
―Sí, no se queja, jajajajaja.

Mario se puso rojo de vergüenza al momento, Mariola iba directa al grano, le quitó el vaso de Coca cola de la mano y se acercó a él.

―Eres muy mono ―dijo dándole un pequeño beso en la boca.

Comenzaron a enrollarse en el sofá, Mario metió la mano por debajo del jersey y efectivamente ella no llevaba nada debajo, se encontró desnudas las tetas de Mariola que acarició muy suave. Luego ella le desabrochó el pantalón y le agarró la polla por encima del calzón. No quería perder el tiempo.

―Tengo condones ―dijo él muy nervioso.
―Tranquilo, ya habrá tiempo para eso ―dijo Mariola pajeándole por encima de la ropa interior apretando y soltándole el paquete.

Seguían morreándose y Mario también le desabrochó los botones del pantalón para intentar meter la mano en su entrepierna, pero los llevaba muy ajustados y no podía, además Mariola le estaba masturbando tan bien que le era difícil concentrarse en otra cosa. Se la había agarrado por el sitio exacto y con la presión necesaria. No le había sacado la polla del calzoncillo y ya estaba a punto de correrse.

―Mmmmmmmmmmmmmmm me gustas mucho ―jadeó Mariola mientras le comía el cuello y el lóbulo de la oreja.

El chico no pudo más, intentó agarrar a Mariola por el brazo para que se detuviera, pero ella siguió como si nada masturbándole sobre el calzón.

―Para, me corro, me corro…―dijo Mario intentando evitarlo.

Pero ya era tarde, estaba empapando el calzón con la primera corrida de la tarde. Mariola no dejó de mover la mano en ningún momento, mientras Mario se corría dentro de los calzones. Apenas había durado tres minutos.

―Lo siento ―dijo avergonzado.
―No pasa nada, es muy normal, tranquilo tenemos toda la tarde, vete a limpiarte si quieres.

Mario se metió en el baño, había quedado hecho un asco, menos mal que se había depilado y le fue más fácil limpiarse. No pensó que se iba a correr tan rápido. No llevaba ni diez minutos en el piso de la MILF y ya le había hecho correrse en los calzones. Cuando salió del baño Mariola seguía en el sofá esperándole como si nada, se puso de pie y fue a por él, dándole un beso en la boca.

―¿Todo bien?
―Sí, bien.
―Vamos al dormitorio si quieres, estaremos más cómodos ―le dijo ella llevándose al chico de la mano.

Poco a poco se fueron desnudando mientras no dejaban de besarse, Mariola tenía intención de chupársela para ponérsela dura de nuevo, pero se dio cuenta de que no hacía falta, Mario ya estaba empalmado tan solo con los besos y el hecho de ir desnudándola. Aun así lo hizo, el chico se tumbó en la cama de Mariola y ella poniéndose a cuatro patas comenzó a mamársela muy despacio. No quería que se volviera a correr.

Cuando Mario ya estaba muy excitado le hizo ponerse un condón y que se la follara en un misionero bastante normalito hasta que se corrió dentro de ella. Mariola se dio cuenta de que Mario era muy dulce follando, todo lo contrario a Lucas. Esperó a que se le volviera a poner dura para ponerse sobre él y cabalgarle despacio, en un polvo lento, pero muy rico.

Que fuera tan dulce a Mariola le gustaba, pero después de montarle un rato necesitaba algo más duro para poderse correr, quería que el chico la insultara, o le pegara algún azote. Mario no dejaba de acariciarla el culo, así que ella le llevó la mano hasta su pequeño agujerito a la vez que incrementaba el ritmo de la cabalgada.

―Ahhhhhhhhhhh ahhhhhhhhhhhhh, méteme un dedo por el culo, méteme un dedo por el culo, ahhhhhhhhhhhhhh….

El chico cumplió lo que le pedían y justo Mariola comenzó a correrse, lo que hizo que Mario también llegara al orgasmo, mientras Mariola le cabalgaba furiosa con un dedo dentro de su culo.

Menuda tarde de sexo llevaban. Mario estaba impresionado, nunca había conocido a una mujer como Mariola.

―¿Te quedas a dormir? ―le dijo ella.
―No puedo, había quedado con los amigos dentro de un rato para salir, aunque sí me gustaría pegarme una ducha.
―Sin problemas, te doy una toalla limpia y al menos te preparo algo para cenar antes de que te vayas…
―Muchas gracias.

Estuvieron cenando juntos y cuando terminaron, antes de que el chico se fuera con sus colegas de fiesta Mariola se puso de rodillas y le hizo una mamada en la cocina para que echara en la boca las últimas reservas que le quedaban. Se despidieron con un beso.

―¿Volveré a verte? ―le preguntó Mariola.
―Claro, cuando quieras, si a Lucas no le importa…tienes mi teléfono…
―Venga pásalo bien, anda, vete que te estarán esperando tus amigos…

Mientras bajaba en el ascensor Mario iba como en una nube. Mariola era tremenda en la cama, no se imaginó que había mujeres así y eso que Lucas ya le había puesto en aviso de lo guarra que se ponía mientras follaban. Se había corrido en su boca, le había metido un dedo por el culo y eso solo el primer día que habían quedado. No le apetecía nada salir de fiesta, estaba agotado después de correrse cuatro veces y solo quería llegar a casa y meterse en la cama a descansar, le temblaban hasta las piernas y a pesar de todo, solo acordarse de Mariola hizo que se le volviera a poner dura.

Cuando llegó abajo se quedó pensando unos segundos si volver a subir de nuevo, ella le había invitado a pasar la noche y tenía ganas de volvérsela a follar. Así que cogió el ascensor y volvió a subir. Llamó al timbre y Mariola se sorprendió al verle.

―¿Pasa algo Mario?

El chico se lanzó sobre ella dándole un muerdo en la boca.

―Me apetece quedarme otro rato…
―Mmmmmmmmmmmmm, me encantáis a estas edades, no se os pasa el calentón ni aunque os corráis 15 veces ―dijo Mariola empujándole para dentro mientras le sobaba la polla por encima del pantalón.

19

Aquel sábado nos levantamos tarde, no teníamos trabajo, ni las niñas tenían que madrugar para ir al colegio, era una mañana fría, pero soleada y Claudia me dijo que le apetecía que desayunáramos todos juntos en el jardín. Cuando terminamos nos pusimos a hacer un poco de limpieza general por la casa y al rato escuché a Claudia que me llamaba desde la habitación de nuestra hija pequeña.

―¿Qué pasa Claudia?
―Anda mira esto, se está levantando la madera ―dijo enseñándome el cabecero de la cama de Blanca..
―Pues es verdad, vaya mierda…
―Nos va a tocar llamar a la tienda, joder, pues no eran precisamente baratos los muebles y encima tener que tratar otra vez con la tía esa, encárgate tú de esto, porque no quiero tener ningún contacto con ella después de lo de Gonzalo y lo que pasó contigo, bueno, prefiero ni pensarlo…haz una foto y mándasela al correo de la tienda, a ver qué te dice…
―Vale, pues luego se la mando.

Solo con pensar en Cristina ya me puse nervioso, ni tan siquiera había tenido que hablar con ella, es que era solo acordarme de mi ex y me entraba un temblor y una excitación en el cuerpo que no sabía explicar. Como me pidió Claudia, le hice una foto al desperfecto y le mandé un correo a la dirección electrónica que tenía en la página web. Un rato más tarde me contestaron de la tienda.

Sentimos las molestias ocasionadas, desgraciadamente no ha sido un problema aislado con este proveedor y le pedimos disculpas. En el plazo más breve posible nos pondremos en contacto con ustedes para darle solución a su problema.

Atentamente Cristina.

Le enseñé el correo a Claudia y ahí quedó la cosa, no le dimos más importancia. Unos días más tarde a primera hora de la mañana estaba trabajando en la fábrica y recibí una llamada de un móvil del que no tenía el número guardado.

―Hola David.

Enseguida conocí la voz de mi ex, me había llamado desde un número distinto al suyo personal.

―Hola.
―Sí, te llamaba porque hace unos días me mandasteis un correo que habíais tenido unos problemas con el dormitorio que os pusimos.
―Sí, ya viste la foto, se ha levantado un poco la madera del cabecero.
―¿Habéis mirado bien el resto de los muebles?, este proveedor que era nuevo nos ha salido mal y estamos teniendo un montón de reclamaciones.
―Pues no hemos mirado la verdad.
―No tiene por qué haber más desperfectos, pero estaría bien si le echáis un vistazo o si quieres te mando a alguien de la tienda para que lo mire bien.
―Vale, pues sí, que venga alguien de la tienda y lo mire todo, porque nosotros no entendemos si puede haber más desperfectos.
―Esta tarde si estáis en casa os mando a uno de los montadores que lo revise todo bien.
―Vale, de acuerdo.
―A las 17:00 por ejemplo?
―Está bien, estaremos en casa a esa hora.
―Si quieres pásate por la tienda y lo comentamos, estaría bien que vinieras para ver una posible solución, el montador en principio me dirá, por lo general se puede arreglar bien, pero no quiero que esté dando problemas cada poco…
―En principio si lo arregláis está bien, si más adelante surgen otros problemas, entonces ya tendríamos que ver que solución nos dais…
―Por eso te decía que te pasaras por la tienda, estas cosas es mejor hablarlas aquí, no por teléfono…
―De momento que se pase el montador por casa.
―De acuerdo y tú cuando quieras te vienes por la tienda y lo hablamos, ¿te parece, David?, mañana te llamo a ver qué me dice el montador.
―Vale, venga hasta luego.

Tuve que colgar rápido, porque solo con que dijera mi nombre ya me había provocado algo en mi interior que solo ella podía conseguir. Además Cristina lo sabía perfectamente, por eso había dicho mi nombre y me había tentado con que me pasara por la tienda. Yo no quería hacerlo, pero ya tenía una excusa para pasarme por allí.

El resto de la mañana me quedé intranquilo, solo hacía que darle vueltas a la proposición de Cristina, a saber lo que se la ocurría una vez que entrara en su oficina. La última vez que fui a verla terminé en un almacén que tienen al lado de la tienda, comiendo su coño y dejando que me embistiera desde atrás, como si me follara, hasta que me agarró la polla e hizo que me corriera sobre la mesa.

Estaba harto, enfadado conmigo mismo, me sentía un pelele en manos de todas las mujeres y aquella mañana esa sensación se había apoderado de mí. Siempre acababa rendido a las exigencias de ellas, me utilizaban a su antojo y sentía que no me tenían ningún respeto, empezando por mi mujer que había que hacer siempre lo que ella dijera, luego estaba Carlota, Marina, Cristina. Cada una a su manera, pero todas habían jugado conmigo o se habían aprovechado de mi carácter amable alguna vez.

Era una buena oportunidad para empezar a cambiar eso, ahora estaba más seguro de sí mismo, había ganado confianza en los últimos meses, desde el último encuentro con Víctor en el hotel, llevaba yendo una temporada al gimnasio y estaba otra vez en forma, me sentía guapo, atractivo, como en la época universitaria en la que no me costaba ligar con ninguna chica. Como decía, llevaba unos meses en los que había vuelto a ganar confianza, aquella victoria sobre Víctor me había subido el ego. Me acordaba todos los días como me había follado por el culo a mi mujer delante de sus narices y como Víctor gimoteaba como un niño pequeño mientras lo hacía, parecía incluso que estaba a punto de llorar y yo cogí por la cintura a Claudia y la embestí desde atrás haciendo que se corriera como hacía años que no se corría con mi polla dentro.

Con mi polla dentro de su culo, mejor dicho.

Luego estaba lo de Carlota, mi cuñada a la que supuestamente siempre le había caído mal, y de repente en la jornada de empresarios de Salamanca había querido tener sexo conmigo, primero me había sobado la polla por encima del pantalón, luego metió la mano dentro para agarrarme la polla y me había dejado que sobara sus tetas y su culo. Evidentemente tuve que rechazarla, pero cuando se me volvió a insinuar en su habitación, de haber querido me la hubiera follado esa noche. Y qué decir de Marina, la preciosa mujer de Pablo que cada vez estaba más guapa, sobre todo desde que salía en la tele, con ella también había tenido mi pequeña aventura el verano en la casa rural, una noche me levanté a darme un baño en la piscina por el calor que hacía y allí estaba ella, atractiva, mojada, tremendamente sexy, salió del agua en topless y me enseñó sus nuevas tetas operadas sin ningún pudor, haciendo que me empalmara irremediablemente, después de eso me había convertido en su fotógrafo oficial en las RRSS y ella parecía estar encantada dejándose fotografiar por mí.

Por la tarde, como nos había dicho Cristina, vino a casa uno de los montadores de muebles de su tienda, a ver los desperfectos de la habitación de Blanca.

―Bueno, pues parece que se ha levantado un poco la madera, he estado mirando el resto de muebles y está todo bien, se lo diré a Cristina y en unos días me paso a arreglarlo ―me dijo el chico.

Así quedó el tema, sin embargo una semana más tarde todavía no habían dado señales de vida desde la tienda, así que Claudia me pidió que me volviera a poner en contacto con ellos, para ver qué pasaba. Otra vez les mandé un correo electrónico y me quedé a la espera de que me contestaran o me llamaran.

Al día siguiente seguían sin haberme contestado al correo, a media mañana, estaba trabajando en la fábrica y le dije a Sebas que iba a salir. Era el momento de volver a tener frente a frente a Cristina. Quería que conociera al nuevo David, no quería dejar pasar este incidente con los muebles y me iba a pasar por la tienda para que nos solucionaran el problema.

En cuanto llegué a la tienda de muebles vi el coche de Cristina en el parking, por lo que sabía con seguridad que estaba dentro. Pasé decidido y una chica salió a preguntarme qué es lo que quería.

―Me gustaría hablar con Cristina, hemos tenido pequeño problema con los muebles de una habitación infantil que pusimos y he estado hablando por teléfono con ella.
―Sí, vale, espera que te acompaño a su despacho.

Llegamos a la puerta y la chica tocó con la mano.

―Cristina, hay un señor preguntando por ti…
―Sí, que pase…

En cuanto entré en su despacho a Cristina se le cambió la cara, se le dibujó una extraña sonrisa que me desarmó por completo. El David seguro de sí mismo que se había levantado por la mañana desapareció en un segundo. En cuanto ella se puso de pie.

―Vaya, vaya, menuda sorpresa ―dijo levantándose.
―Buenos días Cristina.
―Pero siéntate por favor ―me dijo señalando la silla que estaba frente a ella.

Lo que quería Cristina es que viera su cuerpo antes de empezar a hablar. Llevaba unos legging negros, acompañado de una camiseta blanca y chaqueta larga también negra que llevaba abierta y le tapaba el culo.

―No esperaba verte por aquí…
―Estamos esperando a ver qué solución nos vais a dar al problema.
―Sí, me dijo Chuchi que no era mucho, la verdad es que estamos teniendo muchas incidencias con el proveedor este, lo siento de verdad, no nos había pasado nunca, lo que pasa es que ahora tenemos mucho trabajo, hemos tenido varios pedidos y no he sacado un hueco para lo vuestro, pero en dos o tres días ya lo tenéis arreglado, lo tenía aquí pendiente, tenemos otras tres habitaciones también para arreglar, aunque a ti te tenía prioritario…
―Entonces, ¿me llamas y me dices?, quiero que quede solucionado cuanto antes mejor…
―Sí, no te preocupes, mañana mismo te llamo y ya concertamos una cita…
―Bien, entonces espero tu llamada ―dije poniéndome de pie para irme.
―¿Pero ya te vas?, qué poquito tiempo, quédate un poco ya que estás aquí, para eso no hacía falta que hubieras venido, me podías haber llamado por teléfono…
―Estas cosas se solucionan mejor en persona, que luego empezáis a dar largas y más largas…
―Yo no hago eso, a mí me gusta que estas incidencias se arreglen cuanto antes, quiero que el cliente esté satisfecho…pero siéntate por favor…me gustaría hablar un rato contigo…
―No puedo Cristina, estoy trabajando, tengo que volver a la fábrica…
―Porque tardes cinco minutos más no creo que pase nada en la fábrica, ¿no?
―A ver, ¿qué quieres? ―dije sentándome en la silla.

Cristina volvió a sonreír y se echó hacia atrás apoyando toda la espalda en el respaldo de la silla.

―¿Te gusta venir a verme, verdad?
―¿Cómo dices?
―Que te gusta venir aquí, esto que hemos hecho lo podíamos haber arreglado tranquilamente por teléfono y lo sabes de sobra, pero tú has preferido venir…lo pasamos muy bien la otra vez en el almacén…

Intenté estar tranquilo y no caer en sus provocaciones, podría haberme levantado y haberme marchado en ese momento, pero quería probarme a mí mismo, demostrarle a esa zorra que no podía jugar conmigo cuando ella quisiera. Quería que viera al nuevo David.

―No es que me haga mucha ilusión venir a verte, no es que te tengamos mucho cariño en la familia precisamente, después de lo de Gonzalo…
―Bueno, ya somos todos mayorcitos, no creo que Gonzalo se divorciara de tu cuñada por mi culpa, ese matrimonio ya estaba roto desde hacía mucho tiempo…¿ahora me vas a atacar con eso?
―No te estoy atacando con nada, solo te estoy diciendo que verte es lo último que me apetecía…me pareces, ehhhh…patética…ahí sentada con esa pose.
―¿Te parezco patética?, jajaja, ¿y me puedes decir por qué?
―Sigues igual que hace quince años, no has cambiado nada, ni has madurado, ni mejorado como persona, eres mala gente, haces las cosas sin importarte las consecuencias…
―¿Eso piensas de mí?, soy como soy, pero en gran parte tú tienes la culpa…
―¿Yo?, venga, lo que me faltaba por escuchar…
―Me puedes reprochar muchas cosas, pero no creo que sea mala persona…solo…que me gusta el sexo, y ¿por eso soy mala?
―Lo que hiciste con Gonzalo…has jodido su matrimonio y creo que solo lo hiciste por fastidiarme a mí o a mi familia…
―No lo hice por eso, te puedo reconocer que sí, que iba a ver a Gonzalo por verte o estar cerca de ti, pero no quería fastidiar ningún matrimonio…
―Pues lo hiciste.
―No creo que ese matrimonio se haya terminado por mi culpa, pero bueno si tú lo piensas me pareces bien, creí que me conocías mejor.
―Te conozco bien y actuaste muy mal, has hecho sufrir mucho a una persona.
―Yo no quería que sufriera nadie.
―Pero pasó, tendrías que haber pensado las consecuencias antes de acostarte con Gonzalo.
―Yo solo quería estar con Gonzalo para poder estar cerca de tu trabajo, el que me interesaba realmente eras tú, pero eso ya lo sabes…
―¿Yo?
―Vamos no te hagas ahora el sorprendido, me sigues gustando, si te digo la verdad me acuerdo muchas veces de ti, me arrepiento de haberte dejado, no creo que hubiera podido tener un cornudo mejor que tú y eso que quiero mucho a mi marido y esas cosas…pero no llega a tu nivel.

En cuanto dijo la palabra “Cornudo” algo se despertó dentro de mí. Malas noticias, tenía que salir corriendo de allí cuanto antes.

―Bueno Cristina, creo que esta conversación no da más de sí…no voy a escuchar tus gilipolleces…
―Hubiéramos sido muy felices tú y yo juntos, hubiera hecho todo lo que me hubieras pedido, ni te imaginas lo que está disfrutando mi marido, la de veces que me ha visto follar con otros tíos, la de veces que le he contado como he quedado con alguno y los detalles de lo que hemos hecho, he llegado a casa con la corrida de otro entre las piernas y se lo he hecho lamer como un buen cornudo, hemos ido a clubs de intercambio, hemos participado en orgías, me ha visto follar con tres tíos a la vez…ha visto cosas que a él no le dejado hacer nunca y todo eso lo podías haber vivido tú si hubiéramos seguido juntos ―dijo Cristina levantándose de la silla.
―Estoy muy contento con la vida que tengo, no la cambiaría por nada en el mundo.

Vino andando hasta donde estaba yo y se puso delante, luego apoyó el culo en la mesa y miró hacia abajo.

―Lo sé, pero no me digas que no te acuerdas de lo que hacíamos ―dijo tirando de sus legging hacia arriba.

Desde mi posición me quedaba su coño casi a la altura de la cara, me fue inevitable fijarme en su entrepierna, los labios vaginales se le marcaban de manera escandalosa a través de la tela de los legging. Esta vez el que sonreí fui yo, intentaba aparentar tranquilidad y controlar la situación, no quería verme sobrepasado, como otras veces que estaba con ella.

―¿Te crees que me voy a asustar porque me pongas el coño delante de la cara?
―¿Te gusta?, no me digas que no te gustaría comérmelo, puedes hacerlo si quieres, pasa la lengua por encima de la tela.

Acercó la mano hasta mi cara y me pasó el dedo pulgar por la boca.

―Estás deseando comerme el coño, ¿verdad cornudo?, ¿si fuera tu mujer que es lo que más te gustaría que hiciéramos juntos?
―No me vas a provocar con esas cosas, no me levanto y me voy porque me encanta ver como haces el ridículo…

Cristina puso la mano en la mesa para impulsarse y se acercó a la puerta de su oficina para cerrarla con llave. Yo no me giré para ver cómo lo hacía, pero escuché perfectamente el ruido del cerrojo cuando lo puso, luego volvió a la misma posición, apoyando ligeramente el culo sobre la mesa y quedando de pie. Abrió las piernas delante de mi cara y se acarició el coño, pasando suavemente el dedo entre sus labios vaginales.

―Mmmmmmmmm, es que es verte y ya me pongo muy cachonda…

Yo intentaba seguir tranquilo, ver hasta donde era capaz de llegar Cristina y hasta donde era capaz de aguantar yo.

―Es una pena, porque en 20 minutos tengo una cita y tengo que salir, pero me encantaría volver al almacén donde nos vimos la otra vez, te dejaría que me comieras el coño, ¿te gusta mi sabor, verdad? ―me dijo sin dejar de acariciarse.
―No pienso volver a ese almacén contigo…
―Pues es una pena porque tenía pensado hacer muchas cositas, por cierto David, ¿ya la tienes dura cornudo? ―dijo con voz sensual.

Asentí con la cabeza en un gesto de que no significaba que quisiera decir que sí, si no que me lo estaba pasando muy bien con todo aquello. Aunque ella tenía razón, que se la marcara el coño de esa manera había hecho que me empalmara. De hecho en cuanto entré en su oficia ya me empezó a palpitar la polla.

―No contestes, me da igual, ¿no quieres tocarme?, pues hazte una paja mirándome el coño, eso te encantaba, si quieres te la hago yo ―dijo acercando su pie a mi entrepierna.
―No me toques.
―Está bien, haz lo que quieras, pero yo no voy a parar, me apetece tocarme y correrme delante de tu cara, por favor mírame.

Cristina abrió las piernas y tiró del legging otra vez hacia arriba para que se la marcara más, si cabe, el coño a través de la tela, luego con el dedo corazón hizo presión hacia dentro y se frotó un poco más fuerte subiendo y bajando el dedo entre sus labios vaginales.

―Ummmmm, joder que cachonda me pones…sácate la polla, ¿o prefieres verme el culo?

Yo seguía sentado en silencio, mirando directamente su entrepierna, viendo como mi ex se masturbaba delante de mí por encima del legging. Me faltaba poco para conseguir mi objetivo, a pesar de lo dura que tenía la polla, estaba a punto de salir de su despacho con el orgullo intacto.

―Mmmmm, joder…venga cornudo, tócame, mira mi coño, ¿de verdad no quieres tocarlo? ―dijo abriéndoselo ante mí.
―No pienso tocarte…
―Mmmmm mírame, estoy a punto de correrme, estoy a punto ―dijo incrementando el ritmo con el que se frotaba.
―¡Hazlo!, venga córrete y deja de hacer el ridículo…
―¡Hijo de puta cornudo!, te puse los cuernos tantas veces que hasta perdí la cuenta, hasta con un amigo tuyo te los puse una noche, sí, ya me acuerdo, el rubio ese que jugaba al baloncesto…no te lo quería haber dicho, pero te veo hoy muy chulo y he pensado que te gustaría saberlo.
―¿Con Willy?, jajajaja, no te creo…
―¿Sigues teniendo contacto con él?, pregúntaselo si quieres y luego me dices si me crees o no, ya sabes que no me gusta inventarme estas cosas.

Willy era un amigo de la universidad que jugaba al basket, medía 1,95, hacía tiempo que no tenía contacto con él, aunque en aquella época nos llevábamos muy bien, era muy buen tío y no le veía capaz de enrollarse con la que por entonces era mi novia.

―Era muy alto y bastante tímido, me le encontré una noche de fiesta, le conocía y sabía que era amigo tuyo, eso me dio más morbo para tontear con él…al día siguiente te conté cómo me había follado un tío en su coche, lo que no te dije es que era uno de tus colegas de la facultad…
―¡Mentirosa!
―Mmmmmmmm, le chupé la polla, ya lo creo que se la chupé…ahhhhh es verdad, jajajaja, no me acordaba, en cuanto empecé a mamársela se me corrió en la boca, a ese tío no se la habían comido en la vida…no se pudo aguantar…tu amigo se corrió en mi boca…mmmmm…pero seguía empalmado mientras me lo tragaba todo y se la seguí comiendo otro rato más…luego le entraron los remordimientos, me decía, no no puedo, eres la novia de David, no puedo hacer esto…¡se corre en mi boca y luego le entran los remordimientos!, jajajaja, y cuando se le pasaron me folló a cuatro patas en su coche, recuerdo que tenía una furgoneta roja o algo así, ¿verdad?

Cristina movía las caderas al ritmo que se masturbaba con el dedo, yo no podía dejar de mirar su coño y aquella historia que me relataba me pilló de sorpresa. Me tapé la boca con la mano y suspiré.

―¡Joder!
―Eso es lo que te quería decir, no tengo ningún problema en acostarme con quien me pidas, te hubiera puesto los cuernos con cualquiera ―dijo poniéndose de pie.

Abrió las piernas y lentamente fue bajando hasta que se sentó sobre mí, como si me estuviera cabalgando. Esta vez no dije nada. Me dejé hacer.

Cristina incrustó mi polla entre esos labios vaginales que llevaba minutos mirando y que me había resistido a tocar y lamer y comenzó a restregarse contra mí.

―Mmmmm, ¡que dura la tienes, cornudo!
―¡¡Cris!!
―¿Te gustaría follarme?
―Ohhhh…
―Venga cornudo, tócame, agárrame el culo, lo estás deseando, voy a hacer que te corras en los pantalones…

Me rodeó con sus kilométricas piernas y yo metí la cara en su cuello, aspirando su perfume, mientras Cristina se seguía moviendo lentamente, frotando nuestros cuerpos.

―¿Te ha gustado la historia de tu amigo, eh?, tengo muchas como esas, podríamos disfrutar mucho tú y yo juntos.

Bajé las manos para apretar su culo a la vez que ella me cabalgaba, mi polla se había amoldado perfectamente a su coño, hacían una conjunción perfecta, aquello me gustaba casi más que follar, Cristina iba aumentando el ritmo de sus movimientos y me metió el dedo en la boca.

―Mmmmmm, podíamos haber sido tan felices, mmmmmm…¿te gusta mi coño?, vamosss, dime que te gusta…
―Ogghhhh, Cristina, Cristina…
―Dime que te gusta mi coño, ¡dime que vas a venir otro día a comérmelo, dímelo cornudo!
―Oghhhh, joder, joder…

En ese instante alguien llamó en la puerta de su despacho, pero Cristina no estaba dispuesta a detenerse.

―¡Sí, un momento! ―gritó Cristina aumentando el ritmo y la fuerza de sus movimientos.

Yo ya no pude más y me dejé ir, con mis manos aferradas a su culo sentía como se le contraían los glúteos a cada vaivén y me empecé a correr dentro de los pantalones mientras el coño de mi ex me seguía envolviendo la polla.

―¡Eso es, muy bien cornudo!

Pero en cuanto ella notó que yo había llegado al orgasmo y ya no había vuelta atrás, me sacó el dedo de la boca, dejándome huérfano de él, se levantó y se fue a abrir la puerta. La sensación fue muy extraña y a la vez morbosa, había conseguido su objetivo y luego me había dejado a medias.

Mientras Cristina abría la puerta y hablaba con una de sus empleadas yo estaba de espaldas a ellas, agarrándome a la silla, gimiendo y empapando mis calzoncillos con una abundante corrida. Luego las escuché a hablar.

―Sí, ahora mismo nos vamos, dame un minuto, ya casi he terminado…

Cerró la puerta y volvió andando hasta mi posición, yo no me había movido del sitio y ahora me cubría la entrepierna con las manos, ocultando una posible mancha de humedad que me dejaría en ridículo delante de Cristina.

―Mmmm, me ha encantado, hacer que te corras…¿te ha gustado?.
―Tengo que irme, espero que no tardéis en arreglar lo de la habitación ―dije poniéndome de pie, para salir de su despacho rápidamente.
―Es una pena que me tenga que ir ahora, vuelve otro día con más tiempo, he arreglado el almacén que tenemos a la vuelta, ahora podríamos estar más cómodos allí…haremos lo que quieras, te chuparé la polla, te meteré un vibrador por el culo, lo que quieras, ¡si te gusta te puedo hasta mear en la boca!…piénsalo…adiós David.

Como se suele decir salí con el rabo entre las piernas sin mirar atrás, podía adivinar perfectamente la sonrisa triunfal de Cristina mientras abandonaba su despacho con una corrida en los pantalones. Unos días más tarde vino el montador de la tienda a casa y arregló el desperfecto en el cabecero de la cama. Quizás lo de Cristina no había salido todo lo bien que había pensado, pero ya tendría la oportunidad de tomarme la revancha con ella.

La puerta de su despacho siempre iba a estar abierta para cuando quisiera volver.

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