ISA HDEZ

Cuando sientes desconsuelo, añoranza y decepción, y, además, consideras no haber aprovechado el tiempo, todo el tiempo que tenías a tu disposición, y que sabías de sobra, incluso lo pensabas en ese preciso instante, que el tiempo se va y ya no lo alcanzas, no lo puedes retener por mucho que lo ansíes, entonces te das cuenta de todas aquellos sentimientos que nunca le expresaste. Con lo que te hubiera gustado, con lo que lo deseabas y, sin embargo, no fuiste capaz de decirle un “te quiero”, o un “te necesito”, con el amor que llevabas dentro y que hubieras gozado que él lo percibiera, lo sintiera, pero no, no fuiste capaz. No te salían las palabras, algo dentro de ti te frenaba. Él se marchó y se llevó toda la oportunidad que tenías de mostrarle todo eso que encierras en tu ser. Ahora sollozas, te afliges y arañas las paredes de tu alma apesadumbrada de no haber sido capaz de algo tan sencillo, pero a la vez piensas que por algún resquicio se cuela esa emoción escondida y le llega el influjo de frases llenas de contenido sincero que quedaron por revelar. A veces, cuando te embarga el desasosiego una ráfaga de brisa te inunda y te llena de paz, como si no tuvieras que sentir pena por dejar pasar el tiempo, ni arrepentirte de lo que quedó por decir como si te dijera que todo lo que sucede acontece.

Un comentario sobre “El tiempo

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