FALDON

Despertamos temprano con el sol que entraba por la ventana abierta. Ana me besó y me dio los buenos días.

  • Voy a preparar un café. Levántate tu y haz las tostadas – me pidió

Desayunamos los dos juntos en el jardín y luego me fui a correr como hago casi todas las mañanas. Ana se quedó mirando su móvil. Cuando regresé y entré en casa no vi a Ana. Subí arriba y tampoco estaba. Bajé a la piscina y la vi hablando con un hombre que no conocía. Un tipo de unos 50 años, alto, fuerte, bastante moreno de piel que sonreía embobado con lo que le estuviera contando Ana. Me dirigí hacia ellos y el hombre se percató de mi presencia. Ana se giró y me vio.

  • Mira David, este es Raúl, el marido de Nuria. Acaba de llegar.

Le di la mano. Me la apretó fuerte, muy fuerte. Yo no solía dar la mano floja pero ese hombre la verdad es que hacía demasiada presión. Tampoco me había gustado nada como miraba a Ana cuando yo no estaba. Sentí celos. Por fin me soltó la mano

  • Nos dijo Nuria que venias el viernes – le dije un poco seco
  • Sí, pero se han cancelado una reunión que tenía y he podido escaparme un día antes – me dijo sonriendo – Además ha sido una suerte. Me he enterado que Ana es una experta en recursos humanos y casualmente necesitamos una directora para el departamento porque la que tenemos se jubila
  • ¿No es fantástico David? – me preguntó Ana emocionada – Me vendría genial ese puesto. Pero no quiero favores – dijo dirigiéndose a Raúl – Solo quiero el puesto si soy la persona idónea
  • Tranquila por lo que me has contado tienes bastante experiencia y manejas las mismas herramientas con las que trabajamos en mi empresa. Tienes mi tarjeta. Ahora disfruta las vacaciones y a la vuelta me envías el currículum y te meto en el proceso de selección. Seguro que lo conseguirás.
  • ¡Ojalá! – exclamaba emocionada Ana.

No sé porqué pero me intimidaba ese hombre. Su corpulencia, su perfecto aspecto, su sonrisa. Me hacía sentir inferior. Encima le ofrecía a Ana el puesto de sus sueños.

  • Bueno cariño, ¿nos vamos a la playa? – dije bruscamente cogiendo a Ana de la cintura
  • Sí, vamos.- dijo Ana un poco extrañada por mi comportamiento – Bueno Raúl pues nos vemos estos días por aquí – se despidió de el
  • Claro que sí pareja. Pasadlo bien – Se despidió Raúl viendo como nos alejábamos.

Subimos a casa y sabía que Ana había notado mi actitud con Raúl. Intente dejarlo pasar

  • Me doy una duchita mientras te vistes y nos vamos – le dije yéndome hacia el baño
  • ¿Se puede saber qué te pasa? – me preguntó con firmeza
  • ¿A mí?, nada. No sé a qué te refieres – mentí como pude
  • David has estado muy borde con Raúl y lo sabes. A cuento de qué viene esa actitud.
  • Bueno… a ver… es que me sorprendió no encontrarte en casa. Y bajo y te veo hablando y riéndote con el… Además, qué pasa, que has bajado a verle – le dije contraatacando.
  • ¿Tú eres tonto?. Se ha acercado Nuria emocionada por la sorpresa y me lo quería presentar. También han estado Luis y Bea pero se han marchado también a la playa.
  • Es que no me gustaba como te miraba
  • De verdad que no me lo puedo creer. Ayer me dices que quieres que baje en topless a la piscina y ahora me vienes con esto. No hay quien te entienda David. – Me dijo marchándose a la habitación y dejándome allí.

Me metí en la ducha para quitarme el sudor. Me puse el bañador y salí del baño. Ana ya estaba prácticamente lista. Estaba guardando las cremas en la bolsa de la piscina. Me acerqué a ella por detrás y besándola en el cuello la dije

  • Lo siento mi amor. Siento haber estado tan borde. No volverá a pasar – me excuse mientras la llenaba de besos.
  • Joder tío, que encima me estaba ofreciendo el hombre un puesto que me encantaría. – me explicaba
  • Si, de verdad que lo siento. Te juro que seré más amable – Le prometí
  • Venga anda vámonos

Cogimos el coche. Íbamos a la playa más cercana. Típica playa familiar. Ya habría tiempo de ir a calas solitarias. Llegamos y aparcamos fácilmente. Eso de no ser fin de semana hacia que se notase en el aparcamiento y que la playa no se veía tan abarrotada. Yo bajé la sombrilla y las sillas. Ana por su parte cogió la bolsa con las toallas. Andamos hasta prácticamente la primera línea y encontramos un hueco grande entre un matrimonio maduro de unos 50 años y una familia con un chico y una chica adolescentes. Ana esperó paciente a que pusiese la sombrilla. Cuando lo hice coloque las sillas y Ana empezó a dejar las cosas. Odiaba llenarse de arena. Me quité la camiseta mientras Ana se quitaba cuidadosamente el pareo y se quedaba con su imponente bikini rojo. Estaba tremenda. Se sentó en la silla y cogió el bote de crema. Yo me senté a su lado.

  • ¿Quieres que te eche en la espalda?
  • Sí por favor. – Ana comenzó extenderme la crema por la espalda
  • Recuerda si haces snorkel salir a renovarte la crema que luego te quemas – me dijo en de forma cariñosa

Cuando terminó empezó ella a darse crema por las piernas. Mientas lo hacía podía ver como el chaval de al lado miraba de reojo como lo hacía levantando de vez en cuando la cabeza de su móvil. Por su parte el marido de la señora del otro lado se encontraba de pie en la arena mirando y alternado miradas a Ana con la conversación que mantenía con su mujer. Ana ya iba por los brazos. Entonces la dije

  • Te recuerdo que tienes que hacer algo.
  • Viendo cómo te has puesto antes será mejor que no lo haga – Me dijo de forma tajante
  • De verdad que no cariño, ha sido una tontería – le suplicaba

Se quedó unos segundos callada acabando de extenderse la crema por los brazos. Me dio el bote de crema y me dijo.

  • Dame crema en la espalda y piénsatelo. Si quieres que lo haga desabrocha tu mismo el nudo del bikini. Si no extiéndeme la crema. Pero si no lo hago ahora no lo pidas más. No pienso hacerlo cuando este morena y las tetas blancas

Comencé a extender crema por sus hombros mientras ella estaba girada en la silla de cara a la familia de nuestro lado. Me daba morbo la idea pero la verdad es que sentía un pequeño nerviosismo y celos. No sabía qué hacer pero desde luego que conociendo a Ana no iba a tener otra oportunidad. Era ahora o nunca. Aún así le pregunté

  • ¿Qué quieres hacer tú?
  • David, ya te dije que es una decisión tuya. Pero tómala ya

Dudaba que hacer. Tenía en mis manos el cordón del sujetador pero no me atrevía a tirar.

  • David, decide – Me apremio

No lo pensé más y tiré del cordón haciendo que se soltase la lazada. Su bikini quedó suelto. Aún cubría sus pechos pero ya sin ninguna fuerza. Me hubiese gustado ver la cara de Ana pero estaba girada. Me fijé y el chaval de al lado ya no miraba el móvil. Estaba embobado mirando a Ana cubierto en su mirada por sus gafas de sol. Entonces Ana cogió el cordón que sujetaba al cuello y sin deshacer el nudo lo sacó de su cabeza haciendo que por fin sus tetas quedasen al aire. Lo dejó encima de la bolsa y se recostó en su silla a tomar el sol. Como si no pasase nada. El chaval miraba sin disimulo alguno a Ana tomando el sol. Mire al otro hombre que justo en ese momento dejaba la conversación con su mujer y miraba hacia nosotros. Pude ver un gesto de asombro en su cara de encontrarse con semejante mujer en topless prácticamente al lado suyo.
Ana no decía nada. Cubierta con sus gafas de sol dejaba que los rayos del sol la tocasen. Aunque ella era morena de piel si se notaba una pequeña diferencia en sus tetas. No demasiado exagerada pero se veía que era la primera vez que hacía topless. Por mi parte veía como los hombres de alrededor lanzaban miradas fugaces a Ana. Era como el centro de atención.

  • Ana, te están mirando todos – le dije poco convencido de lo que había hecho
  • ¿No era lo que querías? – Me dijo mirándome por encima de las gafas de sol. – Te he dado a elegir y decidiste esto. Ahora te acostumbras.
  • Sí, solo te lo comentaba – intente excusarme
  • David, solo será al principio. Luego te acostumbrarás. – me dijo comprensiva. – Además el chaval ese se hará una buena paja pensando en las tetas de tu novia en cuanto llegue a su casa. – Me dijo guiñándome un ojo y volviéndose a colocar las gafas en su sitio mientras se recostaba en su silla.

La muy cabrona sabía en todo momento lo que decirme. Ese comentario despertó la excitación en mí. Era algo que había querido siempre porqué sentir celos en este momento. Era una tontería. Tenía a la que a mí me parecía la chica más guapa de la playa, tumbada a mi lado, provocándome, con sus perfectos pechos al aire y siendo la atracción de todos los hombres de la playa. Empecé a sentir que la excitación se apoderaba de mí. Me recosté en mi silla tomando el sol oculto tras mis gafas y observando a todos los hombres que miraban a mi novia
Yo no soy mucho de tomar el sol así que al poco tiempo me cansé.

  • Me voy a bañar cariño. ¿Te vienes? – la dije.
  • Ve tú que estás más tiempo en el agua. En un poco voy yo. – me contestó indiferente.

Me marché al agua yo solo. Estaba calentita como le gusta a Ana. Me quede flotando con las olas mientras miraba a Ana desde el agua. Parecía una diosa. También veía como los tíos de alrededor no la quitaban ojo. Incluso el marido del matrimonio maduro, mientras recogían sus cosas para irse, dijo algo a su mujer mientras señalaba en dirección a mi novia con la cabeza. La mujer miró, se rio y le dio una pequeña bofetada en el brazo. Al poco vi a Ana levantarse. Dejo las gafas en la bolsa y se dirigió andando hacia el agua. A su paso todos se giraban a verla. Era hipnótico el bamboleo de sus tetas al andar. Se metió al agua sin pensarlo y vino hacia mí.
Me beso en los labios, un piquito, el agua llegaba a sus pechos sin cubrirlos y parecían flotar

  • Joder que buena estás – la dije
  • Vaya, vaya. Ya te vas poniendo contento –me respondió cariñosamente
  • ¿Te gusta que me miren? – preguntaba de forma pícara mientras yo asentía con la cabeza – El chaval de al lado me da que me ha hecho hasta alguna foto. Como la ponga en internet lo mato.
  • Será cabrón. A qué salgo y le quito el móvil
  • No seas tonto. Solo será para sus pajas. Se va a hacer un montón de pajas con las tetas de tu novia. ¿Eso es lo que querías no? – sonreía maliciosamente mientras me lo decía y se agarraba a mi cuello para besarme de nuevo.

Joder escuchar eso hizo que mi polla se espabilase del todo y noté q comenzaba a crecer. No sé como lo supo pero Ana echó mano a mi paquete debajo del agua y me la agarró con fuerza.

  • Ummm como estamos. Parece que te gusta la idea de que se pajeen con las teas de tu novia
  • Para Ana, que me pongo malo – le confesé
  • Jaja tranquilo que no pienso dar un espectáculo aquí – me dijo soltando mi polla – Solo confirmaba mis sospechas – y se alejó nadando.

Fui tras ella y jugamos un poco en el agua mientras yo la sobaba todo lo que podía cada vez que la agarraba. Finalmente Ana me dijo que se salía. Yo tenía una buena erección y no podía salir. Le dije que me quedaba hasta q se me pasara y observé como ella salía del agua como una sirena descubriendo poco a poco su cuerpo semidesnudo. Otra vez vi los ojos de todos clavándose en ella. Llegó hasta nuestra sombrilla. Colocó la toalla en la silla y se sentó.
Por mi parte observaba desde el agua pensando en que ese chaval se mataría a pajas hoy. Incluso puede que les mandase la foto a sus amigos y todos lo hiciesen. Eso me excitaba más. Así no podría salir nunca del agua. Me fui un poco más para adentro y decidí hacer pis. Tuvo resultado y mi erección comenzó a bajar. Por fin podía salir del agua.
Según salía del agua mire hacia Ana y un vendedor ambulante la ofrecía todo tipo de objetos mientras ella ojeaba tranquilamente unos pareos. El tipo estaba de espaldas a mí. Era el típico negrito de las playas que seguro que se estaba poniendo las botas. Llegue hasta ellos y me senté al lado.

  • ¿Te gusta este cari? – me pregunto Ana señalando un pareo
  • Sí, está bien – dije con indiferencia
  • Tu muy guapa – decía el negrito – chica guapa solo 5 euros. Demás chicas 10 euros. – nos decía en su castellano
  • Venga va, con esos piropos me lo quedo –dijo Ana levantándose de la silla y cogiendo la cartera de la bolsa.

Al agacharse a la bolsa ofreció al negrito un primer plano de su culo. No me había fijado hasta ahora pero esa braga del bikini le quedaba aún más pequeña que la otra. Casi parecía un tanga. El negrito no quitaba ojo. El tío era muy alto y delgado. Pensé que con la fama de los negros este debía tener una polla descomunal. Por fin Ana le dio los 5 euros.

  • Gracias guapa – dijo el negrito – tu cuidar mucho. Todos hombres mirar a chica guapa de la playa – dijo despidiéndose.

Ana dejo el pareo bien doblado en la bolsa y me dijo que era muy simpático el vendedor y que además por 5€ estaba muy bien.

  • Menudo espectáculo le has dado. El tío no te quitaba ojo.
  • David, estás obsesionado, no todos me miran
  • Te puedo asegurar que este no ha parado de hacerlo. Tonto no es.
  • Bueno anda, ¿nos vamos a tomar una cervecita?

Fui recogiendo todo mientras que Ana se colocaba la parte de arriba del bikini. Eche un último ojo y el chaval seguía mirando sin cortarse. Se había quitado las gafas de sol como para verla por última vez. Cuando estuvo lista se puso su pareo y nos fuimos al chiringuito. Nos sentamos en una de las mesas.

  • Raúl me ha dicho que en estos chiringuitos preparan una sangría buenísima – lo que quería decir que la pidiese
  • Ah bueno pues si lo recomienda tu amiguito Raúl habrá que pedirla – le dije en tono irónico
  • No seas bobo. Además es una oportunidad muy buena para mí. Su empresa tiene muchísimos trabajadores y un departamento de recursos humanos muy grande. Ojalá me elijan a mí
  • Si no lo hacen es que están locos – le dije de forma comprensiva.

Pedimos la jarra de sangría como quería ella. Nos la trajeron en seguida y hay que reconocer que estaba espectacular. Se notaba que llevaba varios licores y aún así nos la bebimos rápido. Ana me dijo que si pedíamos otra y unas raciones y así comíamos. La verdad es que estábamos a gusto y nos quedamos allí. Cuando terminamos cogimos el coche y nos volvimos para el apartamento.

  • ¿Nos damos un baño en la piscina y nos quitamos la sal? – la propuse
  • Bueno te acompaño pero yo solo me doy una ducha me voy a echar la siesta

Bajamos los dos a la piscina y estaban Nuria y Raúl en sus hamacas leyendo ambos. Nos saludaron con la mano. Pase rápido por la duche y me tiré al agua. Ana por su parte solamente se ducho. Era una preciosidad verla ducharse. Con ese bikini rojo que apenas cubría su cuerpo y el agua cayendo por su piel parecía una modelo. Raúl disimuladamente miraba como se duchaba Ana, comprensible por otra parte, pero lo peor es que también vi a Ana que al cerrar el grifo de la ducha miro hacia Raúl y se vio observada.
Salí del agua mientras Ana se secaba con la toalla y la imite. Nos secamos rápido y nos fuimos de nuevo al apartamento. Ya en la habitación Ana se quito el bikini. Quedó completamente desnuda. Ahí tenía otra vez sus tetas. Me fui hacia ella y se las cogí por detrás estando yo también desnudo.

  • El chaval de la playa seguro que está ahora dándole en su cuarto pensando en estas
  • ¿Tú crees?. La verdad es que no me quitaba ojo.
  • Seguro que sí. Estará ahora encerrado en el baño dándole mientras mira la foto que te ha hecho. – Le decía pasándole la polla dura y caliente por el culo frio de ella.
  • Mira que sois cerdos los tíos – me decía restregándose ella

Lleve una de mis manos a su coño y la empecé a tocar mientras seguía con la otra mano manoseando sus tetas todo lo que podía. La lleve bruscamente hacia la cama y la puse a 4 patas en el borde. Me agache, abrí los cachetes del culo, y empecé a comer su coño con ansia. Sabía saladito del mar. Me gustó y comí con más ansía aún. Por la posición mi nariz quedaba en su ojete y eso me excitaba. Notaba su olor más íntimo de una forma muy embriagadora. Estaba muy cachondo. No esperé más y me puse de pie. Empecé a mojar mi polla en su coño y a metérsela. Note como se abría paso por su coñito y como sus paredes vaginales se iban abriendo acogiendo mi polla. Cuando la tuve dentro espere unos segundos esperando que su coño se amoldase a ella y empecé con el bombeo.
Ana gemía suavemente con cada acometida y yo cada vez iba dándole más fuerte. Recordé la imagen de ella en la playa y se lo empecé a decir.

  • Me ha encantado que enseñases las tetas en la playa.
  • Eres un guarro que quieres que se pajeen todos con las tetas de tu novia – me dijo ella con voz de guarra

Su comentario me sorprendía. Ana no solía ser tan directa. Supuse que a ella también le había excitado el hecho de estar en topless delante de todos esos tíos en la playa. Yo cada vez la daba más fuerte. A ese ritmo no aguantaría mucho

  • ¿Te ha gustado que te mirasen las tetas en la playa?. El chaval y el negrito se han puesto las botas contigo
  • Ufff… me las han mirado sí… mmmm
  • El negrito también te miraba el culo cuando has cogido el dinero
  • ¿Si?… ¿y te importa?…
  • Mmmm… me gusta que te lo miren… seguro que te lo quería follar – la dije salido perdido
  • La debía tener enorme – dijo ella – se le notaba a través del pantalón – La muy zorrona se había fijado en la polla del negro.
  • ¿Te gustaría follarte a un negro? – la pregunté agarrando fuerte su culo y abriéndoselo.
  • Sería morboso. ¿También quieres verme con un negro?
  • Mmm siiiii – le decía yo
  • Puedo bajar en topless a la piscina y luego que me espere el negro en casa. ¿Eso quieres?

Pensar en que se pusiera en topless en la piscina era algo que me volvía loco.

  • Te vas aponer en topless delante de tu futuro jefe – la pregunté – Seguro que asi te da el trabajo
  • Ummm ¿quieres que lo haga? –

Pensaba en ella en tetas delante de todos esos cincuentones y me excitaba muchísimo. Me jodía la verdad que Raúl la viese pero he de reconocer que el hecho de que pudiese ser su jefe lo hacía aún más excitante

  • Por mi sí. ¿Te atreves?
  • Mmmm… me lo pienso y a lo mejor lo hago si quieres… ¿vale?

Fue demasiado para mi oír que se lo pensaría no aguante mas y dando un par de empujones más tuve que sacar la polla y pajearme sobre su culo. Se lo puse perdido.
Ana se levantó de la cama y me dio un piquito. No se había corrido. La dije que si quería que se lo comiese o que la hiciese algo pero me dijo que no. Que quería descansar. Se limpio en el baño y vino junto a mí a echarse la siesta.

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