ALMUTAMID

El miércoles nos volvimos a reunir los mismo cinco pero esta vez no nos separamos a la hora de volver a casa. Para mi tranquilidad. No es que me molestara quedarme a solas con Alba. Era una niña muy agradable, Me gustaba su inocencia y naturalidad sin picardía de ningún tipo. Viqui y Nieves desde el principio de conocerla ya mostraban interés. Con Viqui me enrollé la noche que nos conocimos y terminó haciéndome un pajote debajo de su casa. Nieves tonteó descaradamente conmigo en la piscina. Pero Alba era transparente. No tenía maldad ni dobleces de ningún tipo. Seguramente apretados en la bulla se sentía tan incómoda como yo. Me lo demostró cambiando de posición. Evidentemente ella tampoco debía sentirse a gusto con mi paquete pegado a su culo. De la misma forma pude comprobar como ella tampoco sabía que hacer con sus manos pues no se atrevía a ponerlas en mis hombros o en mi cintura tampoco.

Me gustaba esa forma suya de ser pero a la vez quería evitar esas situaciones forzadas, de modo que cuando el miércoles por la noche Nos fuimos las 5 a ver pasar la última cofradía en la plaza del Salvador, concurridísima pese a ser ya las 2 de la mañana, no me tocó a mí apretarme contra Alba en la bulla. Aunque pasé por otra situación también especial pues fue Viqui la que se puso delante de mí y aunque al ser más bajita que yo no pegaba su paquete a su culo como me pasaba con Alba que era de mi altura, también me vi con la dificultad de no saber qué hacer con los brazos.

Esta vez opté por poner las palmas de mis manos en sus hombros ganándome una mirada de complicidad con una sonrisa. Era una postura de amigos. Un par de veces crucé mi mirada con la de Alba que estaba delante del más alto de mis dos amigos.

De regreso a casa pasamos por el rincón donde el año antes me había enrollado varias veces en Semana Santa con Viqui. De nuevo se cruzaron nuestras miradas. Viqui parecía decirme “¿Te acuerdas?”. De hecho al tenerla tan cerca un rato antes y aspirar su olor, con un perfume muy característicos, y ahora al pasar por aquel lugar sentí incluso cierta nostalgia. Pero qué de cosas habían pasado en un año.

Al llegar a la casa de Alba, que era la primera de recogida, Viqui y mis dos amigos tomaban un camino y yo el opuesto. Pero antes nos quedamos haciendo planes para el día siguiente. Alba explicó que se iba a vestir de mantilla y yo me había ofrecido a acompañarla.

-Si lo sé, te lo pido yo, jajaja.-comentó Viqui.
-¿Quieres ser mi pareja?-le pregunté con guasa.
-Ya lo he sido antes, por un día de figureo…-respondió.
-Hija, no es figureo.-añadió Alba- Es la primera vez que me visto y la verdad que Luis me va a hacer un gran favor.
-Ya lo sí, niña- respondió mi exnovia- Era por picar en tontorrón éste. Tiene sus fallitos- añadió mirándome- Pero en el fondo es un buenazo. Siempre dispuesto a hacer favores…-terminó pellizcándome la mejilla.
-Habrá que ver los favores que hace Luis, jajajaja…-rió uno de mis amigos.
-De verdad que sois mal pensados.-dijo Alba molesta.
-No les eches cuenta, Alba.-disculpó Viqui- Éstos siempre piensan en lo mismo.
-Verdad…-respondió Alba.
-A mí no me metáis.-me disculpé yo.

Viqui arqueó la ceja poniendo cara de obviedad dando a entender que así había echado yo a perder nuestra relación.

Al final quedamos en que ya nos veríamos por la noche para ver las cofradías de la Madrugá despidiéndose los tres para que Alba y yo concretáramos. Nosotros nos veríamos a media mañana para cumplir la tradición de visitar los sagrarios de siete iglesias, para comer algo en el centro y ver algunas cofradías de la tarde antes de ir a casa a cambiarnos de ropa para la noche más famosa de nuestra semana mayor.

El jueves me puse mi traje gris con corbata negra. Mi madre estaba emocionada al saber que iba a acompañar a una chica de mantilla. Me pedía que me hiciera fotos con ella. Ne fui a buscar a Alba a su casa. Llamé al porterillo y me indicaron que subiera. Su padre me abrió la puerta. La madre de Alba estaba terminando de colocarle la mantilla. El hombre me hizo pasar al salón y ras ofrecerme un café o una cerveza que rechacé educadamente por la hora me agradeció que acompañara a su hija. Me contó que estaba muy ilusionada por poder vestirse de mantilla pero que incluso él se había ofrecido a acompañarla para que no se quedara sin salir, pero que cuando ella le había contado que un amigo se había ofrecido y que era un chaval serio, que estudiaba fuera, muy amigo de Nieves y de Viqui, pues que se había alegrado mucho.

Por fin apareció Alba vestida de mantilla, con un vestido negro sin escote ajustado de hombros que marcaba su figura sin ajustarse, pechos y caderas, con una torera de terciopelo abierta, medias y zapatos negros con un pequeño tacón. La mantilla era de peineta alta y por lo que ella me explicó después la habían utilizado su abuela y su madre. Llevaba un bolsito negro pequeño de mano pero no le cabía el móvil y me pidió que yo se lo llevara.

Su madre resplandecía de orgullo de ver a la niña tan guapa cuando su marido me presentó. Su hermana quinceañera asomó la cabeza curiosa para ver quien era el tal Luis que sacaba a su hermana de mantilla pero tras presentármela se retiró con indiferencia. Salimos a la calle reconociéndole que me había cortado bastante el conocer a sus padres y más teniendo en cuenta que yo jamás había presentado ni siquiera a mis novias a los míos.

Nos dirigimos al lugar donde había quedado con las amigas que también se vestían de mantilla y la sorpresa me la llevé yo, pues eran Leyre y Nieves. Alberto y Pablo me saludaron efusivamente pues no sabían quien era el tal acompañante de Alba, pero tuve que comprobar la poca gracia que le hizo a las dos chicas verme aparecer con su amiga.

A mí tampoco me hizo gracia pensar que iba a tener que aguantar a Nieves todo el día cuando ya pensaba que no iba a tener que verla en toda la semana.

Tras una larga sesión de fotos donde realmente el que menos pegaba era yo pues ellos eran pareja pero Alba y yo no emprendimos el camino al centro. Los tres niños íbamos en cabeza comentando como iba la semana mientras las niñas cuchicheaban detrás. No es por egocentrismo pero me picaba la nariz de que Nieves estaba tirándole de la lengua a Alba para ver qué hacía yo de acompañante suyo o algo más.

Estaba empezando a arrepentirme de haber aceptado acompañarla. La conocía desde hace poco más de un mes y aunque me parecía muy buena niña y admitía que su cuerpo llamaba mi atención hasta provocándome alguna incomodidad en las situaciones de estrechez que habíamos vivido los días anteriores, tampoco tenía un interés en ella que me hiciera tener que aguantar las murmuraciones de Nieves y Leyre. Pero también tenía incomodidad por la pobre Alba, a la que “sus amigas” le iban a estropear un día que ella esperaba que fuese bonito. Y es que la niña se había ganado mi afecto durante todos aquellos días.

Por fin cuando llegamos a la primera iglesia entramos por parejas, ellos cogidos de la mano mientras que yo le ofrecía mi brazo a Alba. La noté un poco seria así que supuse que las otras dos estaban malmetiendo contra mí. Aprovechando que nos retrasábamos un poco en la admiración de los pasos ya preparados para la noche con sus flores puestas e incluso algunas velas encendidas le pregunté:

-¿Pasa algo?
-No, no. Nada.
-Estás seria. ¿Algún problema con estas dos?
-En serio, de verdad, nada.
-Te voy conociendo lo suficiente ya como para saber que tenías carita de preocupación por algo.

Alba miró a la puerta de la iglesia comprobando que sus amigas habían salido fuera ya y me reconoció lo que me temía:

-Luis, les ha molestado que te traiga de acompañante.
-¿Por qué?- pregunté extrañado.
-Sólo dicen que no me convienes. Que eres mujeriego y que abusas de la gente.

Intenté contener la indignación que en ese momento me entró y las ganas tremendas de explicarle a Alba lo bien que le comía la polla su amiga a un tío con novia, pero quizá ayudado por el ambiente del lugar respondí:

-No entiendo a qué viene eso. Tú y yo sólo somos amigos. ¿Qué más les da a ellas?
-Ya…-respondió bajando la mirada.
-Entendería su molestia en caso de ser verdad sus acusaciones. ¿Pero de dónde sacan eso? ¿Se lo ha contado Viqui? Lo dudo. La verdad es que estos días me lo he pasado muy bien contigo y me daría mucha lástima que perdiéramos la amistad por culpa de esas dos urracas.
-Eso les he dicho yo. Que has sido todo un caballero conmigo, que nunca me has insinuado nada y que además hemos ido estos días con tu ex con la que te llevas muy bien.
-¿Y de dónde han sacado ella esas ideas sobre mí?
-No me lo has querido contar.
-Pues que empiecen por ahí…

Pablo asomó por la puerta y salimos disimulando tras él. De camino a la otra iglesia se repitió la escena. Los tres chicos delante hablando de nuestras cosas y las tres chicas detrás intentando en todo momento que no se le oyera su conversación. Pero varias veces miré a Alba que me sonreía al cruzar su mirada con la mía. Eso me tranquilizaba.

Pese a todo estaba empezando a cabrearme. No me había planteado nada con Alba pese a que al conocerla mejor empezó a gustarme más. La zorra de Nieves evidentemente quería eliminarme y no se cortaba con nada. Estaba dispuesta a cualquier cosa por evitarme y no le importaba importunar a Alba. No sé que interés pudiera tener ella en mí, pero después de varios días conmigo y mi exnovia no me planteaba que viera en mí algo más que un amigo con intereses comunes. Aunque su escasa experiencia con los tíos, por lo que ella me había contado, a lo mejor la hacía interpretar mi amabilidad con ella o el detalle por acompañarla de mantilla como un interés diferente por mi parte. Descarté esa opción pues me había demostrado ser lo suficientemente inteligente como para no dejarse impresionar sólo por las buenas maneras de un tío.

En la siguiente iglesia de nuevo nos rezagamos y le pude preguntar:

-¿Qué tal?
-Puras suposiciones.
-Pues me molestan.
-No te enfades Luis. Lo hacen por mí. Pero les he dicho que no vean más allá de lo que hay. Que sólo somos amigos.

La conversación me dejó aun más claras las malas artes de las dos así que pergeñé un plan para ponerlas en aprieto durante la comida. Nos sentamos a comer unas tapas en unos veladores en el centro con las típicas sillas de madera plegables. Mientras comíamos comentado cosas sin importancia solté:

-Alba ¿no te ha dicho Nieves cómo nos conocimos?

Todos me miraron extrañados por lo raro del comentario pero Leyre se apresuró a responder:

-¿No fue en una barbacoa en mi chalé?
-¿No fue el día aquel que estuvimos de botellón y después entramos en la discoteca…?- dije con intención recordando el primer día que me la follé.

Nieves palideció mientras Leyre ponía cara de pocos amigos, Pablo se divertía y Alba y Alberto no comprendían la situación. Pero Nieves respondió algo cortada:

-No. Ya nos conocíamos de la barbacoa.
-En esa estaba yo también, Luis. ¿No te acuerdas?- añadió Alba.
-Es verdad, jajaja. De ti sí me acuerdo, aunque después no nos hemos visto y a Nieves sí.
-Sí, verdad, con estos dos.-explicó mi examante señalando a Pablo y Leyre.
-Eso es…-dije asintiendo con la cabeza- Que mala memoria tengo para algunas cosas. Me acuerdo de unas cosas, se me olvidan otras. Será de tanto estudiar que se me licua el cerebro.

La conversación quedó ahí pero la mirada de odio que me cruzó Nieves fue correspondía por mí dándole a entender que tenía mucho más que perder que yo.

Tras la comida nos fuimos a ver las cofradías de la tarde, pero Nieves y Leyre empezaron a quejarse pronto de los tacones y de que la peineta tiraba así que se fueron dejándonos a Alba y a mí, que sí queríamos ver las procesiones del jueves por la tarde.

En cuanto nos quedamos solos cayó la pregunta:

-Nieves y tú os habéis enrollado, ¿verdad?
-No soy yo quien debería contarte eso.
-No soy tonta, Luis. Ese tira y afloja es por algo y ella es muy orgullosa, la conozco.
-No es algo de lo que yo esté orgulloso porque yo tenía novia en ese momento. Pero prefiero que te lo cuente ella aun a riesgo de que te mienta sobre mí como te ha dicho esta mañana.

Alba no insistió en el resto de la tarde. Nos despedimos como siempre en su casa con tiempo para cambiarnos de ropa, descansar un rato y cenar antes de quedar con Viqui para ver la Madrugá. Nos íbamos los tres solos porque mis dos amigos salían precisamente de nazarenos en una de las hermandades que procesionaban esa noche, en la de nuestro barrio precisamente.

El punto de quedada era la casa de Alba, que nos pillaba en medio a los tres. La primavera había empezado suave por lo que los tres nos habíamos puesto zapato cómodo y abrigo. Habíamos decidido empezar viendo las tres cofradías de silencio y después buscar a las populosas. Eran casi las 2 de la madrugada así que nos pusimos en marcha hacia el centro.

Tras los saludos de rigor llegó la pregunta evidente de Viqui:

-¿Qué tal con la mantilla?
-Muy bien.-respondió Alba con una sonrisa.
-Estaba guapísima, la verdad.-añadí cortésmente.

Alba le enseñó una foto de los dos cogidos del brazo y otra de grupo de los seis.

-Todos parejas, ehn, No digo nada, jajaja.
-No, no…-respondió Alba cortada- Luis y yo de amigos.
-Que es broma, jajaja- contestó Viqui.-A Alberto no lo conozco, pero vamos me quedo con Luisito antes que con Pablo, menudo elemento.
-Y bien que lo sabes- dije yo con tonito de reprimenda.- que te enrollaste con él.
-Jajajaja, por eso lo sé.- respondió Viqui con frescura que reímos los tres.- Pero no seáis mal pensados que fueron dos besitos. Menudo pulpo…
-Ahora lleva mucho tiempo con Leyre.-añadió Alba.
-Bueno en el lapsus que cortaron se aprovechó ésta…-dije con guasa ganándome un manotazo.
-Bueno, son tal para cual.-comentó Alba.

Me sorprendió el comentario y volví la cara hacia ella que se dio cuenta.

-Por lo que decís Pablo es de los que anda siempre buscando, y Leyre es de las que siempre tiene que tener un tío pegado al lado.
-¿Tú las conoces bien?- pregunté.
-Juntas desde el colegio.
-Bueno, yo también, pero en el instituto yo me separé.-explicó Viqui.
-Y Leyre siempre tenía novio. Dejaba a uno y a la semana siguiente salía con otro.- comentó Alba.
-¿Y Nieves?- pregunté yo.
-Creo que Alberto es el primer novio que le conozco. Tenía sus rollos y tal pero nunca salía en serio con nadie.

Eso me cuadraba con lo que ella misma me había contado y con mi propia experiencia.

-Entonces ¿tú crees que le ha dado fuerte por él?-pregunté.
-Eso parece. Pero Nieves nunca habla de sus relaciones. Siempre ha sido muy discreta. A lo mejor por eso está incómoda contigo.- arguyó Alba.

Viqui se detuvo un momento haciéndonos parar a los tres.

-Un momento, un momento. Me estoy perdiendo algo. ¡Te has enrollado con Nieves! Jajaja. Lo sabía, sabía que había algo. Pero Nieves está con Alberto desde Navidad. Y tú tenías a tu novia de la universidad, entonces…

Se hizo un silencio donde yo no quería admitir y Viqui cavilaba hasta que dijo:

-Joder, Luis, que fuerte. Le pusiste los cuernos a tu novia con Nieves. ¿A mí también??
-No, no…-mentí pues a ella la había coronado con María y especialmente con Marina, que me desvirgó apenas unas horas antes de desvirgarla yo a ella.
-Que fuerte, que fuerte. ¿Y Nieves sabía que tú tenías novia?

Asentí con la cabeza.

-Menuda es…

Mientras caminábamos observé a Alba algo contrariada por la conversación por lo que intenté disculparme explicándome:

-La verdad es que con una relación a distancia es difícil y caí. No estuvo bien y fue la causa de que se acabara mi relación con Claudia.
-¿Y cuanto tiempo os estuvisteis enrollando?- insistió Viqui.
-Unas cuantas veces pero ya hace tiempo que no.
-¿Pero cuánto tiempo?
-Si queréis saber eso preguntádselo a ella. Yo soy un caballero y no voy a airear esas cosas.
-Vale, vale…-dijo Viqui- era sólo curiosidad.
-Joder que fuerte.-dijo ahora Alba parándose.

Viqui y yo nos giramos a ella y como quien había descubierto un misterio nos dijo:

-Nieves se enrolló con Luis estando ya con Alberto, por eso no quiere coincidir contigo. ¿No lo ves? Por eso esta mañana estaba tan seca y malmetiendo contra ti. Tiene miedo de que Alberto descubra que su novia se daba el lote con otro tío que además él conoce mientras tonteaba con él.
-Pero yo no voy a contárselo a nadie si fuese así, que no lo sé. No es mi estilo.
-Madre mía que culebrón, jajaja.-comentó Viqui.
-Pero ella no lo sabe y te teme. Claro. Ahora entiendo por qué cambió su actitud cuando hiciste el comentario en la comida. La estabas amenazando.
-No, amenazando, no -me defendí- pero me sentó como el culo que te hablara mal de mí cuando ella tiene tanta culpa como yo, o más.
-Mañana movidita, ¿ehn?- comentó Viqui con sorna mientras continuábamos nuestro camino en busca de la primera cofradía de la Madrugá.
-Mirad- dije yo intentando cortar el tema- Yo no quiero ninguna guerra con Nieves. Ella está con Alberto y yo no me voy a meter en eso. Me siento utilizado por ella pero no voy a montar un pollo ni nada de eso, pero sí tengo derecho a defenderme. Si Alba y yo queremos ser amigos ¿quién es ella para meterse por medio? Que se preocupe de su novio y nos deje vivir a los demás.
-Tienes razón Luis- dijo Alba frotándome el hombro.

Viqui repitió otra vez el gesto de pellizcarme el moflete y le dijo a Alba:

-¿Ves lo que te digo? Es buena persona, pero hay que atarlo en corto. De cintura para arriba es un cielo, pero de cintura para abajo un diablillo, jajaja. Venga daros prisa que ya se ven los capirotes negros.

Nos metimos en la estrechez de una calle oscura cuando ya llegaban los primeros nazarenos negros con altísimos capirotes en silencio absoluto. Una característica de estas cofradías es que el silencio respetuoso se produce desde la cruz de guía hasta que pasa el último acólito detrás del paso por lo que los tres apenas susurramos algún comentario mientras llegaban los pasos de la hermandad. Al fondo se sabía que llegaban por el eco de una saeta que se escuchaba nítidamente por el silencio. Mientras observaba el transcurrir de la procesión pude sacar algunas conclusiones que me sentaron muy bien: valoré la amistad recuperada con Viqui como un tesoro, sumándola a la de Alba, pero la gran lección que estaba aprendiendo era que la verdad no siempre hace daño. Aunque no me atreviera a contarle a Viqui los cuernos que le había puesto cuando salíamos. Agua pasada no mueve molino…

Tras ver la primera cofradía nos fuimos en busca de la hermandad de Alba. Teníamos que cruzar la carrera oficial y escabullirnos rápido de la gente que estaría esperando a la cofradía que salía de nuestro barrio en la Madrugá. Con cierta dificultad pudimos atravesar un tapón en una esquina cogidos de la mano, yo delante tirando de Alba y ésta de Viqui.

Pudimos comprobar uno de los famosos contrastes de la Madrugá pues mientras en una calle se acumulaba una gran masa de gente ruidosa que esperaba a la populosa cofradía del otro lado del río, en la calle paralela el silencio y el recogimiento acompañaban al crucificado que había visto subir al paso unos días antes. Nos acomodamos en la acera para ver el ráoido discurrir de la cofradía mientras Alba entre susurros nos explicaba muy juntitos que la mayor parte de su familia participaba en ese momento en la procesión. Primos, tíos y hasta su padre iban de nazarenos, acólitos o costaleros, pero no podía saludarlos ni acompañarlos como había hecho conmigo el Lunes Santo por las estrictas normas de la hermandad.

Una vez que pasó el palio con el mismo silencio nos encaminamos a la plaza que había al fondo por donde discurría la hermandad de nuestro barrio. Era imposible buscar a mis dos amigos por el gentío bullicioso que esperaba la llegada del enorme misterio que ya sonaba al fondo acompañado por una banda de más de cien músicos que tocaban marchas con las que el paso hacía coreografías que levantaban los oles y los aplausos de la concurrencia. Ya no había silencio sino expresión jubilosa de las emociones. Sabedores de la enorme cantidad de nazarenos que acompañan a la Virgen una vez visto el lento avance del paso de Cristo entre cambios de paso e incluso algún paso atrás, nos metimos por una calle lateral para rodear la bulla concentrada en la vía por la que transcurría la procesión. Asomamos por fin a una avenida más ancha y avanzamos para buscar a la famosa Virgen que venía rodeada de miles de personas entre las que los más chabacanos coreaban su nombre entre gritos de guapa. Había auténtico éxtasis en los rostros sobre todo de gente muy joven para quienes aquel momento era el culminante de toda la semana.

El momento en que el paso cruzó por delante nuestra fue totalmente apretado, pues a la masa de gente que lo esperaba se sumó la cantidad ingente de cangrejeros, personas que se meten en medio de la fila de nazarenos para caminando de espaldas ver las evoluciones del paso. Era una bulla que nos arrastraba por lo que me agarré a la cintura de mis dos acompañantes para no soltarnos mientras ellas se aferraban a mis brazos.

Una vez que pasó la masa que arrastraba la Virgen pudimos escabullirnos de la bulla cogidos de la mano y por una calle trasera buscar a la última cofradía de negro de la Madrugá que nos quedaba por ver, la más afamada de todas y la que saca a la calle la imagen que más devoción suscita en la ciudad.

De nuevo el contraste. De la masa y el bullicio que habíamos dejado a tras habíamos vuelto al silencio respetuoso y a los altos capirotes negros que pasaban a gran velocidad muy pegados unos a otros. Conseguimos llegar hasta una plaza por donde discurría la cofradía justo antes de que llegase el Señor. Conseguimos acercarnos lo máximo que pudimos y nuevamente apretados, pero ahora en silencio, vimos con emoción el caminar largo del paso escuchando sólo el arrastrar de los pies de los costaleros. Para poder acercarnos tanto nos habíamos pegado a una pared, y para no estorbar demasiado a la gente que ya estaba allí yo me apreté a la pared y las chicas a mí una a cada lado. Ya las había cogido de la cintura en la procesión anterior por lo que esta vez posé mi mano en sus hombros asomando mi cabeza entre sus hombros.

Una vez que el Señor se fue por la calle estrecha que partía de la plaza se fue disolviendo la multitud. Nosotros nos fuimos a buscar a la Virgen. Era una hora crucial, las 6 de la mañana. Teníamos dos opciones, irnos para casa o buscar alguna de las dos hermandades que nos faltaba por ver. Miramos el programa con los horarios y recorridos y decidimos buscar una de ella pues la otra estaba casi entrando en la carrera oficial y sería imposible acercarnos a ella.

La carrera oficial es un tramo del recorrido hacia la catedral que tienen que hacer todas las hermandades en el orden y horario asignado cada día. Está vallada y con sillas y palcos a lo largo de su más de un kilómetro de recorrido. La policía regula en los cruces de calles el transitar de público de un lado a otro para que no se detengan.

Al final decidimos ir en busca de la otra cofradía que nos quedaba pero tomándonos un café para recuperar fuerzas y temperatura pues se notaba como apretaban el frío y la humedad a esa hora. Al sentarnos en la cafetería de nuevo empezamos a hablar.

-Bueno- dijo Alba- ¿Quién le pidió salir a quién?
-¿Nosotros?-pregunté no sabiendo que contestar.
-Fue Luis. Bueno- explicó Viqui con una sonrisa- no me pidió salir. Nos enrollamos. Creo que me besaste tú primero.
-Es raro- comenté- porque siempre he sido muy parado.
-¿Tú?- respondió mi ex.
-Viqui ha sido mi primera novia.
-Pues no lo parecías. Tan universitario como llegaste, contando esas historias, tan guapo…jajaja. Porque Alba, reconocerás que Luis es guapo. Yo lo conocí y me gustó mucho.

Alba se puso muy colorada pero asintió.

-Que me vengo arriba, jajaja. Toda la noche con dos niñas guapas y encima tirándome flores…
-Y ¿con Nieves cómo fue?- soltó Alba a palo seco.
Balbuceé pero al fin contesté:

-No estabas delante cuando ella me conoció. Estábamos los tres. Viqui que vino con el novio ese fortote y tú con Nieves.
-Es verdad. El cumpleaños de Leyre. Que follón y que de gente. Jajaja.-dijo Alba.
-Ufff, Pedro. Qué bueno estaba, jajaja.-añadió Viqui.
-¿Y qué pasó con él entonces?- pregunté.
-Pues eso, jajaja. Que sólo estaba bueno y nada más.

Reímos los tres la ocurrencia de Viqui pero Alba insistió:

-Pero estuvimos hablando contigo en la piscina y ella te hacía preguntas.
-¿Te acuerdas de la barbacoa que hicimos a la semana siguiente ya con menos gente?-le pregunté.
-Claro.
-Pues ahí tonteó descaradamente conmigo. Y yo le seguí la corriente.
-Es verdad.- dijo Alba- Ella me lo dijo.
-¿Te lo dijo?- pregunté extrañado.
-Me dijo que estabas muy bueno pero que tenías novia.
-Pues me tiró bien la caña. Y un par de semanas después insistió y caí.
-Tampoco te cuesta tanto, jajaja.-dijo Viqui.
-Pues me costó romper una relación por la que yo había dado mucho…

Nada más decir eso empecé a arrepentirme por decirlo delante de Viqui. Pero ella misma reaccionó bien respondiendo:

-Siempre te equivocas por lo mismo Luis. Una relación no se basa sólo en el sexo. Y tú a veces haces que lo parezca.
-Creo que he aprendido.-contesté.
-Si es verdad a lo mejor consigues hacer feliz a la chica que te guste.
-Ojalá…

Nos quedamos en silencio un instante sin saber como continuar hasta que yo mismo rompí el momento metiendo prisa para ver la cofradía. Ya amanecía y la cruz de guía debía andar cerca.

De nuevo salimos ya con el sol iluminando los pisos altos de los edificios a buscar la cofradía. Es esa hora en la que muchos de los que han estado toda la noche despiertos se van a casa pero llegan los madrugadores. Buscamos el paso de Cristo y lo vimos revirar en una esquina, pero no nos quedamos allí a esperar a la Virgen, sino que sabiendo los más de 3000 nazarenos que lleva la cofradía salimos a buscarla.

Remontamos por una calle ancha hasta que nos encontramos con la estrechez de la calle por la que discurrían los siguientes tramos de nazarenos. Rodeamos por una calle paralela y salimos de nuevo a la calle estrecha donde tras superar un pequeño tapón en una esquina nos colocamos en un ligero ensanche de la calle. Ya se adivinaban las luces de la candelería del paso al fondo por lo que en pocos minutos llegaría hasta nosotros.

Esta Virgen es la que más devoción concita en la ciudad y fuera de ella, más conocida por el nombre de su barrio que por su propio nombre, y al igual que la que habíamos visto antes que venía de nuestro barrio arrastra multitud de cangrejeros. Y así ocurrió. La multitud tan enorme de personas que se colocaban delante y detrás del paso arrastraba a los que la esperábamos parados. Para evitarlo y ante la estrechez de la calle nos pegamos de nuevo a una verja de un comercio. Mejor dicho mi espalda se pegó pues las chicas de nuevo se pegaron a mí quedando Viqui a mi lado y Alba, como había ocurrido el Martes Santo se pegó a mí. Pero por el tipo de pantalón que llevaba supongo notaba perfectamente sus nalgas y como mi paquete se encajaba entre ellas. Y estábamos tan pegados que ella seguro que lo notaba. Además pareció moverse para que mi paquete no se encajara entre sus glúteos pero tan apretados no lo lograba. Al revés esta frotándome el paquete y empecé a temer que algo se despertara y ella lo sintiera.

Yo la miraba pero ella parecía estar concentrada en como avanzaba el paso ya a apenas unos 10 metros de nosotros. Pero sonó el llamador y el paso se detuvo ante el delirio fanático de muchos de los presentes, sobre todo los propios cangrejeros. Estábamos inmovilizados y apretados. Notaba el cosquilleo previo a una erección y me iba a morir de la vergüenza con Alba. ¿Qué iba a pensar? Que era un salido que se refregaba con ella y me ponía cachondo en una bulla con un paso delante.

Hasta sudores me entraron y más cuando para evitar más malentendidos subí mi mano para apoyarla en su hombro. Al sentirla Alba me sonrió con un leve giro de cabeza lo que me tranquilizó. Además mi polla no pasó de morcillona por lo que intuí que no notaría el bulto duro.

Viqui nos comentó algo sobre las flores que llevaba el paso. Cuando terminó de hacerlo escuchamos al capataz llamar a la cuadrilla de costaleros. El paso se levantó entre aplausos y empezó a andar entre los sones de una marcha triunfal. Pero al llegar a nuestra altura nos apretamos aun más. Sentía perfectamente la forma de las nalgas de Alba apretadas contra mi zona pélvica y ella tenía que sentir mi paquete con toda seguridad. Ya no tenía dudas. Para no quedar mal me disculpé con ella:

-Perdona que estemos tan apretados pero no puedo mover.
-No te preocupes, es culpa mía. Estoy totalmente aprisionada. Soy yo la que pensaba que te estaba molestando.
-A mí no me molestas, mujer. Pero pensaba que te podías sentir incómoda…

Vi como su cara se encendía de auténtico rubor demostrándome que realmente estaba sintiéndome por detrás pero algo cortada me reconoció:

-Luis, mejor pegarme a ti, que hay confianza, que no a un desconocido.
-Por mi no te preocupes. En serio. Me incomodo yo más que lo que tú me molestas.

Entonces se coló la voz de Viqui diciendo:
-Vaya dos pardillos. Luis no te pega siendo como eres…dejaros de disculpitas que se va el palio…

Efectivamente terminó de pasar la Virgen, la masa que llevaba detrás y la banda de música y por fin pudimos separarnos. Cogidos de la mano conseguimos salir a una plaza próxima y decidir como volver a casa. Al final elegimos cruzar el río por otro puente diferente al de la ida para evitar a la gente que estaría ya esperando la cofradía que regresaba por allí. Además era el camino más corto para acompañar a Viqui a su casa.

De camino pasamos por el rincón oscuro donde nos habíamos enrollado el año anterior. Al pasar de manera espontánea miramos hacia dentro y nos miramos. Nos dio la risa al descubrirnos con aquellos recuerdos y Alba se dio cuenta.

-¿Qué os pasa?
-Viejos recuerdos…-dijo Viqui.
-Qué romántico…-comentó Alba.
-No precisamente…jajajaja.-respondio Viqui mientras yo le hacía el gesto de silencio.
-Ahn…jajaja.-respondió Alba ruborizándose de nuevo.

Me sorprendía su actitud con respecto al sexo con 19 años. Me recordaba en cierto sentido a María. Y tenía cierta curiosidad por saber algo más de su experiencia pero tras el momento de cierta incomodidad vivido un rato antes no era la mejor circunstancia.

Llegamos a casa de Viqui que estaba encantada de la buena noche que habíamos pasado los tres. Hicimos planes para aquella tarde tras dormir toda la mañana y nos despedimos con dos besos. Desde allí nos encaminamos hacia la casa de Alba. De camino me comentó:
-Me da corte salir yo sola con vosotros.
-¿Y eso?
-Pues bueno, verás…-comentaba con la mirada baja- Vosotros habéis sido novios y tal y tenéis vuestras complicidades y yo, pues como que me veo en medio y tal…
-No seas tonta, mujer. Lo nuestro es agua pasada. Hemos estado meses sin vernos ni tener contacto y hemos retomado ahora como buenos amigos. Si hasta se enrolló con Pablo cuando cortó con Leyre. Tranquila que no te metes en medio de nada. Al revés, voy más cómodo si tú vienes.
Así llegamos a su casa y cuando ya me fui a despedir me dijo:

-No te he dado las gracias por acompañarme de mantilla.
-No tienes por qué. Ha sido un placer.
-Pero si llego a saber que te iba a resultar tan incómodo no te lo piso.
-No digas tonterías otra vez. ¿Tú lo has pasado bien?
-Mucho, pero con todo el lío con Nieves y tal, pensé que tú estarías molesto.
-Con ella dolido, pero no me pesa haber salido contigo. Además se fueron pronto, jajaja.
-Vale.-respondió con una sonrisa.
-Si me quieres evitar por tus amigas te entiendo.
-No por Dios. No, no, Luis. Me has demostrado que vales más que alguna de ellas.
-Tampoco quiero que te pelees con ninguna.
-No, pero alguna explicación me tendrá que dar, pero no te preocupes que no llegará la sangre al río.
-¿Tú estás cómoda conmigo?-le pregunté.
-Sí, sí, me caes muy bien.
-Bueno, salvo cuando nos ponemos tan pegados en las bullas.

Casi quemaba de lo colorada que se puso sin atreverse a mirarme.
-Mujer, que estoy de broma, ya sabes como son las bullas.
-Luis, hijoooo- me dijo dándome un empujoncito en el pecho- que apuro contigo. Que yo no soy así.
-Vamos a ver, que estábamos en una bulla, y te digo una cosa. Mejor contigo que con alguien desconocido. Bueno, nos vemos esta tarde ¿no?
-Claro.

Nos dimos dos besos y se metió en el portal yéndome a dormir. Eran las 8 y media de la mañana y llevaba casi 24 horas sin dormir pateando la ciudad.

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