JEIMY SÁNCHEZ

Son las diez de la noche, a veces simplemente no puedo dormir, mi hermano debe estar muy cómodo en la parte de arriba de la litera, me levante de la cama y me dirigí a la cocina, leí en un libro muy popular que la leche caliente ayuda a dormir y relajar el cuerpo, revise el congelador pero no había ni un solo bote de leche, mi hermano suele tomar un vaso de leche en la cena y creo que se tomó el último bote de leche que quedaba, revisé más al fondo del congelador y encontré un jugo de uva posiblemente caducado.

Me serví el jugo en un vaso y volví a mi habitación, me di cuenta de que mi hermano abarca la mayor parte del escritorio con sus tareas de la universidad, me puse a revisar sus libretas y encontré muchos reportes y mensajes que amenazaban con expulsarlo si no entregaba las tareas a tiempo y forma, mi hermano nunca ha sido muy cumplido con sus tareas y trabajos pero he visto que le paga a sus amigos para que hagan sus deberes por él.

Después de beber todo mi jugo de uva me recosté en la cama y me puse a observar las estrellas por la ventana, me he dado cuenta de que por la noche hay una hermosa vista a las estrellas, mientras contemplaba la noche una luz muy extraña apareció volando muy rápido, al principio pensé que podía ser una luciérnaga o alguna clase de estrella fugaz pero no hay luciérnagas aquí y se veía muy cerca para ser una estrella fugaz. Cada cierto tiempo la luz pasaba por mi ventana y parecía que intentaba entrar a mi habitación.

Ya casi eran las dos de la mañana y aun no tenía sueño, tal vez un poco de aire fresco me ayude, sin pensarlo dos veces salí al jardín de mi casa, ahí tenía mejor vista a las estrellas, puse una manta y una almohada y me recosté viendo a las estrellas. Me levante rápidamente al sentir que un animal pequeño entro a mi boca, tal vez me dormí una o dos horas por que todavía no salía el sol, me dirigí a la puerta de mi casa solo para darme cuenta de que me quede encerrada en mi jardín, no estaba segura de que hora era pero estaba segura de que era tarde y no quería despertar a mi madre y mucho menos a mi hermano así que por ahora iba a tener que esperar. Me di cuenta de que la luz me había seguido hasta el jardín así que por lo menos iba a tener compañía.

Pasé un buen rato intentando atrapar la pequeña luz pero era imposible, la luz salió de mi jardín y como estaba aburrida decidí seguirla, la luz me llevo a un bosque donde de una pequeña cueva salieron miles de luces como la que había seguido. Todas estaban volando alrededor de mí y para cuando miré al piso me di cuenta de que estaba flotando, cada vez subía más y más hasta que me di cuenta de que estaba tan alto que podía ver la ciudad entera.

Mientras las luces me paseaban por la ciudad alcance a ver las casas de mis amigas y en lo alto de una montaña se encontraba la casa de mi abuelo, estaba amaneciendo, mi madre se iba a preocupar si no llegaba a casa rápido así que les grite a las luces -pueden llevarme a casa por favor- parece que si me escucharon por que dieron media vuelta y regresaron rumbo a mi casa. 

Al llegar a casa las luces me bajaron lentamente y me dejaron en mi jardín, después de aterrizar las luces volaron al bosque donde las encontré, una de las luces se quedó pegada a mi ventana pero no la quise quitar.

Me desperté rápidamente, todo había sido un sueño, aún era noche así que decidí beber un vaso de jugo de uva, al sentarme al borde de mi cama miré la ventana y me di cuenta de que había una luz muy brillante ahí.

Un comentario sobre “Una luz en mi ventana

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