MUSA

La ofrenda

El periodo 2003-20007 fué brillante para la economía mundial, permitiéndome amasar una fortuna y alcanzar gracias a mis resultados, un puesto directivo en la empresa. En el ambiente, me hice fama de implacable y frío. Conmigo no se jodía y más de una empresa desapareció por querer jugar en forma desleal, trucando sus resultados. 

Un arreglo en mi contrato resignando utilidades, me permitió pasar a trabajar a media jornada y dedicar más tiempo a mi empresa de software, siempre con la inestimable colaboración de Gaby y su esposo, que se volvieron amigos cercanos. 

A esa altura ya teníamos un grupo importante de programadores trabajando con nosotros. Siempre surgidos de los primeros años de la universidad y formados desde abajo. Nuestro sistema de trabajo era cooperativo y los sueldos, proporcionales a las utilidades de la empresa y a su rendimiento personal. 

Acercándose el 2010 todo empezó a cambiar y previendo una caída del mercado, me alejé del mundo financiero y de todo lo referente a la parte comercial de mi empresa que tan bien llevaban Gaby y su esposo, para dedicarme en exclusiva a la investigación. Era lo que más me gustaba por los desafíos que imponía y por no tener que tratar demasiado con las personas. Los vientos de cambio indicaban trabajar en algoritmos dirigidos al desarrollo de monedas virtuales.

Mi vida afectuosa no existía y mi actividad sexual era satisfecha por las damas que había ido conociendo en mi camino. Todas se convirtieron en buenas amigas con derecho a roce, y algunas de ellas con la complacencia de sus parejas. Al nivel de permitirles acompañarme en las vacaciones o en mis viajes al exterior.

Nunca dejé de vivir solo, -ahora en mi piso nuevo ya entregado-, ni de visitar el gimnasio. El dojo, seguía siendo el mejor lugar para calmar a la bestia.

En Diciembre de 2009, ya con treinta años, estaba tumbado al costado de la piscina de un hotel exclusivo, vestido solo con la  malla de lycra elastizada y mis infaltables lentes oscuros en compañía de Gaby, su marido y el niño, cuando vimos entrar al recinto a una rubia de mi edad con cuerpo de modelo, seguida de dos muchachas que la trataban como a una diosa.

La rubia, con un bikini de infarto y grandes lentes oscuros, caminaba oscilando el cuerpo como una chita, mirando aquí y allá con una indiferencia que daba asco.

Cuando Gaby entre risas me vio impactado por su presencia, mirándola absorto con la boca abierta, me deslizó

-. Tranquilo galán ese puerto no se conquista.

-. ¿Por qué lo dices ?

-. Porque te veo la cara y te quiero evitar un papelón. Muchos han salido trasquilados por acercarse a esa hembra. Hasta se comenta que no le van mucho los hombres. Es la heredera de un emporio y no se da con los simples mortales.

No podía dejar de mirarla. Cuando se levantó y se sacó los lentes, su belleza apagó el sol. Se acercó al borde de la piscina y se arrojó al agua con una gracia, que el agua se abrió para dejarla pasar sin salpicar.

Mientras braceaba cadenciosamente en nuestra dirección, disfruté la visión de su preciosa espalda, de sus músculos marcando la cadencia del movimiento de sus brazos, de sus duros y abultados glúteos acompañando las patadas. Y de su cintura…Mi dios su cintura…

Con una sonrisa me levanté y me paré delante de la escalerilla por la que intentaba salir, ante el horror de Gaby y el regocijo de su claque.

Saló del agua, se paró frente a mí y sin amilanarse, me miró con asco.

-. ¿ Que te pasa payaso ? ¿ Te corres o que ??

Entre las carcajadas de sus amigos, y la vergüenza de los míos, me saqué los lentes y la miré a los ojos.

Se quedó paralizada mirándome fijo durante un instante interminable, y ante la sorpresa de todos se colgó de mi cuello y apretándose contra mi cuerpo me dio un beso profundo, sentido, que duró una eternidad, para finalmente separarse y volver a mirarme, esta vez con lágrimas en los ojos.

-. De esos ojos nunca me pude olvidar… y de tu beso tampoco.

-. Ni yo de tus lunares.

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El clima en agosto siguió horrible, el viento del mar soplaba helado y los días se presentaban destemplados. Esa mañana en especial, como un presagio funesto, el día amaneció gris y tenebroso, con ráfagas de sur que se filtraban impiadosas y con silbidos agudos provocados por los cierres imperfectos de las aberturas de madera.

A las diez de la mañana me llamó Celeste, Clara quería verme. Dejé todo lo que tenía programado y me dirigí presto al sanatorio, con un presentimiento atroz corroyendo mis entrañas. 

Me recibió mi sobrina en el hall de entrada, con carita triste me puso en antecedentes del estado de salud de su madre que se estaba degradando a pasos agigantados. Los antibióticos no estaban surtiendo efecto y la infección avanzaba sin remedio.

Celeste, aprovechando que  Clara le pidió hablar a solas conmigo, decidió ir a su casa a ducharse y cambiarse de ropa. 

Entré en la habitación después de que saliera la enfermera que la atendía. El primer impacto que recibí, fué el sutil olor a corrupción que se deslizaba impiadoso entre los vapores de los desinfectantes. Clara estaba hundida en la cama, delgada, demacrada, como una sombra funesta de lo que fué. El único vestigio que quedaba de aquella niña de mi pasado, eran sus ojitos celestes, que brillaron cuando me vió.

Me senté a su lado temeroso, tomé sus trémulas manos entre las mías y le besé la frente asustado, intuyendo el motivo de su llamada. Clara me miró agradecida…

-. Necesito que sepas…

-. No es necesario. Pasó mucho tiempo y ya no lo necesito, no es momento para que te esfuerces en ventilar lo que ya no tiene remedio.

-. Por favor, escúchame, necesito liberar mi alma. No me hagas cruzar el puente con esta carga. Ya no me queda tiempo.

-. Que dices, pronto te pondrás mejor, tienes una hija hermosa por la cual luchar.

-. Que bueno eres. Nunca se te dió bien mentir. Debajo de esa coraza que construiste sigues siendo mi viejo amigo. Por favor ayúdame, escúchame…

Asustado y expuesto, como hace mucho no lo estaba, asentí en silencio.

-. No imagino la historia de mi vida sin estar tú presente, para bien o para mal. Crecimos juntos, compartimos juegos, soportamos abusos que hubiera sido imposible soportar si no hubieras estado a mi lado.

-. Siempre fuiste el más fuerte, dentro de tu aparente debilidad, el drama que vivías en tu casa te encalleció. En cambio a mí se me hacía intolerable. Si no hubieras estado a mi lado, no lo hubiera podido soportar.

-. Ponernos de novio en nuestra adolescencia, fue una de las cosas más dulces que me pasó en la vida. Fue algo tan lógico y natural, que sentía que ese era el destino que la vida nos tenía reservado. Y cuando tuvimos sexo por primera vez, me ví tan querida, tan cuidada, tan protegida, que sentí que eso era el amor en su escencia mas pura.

-. Recuerdo con mucho cariño nuestras charlas interminables, el entusiasmo con que me contabas tus proyectos y te interesabas en los mios.

-. Pero cuando mi cuerpo empezó a despuntar todo cambió, noté que las chicas que antes me despreciaban, se empezaban a acercar y que los chicos que ni me miraban, me empezaron a prestar atención. Y eso me gustaba.

-. Contigo estaba bien, pero también necesitaba lo otro. Y me empecé a alejar.

-. El último año del Instituto, fué un huracán que se llevó a la Ana que tu conociste, ya era una de las más populares, íbamos a los bailes que tu tanto despreciabas y teníamos a todos babeando por nosotras, los provocábamos y después pasábamos de ellos entre risas.

-. Hasta que al final de una noche especialmente divertida, mientras nos retirábamos con Carmen y Juana, un grupito nos esperó a la salida y nos agredió, nos empezó a insultar, tratandonos de calientapollas e intentaron manosearnos. Justo atinó a pasar por allí tu hermano, que ese año empezó a cursar con nosotros, acompañado de Bea, Pedro y Javier. Cuando se acercó a saludarnos y ver que pasaba, el grupito nos dejó en paz.

-. Tú sabes cómo era él en ese entonces, grandote, viril, insolente. No le tenía miedo a nada. Nos sentíamos protegidas a su lado. Empezamos a salir juntos como pandilla. Ahí empezamos a probar las copas y los porros.

-. Tu y yo nos veíamos poco, pero todavía lo pasábamos bien, el sexo suave y dulce contigo, era un remanso en el torbellino que se estaba convirtendo mi vida.

-. Un sábado, un  par de meses más tarde, sobre mitad de año. -Bea, ese mes, había viajado al pueblo de sus padres por una enfermedad de su abuelo-, tu hermano me llevó a casa en ese coche viejo que tu padre le había comprado. Como ese día mis padres no estaban, lo  invité a pasar a tomar la última copa, que se convirtieron en varias. No quiero entrar en detalles, pero terminamos en mi dormitorio, desnudos, follando como animales. 

-. Ahí me di cuenta que estaba enganchada con él. Era todo tan diferente, tan animal, que el sábado siguiente repetimos en su coche. Y al otro en su dormitorio, contigo durmiendo en el de al lado.

Clara hablaba bajito, como mirando hacia adentro, costaba entenderle

Extrañamente, yo la escuchaba sereno, como si fuera la historia de otro. Como si las piezas del tetris de mi vida, fueran encajando una por una. 

-. Cuando volvió Bea, tu hermano se lo contó y lejos de molestarle, lo alentó a que lo siguiéramos haciendo, pero que la dejáramos mirar. Entonces también lo hacíamos en su dormitorio. Muchas veces la que miraba era yo, eso a tu hermano lo excitaba tanto, que después repetía conmigo.

-. La relación contigo se hacía insostenible, la sentía sosa, como que no me aportaba nada. Una noche, apoyados en el capó de su coche, estábamos fumando después de follar como posesos y le dije que te iba a dejar. Se quedó en silencio unos minutos, luego se dio vuelta, me miró furioso y me pegó un cachetazo que me tiró al piso.

-. Escúchame bien perra, estas muy buena y follas mejor, pero el verdadero placer, es verle la cara a ese imbécil a la mañana, sabiendo que unas horas antes te he roto bien el culo. Como te atrevas a dejarlo, no me ves mas el pelo. Putas como tú hay muchas.

-. Yo no podía prescindir de lo que él me daba, entonces te evitaba, buscaba verte solo cuando tu hermano me lo exigía.

-. El día de la fiesta, me estaba probando la lencería que me había comprado para él, cuando tú llegaste con la noticia de tu aceptación en la facultad. Y en lugar de estar feliz por tu éxito, lo único que pensaba, era que por fin sería libre, que no tendría que mentir más. Y sabiendo que era tu cumpleaños, quise darte mi regalo de agradecimiento, necesitaba que vieras quien era yo ahora. 

-. Y te follé con ganas. Y te corriste dentro.

-. Me volví loca, no por tener que tomar la pastilla, lo había hecho otra veces, -tu hermano no usaba condones-, los hombres no lo hacen, le enseñó tu padre. Me volví loca porque ensuciaste el tanga que era para él. Y te eché de mi pieza. Y de mi vida.

-. La fiesta fué una pasada, bebimos, fumamos y tomamos pastillas. En un momento, tu hermano decidió que había que festejar tu cumpleaños con una sorpresa, y te llamó. Subimos al salón privado. Los chicos y yo nos desnudamos y me pareció divertido. Tu hermano se acostó en la mesita y pidió que me empale en su polla y me pareció excitante. Cuando José me enculó, toque el cielo con las manos, nunca había sentido tanto placer.

-. Te ví entrar sumergida en un sopor de éxtasis sexual, que me tenía en las nubes. Escuché las risas y pensé que por fin lo habías entendido. Escuché que te cantaban el Feliz Cumpleaños y fuí feliz por tí.

-. De pronto todo explotó, salí volando y quedé tirada en el piso, golpes, gritos, patadas. Miraba sin entender, cuando todo se apagó.

-.Desperté dos días después en el hospital, la mezcla de sustancias me había pasado factura. Había sufrido un shock que me produjo una parálisis renal transitoria. Mis padres estaban a mi lado, tan preocupados, que no me reprochaban nada.

-.Estuve internada dos semanas, el día que me dieron el alta, el médico a cargo pidió hablar con mis padres. Cuando entraron al rato, mi padre estaba furioso.

-. ¿Quién fué el hijo de puta ? ¿ O fueron varios ?

Mi madre, le tomó la mano y le pidió que esperara fuera, cuando volvió para hablar conmigo lo supe. Estaba embarazada. Hablamos mucho rato y le conté casi todo. Me preguntó por tí y entendió que eras pasado.

Dos semanas después del alta, quedamos con tu hermano en almorzar juntos en tu casa, cuando llegué, me abrió la puerta tu padre. Después de hacerme pasar, me tomó de un brazo y sin decir palabra me llevó a rastras a su dormitorio. Poco pude hacer para defenderme, era un gigante rabioso. Cerró la puerta, me tomó del cuello, y  ahorcándome  me aplastó contra la pared

-. Por fin te echo la mano, zorra. Eres la desgracia de esta familia. Me hiciste un hijo marica y al otro le quieres encajar un hijo. Dime a quien te cojes, puta. ¿De quién es el bastardo ? Dímelo… o de esta casa no sales viva.

-.Aterrada como estaba, no atinaba a hablar. Y eso lo enfureció más. 

-. ¿ No quieres hablar, eh ? Yo te voy a enseñar como se trata a una puta. Desnúdate y ponte a cuatro patas sobre la cama.

-.Temblando me saqué la ropa y lo último que vi, antes de subirme a la cama, fué como se soltaba el cinturón. Bajé la cabeza y relajé mi cuerpo esperando lo inevitable. Y fué peor.

-.El latigazo del cinto sobre mis glúteos me agarró desprevenida, primero sentí el calor, luego, el dolor empezó a subir como lava de un volcán y antes de alcanzar la cima, llegó el segundo y un tercero, y un cuarto. Uno detrás de otro, sin parar, con una fuerza brutal.

-. Vas a hablar puta, por mi nombre que vas a hablar. O te mato acá mismo.

-.Y no pude más. A pesar de que, cuando lo dijera, me mataría igual, lo solté

-. Ayyyy…Luiiis, fué Luiiis…Ayyy…Detente por favor.

-. Y de pronto, todo se calmó. Para mi sorpresa, me acarició la cola en un gesto cariñoso y con voz suave me dijo que me cambie, que me esperaba abajo. Cuando bajé, me estaba esperando con un café caliente, sentado a la mesa de la cocina. Me pidió que me siente y empezó a hablar.

-. A los dieciséis años, mi hijo mayor, de tanto ir de putas, se pescó una ETS, que tardaron en diagnosticar porque no se lo contó a nadie, cuando me enteré, lo hice tratar pero ya era tarde, había quedado esteril. Nadie lo sabe, ni su madre. No podía permitir que mi hijo pasara por esa vergüenza. 

-. Ahora que sé que tu hijo lleva mi sangre, me has solucionado dos problemas, él tendrá un hijo y será un hombre entero,  y yo, tendré un heredero. Yo los ayudaré, les daré casa y un trabajo para él. Pero con una condición. El marica de Luis nunca debe enterarse. Él se ha ido y nos ha deshonrado. Si me entero que se lo dices, los mato a los dos y me quedo con el niño.

-. Y acepté sus términos, me estaba ofreciendo lo que yo quería, un padre para mi hijo y al hombre de mis sueños. 

-. Tu padre convenció a Bea que lo mejor para su salud era desaparecer y organizó la boda con mis padres. Fue una ceremonia discreta, solo en el juzgado. Pero todo era un espejismo.

-. Cuando nació el bebé y supo que era una niña, tu hermano me escupió con asco. 

-.¿ Que otra cosa se puede esperar de un marica ?.

-. A medida que fue creciendo y vió el color de sus ojos, supo que había perdido. Que el triunfo te lo habías llevado tú en tus valijas. Que finalmente todo el odio que te profesaba, se había vuelto en su contra. 

Tu amor por mí, había triunfado.

-.Empezó a viajar, a tomar trabajos afuera, casi no nos veía, y pronto, ya ni nos enviaba dinero. A mi no me tocó más, y a la nena menos.

-. Una de las pocas veces que volvió, fue cuando tu padre falleció del corazón en esa casa de putas. Nos prohibió avisarte. Dijo que tu padre no se merecía la humillación de tu despedida.

-. Y como en la vida todo se paga, mis riñones nunca se recuperaron del todo. No pude seguir estudiando, ni podía trabajar. Sobrevivimos gracias a mis clases de inglés, a la ayuda de mis padres y al cariño de tu madre, que sin tu padre, se volvió muy cercana. 

-. Rara vez teníamos noticias tuyas. Cada vez que te localizábamos, tu madre te escribía una carta, pero nunca recibió respuesta. 

-. Cuando finalmente mis padres murieron y nos fuimos quedando solas, me di cuenta que te extrañaba, que en realidad lo hacía desde el momento que te fuiste. No al novio. Sino a mi viejo amigo. Y entonces te visitaba cada día, en los ojos de tu hija.

-. Sabía que me moría y me aterrorizaba dejar sola a mi hija. Entonces te ví en el cementerio…Hermoso, ancho, erguido y me sentí tan orgullosa de tí, que comprendí que Celeste no quedaba sola. Cuando los veo charlar como viejos amigos se me llena el corazón…

Poquito a poquito su voz se fue debilitando y se quedó dormida, como si expulsar el veneno, le hubiera traído una paz que necesitaba. 

Meditaba, conmovido por su confesión y asumiendo mi nueva realidad, cuando entró Celeste a la habitación. La miré con nuevos ojos. Y mi coraza crujió.

Dos horas después, con los dos tomándole las manos, nos miró con una sonrisa y despacito, como pidiendo permiso, se deslizó de la vida. Sus ojos abiertos se fueron apagando. Y se marchó. 

Cerré sus ojos con cariño. Y entonces… sucedió

La coraza cedió, el dique se rompió… y aguas tumultuosas desbordaron mis ojos. Me abracé a su cuerpo tibio y lloré. Lloré con odio. Lloré con dolor. Lloré con gratitud.  Lloré por amor.

Con odio, por todos los hijos de puta de este mundo, que dañan por placer. 

Con dolor, por lo que no pudo ser y por la amiga que se fué. 

Con gratitud, por permitirme entender. 

Por amor, por la ofrenda final.

El día de su sepelio amaneció soleado y Celeste no se despegó de mi lado, protegida y protegiendo. La acompañaban sus entrañables amigas. María, Carmen y Juana, nos abrazaron conmovidas al igual que sus maridos y fuimos saludados por una multitud.

Finalmente, la dejamos junto a sus padres, descansando al fin. Protegida por una rosa blanca. 

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