FERNANDO

La verdad es que a veces los que se supone que somos adultos responsables, somos más minusválidos que los mismos minusválidos. Yo preocupada y cuando Joel abrió la puerta vino hacia mí, me besó y me abrazó y enseguida me preguntó por mi sorpresa.

—¿Con que me vas a sorprender amor? Me preguntó mi hermano ilusionado.

—Hola. Sonó una vocecilla detrás de mí.

Mi hermano me apartó ligeramente y Laura miraba a mi hermano con esos inmensos ojos azules. Joel me miró con una gran sonrisa, pero preguntándose quien era esa preciosidad de niña. Joel se sentó en el suelo como los indios frente a su hija.

—Hola, dijo mi hermano, ¿Cómo te llamas?

—Yo me llamo Laura, ¿Y tú?

—Yo me llamo Joel, encantado de conocerte Laura.

—Mi mamá me ha hablado mucho de ti. Tú eres mi papá.

Joel puso una cara de sorpresa muy graciosa, mirándome a mí y a Laura. Con cariño, agarró de la cintura a su hija y la sentó sobre sus piernas dándole un beso en su cabecita.

—¿Y quién es tu mamá si puede saberse?

—Mi mamá es Isi. Me contó que la tía Andrea y tú erais buenos amigos de ella.

Ala, se lo había soltado como un cañonazo. Joel me miró otra vez algo desconcertado pero yo asentí con la cabeza. Joel abrazó a su hija y se limitó a darle cariño.

—Pues Laura, encantado de conocerte y saber que soy tu papá. Y dime ¿Qué años tienes?

Laura mostró a mi hermano una manita con sus cinco deditos muy abiertos, mientras sonreía orgullosa.

—¡¡Cinco añitos!! Exclamo Joel. Que mayor y que guapa eres. Dijo dándole un achuchón.

Ese fin de semana estuvimos de compras para la niña. Ropa, calzado, juguetes y sobre todo una sillita para el coche. Las siguientes semanas fueron para hacerle un chequeo médico a fondo, otra prueba de ADN, que nos ratificó que era hija de Joel, escolarizarla y reunirnos con nuestro abogado para saber que todo lo que hacíamos era lo correcto. Hubo que preparar una habitación de invitados para que fuese de Laura y al cabo del mes, logramos una rutina de horarios y como es lógico nosotros nos tuvimos que acoplar a los hábitos de Laura, con lo que nuestra vida sexual se vio también muy alterada.

Joel se descubrió como un padre increíble. Cuidaba de Laura y jugaba mucho con ella, aparte de que le ayudaba con sus deberes y aunque os he comentado que nuestra vida sexual se vio muy afectada, lo que ocurrió es que nuestros encuentros fueron más pasionales y fogosos y no sé, de alguna manera se activó en mí el deseo de ser madre, pero me aterraba que al ser hermanos él bebé no viniese bien.

Una consulta a uno de los mejores ginecólogos, poniendo en su conocimiento el parentesco de mi pareja, una analítica y una prueba de fertilidad y me comentó que teníamos el 90% de posibilidades de que el feto no tuviese malformaciones en este primer embarazo. Bien, ahora solo sería encontrar el momento idóneo para hablarlo con Joel y que me dejase embarazada, aunque viendo como disfrutaba de su hija, creo que lo más aconsejable es que le diese espacio y algo de tiempo.

Por desgracia, pasados dos meses desde que Isi nos trajo a Laura, nos llegó la noticia de que había fallecido. Esa noticia me entristeció, era muy joven y su, quizás, mala vida, se la había llevado antes de tiempo. Fue muy duro ir a su entierro y reencontrarme con gente que hacía muchos años que no veía, como por ejemplo los padres de Isi. Pero fue mucho más duro el saber que Isi había muerto sin decir a sus padres donde se encontraba su nieta y eso les estaba desesperando.

Solo fue cuando nos quedamos solos, que sus padres se sintieron más libres de sincerarse conmigo y para mí fue conmovedor. Hablamos de nimiedades hasta que decidieron hablar con claridad.

—Andrea, no sé qué pasó entre vosotras y quizás no queramos saberlo, erais las mejores amigas y de un día para otro ya no supimos de ti, pero eres nuestra última esperanza para saber dónde está nuestra nieta.

—¿Y qué les hace pensar eso? Y por cierto, en algún momento ¿Isabel les dijo quién era el padre?

—No hija, desde que supimos que se había quedado embarazada, su mutismo al respecto del padre fue total. Tú eres nuestra única esperanza. Andrea, sabemos que antes de morir Isi fue a verte, por eso tú eres nuestra última esperanza.

Me hice cargo de su angustia y no sé a dónde nos llevaría esto. Sabía que los padres de Isi siempre me tuvieron un gran aprecio pero era su nieta y lo que no quería es tener enfrentamientos sobre la custodia de la niña.

—Bien, esto que les voy a contar quizás les sorprenda. Laura está viviendo con nosotros, Joel es su padre.

—¡¡¿Tu hermano Joel?!! Preguntaron sorprendidos.

—El mismo y aunque no lo crean, ese pequeño defecto que tiene no es impedimento para que el padre de Laura se haya descubierto como un progenitor increíble.

—Cariño, eso no lo dudamos, pero ¿Isi y Joel? ¿Juntos?

No quise manchar el nombre de Isabel más de lo que estaba. Podía haberles contado la verdad, que su hija era una puta vehemente y arrogante que tomó por la fuerza lo que no era suyo, pero quise ser más diplomática.

—Nooo, no estuvieron enamorados, ni saliendo juntos, ni nada de eso. Fue una tarde que pedí a Isi que se quedara con mi hermano porque yo tuve que hacer unas cosas. El tiempo que estuve fuera, Isi sedujo a mi hermano y fue cuando la dejo embarazada. Joel me lo contó y fue cuando me enfadé con Isi y rompimos nuestra amistad.

—No lo sabíamos, siento saber lo que me estas contando y que por culpa de la inconsciente de mi hija rompieseis vuestra bonita amistad. Pero ahora que sabemos que nuestra nieta está bien, viviendo con su padre, dime, ¿Sería posible que la pudiésemos ver de vez en cuando?

Eso de alguna manera fue un motivo de alegría ya que pasados unos meses, sus abuelos nos pidieron que la dejásemos un fin de semana con ellos, fin de semana que Joel y yo no salimos de nuestra cama y follásemos como si no hubiera un mañana. Me dejo reventada y con el coño y el culo más abiertos que las puertas de la catedral y rebosando su rica leche, pero satisfecha y plena.

Sus abuelos disfrutaban de ella, cuando querían, pero siempre fines de semana o vacaciones, nunca entre semana. Para mi hermano era sagrado su rutina del colegio y deberes y lo llevaba muy bien ya que la niña destacaba en el colegio. Además siempre, una vez terminada la tarea, jugaba con su hija hasta la hora del baño, mientras yo le hacia la cena, y luego la llevaba a su cuarto, la arropaba y la leía un cuento hasta que se quedaba dormida. Sinceramente me sentía muy orgullosa de mi hermano y sabía que sería un gran padre de nuestro hijo o hija cuando lo tuviésemos.

La convivencia entre Joel, Laura y yo era fantástica. Francamente sentía que éramos una familia y era feliz. Joel era un hombre excepcional con destellos de una inteligencia que para nada se correspondía con su estatus de minusvalía y aunque yo tenía esos días en los que era mejor no arrimarse a mí, mi hermano era capaz de apaciguar mi enfado y hacerme sonreír, hasta olvidarme de mi mal humor y comerle a besos. Sabía que un hombre así no lo encontraría en la vida, él era único y temía que un día, alguna de las chicas con las que trabajaba se diese cuenta del hombre que tenía al lado y me fuese infiel con ella, eso me aterraba. Pero la vida me tenía preparada otra sorpresa y la que primero fui infiel, fuera de todo pronóstico, fui yo, no mi hermano.

Sucedió que en mi empresa hubo una reestructuración de personal debido a las jubilaciones y que había ciertos puestos de responsabilidad que debían de ser cubiertos. Mis superiores me informaron que yo era una de las aspirantes a sustituir a uno de los peces gordos de la empresa, pero que debería de formar e instruir a la persona que sería mi sustituta aun a sabiendas de mi fama de amargada y siesa que tenía. Pero por algún motivo, y ese no era otro que mi seriedad y rectitud en mi trabajo, mis jefes se fijaron en mí y en el trabajo que desarrollaba.

Y ocurrió que un lunes cualquiera, entré a trabajar como siempre, me fui a mi despacho y encendí mi ordenador. Estaba absorta en mi trabajo cuando de repente se abrió la puerta y apareció el director de RRHH con una joven tras él.

—Andrea, buenos días, saludó el director, te presento a Adriana, ella va a ser quien te sustituya en el puesto y al igual que tú también ha estudiado ingeniería de gestión empresarial.

El saludo por mi parte fue muy frio. Esa chica alargó su mano para saludarme, pero yo la miré con frialdad y solo hice un leve gesto con la cabeza. Ella me miró sorprendida y retiró su mano decepcionada.

—Bueno, os dejo solas, espero que os llevéis bien y Andrea, enséñala todo lo que sabes.

Durante una semana Adri, que así le gustaba que la llamasen, estuvo aguantando, si, esa es la palabra, aguantar, estuvo aguantando mi mal humor, mi miedo a tratar con ella, mis malas contestaciones y mis salidas de tono.

Creo que cualquier persona en su sano juicio hubiese estallado al segundo día y me hubiese mandado a la mierda, pero ella aguantó, por algún motivo que desconozco no se separó de mi lado hasta que una muy mala contestación por mi parte hizo que se levantase, se disculpase y saliese de mi despacho. Ya no me pude concentrar y en mi cabeza resonaba como el eco las últimas palabras vejatorias que le dije y eso me hizo sentir fatal conmigo misma hasta el punto de echarme a llorar.

Me fui al baño a refrescarme y de paso a pensar en que no podía portarme de esa manera con esa chiquilla que solo pretendía saber un poco del funcionamiento de nuestra empresa. Estando mirándome al espejo y maldiciéndome por lo estúpida que era con las personas oí un leve llanto que provenía de una de las cabinas y supe enseguida que se trataba de Adri. Fui a salir del baño, pero me detuve en la puerta y retrocedí, volví sobre mis pasos y me paré frente a la puerta de donde provenía ese leve llanto.

—Adri, soy Andrea, por favor abre. Dije golpeando suavemente la puerta.

Mi voz no era autoritaria o desagradable, era un tono de voz suave, intentando tranquilizarla.

—¿Qué…que quieres? Respondió Adri desde dentro con hipo.

—Solo quiero que abras esta puerta, poder verte y disculparme contigo por cómo te he tratado.

No creo que llegase al minuto, pero para mí fue interminable el tiempo que tardó en abrir. Cuando lo hizo, Adri apareció con los ojos muy rojos y un hipo intenso por la llantina que yo la había provocado, creo que ninguna persona tiene derecho a hacer sentir de esa manera a otra, es inhumano y yo a cada segundo me sentía como un monstruo.

—Por Dios cielo perdóname, soy una bruta insensible, una antisocial y no se tratar a la gente, me disculpé abrazándola contra mí. Perdóname, te lo suplico. Te aseguro que esto no volverá a ocurrir.

Adri rompió a llorar nuevamente con desesperación. Imagino que tanta tensión acumulada tenía que romper por algún lado. A mí me estaba rompiendo el corazón verla en ese estado, así que solo me limite a abrazarla, consolarla y besar su cabeza con ternura. Me embriagó su olor, olía de maravilla, a bebé recién bañado, a paz y ese olor me hacía sentir muy bien. Al tenerla abrazada noté que era menudita no pesaría más de 48 o 50 kilos y era como mi sobrina muy “achuchable” Pasarían más de cinco minutos, las dos abrazadas, cuando entendí que ya se había tranquilizado, que estábamos en el baño, podría entrar alguien y ser embarazoso, la separé de mi con cariño y la miré a los ojos, unos ojos vivaces de color gris claro, grandes y expresivos, pero tristes y muy rojos.

—¿Estas mejor? La pregunté acariciando su cabeza y arreglando un poco su pelo.

—Si, muchas gracias. Respondió Adri con ternura.

—Creo que debemos de empezar de nuevo. Hola, me llamo Andrea.

—Hola Andrea, yo me llamo Adriana, Adri para todo el mundo.

—¿Quieres un café? Te invito. Le dije con una gran sonrisa.

—Me vendría muy bien. Gracias.

Ese, fue el comienzo de todo lo que vendría después. Fue paulatina, nuestra relación se fue estrechando poco a poco. Me entusiasmaba el descubrir día tras día pequeñas cosas sobre Adri, pero sobre todo me inquietaba lo que empezaba a sentir cuando estaba con ella. Era un cosquilleo muy placentero en mi estómago que se incrementaba cuando Adri me abrazaba por cualquier motivo ya que Adri era muy dulce y cariñosa.

Como no podía ser de otra manera Adri y yo nos convertimos en inseparables, desde que entrabamos a la oficina, hasta que nos íbamos a casa por la tarde no nos separábamos. De hecho los días que teletrabajaba desde casa era motivo de tristeza por ambas partes y me asustaba el sentir que necesitaba pasar más horas con esa niña.

Tampoco, pasaba inadvertido para mí el interés que suscitaba en los chicos de la oficina, Adri era bajita mediría 1.53 más o menos, pero con todo muy bien puesto en su sitio. Tenía un cuerpecito precioso unas tetas que sin ser enormes si se veían muy apetecibles y una carita y unos labios hechos para besar. Pero lo que realmente volvía locos a los chicos era ese culito pequeño y muy respingón, que ella sabía lucir con pantalones muy ajustados y faldas ajustadas a su perfecto cuerpo.

Y esto lo digo sin envidia, sabiendo que yo a mis 31 años estaba muy buena y hacía que los hombres se girasen a mirarme también. Pero desde el primer día que entré a trabajar en esa empresa ya me tacharon de amargada y mal follada debido a mi carácter y a mi falta de empatía con la gente. Hubo algunos compañeros que lo intentaron, pero mi conversación áspera, cortante e irascible los ahuyentó sin problemas. Por eso pasados los primeros días del infierno que hice padecer a esa chica, la gente no se explicaba que nos llevásemos tan bien.

Pero realmente eso me daba igual. Adri ya me había contado intimidades suyas. Sabía que era muy tímida pero ella me lo confesó. Me contó también que hacía poco más de un año había perdido su virginidad con el chico que pensó que era el amor de su vida, pero le engañó, solo quería follarla. Ella era de un pueblo de Badajoz, sus padres la tuvieron muy mayores, con lo que ambos estaban en una residencia y ella vivía en un piso compartido con otras chicas.

Eso me sorprendió ya que Adri tenía 27 años y un cuerpo para pecar y me contó que le costó mucho superar ese engaño y que desde entonces no es que saliese a divertirse mucho, que prefería quedarse en casa viendo películas, o saliendo a hacer algo de deporte, pensaba que ya llegaría el momento de conocer a alguien especial.

Como es lógico, yo le conté mucho de mí, obviando lo más escabroso. Le hablé de mi vida, de Joel y de mi sobrinita Laura. De nuestro padre y del fallecimiento de mi madre y como desde entonces Joel y yo junto a mi sobrina éramos una familia. También le comenté lo que ya sabía, ese carácter mío que ahuyentaba a las personas de mi lado como si fuese una leprosa, pero que de vez en cuando, como era en nuestro caso, había descubierto a una persona maravillosa. Un «Te quiero» y un abrazo por parte de Adri me alegraron el día y noté un estremecimiento por mi cuerpo muy agradable.

Yo al ser tan reservada y antisocial, todavía no había invitado a Adri a mi casa, y no es que no quisiera, es que me daba miedo por la posible reacción de Joel. En su cabeza todavía estaba muy presente ese día en el que Isi, mi mejor amiga lo folló delante de mí y por algún motivo, asociaba eso con mis posibles amigas y se ponía muy nervioso. Sabía, estaba más que segura que Adri no sería como Isi, ella no tenía esa maldad, su carácter tierno, sensible y cariñoso me lo aseguraba.

El día que todo cambió, el día que descubrí más facetas de mi personalidad, fue un día que debía de trabajar desde casa. No pudimos esconder nuestra tristeza por no poder vernos al día siguiente y sin pensar en las consecuencias, hablé con mi inmediato superior y le dije que me llevaría a Adri a mi casa para que viese como se teletrabajaba. No opuso ninguna objeción, así que fui con la noticia y cuando se lo dije a Adri se puso como loca de contenta.

Esa noche no dormí muy bien, estaba deseando que llegase la hora de tener en mi casa a Adri, las dos solas, estuve pensando en que ponerme, quería seducirla, me costaba reconocerlo pero deseaba a esa niña. Desde que supe que estaríamos solas las dos, mis braguitas no pudieron contener tanta excitación y las mojé como nunca lo había sentido.

Cuando nos levantamos, llevé a Laura al colegio y a Joel a su fundación y corriendo regresé a casa a vestirme para la ocasión, una camiseta de tirantes muy ajustadita pero con sujetador y una minifalda vaquera que dejaba mis piernas al aire y que si me agachaba algo dejaba ver mi culo y la tirita del tanga era mi vestimenta. Estaba casi segura de que Adri también deseaba esto, los signos eran inequívocos y si me equivocaba, de seguro sería muy vergonzoso.

Cuando abrí la puerta, y estuvimos dentro de casa Adri me dejó ver su cuerpo enfundado en unas mallas que dibujaban su anatomía sin problema y se metían deliciosamente por su culito y su coño. Arriba solo una camiseta sin sujetador, marcando unos pezones como misiles, hizo que mi excitación creciese como la espuma. La tensión sexual se cortaba en el ambiente. Las dos deseábamos devorarnos, lo notaba y en uno de los momentos que la estaba explicando algo, apoyó su brazo derecho sobre mis muslos mientras su mano izquierda se posaba algo más arriba de mi rodilla por el interior de mis piernas.

Nos miramos a los ojos, las dos jadeando excitadas, pasando nuestras lenguas por nuestros labios y con la mano de Adri entre mis piernas acariciándome suavemente.

—Tienes una piel muy suave. Dijo Adri en un susurro aniñado.

—Cariñooo…me oí decir a mi misma jadeando.

Abrí más mis piernas en clara invitación a que su manita llegase a mi coño y no tardo en hacerlo acariciándome suavemente y volviéndome loca de gusto. Juntamos nuestras bocas y nos devoramos en un beso interminable, mientras nuestras lenguas luchaban en su interior. Mi mano fue en busca del coñito de Adri que me esperaba espatarrada y totalmente empapada. Estábamos las dos en sendas sillas, algo incomodas y necesitaba tener a Adri desnuda, dispuesta para mí.

—Vamos a mi cama mi amor. Le dije ida de excitación.

Me levanté y Adri se abrazó a mí. La llevé a la que fue mi habitación, no a la que compartía con Joel, eso me pareció insultante y aunque sabía que iba a ser infiel a Joel con una mujer y eso me hacía sentir muy mal, deseaba con todas mis fuerzas a esa niña.

Cuando vi desnuda a Adri me enamoré de ella, era una muñequita perfectamente hecha, hasta el mínimo detalle. Su piel nívea, inmaculada, aterciopelada me fascinó y quise acariciarla de inmediato.

—Eres preciosa Andrea, te he deseado como no te haces una idea.

—Yo también te deseo mi vida.

Nos fundimos en un abrazo mientras nos besábamos y caíamos en la cama, frotando nuestros cuerpos y buscando nuestros sexos con nuestras manos. Diooos, fueron más de dos horas en las que no paramos de darnos placer, de comernos nuestros coños y nuestros culos en interminables sesenta y nueves, de follarnos con nuestros dedos y de regalarnos unos orgasmos increíbles. En esas dos horas creo que no dejé ni un milímetro de piel de esa niña increíble sin besar o lamer, su cariño, su ternura y esos gemiditos me volvieron loca.

Cuando caímos rendidas después de nuestro penúltimo orgasmo, nos quedamos muy abrazadas con nuestras piernas enredadas y sintiendo nuestros coñitos empapados sobre la piel de nuestros muslos. Adri se irguió un poco y me besó con cariño.

—Te quiero Andrea, eres una mujer maravillosa.

—Yo También te quiero mi amor, me has hecho muy feliz.

Nos quedamos calladas, pero muy abrazadas, sintiendo nuestros cuerpos. En mi cabeza se empezó a formar la nube de la culpabilidad, Joel aparecía en mi cabeza y sentía que lo había engañado de la peor de las maneras, y me atormentaba, había sido con una mujer, pero si hubiese sido con un hombre hubiese follado con el sin dudarlo. De hecho, eché de menos que Adri no tuviese polla para hacerme suya y notar como su corrida llenaba mi útero. La suave voz de Adri volvió a romper el silencio.

—Andrea…he de confesarte que esta es mi primera vez con una mujer, y me ha encantado, más siendo contigo, pero no te quiero engañar a mí me gustan los hombres.

—Cariño mío, dije echándome a reír, a mí me pasa exactamente igual, no te preocupes…y agradezco tu sinceridad.

Nos quedamos de frente mirándonos a los ojos, y nos volvimos a besar. Me levanté de la cama y metí a Adri en la ducha conmigo donde volvimos a comernos como lobas hasta alcanzar unos orgasmos muy ricos. Cuando terminamos fuimos a continuar con el teletrabajo, había que hacer muchas cosas e íbamos retrasadas y fue inevitable que en todo el transcurso de su visita hasta que se fue, nos prodigásemos en muestras de cariño y besos interminables.

Cuando me encontré sola, fue cuando se desató la verdadera tormenta de sentimientos. Y cuando Joel estuvo frente a mí, casi me echo a llorar. Me sentía inmensamente culpable, una traidora, había fallado a mi hombre de la peor de las maneras y no tenía derecho a mirarle a la cara. Esa noche, como intentando limpiar mi culpa, me follé a mi hermano hasta dejarle seco, sintiendo como me acariciaba, como me quería, como gemía en mi oído diciéndome que me amaba. Esa noche lloré cuando estuve segura de que Joel dormía plácidamente, sin ser consciente de la puta que dormía a su lado.

Al día siguiente no es que fuese mucho mejor. Cuando estuve frente a Adri sé que se alarmó por la cara desencajada que llevaba. Pero fue verla, le dije que me acompañase y nos metimos en el lavabo de señoras, en una cabina, donde la abracé y besé, necesitaba su cariño y me lo dio sin pedírselo.

Hasta que conseguí procesarlo y asimilar lo que estaba ocurriendo, fueron unas semanas muy difíciles para mí. Lidiaba entre el amor de mi hermano y el amor de Adri y ambos me llenaban. Hasta mi hermano que se fijaba poco en eso me dijo que me notaba extraña y sinceramente no podía seguir torturándome de esa manera, así que eche los restos y jugándomela invité a Adri a pasar el sábado en mi casa. Hacía muy buen tiempo y podríamos estar en la piscina con Joel y la niña. Cuando se lo dije a Adri se sintió ilusionada, iba a conocer a mi familia y sabia de la minusvalía de Joel y lo que había pasado con Isi, confiaba en ella y en su buen hacer.

Me costó convencer a Joel que Adri no era Isi, que era una chica muy dulce y guapa y que estaba segura que le gustaría conocerla. Estaba reticente y de vez en cuando se enfurruñaba, sé que estaba confundido porque iba a romper esa unidad familiar por la que tanto había luchado, dejando entrar a una extraña en nuestra casa. Al final a regañadientes y con la ayuda de Laura, que sí, quería conocer a la amiga de la tía, Joel accedió a pasar el sábado en compañía de Adri.

No os voy a mentir, Adri no me defraudó y me dio mucho más de lo que esperaba. Aunque Joel al principio era reticente a acercarse o hablar con Adri, su hija hizo de relaciones públicas de una manera magistral y me dejó alucinada por como jugaba con Adri e invitaba a su padre a unirse a ellas. Antes de la hora de la comida, Joel, su hija y Adri jugaban en la piscina divertidos haciéndose aguadillas e invitándome a unirme a ellos.

Ese sábado no se quien disfrutó más, pero yo sé que tuve a las dos personas que más amaba juntos, que no revueltos, bajo el mismo techo. A ese sábado le siguieron muchos más incluso fines de semana completos y empecé a ver y notar la complicidad que se instalaba entre Joel y Adri y no me molestaba, os lo aseguro, para nada me importaba ver el “tonteo” que había entre los dos, por Joel que el pobre solo se limitaba a ser él mismo y le gustaba jugar con Adri, y Adri, que sabiendo que era mi hermano, pero sin conocer todavía toda la historia, pensaba que no me importarían los juegos que se traían entre los dos.

Se que muchas veces las manos de mi hermano se posaron en lugares del cuerpo de Adri que eran prohibidos, pero Adri con su manera de ser dulce y cariñosa, lo apartaba con delicadeza diciéndole que ahí no se tocaba y seguían con sus juegos, hasta que un día Adri me lo dijo.

—Andrea, estoy algo confundida. No quiero que te enfades conmigo, pero estoy empezando a sentir algo por tu hermano.

—¿Te gustaría follártelo? Le solté como un trabucazo.

—A ver Andrea…ufffff, que calores, dijo Adri colorada como un tomate. Claro que me gustaría follármelo, pero se lo protectora que eres con tu hermano y lo que hay entre tú y yo y por nada del mundo quiero dañarlo, por eso te lo comento.

Adri estaba en bikini, y cuando le dije lo de follar se le pusieron los pezones más duros que el diamante. Estaba segura de que si metía mi mano por el interior de su braguita estaría empapada. Pero esa idea que me rondaba por la cabeza hacia días de estar los tres desnudos y follando como locos, ya no me parecía tan descabellada. Para mí sería el paraíso de los placeres tener a mi hermano follándome en cuatro, mientras yo tengo a Adri abierta de piernas y comiéndome su coñito o Adri cabalgando a mi hermano mientras la cabeza de mi hermano esta entre mis piernas, devorándome, y Adri y yo nos besamos gimiendo el placer que nos da nuestro amante.

Pero ahora quedaba un aspecto muy delicado que tratar, el que Adri supiese que Joel y yo éramos pareja. Sabía a lo que me enfrentaba, confesar nuevamente a una desconocida que mi hermano y yo vivíamos en incesto, ya la había liado una vez y por suerte salimos, casi, bien parados, pero ¿Iba a arriesgarme ahora por un calentón? ¿Iba a poner en riesgo a mi familia nuevamente?

Conocía a Adri, sabía que no era como Isi. Adri carecía de maldad, era muy prudente y no sabía utilizar las confidencias que ya conocía para sacar provecho de ellas. Sabía que era una tumba y que si conocía algo escabroso de alguien, ese secreto moriría con ella. Además la relación que teníamos las dos jugaba a mi favor, teníamos mucho que ganar, muchísimo, pero había que plantearlo bien

Tenía a Adri delante de mí, mirándome extrañada por mi silencio, por mi mirada perdida, hasta que acaricio mi brazo con suavidad sacándome de mis pensamientos.

—Mi amor ¿Te encuentras bien? Preguntó preocupada.

—Si, es que… ¿A ver cómo te lo planteo? Adri, quiero que seamos muy sinceras, de acuerdo.

—Claro, no hay problema, para ti no tengo secretos.

—Dime, desde que estamos juntas, ¿Has follado con algún hombre?

—Vaya, no me esperaba esa pregunta, pero si, si he follado con un hombre.

—¿Algo serio o solo sexo?

—Nooo, nada serio, además lo conoces, es Jose, de programación, me pilló en un día que no habías venido y estaba vulnerable. Jugó bien sus cartas y por la tarde estábamos en su casa follando.

—¿Alguno más? Pregunté preocupada.

—Bueno, repetí una vez más con Jose pero me decepcionó mucho. Empezó a hablar de ser novios, de conocer a sus padres, de hacer planes de futuro…pero si es que ni se había independizado con más de 33 años y con el sueldo que tenía. Salí huyendo de esa casa que era donde vivía con sus padres y le empecé a dar largas…además, la tenía pequeña. Dijo con una divertida cara de maldad.

Yo me eche a reír imaginando a Adri en esa situación. Por un momento me imaginé el trabuco de mi hermano intentando penetrar ese coñito pequeño, lampiño e infantil que tenía Adri y ese pensamiento me puso muy cachonda.

—Adri, ¿Hasta qué punto puedo confiar en ti? ¿Hasta qué punto, mi familia, puede confiar en ti?

—Mi amor, yo nunca os haría daño a ti o a tu familia, os quiero demasiado para solo pensar en hacer algo malo contra vosotros, ¿Por qué lo preguntas?

—Cielo, te voy a contar algo que para mí es de vital importancia, pero viendo el cariz que está tomando nuestra relación, prefiero que lo sepas todo de mi…de mi familia y de mi vida. Veras, Joel no solo es mi hermano… es mi amante, mi hombre, mi pareja. Vivimos en incesto desde hace muchos años, antes de que muriese mi madre y eso me hace muy feliz porque a su lado me siento muy mujer.

Vi la cara de pavor que ponía Adri y eso me asustó, un escalofrío recorrió mi espalda pensando que de nuevo la había “cagado” y ya veríamos lo que nos deparaba mi nueva salida de tono, pero pronto saldría de dudas.

—Cariño por favor no me mires así que me asustas. Dije alterada.

—¿Cómo quieres que te mire? Acabo de confesar que me quiero follar a tu hombre, a tu pareja…ME VAS A ODIAR. Dijo con un rictus de lloro.

—Noooo cariño, ni mucho menos, dije echándome a reír más tranquila. Déjame que te lo explique.

Cuando le conté lo que deseaba, lo que quería hacer con ella y con Joel, vi como Adri se mordía su labio inferior y una manita suya se colaba entre sus piernas acariciándose lascivamente.

—Estoy empapada Andrea, ¿Cuándo vamos a hacerlo?

—Tranquila mi amor, a Joel hay que darle su espacio y tú debes de saber que mi hermano la tiene enorme, cuando te folle te va a destrozar.

—¿La tiene muy grande? Pregunto Adri iluminando sus ojos.

—¿No la has notado cuando os abrazabais y pegaba su pubis a tu culito?

—Bueno, sí, pero según notaba que se pegaba a mí, hacia lo posible para separarme. ¿Es más grande de lo que he sentido?

—Te aseguro que sí, no te haces una idea. Y otra cosa Adri, ¿Te cuidas? ¿Tomas anticonceptivos?

—Si, desde muy joven, tenía dismenorrea y el ginecólogo me recetó la píldora anticonceptiva. Imagino por qué me lo dices, pero ¿Debo de saber algo más?

—Bueno, vas a follar a pelo con Joel, como yo, ya verás las corridas que se pega el semental, te rellena como a un mechero hasta desbordar tu coñito, vas a alucinar.

—Joder Andrea, necesito correrme, estoy chorreando imaginándomelo.

Nuestra conversación se había tornado muy caliente y lujuriosa. Adri andaba caliente como una burra pero yo le iba a la zaga y también estaba chorreando flujo por mi coñito.

—¿Dónde está Joel? Pregunté a Adri.

—Está en la piscina con la niña.

—Ven, vamos a darnos prisa.

Nos subimos a la que fue mi habitación, lugar que últimamente había sido testigo de nuestros encuentros más calientes. Sin perder tiempo nos quitamos la braguita del bañador, nos tumbamos en la cama y en un 69 nos volvimos a devorar nuestros coñitos, hasta que en un tiempo récord debido a la premura de la situación nos corrimos como perras en celo.

—La semana que viene, la niña se va con sus abuelos. El sábado ven preparada para tirarte a mi hermano y a mí, vas a terminar agotada. Dije jadeando mi orgasmo.

—Joder…joder…no se si aguantaré una semana.

—Aguantarás, ya te digo yo que aguantarás, va a ser algo para no olvidar en la vida. Anda cielo, vamos con Joel a la piscina antes de que nos eche de menos.

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