ALMUTAMID

La verdad que tras salir del acto iba encantado con la invitación. Y se lo hice notar a Alba. Una enorme iglesia barroca totalmente llena de gente en respetuoso silencio sin más iluminación que los cirios que portan los hermanos de riguroso traje negro haciendo un pasillo desde el altar mayor hasta el trascoro donde se encuentra el paso preparado. Mientras el órgano suena acompañando a un pequeño coro interpretando piezas barrocas varios hermanos desmontan al crucificado de su altar y lo trasladan solemnemente a hombros hasta el lugar donde se encuentra el paso. Con una grúa preparada en el coro la escultura del siglo XVII es elevada en medio de la nave principal siendo observada por los cientos de miradas expectantes sobrecogidas por la teatralidad del acto.

Mientras la imagen cuelga suspendida en el aire denso por el humo y el incienso de la iglesia el coro y el órgano prosiguen con sus interpretaciones hasta que se escucha el llamador del paso avisar a los costaleros para que lo levanten. Tres golpes de martillo y la recia voz del capataz colocan el paso entre crujidos de madera debajo de la imagen flotante. Una vez dispuesto en su sitio la imagen va descendiendo lentamente mientras dos hermanos encajan la cruz en su espacio correspondiente del paso. Se oye el chirriar de los tornillos que aseguran la maravillosa reliquia tan antigua a su paso. Los dos hermanos que han dirigido la operación bajan del paso e inmediatamente el capataz da de nuevo los tres golpes de martillo rigurosos para que los costaleros alcen la parihuela. Mientras el órgano arrecia con más fuerza la tocata barroca el paso se dirige a su ubicación en el templo comprobando que la imagen está bien asegurada. Es el retranqueo.

Tras el emocionante acto vivido con Alba nos fuimos a buscar al resto del grupo. Se había congregado bastante gente, pues estaban la mayoría de mis amigos incluyendo a Pablo y Leyre. También estaba Viqui allí, lo más incómodo, Nieves y Alberto. Saludé efusivamente a todos mientras Nieves me rehuía, pero no pudo evitar que su novio me saludara afectuosamente y mantuviera una conversación conmigo.

Fue una noche tranquila. Una víspera de los días que nos esperaban más basada en formar corros que charlaban que en beber descontroladamente o bailar. De hecho hicimos planes para el día siguiente. Alba estaba especialmente interesada en quedar conmigo pues admitía que sus amigas no aguantaban su ritmo de idas y venidas viendo cofradías, y yo recibí con enorme agrado sus palabras pues resultaba que a mí me solía ocurrir lo mismo. Éramos los más fátigas del grupo en cuestiones cofrades. Aunque me sorprendió Alberto apuntándose al grupo. El chaval era muy agradable, pero me molestaba tener que cargar con Nieves toda la semana. De plantearme algo con ella había pasado directamente a caerme mal. La veía interesada y egoísta.

Las chicas aquella noche se recogieron pronto pero yo me quedé con varios amigos tomando copas después un rato más en un pub tranquilo ya en el barrio. Estuve a punto de contar lo del trío deslenguado por efecto del alcohol, pero el recuerdo de Dani despejó la idea de mi mente. Lo malo de hacer algo así es no poder contarlo después para fardar delante de los colegas.

El Domingo de Ramos es considerado el día más bonito del año en la ciudad. La gente desborda las calles vestida de fiesta, los hombre con sus trajes o conjuntos de bléiser y pantalón a juego. Para muchos adolescentes suele ser la primera vez que se arreglan como un “hombre” con sus chaquetas azules y corbatas. Las mujeres suelen estrenar conjuntos primaverales generalmente de colores pastel que harán contraste con los colores negros y morados que usarán Jueves y Viernes Santo. Cuando después de comer quedamos el grupo parecíamos un pase de modelos. Los chicos con nuestros trajes azules, grises o beiges con corbatas de colores vivos y las chicas con modelos generalmente trajes de pantalón o falda con chaqueta a juego.

La verdad es que venían todas muy guapas aunque alguna con tacón demasiado alto para las caminatas habituales en la fiesta donde se atraviesa el centro de la ciudad en varias ocasiones a lo largo del día buscando el lugar exacto por donde se quiere ver pasar a una cofradía. Había modelos variados, desde el vestido ajustado de Leyre con chaqueta entallada, la minifalda un poco excesiva de Nieves (más por su comodidad que por la estética pues apenas podía sentarse), el sencillo traje dos piezas con blusa de Viqui o la austeridad de Alba, con un pantalón claro ajustado a media pierna con blusa con sus botones desabrochados a la manera habitual y chaqueta roja. Desde luego era la que iba mejor preparada para largas caminatas con sus zapatos planos.

Tirar de grupo tan variado por calles abarrotadas de gente era bastante complicado teniéndonos que detener en más de una ocasión para esperar a los despistados. A ese ritmo poco íbamos a ver. Los más interesados en las cofradías nos desesperábamos mientras otros buscaban ocasión para tomar una cerveza. Al final para evitar una discusión fuerte nos dividimos. Alberto se lamentó de no poder acompañarnos pero Nieves prefería llevar otro ritmo y ya le apretaban los zapatos nuevos con tacón alto. Yo desde luego no me lamentaba por ella, prefería perderla de vista, aunque me seguía dando lástima el chaval. ¿Se la habría follado ya como yo? Me daba igual.

Ya en grupo reducido formado sólo por los más interesados nos movimos más rápidamente entre las bullas y pudimos disfrutar de vueltas en las esquinas elegidas y poder ver más cofradías. Incluso hicimos una parada para reponer fuerzas con cerveza y montadito en un ambiente bastante más agradable. Al final el grupo se vio reducido a Viqui, Alba y dos amigos míos. Me sorprendió que Viqui se quedara. No porque no le gustara la Semana Santa pues la anterior la habíamos vivido juntos y con muy buenos recuerdos, sino porque Alba no era de las más amigas suyas de las que habían salido. Se entiende que le pudo la afición más que la amistad.

En los corrillos que formábamos en las esperas de la llegada de un paso al lugar seleccionado reímos bastante los 5 entre bromas y recuerdos de anécdotas contadas de unos y otros. Resultó que Viqui y Alba habían sido compañeras de colegio pero se habían separado al llegar al instituto. Para salir de alguna bulla me vi en más de una ocasión cogido de la mano de la una o de la otra. Me resultaba extraño verme de la mano de Viqui siendo especialmente ella la que tiraba de mí en más de una ocasión. Me alegraba de tener tan buena relación con ella casi un año después de haber terminado.

De regreso el Domingo de Ramos acompañamos a la hermandad que salía de nuestro barrio hasta cruzar el puente que lo une al centro de la ciudad y ya nos fuimos a casa. Mi hermandad salía al día siguiente y tenía que descansar. Al llegar a casa de Alba nos separábamos, pues Viqui y mis dos amigos tomaban una dirección y yo la contraria. Tras desearme buena estación para el día siguiente tomaron su camino y yo me quedé unos instantes más hablando con Alba, que tras desearme igualmente buena estación, y prometerme que me buscaría por si necesitaba algo se despidió con dos besos.

Estaba contento de como había ido el día creyendo que perdería a Nieves de vista para el resto de la semana y que disfrutaría de la buena compañía de Viqui y Alba.

El Lunes Santo es un gran día en mi familia y en todo mi barrio. Para los que no conocéis las distintas formas de celebrar la Semana Santa en Andalucía, el día que sale la hermandad de la familia y el barrio es un día grande de fiesta. Desde varios días antes en las casas las familias tienen las túnicas de la hermandad colgadas en el salón a modo de exposición con el escudo bien visible cosido en el antifaz o la capa.

Ese día se reúne toda la familia en la casa para comer juntos antes de que los que van a procesionar. Pese a que ahora no hay distinción de sexos, hasta los años 80 muchas hermandades limitaban el vestir la túnica sólo a los miembros masculinos. Sin embargo, siempre fueron las mujeres las aglutinadoras, pues madres y abuelas eran las encargadas de disponer todo lo necesario, reunir a la familia y organizarlo todo.

En mi casa se reunía la familia pues éramos los que vivíamos más cerca de la iglesia donde tiene su sede la hermandad. Venían mis tíos y mis primos llenando de algazara la casa. Primero comíamos mi tío, mis primas, mi padre y yo, porque teníamos que vestirnos para llegar con tiempo a la iglesia. Después ya más tranquilos comería el resto de la familia.

Después el ritual de vestir al nazareno. Primero una camisa cómoda y un pantalón generalmente de lona remangado para que no se vea con las sandalias de la hermandad. Después la túnica con cinturón grueso de esparto para rematar con la medalla de la hermandad y el antifaz con el capirote. Mi tía peinó con esmero a una de mis primas, pues ella se vestiría en la casa-hermandad pues iba de acólita llevando un incensario con la Virgen. Además íbamos repartidos. Mi padre en el último tramo de los nazarenos del Cristo, yo un poco más adelante en el penúltimo tramo. Mi tío lleva una vara en la presidencia de la Virgen y mi otra prima en su tramo también de Palio.

Tras comer llegamos a la iglesia dirigiéndonos cada uno a nuestro lugar en el cortejo tras darnos besos y abrazos sentidos y emocionados por llegar el gran día para la familia y el barrio. A su hora habitual salió la cofradía a la calle donde una multitud esperaba ansiosa la salida de nuestras imágenes. Tenía un largo camino por delante hasta la catedral. Durante ese tiempo los cofrades tenemos la oportunidad de pensar mucho. Aunque ves caras de cientos de personas, miles a lo largo de todo el día, algunas conocidas, la mayoría desconocidas, durante momentos en las horas que dura la procesión ten encierras en ti mismo y meditas.

Yo tenía mucho que meditar. En el último año habían pasado muchas cosas, buenas y no tan buenas. Y yo era consciente de que había metido la pata en bastantes ocasiones, por orgullo, por vanidad, por lujuria incluso. El deseo de placer inmediato es una de las mayores tentaciones y yo me había dejado llevar por ello demasiadas veces en el último año. Pero aun así el tiempo había sido bueno conmigo. Mi error con María lo pagué con Marta, pero de inmediato conseguí llegar al cielo con Claudia. Ahí empezaron mis peores errores. Primero mi ira con ella por romper mi felicidad. Después mi venganza liándome con Nieves. A ello añadí la mentira. Cuando creí que empezaba a expiar mis pecados apareció Blanca y me volvía a dejar por pura vanidad. El trío y la mamada de Dani fueron mi perdición definitiva. Caía en el pozo más negro y profundo.

Sin embargo, Marta me había dado un destello de esperanza. Arrepentido de lo hecho, descartando recuperar el cielo perdido con Claudia, su beso me había abierto una puerta o mejor dicho una ventana como dice el refrán: “Cuando Dios cierra una puerta abre una ventana”. Si de verdad ella estaba por mí y yo le demostraba que era merecedor de ella mi redención estaba asegurada. Ese beso me salvaba. Y empezaba a ser consciente de ello.

Las horas de reflexión me devolvían un optimismo que los últimos sucesos de las semanas anteriores me habían apartado. Yo hacía las cosas mal, pero también podía hacerlas bien. Mi actitud con Alberto, nada vengativa hacia Nieves. Recuperar la amistad de Viqui y su confianza. Lo bien que había empezado mi Semana Santa me hacía sentirme bien conmigo mismo y plantearme una vida renovada. Demasiadas emociones en un solo año. Demasiadas tentaciones para un pardillo que de golpe se convirtió en un buen partido. Asimilando todo lo pasado podía encarar mejor el futuro.

Convencido de esos pensamientos y cuando ya de noche la cofradía regresaba al barrio tras completar su estación de penitencia a la catedral me llevé una grata sorpresa. Alba de regreso a su casa se acercó a buscarme. Sorprendentemente me reconoció por detrás a pesar de llevar el hábito nazareno según me dijo por mi forma de andar. Me preguntó si necesitaba algo de comer y le pedí que me trajera agua pues estaba sediento. Mi amiga se separó de mí y regreso a los pocos minutos con una botella de agua. Tras agradecérsela me bebí casi la mitad del tirón y me la guardé dentro de la túnica.

Me preguntó cómo iba y tras explicarle que bien, que ya quedaba poco, me contó su día, con quien había salido y qué había visto. A lo tonto se pasó una hora caminando a mi lado hasta que llegamos a la puerta de su casa, pues la hermandad en su recorrido pasaba por allí. Le agradecí la compañía y quedamos para el día siguiente.

En el corto recorrido que ya me quedaba hasta la iglesia volví a ensimismarme. Ahora ya mi estado de ánimo había cambiado de nuevo. Ahora sentía agradecimiento de que por más que metiera la pata siempre salía escaldado pero airoso. Siempre encontraba una solución y una esperanza. Nieves se portó mal conmigo a la vez que conocía a una chiquilla tan apañada como Alba, descubriéndola como una buena amiga. Si estaba rodeado de buenas personas ¿Por qué yo acababa mezclándome con gente tan extraña como Blanca o Dani? No era mi querencia. Tenía que aprender de la lección que me daba la vida y aprovechar las oportunidades.

La entrada en la iglesia es muy singular. Yo llegué primero. A los pocos minutos mi padre al que recibí con un abrazo emocionado. Nos sentamos en un banco a reposar las piernas doloridas un instante pues de inmediato nos tuvimos que levantar para ver como entraba nuestro Cristo por la estrechez de la puerta del templo cuerpo a tierra con las piernas de los costaleros flexionadas para salvar el dintel de la puerta. Una vez colocado el paso en su sitio esperamos la llegada de mis primas y mi tío. De nuevo besos y abrazos tras preguntarnos como había ido todo. Pero con brevedad porque el paso de palio ya estaba en la puerta y llegaba el momento más sentido cuando abrazados veíamos como el esfuerzo de nuestros hermanos costaleros tras largas horas de procesión era capaz de meter a nuestra Virgen en su casa de rodillas por la pequeñez de la puerta sin que un solo varal rozara el quicio. Después el momento íntimo, con las puertas cerradas, ya en privado sólo para los miembros del cortejo los costaleros con mimo llevan el paso de palio hasta su lugar mientras toda la iglesia canta la Salve entre lágrimas de emoción y agradecimiento.

Mi padre cogiéndome por el hombro me miraba sorprendido por mis lágrimas de emoción. Yo tenía mucho por lo que llorar y agradecerle a nuestra imagen de la Virgen que siempre saliera bien parado de mis errores.

El martes estaba reventado pero contento. Y cuando al mediodía empecé a gestionar para quedar la división del domingo se había demostrado efectiva, pues íbamos a quedar los mismos cinco. Mejor pocos y bien avenidos que un grupo numeroso con distintos intereses.

Se notaba que a las chicas les gustaba la fiesta pues las dos venían con calzado cómodo aunque iban arregladas. El conjunto de Viqui yo se lo conocía del año anterior y estaba muy guapa mientras que Alba modificaba los colores pero mantenía el estilo con un pantalón y chaqueta primaveral sobre blusa. De nuevo el botón desabrochado hasta el sitio justo y de nuevo dificultad para controlar que la mirada no se escapara furtivamente a su escote.

El día marchaba muy bien. Menos bullicioso que el Domingo de Ramos nos movíamos con facilidad evitando las bullas por calles recónditas. Cuando nos tocaba esperar de pie un momento formabas un corro de comentarios jocosos y risas que se tornaban en respeto a la llegada de los pasos de las distintas cofradías.

Sólo a última hora de la noche surgió la duda. Tras debatir entre los cinco acordamos comprarnos un bocadillo y unas latas de bebida e irnos a los jardines de la Universidad para esperar a que entrara la cofradía universitaria. Empezamos sentados en el césped aprovechando las chicas para quitarse los zapatos aunque Viqui tenía más dificultad para acomodarse por ir con falda. Mientras comíamos Alba inició la siguiente conversación:

-¿Y de verdad vosotros estabais saliendo?
-Ya ves- dijo Viqui- ¿Qué vería yo en este niño?
-La cara dura- dijo uno de mis amigos.
-Que va, jajaja- dijo Alba- Luis tiene cara de bueno.
-Sólo la cara, jajaja.-comentó Viqui.
-Tan malo no fui ¿no?- me defendí.
-La verdad que no.-dijo Viqui con cierta nostalgia.
-Entonces ¿qué pasó?, si se puede saber- preguntó Alba.
Hija, ¿tú lo ves en Semana Santa? Tan fatiga, que lo quiere ver todo, que antes se queda cojo que perderse una cofradía. Pues en feria, peor. Se lo canta todo, se lo bebe todo y se lo baila todo…-explicó Viqui.
-Bueno, eso no es tan malo…-dijo Alba.
-Eso. No es tan malo.-añadí yo.
-Bueno, cuando tienes una relación a distancia y cuando puedes estar juntos él está más pendiente de la guitarra y la juerga que de ti…-explicó mi exnovia de nuevo con cierto aire de nostalgia- pues ya no lo sientes tan bien.
-Claro.-respondió Alba poniéndose más seria.- Es que las relaciones a distancia es lo que tienen. ¿Y eso fue todo?
-Hubo alguna cosilla más privada.- eludió Viqui la respuesta.
-Ahn, vale. Perdón por ser tan cotilla.- se disculpó Blanca.
-Tranquila.-dije yo- que no fue nada grave, yo no tengo inconveniente en reconocer mis errores.
-Eso, cuenta, cuenta…-pidió uno de mis amigos tumbado en el césped.
Viqui puso una sonrisilla maliciosa y mirando a Alba le dijo:

-Aquí nuestro amigo cuando soltaba la guitarra quería tener las manos ocupadas otra vez. Ya me entiendes. Para eso sí que se acordaba de mí.

Uno de mis amigos me chocó la mano con júbilo diciendo:

-Ole ahí ese tío…

Pero Alba se ruborizó sin saber que más decir. Se quedó muy cortada. Me llamó la atención su aparente inocencia cuando Viqui dejó caer en la conversación que sólo la buscaba para el sexo. Después del comentario cambiamos de tema pues ya asomaban al fondo los ciriales del paso de Cristo y nos levantamos para coger posiciones cerca de la puerta del Rectorado de la Universidad.

Cuando terminó de entrar la cofradía llegó el dilema. Varios estaban cansados. Yo especialmente tras la paliza del día anterior, pero al final Alba me convenció para ver entrar la última cofradía del día. Los demás se fueron a casa quedándonos los dos solos.

Fuimos caminando hacia la calle estrecha donde tenía su templo la cofradía que queríamos ver. Ya había gente y conseguimos ponernos muy cerca de la puerta pegados a una pared. Ya colocados nos dispusimos a esperar mientras no dejaba de llegar gente. Empezábamos a estra apretados. En varias ocasiones al pasar alguien por detrás de mí me pegué a ella lo suficiente para notar como se estrujaban sus pechos contra el mío. Teníamos un rato de espera y nos pusimos a charlar.

-Está muy bien que Viqui y tú os llevéis tan bien después de haber cortado.-me comentó Alba.
-La verdad es que sí. Me alegro mucho de tenerla como amiga.-dije con cierto orgullo.
-¿No os habéis planteado volver?
-Pues la verdad es que no. Verás. Yo después de terminar con ella salí con una compañera de la residencia donde vivo en la ciudad donde estudio.
-¿Y qué pasó?
-También se acabó. No tengo suerte con las relaciones.
-No me digas que me he quedado sola con un rompecorazones. Qué peligro, jajajaja.
-Rompecorazones, que va. Me lo rompen a mí. Pero al menos con las dos me llevo bien.
-¿Y has terminado mal con alguna novia?
-Pues sí.

Entonces me di cuenta de que María y Viqui coincidían en el tiempo y tuve que improvisar.

-Una antigua ex del instituto.
-¿Y qué pasó para terminar mal?
-Pues que en realidad era un poco forzado que saliéramos y me di cuenta tarde. Bueno, pues le sentó mal. Y se sintió engañada.
-Ya…
-Bueno. Muchas preguntas. ¿Y tú qué?
-Yo no he tenido muchas relaciones. Un noviete en el instituto pero nunca supe si realmente salíamos. Bueno y algún rollete. Nada serio.
-Pretendientes no te faltarán.-dije caballerosamente.

Alba bajó la mirada con una mezcla de vergüenza y halago respondiendo:

-Gracias, pero si lo hay no me dice nada.
-Quien sabe, a lo mejor hay por ahí algún admirador secreto.
-Jajajaja…

La cruz de guía se abrió paso entre la multitud alcanzando la puerta de la iglesia, que se abrió para que entraran los nazarenos, comprimiéndose la bulla. Para caber mejor me pegué yo a la pared y Alba se puso delante de mí de espaldas a mí hablándonos entre susurros de lado. Pero ya cambiamos el tema de conversación centrándonos en lo que veíamos.

El paso de Cristo llegó comprimiendo aun más a la muchedumbre silenciosa oyéndose sólo el paso racheado de los costaleros y las voces secas del capataz acompañadas de vez en cuando por las interpretaciones de música de capilla, un clarinete, un oboe y un fagot interpretando breves motetes barrocos y decimonónicos. Yo quedé totalmente atrapado contra la pared con Alba pegada a mi cuerpo. Tanto que tuvo que apartar su melena para que yo colara mi cabeza sobre su hombro para poder ver teniendo en cuenta que somos casi de la misma altura. Lo que me resultó totalmente incómodo fue que pegó su culo totalmente a mi paquete. Si me empalmara, cosa que afortunadamente por el contexto no iba a ocurrir, se daría cuenta perfectamente. Además no sabía donde poner las manos para no tocarla. Una cosa era darnos la mano en las bullas para salir de ellas y otra cogerla por la cintura o los hombros. Con Viqui el año anterior en la misma situación la agarraba por la cinturita y no me importaba que notara algo por detrás. Pero evidentemente con Alba no había esa confianza y yo estaba un poco apurado.

Cuando entró el paso de Cristo le pregunté si prefería ponerse detrás de mí para estar más protegida y aceptó. Seguramente ella también estaba incómoda. Se pasó junto a la pared y yo coloqué mi cuerpo delante como pantalla. Ahora era yo el que sentía perfectamente sus melones apretados contra mi espalda y notaba que estaban más firmes de lo que pudiera parecer cuando la había visto en bikini.

Una vez entró la Virgen con marchas fúnebres y el himno de España la bulla se disolvió y pudimos salir para nuestro barrio. De nuevo nos tuvimos que coger de la mano para salir hasta que se despejó el camino. La despedida fue como la del domingo, contentos por el buen día de cofradías que habíamos echado pero algo cortados al darnos dos besos para despedirnos. Sin embargo, cuando ya me iba me llamó un momento.

-Luis, perdona.
-Dime…
-Mis amigas se van a vestir el jueves de mantilla y yo no pensaba hacerlo porque no tengo acompañante. ¿Me acompañarías?
-¿Yo? Encantado. ¿Corbata negra?

Se le iluminó la cara asintiendo. Se despidió de mí agitando la mano con un hasta mañana y la alegría reflejada en su cara.

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