ECONOMISTA

Eché una ojeada rápida por encima del hombro de mi cuñada por si alguien nos pudiera pillar, pero a la hora que era y en el sitio que estábamos me di cuenta de que estábamos seguros de que nadie iba a vernos. Yo seguía con la mano plantada en una de sus nalgas, pero era más que nada para mantener el equilibrio, también es verdad que no la había retirado e incluso había apretado un par de veces sobándola su enorme trasero.

Carlota seguía con su mano jugando en mi entrepierna y ahora había apoyado la cabeza contra mi cuerpo, por lo que yo seguía aplastado con poco margen de maniobra. No sabía muy bien qué es lo que estaba sucediendo, pero entre el baile con Dolores, la conversación que había tenido en la barra con el desconocido hablando de Carlota y la paja la noche anterior con Toni comentando sus fotos, la situación empezó a darme mucho morbo.

No me atrevía a hacer nada, no quería ser el que pudiera dar el paso y que luego Carlota pudiera recriminármelo, así que esperé que fuera ella la que tomara la iniciativa. Yo no sé si estaba borracha o se lo hacía, el caso es que cuando empezó a desabrocharme el pantalón me dijo.

―¿Te parezco atractiva?, ¿por qué no le gusto a nadie? ―dijo como una niña mimada.

Y acto seguido metió la mano dentro del pantalón para agarrarme la polla, sentí sus dedos directamente en mi miembro y por fin separó un poco los cuerpos para poder maniobrar. Yo correspondí subiendo la mano que tenía libre para ponerla en sus tetas. Quería tocárselas, estrujárselas, manosearlas con fuerza.

Aquellas tetazas habían sido fuente de miles de pajas y ahora las tenia a mi disposición para jugar con ellas a mi antojo. Y Carlota me seguía pajeando, era un gustazo sentir el calor de su mano directamente rodeando mi polla.

¡La hermana de mi mujer me estaba haciendo una paja!

Todo había pasado muy rápido y no sé cómo habíamos llegado a esa situación, pero aún estábamos a tiempo de no acabar haciendo una locura. Tenía que ser yo el que tomara la decisión, porque Carlota, bastante borracha, no tenía ninguna intención de soltarme la polla. Solo tenía dos opciones o detener aquello o dejarme llevar.

―Mmmmm, vaya borrachera llevamos ―dijo Carlota gimiendo en mi oído.

Ella me la seguía meneando mientras yo le sobaba las tetas y el culo. Con el movimiento de su brazo se le movían los pechos, lo que me daba más morbo todavía. Sus tetas apenas me cabían en la mano, eran más grandes de lo que había pensado, aunque más blanditas también. Estaban calientes y los pezones cada vez se le iban poniendo más y más duros.

Quería quitarle el sujetador para poder sentirlas bien, pero no sabía cómo hacerlo, no podía meter la mano por debajo, así que la única solución era bajarla los tirantes, pero cuando lo intenté ella me retiró la mano volviendo a colocar el tirante en su sitio. No se iba a dejar desnudar en medio de los jardines.

Estaba tan concentrado en manosearla el culo y las tetas y disfrutar aquel tacto que ni me di cuenta de lo que estaba pasando ahí debajo. Solo sé que estaba muy excitado, entonces Carlota me dijo.

―¿Estás bien?, ¿te pasa algo?

Yo no comprendía la pregunta, pero cuando miré hacia abajo entendí a lo que se refería. Mi pene apenas había pasado a estar mínimamente hinchado, estaba lejos de tener una erección y Carlota meneaba un pingajo intentando que se me pusiera dura.

No supe ni que responder, me sentí avergonzado, abochornado y ella me lo vio en la cara. Pero lo peor fue cuando de repente comenzó a reírse, pero no un poco, una risa estúpida de estas que no puedes controlar y que me puso de muy mala hostia. No había visto así a Carlota en mi vida, me soltó la polla para poner las dos manos en mis hombros y seguir a carcajada limpia.

―¿Pero qué estamos haciendo, jajajajajaja?

Cuanto más se reía más enfadado me ponía, no sabía si era un enfado conmigo mismo o con ella, o con la situación en general por no haber estado a la altura. La sensación era idéntica a cuando vas perdiendo en cualquier juego y estás enrabietado y el rival decide que ya no quiere seguir jugando. Te deja un vacío interior y una sensación de impotencia que solo puedes canalizarlo con un tremendo enfado. Me di cuenta de que aquello era el final, pero eso no podía terminar así, no con Carlota riéndose a mi puta cara después del fin de semana que me había dado. Otra vez no.

Era el remate a un fin de semana para olvidar con mi cuñada.

―¿De qué te ríes? ―pregunté yo.
―No, nada, déjalo ―dijo ella intentando separarse de mí.

Pero yo no la dejé, la rodeé con el brazo por la cintura para pegarla contra mi cuerpo.

―¿Qué haces? ―dijo ella mirándome extrañada.
―Quiero que me digas por qué te has reído así, tiene que ser por algo…
―Da igual David, me he acordado de una cosa, pero ahora no viene al caso…
―Pues claro que viene al caso, quiero que me lo digas…
―¿Para qué…?, déjalo estar…no tiene importancia…
―¿Ahora no te atreves a decírmelo?…no es muy de tu estilo…que lo sueltas todo con muy mala hostia…
―¿De verdad quieres que te lo diga?
―Sí, dime porque te has reído así…
―Bueno, pues es por una cosa que decía Gonzalo…ya está, era por eso, me he acordado…
―¿Una cosa que decía Gonzalo?, qué decía ese de mí…
―Que da igual David, déjalo ―dijo intentando separarse otra de vez.
―Quiero que me lo digas…no te voy a soltar si no lo haces…
―¡¡Pues decía que eras un pichafloja!!, valeee???, eso querías saber pues ya lo he dicho…en casa te llamaba muchas veces el pichafloja, y se le escapó otra pequeña risa que intentó taparse llevándose la mano a la boca.

Entonces algo despertó en mí. Aquella humillación era lo que mi polla estaba esperando para ponerse dura inmediatamente. Cada mente funciona de manera distinta, seguro que algunos con aquello la hubieran mandado a la mierda directamente, pero a mí me provocó el efecto contrario. Se me puso dura inmediatamente.

Carlota intentó separarse de nuevo.

―Oyes lo siento, no quería…suéltame ―dijo dándome una palmada en el hombro.
―No, espera ―dije volviéndola a atraer hacia mí.
―David, vale ya…
―Por favor ―dije cogiéndola la mano y poniéndosela otra vez en mi polla.

Se quedó sorprendida de lo rápido que se me había puesto dura, pero Carlota ahora quería poner algo de cordura y terminar lo que fuera que estaba pasando entre nosotros en aquellos jardines. Yo bajé mis manos para ponérselas otra vez sobre su culo y se lo apreté con ganas.

―David, nooooo ―dijo Carlota empuñando mi erección sin soltármela.
―Mmmmmmmmmmm, me pones mucho ―dije acariciando su culo.
―¿Qué haces? ―dijo comenzando a meneármela otra vez.

Ahora fui yo el que me lancé a besar su cuello, intenté buscar su boca, pero ella me la retiró, no quería besarme. Era la última línea que Carlota no estaba dispuesta a traspasar, podía agarrarme la polla, pero veía mal besarse con el marido de su hermana. Era de locos.

Entonces se le escapó un pequeño gemido mientras comía su cuello y le manoseaba con fuerza el culo. Aquello me encendió más, había hecho gemir a la zorra de Carlota.

―¿Ya no soy tan pichafloja, eh?

Ella con los ojos cerrados en una muesca de placer, medio sonrió y me siguió el juego, se había dado cuenta de que eso era lo que me excitaba.

―Pues claro que sí, sigues siendo un puto pichafloja ―me dijo gimoteando.
―Mmmmmmmmmmmmmmm…

Subí las manos para juntar sus enormes pechos y agaché la cabeza intentando meterla entre ellos, Carlota apenas me lo permitió, pero pude pasar la lengua baboseándolos un poco. Ella seguía con su paja, a un ritmo perfecto, no muy rápido, pero tampoco despacio. Tenía que avanzar un poco más, pero ella no me dejaba hacer casi nada. O pensaba algo rápido o me iba a correr como un idiota más pronto que tarde en su mano.

―Mmmmmm, me encanta como lo haces, mmmmmmmm, estás buenísima ―dije intentando subir su autoestima volviendo a cogerla por los glúteos.
―¿Te gusto?, ¿te parezco guapa?
―Sí, me gustas mucho, mmmmmmmmmmmm…
―David, mmmmmmmmmmmm…para…esto está muy mal…esto que estamos haciendo…
―No por favor, no pares, solo un poco más, llámame lo que quieras, pichafloja, cornudo…lo que quieras…
―¿También te gusta que te llamen cornudo?…
―Sí, me encanta, no solo me gusta que me lo llamen, también lo soy, mmmmmmmmmm…
―Mmmmmmmmmm…¿Claudia…?, no te creo…
―Sí, a tu hermana le encanta follar con otros tíos delante de mí…me ha hecho cornudo muchas veces…
―Eso no me lo creo…
―¿Por qué te crees que íbamos tanto a Madrid?, nos veíamos allí con un cabronazo que se la follaba delante de mí en el hotel…nos encantaba hacerlo…
―¿Es en serio?
―Joder y tan en serio, dime que soy un cornudo ―dije empezando a subir su vestido poco a poco.

Por fin Carlota se dejó hacer, no sé si estaba muy excitada o sorprendida ante la confidencia que la había hecho fruto de mi calentón, el caso es que se dejó subir el vestido desde los pies hasta arriba. Planté las manos directamente en sus enormes nalgas. Me sorprendió mucho que Carlota llevara un tanga que se debía de ver ridículo metido entre aquellos glúteos.

―Cornudo, jajajaja, eres un cornudo, jajajajaja…
―¡¡No te rías!!
―Lo siento, jajajaja, no sé qué me pasa, lo siento de verdad, jajajajajaja, no puedo evitarlo.
―Que no te rías joder ―dije clavando los dedos en su culo.
―Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, despacio…jajajajajaja, pichafloja, cornudo, jajajajajajaja…
―¡¡Que no te rías puta!!

Entonces me separé del árbol y cogiéndola por la cintura la empujé contra él y me puse detrás, haciendo que Carlota quedara de espaldas a mí. Me pegué a su culo y no le dejé margen de maniobra. Tenía su culazo delante de mí y por fin lo pude ver cubierto tan solo por un pequeño tanguita que se perdía entre aquellas dos masas de carne. Era más grande de lo que pensaba, pero también estaba muy duro, un culazo macizo que acaricié con las dos manos unos segundos antes de que ella se quejara.

―¿Qué haces?, estate quieto ―protestó Carlota.
―Cállate joder, cállate ya de una vez, ¿tú qué crees que voy a hacer?, voy a follarte, no es lo que querías que te follara?, pues ahora te la voy a meter ―dije cogiéndome la polla y poniéndola entre sus piernas.

Ni yo mismo era consciente de la dificultad de lo que pretendía, entre lo irregular del terreno, el largo vestido que tenía que sujetar con una mano, el tanga, lo enorme de su culo y mi polla que no es que fuera muy grande precisamente, enseguida me di cuenta de que no iba a ser una tarea fácil. Y aunque Carlota tampoco me ayudaba, por lo menos no ofrecía resistencia y me dejaba hacer.

Me faltaban manos, o sujetaba el vestido, o apartaba el tanguita o guiaba mi polla para buscar la entrada de su coño, de momento me conformé con meter la mano y acariciarla el coño por encima del tanguita. Carlota volvió a gemir y movió las cinturas al sentirme. Como pude aparté su ropa interior para meterla un dedo dentro.

―Ahhhhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhh ―gimió más alto Carlota, lo que me animó a meterla otro dedo.

Apenas estuve unos segundos masturbándola, no era eso lo que pretendía. Quería follármela.

Me pegué a ella intentando poner la polla entre sus nalgas, con una mano sujetaba el vestido y con la otra le apartaba el tanguita y guiaba la polla hacia su interior. Siempre había tenido la teoría de que para follarse un culo tan gordo no vale cualquier polla, hay demasiado espacio hasta llegar a tu objetivo, antes tienes que apartar las masas de carne y si no tienes una polla larga, como era mi caso, apenas puedes meterla, al menos en una postura como esa, de pie y desde atrás.

En un primer intento apenas llegué a rozar con la polla en su coño, no me llegaba, además el tanguita hacía mucha presión y volvía constantemente a su lugar original, con la otra mano no podía soltar el vestido sino se le caería hacia abajo.

―No puedo joder, ayúdame…

Pero Carlota no hacía nada, se creía que con sacar su culazo más hacia atrás estaba todo resuelto.

―Así no puedo, apártate tú el tanguita joder…

Carlota pasó los brazos hacia atrás y metiéndolos por los laterales se bajó el tanguita hasta dejarlo a medio muslo. Eso era mejor idea de lo que había pensado yo. Estaba tan obcecado en metérsela que no había ni pensado en bajárselo. Un problema menos.

Pero todavía me seguía pareciendo muy difícil la misión.

Al segundo intento me encontré vía libre, tuve que pegar mi cuerpo todo lo que pude contra ella, apartando sus glúteos con mi antebrazo y luchando por intentar metérsela, le estaba rozando con el capullo los labios vaginales. Ella volvió a gemir al sentirme tan cerca. Con un golpe de cadera se la pude meter unos centímetros, pero cuando intenté pegarle una embestida se me salió de dentro.

―Ahhhhhhhhhhhhhh, vamosssssssssss, ummmmmmmmmmmm, mmmmmmmmmmmm, vamossss ―dijo Carlota animándome a que siguiera.

Aquello estaba siendo ridículo, sí, esa era la palabra, un ridículo con mayúsculas es lo que estaba haciendo con la hermana de mi mujer, primero ni se me ponía dura, luego me había empalmado cuando me llamó pichafloja, más tarde le había confesado que Claudia me había hecho un cornudo y ahora era incapaz de metérsela porque no la tenía lo suficientemente larga.

Si hubiéramos estado en la habitación de un hotel o en otro sitio habría cambiado la postura, bien poniéndome encima de ella en un misionero o haciendo que se sentara sobre mí, pero de pie en aquellos jardines contra el árbol, era lo único que podíamos hacer.

Mi única preocupación era metérsela a Carlota. Ya me daba igual si la estábamos cagando, las futuras consecuencias, o si pasaba alguien y nos pillaba. Me daba todo igual, solo quería meter mi polla dentro de ella.

Intenté atacar desde un poco más abajo flexionando las rodillas y apuntando con mi polla lo más vertical posible. Así conseguí clavársela prácticamente a la primera haciendo que Carlota se sintiera llena y se la escapara un suspiro de placer, pero cuando intenté embestirla se me volvió a salir.

Mi cuñada cada vez estaba más impaciente deseando ser follada, lo que a mí a la vez me ponía más nervioso si cabe. Al menos había encontrado la manera de podérsela meter más o menos con facilidad. Otra vez me agaché un poco y subiendo las caderas se la volví a clavar. Esta vez no iba a dejarla escapar.

Comencé un movimiento de vaivén, sin poderla sacar, intentando que el cuerpo de Carlota se quedara pegado al mío lo más posible, así no hacía el típico mete saca, si no que era una follada acompasada, los dos cuerpos a la vez delante y atrás y cuando llegaba a su fin el movimiento hacía un golpe final de cadera haciendo que el culazo de mi cuñada temblara con la embestida y provocándola un gemido grave en su voz.

―Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh AHHHHHHHHGGGGGGGHHHH!!!

No podía hacer otra cosa, tenía las dos manos ocupadas, una rodeando ahora la cintura de ella para traerla contra mí y la otra la pasé hacia delante poniéndola sobre su coño, para que no se me saliera la polla.

Ahora sí, me la estaba follando. Estaba dentro de ella y no iba a parar hasta correrme.

Tampoco es que fuera a durar mucho, una vez que comprobé que en esa postura no se me salía de dentro pude subir una mano para agarrarle las tetas y luego pegué la boca contra su hombro desnudo, mordiéndoselo suavemente.

―Ahhhhhhhhhhhhhhhhh sigueeeeeeeee, sigueeeeeeeeeee ―dijo Carlota empezando a disfrutar del polvo que la estaba pegando.

Pero yo ya estaba terminando, ni tan siquiera la avisé, manoseando sus tetazas y con la boca en su hombro me dejé ir. Estaba disfrutando tanto con aquello que preferí no cambiar nada, seguíamos con el movimiento juntos, delante y atrás hasta que no pude más. Me temblaron las piernas y gimoteé dejando caer un poco de babilla encima de ella, que estaba tan concentrada que ni se dio cuenta de que estaba empezando a vaciar los huevos dentro de su coño.

Apreté más su cuerpo contra el mío, no quería que mientras me corría se me saliera la polla, se lo tenía que echar todo dentro. Quería dejar mi lefada en las entrañas de mi cuñada Carlota, que se acordara bien que un día me corrí dentro de ella.

Cuando terminé seguíamos con el movimiento de vaivén, pero mi polla no tardó en perder la erección y se salió enseguida haciendo que un hilo de semen comenzara a gotearla del coño.

―No te pares ahora, sigueee ―dijo Carlota echando la mano hacia atrás buscando mi polla, pero se encontró con su entrepierna empapada por mi corrida y comprendió lo que había pasado.

Yo seguía gimoteando en su hombro con la mano sobre sus pechos y Carlota se apoyó en el árbol y suspiró resignada.

―Lo siento, no he podido evitarlo…tú no has terminad…¿quieres que te haga algo?
―Aparta joder, dijo Carlota echándome a un lado y comenzando a colocarse el tanguita entre sus glúteos.

Se bajó la falda y salió de allí como pudo dando tumbos. Intenté ayudarla, pero de un manotazo ella me apartó las manos.

―No me toques imbécil…

Y se perdió por el camino de vuelta a las habitaciones del hotel. Si hubiera tenido un cigarrillo me lo hubiera fumado en ese momento. Y eso que no fumo. Me sentía bien, la noche era súper agradable y no se oía ningún ruido. Estaba en la gloria, disfrutando de una sensación de euforia desmedida mientras me subía los pantalones. Me acababa de follar a mi cuñada Carlota.

¡¡¡¿¿¿Me acababa de follar a mi cuñada Carlota???!!!

ESPACIO

―Mmmmm, vaya borrachera llevamos ―dijo Carlota gimiendo en mi oído.

Por suerte tuve un instante de lucidez y elegí la segunda opción.

Detener aquello.

Aparté la mano de mi cuñada que me seguía sobando la polla y me subí los pantalones.

―Joder para, ¡esto está mal!
―Sí, está mal, estoy muy mareada ―dijo Carlota dejando caer su peso contra mí.

Era evidente que Cartota había bebido bastante, pero yo creo que se hacía más la borracha de lo que realmente estaba. En ese momento se sintió violenta e intentó disimular, estaba claro que no quería quedar como que había sido ella la que había intentado algo conmigo y yo la había rechazado.

―Uffff, llévame a la habitación, todo me da vueltas…

Me echó un brazo por el cuello y yo la sujeté por la cintura volviendo como pudimos por el camino principal de los jardines. Fuimos hasta su habitación y saqué la llave del bolso de Carlota que llevaba yo colgado del hombro. Estaba francamente agotado e hice un último esfuerzo para dejarla caer en la cama.

Cuando ella se desplomó en la cama se quedó medio dormida, pero no podía dejarla en ese estado, tenía el vestido manchado con un poquito de barro y pis y Carlota parecía no tener fuerza ni para cambiarse. La senté en la cama como pude e intenté quitarle el vestido, bajando la cremallera que tenía en la espalda. Yo no sabía si se sacaba por arriba o por abajo el vestido, por arriba me iba a ser imposible porque ella no podía dejar los brazos en alto, así que se lo fui sacando como pude y poco a poco por los pies.

La imagen era surrealista, tenía que ir inclinando a mi cuñada para podérselo sacar, mientras la iba desnudando me fijé en su sujetador y las braguitas a juego, tenía buen gusto para la ropa interior, lo mismo que Claudia, llevaba un conjunto negro, semi transparente de encaje, muy sexy, quizás demasiado. Se le transparentaban sus enormes pezones y en la parte de abajo casi se podía adivinar que llevaba el coño perfectamente depilado. Intenté no hacerlo, pero me fue imposible no excitarme contemplando el cuerpo de Carlota en ropa interior.

Intenté que se sentara en la cama y me puse detrás de ella para sujetarla, rodeando con mi brazo por su estómago.

―¿Tienes pijama o algo?, no puedo dejarte así, puedes coger frío…
―Quédate conmigo, no te vayas…
―¿Estás bien Carlota?
―No, tengo frío y estoy muy mareada…
―¿Has traído pijama?
―Sí, pero no te muevas, quédate así…
―Vale, pero dime donde está, que vas a coger frío.

Ella me agarró de la mano que tenía sobre su estómago y nos quedamos con los dedos entrelazados.

―No te vayas, espera…

Entonces ella tiró de mi mano hacia arriba intentando que las pusiera sobre sus tetazas.

―Para, para Carlota…no insistas…
―¿Es qué no te gusto?
―Claro que me gustas, eres muy guapa, pero sabes que no podemos hacer esto…
―Por favor, solo un poco, nadie me desea ―me rogó.
―¡Carlota no!

Me había obligado a poner las dos manos sobre sus tetas y en ese momento mi cuñada me dio pena suplicando un poco de atención. Entonces me dejé llevar y la acaricié, apretando fuerte sus pechos, sobándoselos por encima del sujetador. Me encantó el tacto de su sujetador, el peso de sus tetazas en mi mano, lo duras que las tenía. Todo.

Se me puso dura al instante. Y más cuando Carlota cerró los ojos en un pequeño gemido y echó la cabeza hacia atrás apoyándola en mi hombro. Se quedó relajada al momento, parecía que estaba dormida y yo dejé de tocar su cuerpo volviendo a bajar las manos para rodear su cintura.

En ese momento me entraron unas ganas locas de pajearme y me agarré la polla por encima del pantalón. Si me pegaba unas pocas sacudidas me iba a correr encima, me toqué un poco por el morbo de la situación, pero sabía que no iba a terminar. Aquello no estaba bien, no podía pajearme como un puto pervertido mientras sujetaba a mi cuñada medio desnuda y borracha.

La dejé con suavidad en la cama y busqué un pijama en su maleta, cuando lo encontré se lo puse como pude, eso sí, fijándome bien por última vez en cómo se la transparentaba el coño y los pezones a través de su ropa interior tan sexy. Luego la metí en la cama y me fui a mi habitación.

Entré directamente al baño de la habitación, fuera de sí me desabroché el pantalón y me puse de pie sobre el Wc, tenía que descargar toda la tensión acumulada durante la noche. Carlota me había sobado la polla junto a un árbol y habíamos estado a punto de hacer una locura, si no fuera porque yo lo había detenido. No contenta con eso, luego me había pedido que le sobara las tetazas en su habitación y yo había accedido a hacerlo.

¡¡Esas tetas eran magníficas. Grandes, duras y pesadas!!

No podía estar más excitado, me saqué la polla y en unas pocas sacudidas me corrí recordando todo lo que había pasado con mi cuñada. Luego me acordé de Carlota y al momento me sentí fatal, a saber de qué pie se levantaba al día siguiente. Solo de pensar en todas las posibilidades que se podían dar me entró un sudor frío. De golpe me cambió el estado de ánimo, quería hacer un agujero y meterme bajo tierra. Conociendo a mi cuñada podía arruinarme la vida en las próximas horas, era capaz de cualquier cosa, desde denunciarme por intento de violación o cualquier historia que se le ocurriera, hasta echarme a mí la culpa por lo que había pasado o incluso contarle a Claudia su versión de los hechos.

En segundos se me pasó el calentón después de correrme y me sentí como un completo imbécil por haberme dejado meter en ese lío.

15

Todavía no se había acostumbrado a su nuevo puesto, todo le resultaba nuevo, el trabajo, la oficina, los compañeros. Tampoco tenía una idea clara de su función allí y desde el primer momento no se pudo quitar la sensación de que era un puesto político y que tenía muy poca utilidad. A pesar de ello Claudia se implicó rápido, era muy trabajadora y cuando terminaba de hacer lo suyo se pasaba por otros departamentos para ver como funcionaban y lo que hacían el resto de compañeros.

En cuanto a Basilio, tenía el horario que le daba la gana, a veces aparecía por allí a las once de la mañana, otras veces ni tan siquiera iba a trabajar, o cuando iba solo era para mandar tareas a Claudia, que le reservara en determinado restaurante, que le sacara billetes de vuelo, o le hiciera unas fotocopias o algún informe, ese tipo de cosas.

Parecía su secretaria.

Y Claudia no había dejado la dirección del instituto para ser la secretaria de nadie y menos de ese politicucho. Desde el principio le tenía que haber dicho que no, pero Basilio se lo supo vender muy bien para que aceptara la oferta. A veces la invitaba a comer con otros políticos en unas reuniones en las que apenas se hablaba de trabajo y que Claudia no sabía muy bien para qué se hacían.

―La semana que viene viajamos a Madrid, tenemos un par de reuniones importantes, salimos el miércoles por la mañana, hacemos noche allí y volvemos el jueves, busca un hotel que esté cerca del Ministerio de educación y reserva un taxi para que nos esté esperando en la puerta ―le mandó Basilio.

Ni tan siquiera la preguntó si le venía bien viajar a Madrid o no ese día, tenía que estar disponible para él al 100%. Cuando se quedó a solas en su despacho estuvo unos segundos delante del ordenador con ganas de mandarlo todo a la mierda y volverse al instituto, entonces llamaron a la puerta.

―Toc toc, ¿se puede? ―dijo una voz familiar.

Mariola asomó la cabeza y pasó dentro, Claudia se sorprendió de ver a su amiga allí a media mañana.

―Vaya, vaya, como ascendemos algunas…
―Hola Mariola.
―He tenido que venir a verte, porque ya te vale…
―Sí, lo siento, he estado muy ocupada…
―Sí, ya…

Cerraron la puerta y se dieron un abrazo y dos besos.

―Bueno ¿y esto qué es?…no me vas a contar nada de este puesto?…ya te vale cabrona…no has sido ni capaz de llamarme para contármelo.
―Pues ya ves, he cambiado de trabajo…
―Parece que te van muy bien las cosas, no tienes tiempo para cogerme el teléfono…ahora que eres una política importante, ya pasas de las amigas…
―Sí, perdona…es que…
―No me pongas excusas Claudia, ya sé que no me quieres coger el teléfono por lo que pasó en mi casa, pero tía…que llevo un mes sin saber de ti, que se dice pronto, un mes, no me contestas los WhatsApp, ni me contestas las llamadas, nada…y hoy me he dicho, esto no puede seguir así, no estoy dispuesta a perder a mi mejor amiga…así que te he venido a buscar, me he pasado por el instituto y me han dicho que no trabajabas allí y me han dado esta dirección.
―Iba a llamarte de verdad ―dijo Claudia poniéndose roja.
―Claudia no seas infantil, lo que pasó en mi casa pasó y ya está, no le des más vueltas, disfrutamos y lo pasamos bien, pues de eso se trata en la vida, estamos aquí cuatro días, no estamos para perder el tiempo ni comernos la cabeza con tonterías…
―Sí, lo siento Mariola…
―Esta semana quedamos a comer sin falta y nos ponemos al día…quiero que me cuentes que es todo este lío en el que te has metido…jajajajaja
―Vale…esta semana no puedo, pero la que viene prometido…
―No me voy de aquí sin poner una fecha…¿el martes que viene por ejemplo?
―Espera a ver que miro la agenda, es que el miércoles me voy de viaje…bueno venga, el martes mismo, porque si no, no sé qué día voy a poder…
―Hecho, el martes, luego reservo para comer, bueno anda, me vuelvo al banco…mucho más contenta y tranquila de haberte visto. Pensé que no querías volver a verme.
―Oyes Mariola, perdona por no haberte contestado, es que después de lo que pasó, pero claro que quiero verte.
―Te entiendo perfectamente, sé cómo eres, te has estado comiendo la cabeza y te daba vergüenza volver a verme…no tienes que pedirme perdón, pero ni se te ocurra pensar que vas a perderme como amiga, solo porque…eh… te lo haya comido, mmmmmm, jajajajaja ―dijo Mariola chupándose el dedo.
―Vete a la mierda, jajajajaja.
―Adiós guapa.

Se despidieron y Claudia se quedó con una sonrisa en su despacho. Quizás era lo que necesitaba ahora, el apoyo de su amiga. Se había sentido muy sola con el cambio de trabajo, pero prefirió separarse un poco de Mariola, se avergonzaba de haberse dejado llevar en su casa. Se avergonzaba de lo que pasó aquella noche que salieron de fiesta.

Terminaron desnudas, enganchadas y frotándose furiosas los coños una contra la otra, como dos fulanas, mientras se metían los dedos por el culo.

Había intentado no pensar en ello, pero ahora con Mariola delante se le vinieron de nuevo los pensamientos a la cabeza de aquella noche, había tenido dos orgasmos tremendos, nunca pensó que iba a ser tan placentero tener sexo con otra mujer. Era completamente distinto a un hombre, mucho más sensual, más prohibido, Mariola tenía la piel muy suave y sabía dónde tocar para hacer que se corriera con más intensidad.

Y luego estaba lo de los videos. Eso sí que no se lo había podido sacar de la cabeza, los videos de Lucas follándose a su amiga, se quedó muy impactada con aquello. Como su joven alumno rompía el culo de Mariola en medio de la cocina o como ella se la mamaba hasta que el chico se corría abundantemente por toda su cara.

Se había masturbado varias veces pensando en ello, recordando la polla de Lucas. Incluso un día tuvo pesadillas con un posible incidente.

“Secretaria General de Educación tiene relaciones sexuales con un joven alumno”, decía la portada del periódico que Claudia tenía entre las manos. Se despertó entre sudores y la respiración agitada. Su marido roncaba al lado y ni se enteró cuando ella se bajó al salón. Tuvo que masturbarse en plena madrugada fantaseando con Lucas. En su fantasía volvía a su antiguo despacho de directora y recordaba cuando el chico la pilló haciéndose un dedo y luego fantaseaba con que terminaba con la polla de él en la boca y se ponía contra la mesa ofreciéndole el culo, como le hizo Mariola.

―“Métemela por donde quieras” ―le decía al jovencito.

Cuando se corrió se volvió al dormitorio mucho más tranquila y relajada.

Notó que el coño le palpitaba, era la primera vez que se excitaba en su nuevo despacho en la Consejería, la visita de Mariola le había dejado perturbada, pero allí no podía tocarse, aunque rara vez entraba alguien en su despacho, no podía arriesgarse a que la pillaran. Sin saber por qué se volvió a sentir viva y contenta. Se había quitado un peso de encima al volver a ver a Mariola. Mucho más contenta y animada realizó las tareas que le había encomendado Basilio y luego se marchó para casa.

Por la tarde tenía reunión del AMPA y decidió que era buen momento para empezar a tantear a Germán.

Aquel día Claudia regresó con otra cara del trabajo. Era la primera vez en semanas que la veía así. Incluso parecía que tenía ganas de jugar otra vez.

―Después de la reunión del AMPA voy a quedarme un poco con Germán ―me dejó caer.

Yo sabía lo que significaba aquello, pero no quise darle importancia.

―¿Qué te vas a poner?
―Pues no lo sé, ¿qué crees tú que le gustará más?, unos leggings, unos pantalones de cuero, una faldita, unos vaqueros bien apretados…
―Germán parece muy clásico…la faldita esa que te ponías con Don Pedro, va a ser un poco fuerte, no?…
―No voy a ponerme eso, antes tengo una reunión con los padres, con esa falda se me ve todo…
―Mmmmmmmmmmmmmmmm, Claudia, me encanta, es oírte decir esas cosas…
―Shhhhhhhhhhh tranquilo…
―¿Vas a intentar algo con Germán?
―Claro que no, es la primera vez que vamos a tener una reunión a solas, pero quiero ver como respira, si en un futuro puede llegar a pasar algo…ya me entiendes…
―Joder Claudia, me encanta…gracias…gracias por hacer esto, 

ufffff

, cómo me estoy poniendo de pensarlo.
―Esta noche te cuento, dijo sentándose en mi regazo―. Posiblemente venga con ganas de follarte el culo y después sentarme en tu cara hasta que me corra, ¿te parece bien cornudito? ―dijo pasándome el dedo por la mejilla.
―Lo que tú quieras Claudia…

Cuando se fue me quedé excitado. Me daba mucho morbo que quisiera jugar con Germán, o al menos intentarlo, ese hombre me parecía perfecto para ello, muy correcto, educado, mediana edad, no es que fuera un guaperas, pero tenía su atractivo, parecía que nunca se descomponía, perfectamente vestido con sus jerséis de colores a juego con las camisas.

¿Conseguiría Claudia hacer que se tambaleara su inmaculada vida junto a la pija de su mujer y sus cinco hijos?

Por otra parte yo cada vez estaba más tranquilo, habían pasado unas semanas desde mi aventura en Salamanca con Carlota. A todas horas se me venía una y otra vez la imagen a la cabeza de cuando ella me agarró la polla junto al árbol y luego cuando la sobé las tetazas en su habitación. Aquella noche que sucedió no pude dormir con un sentimiento de culpa y de miedo que me tuvo hasta paralizado.

Por la mañana esperé a escuchar ruidos en su habitación y le toqué en la puerta. Carlota se acababa de levantar, estaba en pijama y no esperaba verme allí.

―¿Qué pasa, qué quieres? ―me dijo a modo de buenos días, asomando apenas la cabeza.
―Carlota, me gustaría hablar de lo que pasó…ayer…bueno ya sabes…

Entonces ella se apartó y se metió en la habitación invitándome a entrar. Se echó las manos a la cabeza buscando algo en el bolso.

―¡Qué dolor de cabeza!, tengo que tomarme algo para la resaca…
―Oyes Carlota lo que pasó ayer…
―¿Ayer?, ¿qué pasó ayer? ―dijo poniéndose de pie delante de mí con gesto muy serio y los brazos cruzados.
―Sí, ya sabes…en el jardín, aquí en la habitación…
―No, no recuerdo nada, ayer no pasó nada, nos emborrachamos y no nos acordamos de nada de lo que pasó, ¿verdad?
―Ehhhhh, sí bueno…
―Yo no me acuerdo de nada, ¿y tú?
―No, yo tampoco…
―Pues ya está, olvidado, ¿ves que fácil?…no hay nada de lo que hablar, porque no pasó nada ―dijo abriendo la puerta para que me fuera.
―¿Te espero para bajar a desayunar?
―No hace falta, vete bajando…

Apenas duró un minuto la conversación, me sorprendió la sangre fría de mi cuñada, estaba claro que su táctica iba a ser que se había emborrachado y no recordaba nada de lo que había pasado. Por un lado me sentí más tranquilo, aunque me remordiera la conciencia, pero no podía quedarme tranquilo del todo, en un enfado mi cuñada era capaz de decir que la había emborrachado y me había aprovechado de ella. No me fiaba un pelo todavía.

El resto del día transcurrió con normalidad, después del desayuno, nos volvimos a casa, apenas hablamos nada en el coche. A la hora de la comida la dejé en su casa, se bajó sin despedirse. Yo abrí la ventanilla para decirla algo cuando se alejaba arrastrando las maletas.

―Oyes Carlota…
―¿Sí?
―Ehhhhhh…nada da igual…venga hasta luego…

Al final Claudia se puso una mini falda junto con unas medias de dibujos y unos botines para la reunión del AMPA, así es como más guapa está, con un tacón alto, enseñando sus fabulosas piernas. Arriba llevaba una camiseta blanca sin escote, estuvo un rato maquillándose, tampoco demasiado, quería ir arreglada, pero casual a la vez.

Al fin y al cabo era una aburrida reunión del AMPA.

Yo me quedé en casa y Claudia volvió a las dos horas, tampoco hablamos mucho y esperamos a que se acostaran las niñas. Cuando estábamos cenando en el salón saqué el tema, aunque no tenía ninguna esperanza de un mínimo acercamiento entre mi mujer y el santurrón de Germán.

―¿Y qué tal la reunión?…no me cuentas nada?…
―No ha estado mal, mejor de lo esperado…
―¿Ah sí?, ¿y eso…?
―Bueno, le he tanteado un poco…a ver qué decía, al final de la reunión cuando se han ido los padres, nos hemos quedado solos en el aula del AMPA, me ha estado explicando algunas cosillas de lo que tiene que hacer el presidente, las actividades que tenían previstas, lo de las cuotas, cosas del banco…lo normal.
―¿Y por qué dices que ha sido mejor de lo esperado?
―A ver, tampoco iba a pasar nada, era nuestra primera reunión, estábamos en el aula con la puerta abierta, no había mucha gente por el colegio, pero había algún padre por allí todavía…aunque mientras me iba explicando alguna cosa yo como sin querer le he tocado un par de veces la pierna, así en plan de tocona, pero sin darle importancia y no veas cómo se ha puesto de tenso, jajajajaja.
―¿Tenso o empalmado?
―No sé si se ha excitado, pero se ha puesto muy nervioso, pero mucho, no está muy acostumbrado a que le toque una mujer…
―Mmmmmmmmmmmmmmmmmm…
―¿Le has tocado mucho tiempo?
―No, tampoco quería parecer forzado, eran pequeños toques puntuales, le ponía la mano de vez en cuando en la pierna, y le decía, “ah vale vale, lo entiendo”, cosas así…

Esa historia con Germán me estaba poniendo muy cachondo, estaba claro que Claudia había entrado en el juego de calentarle y de paso a mí. No había sido mucho el avance con él, pero lo que me gustaba es que Claudia estaba dispuesta al menos a intentarlo. Y si a mi mujer se le ponía un tío entre ceja y ceja me parecía muy difícil que éste la rechazara. Eso sí, Germán era un hueso duro de roer y más estando por el medio Natalia, la zorra de su mujer.

―Hemos vuelto a quedar, otro día…
―Mmmmmmmmmmm, me encanta…

Entonces Claudia por sorpresa se acercó a mí y me puso la mano sobre el paquete.

―No prometo que vaya a pasar nada, pero si quieres lo intentamos con Germán, me ha gustado estar con él ―dijo sacándome la polla muy despacio.
― Síííííí, mmmmmmmmmmm, lo que tú quieras…
―¿Hasta dónde me dejarías llegar con él?
―Ya lo sabes…
―Quiero que me lo digas.
―Quiero que si puedes hagas de todo con él, que se la chupes, que te folle…parece que es uno de esos religiosos que no se ha puesto un condón en su vida, ya sabes…es pecado…de los que follan a pelo y se corren dentro, por eso tienen tantos hijos…
―Mmmmmmmmmmmmm, ¿eso te pone? ―dijo Claudia empezando a masturbarme.
―Síííííííííí, eso me pone mucho, que se te corra dentro o incluso encima de tu cuerpo, o en tu cara, seguro que su mujer no le ha dejado nunca correrse encima…¿a ti qué te pone más?
―Mmmmmmmm, eres un cerdo pensando esas cosas, pues no sé, las dos cosas tienen su morbo, si se me corre dentro, luego me subiría las braguitas y vendría a casa mojada para que me lo limpiaras con la lengua, pero también me gustaría que me hiciera cosas que no ha hecho con su mujer…
―Seguro que por el culo no le ha dejado nunca.
―Eso seguro, yo tampoco le voy a dejar.
―Y eso que tiene buen culo la pija de ella…
―¿Ah sí?, ¿te fijas en el culo de esa zorra?
―Sí que me he fijado…
―Muy mal cornudo, voy a tener que castigarte ―dijo Claudia siguiendo con la paja que me estaba haciendo.
―Sí, castígame, hazme lo que quieras…
―¿Te imaginas que nos pillan a Germán y a mi haciendo cosas en el aula del AMPA?, serías el cornudo oficial de la ciudad…
―Mmmmmmmmmmmmm y tú la puta oficial, todos sabrían lo puta que es la pequeña de los Álvarez…y yo estaría encantado de que lo fueras, yo sería un cornudo para todos…luciendo mis cuernazos con orgullo…ohhhhhhhhhhhhhh, voy a correrme….no puedo másssssssss…
―Eso es córrete…córrete.
―Ahhhhhhhhhhhhhhhhhh Claudia joder, ahhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhh….

Claudia siguió masturbándome e hizo que me corriera sobre mi cuerpo. Luego ella se quedó mirando la mano pringada con mi semen, como si se acordara de algo.

―Chupa cornudo, límpiame la mano, me has dejado muy caliente ―dijo poniéndomela delante de la cara.
―¿Por qué no te la limpias tú?, me gustaría ver como lo haces, me acuerdo mucho de cuando Víctor se te corría en la cara y en tu boca, como te la llenaba de semen…
―No voy a hacer eso…
―Vamos, piensa que es la corrida caliente de Víctor lo que tienes en la mano, ¿no te gustaría probarla?…
―Pero sé que no es la suya.
―Imagínate que sí que lo es…cierra los ojos y piensa que lo que tienes entre los dedos es su espesa y pringosa corrida…
―David no…
―Venga Claudia, lo estás deseando, cierra los ojos…

Yo conocía a mi mujer y sabía perfectamente cuando estaba cachonda y cuando estaba deseando hacer algo y ahora estaba a punto de convencerla de que probara mi semen, con la excusa de que era el de Víctor.

―¿Te acuerdas de cómo se corría en tu boca? ―dije acariciándola el coño por encima del pijama.
―Sí, claro que me acuerdo…
―Te ponías muy cerda, pero que mucho…y ahora estás deseando chuparte la mano y pensar que es su semen, ¿verdad?
―Ummmmmmmmmmm David, sigueeeeeeeee, tócame…
―Venga Claudia, cierra los ojos ―dije cogiendo su propia mano y acercándosela a la boca.
―Mmmmmmmmmmmmmm…
―Vamos chupa…piensa en Víctor.

Entonces Claudia lo hizo, con los ojos cerrados estiró la mano y soltó un primer lenguetazo de arriba a abajo, yo la acaricié más fuerte el coño haciéndola gemir y ella siguió lamiendo despacio su propia mano. Abrió los ojos y me miró con cara de zorra, tenía semen en la comisura de los labios y con lo caliente que estaba, una vez que había empezado ya no iba a parar.

―Mmmmmmmmmmmmmmmmm…
―Eso es, no quiero que dejes nada…chupa…

Se fue limpiando los dedos uno a uno, con calma, despacio, gimoteando como una zorra mientras no dejaba de mirarme a los ojos, en apenas un minuto había terminado su trabajo, pero ella siguió relamiéndose los dedos una y otra vez, cómo si quedara algo todavía. Luego abrió la boca enseñándome su interior lleno de semen y en un gesto muy obsceno se dejó caer un poquito por la comisura de los labios.

―¡¡Trágatelo, vamos, imagina que es la corrida caliente de Víctor lo que tienes en la boca!!

No tuve que repetírselo dos veces, Claudia cerró los ojos y se tragó el semen dejándolo caer por la garganta, a la vez que se le escapaba un grave gemido.

―Mmmmmmmmmmmmmm ―dijo pasándose la mano por el cuello hacia abajo mostrándome el camino de mi semen.

Luego abrió la boca y me la enseñó, estaba vacía, se lo había tragado todo, Claudia parecía una actriz porno. Joder, me puso tanto que hasta volví a empalmarme. En cuanto mi mujer me vio la polla dura se agachó y sin decirme nada se la metió en la boca. Sí que tenía que estar bien cachonda para eso.

Me estaba haciendo una mamada.

―Ohhhhhhhhhhhhhhhhh joder Claudia, diossssssssssssssssssss…

Chupaba tan fuerte que hasta me hacía daño, que manera de succionar. Me pasó la mano por el culo y cuando me quise dar cuenta me había metido un dedo por el ojete. Era todo tan sucio y guarro que casi seguido anuncié que me iba a volver a correr. Entonces Claudia sin dejar de pajearme con la mano, se tomó un leve respiro para mirarme a los ojos.

―¡¡Vamos córrete en mi boca cornudo, a ver si puedes hacerlo, córrete en mi boca como lo hacía Víctor!!

Y volvió a reanudar la mamada que me estaba haciendo, yo la sujeté por el pelo sin poderme creer lo que me acababa de pedir. Eso no lo había hecho nunca. Jamás me había corrido en su boca. No solo se acababa de tragar mi corrida, ahora me estaba pidiendo que se la echara directamente en la boca. La sujeté por el pelo para que no pudiera dar marcha atrás y comencé a descargar como ella me había pedido.

―Claudia, ahhhhhhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhh…
―Mmmmmmmmmm, mmmmmmmmmmmm…

No dejó de chupar hasta que la última gota estuvo en su boca, luego me lo dejó caer por la polla pringándomela con mi propia corrida y ella misma se puso a limpiarlo con la lengua hasta que volvió a dejarme perfecto. Mi pene había caído en picado y cuando Claudia se la volvió a meter en la boca, intentando que se me pudiera dura otra vez, le dije que ya no podía más.

Entonces se quitó la parte de abajo del pijama y las braguitas y me ordenó que me tumbara en el suelo. Se puso a mi lado y me pasó un muslo sobre la cara y antes de dejarse caer me ordenó.

―Abre la boca cornudo.

Yo obedecí y ella dejó caer un salivazo de semen que me entró en la boca directamente hasta la garganta.

―Ahora te lo vas a tragar tú ―dijo a la vez que me plantaba su mojadísimo coño en la boca del que emanaba un increíble olor a excitación.

―¡¡No puedo mássss, saca la lengua cornudito y haz que me corra!!!

La Claudia morbosa y hotwife que me gustaba había vuelto. Y esta vez era para quedarse definitivamente. A partir de ese día los acontecimientos se precipitaron muy rápido.

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