ISA HDEZ

Lloraban las rosas de su jardín

empapadas del sereno mañanero,

resaltaban los colores rosa y grana

y el verdor de las hojas rociadas.

Perfumaban a la niña enamorada

que cantaba tonadillas a su amado,

brotaba la sangre por sus manos

de oprimir las espinas de los ramos.

Con amor, suspiro y emoción

anhelaba avanzar en el camino,

entre gotas heladas de la escarcha

esperaba con ansias a la aurora.

Susurraba a las rosas las palabras

que guardaba en su alma despojada,

porque no tenía a nadie que la abrazara

y sentía que ellas la custodiaban.

Contaba sus pétalos con mimo

y el tiempo se llevaba sus desvelos,

en soledad se sentía desventurada

porque su amor la tenía olvidada.

Más, una estrella vino a visitarla

envuelta en aromas de sus rosas,

y portaba un mensaje de su amado

de que pronto retornaría a visitarla.

La colmaría de perfumes y de besos,

le entregaría su corazón impetuoso,

la elevaría victorioso por el universo

y le daría con pasión su amor entero.

Su cara se transformó en poema

y en sus ojos relucían dos esmeraldas,

su boca grana rebosaba belleza

y sonreía en la sutileza de su almohada.      

Un comentario sobre “Las rosas

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