FERNANDO

Cuando entré lo primero que hice fue ir a buscar a mi hermano. Oí la ducha de su cuarto y le dejé tranquilo mientras recogía todo. Para cuando llegó mi madre, todo estaba en orden y parecía que en esa casa no había pasado nada. Yo saludé a mi madre como siempre, aunque cierta tristeza me invadía. Al poco salió Joel de su habitación y también la saludó. Preparamos la cena y todo parecía ir bien, todo normal, pero mi madre conocía muy bien a su niño.

—¿Qué le pasa a Joel? Lo noto raro, como distraído. Dijo mi madre.

—Si, yo también lo he notado, dije nerviosa, le he preguntado, pero de momento no ha querido hablar conmigo.

—Bueno cariño, se el nivel de confianza que tienes con tu hermano, si ocurre algo malo sé que te lo contará y bueno, por ende yo también me enteraré.

—Descuida mamá, no te preocupes.

Ese día había sido muy raro, extraño. Es como si lo ocurrido, solo hubiese sido un mal sueño, pero todo era real, muy real. Nada más terminar de cenar Joel se despidió de nosotras y se fue a su habitación, eso me preocupó y antes de que yo dijese nada mi madre me apremió a ir tras él.

Cuando llegué a su habitación, Joel estaba sentado en su cama llorando de nuevo. Cerré la puerta tras de mí y la aseguré para que nadie nos molestase. Me acerqué a él y sentándome a su lado lo abracé con amor y lo besé para que supiese que no estaba enfadada con él, si acaso seria todo lo contrario por mi estupidez.

—Cariño de verdad perdóname, te aseguro que esto no volverá a ocurrir. Dije angustiada.

—Lo sé, dijo sonándose la nariz, yo solo te amo a ti y lo que ha ocurrido esta tarde no quiero hacerlo otra vez. Lo que pasa, lo…lo que ocurre es que tengo heriditas en el pito y me duele mucho. Dijo con ternura, haciendo un puchero.

Eso me preocupó y me enterneció, le dije que se bajase los pantalones y me enseñase lo que me decía. En efecto, tenía el glande en carne viva y sangraba ligeramente por unas cuantas heriditas, imagino que al follarle el culo se tuvo que hacer daño incluso con el gel lubricante.

—Bueno mi amor no te preocupes, estas muy irritado, déjame que te cure y verás cómo te encuentras mejor.

Esa zorra había alterado nuestra vida por mi culpa. Sabía que durante unas semanas no podría follar con mi hermano hasta que su polla no se hubiese curado, pero le mimaría como solo una mujer enamorada cuida a su hombre.

—Por cierto Joel, estoy orgullosa por cómo te has comportado esta tarde, como has sabido dominar a Isi. Creo que tú sabes más de lo que aparentas.

—Te aseguro que no se me va a subir a la cabeza. Dijo sonriendo.

—Otra cosa, como mamá está preocupada por ti, debemos de estar de acuerdo en lo que vamos a decir. Esta tarde hemos salido y mientras Isi y yo tomábamos algo tú has ido al baño y una chica se ha aprovechado de ti y has tenido tu primera experiencia sexual, ¿De acuerdo?

—De acuerdo. Ratificó mi hermano.

Ahora solo era cuestión de tiempo que todo volviese a la normalidad. Durante los siguientes días, recibí mensajes de Isi rogándome que la perdonase, que estaba muy avergonzada pero que no quería perder mi amistad ni la de Joel, pero mi naturaleza desconfiada hacía que ignorase todos y cada uno de esos mensajes hasta que decidí bloquearla. Esa zorra seguro que buscaba algo más y desde luego yo no se lo iba a proporcionar.

Pensé erróneamente que según pasasen los días Joel y yo volveríamos a nuestra relación, a amarnos sin límites y follar como desesperados. Mi coño gritaba su nombre y aunque me había hecho algún dedo no era lo mismo, necesitaba sentir como el pollón de mi hermano me abría por dentro y me llevaba a cotas de placer desconocidas, literalmente me hacía volar. Pero nada de eso ocurrió, al contrario cada día lo notaba más lejos de mí y no me dejaba tocarle.

Estaba desesperada, además mi hermano se había encerrado en sí mismo y no me decía nada, solo el silencio era su respuesta a mis preguntas. Pero sobre el décimo día algo ocurrió. Mi hermano no se encontraba bien, tenía fiebre y se quejaba de un fuerte ardor en sus genitales y que al orinar le dolía mucho. Pensé que podía ser una cistitis, pero cuando mi hermano se bajó los pantalones y vi su polla me asusté mucho, estaba muy, muy roja, su uretra estaba abierta y muy hinchada y tenía una secreción amarillenta que no olía nada bien.

—Cariño, no me gusta nada la pinta que tiene esto, vístete y vamos a urgencias. Le dije asustada.

Al tener seguro privado de salud, nos presentamos en urgencias y nos atendieron inmediatamente. Llamé a mi madre para comentárselo y sé que se asustó mucho. Para cuando llegó al hospital donde nos encontrábamos, la doctora ya me había dicho el problema que tenía mi hermano. La puta de Isi le había pegado una ETS, mi hermano tenía gonorrea.

En esos momentos miles de preguntas se hicieron, sobre todo mi madre, que no entendía como si no nos separábamos, alguien le había podido pegar esa enfermedad. Mi madre dentro de su ofuscación culpó al centro de enseñanza donde iba mi hermano y montó en colera. No se sabe quién de ese centro se había aprovechado de su niño y eso no lo iba a consentir.

Me costó dios y ayuda calmar a mi madre y que no echase a los pies de los caballos a ese centro de enseñanza. Le pedí que me diese tiempo, que conseguiría averiguar lo que había pasado hablando con Joel y aunque a regañadientes me hizo caso. No hay mucho más que contar sobre esto. Cuando pude hablar con Joel le dije que tenía que contar nuestra coartada y que había sido Isi quien le había pegado una infección, pero que de eso no podía decir nada, mi hermano lo entendió perfectamente y me dijo que no me preocupase. Lo peor, es que mi hermano se quedó ingresado durante dos días en tratamiento.

Me gané una bronca de mi madre cuando se enteró de lo que “supuestamente” había pasado. Pero entendió que yo no podía acompañarle al servicio de caballeros, pero sí que podía no perderlo de vista por si alguna “lagarta” se le acercaba con intención de beneficiárselo. Bien eso se podía discutir, a Joel había que dejarle espacio para que supiese defenderse en la vida, pero mi madre era sobreprotectora, no lo podía evitar.

Aunque tanto la médico, como las enfermeras nos dijeron que nos fuésemos a casa que no habría ningún problema, mi madre y yo nos quedamos con Joel toda la noche, no queríamos si despertaba, que se encontrase solo. Creo que todos o casi todos los que están leyendo esto saben lo que eso significa, la noche se hace eterna y duermes poco y malamente, un hospital no es un hotel y solo un sillón o una silla y a veces ni eso, es lo único que tienes para descansar.

Ya era de madrugada, yo intentaba dormir dándole vueltas a mi cabeza con las imágenes que tenía grabadas del día en que mi amiga me traicionó y encima infecto al amor de mi vida cuando oí en un susurro a mi madre.

—Andrea, ¿Duermes?

—No mamá, respondí hablando bajito.

—Vamos a tomar un café.

Miré la hora, eran las dos de la madrugada, no es que me apeteciese un café, pero si me sentaría bien algo caliente en el estómago. Con nuestros cafés, nos apostamos frente a la puerta de la habitación de Joel y fue mi madre la que empezó a preguntarme.

—Hija voy a cumplir 51 años, me considero joven y abierta de mente, pero es que me has dejado sorprendida con lo que me has contado de Joel. ¿Qué pasa hoy en día con la juventud? ¿Una chica se puede ofrecer de esa manera a un chico y hacerlo en diez minutos?

—Por supuesto que sí. Hay mujeres o chicas que lo desean y otras que simplemente lo llevan a cabo, si veo algo que me gusta lo tomo, aprovecho el momento y gozamos los dos.

—¿Pero así en frio, sin preliminares? Hola, soy fulanita, me gustas, ¿Echamos un polvo?

—Si mamá, así de sencillo. Pero claro, el físico juega un papel muy importante, la mayoría de las chicas que lo hacen saben que no las van a rechazar, no así los tíos, tienen que estar muy buenos para que les entren de esa manera y será mi hermano, pero Joel es un yogurin para las mujeres y está muy bueno.

—Ya, ya…de eso me he dado cuenta por cómo lo miran algunas enfermeras. Y…esto…tú…¿Tú haces eso? Preguntó mi madre con miedo.

—No mamá estate tranquila, tienes una hija de lo más normalita, si acaso demasiado exigente con los hombres, tanto que a ninguno lo considero bueno para mí.

—Hija, te lo tengo que preguntar porque me corroe por dentro…¿Eres lesbiana?

—Jajajajajajajaja…No mamá, ni mucho menos, soy hetero, te lo aseguro. Dije entre risas.

—Hija, lo siento, pero como no te conozco amigos, nadie te llama solo tu amiga Isi, no sales de casa, siempre con tu hermano, pues que quieres que te diga, me preocupa por que ya vas a hacer 24 años te queda nada y menos para acabar tu carrera, y bueno, no se…

Miré a mi madre seriamente y vi la oportunidad de jugar una baza muy importante en mi futura vida y la de Joel. Mi madre ni sospechaba lo que ocurría bajo su techo y así debería de seguir, pero tenía que empezar a dejar bien atado mi futuro junto al de mi hermano.

—Mamá, ¿Tú cuando empezaste a tener claros los objetivos que querías alcanzar en tu vida?

—Bueno, no sé, quizás estando ya en la universidad me propuse terminar mi carrera, buscar un trabajo, un buen hombre con el que casarme, fundar una familia y vivir muy bien. Si, creo que esos fueron mis objetivos.

—¿Y bien?

—¿Y bien qué? Preguntó mi madre.

—¿Que si los has conseguido, si estas satisfecha con tu vida?

—Bueno, salvo al hombre que elegí como marido, creo que en el resto los he alcanzado. Tengo un buen trabajo, dos hijos maravillosos, vivimos en una casa increíble y económicamente no tenemos problemas.

—Bueno mamá, sinceramente te felicito porque lo has hecho muy bien. Ahora me gustaría hablarte de mis objetivos y te pediría que los respetases. Mis objetivos es terminar mi carrera, encontrar un empleo y dedicarme a Joel el resto de mi vida.

—Hija NOOOO…exclamó mi madre intentando tapar su boca y echándose a llorar.

—Mamá tranquila, se cuál es mi posición en esta familia y no pienso darle la espalda. ¿Has pensado en que ocurrirá con Joel cuando tú faltes?

—Créeme que hay noches que ese pensamiento me quita el sueño.

—Pues duerme bien mamá, porque yo siempre estaré ahí para él. Por eso te he dicho que soy muy exigente con los hombres. No hay hombre lo suficientemente bueno para mí, y si yo llego a juntarme o casarme y tu faltas…¿Crees que ese posible hombre admitirá a Joel en nuestra vida? Yo te lo contesto, NO, y no pienso dejar que mi hermano viva en una residencia rodeado de gente extraña, teniendo a una hermana que lo quiere con locura y que por él haría lo que hiciese falta. Ya en su momento te persuadí de que lo juntases con una puta y esto no va a ser diferente.

—Pero hija, ¿No te das cuenta de que vas a arruinar tu vida? Eso es una carga que tú no debes de asumir.

—Mamá eso es lo que tú ves, pero yo lo miro desde fuera, y lo veo muy bien, veo la vida que quiero tener.

—¿Y si quiero un nieto?

—Si lo deseas, te aseguro que lo tendrás.

—Hija, no sé qué decirte, me siento orgullosa de tenerte como hija y tú hermano creo que nunca sabrá la hermana que tiene. Egoístamente te aseguro que ahora estoy más tranquila. Anda vamos a intentar descansar y ya hablaremos de esto más tranquilamente.

Que queréis que os diga, yo también iba a dormir mucho mejor, me había apuntado un tanto a mi favor y dado la cantidad de horas que pasaba mi madre fuera de casa, ya no se vería tan mal el que yo me dedicase a mi hermano. Bueno, mejor dicho que nos dedicásemos a follar como animales en celo y a satisfacer nuestros más bajos instintos.

Tuvieron que pasar más de dos meses hasta que mi hermano se encontró perfectamente. En ese tiempo me dediqué a él por entero y ya que no podíamos follar nos masturbábamos mutuamente. Me volvía loca el calentarlo, el provocarle con vestiditos muy cortos o falditas tan escasas que iba enseñando todo y lógicamente ya que estábamos en casa, sin ropa interior, a no ser que mi hombre me pidiese que llevase algún tanga especial que me había comprado solo para sus ojos.

Me encantaba masturbarlo mientras el me metía un dedo en mi coñito y acariciaba mi clítoris hasta hacerme alcanzar mi orgasmo, pero realmente alucinaba cuando se corría mi hermano. Los tres o cuatro primeros lechazos eran misiles que podían llegar a los dos metros de distancia o más. Me hipnotizaba el sentir palpitar su polla en mis manos mientras sus huevos se vaciaban, y su dedo se clavaba en mi interior con fuerza

Cuando fuimos al médico a recoger los últimos resultados de los análisis y nos comentó que ya le daba el alta, creo que mojé mis braguitas sabiendo lo que nos esperaba. Al salir del hospital, aun sabiendo que ambos teníamos clase por la mañana, nos miramos con deseo y esa mirada lo dijo todo. Nos montamos en un Uber y nos fuimos directos a casa, necesitaba a mi hermano dentro de mí, quería sentir como su polla me abría sin piedad hasta hacerme estallar en un orgasmo detrás de otro y su corrida llenaba mi útero desbordándolo.

Cuando llegamos a casa y cerramos la puerta detrás de nosotros nos enganchamos como perros en celo, estábamos muy excitados. Llegamos a mi habitación y tardamos nada en desnudarnos. Me tumbé boca arriba con mis piernas bien abiertas y eché los brazos a mi hermano para que se colocase entre mis piernas, agarre su enorme pollón y lo apunté a mi coñito. Mientras me besaba por el cuello, arrancándome verdaderos gemidos de placer, su polla se abría camino en mi interior provocándome un orgasmo casi de inmediato, el día prometía y mi madre llegaría a la noche.

Ya era innegable que Joel y yo éramos mucho más que hermanos. Nos habíamos confesado nuestro amor y nuestro deseo de no separar nuestras vidas y permanecer juntos hasta el final de nuestros días. Aunque seguíamos siendo inalterables en nuestro comportamiento y estando mi madre delante éramos los mejores hermanos y cuando mi madre faltaba éramos una pareja de enamorados normal. Pero había algo que me empezaba a desesperar y eso no era otra cosa que al anochecer cuando nos íbamos a dormir y cada uno se iba a su cuarto.

Como os he comentado yo me consideraba la pareja de mi hermano y como tal deseaba compartir todas las horas que pudiese con él, que eran muchas, pero lo que deseaba es despertarme a su lado, sintiendo su cuerpo desnudo al lado del mío y sobre todo sintiendo esa virilidad matutina que tienen la mayoría de los hombres. Os juro que me desesperaba, pero tenía que controlarme y estaba segura de que llegarían días mucho mejores.

La vida puede ser muy cruel y mostrarte su peor cara en el momento más insospechado. Yo estaba a punto de cumplir 28 años Joel ya tenía 25. Yo había terminado mi carrera y había encontrado un trabajo bastante cómodo y bien remunerado gracias a mi madre y que compaginaba el trabajo en oficina y el teletrabajo. Mi hermano prestaba un servicio remunerado también en una fundación que ayudaba a niños y jóvenes con minusvalías. Bien hasta aquí todo era correcto y normal, nosotros seguíamos muy enamorados y nuestra relación seguía adelante sin problema. Pero una llamada cambió nuestra vida en décimas de segundo.

—Hola eres Andrea.

—Si soy yo, ¿Quién eres?

—Soy un compañero de tu madre. Estábamos en una reunión y tu madre se ha sentido indispuesta, se la acaban de llevar al hospital en una ambulancia, te doy el teléfono de la persona que la acompaña.

Me puse muy nerviosa, llamé al teléfono que me dieron y una mujer me dijo el hospital a donde habían llevado a mi madre. Para cuando llegué, solo pudieron confirmarme el fallecimiento de la persona más importante en mi vida. Mi madre había muerto por un aneurisma cerebral y Joel y yo nos habíamos quedado solos en la vida.

Aunque en un principio me bloqueé y estaba perdida, fue pensar en Joel y tomar las riendas de la situación. En principio pensé que nos habíamos quedado sin el principal sustento que era el alto sueldo de mi madre, pero más adelante supe lo equivocada que estaba y como mi madre había pensado en todo previsoramente.

Una vez terminó el entierro, empezaba nuestro día a día sin nuestra madre. Antes de subirme al coche que nos llevaría a nuestra casa se acercó un hombre de apariencia agradable y nos dio el pésame.

—Hola Andrea, siento mucho lo de tu madre. He sido su abogado desde que vuestro padre os abandonó, dijo dándome una tarjeta. Necesito que nos reunamos cuanto antes para empezar a arreglar todos los papeles que os garantizaran vuestra vida sin problemas económicos…Y otra cosa, dijo mirando a su alrededor, no consientas que nadie te engañe con falsas esperanzas de apoyo. No olvides llamarme.

De momento en mi poder tenía todas las tarjetas de crédito y ya sabía que en su cuenta corriente había mucho dinero, pero lo que no encontraba eran sus llaves de casa y las de su coche que todavía estaba en el aparcamiento de la que fue su empresa.

Cuando llegamos a nuestra casa, vimos que la hermana de mi madre junto a su marido y sus dos hijos, abrían la puerta principal y se metían dentro de nuestra casa. Eso me puso de muy mal humor y bajé rápidamente del coche. Cuando entré en mi casa solo mi tío rebuscaba por el salón, ni mi tía ni mis primos estaban con él.

—¿Qué se supones que haces en mi casa tío?

—Yo…tú…tu tía nos dijo que…

—Llama a todos ahora mismo. Dije muy cabreada.

Cuando tuve a los cuatro delante de mí, vi como del bolso de mi tía sobresalía el ordenador portátil de mi madre, me pareció patético lo que pretendían, eran como carroñeros intentando sacar algo de tajada.

—¿Cómo se supone que habéis entrado en mi casa?

—Esta no es tu casa, es la de tu madre todavía y yo soy su hermana, tengo todo el derecho del mundo a estar aquí. Además tu madre me dio en su día un juego de llaves por si ocurría algo.

—Tía, no te equivoques, dije esbozando una sonrisa, si algo he tenido claro en esta vida es que mi madre no se fiaba de ti y no te dejaría unas llaves de su casa ni en sueños. Ella y yo hablábamos mucho y me contó muchísimas cosas sobre su familia y sobre todo de su hermana.

—Cariño, no te das cuenta de que somos tu única familia y estamos aquí para ayudaros. Dijo en tono maternal.

—¿Perdona tía? ¿A qué familia te refieres? ¿A esa familia que en años y años no quiso saber de nosotros? ¿O a esa familia que ni quiso venir a cumpleaños y comuniones alegando compromisos ineludibles? La familia a la que creo te refieres nos dio de lado según se enteró que había un niño con minusvalía y esa, te lo aseguro, la quiero muy lejos de mí y de mi hermano.

Cuando terminé de decir eso, saqué mi móvil y llamé a la policía y al abogado de mi madre. Tanto mi tía como mi tío se pusieron blancos y me pidieron perdón, dejando sobre la mesa todo lo que habían robado de la habitación de mi madre y de las nuestras, quedé sorprendida de la velocidad para desvalijar una casa.

Con la policía en mi casa y nuestro abogado, encontramos las llaves de casa de mi madre y las llaves de su coche en el bolso de mi tía. Se les denunció por allanamiento de morada, robo y no sé cuántas cosas más. Sabía que eso nos distanciaba aún más, pero después de tantos años, ni los iba a echar en falta, además, estaba segura de que de esa bruja no podíamos esperar nada bueno.

Cuando nos reunimos con nuestro abogado y nos informó de todo casi me echo a llorar. Al abandonarnos mi padre, mi madre contrató un seguro de vida que tenía una prima de diez millones de euros en caso de fallecimiento por causas naturales, aparte de un fondo de inversión millonario y otros dos con menos dinero pero que nos aseguraba el futuro económicamente. Aparte nuestro abogado nos informó que mi hermano recibiría una pensión de orfandad vitalicia por su minusvalía. Ese hombre nos ayudó a arreglar los papeles de la herencia de mi madre y poner las escrituras de la casa a mi nombre y la de mi hermano.

Bien con todo esto ya arreglado empezamos la parte más difícil, el hacer nuestro día a día sin nuestra madre. Al principio fue complicado, la echábamos mucho de menos y se nos hacía difícil el esconder nuestros sentimientos. Fueron días muy difíciles en los que Joel y yo nos dimos mucho cariño y mucho apoyo pero sin llegar a más. Yo echaba de menos todo de Joel, me mentalizaba que nuestra madre nos vería desde el cielo y se revolvería en su tumba, pero amaba a mi hermano y lo que tanto deseaba ahora lo podría llevar a cabo. Tomé las riendas de nuestras vidas, reformé y cambié todo el mobiliario de la habitación de mi madre y compré una de las camas más grandes que encontré. Cuando todo estuvo terminado llevé a mi hermano a la habitación que fue de nuestra madre y dejé que entrase y mirase todo.

—Cariño, quiero que a partir de ahora esta sea nuestra habitación. Quiero que durmamos juntos y que seamos una pareja como siempre hemos deseado. Le dije agarrando sus manos y dándole un suave beso en sus labios.

—Entonces…entonces ¿Esta noche no voy a dormir en mi cama?

—¿Quieres dormir en tu cama? ¿O dormir conmigo, los dos desnuditos? Dije juguetona.

Mi hermano me miró con esa sonrisa que me derretía y me abrazó fuertemente besándome con pasión. Esa noche creo que más que follar hicimos el amor y nos dormimos muy abrazados, pero al amanecer, eso sí que fue follar. Joel me reventó el culo y el coño y me fui a trabajar chorreando semen aún habiéndome duchado. Así daba gusto empezar el día.

Ya llevábamos dos años haciendo vida de pareja y las cosas no podían ir mejor. Yo había cumplido ya 30 años y Joel tenía 27. La vida con él era muy fácil y aunque se notaba esa falta de decisión en muchos aspectos y dudaba mucho de las cosas que no conocía, amaba su manera de ser porque en los momentos muy importantes sabía lo que hacer sin dudarlo y me dejaba sorprendida.

Económicamente vivíamos mejor que bien, sin derrochar, nos permitíamos muchos lujos y sobre todo nos gustaba pasar los fines de semana en hoteles, casas rurales y spa’s, donde nadie nos conocía y podíamos ir abrazados como una pareja normal. Como os digo llevábamos una vida increíble que se vería alterada de forma drástica.

Una tarde de otoño, me encontraba sola en casa. Joel estaba en la fundación, preparando una excursión que tendría lugar al día siguiente. Llamaron al telefonillo de la cancela exterior y me dispuse a ver quién era. Era una mujer con pintas de mendigar, seguramente pidiendo dinero, por lo que no quise abrir, pero ella insistió una segunda y una tercera vez.

Molesta por su insistencia, Sali al exterior para llamarla la atención, pero cuando llegué a la cancela me quedé helada. Isabel, Isi, estaba de pie junto a una niña que no tendría más de cinco años. Cuando la miré supe enseguida que era hija de mi hermano, rubita, cara angelical y unos tremendos ojos azules que miraban todo con curiosidad.

—Hola Andrea.

—Isi…¿Eres tú? ¿Qué te ha ocurrido? Pregunté asustada.

—Se que me prohibiste entrar en tu casa, Pero te importaría que hablásemos dentro, es importante.

—Claro, como no. Contesté impactada.

Cuando abrí la cancela la invité a pasar y vi como andaba, se me cayó el alma a los pies. Era como una anciana de 90 años, consumida, encorvada y arrastrando el paso. Cuando llegamos al interior de la vivienda, Isi llevó al sofá a esa niña y me pidió permiso para poner el canal de dibujos animados.

—Cariño, quédate aquí viendo la tele, esta señora y yo tenemos que hablar.

La niña obedeció sin rechistar, se quitó sus zapatos y descansando su espalda en un cojín se sentó a lo indio y sonriendo se puso a ver los dibujos. Isi me agarró del brazo y me llevó a la cocina, para tener algo de intimidad. Cuando nos quedamos a solas se lo pregunté:

—Pero por Dios Isi, ¿Qué te ha pasado? no te reconozco.

—Elegí el camino equivocado, dijo Isi mientras me dejaba ver sus brazos llenos de pinchazos.

En esos momentos quise abrazarla, pero el dolor por lo que hizo todavía era muy grande y por algún oscuro motivo seguía sin fiarme de ella. Además era drogadicta, quien me decía que no estaba allí para conseguir dinero.

—No he venido a hablar de mí. Solo te diré que un montón de malas decisiones en mi vida me han llevado donde me encuentro ahora. De quien quiero hablar es de Laura, mi pequeñina. Es mi hija y bueno…la hija de Joel. Andrea no me voy a andar con rodeos, me muero, aparte de la drogadicción tengo un raro caso de cáncer muy agresivo, los médicos me dan un mes a lo sumo dos de vida y necesito saber que Laura va a estar en un buen hogar con su padre y su tía.

—Te has vuelto loca, no te puedes presentar así en mi casa y decir que es hija de Joel, a saber a cuantos te has follado para que te pudiesen preñar y desde luego no nos vas a colgar el mochuelo. Dije enfadada.

—Bueno, después de lo que hice no me extraña que no me creas, pero espera, dijo abriendo su bolso y sacando una carpeta. En esta carpeta esta todo. Partida de nacimiento de Laura, sus visitas al pediatra, cartilla de vacunaciones, libro de familia y lo más importante una prueba de ADN que te garantiza que Laura es hija de Joel al 100%

—Ya, ¿Y pretendes que me lo crea? Y dime, ¿De dónde has sacado las muestras para el análisis?

—Imagino que no habrás olvidado el fatídico día que Joel y yo…Bueno cuando Sali de tu casa no me quedó más remedio que ir a urgencias. Sangraba muchísimo y casi no podía andar, y bueno, los médicos llamaron a asuntos sociales y a la policía y de mi culo, mi tanga y mis pantalones, sacaron muestras de ADN del semen y de pelos púbicos, muestras que me quedé por qué no quise denunciar nada aduciendo que fue un acto consentido y que me sirvieron para cuando nació mi hija asegurarme que Joel era su padre.

Estaba en shock. Era más que evidente que Isi sabia a ciencia cierta quien era el padre, y aunque fue algo no buscado y fue una violación en toda regla por lo menos para mí, una preciosa niña estaba en el mundo y era la hija de mi hermano y la que en su día fue mi mejor amiga.

—Lo único que te puedo decir Andrea que si no me crees, manda hacer otra prueba de ADN veras como no miento, ahora ya no, te lo aseguro. Y ahora me tengo que ir, en esa carpeta tienes todo lo que hace falta para que conozcas a tu sobrina y si tenéis alguna duda tenéis el nombre del pediatra, él os informara de todo.

Vi como Isi se iba a donde estaba su hija y se arrodillaba delante de ella. La niña enseguida se bajó del sofá y se abrazó a su madre con cariño.

—Mi vida, dijo Isi, mamá se tiene que ir de viaje muy lejos y quizás tardes un tiempo en verme, pero recuerda que siempre me llevaras en tu corazón. Te quiero mi amor.

—NOOOO MAMÁ, NO ME DEJES AQUÍ, YO QUIERO IR CONTIGO. Exclamó la niña llorando.

—Mi amor, a donde yo voy no puedes venir conmigo, pero en cuanto pueda vuelvo a por ti, dijo Isi al borde del llanto. Ahora te vas a quedar con papá y la tía Andrea, veras como te lo pasas muy bien

Isi la cubrió de besos y con lágrimas en los ojos se fue a la salida y en un susurro me dijo:

—Cuídala como si fuese tuya.

La vi desaparecer por la calle, con paso torpe, arrastrando los pies cansinamente y mirando desconfiada para todos los lados. Cuando cerré la puerta no era consciente que mi vida, nuestra vida había dado un giro brutal de 180º. Tuve que reaccionar enseguida, debía de ir a buscar a mi hermano, pero no podía, no tenía sillita de niños para el coche. Así que llamé a mi hermano y le dije que le mandaba un Uber, que yo no podía ir a buscarle. Se molestó un poco pero se lo dije para que se tranquilizase.

—Mi amor, cuando vengas verás la sorpresa que tengo para ti.

—¡¡Una sorpresa!! Me gustan las sorpresas. Dijo mi hermano ilusionado.

—Esta, va a ser la bomba, ya verás. Dije con sarcasmo.

En el tiempo que tardó mi hermano en llegar, mi ahora sobrinita, se dedicó a enseñarme su maletita de Hello Kitty y las cosas que su mamá le había puesto. Tenía su ropita, su cepillo de dientes y su ropita interior, calcetines y sus deportivas, según ella muy chulas. La niña era un primor y yo me estaba derritiendo con ella aun sabiendo en el lio que nos había metido Isi. El caso es que no sabía cómo encauzar la conversación cuando viniese Joel y preguntase quien era esa niña.

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