MOISÉS ESTÉVEZ

Estaba dispuesta a reprimir sus sentimientos. El trabajo que había
aceptado así lo requería, dada la vinculación indirecta que tenía con la víctima.
Esta, había aparecido atada de forma perversa en un sucio callejón de la parte
alta de la ciudad, con el rostro casi irreconocible por la cruel paliza que como
confirmaría posteriormente el forense recibió ante mortem, los dedos cortados,
todos, por no hablar de dientes, costillas, huesos rotos…

  • Si no hubiese llevado el pasaporte encima estaríamos en blanco con
    su identidad. – Le dijo uno de los pocos contactos que le quedaban en la
    policía, cuando le informó de quién se trababa respondiendo de forma
    desinteresada a su peticionaria llamada.
  • Gracias Bryan, te debo una. –
    Tenía que reconocer su palpable afectación, que le costaría lo suyo
    trabajar en el caso, pero no podía permitirse el lujo de rechazar la generosa
    minuta que aquel misterioso individuo le ofreció a las primeras de cambio
    cuando le propuso la tarea de descubrir quién o quiénes estaban detrás del
    brutal crimen…

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