ALMUTAMID

Dudé si ir a clase o no, pero como no me iba a dormir me duché para quitarme de la polla el olor a las babas de Dani y me fui a la facultad. Era el último día de clase antes de las vacaciones y aprovecharía para despedirme de mis amigas. Tenía que llevar muy mala cata pues al verme en clase Marta lo primero que me dijo fue:

-Menuda juerga os tuvisteis que correr anoche. Vaya carita que traes.
-Mucho alcohol y dormir poco.-me justifiqué.
-Ya veo, jajaja. Oye. Enhorabuena por el partido. Eres el mejor y te echaste encima al equipo. Seguro que no se va a hablar de otra cosa en la facultad. Que buena pareja haces con Dani…

Evidentemente se refería a pareja de juego en el equipo, pero en mi mente reaparecieron otros recuerdos haciéndome tragar saliva e incluso provocándome algo de mareo y nauseas. Marta se dio cuenta. Yo me justifiqué con la resaca, pero en verdad me sentó tan mal el pensamiento y el comentario de mi amiga que terminé vomitando el desayuno en un baño de la facultad mientras Marta me esperaba preocupada fuera.

Aun así me quede en clase recibiendo felicitaciones por todas partes de compañeros y especialmente de nuestras hooligans de los jueves. Me vino bien tanto cariño. De hecho intenté centrarme en los pensamientos referentes a la vuelta de Luisinho e intentar olvidar la imagen del capitán del equipo comiéndome la polla. ¿Qué pensaría toda aquella gente si supieran lo que había pasado tras el partido?

Por más que lo intentaba no me lo quitaba de la cabeza. De todos modos esa misma tarde, Viernes de Dolores, regresaba a mi ciudad para la Semana Santa y me serviría para reordenar mis pensamientos y aislarme del ambiente que en ese momento veía pernicioso.

Y es que no había podido dormir intentando analizar todo. ¿Soy gay? Claro que no. Me encantan las tías y he metido la pata más de una vez por un polvo. Entonces ¿qué había pasado? Yo no había tocado a Dani pero había dejado que él me tocara a mí. Joder, y lo del gimnasio. ¿Aquello era una sauna gay? Pero si el propio Dani tenía novia y se zumbaba a toda la que podía. Mi construcción mental basada en un mundo de opuestos se derrumbaba. No vivía en un mundo de heterosexuales puros u homosexuales como Ángela. Había gente como Dani para quien sexo y amor eran dos esferas diferentes. No sé si quería a su novia. Nunca hablaba de ella. Pero estaba claro que era un adicto al sexo, lo mismo le daba tirarse a Blanca, que montarse un trío o comerle la polla a un tío. Y por lo que me había dejado caer en su gimnasio era lo más común que acabaran enrollándose dos tíos por puro vicio.

No iba a entrar en juicios profundos de la moralidad o conveniencia de aquella actitud sexual, especialmente referente a la cornamenta de dimensiones colosales que debía tener la novia de Dani. El engaño era lo peor. Lo sabía de sobras. Era lo que había roto mi relación con Claudia. Pero ¿y su liberalidad de comer carne y pescado? Me había tentado tocándome y como no me había ido se dio su festín con mi polla tragándose mi semen. Era simplemente vicio. Sexo vacío sin más objeto que el placer corporal pero alejado totalmente de otro tipo de trascendencia. O sea, todo lo contrario de lo que me había pasado a mí hasta ahora salvo con Blanca, que nunca llegó a inspirarme más atracción que el puro deseo sexual. Pero al final un contacto físico tan íntimo me llevaba a sentimientos hacia la otra persona. Por eso me confundí con Nieves.

Pero ¿por qué me había dejado seducir por Dani? ¿Por qué no salí huyendo? ¿Soy moña y no lo sabía? ¿Por qué me empalmé en cuanto me tocó y sentí morbo por momentos? Joder, si hubiera sido capaz de apartar mis prejuicios hasta habría disfrutado de la mamada de Dani, profunda y succionante. Y lo que más me llamaba la atención, él se había corrido saboreando mi semen. No, no. Era demasiado. No conseguía procesarlo. No soy gay. Lo sabía. Pero ¿había abierto Dani una puerta a mi sexualidad que yo desconocía? ¿O simplemente es que mi cuerpo reaccionaba ante estímulos físicos independientemente de donde vinieran?

Marta me miraba extrañada en clase pues mientras ella tomaba apuntes yo me quedaba pensativo intentando asimilar lo que había pasado. Y esta vez de nuevo me lo iba a comer yo solo. No podía contárselo a nadie de verdad. Porque si ni yo mismo era capaz de comprenderlo mucho menos alguien de mi entorno. Así se me fue la mañana hasta la hora de comer. Mientras Miriam y Marta hablaban sobre sus vacaciones yo guardaba silencio. Marta me observaba. Me conocía lo suficiente como para saber que algo estaba carburando en mi cabeza.

Yo ya al menos me autoconvencía de que ya era agua pasada. Que iba a estar alejado de allí unos días disfrutando de las procesiones y con gente diferente. Aunque aun no tenía claro con quien iba a salir. El año anterior iba con Viqui. Pablo salía un rato pero no era de ver procesiones mucho tiempo. Se paraba a cada rato a tomar café o cerveza mientras que yo quería ver todas las hermandades. Alba congeniaba conmigo en eso por lo que habíamos hablado, así que parecía una buena compañera para los próximos días y alguno más de mis amigos se uniría. Me vendría bien para olvidar lo sucedido en las últimas semanas.

Tras comer Miriam se despidió y acompañé a Marta a su casa pues compartíamos tren hasta mi ciudad, donde yo me bajaba y ella continuaba hasta la suya. Así que pasamos por su casa a por su maleta, ella me acompañó a la residencia a por la mía y juntos fuimos andando a la estación. Teníamos 3 horas y media de camino hasta mi ciudad. Al sentarnos en el tren me quedé dormido al fin.

Como a media hora de mi destino me desperté. Marta me sonrió al ver que me desperezaba.

-Buena resaca ehn…
-Mmmmmm. No había dormido nada.
-Pero algo más tienes. Llevas todo el día muy raro, Luis. Con lo eufórico que estaba ayer.

Tenía que darle una respuesta así que me acerqué a ella . Pero ¿cómo iba a contarle lo de Dani? Casi susurrándole para que no nos oyeran le dije:

-Marta, dame un beso.

Me regaló una sonrisa casi maternal y me besó en la mejilla.

-No. Un beso de verdad.

Su cara cambió y poniéndose seria me respondió:

-Pero ¿tú estás tonto?
-Que no es eso, mujer.
-¿A qué viene eso?

Miré a los lados. El vagón estaba ya casi vacío pues había ido dejando sobre todo estudiantes por cada estación en que el tren paraba. Tragué saliva y le dije:

-Tengo un problema.
-¿Y qué problema es ese que se soluciona con un beso mío?

Bajando la voz todo lo que pude le dije al oído:

-Marta, no se me levanta desde hace varios días.

Mi amiga pasó del estupor a la risa tonta.

-Pero ¿te has enrollado con alguien?-preguntó.
-No.
-¿Entonces?
-Tú sabes que yo por las mañanas…
-Jajajaja.-Marta reía con una risa preciosa que lejos de molestarme amenazaba con contagiarme.-Ains, pero que tontín eres, de verdad. ¿Por eso estás así de verdad? ¿Y para qué quieres que te de un beso?
-Hija, si una tía buena como tú me da un beso y eso no va, es que estoy en las últimas.
-Jajajajajajajajajajajajajaja.
-Marta.-la llamé haciéndome el ofendido- Que para mí es importante.
-¿No será un truco?
-Ni que fuéramos a echar un polvo. Sólo es un beso.

Marta se quedó pensando un instante y sin esperármelo de golpe me dio un pico retirándose como si hubiese cometido una travesura.

-Eso no es un beso…-dije.
-Ains, Luis de verdad. En que líos me metes…

Entonces acercó su cara a la mía y me besó. Ya no recordaba la dulzura de su boca y la sensación me llevó a momentos muy agradables del pasado. Me quedé un momento sintiendo sus labios y jugando con ellos hasta que mi amiga se apartó.

-¿Qué tal? ¿Algo?- preguntó mirándome al paquete con las mejillas totalmente encendidas.
-Nada. Creo que necesito más.

Fue a quejarse pero antes de que ocurriera le planté un beso en la boca. Esta vez busqué su lengua con la mía y Marta la aceptó enlazándonos en un largo beso en el que aproveché para pasar un brazo por detrás de su espalda y otro por su cintura. Estuvimos un buen rato comiéndonos la boca hasta que Marta de nuevo se separó.

-¿Funciona?
-Creo que sí, pero espera…

De nuevo atrapé su boca y nos fundimos en un beso dulce con lengua. Pude aspirar su olor recordando de nuevo los momentos vividos casi un año antes. Verdaderamente me gustaba esa chiquilla. Nuestro fin prematuro y Claudia la eclipsaron pero me daba cuenta de que en el fondo siempre me había gustado. De nuevo Marta se soltó de mí. Tenía las mejillas tan subidas de tono que parecía que le iba a dar un sofoco.

¿Y ahora?- preguntó de nuevo.

Con descaro atrapé su mano y la apoyé sobre mi erección. Marta la apartó como si se quemara y me empujó.

-Luis, idiota. Que no me gustan esos juegos.
-Perdón. Sólo quería que supieras que me has curado.
-Eres tonto, de verdad.
-¿Tanto te ha molestado besarme?
-No es eso. Y tú lo sabes.
-Bueno- puse paz- perdóname y muchas gracias. Me has ayudado mucho.

Y era cierto pero por otro motivo. Besarla y notar como disfrutaba de sus labios y como algo crecía en mis pantalones había despejado gran parte del nublado que cubría mis pensamientos desde la noche anterior.

Aunque la despedida en el tren no fue tan placentera, pues Marta me hizo una cobra de campeonato cuando quise darle un último beso, las sensaciones eran muy positivas. Aspiraba el aire húmedo de mi ciudad con todas las dudas resueltas en mi cabeza. Ya habría tiempo de explicarle a Dani que eso no iba a ocurrir más si es que surgía la oportunidad, pero el beso de Marta me había devuelto dos recuerdos maravillosos: la dulzura de un beso de mujer y, más concretamente, de Marta.

Su rubor en las mejillas, la caída de ojos, la suavidad de sus labios y su enfado inocente cuando le puse su mano en mi paquete me devolvían recuerdos de un pasado casi olvidado después de mi relación con Claudia. ¿Realmente Marta seguía colgada por mí? Pero ¡si había dormido dos veces conmigo y no pasó nada!. O quizá sí. ¿Realmente se abrazó a mí sin darse cuenta? ¿O aprovechó que me tenía al lado? No. Eso es más propio de un tío que de mi amiga. Pero su vergüenza al ser descubierta parecía intentar ocultar que en el fondo deseaba ese abrazo.

Incluso cuando le pedí que me abrazara se quedaba con la cabeza echada en mi hombro acariciando mi pecho. Ella sabe mejor que nadie cuanto me gusta que me acaricien el pecho. No hay mejor final para un polvo mañanero, pero dudo que ella en ese momento pensase en algo así. Simplemente apoyaba a un amigo que lo pasaba mal con muestras de cariño.

Quizá esa era la clave. Huía de cualquier asomo de sexo pero siempre estaba dispuesta al cariño. Nunca huía de un abrazo ni de una caricia amable. Eso sí. Cuando se daba un paso más siempre se apartaba, incluso con malas formas. Pero ese día no. La verdad es que era una tontería. Así sería mi mala cara para que accediera a besarme. ¿Qué habría pasado si no la cago apoyando su mano en mi erección. ¿Habríamos seguido besándonos?

Su rubor no podía ser vergüenza. Nos habíamos visto desnudo, follado y más…No era esa vergüenza. Era…era, sí. Eran sentimientos. ¿Cómo no me había dado cuenta?

Y lo mejor es que me sentía bien. Me gustaba Marta. Siempre había tenido la habilidad de aparecer cuando más lejos sentía a Claudia. Cuando veía imposible salir con ella y, de nuevo, ahora cuando habíamos roto y no estaba claro el horizonte. No habíamos vuelto a pelear, ni yo había insistido con el tema. Pero desde el trío sentía a Claudia más lejos que nunca. Y sentía que Marta la estaba terminando de apartar.

Mientras iba en el autobús a mi casa perdido en estos pensamientos recordé que a Marta le quedaba una hora de viaje y le escribí un mensaje.

-Gracias.
-Idiota.-respondió al minuto.
-Ya te he pedido perdón. Pensé que querrías saber el efecto de tu cura.
-Eres un verdadero idiota. ¿Cómo se te ocurre pensar que te quería tocar la polla?
-No, no. De verdad. No pensaba en eso. Si ya casi me tenía que bajar. Créeme. Es que quería que supieras que era verdad, que no te estaba engañando.
-Pues me ha sentado muy mal.
-Por eso te doy las gracias y a la vez te pido perdón.
-Ya estás perdonado. Pero…

Marta no había terminado la frase. Estaría pensando en que poner después de ese pero. Aparecía que escribía pero no terminaba la frase. O estaba escribiendo una parrafada o no sabía como explicarse. Mi parada se acercaba y escribí:

-Me he cargado un momento bonito ¿verdad?

De nuevo no terminaba de mandar un mensaje. Me bajé del autobús y ya llegando a casa recibí su mensaje.

-Tengo que bajarme del tren. Ya hablaremos.

Respondí con un “OK” y dos besos. Estaba claro que no se mojaba. Pero me había besado. Y eso ya no se me olvidaba.

Aquella noche no salí pese a que mis amigos me reclamaban pero estaba reventado. Una ducha, cena con mis padres y acostado temprano. Pude dormir como un bendito hasta media mañana del sábado. Ahí retomé el contacto con mis amigos: partidito de fútbol sala, cerveza, planes para la semana. Buena terapia para mis excesos de las últimas semanas. Incluso para mi despedida de Marta. Cambiar de aires en ocasiones viene bien para despejar la mente y ver las cosas con perspectiva. Empezaba la semana con optimismo.

Al mediodía me llamó Alba. No me esperaba su llamada pero cuando me ofreció el plan que me comentó la entendí perfectamente. Me invitaba al traslado del Cristo de su hermandad al paso. Para los que no conozcan esta ciudad, las hermandades viven a lo largo del año una serie de cultos y capítulos generalmente rodeados de una liturgia muy barroca. El uso de la luz de las velas, el incienso y la composición teatral de las escenas dota estos actos de cierto misterio, pero especialmente si ello iba acompañado de música barroca generalmente de órgano y algún solista. De todos esos cultos y actos los más relevantes de la vida de la hermandad suelen ser aquellos que se celebran en los días más cercanos a la Semana Santa.

Alba quería ir pero ninguna de sus amigas la acompañaba así que pensó en mí después de las largas charlas que habíamos tenido en el puente. Por supuesto que acepté la invitación. Iríamos al traslado y después nos uniríamos al grupo para salir de marcha.

Me arreglé con unos chinos y una camisa con el clásico jersey sobre los hombros y me fui a recogerla a su casa, tan cerca de la mía. Alba se había puesto un conjunto negro de pantalón y chaqueta con una blusa. Estaba muy elegante y muy guapa. Con el color negro conseguía disimular sus anchas caderas y recoger su pecho. Un ligero toque de maquillaje y el pelo bien peinado. Estaba claro que esta chica sabía sacar provecho estético de sus perfecciones y sus imperfecciones. Sí me llamó la atención que llevaba la blusa más abotonada que de costumbre. Supongo que sería por el lugar donde íbamos.

Fuimos andando hasta la iglesia, en el centro de la ciudad, contándonos lo que habíamos hecho desde la última vez que nos vimos. No todo claro. Bueno, casi todo. Porque le conté la marcha en la liga del equipo, los resultados de exámenes que habían ido llegando y le dije que había hecho un trío. Puso una cara muy rara, de desconcierto y lo descarté diciendo que era una broma, pero no le hizo mucha gracia el comentario. Se ve que no había confianza para ese tipo de bromas aún. Si supiera que había sido verdad…

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