FALDON

¡Por fin vacaciones! Había llegado el mejor momento del año. Eran las 9 de la mañana y ya teníamos todo listo para partir. La verdad es que los dos solos tampoco necesitábamos mucho equipaje. Un par de maletas y todo listo para emprender el viaje. La costa de Almería sería nuestro destino este año.
Nos sentamos a desayunar a la terraza del bar de casa antes de ponernos en marcha. Dos cafés y dos tostadas. Mientras ella terminaba la observaba. No sé si es cosa mía o todos opinarían igual que yo pero desde luego que Ana, mi novia, me parecía cada día más atractiva. A sus 28 años lucía un cuerpo espectacular. A pesar de no ser muy alta, si que mantenía un cuerpo bien cuidado, con unas piernas y un culo firme, y un pecho que atraía la mirada de cualquiera. Era grande sí, no descomunal, y quizás un pelín caído por el peso, pero desde la primera vez q la vi, los ojos se me fueron directos. Además su melena y su piel morena la daban un toque exótico combinado con esos ojos verdosos. Mientras apurábamos el cigarro pensaba en la suerte que tenía de tenerla.

  • Cariño, estas vacaciones solo quiero que descansemos y disfrutemos. Nada de preocupaciones – me dijo sacándome de mis pensamientos
  • Por supuesto, de eso se trata. Además ya he estado viendo la zona. Hay muchas playas vírgenes y calitas preciosas por la zona. Llevo todo el equipo de snorkel.
  • Ya sabes que yo de eso paso. Llevo mis libros para relajarme mientras tú lo haces
  • Claro mi amor. Tú descansa y disfruta que es lo que te mereces.

Por fin cogimos el coche y nos pusimos en marcha. Ana conduce habitualmente pero en los viajes prefiere que lo haga yo. A mí no me importa aunque he de reconocer que es un peligro porque a veces me quedo embobado mirando sus muslos con esos vestiditos cortos. Un par de paradas por el camino y cuando ya faltaba poco para llegar recibió la llamada de su amiga Lucía. Era su amiga del alma, el diablillo de amiga que casi todas las chicas tienen y con las que hacen locuras en sus primeros años de juventud, atractiva, simpática pero también una chica egoísta que puso bastantes problemas cuando Ana empezó a salir conmigo.

  • Que no tía, que tengo que descansar, tu pásatelo bien – Le decía Ana mientras se oía levemente a lucia por el otro lado del teléfono – Estás loca – le seguía la conversación entre risas – Anda por favor, ten cuidado que tienes mucho peligro tu… Siii, haré locuras no te preocupes… Un besazo Lu, te quiero.

Seguí conduciendo esperando a que Ana me contase su conversación. Siempre me contaba todo lo que hablaba con ella, o al menos eso creía yo.

  • Esta Lu, pues no se va de vacaciones con dos italianos que conoció hace un mes de fiesta – me explicó sonriendo
  • Bueno, sabe cuidarse solita. Otra cosa no pero carácter tiene un rato
  • Encima me dice que me vaya con ella. Que así seríamos dos para dos. Ya le he dicho que está loca.

Me quede unos segundos callado. Pero entre Ana y yo había total confianza y la pregunté

  • ¿A ti te hubiera gustado ir con ella?
  • Pero qué dices – me respondió – ¿Cuándo has visto tú que haga yo algo así?
  • Bueno conmigo te viniste de fin de semana a las 2 semanas de conocernos. ¿Por qué no podrías ir con los italianos esos?
  • A ver no es lo mismo. A ti te conocía de vista del barrio. Aunque no habíamos hablado sabía quién eras. Pero con los tíos que conoces por ahí de fiesta hay que andarse con cuidado.
  • Yo si me iría con dos chicas que he conocido de fiesta – La dije intentándola picar
  • Serás cabrón – me dijo dándome un bofetada en el brazo – Le tenía que haber dicho que sí y que te fueses tu solo – me dijo riéndose
  • Seguro que lo pasabas bien. Ya sabes que me gusta que estés contenta.
  • ¿Me estás diciendo en serio me dejarías irme con ella?
  • Sí claro, porqué no. Si a ti te apetece no tendría inconveniente.
  • Yo desde luego que alucino contigo. Pues tú ten claro que yo no te dejaría irte con ninguna. Además yo no siento necesidad de ir con otros. Ya te tengo a ti.
  • No se trata de necesidad. Es solamente un poco de morbo a veces. Al final la rutina a las mujeres os hace bajar el morbo.
  • Pero que locuras estás diciendo – Me dijo con un tono más severo – ¿A ti te ha bajado el morbo desde que estás conmigo?
  • A ver, no quiero decir eso – Traté de excusarme – Solo digo que a veces lo nuevo causa morbo. Además mira la suerte que tengo yo – Le dije dándole un cachete en el muslo – Yo tengo lo más espectacular del mundo para mi solito. – Y subí la mano a una de sus tetas apretándosela.
  • Anda estate quieto y conduce – Me dijo quitándome la mano del pecho – Ahora intentas arreglarlo adulándome. Ya veremos si consigues que te haga algo estas vacaciones.

Por fin llegamos a nuestro destino. Eran ya las 15.30. Fuimos directamente a comer antes de recoger las llaves del apartamento. Terracita en el paseo marítimo. Ensalada, pescadito, un cigarro y a por las llaves. Por fin pudimos llegar a nuestro apartamento. La verdad es que las fotos no engañaban y el sitio estaba de lujo. Dos plantas, abajo el salón cocina con un jardincito que daba a la piscina comunitaria, y arriba la habitación y un baño enorme. Dejamos las cosas y nos fuimos a la cama a descansar un poco del viaje.
En cuanto nos tumbamos en la cama a mi me entro el morbo de estar en un sitio nuevo. Eso, la playa, el calor, la humedad, era algo que siempre me había puesto cachondo. En cuanto Ana se tumbo a mi lado solamente con su tanguita y una camiseta sin sujetador no pude aguantarme más. Suavemente me acerqué a ella me puse en modo cucharita para que pudiese notar mi erección y mis manos empezaron a hurgar por debajo de su camiseta. El tacto de sus tetas me volvía loco. Su piel suave. Esos pezones rosados no demasiado grandes y muy sensibles que sabía que tenía.

  • Mmmm, déjame que quiero dormir – Me decía haciéndose la difícil.
  • Es que sabes que me vuelven loco estas dos – le decía yo acariciándole suavemente las tetas

Empecé a jugar con sus pezones, tratándolos suavemente, como a ella le gusta. Pellizcándolos, y amasando sus tetas. En seguida ella se dio la vuelta y echó mano a mi polla.

  • ¿Ya estás así? – Me preguntó
  • Está contenta porque sabe que es hora de fiesta
  • Ah sí, ¿tan segura está? – Me decía comenzando a pajearme
  • Siempre sabe cuando la necesitan
  • Serás cabrón – Me dijo subiéndose encima de mí – Pues que sepas que me lo he pensado y lo mismo llamo a Lu y me voy con ella
  • Seguro que lo pasarías bien – Le contesté siguiéndola el juego – Aunque no creo que te atrevas.
  • No seas malo – Me dijo poniéndose mimosa y besándome

Nuestras lenguas empezaron a juguetear. A Ana le encantaban los besos. Se entregaba completamente a ellos. Estuvimos besándonos apenas unos segundos y ella se deshizo de la camiseta. Era un placer verla quitarse la camiseta de tirantes. Sus dos tetas subían junto con la camiseta para caer de forma pesada. Era todo un espectáculo. En cuanto se la quitó mis manos fueron como locas a ocupar el lugar de la camiseta. Ella continuó besándome y restregándose por encima de mi calzoncillo. Mi polla ya estaba durísima. Los besos cada vez eran más profundos. Solté sus tetas y me quite como pude el calzoncillo sin dejar de besarla. Ahora podía notar su coñito depilado y caliente a través de su tanga mientras volvía a la carga con sus tetas. Notaba la humedad de su coño en mi polla no aguante más y la eche con fuerza al lado de la cama. Me puse de rodillas sobre la cama y comencé a bajar su tanga. Me encantaba la dificulta que eso entrañaba. Primero la dificultad de comenzar a bajárselo mientras ella levantaba un poco el culo. Su perfecto chochito depiladito iba apareciendo poco a poco. Tirando un poco más el tanga iba quedándose pegado a sus labios. Me encantaba ese efecto de sus labios empapados y pringosos intentando retener la última prenda. Por fin me deshice del tanga y ante mi estaba el paraíso. Ella tumbada boca arriba, con las rodillas flexionadas, ligeramente abiertas las piernas. Su coño brillante de sus flujos con unos labios ligeramente salidos que te invitaban a comer. No aguanté más y puse mi cabeza entre sus muslos. El aroma de su excitación me embriagó saque la lengua y le di un lametazo recorriendo todo su coño. Un suave gemido por parte de ella era la señal de lo que quería. La encantaban las comidas de coño que le hacía. Echó el cuerpo para atrás y se dispuso a disfrutar.
Por mi parte he de reconocer que me encantaba comer el coño de Ana. Me podría pasar horas comiéndoselo. Su olor, su sabor… me volvían loco. Empecé a jugar con mi lengua en su clítoris, eso la encantaba. La ponía muy cachonda, y cuando ya estaba bien caliente, me dedique a alternar lamidas en su agujerito con jugueteos en su clítoris hasta que estalló en mi boca. Un profundo orgasmo de Ana que aprisionaba mi cabeza entre sus muslos mientras que con la mano apretaba mi cabeza contra su coño. Por mi parte me encantaba sentir esa sensación de quererme meter dentro de ella. Mi boca busco sus labios vaginales y prácticamente me morreaba con ellos entre un manantial de flujos hasta que note que ella liberaba la presión sobre mi y fui subiendo mi boca por su cuerpo para detenerme en sus tetas comiéndolas y sobándolas.
Mi polla ya pedía participar por lo que rápidamente empecé a restregar mi capullo por la entrada de su coñito. A ella le encantaba eso. Mi polla estaba totalmente dura. La humedecí bien y poco a poco fui introduciéndosela mientras ella la iba recibiendo con los ojos cerrados y la boca semiabierta. Una vez estuvo toda dentro, deje q se amoldara su coño a mi polla y empecé con un bombeo muy suave, de rodillas sobre la cama, lentamente, profundo… Esos embistes lentos pero profundos hacían que me pusiese siempre muy cachondo y muy guarro.

  • Vaya corridita que te has pegado en mi boca – La dije con voz de salido perdido
  • ¿Te ha gustado? – me decía ella también muy cachonda
  • Sabes que me vuelve loco. Cuando te corres así me puedes hacer cualquier cosa
  • Ah, ¿sí?, Pues estoy pensando en llamar a Lu y decirle que venga a por mí por darte un escarmiento.
  • Por mi llámala. Ahí tienes el móvil – Le dije con tono seguro y acelerando un poco el bombeo.
  • Estás tú muy gallito – Me dijo poniéndose chula – Tal vez te lleves una sorpresa conmigo.

Mi bombeo era cada vez más fuerte con la conversación y a Ana por su parte se le notaba igualmente cada vez más cachonda. Ella me giro sin sacarse la polla. Quedo encima de mí, en cuclillas, con mi polla dentro. Ahora llevaba ella el control. Se agarró a mi cuello y empezó a cabalgarme y a morrearme. Me encantaba eso. De vez en cuando se separaba y veía como sus labios vaginales engullían mi polla sin descanso. En un momento dado, sin dejar de cabalgarme, se separo de mi boca y me dijo

  • ¿Dices en serio que me dejarías irme con Lucía y los dos italianos?
  • Te juro que sí – Le conteste yo mientras notaba que ella aceleraba cada vez mas
  • ¿Tan seguro estás que no pasaría nada?
  • Confío plenamente en ti.
  • ¿Y en ellos?, ya sabes cómo son los italianos de sobones
  • Seguro que estarían babeando por tus tetas – Le dije sobándoselas bruscamente
  • Uff, ¿y a ti eso no te importa? – Me decía Ana totalmente cachonda
  • Comprendo que te las miren. Yo también las miraría si no fuese tu novio – Le confesé
  • Vaya pues me voy a tener que poner en topless este año – Me dijo con un sonrisa

Oírla decir eso me puso como una moto. Siempre me había dado morbo la idea de que hiciese topless en la playa pero ella nunca había querido.

  • Ya sabes que por mí no hay problema – Le aseguré y la morreé para confirmárselo
  • Pues puede que lo haga – Me decía ella entregándome su lengua

Estábamos salidos perdidos. Tanto yo como ella estábamos a punto de estallar. Ella lo notó y me avisó que dentro no. El maldito riesgo de embarazo. Ella no tomaba nada así que tuvimos q cambiar de posición. La puse a 4 patas en la cama y yo de pie en el suelo. Restregué un par de veces mi polla por su coñito y se la metí hasta el fondo. Sin contemplaciones. Un gemido salió de ella al notarla tan brusca. Seguí bombeando esta vez con fuerza. Ella por su parte metió la mano por debajo y empezó a masturbarse. Solamente oía el chapoteo de su coño y sus gemidos cada vez más acelerados. Miraba embobado su culito abierto. Igualmente sin rastro de pelos, perfecto, cerradito llamándome. Pero nunca me había dejado por ahí. Empecé a notar como su coño se contraía y sus gemidos se elevaban dándose una corrida como hacía tiempo que no la veía. Una liberación para mí que ya no aguantaba más. Saqué la polla de su coñito y apuntando a su culo comencé a pajearme para empezar a soltar leche como un loco por todo su ojete. Quedó todo cubierto de semen. Le escurría por el coñito y le llegaba a mitad de la espalda. Hasta que por fin paré y caí rendido sobre la cama.

  • Joder como me has puesto. – Me dijo riéndose – Ya veo que te ha gustado la idea
  • Ha sido bestial – La confesé intentando recuperar fuerzas.
  • Anda, voy al baño a limpiarme

Vi como se marchaba desnuda con ese culo firme lleno de leche. No aguante ni a que volviese y me quedé dormido….

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