HELEN ÁLVAREZ

Llegó la tarde, y ella estaba allí, en el mismo lugar y con los mismos sentimientos turbios que laceraban constantemente su corazón. ¿Veré el rostro de alguna criatura entretejida en mis entrañas? Le asedio la impotencia hasta no poder ocultarlo, su descontrol era evidente ante todos.

Cuán irritante puede ser caminar frente a un rival, sus burlas y acusaciones le mantenían con tanta tensión que no podía disfrutar el amor que le brindaba su amado.

Cuán profunda puede ser una raíz, creo que no podemos imaginarlo, minan tan hondo que suelen extenderse hacia otros terrenos, necesitan crecer, necesitan absorben algún mineral. Inofensiva y taciturna amargura; había crecido profundamente en ella.

Ana, para quién no era suficiente el amor, el cuidado y provisión de su amado, convulsionaba ante las ansias de tener un bebe. Sabía todo acerca de Él pero no había disfrutado un encuentro con ese Poder ilimitado y contundente, necesitaba un encuentro con su creador quién en medio de todo su caoz emocional gestaba un llamado imperioso.

Y sin poder resistirse ante el abrumante amor que le encuentra, envuelta entre sus torrenciales lagrimas, recibió sanidad en la profundidad de su alma, el desarraigue amargo de aquella gran raíz trajo consigo el milagro que durante años esperó. Se atrevió a traspasar las barreras, abrió sus ventanas para que entrará la luz, ventiló la vida en sus entrañas, liberó su angustia en el lugar correcto.

La sanidad inició cuando pudo soltar.

Algunas procesos parecen eternos, pero siempre tendrán su conclusión.

Sin embargo es importante tomar en cuenta que un diseño creado con medidas llenas de propósito no puede distorcionarse pues a la larga sufrimos las consecuencias y es ahí dónde la “gracia” aparece; un regalo inmerecido que nos conecta a nuestro verdadero destino.

No le pasemos por alto.

Jn 1:10-12 TLA

“Aquel que es la Palabra estaba en el mundo. Dios creó el mundo por medio de aquel que es la Palabra, pero la gente no lo reconoció. La Palabra vino a vivir a este mundo, pero su pueblo no la aceptó. Pero aquellos que la aceptaron y creyeron en ella, llegaron a ser hijos de Dios.”

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