MUSA

Me llamaron Luis

Las chicas se retiraron mirando extrañadas como Marta y yo, entre risas, empezábamos a preparar todo lo necesario para el asado. A esa altura de mi cambio, tomaba todo lo que tenía adelante como una oportunidad de aprendizaje. Lo bueno lo incorporaba y lo malo lo descartaba o lo aplastaba, sin puntos intermedios, sin prejuicios. Solo cuidando en lo posible, que la bestia en mi interior no lastimara a gente buena.

Mientras Marta iba trayendo todo lo necesario, prendí el fuego y arrojé el carbón, mientras la brasa se iba formando, desgrasé y salé la carne, corté las verduras y preparé en diferentes recipientes los ingredientes para las ensaladas, dejando para el final el aliñado.

Traje del trastero del jardín la mesa y las sillas y las deje dispuestas en su lugar. Finalmente coloqué los platos y cubiertos. A esa altura las brasas ya estaban lo suficientemente encendidas como para colocar la carne.

Marta, encantada con la preparación, me invitó a compartir la reunión. Al rato llegaron Sonia y Marga, las madres de las compañeras de Diana y amigas de años de Marta. Dos cuarentonas muy simpáticas  esposas de altos ejecutivos al igual que Marta, y en el caso de Marga muy pícara y lanzada.

-. Vaya, vaya, Martita que sorpresa nos tenías preparada, un Boy parrillero.

Entre risas me mostré con un torpe oscilar de cadera.

-. JA, ja, ja. Tu siempre lanzada, es un compañero de las chicas que se ofreció a  ayudarme por el plantón del parrillero.

-. Entonces le voy a tener que decir al novio de mi hija que se compre una gorro de acero, ja, ja, ja.

-. Es que lo piensas machacar ?

-. Noo, para que no le crezcan los cuernos. Ja, ja, ja

-. Que mala eres, si el niño es un buen chico.

-. Y quien dijo que era malo, ja, ja, ja. Al contrario se lo ve muy bueno ja, ja, ja

Comentando lo que me harían para desquitarse de los golfos de sus maridos, que en sus continuos viajes iban de puta en puta, entre risas y chicanas la reunión se fue extendiendo hasta media noche. Hora en la que se despidieron, no sin antes ofrecerme Marga con voz sugerente y mirada felina, ir a *descansar* a su casa porque era tarde para salir con la moto.  Deje pasar el nada sutil ofrecimiento y empecé a acomodar todo. Apagué el fuego, recogí las brasas y guarde mesas y sillas, mientras Marta llevaba la vajilla sucia para desocuparla de los restos y ponerla en el lavavajillas.

Cerca de la una de la mañana, teníamos todo impecable y me disponía a retirarme, cuando Marta me ofreció un trago y un café. Como no suelo beber, más si estoy con la moto, le acepté el café. Sentados bastante juntos en el sillón, Marta me tiró de repente…

-. ¿ Por qué no has ido con ella ? Es una mujer muy apetecible y muy lanzada.

Mirándola a los ojos le contesté

-. No lo he hecho por tres razones…Porque soy tu invitado y hubiera sido una descortesía, por razones personales y porque lo de apetecible, es un término muy discutible.

-. Y cuales son esas razones personales, si se puede saber. Me preguntó acercándose.

-. Que en este momento lo que más me apetece es estar acá contigo, pero no quiero ofender tu condición de mujer casada.

-. Esa condición ya la ofende mi esposo llevándose a los viajes a su secretaria.

Sin decir más, Marta me acarició la cara y me besó. Un beso suave al principio, beso que se fué tornando tórrido y pasional. Después de unos minutos se despegó de mí, me tomó de la mano y me llevó a su dormitorio. Entramos en una sala amplia, con vestidor y baño, coronada en el centro por una cama king size, sobre la que caímos abrazados después de desnudarnos mutuamente.

Nos acoplamos suavemente sin dejar de besarnos y con sus piernas amarradas a mis pantorrillas. Iniciamos una lenta y larga cópula, que después de muchos minutos,  nos llevó al éxtasis casi en simultáneo. Nos volteamos de costado frente a frente y acariciando mi mejilla, Marta me miraba concentrada…

-. Es la locura más bonita que he cometido en mi vida.

-. Y tu eres la mujer más dulce y delicada con la que jamás he estado.

Me volví a excitar y la volví a penetrar. De la misma forma, con la misma cadencia. No necesitábamos más, estábamos en éxtasis. Esta vez, estuvimos moviéndonos acompasados, viéndonos a los ojos y tuvimos un orgasmo explosivo. Nos bañamos juntos entre cariciasy nos acostamos agotados cerca de las tres de la mañana, previo asegurarnos de trabar la puerta.

Como a las seis de la mañana, escuché llegar a Diana e intentar abrir la puerta del dormitorio de su madre, después solo silencio.

A las ocho nos levantamos, me prestó un bañador de lycra de su esposo y bajamos a desayunar a la piscina hasta la hora que llegaron mis compañeras. Me miraron extrañadas, pero nadie preguntó nada. Me coloqué la remera y comenzamos a trabajar a las dos en punto. Le dedicamos una hora por carpeta y para las seis, hora en que las pasaban a buscar sus novios, habíamos terminado.

Cuando se fueron las tres, Marta fue a verificar que se hubieran marchado, trabó la puerta de calle y mientras volvía caminando y yo la esperaba en una tumbona, se fué sacando la ropa. Al llegar a mi lado, estaba completamente desnuda y yo también. Subió por el lado de mi cabeza y al llegar a mi polla, la tomó directamente con la boca. 

Con las manos apoyadas en los laterales de la tumbona y los pies en el piso, fue doblando las piernas lentamente, hasta plantarme el coño en la boca y empezar a restregarlo por mi cara sin presionar, mientras me hacía una mamada de campeonato. 

Concentrado en devolver con creces el placer que estaba recibiendo, me acoplé con los labios a su clítoris como una ventosa, provocándole un orgasmo inmediato, seguido del mío, que se tragó por completo. Cuando se dió vuelta, para besarme con los restos de su corrida en la boca, descubrí en la ventana superior el rostro descompuesto de Diana contemplando la escena excitada. 

El morbo que me provocó la visión, produjo mi erección inmediata. Decidido a darle un buen espectáculo le hice apoyar a su madre las piernas en el piso y haciéndole levantar el culo la penetré agarrándola de sus nalgas y manteniéndolas bien separadas. Le hice recorrer mi enterrado falo, arriba y abajo por todo su recorrido dándole a Diana, un espectáculo en primera fila. Habiéndome corrido recientemente, la tuve en movimiento un largo rato, logrando arrancarle tantos orgasmos que la dejaron baldada.

Quedamos abrazados un tiempo considerable, y sobre las diez, hora cercana al supuesto retorno de Diana, me bañé directamente en la ducha de la piscina y entre besos y arrumacos, subí a la moto, me abrió el portón y me marché.

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Descubrimiento

Diana regresó a las seis de la mañana un poco pasada de copas y a pesar de la insistencia de su novio, no accedió a sus requerimientos amorosos, debía levantarse temprano para terminar el puto trabajo de la gordita.

Al entrar a la casa le extrañó ver la moto en la cochera del parque. Subió con la intención de preguntarle a su madre la razón y se encontró con la puerta con cerrojo, cosa que nunca acostumbraba. Reviso por las dudas la habitación de invitados, pero estaba vacía. Finalmente se fue a la cama, con la idea de preguntarle a la mañana.

Se despertó al mediodía por las risas provenientes del parque, se asomó a la ventana y sorprendida, vio a su madre jugando en el agua con su compañero. Cosa que le chocó estando su padre de viaje. Si bien no compartían mucho últimamente, y sabía de buena fuente que su padre no era un santo, estaban en su casa y  le debían un respeto.

Se bañó, desayuno liviano por la resaca y a las dos de la tarde bajó a terminar el trabajo con sus compañeras recién llegadas. Luego pediría explicaciones a su madre.

Terminaron a las seis, hora en que las pasaban a buscar sus novios. Viendo que el Roto se sacaba la remera para volver a la piscina, se despidió de su madre y salió a la calle, le comentó a su novio que estaba mal del estómago, esperó unos minutos y volvió a entrar a la casa, dirigiéndose en silencio a su dormitorio. El espectáculo que presenció por la ventana le movió todas sus convicciones. Su madre estaba compartiendo una felación mutua, digna de la mejor película porno.

Se dio cuenta del preciso momento en que el Roto notó su presencia y le dedicó un fornicio que casi la hace acabar sin tocarse. Fue el espectáculo más morboso que presenció en su vida. Mientras su madre se duchaba, luego de que su amante se fuera, la saludó simulando su llegada

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De tal palo…

El lunes me presenté a clases con el look de siempre, sin que mis compañeras hicieran ningún comentario al respecto a sus novios o a sus compañeros. Parecían querer dejar el secreto de mi cambio entre ellas para evitar celos. La presentación fue un éxito rotundo y la profe, con chanzas a las chicas por las quejas preliminares, y la cara de culo de sus novios, que apenas aprobaron raspando, nos felicitó profusamente. Acto seguido, nos encargó un nuevo trabajo para el próximo lunes. Por primera vez en lo que iba del año, al agradecerme la ayuda, mis compañeras me llamaron Luis.

El resto de la semana en mi trabajo particular, después del laboratorio, empecé a incursionar, en la posibilidad, de organizar la información financiera de las empresas que cotizan en bolsa, alrededor de un algoritmo de inteligencia artificial, con capacidad de predecir sus futuros desenvolvimientos en el mercado, lo que me mantuvo muy ocupado. Con la ausencia de Luisa que ya había egresado, solo me alejaba de mi proyecto, en el momento que practicaba en el gimnasio o en el dojo, donde, por mi violencia, ya era todo un personaje a tener en cuenta. Estar ocupado y descargar tensiones en el dojo eran el mejor modo de mantener a la bestia calmada.

El sábado, me abrió el portón Diana y comenzamos a trabajar a la hora de siempre, ya que volví a llevar los trabajos realizados en mis horas de laboratorio. Me resultaba más sencillo y práctico repasarlos y aclararles las dudas, que ir haciéndolos uno por uno con ellas. Para almorzar, pedimos comida a un delivery porque su madre había viajado con su padre por el fin de semana

Al terminar la tarea, Diana me pidió si después de un relax, le podía explicar algunos flecos que no tenía claro. Al no tener nada que hacer, le dije que no tenía ningún inconveniente en hacerlo. Me pidió que la espere un momento mientras le avisaba a su novio que se iba a demorar, cosa a la que accedí. Como ese día había llevado bañador pensando en volver a estar con su madre, la esperé relajándome en la piscina.

Volvió al rato. Repitiendo los movimientos de su madre, se fue desnudando mientras se acercaba y al terminar de bajar la escalera de acceso a la piscina, ya estaba desnuda y yo también. Se fue acercando, nadando pecho lentamente, mientras yo la esperaba acodado contra la pared opuesta.Cuando llegó hasta mi cuerpo, se abrazó a mi cuello, se elevó, enroscó sus piernas en mi cintura y se empaló.

El resto del año, trajo pocas novedades. Realicé las primeras pruebas con el algoritmo nuevo, y obtuve un acierto del 35%. 

Seguí reuniéndome con mis compañeras todos los sábados en casa de Diana, teniendo una amante fija ese día, que cambiaba según el padre estuviera de viaje o no, todo perfectamente controlado y coordinado por ella, ante la inopia de su padre y las burlas de un imbécil por el roñoso que tenía que aguantar su novia.

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Visita inesperada

Juana vestía un largo abrigo de paño, que al sacarse, dejó a la vista un liviano vestido negro y entallado que le quedaba de maravillas. Cuando estaba por preguntarle el motivo de su visita, me colocó su dedo índice en la boca haciéndome callar. 

Apoyó la palma de su mano sobre mi pecho y mirándome a los ojos me fue empujando contra la pared, al llegar retrocedió dos pasos, se bajó el cierre de la espalda de su vestido y lo dejó caer.  Estaba desnuda, con una figura de ensueño, unas tetas erguidas y empitonadas, cintura angosta, caderas anchas y el pubis completamente rasurado. 

Avanzó dos pasos y se puso en cuclillas con las rodillas separadas, bajó mi pijama y tomó mi ya erguido falo con la mano, iniciando una suave paja acompañada de unos lametones desde los huevos hasta el glande, que me estaban empezando a desquiciar. Al llegar al glande le daba unos besitos y volvía a bajar. Finalmente lo descapulló y se lo introdujo a la boca hasta la mitad, iniciando una lenta mamada, acompañada de unos meneos que me estaban elevando a los cielos. 

Apoyé mis manos sobre su cabeza para marcar el ritmo y me las retiró con violencia, apretándolas contra la pared con las suyas e inició una mamada de vértigo sin manos, que me llevó a un orgasmo tal, que me aflojó las piernas. Se tragó todo lo que largué y siguió mamando hasta que no dejó nada. Irguiéndose lentamente, apretada a mi cuerpo, frotando sus duros pezones a todo lo largo de mi piel hasta quedar de puntas de pié, pasó los brazos por mi cuello y me comió la boca, en unos de los besos mas sucios y morbosos que recibí en mi vida.

La tomé de sus corvas y levantándola del piso sin dejar de besarla, la llevé a la cama. La acosté de espaldas y empecé a dibujar su cuerpo con la lengua. Cuello, oreja, tetas, pezones, ombligo hasta llegar a la cueva hambrienta, que me recibió húmeda y caliente, ansiosa de mis besos. No se cuanto tiempo estuve entretenido, pero cuando sus gemidos arreciaron, me prendí a su clítoris y tuvo un orgasmo escandaloso.

Despacito, fui subiendo entre besos mientra se reponía y cuando estaba a punto de penetrarla, con un golpe de cadera me dejo debajo. Con las rodillas a mis costados, levantó su culo unos centímetros, apuntó la polla con la mano y se penetró.

Lo que siguió es difícil de explicar, de pronto se movía atrás adelante con todo el cuerpo pegado al mío, rozando sus tetas deliciosamente por mi torso. De pronto se sentaba y contoneaba sus caderas como una bailarina oriental, entonces paraba e iniciaba violentas subidas y bajadas sacando casi toda la polla. Y vuelta a repetir.

Cuando le llegó su orgasmo se desmadejó sobre mi cuerpo, pero sin dejar de masajear mi polla con sus músculos vaginales mientras se recuperaba. A los pocos minutos vuelta a empezar. Y así tres veces más, hasta que finalmente me exprimió como una naranja, en medio de gritos de placer.

Quedó tendida sobre mí. Ambos extasiados y satisfechos.

-. Me dijeron que eras frígida

-. Me dijeron que no me tocarías ni con un palo largo.

Y nos quedamos dormidos… Cuando desperté, Juana ya no estaba.

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