FERNANDO

Joel y yo pasamos el día como en una nube, me lo follé dos veces más, una en la piscina, y otra en la ducha, empotrándome como un jodido semental, me encantaba cuando su polla me abría el coño para después follarme con fuerza, pero debíamos de empezar a comportarnos, mi madre no tardaría en venir.

Me tenía que pasar por la farmacia, primero a comprar la píldora del día después, estaba en mis días fértiles y con las corridas de mi hermano dentro de mí, fijo que me dejaba embarazada. Y segundo, tenía que comprar preservativos y pedir cita con el ginecólogo para que me recetase la píldora. La polla de mi hermano era para probarla sin gomita.

Así que nos vestimos y le dije que le invitaba a un helado y de paso me pasaba por la farmacia. Al salir a la calle lo primero que hice fue darle la mano, era un gesto habitual en mi madre y en mí, llevar de la mano a mi hermano, pero para mí ese gesto y en ese momento cambio su significado, iba de la mano de mi hombre.

Cuando llegamos a la farmacia mi hermano se fue a mirar algo y yo aproveché y me fui hacia la dueña que nos conocía de hace muchos años.

—Hola Andrea, cuanto tiempo, estas muy guapa ¿Qué querías?

—Muchas gracias…Estoooo, si pido algo ¿Se mantiene el secreto farmacéutica-cliente?

Esa mujer levantó una ceja como dudando, pero esbozó una sonrisa y me lo dijo con confianza.

—Pídeme lo que quieras y tranquila que no le diré nada a tu madre.

—Me hace falta la píldora del día después y una caja de preservativos…tamaño XL. Terminé diciendo roja como la grana.

Esa mujer me miró con los ojos muy abiertos y una gran sonrisa. Se metió en la trastienda y vino con una bolsita que dejó encima del mostrador. Pagué y antes de irme me miró con complicidad.

—Pásalo muy bien cariño y disfruta, pero ve al ginecólogo y dile que te haga una revisión.

Al cabo de las semanas volvía a probar el enorme pene de mi hermano mientras me percutía el coño pero sin preservativo y sin correr el riesgo de quedarme embarazada. Joel tenía cierta fijación con mi culo y siempre que me tenía a cuatro como en ese momento, siempre me metía su dedo pulgar en mi anito y eso me volvía loca. Mi culo era virgen, pero sí, tenía claro que todo mi cuerpo pertenecía a mi hermano y le iba a regalar la virginidad de mi culito, lo deseaba.

El problema era el tamaño de la verga de mi hermano y lo cerradito que tenía mi anito. Lo preparé, lo preparé muy bien, aprendí a dilatármelo y a saber cómo recibir a esa monstruosidad de polla que tanto placer me proporcionaba. Leí mucho sobre las penetraciones anales y vi muchos tutoriales y videos y cuando estuve preparada sorprendí a mi hermano. Llevaba mi culito bien limpio, lubricado y perfumado, estaba nerviosa, pero deseaba que me sodomizase, quería sentir como su pollón perforaba mis intestinos.

Así que estando en cuatro, con mi pecho apoyado en el colchón y mis riñones hundidos, ofreciéndome como una puta a mi hermano, su polla me llevaba de un orgasmo a otro follándome el coño y entonces se lo dije.

—Joel…¡¡¡FOLLAME EL CULO!!! ¡¡¡PARTEME EN DOS!!!

Había lubricado mi culo antes de empezar, no paraba de soltar jugos debido a los orgasmos que estaba teniendo, así que Joel ni se lo pensó. Sacó su polla de mi coño muy lubricada, la enfiló a mi ojete y haciendo algo de presión noté como me abría el anito dejando pasar su glande.

—Despacio mi amor, no hay prisa. Le dije excitada pero con algo de miedo.

No sentí dolor, si acaso algo de molestia pero el placer era mayor. Joel fue un amor, creo que sabía que en esos momentos no podía empotrarme porque podría sufrir y mi hermano me adoraba y no quería hacerme daño. Así que respiré hondo y fui yo quien echando mi cuerpo hacia atrás me la clavé hasta que noté sus huevos rebotar en mi coño.

—Diooos que ricoooo…vamoos…follameeeee, párteme en dos con tu pollón.

Amaba a mi hermano, con él estaba descubriendo muchas cosas que solo escuchaba o veía en películas. Le pertenecía, ya lo consideraba mi pareja y mi cuerpo no tenía secretos para él. Me folló el culo con fuerza, como solo él sabía hacerlo, notando su polla en mi estómago hasta que me hizo alcanzar un orgasmo tan brutal que creo que hasta perdí el sentido.

Cuando volví en mí, tenía mi culito lleno de leche, estaba tumbada boca abajo, notando el peso de mi hermano sobre mi mientras sus labios besaban mi cuello y sus caderas se mecían suavemente. Aun notaba palpitar su polla en mi culito y ese vaivén que me excitaba. Sacó su verga de mi culito, dura, férrea y la apuntó a mi coño, estaba tan abierta que mi coño no protestó aun teniendo mis piernas cerradas…solo puse mis ojos en blanco y abrí mi boca para coger aire, esto no había hecho nada más que empezar.

Ya estábamos al final del verano. Todo en mi casa iba de maravilla, vaya, parecíamos una de las familias más felices del mundo con lo que estaba cayendo con el tema del COVID-19. Pero todo era debido a mi hermano. Mamá estaba encantada porque había notado un cambio abismal en su manera de ser, ahora era más comunicativo y no estaba tan encerrado en sí mismo. Si, seguía jugando con su videoconsola, pero era casi normal debido a su edad, descubrí en su ordenador las paginas guarras que veía, ya no jugaba con juguetes, era como un chaval normal para sus 18 años.

Sabía, estaba segura, que era por la relación que teníamos. Joel me daba el mejor sexo de mi vida y él había reafirmado su personalidad. Supo en todo momento, aunque yo se lo dije, que nuestra madre no se podía enterar de esa relación, que lo que hacíamos aunque no estaba prohibido, si estaba castigado por la sociedad, pero Joel era muy estricto y delante de nuestra madre no había ninguna muestra de cariño, no así cuando se iba y nos quedábamos solos, nos devorábamos con ansia y follábamos como si no hubiese un mañana.

Mentiría si no os confesase que estaba perdidamente enamorada de mi hermano, lo amaba como hombre, también por la consanguinidad que nos unía, pero ese amor era diferente, sinceramente no sé cómo mi madre no se daba cuenta, por qué muchas veces me quedaba mirando a Joel embobada, pensando en lo caprichosa que es la vida y como de la manera más tonta, por un simple comentario, nos había unido de una manera bestial.

Pero, siempre tiene que haber un pero, a finales de octubre, después de casi cuatro meses de relaciones con mi hermano, noté a mi madre cabizbaja y pensativa. Ya llevaba unos días que algo le preocupaba, hasta que un día preparando la cena las dos se lo pregunté:

—Mamá, llevas unos días preocupada ¿Qué ocurre? ¿Algo que deba saber?

—No es nada cariño, pero algo debo de hacer. No nos damos cuenta pero Joel es un hombre con necesidades y aunque ha cambiado mucho en estos meses…creo que no sabe ni masturbarse, ya es que me da vergüenza cuando la asistenta ve las sábanas o su ropa interior.

No era consciente, pero cada vez que Joel y yo follábamos sus corridas eran tan abundantes que mi coñito o mi boca no era capaz de retenerlas y se desbordaban cayendo a las sábanas, aparte de mis corridas y mis fluidos que también hay que decirlo. Eso fue un fallo que no tuve en cuenta y veríamos que consecuencias nos traería.

—Bueno mamá, eso no es problema, un día nos sentamos con él y se lo explicamos. Dije alegremente.

—No hija, ni yo me siento con fuerzas y a ti no te voy a meter en ese asunto tan delicado.

—Vale, entonces ¿Qué vas a hacer? Pregunté preocupada.

—Bueno, he estado en el medico y me ha recetado unas pastillas para bajarle la líbido y también…también me ha dejado un teléfono donde puedo contactar con chicas que se dedican a tener relaciones con chicos que presentan minusvalías.

Un escalofrío recorrió mi espalda, mi boca se secó y un sudor frio invadió mi cuerpo. Mi niño, mi amor, mi hombre…¿En manos de una puta? Sabía que no me podía descubrir, pero mi madre no sabía a quién se lo estaba contando, eso no lo iba a consentir. Intenté mantener la tranquilidad y la seguridad en mí misma y respondí con sosiego.

—Solo una cosa mamá, si en vez de Joel, fuese yo la que tuviese el problema ¿contratarías un tío para que me follase?

—¡¡¡ANDREA CUIDA TU VOCABULARIO, NO DIGAS ESTUPIDECES!!!

—Mamá, SI o NO

—Son casos diferentes, yo…

—¡¡¡MAMÁ JODER ES BIEN SIMPLE…SI O NO!!!

—NO, VALE, NUNCA TE HARIA ESO.

—¿Y por qué a Joel sí? ¿Por qué es hombre?

—Y entonces ¿Qué hago? Dijo mi madre echándose a llorar.

—Mamá, soy su hermana, dije abrazándola, lo quiero más que a mi vida, déjame a mí que me encargue y no temas nada.

—¿Y qué vas a hacer?

—Bueno, hablar con él y explicarle lo que debe de hacer. Tampoco es tan complicado.

—Hija me da no sé qué hacerte pasar por esto.

—Mamá Joel es tan problema tuyo como mío, así que no te preocupes de nada, de veras.

Aunque de momento había salvado el escollo, estaría muy atenta por si a mi madre se le ocurría comprarle esas horribles pastillas que quitarían el deseo de mi niño para que me empotrase y me follase hasta caer reventada a base de orgasmos.

Al día siguiente una gran toalla de baño cubría la cama donde follábamos para no dejar rastro de nuestra pasión sobre esa superficie. Cuando terminamos y vimos como habíamos dejado esa toalla entendí a mi madre, aunque era bastante incomodo, con lo que me las apañé para ser yo quien pusiese ropa a lavar y solo la asistenta seria quien planchase, así no vería el estado tan lamentable en el que dejábamos nuestras sábanas.

Pasado un tiempo, yo ya había olvidado la conversación que había mantenido con mi madre, pero ella aunque yo no me diese cuenta seguía muy de cerca a mi hermano. Se que confiaba en mí, incluso le daba miedo preguntar, pero un día decidió que ya era hora de hablar conmigo.

—Hija, me gustaría hablar contigo de lo de tu hermano ¿Cómo va todo?

—Pues muy bien mamá, ya hemos llegado a la fase de cambiar solo una vez por semana las sábana e incluso por cambiarla como todas las semanas, no porque esté manchada.

—Bueno, me alegra oírte decir eso. Entonces como… a ver, ¿hablaste con él?

—Primero hablé con él, aunque me miraba confuso y como dicen que el movimiento se demuestra andando, busque una página porno donde salían masturbaciones y estuvo mirando como se hacía.

—¡¡¿Estuviste mirando porno con tu hermano?!! Preguntó alterada.

—Mamá más que mirar porno, estuve viendo con mi hermano como se masturbaba un tío, punto.

—¡¡CALLA!! Quiero quitarme esa imagen de mi cabeza.

—No fue tan malo, para mí fue muy divertido y aleccionador y para Joel mejor, le he creado una rutina y antes de que vengas por la noche, le llevo a su habitación, le pongo un poco de porno antes de ducharse y le doy un calcetín. Él se lo pone sobre su miembro y ale…a darle a la zambomba, así se va a la cama descargado y relajadito.

—Y…Y ese calcetín…¿Qué ocurre con él? ¿No lo pondrás en la ropa sucia? Preguntó mi madre.

—Joel se lo lleva a la ducha y lo lava y luego yo le doy el visto bueno.

—Hija, me admira la naturalidad con lo que lo cuentas, yo no sería capaz.

—Mamá porque es algo natural, no es nada malo y además, Joel nos tiene solo a nosotras para ayudarlo y yo nunca le negaré nada.

Esto último, lo dije sabiendo que mi madre se haría mil preguntas, que si era capaz de hacerlas no dudaría en responder. Me miró confundida, aunque no le quiso dar importancia, esbozó una sonrisa y me dio las gracias por haberme ocupado del problema de mi hermano. ¡Ay! Si ella supiese lo que en verdad estaba ocurriendo, creo que le daba un patatús.

Nuestra vida continuó como siempre, empezamos las clases con la sombra de la pandemia sobre nuestras cabezas y aumentando los contagios exponencialmente. Temía que mi madre volviese a teletrabajar desde casa, si eso ocurría adiós a los encuentros entre Joel y yo, pero gracias a Dios eso no ocurrió, aunque su compañía hacia PCR’s a todos sus empleados y ella decidió que nosotros nos la hiciésemos también por si acaso.

Todo siguió su curso, durante los siguientes dos años no hubo nada relevante que contar salvo que Joel y yo cada vez estábamos mejor. Ya le consideraba mi pareja, mi novio, era algo complicado pero lo sabía llevar. Era muy consciente que las pocas veces que salía a tomar algo con mi amiga Isi, Joel se venía conmigo. También tenía claro que era yo quien debía de protegerle de ese mundo que él desconocía en que la gente le podía hacer mucho daño, por eso cuando él se separaba de mi lado e iba a mirar algo, algunas veces se le acercaba una chica para ligar con él, mi hermano era muy guapo, estaba muy bueno y llamaba la atención, momento en que mis alarmas se disparaban e iba a rescatarle de esa loba sedienta de sexo.

Isi no era tonta, se fijaba mucho en las personas y su manera de ser, por eso había estudiado psicología. El estar con ella a mí no me suponía problema alguno, era Isi mi amiga de toda la vida, la persona que estuvo a mi lado en los momentos más importantes, una persona que sé que nunca me fallaría. Compartíamos casi todo, por supuesto, lo de mi hermano no lo conocía, o eso creía yo, hasta que un día estando en mi casa tomando un café y poniéndonos al día me lo soltó a bocajarro y sin anestesia.

—Andrea…Joel y tú estáis liados ¿A que sí?

—Pero que dices tía, ¿Estas loca? Tú estás muy mal. Repliqué poniéndome a la defensiva.

—A ver Andrea, yo no te voy a juzgar, ya sois mayorcitos. Te conozco mejor que tú misma, he visto como miras a Joel, como te tensas cuando una guarra se le acerca y como le cuidas y te preocupas por él. Eso no es amor de hermana, es amor a un hombre y no puedes esconder la cara de bien follada que llevas. Aparte de que los dos habéis cambiado mucho, pero para mejor.

Fue una equivocación el no cortar esa conversación. Isi me arrinconó de una manera que le terminé confesando todo, que me había enamorado de mi hermano, que tenía una polla descomunal, que me hacía tocar el cielo y que era el hombre de mi vida. En el fondo me sentí liberada al poder contar a alguien que era feliz y que ya no me hacía falta nada más, pero no fui consciente de que Isi era una depravada, una depredadora sexual y que por probar el mejor rabo haría lo que hiciese falta. Cuando terminé de contarle mi gran secreto me lo dijo como algo natural.

—Eres una jodida egoísta. Tener lo que tienes en casa y no compartirlo con tu mejor amiga, sabiendo que muchas veces te he dicho que tu hermano me pone.

—Isi, sabes que Joel no es como todos los chavales de su edad, es muy especial, no es un juguete sexual.

—¿Esta Joel en casa? Pregunto Isi de una manera que no me gustó.

—¿Por…porque lo quieres saber?

—Es evidente mema, me lo voy a follar, ya que me has dicho que folla de maravilla y que tiene un pollón descomunal hay que probarlo.

—¡¡NO ISI!! Dije asustada. Joel es más que mi hermano, es mi amor, es mío, es como si quisieses follarte a mi novio.

Estaba nerviosa, empecé a arrepentirme de haberle contado mi gran secreto, pero es que Isi era mi amiga del alma, nos conocíamos desde niñas y siempre habíamos estado muy unidas y nunca nos habíamos fallado en momentos clave de nuestras vidas y este era uno de ellos. Isi se había levantado y paseaba de lado a lado dejándome ver su cuerpo embutido en unos vaqueros super ajustados y una blusa que quería romper los botones de su pecho de lo ajustada que iba. Miraba al suelo como sopesando la situación y se arreglaba el pelo nerviosamente hasta que habló de nuevo.

—A ver Andrea, para que lo entiendas. Me voy a follar a tu hermano te guste o no, delante de ti o si quieres te vas a dar una vuelta y no me lo vas a impedir. Veras, los psicólogos tenemos la fea costumbre de grabar las conversaciones y esta no iba a ser menos. Lo tengo todo grabado, dijo sacando una pequeña grabadora de su bolso, si no quieres que te arruine la vida, tu vida, la de tu hermano y la de tu madre, tráeme a Joel ahora mismo.

—No Isi, no me puedes hacer esto, somos amigas. Dije echándome a llorar.

—¡¡¡QUE LO HAGAS JODER!!! Chillo Isi.

Obediente me levanté y fui hacia el cuarto de mi hermano. Ya en el pasillo que daba a las habitaciones, me lo encontré muy serio y con los ojos rojos de haber llorado.

—¿Por qué se lo has contado? Me susurró Joel

Me abracé a él y yo también me eché a llorar. Conocía a Joel y sabía que se sentiría muy cohibido con esa guarra. Agarré su mano y lo llevé a su habitación, donde volví abrazarlo.

—Lo siento de veras mi amor, pero ahora estamos en un buen lio por mi culpa. Si no haces lo que me pide estoy segura de que nos van a separar y yo quiero estar a tu lado.

—Bueno, haré lo que me pides. Dijo Joel con tristeza abrazándose a mí.

Cuando llegamos al salón, esa puta ya estaba desnuda y abierta de piernas haciéndose un dedo. Estaba totalmente depilada, salvo una tirita de pelo sobre su pubis, su coño aparecía brillante y abierto esperando a mi hermano.

—Hola Joel, saludo excitada Isi, apuesto lo que quieras que esta mañana cuando te has despertado, ni imaginabas que me ibas a follar.

—Mi hermana me ha contado lo que has hecho, dijo tímidamente, es tu amiga y deberías respetarla.

—También tú y yo somos amigos, venga desnúdate y muéstrame que es lo que escondes.

—Tú y yo no somos amigos, dijo Joel mirando al suelo.

—¡¡¡QUE TE DESNUDES TARADO DE MIERDA!!! Grito Isi fuera de sí.

Isi se puso en pie y empezó a romperle su camiseta intentando desnudarle. Mi hermano se quitó los pantalones y esa zorra se arrodilló delante de mi hermano arrancándole prácticamente su ropa interior y apareciendo su enorme polla lista para la acción. Me molestó un poco verle tan dispuesto, pero también es cierto que era imposible para él ver un coño y no empalmarse como un burro.

—¡¡¡DIOS MIO, SI PARECE LA POLLA DE UN CABALLO!!! Exclamó Isi. Eres una cabrona, dijo dirigiéndose a mí, eres una acaparadora, esto se comparte mala amiga.

Seguidamente y mirándome a los ojos engulló más de la mitad de la polla de mi hermano mientras empezaba una feroz mamada que duró el tiempo que Joel utilizó para agarrarla del pelo y follarse su boca. No le preguntó, ni falta que hacía, cuando llegó su orgasmo se corrió en su boca abundantemente, y como era de esperar, mi hermano casi le ahoga con su corrida que se desbordó por las comisuras de sus labios.

—COF…COF…COF, hijo puta, casi me ahogas con tu corrida, decía Isi tosiendo roja y congestionada, esto se avisa.

Vi como mi hermano me miraba con una medio sonrisa y me guiñaba un ojo. Quise entender que eso lo hacía para que esa puta lo pasase mal, no para que disfrutase.

—Joder, y todavía la tienes dura como un garrote. Ven cielo, siéntate en el sofá.

Joel obedeció, Isi se puso a horcajadas sobre él y agarrando su polla se la metió del tirón hasta los huevos.

—¡¡¡DIOOOOOS…JODEEEER, ESTO ES UNA POLLA, NO LO QUE ME ESTABA METIENDO!!!

Esa puta empezó a follarse a Joel con unos sentones que harían que le traspasase el útero. Yo estaba sentada, con mis piernas recogidas, viendo como esa polla, la de mi amado, la del hombre de mi vida, barrenaba el coño de otra mujer, la que en su día fue mi mejor amiga.

—Vamos campeón, me voy a correr…fuerte…fuerte…siiiiiiiiiiiii.

Sin dejar de parar Isi se corrió sobre la polla de mi hermano y empezó a encadenar orgasmos. Para cuando mi hermano se corrió en su interior, esa zorra había alcanzado por lo menos seis orgasmos y tiritaba de placer. Para cuando se recuperó, se levantó y se fue al baño soltando la corrida que llevaba en su interior. Joel no se atrevía a mirarme, pero yo me levanté y le besé con amor, que supiese que no estaba enfadada con él.

Tenía el corazón roto, y una opresión en el pecho que no me dejaba respirar. Cuando llegó de nuevo a donde estábamos, agarró a Joel de la mano y se lo llevó a mi cuarto.

—Me llevo a Joel a tu cama, puedes venir o te puedes quedar aquí. Haz lo que te dé más morbo.

No me quise separar de mi hermano en ningún momento, me fui con ellos a mi cuarto y durante las siguientes dos horas vi como esa puta follaba con Joel hasta dejarle seco. Gritó y chilló todos y cada uno de sus orgasmos para que yo me enterase bien y me miraba con cara de superioridad, sabiendo que podía hacer conmigo lo que le diese la gana y sabiéndose dominadora de la situación, pensando que Joel ya era de su propiedad.

Tuve que salir de mi cuarto cuando esa zorra alcanzó otro orgasmo más, tenía un ataque de ansiedad y pensé que me iba a morir. Lloraba desesperada y me fui al salón y entonces vi el bolso de Isi al lado de su ropa, miré dentro y ahí estaba esa grabadora. La escondí en un armario de la cocina, dentro de un cartón de cereales y lo dejé al fondo del armario. Por lo menos eso ya no lo podría utilizar contra nosotros y algo me calmó.

Cuando entré de nuevo a mi dormitorio, Isi estaba en cuatro recibiendo los envites de mi hermano mientras ella se retorcía de placer. En ese momento mi hermano hizo lo que le gustaba hacerme a mí y me volvía loca, meterme el dedo pulgar por mi anito, pero parece ser que a esa puta no le gustó tanto.

—Ni se te ocurra meter tu dedo en mi culo, dijo secamente, por ahí no ha entrado nadie y tú menos imbécil.

Miré con asombro a esa guarra; tan puta, tan promiscua, tan golfa y aún era virgen del culo. Mi hermano obediente sacó su dedo y siguió follándola. Puede parecer absurdo y seguro que lo es dada la situación, pero me sentí orgullosa de mí misma al saber que la polla de mi amado hermano entraba en mi culo sin pedir permiso, en algo era mejor que esa puta.

Miré a mi hermano en el momento que empezaba a correrse en el interior de Isi, pero vi su mirada sombría, no de un placer extremo. Se estaba corriendo, sí, pero por su cabeza pasaban otras ideas, estaba segura. Los dos terminaron de recuperarse de sus orgasmos y cuando Isi se incorporó intentó besar a Joel, este se resistió, pero por la fuerza esa puta metió su lengua en la boca de mi hermano.

—A ver si te enteras gilipollas, dijo mirando a mi hermano. A ver si os enteráis los dos, empezó dirigiéndose a nosotros. Ahora Joel es de mi propiedad y me lo follaré las veces que quiera hasta que consiga olvidarte y que sea solo mío. Que quede claro, follando soy mil veces mejor que tú. Me dijo con un deje de desprecio.

Se bajó de la cama y se fue primero al baño. Oímos la ducha y yo me acerqué a Joel y le abracé cubriéndole de besos. Estaba rota por dentro y no sabía lo que hacer. Al poco salió Isi altiva y fue hacia mi hermano, le obligo a besarla y dándose la vuelta fue a salir de la habitación, momento en el que Joel la agarró fuertemente por el pelo y la hizo darse la vuelta ante las protestas de mí ya examiga.

—¿Pero se puede saber lo que haces subnormal de mierda? Protestó Isi.

—¿Alguien ha dicho que te puedes ir? Todo en esta vida tiene un precio, prosiguió diciendo, y lo que has hecho esta tarde lo vas a pagar ahora. Dijo mi hermano dejándonos a Isi y a mi sorprendidas.

—SI…¿Y qué vas a hacer? ¿Follarme de nuevo? Dijo Isi con alegre desprecio.

—Voy a tomar lo que es mío y por derecho me corresponde. Andrea dame el gel lubricante. Me pidió.

Por primera vez vi la cara del terror en Isi, abrió mucho sus ojos e intentó asustarnos de nuevo, pero esta vez no iba a ser igual.

—Ni se te ocurra tarado, como lo intentes te arruino la vida…¡¡¡ME HAS OIDO IMBECIL!!! Chilló Isi.

El tortazo que le dio mi hermano sonó en toda la habitación y creo que hasta hizo eco. Isi cayó al suelo aturdida y mi hermano la volvió a enganchar del pelo poniéndola en pie.

—No estás en posición de exigir nada. ¿Me oyes tu a mí?

Isi, lloró, suplicó, pidió perdón y nos aseguró que esto no volvería a ocurrir, que había perdido la cabeza. Sorprendida por la actitud resolutiva de mi hermano, comportándose como un verdadero macho alfa, vi como con mi ayuda, abriéndole los cachetes del culo, la inmensa tranca de mi hermano profanaba el anito de esa zorra hasta que sus huevos golpeaban su coño.

Creo que nunca he visto llorar, chillar de dolor y de desesperación, a nadie como vi esa tarde a la puta de mi examiga que quiso tomar por la fuerza lo que no era suyo. Mi hermano le pagó con la misma moneda y algo en mi interior me dijo que esa guarra no nos molestaría más.

Para cuando mi hermano se corrió en su culo, Isi estaba hecha un trapo, era como una marioneta. Joel sacó la polla del interior del culo de esa zorra, llena de sangre y heces. El hedor en la habitación era desagradable, aun así mi hermano hizo algo que casi me hace vomitar. Levantó a Isi medio grogui, y la volvió a agarrar fuertemente del pelo.

—Abre la boca guarra. Isi obedeció como una autómata. Y ahora déjala bien limpia, dijo metiendo esa monstruosidad en esa bocaza.

Juro que tuve que mirar para otro lado de las náuseas que me entraron. Cuando Joel pensó que ya era suficiente, la levantó de malas maneras y agarrándola del pelo la llevó al salón dejándola al lado de la ropa.

—Ahora SI que te puedes ir. Y dándose la vuelta se marchó a su habitación.

Yo me quedé con esa guarra, sorprendida por cómo había actuado mi hermano, mirando como a duras penas se vestía. Vi que había dejado un rastro de sangre y que por el interior de sus piernas escurría la corrida de mi hermano y sangre, mucha sangre. Durante todo ese proceso hasta que le abrí la puerta de la calle no cruzamos ni una palabra. Ya en la cancela de entrada, detuve a esa zorra y la hice mirarme.

—Sobra decir que a partir de este momento, las puertas de mi casa están cerradas para ti. Ya no somos amigas y esto nunca te lo perdonaré, olvídate que existo y que un día tuvimos una bonita amistad. Y por cierto, tu grabadora está en mi poder y si se te ocurre denunciar a mi hermano por lo que te ha hecho o airear nuestro secreto…¿Qué pensaría la gente al saber que has seducido a un minusválido psíquico? Piénsalo. Dije cerrando la cancela.

Isi dio cuatro pasos con dificultad, le costaba andar. Se dio la vuelta y me miró con asombro.

—¿Minusválido psíquico?…¡¡Unos huevos!!

Vi alejarse a la que un día consideré casi como mi hermana. Cojeaba y le costaba andar debido al destrozo que llevaría en su culo. Había que tenerlo muy bien preparado para alojar a semejante bestia y el anito de Isi estaba muy cerrado. Cuando la perdí de vista miré la hora y me asusté. Mi madre estaba a punto de llegar y tenía que arreglar y airear un poco la casa para que mi madre no sospechase lo que había ocurrido allí esa tarde.

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