ALMUTAMID

Incluso mis charlas con Claudia se habían relajada evitando los dos temas que nos provocaban cierta tensión: nosotros y Gianni. Creía, por tanto, superada la tormenta que me había provocado el haber participado en un trío no previsto y sus sensaciones posteriores. Pero no podía imaginarme que la tormenta arreciaría con viento más fuerte y truenos.

El jueves era un partido muy importante. Nos jugábamos alcanzar el liderato contra el equipo que lo ostentaba en ese momento. El partido se presumía intenso. Los canijos de Traducción contra los cachas de Educación Física. Como decían algunos exagerados mi talento contra su fuerza. Toda la semana recibí muestras de apoyo por los pasillos de la facultad mientras yo me dedicaba a rebajar las expectativas.

Pero llegó el partido. Estábamos prácticamente como hacía un año jugándonos el campeonato universitario. Si ellos ganaban se iban a 6 puntos ya con pocos partidos para poder recortar esa distancia asegurándose prácticamente el título. Un empate nos dejaba vivos. Y con una victoria nos poníamos delante a igualdad de puntos por diferencia de goles y porque en el partido de ida habíamos empatado con ellos.

Pero no funcionaba. Al descanso perdíamos 4 a 3 en un partido loco de idas y venidas en el que ellos golpeaban mejor. En el descanso nos conjuramos para darle la vuelta al resultado. Teníamos que buscar un empate rápido y después intentar ralentizar los ataques pues en el correcalle de la primera parte ellos tenían ventaja. La táctica era defender en rombo conmigo en la punta.

En apenas 5 minutos habíamos empatado con esa táctica en un contraataque rápido en el que con algo de fortuna se la cruce al portero desde el pico del área dando en el palo para colarse en la portería. Teníamos tiempo, teníamos táctica y hasta suerte. Con nuestro empate el equipo contrario también bajó el ritmo del partido. Estábamos los dos ya más preocupados de no perder que de ganar, pero nosotros necesitábamos la victoria. Así llegamos a los últimos 5 minutos y empezamos a apretar con el riesgo de recibir gol en un contraataque de los de Educación Física que se encerraban atrás en defensa zonal.

La solución tenía que venir en una jugada individual pues no conseguíamos abrir su defensa y tan sólo hacíamos circular el balón a su alrededor con Dani de pivote del equipo. Se nos iba el tiempo y no lo conseguiríamos. Necesitábamos un chispazo, un zapatazo que no viera el portero o un regate fantástico. Como en ocasiones anteriores, especialmente en la anterior me eché la responsabilidad a mis espaldas de abrir aquella corpulenta defensa con mi velocidad y cambio de ritmo.

El final del partido llegó con suspense, pues mi aportación decisiva fue cuando encaré al jugador que me cortaba el paso con un rápido cambio de piernas y un giro del que salí trastabillado, pero aun con el balón en los pies con la suerte de que el jugador contrario en su afán de despejar el balón me enganchó el tobillo haciéndome caer con fuerza en gran medida por la velocidad en la que había salido de aquel intento de regate fantástico. El árbitro pitó penalty dándonos una última ocasión de ganar el partido. Por supuesto yo me descarté como lanzador. Tengo velocidad y regate, pero no tengo ni fuerza en el disparo ni colocación. Al final el capitán se echó el equipo encima y tomó la responsabilidad del lanzamiento. Yo no sabía si mirar o no. Dani con sangre fría colocó el balón, miró al portero y con poca carrerilla le pegó al balón raso y muy pegado al palo. El portero ni la vio entrar.

Corrimos a abrazarnos todos a celebrar el gol pero aun había que defender. El equipo contrario intentó un ataque rápido que despejamos a corner. Aprovechando su corpulencia sacaron en largo al área pero nuestro portero despejó de puños. Yo corrí al balón y dudé entre intentar el contraataque o despejar. Me vi rápidamente rodeado por dos contrarios y opté por tirar a puerta desde allí mismo, pero salió bastante desviado y flojo. Su portero corrió a sacar subiendo él mismo a por un posible remate. Hubo un barullo dentro del área pero uno de mis compañeros consiguió despejar el balón. Un último saque de banda. De nuevo a la olla pero la fuerza de Dani se anticipó y cuando yo corría para intentar contraatacar pitó el arbitro el final.

Habíamos ganado y nos abrazábamos junto con los del banquillo mientras nuestra hinchada femenina aplaudía y gritaba a rabiar. Empatados a puntos. Ahora a no fallar en los partidos que quedaban.

En el vestuario todo era cánticos y celebraciones en las duchas. Estábamos tan contentos que ya no me incomodaban los paseítos en bolas de Dani pues se abrazaba a todo el que se le cruzaba. En el pub corría la cerveza como si ya fuésemos campeones. Pero aquel día a pesar de la cantidad de compañeras que allí había pasamos un poco de ellas y el equipo se mantuvo unido recordando jugadas y celebrando entre risas y abrazos. Mis amigas viendo la poca cuenta que les echaba se fueron tras felicitarme con abrazo de Marta incluido. No vi a Blanca pasar por allí. Llevaba varios jueves sin verla y no iba a preguntarle a Dani por ella.

Entre tanta fiesta y cerveza se me hizo tarde y se me pasó la hora de cierre de la residencia. Afortunadamente Dani se ofreció a acogerme. Mis reparos con él se habían pasado después de dos semanas y su actitud. Aparte que la euforia también. Bastante tarde y yo bastante borracho nos fuimos a su apartamento en su coche. Al entrar en su apartamento me ofreció dormir en el sofá o en su cama que era bastante ancha por lo que acepté dormir juntos. Total habíamos compartido un trío.

Primero entró el al baño y después yo. Cuando regresé estaba tirado en calzoncillos destapado. La verdad es que no hacía frío en la casa teniendo en cuenta la cercanía de la primavera y la calefacción central del edificio aun encendida. Me desnudé y lo imité acostándome al otro lado de la cama. Empezamos a hablar de la noche. De lo bien que lo habíamos pasado hasta que Dani dijo:

-Puff, nos teníamos que haber traído a alguna de las putitas que han venido a vernos jugar hoy, una para ti y otra para mí. Estoy burrísimo. -decía mientras se sobaba la polla por encima del calzoncillo.
-Qué fácil lo ves tú, jajaja.
-Si están todas salidas por nosotros. Se matan por comernos la polla.

Entonces se sacó la polla del calzoncillo y empezó a pajearse. Me quedé muy cortado mirando de reojo hasta que dije:

-¿Qué haces?
-Estoy muy cerdo tío.
-Es que me corta un poco.-reconocí a pesar de mi borrachera.
-¿Nunca te has pajeado con amigos?-preguntó Dani excitado.
-No.
-Joder, ¿y no estás cachondo?

No me dio tiempo a contestar. Antes de que dijera nada Dani había alargado su mano y me sobaba la polla por encima del calzoncillo.

-Tío, ¿qué haces?-pregunté alarmado.

Sin dejar de sobarme la polla Dani contestó:

-Estoy supercaliente. Y tú también…si ya tenemos confianza.

Efectivamente me había empalmado. Estaba tan cortado que no sabía que hacer. Y montar un pollo amenazaba con dejarme tirado en la calle o pedir refugio en casa de Marta dando unas explicaciones que no quería dar.

Estaba totalmente cortado y paralizado. Dani sobaba mi polla mientras pajeaba la suya. Viendo que yo no reaccionaba soltó su polla un momento para sacar la mía del calzoncillo.

-Que buena polla tienes, cabrón- me dijo justo antes de escupirse en la mano- Ya me lo había dicho Blanca.
Agarró mi polla y empezó a pajearme con su mano izquierda mientras se masturbaba con la derecha. Por fin reaccioné.

-¿Eres gay?
-¿Qué dices churrita? Para nada. Esto es un alivio entre machos, sin mariconadas.
-Pero me estás sobando la polla.
-Tranquilo ni te voy a comer la boca ni me voy a enamorar de ti. Tengo novia. Y los tíos del gimnasio con los que me alivio también.

Ahora empecé a entender la fácil solución del tema de los hongos con su novia. Los había pillado en el gimnasio. Realmente estaba paralizado. No me atrevía a parar aquello pero tampoco estaba cómodo con la situación. Se me ocurrió darle conversación.

-Y en el gimnasio, tú…
-Tío, desde el instituto me la he meneado con amigos. Primero cada uno la suya y después cruzados. ¿No quieres probar?

Miré de reojo su pollón pero no me veía agarrándoselo. Entonces decidí parar en parte aquello y aparté su mano de mi polla y empecé a pajearme yo. Dani seguía a lo suyo con respiración profunda y algún gruñido como cuando se follaba a Blanca.

Durante unos momentos nos pajeábamos en silencio tan solo roto por sus gruñidos. Pero cuando no me lo esperaba su mano izquierda empezó a acariciarme las pelotas. Estaba claro que no se conformaba con masturbarnos juntos. Lo miré y él a mí con la misma cara de salido que le había visto cuando Blanca le comía la polla. Supongo que notó que le pedía una explicación y me dijo:

-Tío, estoy burrísimo. Estoy apunto pero necesito un empujoncito.

No sé qué entendía él por un empujoncito pero de golpe se puso de rodillas al lado mía sin soltarse la polla y repetía rítmicamente: “Uff, uff…”

-No irás a echármelo encima…-dije desconfiado.
-Mmmmm, Luis. Joder, qué caliente estoy.

Entonces Dani me dijo:

-Déjame a mí.-y apartando mi mano agarró mi polla.

De nuevo me desconcertó su actitud. No sé si era el alcohol, cierta intimidación o incluso una mezcla de todo ello con morbo, pero cuando vi a Dani inclinarse hacia mí me quedé expectante. Lo que ocurrió después fue doblemente impactante. El capitán del equipo se metió mi polla en la boca recorriéndola casi entera con sus labios en la boca más grande donde jamás había entrado. Al saborear mi nabo emitía sonidos guturales sin dejar de machacarse su polla. Estaba disfrutando mamándomela. Hice el gesto de apartar su cabeza tocando su barba de varios días pero él se aferró a su bocado apretando la cabeza contra mi pubis engullendo completamente mi churra. Yo tenía una mezcla de placer y pavor difícil de describir. Nadie se había tragado mi polla de esa manera ni la succionaba con esa fuerza. Sin remedio me abandoné a su mamada incluso pasé de empujar su cara hacia afuera a apretarla para que se tragara mi miembro entero. Sentía sus labios llegar hasta mis pelotas como ninguna chica había hecho jamás, y sus sonidos guturales señalaban que él disfrutaba mamando. Evidentemente no era la primera polla que se comía.

La escena fue breve. Pues su habilidad y mi sequía amatoria desde el trío hicieron que notara el cosquilleo previo al orgasmo en mis pelotas y mis nalgas empezaran a apretarse encogiendo los dedos de los pies.

-Tío, tío….me corro…-avisé a Dani golpeando su hombro.

Pero seguía sin soltar la presa hasta que ocurrió lo inevitable y arqueé la espalda soltando mi semen a lefazos dentro de su boca mientras Dani succionaba sin dejar escapar nada. Fue un orgasmo silencioso por mi parte pero no por la suya, transformando sus gruñidos en gemidos de aprobación cada vez más agudos. Aunque yo ya había dejado de correrme él seguía succionando hasta que le pedí que parara. Entonces se puso de rodillas en la cama con una cara de deseo que me sorprendió y mientras se limpiaba de la boca los pocos restos de mi semen que se le habían escurrido me enseñó en su mano izquierda los restos de su corrida, pues había tenido su propio orgasmo mientras se tragaba mi leche.

Con cara de satisfacción se levantó de la cama y se fue al baño mientras yo me acomodaba el calzoncillo. Con cierto pudor tiré de la sábana que había a los pies de la cama y me tapé. Dani regresó acostándose de nuevo y poniéndome la mano en el pecho me dijo:

-De puta madre, Luis. Que descanses a gusto.
-Buenas noches…-respondí tímidamente.

En pocos minutos mi compañero de equipo dormía plácidamente entre ronquidos. Yo no pegué ojo en toda la noche intentando asimilar lo que había ocurrido. Fue tan así que no conseguí dormir ni un minuto en toda la noche ni con toda la cerveza ingerida. A las 6 y media de la mañana sin hacer ruido me vestí, dejé una nota agradeciéndole que me hubiera dejado dormir en su casa y me fui a la residencia.

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