GABRIEL B

Capítulo 3

Domingo 25 de febrero del 2018

                Ya cuando volvió a la pileta la miré con otros ojos. Ahora no cabían dudas, la chica de veintiséis años que decía ser mi tía, era la misma que, en una página de escorts vips, se hacía llamar jade. Laura era una puta, su tatuaje la condenaba, ¡vaya descubrimiento diario!

— ¿Pasa algo? —me preguntó, seguramente porque mi cara me delataba.

— No, nada. Es que tu cuerpo es muy llamativo —expliqué, diciendo la primera imbecilidad que se me cruzó por la cabeza. Laura puso cara de asombro, pero no de enojo. Quizás a una puta, acostumbrada a quien sabe cuántas experiencias extremas, realmente no le parecía insólito que un sobrino al que acababa de  conocer, quien ya estaba crecidito, la viera como una mujer—. Se nota que hacés mucho ejercicio, principalmente en las piernas —agregué, resaltando su físico atlético, aunque lo que más me gustaba eran sus avasallantes tetas y sus turgentes nalgas.

                Las gotas de agua brillaban en su piel de cobre. Se metió en el agua de nuevo.

— Sí, soy de hacer ejercicios todos los días. A algunos no les gusta, pero yo me siento bien así —dijo después, cuando reflotó su cabeza con el cabello de nuevo empapado.

— No sé a quién puede no gustarle. Tenés buenos músculos, pero no llegás a perder la feminidad como les pasa a otras.

— Bueno ¿Podemos dejar de hablar de mi cuerpo? –dijo ella, con el tono de quien regaña dulcemente a un niño.

— Perdón, no pensé que te diera vergüenza hablar de tu cuerpo.

— No me da vergüenza. Sólo que creo que no está bueno poner tanto énfasis en el cuerpo femenino. Además, es medio raro hablarlo con vos…

— Bueno, hagamos de cuenta que no dije nada —comenté yo.

— Dale, todo bien. Sabés, te quería decir que me tengo que ir en un rato.

— ¿Tenés que trabajar? —pregunté, sabiendo que era raro que saliera un sábado a las tres de la tarde a trabajar, más teniendo en cuenta que no me lo había mencionado antes.

— Qué curioso el nene —dijo ella, remarcando el “nene”—. Pero bueno, teniendo en cuenta que yo fui la que te invitó, me parece que corresponde aclararlo. Digamos que tengo una cita a la que tengo que acudir sí o sí.

                No necesitaba ser un nerdo como Fernando para entender por dónde iba la cosa. Un cliente se comunicó para solicitar los servicios de Jade. Me imaginé que sería un cliente importante como para que tía Laura interrumpa su tarde con su querido sobrino, de un momento para otro. Además, debía aprovechar cada oportunidad de ganar plata para mantener tremenda casa.

— No te tenía tan sumisa —comenté.

— ¿Sumisa? —dijo ella, extrañada.

— Claro, te llaman y enseguida dejás tirado a tu sobrino y te vas.

                Laura me miró divertida. Otra de las cosas que me gustaban de ella era que no se tomaba a mal los chistes, incluso cuando era obvio que venían con una cuota de verdad.  

— Igual tenemos algo de tiempo todavía. Con que salga dentro de una hora está bien.

                La verdad diario, es que hubiese preferido que esa tarde terminara ahí. Durante la última hora no hice otra cosa que estar nervioso, a la vez que me obligaba a morderme la lengua. Cada vez que pensaba en una manera de decirle que ya sabía cuál era su verdadero trabajo, al toque me parecía una idea estúpida, y me quedaba callado. ¿Cómo decirle a mi tía que sabía que era una puta y a la vez, sacar provecho de la situación?

— Cuando te quedás así de pensativo me das un poco de miedo —dijo Laura, dándose cuenta de que yo estaba en la luna de valencia.

— ¿Por qué? ¿Sos de las que temen el silencio? —dije yo, orgulloso de decir una frase masomenos inteligente.

— El silencio en general no, pero el tuyo es diferente —contestó ella—. Es un silencio maquiavélico.

                Quizás tía Laura sabía leer la mente, o como está de moda decir últimamente, ella empatizaba conmigo, y podía sentir mis sentimientos.

                La mina me la estaba dejando picando para que yo le diga la verdad. Pero no estaba seguro de que fuera el momento oportuno. Enseguida se tenía que ir.

                Me acerqué a ella nadando.

— ¿Sabés lo que estaba planeando? —le dije, arrinconándola contra el borde de la piscina. Mi sexo tocaba sus muslos y si el contacto seguía por unos segundos más, se pondría rígido.

                Tía Laura apoyó sus manos en mi cabeza.

— ¿Esto? —dijo, y empujó con fuerza hacia abajo, haciendo gala de la potencia que tenían sus brazos.

                Me hundí, de improviso en el agua. Cuando floté de nuevo, sentí mi nariz y mis orejas llenas de agua. Tía Laura me miraba, desde la escalera, sonriendo burlonamente. Luego subió los escalones que le faltaban, y empezó a correr hacia dentro.

                Salí de la piscina y fui por ella. Seguí el camino mojado que había dejado a su paso. Me encontré en su habitación.

— ¡Basta, ya me tengo que ir! —dijo, todavía jocosa—. ¡No Luis, basta! —gritó después, cuando la agarré de la cintura, y la tumbé sobre la cama.

                Tía Laura se reía como una niña mientras jugábamos a la lucha. Como era de esperarse, a pesar de tratarse de una mujer, tenía incluso más fuerza que yo. Sin embargo, en el forcejeo pude apoyarme sobre sus nalgas, cosa que hizo que mi verga ya no pudiese contenerse. En el embrollo que eran nuestros cuerpos, también aproveché para manotearle las tetas. Ninguna de las dos cosas resultaban sospechosas, dada la situación. De hecho era casi imposible no rozar sus grandes pechos mientras jugábamos de mano.

                De repente, me empujó hacia la orilla de la cama. Me caí al piso.

— ¿Estás bien? —me dijo, riéndose a carcajadas—. Lamentablemente me tengo que ir—dijo después, dándome la mano para ayudarme a levantar—. Otro día seguimos jugando, te lo prometo. Yo también tengo una faceta infantil.

                Cuando me reincorporé, mi verga ya dura estaba parada de chanfle, lo que hacía que mi excitación sea por demás visible.

                Tía Laura la miró de reojo y no pudo contener una risita. Pero enseguida se dio vuelta y fingió que no había visto nada.

— Dale, andá a vestirte y dejame que yo también lo haga. Ya me tengo que ir enseguida —dijo, todavía de espaldas.

                Hasta hoy me pregunto diario, si ese no era el mejor momento de cogerme a tía Laura. Pero no importa, había mucho tiempo por delante, y el secreto seguía en mis manos. Si se repitiera otra tarde como esa, no la dejaría escapar.

Lunes 26 de febrero del 2018

                A lo mejor la espanté mostrándole mi erección. Pensé que al tener tanta experiencia sexual, como supongo que la tiene, entendería que esa reacción era normal. A un hombre se le puede parar si se frota la pija con cualquier cosa, hasta con un mueble. Pero hasta ahora no me contestó los mensajes que le envié. Día triste diario.

Martes 27 de febrero del 2018

                Un mensaje curioso de Cufa interrumpió justo en un momento en que estaba disfrutando de hacer nada: “Lucho, sabés que estuve buscando escorts en internet, y encontré a muchas que son divinas, pero me parece que esa que nos mostraste la otra vuelta era la mejor ¿Me mandás sus fotos porfa?”.

                Lo pensé un rato. La idea de que Cufa se coja a mi tía me daba celos, pero también morbo. “De una chabón, ahí te las mando”. Le contesté, y enseguida le envié las fotos. “Sí, definitivamente esta es la mejor. Mirá el orto que tiene… Nada que envidiarle a Sol Pérez. ¿Será linda de cara?” preguntó. “Si no te la vas a coger por la cara, gil” le contesté. “No ya sé, pero bueno… Sí, igual es un camión. Ya lo decidí Luchito, me quiero desvirgar con esa puta. ¿Me pasás el teléfono?

                Tenía la sensación de que era cuestión de tiempo para que se me ocurra una buena idea para cogerme a mi tía, pero mientras tanto, no estaría mal terminar de asegurarme de que Jade era Laura. Si bien en realidad no tenía dudas al respecto, no sería la primera vez que mis especulaciones fallaran. Como aquella vez en que había estudiado tanto para el exámen de geografía, que hasta ayudaba a los chicos despejando dudas, y al final la vieja Bustamante me había clavado un cuatro. Qué momento más tristemente inolvidable, la puta madre. “Dale chabón, yo te paso el teléfono…” le escribí, “…pero me tenés que prometer que me vas a contar cada detalle”.

                Como era de esperar, Cufa me prometió que lo haría. Él es el más confiable de mis tres mejores amigos. Nery se haría el tonto y me contaría las cosas muy por arriba, y Fernando buscaría una excusa para no comprometerse. Cufa era el más honesto del grupo. Incluso más que yo, es justo decirlo.

                Veremos qué nos depara el destino diario.

Miércoles 28 de febrero del 2018

                La tía me respondió. Me dijo que a veces, cuando está ocupada, lee los mensajes  rápidamente y luego se olvida de responderlos.

                Por cierto diario, vale aclarar que el teléfono que usa Laura no es el mismo que usa cuando tiene su otra personalidad. Era obvio que no sería tan tonta.

                “¿Cuándo otra tarde de pileta?” le había puesto dos días atrás, sin obtener respuesta. “¿Todo bien?” le había escrito varias horas después, cuando corroboré que me había clavado el visto.

                Luego de su disculpa por contestar tan tarde, me respondió “Lo arreglamos más adelante, pasa que esta semana estoy muy ocupada, pero la otra seguro”, me puso ella. “Genial, la pasé muy bien con vos. Sentí casi como si te conociese desde siempre”, le puse yo, bastante mentiroso. Ella me mandó un sticker con una carita sonriente.

                Me dio un tremendo alivio saber que no se había tomado a mal lo de mi erección. Esta noche voy a dormir como un bebito diario. Y seguramente amaneceré mojado.

Jueves 01 de marzo del 2018

                Les escribí a Cufa preguntándole cuándo iría a ver a Jade. “Fui ayer, chabón”, me respondió Cufa, quien lo que tiene de bueno lo tiene de tonto. Lo recontra puteé diciéndole que por qué no me había avisado. Pero el Cufa es buena gente, y se reivindicó contándome cómo fue su primera vez. Aquí dejo diario, la anécdota de Cufa, suprimiendo mis mensajes, ya que son obvios y están de más.

  “Sí chabón, era la de las fotos. Personalmente estaba terrible. Las tetas operadas, pero bien. El departamento recontra copado. No sabés lo nervioso que estaba cuando le dije al portero del edificio que tenía que ir al 10°B. Me miró con una cara de pajero terrible, como diciéndome que sabía a dónde iba y qué iba a hacer. Jade me esperaba vestida de colegiala. La pollerita cortísima, dejando ver medio culo. No sabés lo que es esa mina en persona chabón… Sí Luchito, los botones de la camisa parecían a punto de salir a volar por la presión de las tetas. Me dio un beso en la boca para recibirme ¿No era que las putas no hacen eso?… Tenés razón, las putas VIPs deben ser diferentes. También, con lo que cobran… No me quejo boludo, pero mirá que ese polvo costó más que lo que gano con mi viejo en un mes. Valió la pena, sí, pero el bolsillo todavía me duele.

Tranquilo chabón, ¡ya te cuento! Primero me dijo si quería que vayamos al jacuzzi o a la cama. Preferí la cama. Me agarró de la mano y me llevó. Mientras, yo no dejaba de manosearle el culo. No sabés lo que era es ojete Luchito. Durito como roca, pero suave como cachete de bebé. Ella se reía de lo ansioso que estaba. Me preguntó si quería pasar al baño a lavarme. Con el viaje había transpirado un toque, así que le dije que sí. La piletita del baño estaba más baja de lo normal, y en vez de una canilla tenía una manguerita. Ese depto estaba completamente preparado para ser un puterío chabón. En una la mina entra al baño sin golpear y me dice si necesitaba ayuda. Me encontró con los lienzos bajos y yo meta lavarme la pija. Se puso jabón en la mano y me empezó a frotar la pija. Una locura. ¿Estás ahí Luis? Ah, pensé que te habías ido. También me lavó las bolas. Che, mirá que esto sólo te lo cuento a vos eh. ¡Ni se te ocurra mostrar estos mensajes! Bueno, cuando me empezó a secar la pija con la toalla yo ya estaba recontra al palo chabón. Nos metimos a la habitación y me dijo que me pusiera cómodo. Yo me quedé recostado boca arriba, sin hacer nada. La mina se me acercó como una gatita y fue directo a la verga. Lo que no entiendo es por qué no fuiste a culearla vos Lucho, si ya tenías guita. Estar con esa mina fue como meterme adentro de una película porno. Todo mil puntos, pero también zarpado en bizarro. La trola empezó a chuparme la pija, y no sabes la hermosa sensación que me generaba esa lengua en la cabeza de la verga. Una locura. Ni en mis mejores pajas había sentido algo parecido. Ella me miraba y se reía mientras la chupaba. Estuvo ahí meta succionar. Creo que no tardé ni cinco minutos en acabar. Terrible puta experta. Cuando le solté la leche no dudó en abrir la boca para recibirla. Me mostró cómo había quedado el semen adentro de su boca, pero no se tragó nada. Fue al baño a escupir, y volvió al cuarto.

                Se acostó al lado mío. Nos hicimos caricias, tipo novios. Yo no podía dejar de manosearle el culo, y ella apretaba las tetas contra mi cuerpo. Enseguida estuve al palo de nuevo. Me preguntó si quería que se ponga en bolas o si quería que sólo se quite la tanga y se quede con el uniforme de colegiala. Le dije que sólo la tanga. Me ayudó a desnudarme. Me empezó a besar el cuello, y bajó despacio, dándome besos en todo el cuerpo. Se sentía el aliento caliente, y me daban cosquillas. Pero me re gustó como me chupaba todo. Principalmente cuando me apretó con los labios el pezón. No, no tenía idea de que los hombres eran sensibles en esa parte. Mientras me besaba todo, yo metía mano a lo loca, y la mina no se hacía el menor problema cuando perdía un dedo en su culo. Y no sabés lo fácil que entraba chabón. Después bajó y bajó, hasta que llegó de nuevo a la pija. Le hizo un poco de mimos y también lamió mis bolas. Terrible viciosa la puta esa. Sabés que yo creo que la mina cobra porque sabe que está demasiado buena y que muchos pagarían lo que fuera por estar con ella, pero si no fuera por plata, igual debe coger a lo loco, porque es impresionante lo que le gusta la pija a esa puta.

                Agarró un preservativo y me lo puso. Después se montó encima de mí y empezó a hamacarse sobre mi verga y a gemir. Mientras yo la agarré de la tetas, se las chupé y se las estrujé toda. La mina se reía. Parecía que era obvio que era virgen, porque después me lo dijo “Sos virgen ¿no?”, “Ya no” le respondí y se cagó de la risa.

                La segunda vez no acabé tan rápido. De hecho, hasta me pareció interminable el tiempo que estuvo cabalgándome como la yegua que es. Y no lo digo porque me haya aburrido. Al contrario, podría estar todo el día con esa mina encima mío. Sabés Luchito que el tiempo pasa más lento cuando cogés. Juraría que cuando acabé ya se había cumplido la hora que pagué, pero todavía quedaban veinte minutos. Igual la mina es re copada y me dijo que no me preocupara, que le estaba gustando estar conmigo, y si quería acabar de nuevo no me iba a cortar el chorro cuando se cumpliese una hora.

                Ahora la mina se puso en pelotas y estuvimos abrazadas, hablando un rato. Después empecé a chuparla por todo el cuerpo. Le besé el culo hasta cansarme. Lamí el ano como loco. No sabés qué limpita estaba esa trola Luchito. Se podría comer sobre ese culo. Cuando se me paró de nuevo, le empecé a dar masa por atrás. Lo que me gustó de esa mina es que sus gemidos no parecían fingidos. A la trola esa cualquier pija le venía bien.  

                Estuvo genial Luchito, a ver cuándo vas vos y me contás cómo te fue

                Me quedé recontra caliente después de leer los mensajes de Cufa, Diario. No pude dejar de imaginarme a tía Laura en uniforme de colegiala, entangada, succionando la verga de mi amigo hasta exprimir la última gotita. Yo también quería disfrutar de sus servicios. Tarde o temprano lo haría.

                Ahora ya sabía que las fotos de la página de escort vips no eran robadas ni mucho menos. Sólo faltaba un pequeño detalle para que no tuviese absolutamente ninguna duda, aunque la verdad es que desde que Laura me leyó lo que decía el tatuaje ya no la tenía.

                Le mandé a Cufa una captura de una de las pocas fotos que tenía tía Laura en sus redes sociales.  “¿Esa es Jade?” le pregunté, y en cuestión de segundos la eliminé. No quería dejar rastros. “¡Sí, es esa!” me respondió él. Cuando me insistió preguntándome de dónde había sacado esa foto donde Jade salía con la cara en primer plano, le contesté, diciendo la verdad a medias. “Es una mina que conozco. Quería saber si realmente era una puta como había escuchado”.

Sábado 10 de marzo del 2018

                Me dispongo a ir a su encuentro diario, sí señor. Tomé la decisión de que hoy haría algo al respecto. No aguanto más la incertidumbre. Por fin arreglamos de nuevo para vernos. Mi querida tía me espera sola en su casa. No sé cómo me irá. Ni siquiera sé cómo la encararé, porque los miles de ensayos que recreé en mi imaginación me parecieron uno peor que otro. Pero no podía dejar pasar más tiempo. Que sea lo que tenga que ser.

                Como me conozco, y sé lo cobarde que puedo llegar a ser, dejo estas líneas que representan una promesa: Hoy encaro a tía Laura.         

Continuará

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