ANDER MAIS

Capítulo 9

Borracho

Ni que decir tiene que ver aquello hizo que mi corazón se parara y mis pulmones dejaran de funcionar. Solo un ruido en la cocina me hizo reaccionar y que cerrara el portátil con celeridad, asustado por ser descubierto por mi chica. Por suerte no fue así y pude recobrar algo de la tranquilidad perdida ante aquel descubrimiento.

¿A qué venía esto ahora? ¿Qué hacía Natalia mirando una web de un club de intercambio de parejas? ¿Pero no decía que no quería seguir con aquello, con meter a terceros en nuestra relación? No entendía nada de nada y, cuanto más pensaba en ello, más dudas me asolaban.

Porque, que justamente ese día, después de haber hablado con Alicia, que estuviera mirando eso, me hacía plantearme si ella no tendría algo que ver con todo eso. ¿Hasta ese punto habían legado sus confidencias? ¿Natalia le había contado a Alicia todo lo que habíamos hecho, incluido el intercambio frustrado del fin de semana?

O quizás no, quizás había aprovechado mi ausencia para cumplir alguna de las prerrogativas de Víctor, del que estaba casi seguro que debía seguir en contacto con ella. O quizás solo era curiosidad, saber más sobre lo que estuvimos a punto de hacer. Quizás solo buscaba una forma más impersonal de complacerme, algo que no implicara meter a conocidos en la ecuación.

Fuera lo que fuera, estaba claro que aquel descubrimiento me había dejado fuera de juego y no tenía ni idea sobre qué hacer o cómo actuar. Aunque, probablemente, lo más sensato sería esperar, que si Natalia quería avanzar en lo nuestro, fuera ella la que diera el paso para no sentirse presionada por mí. Aunque eso me planteaba una nueva duda. ¿Realmente era por mí?

Cenamos, nos sentamos juntos en el sofá donde vimos una serie juntos y, al poco, nos acostamos. Como siempre. Como cualquier otro día. Ni una alusión, ni un comentario, nada sobre su encuentro con Alicia y nada sobre su posible interés en un club swinger. Y yo, precavido, tampoco quise sacar el tema. Nos acabamos durmiendo, como siempre, abrazados, como cualquier otra noche. Solo que no lo era.

Ni al día siguiente, ni al otro ni al otro salió a relucir nada sobre “Couples”. A decir verdad, pasaron varias semanas sin que nada relevante sucediera. Nuestra vida se vio inmersa en una apacible rutina: trabajo, casa, salir a tomar algo de cuando en cuando en plan tranquilo. Una vida como la de cualquier pareja normal.

Nuestra relación con Alicia se hizo más estrecha pero en plan amigos. Cuando iba a buscar a mi chica, siempre la acabábamos acompañando a su casa y, lo de comer en casa los sábados, se convirtió en una especie de hábito, solo que sin ducha por parte de ella ni polvo en la cocina con mi chica.

La verdad es que la amistad de Natalia y Alicia durante ese tiempo, se hizo bastante intensa. Era común que quedaran para ir de compras, tomar un café o simplemente pasar tiempo juntas. Como si no lo hiciesen ya bastante en el trabajo. Pero tampoco quise darle mayor importancia. Veía a Natalia feliz y Alicia, por su parte, había mantenido su palabra respecto a mí. Lo más que se me acercaba, era cuando me saludaba con dos besos castos. Y parecía que Natalia, con el tiempo, también había conseguido apartar esos celos que sentía respecto a su amiga y compañera.

Víctor, por su parte, seguía sin dar señales de vida, totalmente ausente. Al menos, en lo que respectaba a mí. Tenía mis serias dudas que sucediera lo mismo con Natalia. Pero como tampoco notaba nada raro en ella, poco a poco me fui confiando y bajando la guardia.

Casi podía asegurar que esas semanas de paz y sosiego, fueron como una vuelta a nuestros orígenes, un retorno a la normalidad; se convirtieron en uno de los momentos de mayor felicidad que había experimentado durante el último año. Sin preocupaciones, sin miedos. O casi ninguno, para qué engañarnos.

Aún seguía pensando, de tanto en tanto, en aquel club de intercambios que Natalia había buscado en internet y que luego yo también había hecho, localizando algún indicio, prueba o lo que fuera de qué la había llevado allí. Por supuesto, no encontré nada. Y también, de tanto en tanto, recordaba la promesa de Natalia de fantasear alguna vez, de usar el consolador que le había comprado. Nada había sucedido durante todo este tiempo y, fiel a mi palabra, no había abierto la boca.

Tampoco es que me pudiera quejar. Mi vida sexual con Natalia era bastante satisfactoria. Dos o tres polvos por semana estaban bastante bien y, aunque no eran de la intensidad de cuando jugábamos, cumplían su propósito y ambos estábamos colmados sexualmente hablando. O, al menos, yo lo estaba.

Pero como todo lo bueno se acaba, mi suerte empezó a cambiar un viernes por la noche mientras esperaba a que Natalia y Alicia salieran del trabajo. De nuevo, había aparcado donde solía hacerlo, en la entrada de aquella bocacalle donde podía vigilar la entrada y estaba relativamente tranquilo, ajeno a los vaivenes de la gente.

El teléfono empezó a sonar y, para mi sorpresa, descubrí que quién me llamaba era Víctor. No me esperaba para nada aquella llamada y no tenía muy claro si cogerla o no, ya que no sabía cuándo podrían salir del trabajo mi chica y su compañera. Al final, la curiosidad fue superior a mí y descolgué la llamada…

—¿Sí? —dije algo dubitativo al no saber la reacción de Víctor después de cómo acabamos la última vez.

—Hola, cornudo… —respondió Víctor con una voz inusualmente “alegre”—. Cuánto tiempo sin hablar, eh… ¿Me has echado de menos?

—Eh… —dije desorientado sin saber muy bien qué decir—. ¿Estás bien?

—Muy bien… jajaja… —rió de forma estridente—. Pero estaría mejor si tuviera a tu chica aquí junto a mí… mmmm… ¡Qué ganas de volver a follármela!… La iba a reventar a pollazos delante de ti, cornudo… jajaja…

—Joder… Estás borracho… Vamos a dejarlo que no estás en condiciones —dije dándome cuenta del porqué de su actitud—. No creo que esto sea una buena idea…

—Ni se te ocurra colgar, cornudo… —exclamó elevando la voz—. Tienes suerte que yo soy un hombre de palabra que, si no, ahora mismo estaría ahí, en tu casa, en tu cama, partiendo en dos a tu novia…

—Ya… Lo que tú digas, Víctor… Pero será mejor que dejemos esto… Te estás pasando un poco ya, sabes —dije con ánimos de cortar la llamada y ya empezando a enfadarme. Nunca había visto a Víctor hablarme de aquel modo.

—Jajaja… No, amigo… en eso te equivocas… ¿Por qué no le preguntas a Natalia? ¿Sabes que me ha enviado durante este tiempo tres o cuatro mensajes preguntándome que cuando voy a volver? ¿Para qué crees que quiere verme? Jajaja… Tu novia echa de menos mi rabo y está deseando que me la vuelva a follar… jajaja… Y yo a ella… jajaja… Casi la fastidiáis en el hotel Marta y tú… Pero, por suerte, he conseguido enderezar la situación… Joder, Luis… asume tu papel de una puta vez… Eres un cornudo, un puto cornudo… Limítate a pajearte mientras me follo a tu novia…

De fondo escuchaba el sonido inconfundible del roce de su mano sobre su polla, dejando patente que se estaba masturbando mientras hablaba conmigo.

—Mira, voy a hacer como si no hubiera escuchado nada… Y voy a colgar —dije reprimiendo la creciente ira por sus palabras contra mí—. Te dejo para que disfrutes de tu paja…

—Espera, espera… ¿Quieres que te cuente una cosa? —me preguntó con aquella voz donde cada vez se hacía más patente su claro estado de embriaguez—. El otro día le enseñé a un colega francés el vídeo que nos envió tu chica masturbándose, el del verano… No veas cómo se corrió el cabrón viéndola… jajaja… Bueno, los dos… que yo también me la casqueé… jajaja… Me preguntó que si alguna vez iba a traerla, para conocerla… Aunque yo creo que lo que quería era más bien follársela… a tu novia, Luis…

—Me dijiste que no ibas a enseñar ese vídeo a nadie… —le recriminé ya con tono casi amenazante.

—Y no lo he hecho… Solo a él y porque no la va a conocer jamás… Aunque no me negarás que tiene su morbo… —dijo aumentando el ritmo de la masturbación a tenor de los sonidos que se escuchaban—. Cuando seas realmente un cornudo, me llevaré a tu chica conmigo de viaje… ¿Te lo imaginas, Luis? La haré pasar por mi chica, se la presentaré a mis colegas y los invitaré a que se suban con nosotros al apartamento donde vivo… y nos la follaremos, todos… uno detrás de otro o varios a la vez… Cuando te la devuelva, cornudo, tu novia regresará llena de leche y con sus agujeros bien abiertos… jajaja… Porque me voy a follar su culito, eso que te quede claro… Lo está deseando la pobre… jajaja…

Debía colgar el teléfono, sabía que tenía que hacerlo; pero estaba en estado de shock, escuchando los desvaríos de un Víctor borracho, totalmente desconocido, y yo incapaz de reaccionar.

—¿No dices nada? Seguro que también te la estás cascando, eh… jajaja… Te has puesto cachondo de pensar en que le rompo el culo a Natalia… —comentó con sorna—. Va a ocurrir… Hazte a la idea, porque va a ocurrir… y antes de lo que te imaginas… Cualquier día, me escapo y cumplo con lo que quedó pendiente de la última vez… Joder sí…. Ahhhh…

Escuchando como se corría Víctor pensando en mi chica, por fin reaccioné y colgué la llamada. Al igual que la otra vez, enseguida volvió a llamar. Una y otra vez, como unas cinco o seis veces, como la última ocasión en que habíamos hablado. Y, de nuevo, tuve que apagar el teléfono para no seguir escuchando el pitido estridente del tono de llamada.

Nunca había visto así a Víctor. Estaba claro que la evolución de las cosas le había hecho perder los papeles y buena prueba de ello era aquella llamada. Borracho, me había faltado al respeto y se había pasado tres pueblos hablando de Natalia. Aunque, eso sí, me había servido para confirmar lo que ya sospechaba: que ellos habían seguido en contacto, ocultándomelo.

Ya no tenía dudas sobre ello. Ni tampoco sobre las ganas que tenía Víctor de volver a reencontrarse con mi chica; hasta el punto de estar dispuesto a interrumpir su estancia en Francia para venir a verla y volver a hacerla suya. Estaba claro que Marta tenía razón; que la sensación de poder que le habíamos otorgado, le había hecho nublar el juicio y perder el control, que lo dominara por completo.

Después de lo que acababa de ocurrir, tenía claro que mi relación con Víctor ya no sería igual. La confianza se había roto y difícilmente podríamos arreglar aquel entuerto. Ya me había fallado demasiadas veces, al menos las que sabía, porque empezaba a hacerme una idea que debía haber un sinfín de cosas de las que no.

No tuve demasiado tiempo para seguir pensando en todo eso porque, en aquel momento, la puerta del bar se abrió y aparecieron por ella Natalia y Alicia… y Tomás… Desde mi lejana posición dentro del coche, observé a aquel hombre mayor que acompañaba a mi chica y a Alicia, riendo con ellas y exhibiendo una enorme complicidad con ambas.

Estaba claro que, el mucho tiempo que Tomás pasaba allí dentro, había hecho que se ganara la confianza de mi chica y se notaba en su forma de actuar; natural, sin artificios, aceptando con normalidad aquella mano en su cintura al igual que hacía Alicia. Pero, claro, ella no tenía pareja y Natalia sí y yo estaba allí, viéndolo de primera mano, y no me estaba gustando ni un pelo todo aquello.

Conociendo la antipatía que aquel hombre despertaba en mí, y sabiendo que yo podía estar por los alrededores o estar a punto de llegar, ella, allí, actuando de aquella forma con aquel ser que odiaba como casi nunca había odiado a nadie. Era lo último que me faltaba aquella noche. Después de la conversación con Víctor, ahora le tocaba el turno a Tomás. Un dos por uno. Estaba claro que el karma tenía algo contra mí.

Fue Alicia la primera que se percató de mi presencia y la que alertó a Natalia, la cual se apartó rápidamente de Tomás con evidente nerviosismo. Pero Tomás, gato viejo, no la iba a dejar ir sin más y acercó su rostro para darle dos besos, no dándole opción a Natalia más que aceptarlos por no ser grosera. Luego, repitió la escena con Alicia pero, a mí parecer, acercando mucho más sus labios a los de ella y pareciéndome que su mano se desplazaba hasta tantear su culo.

Mientras Natalia venía con cierta celeridad hacia el coche, Alicia al fin se separaba de Tomás y venía también en dirección mía. Al otro lado de la calle, Tomás las observaba con una sonrisa sardónica dibujada en su rostro, supuse que disfrutando de las vistas que las dos chicas le ofrecían.

—Hola, cielo… —dijo Natalia entrando en el coche—. ¿Hace mucho que esperas?

—Un rato… —respondí de forma algo seca.

—Chicos… —intervino Alicia asomando su cabeza por la ventanilla—. Hoy no me voy con vosotros… Me han mandado un mensaje unos colegas para tomar algo por aquí cerca. Si os queréis venir…

—No, hoy no… —negó rápidamente Natalia—. Pero mañana sí que me apetece salir… Hace tiempo que no lo hago… ¿Qué dices, Luis? ¿Te apuntas? Lo pasaremos bien los tres…

—Vale… —dije sin demasiado entusiasmo.

—Pues entonces quedamos así… —corroboró Alicia—. Mañana te paso a buscar y vamos de compras…

—Claro, guapa… pásalo bien… ya me contarás… —dijo Natalia guiñándole un ojo.

—Sí… claro… jajaja… —rió de forma nerviosa Alicia—. Chao, guapos…

Alicia cruzó la calle y se alejó de nosotros, pareciéndome que se iba en la misma dirección por la que se había ido Tomás. ¿Serían imaginaciones mías?

—¿Nos vamos? —me dijo Natalia—. Tengo ganas de llegar a casa…

Arranqué y emprendí el camino hacia nuestra casa. Natalia, a mi lado, se enfrascó con el móvil y parecía ajena a mi estado alterado y nervioso. Casi que mejor. Lo último que necesitaba era a ella haciéndome un tercer grado sobre qué me pasaba o si estaba enfadado por algo.

Una vez dentro del piso, Natalia enseguida se fue a la habitación mientras yo hacía algo el remolón en el salón. Quería darle algo de tiempo para que se cambiara y se metiera en la cama. Quizás, con algo de suerte, cuando fuera yo, hasta ya se hubiera dormido, dándome algo de tiempo para apaciguarme tras todo lo que había vivido esa noche.

Aproveché para encender el teléfono, comprobando que Víctor me había llamado varias veces y mandado dos mensajes. Esta vez no los borré. Sentí curiosidad al ver que no eran texto sino una foto y un vídeo. Era una curiosidad malsana, sabiendo que lo que iba a ver, seguramente, no me iba a gustar demasiado.

Y así fue, cuando vi la foto, me quedé estupefacto al descubrir casi la idéntica foto que Natalia me había enviado a mí semanas atrás, desde el trabajo; una foto donde ella aparecía con el uniforme del trabajo y hecha a través del reflejo del espejo de los baños del bar. Pero, con la salvedad, que en esta que le había enviado a Víctor aparecía en ella alzando con su mano la ajustada camiseta y mostrando sus dos pechos embutidos en el sujetador que llevaba.

No me lo podía creer. Una cosa era pensar, creer que ellos mantenían el contacto, y otra muy distinta era confirmarlo. Con la conversación con Víctor, ya había descubierto que así había sido, que ese contacto se había mantenido, pero aquella foto… aquella foto demostraba que el contacto iba mucho más allá de un simple mensaje, o de un simple correo electrónico.

Y si esa foto era del mismo día en que me la había enviado a mí, eso se remontaba a un mes atrás. A saber qué más cosas habrían compartido durante todo este tiempo y sin yo saberlo. Me dolía ver a Natalia de aquella manera, posando sonriente para su amante; alzando su camiseta de forma impúdica; mostrando sus senos apenas cubiertos por el sujetador donde, ampliando la imagen, se podían apreciar sus pezones endurecidos.

Excitada posando para él; exhibiéndose para él; imaginando quizás que, cuando Víctor viera la foto, seguramente se iba a pajear su enorme polla pensando en ella. Esa polla que ella tanto deseaba volver a disfrutar, volver a sentir dentro de ella. ¿No era eso lo que Víctor me había dicho? ¿Qué ella le había preguntado varias veces que cuando iban a volver a verse?

Quité la foto de la pantalla del móvil y, con algo de temor por lo que pudiera encontrarme, abrí ahora el vídeo que Víctor me había enviado. En la pantalla aparecieron las dos nalgas desnudas de mi chica, embadurnadas en aceite y la mano de Víctor recorriéndolas con devoción.

Supe al instante que era de la noche que habían pasado juntos, de la ocasión que follaron juntos por primera vez. Víctor ya me había enviado un vídeo parecido sino igual, uno en que penetraba a Natalia su ano con sus dedos. Pero enseguida me di cuenta que no era el mismo, que aquel era infinitamente peor que el otro.

La mano de Víctor se movía por sus nalgas con autoridad, mientras Natalia, recostada boca abajo sobre la cama, con sus piernas algo abiertas y gimiendo de forma queda, le dejaba hacer sin reparo alguno. Su mano se coló entre sus nalgas y me pareció que jugaba con su entrada trasera, buscando estimularla y no sabía si hasta penetrarla con alguno de sus dedos.

Pero todo cambió en un instante. La cámara se movió a la vez que lo hacía Víctor y, cuando la imagen se estabilizó, la mano de él separaba sus nalgas y aparecían sus dos orificios, su coño abierto, húmedo y algo enrojecido por el tremendo polvo que Víctor acababa de propinarle y su ano, pequeño, cerrado y chorreante del aceite que Víctor había aplicado en esa zona.

Y su polla. La enorme polla de Víctor reposando sobre sus nalgas, recorriendo la división entre ellas, rozando su entrada trasera, esa que estaba vetada para mí y que él parecía a punto de traspasar. Vi casi con angustia como Víctor apoyaba su polla contra el pequeño orificio, mientras Natalia seguía sin decir nada, solo gemir, solo dejándose hacer.

Él empujó levemente, intentando adentrarse en su culo y, por primera vez, vi cómo Natalia se removía inquieta. Víctor insistió, empujando, forzando, siendo incapaz de ver si algo había llegado a entrar aunque apostaría a que no. Demasiada polla para algo tan estrecho.

—No… por ahí no, Víctor… —negó ella por fin—. Estoy muy cansada, hecha polvo… y tengo que volver… con Luis…

—Un poquito más, Natalia… Ya casi entra… Te voy a romper tu culito…

—No… hoy no… Cuando vuelvas… La próxima vez que quedemos, lo intentamos… Te dejaré que me folles el culo…

—¿Sí? —dijo Víctor sin dejar de intentar meter su pollón en el culo de mi novia—. ¿Eso quieres decir que voy a volver a follarte? ¿Qué quieres volver a verme?

—Ajá… —dijo suspirando—. Siempre… Soy tu putita, ¿no?

—Eso es… Eres mi putita, eres mía… Es una lástima que me tenga que ir tanto tiempo fuera… Dios… lo que daría por llevarte conmigo y poder follarte siempre que quiera…

—¿Sí? ¿Lo harías? —preguntó Natalia exhalando un nuevo gemido—. ¿Me llevarías contigo?

—Por supuesto… —dijo desistiendo de metérsela por su culo y empezando a rozarse de forma compulsiva sobre sus nalgas, encajando su polla entre la separación de ellas—. Te follaría cada día, tanto por tu coño como por tu culo… y tu boca… bufff… Qué bien la chupas, joder… solo tienes que decirlo, Natalia… y te llevaría conmigo…

—Sabes que no puede ser… Luis… yo le quiero…

—Él también podría venir… —dijo frotando la polla sobre su culo ya de forma compulsiva—. A él le gusta esto… verte así… créeme… Es un cornudo en toda regla… Si estuviera aquí, estaría masturbándose viendo cómo te follo…

—No… él no es así… Para nada —protestó entre gemidos Natalia.

—Lo es… Un cornudo al que le gusta ver a su chica bien follada… Joder, nena… estoy a punto otra vez…

Fue decirlo y ver como su esperma salía disparado, manchando los glúteos y la espalda de Natalia con su corrida. Y hasta ahí llegaba el vídeo. Había estado a punto de follarse su culo y, no habiéndolo hecho, ella le había prometido volver a quedar y dejar que ahí sí ocurriera, que se la metiera por detrás.

Apagué el teléfono, confundido, atónito; no sabía si cabreado, decepcionado o cómo me sentía respecto a Natalia. Sabía que ese vídeo se había grabado antes de nuestra charla, de haberle confesado lo que quería y que viviéramos lo que vivimos durante aquel fin de semana en el hotel rural. Pero, aun así, me jodía verla así de entregada, tan a su merced. Tan suya. Tan de Víctor. Porque era así. Natalia ya era más de Víctor que mía. Era una certeza cada vez más clara.

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