JUAN CARLOS VASQUEZ

No salgas, pero si sales ponte la mascarilla, no toques, no hables, no cruces el límite de las comunidades y entre tanta prohibición suena el teléfono. Apenas abro la boca para narrar lo no hecho, X, relaciona cualquier anécdota con el trasfondo de un libro o cuadro o con una película.

—¿Has leído tal o cual cosa?

No lo he leído, y de haberlo hecho no recuerdo… a partir de allí ahonda en las similitudes. Otros en otras llamadas van a más, citan a un autor y desarrollan tanto la idea que interrumpo, pero no los detengo.

—¿Ya regresaste al trabajo? ¿En qué ciudad estás? Seguro que…

Lo que no entra dentro de una forma nítida y precisa de naturalidad se diluye, se va, se esparce. El recuerdo en estos momentos es mi mejor aliado. Por un momento logramos pasar de los formalismos y nos partimos de risa… Una breve pausa de alegría mientras la multitud de informaciones asaltan las casas con esas máquinas que han desarrollado una cantidad increíble de procedimientos algorítmicos.

 Los retóricos y los oradores copan la escena, invitan a asociar los puntos fuertes de un baile con un salto. Jasmine Mcdon se ha implantado en la dentadura colmillos de tigre. DJ. Andrew abré un telón entre fuegos artificiales y presenta lo que será el sexbinón, un aparato de placer infinito que tiene como fin simplificar lo complejo en las relaciones sexuales de géneros opuestos. La información estará permanentemente almacenada y podrá descargarse.

Intentó desentenderme, pero una cantidad incalculable de hechos y gestos, de palabras e ideas me persiguen cuando en pleno bombardeo a Yemen el trending topic es el rescate de una perra Shih Tzu de un incendio en una casa de la provincia de Sichuan en China.

  A menudo, apenas veo la aguja del reloj posarse sobre las tres de la mañana y las campanas sonar me acuesto. Lo que es tarde para muchos para mí es temprano porque antes padecía de insomnio y ahora duermo. Las campanas en esta iglesia dan la hora, avisan de las festividades, pero también anuncian los fallecimientos.

Aplastado por un repicar lento y sobrecogedor comprendo que es el sonido: “hay muerto”. Si el fallecimiento es de un hombre el toque finaliza con dos golpes separados. Un toque si es una mujer, normalmente el sonido surge a media mañana cuando parece no pasar nada.

 Trato de dormir sin pensarlo, no tenía ni tiempo para decirme que ya me dormía. Y media hora más tarde, me despertaba la idea de que ya era hora de dormirme. Es el instante previo, alrededor más que una oscuridad. Personas rescatadas del inconsciente, algo sin razón e incomprensible, algo verdaderamente oscuro cuando se trataba de desconocidos alterando un sueño maravilloso para convertirlo en una pesadilla. A veces recuerdo que causa el sobresalto en medio de la noche, otras veces prefiero no recordarlo. Finalmente ya es de día, la vida se reanuda y al abrir la ventana el aire libre añade una deliciosa turbación que pide a gritos romper con todo.

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